Disclaimer: Los personajes utilizados no me pertenecen, son propiedad de M. Kurumada y de Toei. No hago esto por lucro, sólo es diversión. Si alguien se siente ofendido de alguna manera que me lo comunique porque no es mi intención.
CAP.1.- ULTRA VIRES HEREDITATIS
La hora fijada para la apertura del testamento se acercaba, si no estaban todos, el acto se debía posponer, ese era el deseo del difunto.
Saga, el abogado de la familia Kido, ocupaba el asiento principal del despacho mientras el resto, Tatsumi, el fiel sirviente; Saori, la nieta y actual cabeza del imperio Kido y el resto de hijos del causante Shiryu, Hyoga, Shun e Ikki se repartían por la estancia.
- Bueno - intervino el letrado - parece ser que no va a venir... tendremos que posponer la apertura.
- Vendrá. - Le interrumpió firme Saori sin levantar la mirada de la pantalla de su móvil.
En ese instante el rugido de una moto que aparcaba en la puerta de la Mansión les alertó a todos.
"¿Cómo sabía ella que él llegaría? ¿Acaso tenían una relación que desconocía? Eso podía ser un inconveniente..." pensó.
Al poco tiempo el castaño apareció en la puerta del despacho dando tres toques rápidos en la madera con la única intención de llamar la atención de los allí reunidos, pues la puerta estaba abierta.
- ¿Me habréis guardado algún tentempié o pastas no? – Seiya se apoyaba triunfante en la entrada con el casco de moto en una mano y la otra en su bolsillo. Llevaba vaqueros, deportivas, una camiseta blanca que resaltaba su tez morena y una cazadora de motorista.
- ¡Seiya, qué bueno que viniste! – se apresuró a decir Shun mientras el recién llegado se apresuraba a saludar a sus hermanos.
- No tenía otro plan mejor…- el tono de desdén de Seiya no pasó desapercibido para Saori quien finalmente había levantado la vista de su móvil aunque se mantenía impasible a su evidente provocación.
- Bueno – interrumpió Tatsumi al ser consciente del tono de la conversación – como ya estamos todos Saga, creo que es oportuno no alargar más esto.
- Por supuesto – el abogado de cabellos morados e intensos ojos azules se acomodó en la silla y comenzó a leer.
"Mis queridos hijos, lamento haberme marchado antes de resolver aquellas cuestiones que os hubieran garantizado una vida mejor."
- Buff – interrumpió Seiya.
La mirada de Saori fue fulminante al igual que la de sus hermanos, el joven se encogió de hombros, hizo un gesto como si cerrara su boca con una cremallera y se aposentó en el brazo del sofá. Cruzó sus brazos con gesto de hastío y desinterés. Saga continuó.
"Ahora que ya no estoy no puedo más que dejaros todo lo que poseo y confiar en que os habéis convertido en buenas personas, nobles de corazón y espíritu, tal y como procuré durante vuestra educación.
Saori – la joven se revolvió en su asiento, sus ojos se humedecieron con sólo oir su nombre – si bien nunca fuiste mi hija de sangre, nunca te he considerado lo contrario, por ello, en esta mi última voluntad mis consideraciones son por igual hacia todos mis hijos, incluida tú, la niña de mis ojos. -Tatsumi miró con cariño a la joven que aguantaba las lágrimas.
Quiero que sepáis que, a pesar de que mis decisiones no siempre fueron las más acertadas, mi intención siempre fue procurar lo mejor para vosotros. Sin embargo, soy consciente de que mis anhelos por construir una familia unida y feliz no pudieron ser, al menos durante el tiempo que os he acompañado, en gran medida fruto de mis propios actos.
Me duele que mis malas decisiones os hayan afectado, porque sé que soy el principal culpable de los abismos que os separan y, por ello, con ésta, mi última voluntad, pretendo enmendar mi error. Pero ahora llegaremos a esa parte.
Como mis hijos, los 6, sois herederos por partes iguales de mi fortuna y confió en que sabréis dar un uso adecuado a la misma. Sin embargo, para que efectivamente podáis acceder a todos vuestros derechos libremente tendréis que demostrar que sois una auténtica familia y que me puedo ir tranquilo, con la confianza de que siempre cuidareis los unos de los otros.
Para ello es preciso que cumpláis con las siguientes condiciones.
En primer lugar, cada uno de vosotros deberá ocuparse de una parte de nuestro negocio familiar.
Shiryu, de ti espero te hagas cargo de la fundación que gestiona el orfanato. Sé qué la educación de esos niños quedará en buenas manos contigo y con Shunrei.
Hyoga, eres quien mejor puede ocuparse de nuestra red internacional en Europa y Asia. Muchos de nuestros negocios se expanden por Rusia, por lo que es obvio que eres el más indicado. Tu templanza, conocimientos y saber estar son cualidades que te ayudarán en esta tarea.
Ikki, junto con Shun, os encargareis de la rama de Investigacion y Desarrollo (ID) de la compañía. Shun ya lleva años formando parte del equipo. Pero ahora, ambos, deberéis asumir mayores responsabilidades. Sé que agradeceréis pasar más tiempo juntos.
Seiya, a pesar de que nunca hemos tenido una sólida relación como padre e hijo, estoy tremendamente orgulloso del hombre en que te has convertido, me gustaría que junto con Saori estuvieras a la cabeza de la matriz, Kido Enterprises. – Tanto a Seiya como a Saori se les salieron los ojos de las órbitas ¿juntos?
Saori, espero de ti que ayudes a tus hermanos en esta encomienda con todo tu saber hacer. No pierdas tu humildad y, sobre todo, cuida de tus hermanos como yo lo haría.
Una vez paséis unos meses a cargo de vuestras nuevas responsabilidades podréis elegir si queréis manteneros en las mismas. Mi único deseo es que améis este legado que he construido por y para vosotros, pero nunca quisiera obligaros a ello.
En segundo y último lugar, es mi deseo que paséis más tiempo juntos y compartáis momentos como una auténtica familia. Tatsumi tiene instrucciones precisas sobre este aspecto. He preparado una serie de actividades, celebraciones y eventos que deseo compartáis y con los que espero aprendáis a quereros como la familia que sois. No se asusten, no son más que el reflejo de todos aquellos momentos que nunca me perdoné haberme perdido con ustedes.
En principio, nada más que lo aquí comentado completa mi deseo, eso sí, es indispensable que todos acepten sin condiciones.
Su padre que les quiere y les ha querido siempre"
El mandatario cerró la carpeta que guardaba los últimos deseos del causante. Hubo un pequeño silencio hasta que todos los jóvenes explotaron, la algarabía apenas permitía entenderles nada más allá de frases sueltas que se elevaban sobre el tono del resto.
- ¡Esto es una locura! ¡No, no y mil veces no! – se oía gritar a Seiya.
- Yo ya tengo mis negocios – decía Ikki – además no tengo ni idea de ID.
De repente Saori, la más afectada por todo ese proceso, alzó la voz por encima del resto.
- ¡Basta ya! – se hizo el silencio – Esto es una locura, el abuelo no sabía en lo que estaba pensando. Mejor olvidémonos de todo. Ahora mismo yo soy la administradora de la fortuna ¿no? Repartamos todo por igual y listo, no tendremos que someternos a compañías que es obvio no nos son gratas – en esa última frase miró desafiante a Seiya.
Todavía recordaba su último encuentro, justo cuando regresó de Grecia. Se presentó en la Mansión lleno de ira exigiendo ver a Mitsumasa por un supuesto acuerdo que no había cumplido. Su abuelo había tenido una fuerte crisis esa tarde y Saori se negó en rotundo a que lo importunara. Es cierto que su actitud no fue la mejor del mundo, pero el trato que recibió del castaño tampoco tuvo desperdicio.
- Me temo que eso no será posible Saori – interrumpió Saga atrayendo toda la atención de los presentes. – Todos tus poderes y facultades han sido revocados automáticamente a la apertura de este testamento, limitándose a las especificaciones del mismo. La fortuna de la familia como tal ha quedado temporalmente bajo la administración de Tatsumi.
La carcajada Seiya ante las palabras del abogado enfureció a Saori, le lanzó una mirada de odio que cayó en seco la risa muchacho.
- Señores, si no les importa, creo que mis hermanos y yo deberíamos hablar de esto en privado. ¿Nos permitirían unos minutos a solas? – Shiryu, el que mayor templanza había mostrado durante toda la reunión, y durante toda su vida realmente, finalizó la discusión con su sabia sugerencia.
Una vez el abogado y el sirviente abandonaron la estancia el joven moreno retomó la palabra.
- Chicos, se que lo que nos plantea nuestro padre escapa de cualquiera de nuestras previsiones sobre lo que íbamos a encontrarnos aquí, pero si os sois sincero la escuela de artes marciales no va tan bien como me gustaría. Creo que ocuparme de la fundación y el orfanato podría ser una buena alternativa con la que garantizar a Shunrei un futuro mejor y quizás cumplir con su deseo de ser madre si alcanzamos cierta estabilidad económica.
- Yo tampoco creo que sea tan mala idea – añadió Hyoga. – Sinceramente me apetece pasar más tiempo con vosotros.
- A mi también – le interrumpió un efusivo Shun. – Hermano yo te enseñaré todo lo que necesites saber del I más D, además siempre has tenido buenas dotes de liderazgo, será divertido. - Ikki y Shun eran los únicos hermanos de idéntica madre, de modo que su relación era más cercana que la del resto.
El joven de cabellos azules miraba a su hermano con desgana aunque, en el fondo, poder acceder a la fortuna que le correspondía… muchos de sus problemas actuales con el juego se solucionarían. Quizás así podría librarse de Guilty para siempre. Gruñó en aceptación a la propuesta.
- Entonces… - El joven de pelo verde, manteniendo la expresión de emoción en sus ojos, se dirigió hacia Seiya y Saori - ¿vosotros qué opináis?
- Yo sólo quiero que seáis felices chicos, – Saori le dedicó una dulce sonrisa al pequeño de los Kido, que aunque eran de la misma edad, al igual que Seiya, siempre fue considerado el menor por su carácter dulce e inocente – por mi bien.
- "Yo sólo quiero que seáis felices" – la imitó Seiya con burla.
- Seiya no seas infantil – le recriminó Hyoga. - ¿Estas dentro o no estás?
El castaño les miró a todos, no podía evitar su desagrado, encima parecía que era el "malo de la película" para todos sus hermanos. Cruzó sus brazos frente a su pecho y mirando al suelo susurró "De acuerdo… estoy dentro".
- ¿Qué has dicho? – se apresuró a señalar Ikki que, aunque le había oído perfectamente, le encantaba chincharle.
- ¡Que de acuerdo! – esta vez alzó el tono. – Paso de ser la oveja negra en este circo. Eso sí – en esta ocasión se dirigió a Saori – si hacemos esto tiene que ser con respeto, nos trataremos como a iguales ¿de acuerdo señorita?
Ella sabía a lo que se refería, la última vez que se encontraron ella le trató con menosprecio, mirándole por encima del hombro.
- Trato hecho "señorito" – se apresuró a aseverar la joven de cabellos lavanda. – Que sea respeto "mutuo" entonces - recalcó.
Saga y Tatsumi volvieron a entrar.
- Me alegra que os hayáis entendido – intervino el calvo – eso sí Seiya, como te pases lo más mínimo con la señorita…
Seiya iba a responderle una ordinariez, pero Saori intervino antes.
- ¡Tatsumi cállate! Seiya y yo somos mayorcitos para resolver nuestros problemas y hemos acordado respetarnos y ayudarnos.
El joven miró confuso a la muchacha, era la primera vez que le defendía.
- Bueno pues – era el abogado el que hablaba – teniendo un acuerdo sobre lo importante sólo me queda daros una última cosa. – Sacó 6 sobres de la carpeta en la que guardaba el testamento.- Estas misivas lacradas me fueron encomendadas junto con el testamento para que os las entregara en mano, imagino que vuestro padre quiso despedirse personalmente de cada uno de vosotros.
%%%%%%%%%%%
Más tarde en su apartamento Saori releía la carta de su abuelo, no había nada en ella que la joven no se imaginara ya. Su abuelo la alertaba de que en los últimos años el Consejo de Administración había adoptado acuerdos y hecho negocios sin contar con su consentimiento, los cuales, temía, podrían dejar a su familia en muy mal lugar ya que no claudicaban con sus valores como empresario. Le pedía que tuviera cuidado y que cuidara de sus hermanos.
"Querido abuelo… si tú supieras… me temo que esos negocios no sólo pueden dañar tu buen nombre, podrían destruirnos a todos. Pero no lo permitiré, cumpliré tu deseo." Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el timbre de la puerta.
- ¡Ya era hora! – le recriminó la joven al abrir la puerta - ¿Qué andabas haciendo? Es tarde, tengo que irme ya ¿trajiste el pen drive?
- Aquí esta… no te pongas nerviosa – le dijo el adolescente de cabellos anaranjados – los genios necesitamos trabajar sin presión – la sonrió pícaro. Cuando lo hacía el par de marcas de su frente se acentuaban más aún.
%%%%%%%%%%%
Una sombra negra se colaba por una de las puertas traseras del imponente edificio de oficinas de Kido Enterprises, puerta que alguien se había dejado convenientemente abierta. De ahí accedería al sistema de ventilación que le permitiría llegar al servicio privado de la oficina principal, había memorizado meticulosamente los planos, no había margen de error, entraría, cogería lo que necesitaba y regresaría por donde había venido.
Cuando alcanzó su objetivo algo le sorprendió. Había alguien sentado en el escritorio del despacho, no podía ser, le aseguraron que a esa hora no quedaría nadie.
Pronto advirtió que la inesperada compañía llevaba una capucha y vestía de negro, parecía estar sacando algún tipo de información del ordenador. "Genial" pensó "al final esto se va a animar". Se acercó por detrás sin ser visto.
- ¿Nunca te han dicho que irrumpir en propiedades ajenas es delito?
La joven dio un salto al notar la presencia tras ella. Su capucha calló hacia atrás quedando su rostro y su reconocible cabellera morada al descubierto. "Vaya, vaya quien tenemos aquí" pensó el intruso.
- Esa pregunta te la podría hacer yo ¿no crees? – Saori intentó susurrar para no ser descubierta por el personal de seguridad. Ese extraño la había asustado de sobremanera, pero debía mantenerse calmada o quizás sería peor. Era obvio que él tampoco tenía buenas intenciones colándose en la empresa, pero por alguna extraña razón no sintió que corriera peligro.
- Bueno, en mi caso…digamos que las reglas no están hechas para mí. – Su voz sonaba extraña, como alterada por un modulador de voz. La joven le observó detenidamente. Vestía completamente de negro. La cazadora que llevaba, con cierre delantero de cremallera, incluía una capucha de piel bajo la que sólo se acertaba a ver una máscara que cubría su rostro a salvo de su boca. También era negra, aunque no completamente, sus ojos, sí, los cristales que cubrían los ojos de la máscara tenían una tonalidad ligeramente rojiza. – Espera…- acertó a decir la muchacha – creo que te conozco. ¡Eres el encapuchado del que habla la prensa! Te habían puesto un nombre… ainss maldita memoria ¿Cómo era? – continuó al ver que no era capaz de recordarlo - ¿No se supone que tú ayudas a la gente? ¿qué haces aquí?
- ¡Oh, por favor! No me agobies con tantas preguntas. Que sepas que no me va mucho lo de ser una celebridad. Pero si quieres un autógrafo… quizás podríamos negociarlo, eres muy bonita, ¿lo sabes? – cogió el rostro de Saori con su mano, acercándolo hacia él.
- ¡Quítame las manos de encima! – la muchacha se zafó con un manotazo.
- Tranquila… era broma. Me gustas las chicas con carácter, pero el tuyo se pasa de agrio para mi gusto.
En ese momento un pitido en el ordenador interrumpió su conversación. La joven se giró hacia el aparato y retiró de un tirón el pendrive del ordenador.
- Yo ya he terminado, todo tuyo.
En ese momento la alarma comenzó a sonar. Con un rápido movimiento el encapuchado cogió a la chica entre sus brazos tapándole la boca y escondiendo a ambos entre el hueco de un alto fichero, la ventana y la pared.
En pocos segundos los haces de luz de las linternas de los agentes de seguridad escudriñaron la estancia. El despacho quedó iluminado. Las paredes de cristal, propias de la decoración moderna obsesionada con los espacios diáfanos, facilitaban la labor de los agentes, pero también darían una oportunidad a los dos intrusos que se escondían, los agentes no llegaron a entrar en el despacho.
- Aquí no veo nada. – Se oyó gritar. – Activa la seguridad de la planta y pasemos al otro ala.
Cuando todo parecía calmado, el joven aflojó su agarre soltando a Saori, mientras le hacía un gesto para que se mantuviera en silencio.
- ¿En qué estabas pensando? – Le recriminó – ¿Acaso pensabas que estos ordenadores no tenían un sistema de alerta?
- Oye, lo siento… – le intentaba susurrar la chica. – No ha ayudado mucho que estuvieras aquí ¿sabes? Me puse nerviosa.
- Bueno, bueno, mejor no discutamos y pensemos en cómo salir de aquí. – El joven comenzó a mirar a su alrededor. - ¿Han dicho algo de activar los sistemas de seguridad cierto? – La joven asintió. – Mierda, eso elimina mi plan A, no podremos salir por el sistema de ventilación. – Siguió examinando la estancia hasta que su vista dio con la ventana. Se giró hacia la muchacha y sonrió travieso.
- No, no, no ¿estás loco? ¡Son doce pisos más el bajo! ¡Nos vamos a matar! – La joven no cabía en su asombro. ¿Acaso pretendía saltar?
El encapuchado abrió ligeramente la ventana y asió un enganche que acababa en un cable fijo a su cinturón en un saliente del alfeizar.
- ¿Confías en mí? – le preguntó mientras le ofrecía su mano.
- No, claro que no.
- Uurrgg pues deberás hacerlo. – La muchacha casi no fue consciente del tirón con el que el joven la acercó hacía sí pegándola a su cuerpo. – Agárrate fuerte.
- Espera, espera, espera,… tengo vértigo. – Saori casi no tuvo tiempo a pronunciar estas últimas palabras, pues ya se encontraban descendiendo a gran velocidad. Se agarró fuertemente alrededor del cuello del encapuchado.
Escasos metros antes de tocar el suelo, el artilugio del cinturón comenzó a frenar su descenso hasta el punto que finalmente alcanzaron el suelo con suavidad.
- ¿No ves? – Acertó a decir el muchacho, mirando a la joven que, aun con los ojos cerrados, se agarraba con fuerza a su cuello – te dije que confiaras en mí.
La joven se soltó lentamente de su abrazo, pero la emoción del momento la pudo, sus piernas comenzaron a fallarle hasta que calló desmayada.
"Genial" pensó el muchacho.
%%%%%%%%%%%
- Oye, oye, despierta – golpeaba suavemente su rostro – ya hemos llegado, vamos, despierta.
- ¿Qué! ¿qué? – la joven volvía en sí confusa - ¿Dónde estoy?
- Estás en casa dormilona. – El joven se alejó de su lado dirigiéndose hacia el balcón, mientras ella se levantaba de la butaca donde había despertado.
- Oye ¿Dónde vas? – le dijo en tono de reproche al chico que ya se encontraba sobre la barandilla del balcón.
- A dormir. Y tú deberías hacer lo mismo. Eres una chica muy pesada ¿lo sabías? Y baja el tono, o despertarás a toda la casa.
Saori miró hacia la puerta de la habitación ante su comentario.
- No he hablado tan alto quejica. – Cuando se giró hacia él ya no estaba. Corrió hacia el balcón.
El encapuchado se había subido a una moto y estaba poniéndose un casco. Saori no pudo distinguir bien el color de su pelo, ¿era moreno? O… imposible, estaba demasiado oscuro.
- ¡Oye! – alzó la voz, pero no mucho, para llamar su atención – No te he dado las gracias.
- No hay de qué princesa – arrancó la moto y se fue. Sólo su abuelo la llamaba así.
Saori entró en la habitación. En ese momento fue consciente de que él la había reconocido, pues estaba en su antigua habitación de la Mansión.
"Perfecto" pensó "…y ahora que excusa le pongo yo a Tatsumi mañana, ya no puedo volver a mi apartamento". Entonces cayó en la cuenta de un detalle al meter las manos en sus bolsillos ¡el pendrive, no estaba! "¡Mierda!".
(continuará)
%%%%%%%%%%%
Y hasta aquí el primer capítulo.
Aclaraciones y datos de interés:
Ultra vires hereditatis es una locución latina que se utiliza en derecho, viene a significar "obligarse más allá del haber hereditario". Y aquí un dato personal, soy abogada (española) y me apetecía hacer un pequeño guiño a mi profesión, seguramente meta alguno más a lo largo de la historia.
Espero que os guste esta primera toma de contacto con mi nueva aventura literaria.
