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Kagamine Rin/Len

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Aquel olor dulzón a plátanos la sosegaba, y aquel olor cítrico a naranjas lo tranquilizaba. A pesar de no poder verse uno al otro, sabían que estaba ahí. Y tenían que actuar rápido. La aplanadora se encontraba en la cima. El primero en llegar sería el vencedor y el que perdiera debía ser su sirviente por una semana. A pesar del efecto sedante de los olores, ambos se sentían más que preparados para llevar a cabo el desafío. Y no perder.

Hasta que comenzaron a oír una fuerte voz que conocían bien.

— ¡Despierten Bellos durmientes! ¡¿Y Len, que rayos haces en el cuarto de Rin otra vez?!

Abrazados uno con el otro debajo de las sábanas, Rin y Len comenzaron a despertarse. Molesta por haber sido despertada tan bruscamente, Rin alzó la cabeza a ver quién era para luego volver a acomodarse en los brazos de Len.

— Unos minutos más, Meiko-nee—su voz sonó atenuada al esconderse de nuevo bajo las sábanas.
— V-vamos Rin, M-meiko-nee tiene razón, ya es hora de levantarse…—dijo Len con voz temblorosa al sentir la oscura mirada de Meiko en su espalda.
—… Está bien—gruñó finalmente—. Iré a tomar mi ducha.

Se separó de Len para luego levantarse e irse en dirección al cuarto de baño.

— Muy bien… Y ahora jovencito, ¿qué significa esto?

Len, quien se había distraído al ver acongojado como Rin se iba molesta del cuarto, sintió de pronto como un escalofrío recorría su espalda a pesar del sol matutino que prometía un cálido día. Gotas de sudor comenzaron a formarse sobre su frente y todo su cuerpo temblaba como una hoja.

— ¿Entonces?—preguntó ella con una lenta, suave, peligrosa voz.

Len se volvió hacía ella. Su rostro estaba empapado en sudor y alzaba sus manos en un vano intento de calmarla.

— N-no pasó nada—dijo él con una sonrisa nerviosa.

Creyó ver la ceja de Meiko temblar.

— ¡¿Entonces por qué rayos Rin estaba vistiendo tu camisa?! ¡Y tampoco es la primera vez!

¿Acaso había obviado a propósito el hecho de que ambos seguían vistiendo sus pantalones de dormir?
Mientras Len le suplicaba a Meiko para que lo dejara con vida, se podían oír varios golpes provenientes del cuarto de baño.

— ¡Miku-nee, ya sé que te toma tiempo peinar tu cabello, pero apúrate un poco!

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