Capítulo dos: Verdad y Confianza


— ¡VAMOS MARIO! ¡ES SOLO UNA TORTUGA!

— ¡Sí! ESTOY GANANDO, ESTOY GANANDO...! No... no la... cascada...

Matt y yo estabamis jugando a Mario Kart en la TV. Le entró en la habitación con una expresión de preocupación, mientras yo caía por la maldita cascada.

— Vale, Matt, ¿habeis visto a mamá? —preguntó ella.

Señalamos la cocina y Lea fue hacia allí. Mi hermano y yo decidimos imitar a Lea y nos escondimos detrás de la puerta, escuchando. Escuchamos a Lea decirle a mamá lo que había sucedido en el parque, un niño le había gritado a un amigo de Lea que él era un hijo adoptado.

—Mamá, ¿qué significa "adoptado"? ¿Es una mala palabra? —escuchamos preguntar a Lea.

—No, Le, no es una mala palabra. Significa que cuando un hombre y una mujer quieren tener un hijo, pero no pueden tener uno propio, toman un niño sin mamá ni papá.

—Oh —escuchamos decir a Lea. Nos llegaron ruidos desde la cocina que hicieron que Matt y yo hiciéramos una rápida retirada y nos sentáramos en el sofá, tratando de actuar con normalidad. En ese momento nos dimos cuenta de papá nos miraba con una expresión seria. Él y mamá intercambiaron miradas oscuras.

—Matt, Lea, tenemos que hablar con vuestro hermano —dijo papá. Lo miré. ¡No hice nada malo!... hoy en día.

Mis hermanos y yo intercambiamos miradas, pero al final se fueron. Mamá me hizo un gesto para que me sentará en el sofá. Obedecí y se sentaron frente a mi.

— ¿Qué pasa mamá? —pregunté, confundido.

— Vale, me has oído decirle a Lea el significado de "adoptado" —no era una pregunta.

— ¿Cómo lo...?

— Eso no importa. ¿Recuerdas cuando eras pequeño, cuando te empezaste a preguntar acerca de por qué no te parecias a nosotros? —preguntó papá. Asenti.

—Bueno, hay una razón para eso —dijo mamá— Vale... —dijo lentamente— no eres mi hijo biológico.

Mi mundo parecía derrumbarse delante de mis ojos. Mi nombre, mi familia, mi identidad... todo se derrumbó. No era hijo suyo... entonces, ¿de quién?

—Nosotros te adoptamos en un orfanato cuando tenías tres años, es posible que lo hayas olvidado —dijo papá

Mis pensamientos fueron interrumpidos por algunos ruidos, ruidos tenues.

—Matthew, sé que estás escuchando —dijo papá.

— Lea, sal ahora.

Mis... ¿hermanos? aparecieron detrás del sofá.

—¿Dónde me encontraste, mamá? —quiso saber Lea. Los ojos de mamá se suavizaron.

— Lea, nosotros te hicimos. Estábamos tan contentos con Matt y Vale que decidimos tenerte a ti.

—Él no es mi hermano... —dijo Matt lentamente— No de verdad.

—No —dijo mamá en voz baja—. No de verdad.

Mis ojos ardían al escuchar eso. ¡Todavía era su hermano! Lo era... ¿no lo era? Me tomaron, yo todavía era un White, ¿no? Todavía tenía una familia, ¿no la tenía?

Lea lo miró y Matt pareció darse cuenta de lo que había dicho.

—Sigues siendo nuestro hijo, Vale —dijo papá. Lea corrió hacia mí y me abrazó.

—Sigues siendo mi hermano —dijo ella Sonreí, pero había una incógnita que me había estado molestando:

—Mamá, ¿cuál es mi nombre? —pregunté.

—No sé tu apellido. Tu madre se limitó a decir dos cosas. Una de ellas era que tu nombre era Duncan —dijo ella. Repetí mi auténtico nombre en mi mente. Personalmente me gusta más Vale—. Ella también dijo "espero que se parezca a su padre". Un poco más tarde murió sin decir nada más.

Miré a mi madre y asentí. No podía hablar, sabía que si lo intentara, empezaria a llorar.


El día siguiente pasó a paso de caracol.

Ellos no sabían.

Me dijeron que era su hijo, biológico o no, pero eso no responde a mi pregunta.

Me quedé mirando el techo de la habitación que compartía con Matthew, arañando mi piel escamosa. Si ellos no lo sabían, entonces, ¿quién sí?

Con un resoplido me levante de la cama.

—No hay razón para simplemente quedarse aquí y estar deprimido —decidí, saliendo.

Todo el mundo estaba en el sofá de la sala de estar, viendo la TV y tratando de actuar con normalidad. Lea me miraba con sus ojos esmeralda, pero no dijo nada.

Nadie trató de detenerme cuando me fui... deben de haberse dado cuenta de que necesitaba un poco de tiempo para mí mismo.

Mis pies se movían por su cuenta, me centraba exclusivamente en mis pensamientos.

—No es el mejor día para dar un paseo —comenté en voz alta mientras miraba con recelo las nubes.

Un minuto más tarde comenzó a llover.

Buscando refugio me encontré con un parque cercano, pasando por debajo de uno de los pabellones.

Con un suspiro me hundí hacia abajo hasta que estaba sentado. Estreché las piernas y envolví mis brazos alrededor, limpiándome la lluvia de la frente. Por un momento me quedé allí sentado así, tratando de no llorar.

'Duncan'

Di un grito sobresaltado mientras me daba cuenta de que una voz sin cuerpo estaba diciendo mi nombre... mi "auténtico" nombre.

— ¿Qué? ¿Quién está ahí?

'Ven a mí Duncan'

— ¡¿Quién eres?! ¡¿Qué quieres de mí?!

'Ve al desierto cuando quieras respuestas. Te encontraré'

'Adiós, hijo mio'

Me quedé helado. ¿Dijo... hijo?

— ¡ESPERA! —grité, poniéndome de pie en un salto y mirando alrededor violentamente tratando de encontrar al dueño de la voz— Espera... —susurré. Si él era mi padre, lo había perdido de nuevo.

Empecé a hacer mi camino a casa, no hice esfuerzos de limpiar la lluvia o las lágrimas. Entonces recordé:

'Ve al desierto cuando quieras respuestas. Te encontraré'

Algo dentro de mí pareció revivir.

—Iré.


Nota de la Autora: ¡DUN DUN DUUUUUUN! ¿Os ha gustado el capítulo? ¡REVIEW!

Hijo del demonio: Capítulo tres: En el desierto.

¿Puedes creer?