CAP 4.- VERBA VOLANT, SCRIPTA MANENT.
Caminaba de un lado a otro de la habitación nerviosa, revisaba cada cojín varias veces, el montón de libros, el ordenador... Mientras tanto hablaba en alto consigo misma, era una extraña manía, aunque de algún modo esas rarezas la hacían especial. El joven la miraba con dulzura, pero pronto se recriminó a él mismo por la forma en la que pensaba en ella ¿qué estás haciendo?
Sabía que aquello no estaba bien, su labor era proteger a los demás, intervenir con ella la podría poner en peligro y eso nunca se lo perdonaría.
Se acercaba la hora, ella le estaba esperando. Abandonó su puesto de vigilancia en la azotea y se dirigió a su cita.
- Hola... has venido - estaba nerviosa, casi hubiera preferido que la sorprendiera por la espalda, ver como sencillamente descendía por la escalera de incendios hasta su ventana había acelerado su pulso a 100 por hora.
- Siempre cumplo mis tratos - entró en el apartamento, estaba especialmente serio, frío; comparándolo con su actitud bromista habitual en su anteriores encuentros. - ¿Dónde está tu...
- ¿Su genio informático dispuesto a colaborar con la justicia? - el pequeño rebelde apareció justo a tiempo.
Saori suspiró reduciendo parte de la tensión que acumulaba. Dio gracias que Kiki apareciera, no tuvo claro como localizarle en tan corto espacio de tiempo, así que cambio su clave wifi con un mensaje, sí el pequeño hacker accedía la descifraría como lo había hecho antes, el problema era que no sabía con certeza que el pelirojo fuera a pasar por allí, a veces desaparecía por largos períodos.
El pequeño hacker rodeó al encapuchado, observándole en cada detalle de su pose y vestimenta.
- Así que eres el famoso justiciero ¿eh? ¿Tienes algún arma? ¿Por qué llevas esa máscara? Oye...y ¿tienes algún nombre?
El aluvión de preguntas confundía al encapuchado que nervioso no era capaz de seguir el ritmo del muchacho que revoloteaba a su alrededor intentando tocar su ropa y los artilugios de su cinturón.
- ¿Qué significa el dibujo en tu espalda? ¿Acaso es tu símbolo? ¿Como el murciélago de Batman? - el encapuchado lo atrapó por los hombros obligándole a que parara frente a él.
- ¿Te vas a estar quieto ya? - le gritó irritado.
- ¡Oye! Perdona... es normal que quiera saber. Al fin y al cabo ahora vamos a ser socios ¿no? - El encapuchado le miraba extrañado, ese chico era más avispado de lo que creía. - Tendremos que dirigirnos a ti de alguna manera ¿no? - Se hizo un breve silencio.
- Es un... es un Pegaso. - Por fin el joven se decidió a hablar.
Mientras la escena se sucedía Saori se había fijado por primera vez en el dibujo de la cazadora del encapuchado. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Aunque bien pensado rara vez le había dado la espalda, además el dibujo del caballo alado estaba grabado en un fino hilo rojo oscuro, apenas perceptible en la oscuridad de la noche.
- Entonces... tu nombre en clave es Pegaso ¿no? - el adolescente se mostraba emocionado con su descubrimiento.
- No exactamente, pero bueno, podemos dejarlo así si queréis. - El joven se rindió. - ¿Qué tal si empezamos a trabajar?
Kiki cogió el ordenador de Saori, tecleó unos códigos, abrió un programa e introdujo el pendrive. No paraba de teclear números y comandos mientras los dos jóvenes, uno a cada lado de él, le observaban boquiabiertos. La apertura de ventanas que solicitaban claves de acceso, que el muchacho hábilmente descifraba, se sucedían; estuvo así al rededor de media hora.
- ¡Ya está! - El chico se apartó de la pantalla dejando ver una carpeta repleta de archivos.
- ¡Dios mío! - acertó a advertir Saori. - ¡Son cientos! Esto va a ser una locura.
- Tranquila - advirtió el hacker - Creo que puedo agruparlos. - Nuevamente tecleó varios comandos ante la mirada de asombro de los otros dos jóvenes. - Mirad, los he dividido por tipos según su contenido: datos de facturación, documentos escaneados, contratos, información financiera, correos electrónicos y por último una carpeta de documentación adicional, para todo aquello difícil de clasificar.
- Creo que con esto tendremos por dónde empezar. - Saori y Kiki miraron a Pegaso que por primera vez se pronunciaba. Sacó un pendrive de su bolsillo. - ¿Puedes meter todo eso aquí?
- Me temo que eso será imposible. - Kiki le sonrió pícaro, como un mago que guarda un as en la manga. - Lo que he hecho con mi programa es vincular el ordenador de Saori a la compañía, básicamente somos unos espectadores ocultos dentro del sistema, descargar de algún modo la información nos descubriría.
- Entonces me llevaré el ordenador.
- Eso no va a ocurrir. - Saori se plantó desafiante. - Ahí hay información de la empresa de mi abuelo que no puedo permitir que salga de aquí. ¿Cómo sé que no aprovecharás para vender la información en el mercado?
- Tendrás que confiar en mí - le dijo el Pegaso.
- ¿Confiar en alguien que ni siquiera me muestra su cara? ¿Acaso tú lo harías? - un silencio desafiante enfrentaba a ambos jóvenes.
- De acuerdo, entonces tendremos que trabajar conjuntamente. - El joven se levantó dirigiéndose hacia la ventana. - Regresaré mañana cuando anochezca, ya es tarde. - Saltó por la ventana y salió.
- Ciertamente es raro y nada simpático - advirtió Kiki a una Saori que miraba absorta al lugar en el que segundos antes se encontraba el joven de la capucha.
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La joven de cabello rubio cerraba con llave la puerta de su apartamento como cada mañana. Llevaba un precioso vestido azul con flores rosas. Su sonrisa era lo más bonito que había visto nunca, no se hartaba de mirarla, aunque fuera desde la distancia. Su compañera la esperaba en el coche para acercarla al trabajo.
Como cada día él las siguió oculto entre el resto del tráfico. Una vez se aseguró que llegaba correctamente a su destino, continuó su camino. Más tarde regresaría a acompañarla de regreso a casa desde la distancia.
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Seiya entró de muy buen humor esa mañana a la oficina, saluda a todo el que se encontraba con una flamante sonrisa. Cuando llegó al despacho se sorprendió al encontrase todo cambiado. Había un nuevo escritorio, colocado donde antes estaba el sofá que había sido sustituido por uno más pequeño, biplaza, que ahora estaba apoyado contra la pared del fondo en el espacio que quedaba entre ambos escritorios.
- ¿Y esto?
- Buenos días a ti también Seiya. - Saori, que revisaba unos papeles con atención, hizo un mohín ante la entrada del castaño - Pensé que querrías tu espacio.
- Bueno... si.. pero yo... - se había quedado sin palabras. La joven levantó la vista de sus papeles.
- Un gracias será suficiente. - Le sonrió burlona Saori.
- Gracias... - Seiya se acercó a la mesa en la que la muchacha trabajaba. - Aunque bien pensado no debería, yo no te lo pedí, me gustaba el viejo sofá.
- Ciertamente eres de lo que no hay. - La joven le miró molesta por su comentario. Él se acercó sonriente a casi un palmo de su rostro, el gesto la puso nerviosa sin que pudiera evitar sonrojarse.
- Tranquila, sólo bromeaba, gracias Saori, ha sido un detalle. - Le guiño un ojo y al retirarse fue a coger el café que la joven tenía sobre la mesa, gesto que fue inmediatamente frenado por la mano de la joven.
- No, no... - Ahora era él el que se había puesto nervioso con su tacto, ella rara vez le tocaba. Pero más le sorprendió lo que siguió. Saori cogió otra taza de café que guardaba a un lado de la mesa y que había pasado inadvertida para Seiya, y se lo ofreció. - Café cortado con poco azúcar.
El joven, sorprendido del detalle y de que ella conociera sus gustos, lo aceptó, llevándoselo primero a la nariz para olerlo y después directamente a la boca para darle un trago. Al tiempo que se acomodaba en su nuevo escritorio.
- Por cierto Seiya - le dijo la joven - que sepas que ese "ya lo he chupado antes".
El joven escupió del golpe el último trago, ahogado en su propia carcajada, esa salida de la joven devolviéndole la jugada había sido muy buena, al final iba a ser más divertida de lo que creía. Saori también reía, pero disimuladamente sin levantar la vista de sus papeles.
- Nunca pensé que al entrar en vuestra oficina os encontraría riendo, venía más bien preparado a esquivar alguna grapadora que volara hacia la cabeza de Seiya. - Hyoga les observaba desde la puerta del despacho.
- ¡Hermano, qué ilusión! En realidad aquí la señorita está aprendiendo muy rápido a domarme, hasta se atreve a gastarme bromas. - La joven se sonrojó con su comentario. - ¿A qué debemos tu visita?
- Vengo con noticias importantes de nuestros socios de Rusia. - El rubio se adentró en el despacho acomodándose en el sofá. - Vendrán a visitarnos la semana que viene y les gustaría que organizáramos una recepción para recibirles y presentarnos oficialmente. - Los otros dos jóvenes le observaban con una mezcla de curiosidad y asombro. - Lo sé, a mi también me ha sorprendido, pero deben ser miembros de la nobleza del país por eso tanta parafernalia.
- Eso es cierto, son familia real. De acuerdo - intervino Saori - hablaré con Saga para organizarlo todo, podemos montar la fiesta en la Mansión y acomodarles allí durante su estancia en el país.
- Me parece una buenísima idea Saori - se apresuró a decir el rubio - pero no hace falta que hables con Saga, lo haré yo mismo. - Se levantó, dirigiéndose a la salida. - ¿Comemos luego juntos? Me quedaré por aquí toda la mañana. - Ambos asintieron a su ofrecimiento.
Seiya y Saori continuaron trabajando sin casi dirigirse la palabra, de vez en cuando cruzaban miradas que rápidamente apartaban al sentirse descubiertos. Saori estaba nerviosa, le costaba concentrarse cerca de Seiya, él siempre había tenido ese efecto en ella. De todos los hermanos era con el que más difícil se le hacía comportarse como una chica normal, en parte por todo lo sucedido con su hermana, el odio por su abuelo lo había trasladado hacia ella a pesar de que no tuvo nada que ver. Pero por otro lado, había algo más, algo que no sabía explicar, su sola presencia le ponía nerviosa, la hacía sentir vulnerable, la sacaba de quicio pero aún así, no podía evitar que su compañía le resultase ¿agradable?. Era todo muy extraño con Seiya, cuando la acompañó a casa la otra noche se sintió segura, protegida, y eso no le ocurría a menudo, siempre había sido recelosa con la cercanía de los demás, pero con él era diferente. Su actitud tampoco ayudaba mucho con su confusión, a veces era borde y mostraba claramente desagrado por su compañía, pero otras veces era encantador, divertido y sentía que se preocupaba por ella. A veces se preguntaba si las cosas no hubieran sido diferentes de no haber sucedido lo de su hermana, si aquel pasado que les separaba, simplemente, nunca hubiera existido, si hubieran sido dos personas normales que se encontraban...
- Saori - el castaño la sacó de sus pensamientos - hay algo aquí que no me cuadra. - Seiya revisaba las cuentas de la compañía, de todos los documentos que pidió a Saga estas eran lo único que le había llegado. - ¿Puedes acercarte?
La joven se levantó y se sentó sobre la mesa a su lado examinando los papeles. Su olor a lilas frescas no pasó desapercibido para Seiya, como tampoco lo guapa que iba con una falda de tubo ajustada granate oscuro y una camisa blanca de corte masculino, prendas que destacaban su feminidad, llevaba nuevamente el pero recogido con un lapicero, ciertamente le resultaba... sexy; pero, por supuesto, no tenía intención de decírselo. Aunque su opinión sobre ella había cambiado bastante, algo le frenaba a cambiar su actitud. No sabía si era su orgullo o más bien el miedo a que ella no hubiera experimentado el mismo cambio.
- No lo entiendo Seiya, parece que todo cuadra ¿no?
- Por supuesto que cuadra, eso es lo raro. Cuadra demasiado bien, estas cuentas son de libro, eso no es normal en una empresa tan grande como esta. Por ejemplo, siempre hay alguna partida sin clasificar por concepto dudoso. Aquí no hay conceptos dudosos ¿lo entiendes?
- ¿Qué estas insinuando Seiya? - La joven le miró preocupada, ella no entendía de números como él que estudió Empresariales en la universidad, pero era lo suficientemente lista para comprender que nada es tan perfecto.
- Creo que estas cuentas están retocadas. Necesitamos ver los contratos, sin un papel que demuestre nuestra presunción... no tendríamos nada.
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Hyoga les citó en un restaurante cercano a las oficinas. Seiya, como siempre el más glotón, pidió un gran plato de cocido de carne, Hyoga algo más comedido pescado y Saori tan sólo una ensalada que apenas tocó, lo que le había comentado Seiya la dejó preocupada.
- Saori, ¿Tú sabes algo de nuestros amigos de Siberia? - preguntó el rubio.
- Poco la verdad, hace muchos años, cuando tendría unos 15 años, mi abuelo me llevó a conocerles y pasamos unos días allí. Sé que ahora Hilda, la hermana mayor, junto a su esposo Siegfried, están al mando de los negocios, y son bastante buenos. Han desarrollado también muchos programas de ayudas para la gente del pueblo, creo que esa parte del negocio la lleva sobretodo Fleur, la hermana pequeña. Son gente de la alta nobleza y se nota en sus formas, pero buenas personas, que al fin y al cabo es lo importante. Seguro te llevas bien con ellos, no estés nervioso. - Le sonrió, entendía perfectamente el porqué del interrogatorio, él también estaba nervioso y preocupado con dar la talla ante sus nuevas responsabilidades.
Los tres jóvenes terminaron su día sin más sobresaltos.
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El manto de la noche se extendía ocultando la ciudad a su paso, tan sólo las luces centelleantes de los negocios aún abiertos y las farolas resistían su imparable avance.
Notó como una brisa fría la recorría la espalda, él ya había llegado, se giró para verle de frente.
- Hola - no pudo decir nada más, estaba nerviosa, él la ponía muy nerviosa.
- Hola - le respondió - ¿dónde está el pequeño delincuente? - añadió mirando a los lados.
- No va a venir - contestó ella, algo temerosa de su reacción - Ha dejado preparado el ordenador pero me dijo que era un hombre ocupado y esta noche ya tenía otro compromiso.
- Entiendo... - no parecía molesto, de hecho le pareció verle sonreír. - Bueno pues nos tendremos que encargar nosotros. Por cierto, he traído algo. - Se dio la vuelta y cogió una bolsa que había dejado en el hueco de la escalera de incendios. - Es.. algo de cena. - Saori le observaba ojiplática. - Pensé que… bueno no me mires así, además seguro te sienta bien que estás muy delgada.
- Gra.. gracias - acertó a decir la muchacha. - Siéntate si quieres, traeré unos platos.
Ambos se sentaron a cenar frente al ordenador, en silencio. Saori todavía estaba en estado de shock, aquello que la estaba sucediendo le parecía sacado de una película de ficción. El encapuchado, alias Pegaso, sentado junto a ella cenando en su apartamento. A él también se le veía nervioso, parecía como si se forzara a comer con educación, de vez en cuando la hacía algún gesto para que tomara otro bocado.
Si supiera que era el primer hombre, aparte de Kiki que obviamente no contaba, con el que había compartido un momento tan íntimo en su apartamento. La idea la hizo sonreír, pero él lo notó, por lo que tuvo que disimular rápidamente.
- ¿Te puedo hacer una pregunta? - Saori rompió el silencio entre ambos.
- Ya la estás haciendo - la joven hizo un mohín ante su contestación - Pero dispara. - Pegaso no levantaba la vista del ordenador, lo cierto es que se movía entre los documentos con facilidad, como si supiera exáctamente lo que buscaba.
- ¿Cómo te convertiste en, bueno, en un justiciero? - A el joven le pilló por sorpresa la pregunta. Se giró para prestarla toda su atención, gesto que ella interpretó en un inicio como de molestia por la pregunta.
- Lo cierto es que no lo tengo claro, simplemente sucedió. Un día ves que alguien al que conoces tiene una curiosa mala suerte, otro día vez que más personas a las que tienes cariño se ven ante situaciones injustas, con consecuencias desproporcionadas y que el Gobierno, simplemente, no hace nada. O lo que es peor, son los culpables de todo el sufrimiento de la gente. De repente te das cuenta que tú puedes hacer algo, que tienes la fuerza y los medios para enfrentarte a ellos. En ese momento no hay que pensar, sólo hay que hacerlo, cueste lo que cueste, seguir peleando.
Saori lo miraba con dulzura, por alguna extraña razón sabía que sus palabras eran sinceras y las comprendía, ella había sentido lo mismo cuando descubrió que algo raro pasaba con la empresa y que los chicos podrían tener problemas por ello, simplemente, sentía que tenía que evitarlo.
- ¿Y qué has visto en mi empresa para que estés investigándola? - continuó preguntando la joven.
- Creo que podría preguntarte lo mismo ¿no crees? - La joven se ruborizó.
- Lo cierto es que no tengo claro lo que busco. - Saori se recostó sobre el sofá, le dolía recordar todo aquello. - Creo que a mi abuelo le engañaron y cerró negocios que no debía y con quién no debía, el mismo me lo insinuó en una carta que me dejó antes de morir, tengo miedo de que por alguna razón todo sea más peligroso de lo que creo y que termine por perjudicar a la gente que quiero.
- ¿A la gente que quieres?
- A los hijos de mi abuelo - la joven se sorprendía de lo fácil que le resultaba sincerarse con él. - Ellos son buenos chicos, y la vida no es que les haya tratado demasiado bien. No merecen pagar las consecuencias de las malas decisiones de mi abuelo. Nunca me perdonaría que les pasara nada malo.
- Saori - el joven cogió su mano temblorosa - no te preocupes, tú no tienes la culpa, además ahora estoy contigo y te ayudaré a solucionar esto. Hasta lo que yo sé hay gente del Gobierno, bastante peligrosa e inmiscuida en negocios sucios, que está detrás de propiedades de tu empresa, eso nos.. me llevó a Kido Enterprises. Pero no permitiré que se salgan con la suya, y menos ahora que sé lo importante que es para ti. - Ambos se sonrieron.
Saori despertó en su sofá tapada con una manta. Se sobresaltó al ver que ya era de día. Pegaso no estaba. "¿Quién eres..?" pensó la joven.
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Esa mañana llegó tarde a la oficina, la primera vez que la ocurría algo así, estaba avergonzada. Al salir del ascensor la imagen ante sí la dejó helada: Seiya le acercaba un café a Shaina, parecía que... ¿estaba coqueteando con ella?
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Verba volant, scrīpta mānent es una cita latina tomada de un discurso de Cayo Tito al senado romano, y significa "las palabras vuelan, lo escrito queda".
