.

. .

. . .

Hatsune Miku

.

.

Una diva. Eso era lo que era. Nadie podía igualarla en el escenario. Los fans gritaban su nombre, aclamándola y alabándola. Aquel era su momento para brillar.

Lo que brilló fue una fuerte luz sobre sus ojos.

— ¡Cuidado con el flash, por favor!—gritó mientras se enderezaba de pronto sobre su cama.

Cuando al fin pudo abrir los ojos, notó que no eran fotógrafos ansiosos por tener su foto en primera plana quienes la cegaban con el flash de sus cámaras, sino que era Meiko quien acababa de abrir las cortinas turquesas de su ventana.

— ¿Aun soñando?—preguntó la mujer.
— Ah, Meiko-nee, eras tú…—respondió perezosamente la joven—. Quiero dormir…—agregó luego mientras se acomodaba nuevamente en su cama.

Pero Meiko tenía la solución perfecta para hacerla salir de buena gana de su cama.

— Si no te levantas temprano, Master te hará hacer horas extras otra vez—la joven se tensó debajo de sus sábanas—. No tengo que explicar que significa eso, ¿o sí?

Temblorosa, retiró lentamente la sábana de sobre su rostro, negando con la cabeza, queriendo detener a la mujer. Pero Meiko no le hizo caso.

— No tendrás tiempo para ir de compras, no podrás comer suficientes puerros, no podrás ir a juntarte con Gumi y Lily como tenías previsto hoy, no…
— ¡Ya entendí, ya entendí!—exclamó ella al borde de la desesperación—. ¡Iré a tomar mi ducha!

Y dicho eso salió disparada de su cuarto, en dirección al cuarto de baño.

— Bien, solo tres más.
— ¡Kaito, ¿qué diablos estás haciendo?! ¡Termina de una buena vez y sal ya del baño!

. . .

. .

.