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MEIKO

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Aquel instante no podía ser mejor. Delante de ella, en estantes que se extendían hasta el infinito, se exhibían una cantidad estratosférica de diferentes vinos y licores. Gin, vodka, ron, champaña, las mejores marcas de cerveza, y sobre un estante especial en medio de la sala: sake. Estaba en lo que ella podía considerar como los mismos cielos.

Hasta que el despertador sonó.

Gruñendo, sacó una mano de debajo de la almohada y golpeó con fuerza el aparato con su puño, rompiéndolo.

— ¿Eh?—musitó aun adormilada—. Oh bien, tendré que comprar otro… Como sea…

Retiró de un golpe las sábanas de sobre su cuerpo, y se enderezó frotándose las sienes con una mano. Tanteó la superficie de su velador hasta que dio con una lata de cerveza, llevándosela a la boca solo para darse cuenta que estaba vacía. Refunfuñando, se levantó y se dirigió a su mini refrigerador, pateando de vez en cuando alguna lata o botella de cerveza vacía que estuviera tirada por su cuarto.
Cuando ya hubo terminado de tomar su dosis de alcohol matutina, tomó su celular para revisar la hora.

7:04

Por supuesto, nadie además de ella se había levantado aún.

— Otra vez me tocará despertarlos…—masculló mientras apretaba la lata vacía en su mano.

Pero primero lo primero: una ducha. No podía empezar el día sin una cerveza y una ducha.

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