CAP. 9- ALTER EGO.

No quería salir de debajo de su edredón. Se sentía ridícula, pequeñita, le dolían los ojos, todavía los tenía hinchados de llorar. "Eres una tonta" pensaba "¿Cómo pudiste creer que él se iba a haber fijado en una chica como tú? Él es un chico con clase y de buena familia y tú... tú simplemente eres un absoluto desastre."

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Durante todo el camino no paraba de darle vueltas a la misma idea, todo se estaba descontrolando, no podía entender a Seiya. Él fue el que inició todo, quién les animó a hacer algo, conocía mejor que ninguno los riesgos y la importancia de ser cautelosos, mucho más ahora que empezaban a ser personajes públicos a raíz de la muerte de Mitsumasa.

Recordaba perfectamente el momento en que comenzó todo hacía ya tres años, incluso como en cierto modo él había sido el detonante, quizás si no hubiera estado tan cegado en ese momento, si hubiera sido más racional...

(Flashback)

Shiryu y Seiya estaban en la escuela de artes marciales cuando Hyoga llegó, tenía muchas ganas de ver a su hermano. Después de más de siete años volverían a encontrarse todos en la misma ciudad. El tiempo, las decisiones, la necesidad de huir les mantuvo separados mucho tiempo.

Seiya, junto con Ikki, fueron los que más habían tardado en regresar. Cuando Shiryu le avisó esa tarde de que Seiya estaba allí no podía creerlo, al menos una buena noticia esa semana.

Seiya había regresado de Grecia, se escapó cuando cumplió la mayoría de edad a buscar a su hermana y apenas habían tenido noticias de él desde entonces. El reencuentro no estuvo exento de emociones, a pesar de que se consideraba un tipo duro no pudo evitar dejarse llevar y derramar unas lágrimas, ninguno pudo.

Seiya les contó que había buscado sin cesar a su hermana siguiendo una pista que le dio un antiguo profesor del orfanato, pero que al final, resultó ser un callejón sin salida. Comenzó a estudiar y trabajar para ganar algo de dinero con el que seguir su búsqueda. Una pareja local le había acogido como a un hijo, eso le permitió tener un techo seguro y realmente sentirse querido. Posteriormente, cuando todo se complicó, les reconocería que la mujer que le acogió perteneció a un legendario grupo de Amazonas guerreras y que le enseñó a pelear.

Sin embargo, por motivos sobre los que no quiso darles detalles, finalmente regresó en busca de Mitsumasa, él más que nadie le debía una explicación. Shiryu y Hyoga conocieron de primera mano cómo había sido el reencuentro de su hermano con Saori, como ella no le había permitido pedir esas explicaciones. Aunque ellos sabían que Saori no era tan cruel y que seguramente actuó movida por la preocupación que la embargaba la salud del viejo, el dolor y la rabia que manifestaba su hermano les contuvo de entrometerse. Sabían perfectamente que ambos jóvenes pecaban de lo mismo, de cabezotas, pretender mediar sólo empeoraría las cosas.

Durante los primeros días Seiya se alojó en su casa. Era divertido convivir como hermanos. Así fue como Seiya acabó conociendo el problema de Erin, la chica que en aquel momento traía de cabeza a Hyoga.

Cuando su hermano supo que Erin estaba sufriendo acoso por uno de sus jefes le alentó a intervenir. Hyoga temía por Erin, su jefe, Mr. Goldapple, era un tipo tan poderoso como turbio, así que no hizo nada.

Pronto se arrepentiría de su decisión, la noche en la que Erin fue ingresada en el Hospital le rompió por dentro, ese cerdo la había violado y golpeado hasta la saciedad. Tal fue la paliza que recibió la joven que los médicos temieron por su vida en varias ocasiones. Casi destroza la sala de espera cuando se enteró de lo ocurrido. Se sentía culpable, avergonzado, se odiaba a si mismo; su cobardía, porque no era otra cosa, había terminado por destrozar a la mujer que amaba.

Aquel episodio despertó todo el dolor y sufrimiento que albergaba en su interior tras la muerte de su madre, en cierto modo, Erin le recordaba a ella. Esta vez no podía estarse quieto, debía hacer algo o acabaría volviéndose loco.

Justo en ese momento en el que su raciocinio no respondía a las reglas de la lógica, en el que estaba dispuesto a arriesgar su propia vida para defender la de ella y clamar venganza, Seiya estuvo ahí. Fue su apoyo, su pilar, fue quien le mostró el camino correcto para hacer pagar a ese cerdo por lo ocurrido. Le convenció de que podían castigarle sin que Erin saliera perjudicada, más aún, él nunca sabría quienes eran pero les temería hasta el borde de la locura. Y así fue.

Shiryu también acabó por inmiscuirse, aunque siempre fue el más cerebral y coherente de los tres, siempre había sido un luchador nato, no en vano dedicaba su vida a las artes marciales. Ser consciente del sufrimiento de su hermano y de que Shunrei también era una potencial víctima para sujetos como Mr. Goldapple fue determinante para su decisión.

Así que los tres hermanos ataviados con un pasamontañas y una capucha negra empezaron a seguirlo, acosarlo y atormentarlo como fantasmas, en varias ocasiones Hyoga tuvo que contenerse de no agredirle y destrozarle la cara como él había hecho con ella, Seiya le contuvo, ese no era el camino, usarían la fuerza cuando fuera necesario, pero no de forma gratuita, o se convertirían en los monstruos contra los que peleaban. Aún así, tuvieron que enfrentarse en varias ocasiones a sus guardaespaldas pero, finalmente, el viejo aprendió la lección. En poco tiempo el temible Mr. Goldapple acabó convirtiéndose en un asustadizo y paranoico anciano que terminó por presentarse él mismo ante la policía y reconocer su crimen. Erin pudo descansar al fin, aunque abandonó la ciudad en cuanto se recupero, necesitaba empezar de cero en un lugar que no le recordara todo aquello. Él la entendió y la dejó marchar, era consciente de que, sin buscarlo, se había convertido en una parte de aquello que ella necesitaba olvidar.

La excitación y euforia del éxito conseguido les embriagó. De repente fueron conscientes de que podían hacer algo frente a las injusticias, podían luchar por la gente que sufría el abuso de aquellos que se creían por encima del bien y del mal. Sus vidas comenzaron a tomar un nuevo sentido.

(Fin del Flashback)

-Buenos días pequeña. - Abrazó a la joven que le esperaba en el porche de la entrada de la modesta casa de madera que era su refugio del lago. Llevaba una chaqueta de lana dos tallas más grandes y dos tazas de café en la mano. Tenía los ojos hinchados de llorar. - ¿Dónde está mi hermano?

- En la parte de atrás, le iba a llevar este café ahora. ¿Quieres uno?

- Preferiría un té.

- Perfecto, entonces toma. - La joven le entregó una de las tazas. - Acércaselo mientras yo voy a prepararte ese té.

Cuando Hyoga llegó Seiya estaba en la hierba, concentrado, en 'posición de loto'. Era raro verlo así, pues por lo general cuando Shiryu le animaba a meditar él se mostraba bastante reacio. Seiya era un alma inquieta, ese tipo de prácticas no iban con él.

- Si Shiryu estuviera aquí ahora mismo creo que lloraría de la alegría. - El castaño abrió los ojos y le sonrió.

- Mejor dejémoslo entre tú y yo, no quisiera darle motivos para fanfarronear sobre sus enseñanzas.

Hyoga le acercó la taza de café que el joven saboreó gustoso, sonriendo a lo que parecía ser un recuerdo que llegaba a su mente.

- Tenemos mucho de que hablar. - El rubio le miró serio pero con aire de comprensión, el joven de ojos castaños y brillantes se limitó a asentir.

Saori miraba absorta la tetera frente a ella. Desde que habían llegado a la casa notaba a Seiya extraño, demasiado introspectivo. No habían hablado de lo sucedido entre ellos la noche anterior y esa misma mañana. ¿Acaso se había arrepentido? Si era así, no podía culparle. Ella era consciente de que despertaba interés en los hombres, pero sus barreras eran algo que frenaba incluso a los más valientes. Además, el pasado entre ambos era difícil de digerir. "No seas tonta Saori, ya estás compadeciéndote, siempre buscando excusas" alejó esos pensamientos negativos. Todo lo ocurrido en las últimas horas, simplemente les había superado. Pero antes de eso él ya había mostrado que el pasado no le importaba. Tendría que esperar a ver dónde les llevaba el devenir de las circunstancias, sólo el tiempo tendría la respuesta a la pregunta que tanto la perturbaba.

- Seiya... qué voy a hacer contigo - susurró para sí. El silbido de la tetera la sacó de sus divagaciones.

Cuando se reunió con Hyoga y Seiya en el jardín trasero de la casa ambos estaban sentados frente a frente, se observaban en silencio. Había tensión entre lo hermanos.

- Shiryu llamó hace un rato. Él y Shun llegaran sobre la hora de comer. - La joven rompió el silencio con cierta timidez.

- Estupendo - Seiya levantó la vista hacia ella - Saori, si no te importa, necesitaría hablar un momento con Hyoga a solas. - A pesar de la frialdad de sus palabras su mirada desprendía calor y cierta demanda de comprensión, por lo que la joven se limitó a dejar la taza de té sobre la mesa y retirarse.

- Ciertamente vuestra relación ha cambiado - evidenció no sin cierta ironía Hyoga una vez la muchacha les dejó solos.

- Hyoga, no te pases. - Seiya se mostró molesto con su comentario, ya estaba un poco aburrido de los reproches de su hermano. Pero no iban a acabar ahí por más que él quisiera, si algo caracterizaba a Hyoga era su obstinación.

- Quedamos en que la alejarías de todo esto y, sin embargo, te presentaste en su casa con una botella de vino.

- No entiendo tu reproche, no fue Pegaso quien se presentó en su casa, eso era lo acordado. Fui yo, Seiya, habíamos discutido, sólo fui a hacer las paces. ¿Desde cuándo tengo que darte explicaciones sobre mi vida? - la irritación de su tono no pasó desapercibida para Hyoga.

- ¡No me fastidies Seiya! Y lo de colaros en el archivo ¿qué? ¡Acaso ahí no la has puesto en peligro! - alzó la voz, la actitud de su hermano empezaba a enfurecerle. - Por cierto, Shiryu no resultó muy bien parado de nuestro encuentro con vuestros perseguidores, por si te interesa.

Las palabras del rubio cayeron como un cubo de agua fría sobre Seiya.

- ¿Cómo? No sabía... lo siento. - Su actitud cambió de golpe. El arrepentimiento del castaño era evidente.

- Claro que no lo sabías... porque no estás centrado hermano. - Hyoga se arrepintió de su reproche al ver la aflicción que su revelación había causado en su hermano. - Pero tranquilo, sólo fue un mal corte, por suerte no ha sido nada peor. - Seiya había bajado la mirada, su dolor era evidente, lo que ablandó al rubio. - Oye... no es que te esté reprochando nada Seiya, de verdad. Sólo quiero que confíes en nosotros, necesito que confíes. - La cercanía y súplica del rubio consiguió despertar al joven castaño que al fin levantó la vista. - Seiya, no estoy aquí para juzgarte créeme, sería el primero en alegrarme de tu felicidad, lamento que haya parecido lo contrario. Pero necesito saber cómo estas, recuerda a Erin, mis sentimientos pudieron con mi razón y casi termino haciendo algo de lo que tarde o temprano me iba a arrepentir, tuviste que ser mi cordura en ese momento, sólo dime ¿necesitas que sea tu cordura?

Hubo una pequeña pausa hasta que al fin Seiya respondió.

- Creo que sí hermano, si a ella le pasara algo... yo... no se... sería capaz de cualquier cosa. - El rubio simplemente apretó su mano en gesto de apoyo. Se miraron fijamente por unos segundos, sus miradas lo decían todo, al fin se habían escuchado el uno al otro.

- Eso era lo que necesitaba oír. Te prometo que no le pasará nada mientras estemos juntos. - Le sonrió con esa mirada tan suya que le daba tranquilidad. - Ahora, quizás es buena idea que vayas a hablar con ella, que aunque ha sido muy digna y correcta dejándonos solos, seguramente esté dándole mil vueltas a nuestras reservas. Yo me quedaré aquí con mi té contemplando las vistas. - Le guiñó un ojo.

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- Oye Shiryu - era la primera vez que Shun abría la boca desde que le había recogido en su coche. - ¿Tú cómo supiste que le gustabas a Shunrei? - El moreno se giró ojiplático hacia su hermano que continuaba impasible conduciendo. ¿Ciertamente Shun le estaba preguntando por mujeres?

- Eh.. ¿y esa pregunta? Pues no lo sé... Shunrei y yo, simplemente fue el tiempo, el cariño, poco a poco nos fuimos acercando. Tuvimos un momento en una cascada... - Realmente no tenía claro qué contestar, se puso hasta nervioso - Pero, ¿qué ocurre? ¿acaso paso algo ayer con June? Lo cierto es que nos dejaste a todos bastante sorprendidos.

- No, no, no paso nada. Bueno... eso creo... - dudaba - No lo sé Shiryu, por eso necesito tu ayuda.

- A ver... cuéntame exactamente qué ocurrió. - En el fondo el mayor disimulaba las ganas de reír bajo un forzado tono serio. La falta de experiencia de su hermano en asuntos de pareja le divertía. Era obvio cómo la chica que trajo a la cena bebía los vientos por él, pero también estaba seguro que el único que no se había dado cuenta de ello era su hermano.

- El otro día al irnos de tu casa, y tras dejar a Ikki que, por cierto, no sé dónde anda, la invité a cenar al sitio ese de la playa.. el del faro... no recuerdo el nombre, el que es italiano.

- ¡El Marea Bianca? Madre mía, ¿querías impresionarla eh? - era uno de los restaurantes más exquisitos de la ciudad.

- No era eso, simplemente allí ponen la mejor parmigiana di melanzane del mundo - Shun se puso rojo como un tomate.

- Te voy a dar yo a ti parmigiana... anda continúa, que te me pierdes en los detalles.

- Bueno pues, pasamos una velada agradable la verdad. June es muy divertida, algo patosa, pero creo que es parte de su encanto... - mientras hablaba una enorme sonrisa se iba dibujando en su rostro. - Según llegamos fue el centro de atención del lugar, hablaba alto y no paraba de sorprenderse con todo, el resto de comensales la miraban alucinados. Al camarero le volvió loco con el vino, bueno y con los postres, incluso le tiró la bandeja encima cuando nos levantábamos para irnos, obviamente fue todo un accidente, no creo que nadie se molestara. Me reí muchísimo con ella, es única. Sin embargo, durante el camino a su casa estuvo muy callada y prácticamente salió corriendo del coche. No sé Shiryu... June es muy especial para mí; pero tal y como salió huyendo... no sé qué pensar.

El moreno no podía creer lo que le estaba contando su hermano, ciertamente la cita hubiera sido catalogada por cualquiera como un auténtico desastre, pero para su hermano no, él siempre tenía una forma de ver las cosas diferente. En ese momento recordó como fue el momento en que le "reclutaron" para su particular cruzada.

(Flashback)

Aquella noche todo se había descontrolado, no esperaban encontrarse con auténticos profesionales de la delincuencia organizada. Ni siquiera fueron conscientes de que uno de ellos estaba escondido tras los bidones de la antigua fábrica de congelados. Hyoga reaccionó muy rápido para apartar a Seiya de su ataque pero no pudo evitar que el chorro de nitrógeno líquido le alcanzara el brazo abrasándoselo.

No podían acudir a un hospital sin evitar tener que dar explicaciones, él era su única opción. Cuando Shun les vio llegar ataviados con su particular "uniforme", el pasamontañas y la capucha negra, más que asombrarse o extrañarse alucinó como un niño. Sus hermanos eran como los superhéroes de los cómics que le gustaba leer desde pequeño.

Curó el brazo de Hyoga con una admirable pericia aplicándole desconocidos geles y ungüentos desarrollados en el propio laboratorio. Cuando su labor médica concluyó les insistió en que le dejaran colaborar.

Ninguno de ellos estuvo de acuerdo, Shun era el más joven e inocente de todos los hermanos, nunca le habían gustado los enfrentamientos así que no era una opción a valorar en modo alguno, aquel mundo se antojaba tremendamente peligroso para su impresionable hermano. Pero el joven no se iba a quedar contento con esa explicación.

- Pensadlo bien, puedo ser como vuestro Lucios Fox* o como Q**. No podéis enfrentaros al mal de la ciudad sin armas o protecciones a medida. - Sus miradas suspicaces le asediaron. - Dejadme que prepare unos prototipos y si no os convencéis... entonces no insistiré más.

Y ciertamente les sorprendió. Manteniendo su idea de encapuchados preparó unos trajes a prueba de balas, increíblemente cómodos y flexibles, sus nuevas indumentarias les permitían moverse sin limitaciones. A cada uno le asignó un símbolo y un armamento específico.

A Hyoga le diseñó unos guantes de hielo, podía congelar lo que tocara, fue un claro guiño a reciente accidente. Su cazadora llevaba gravado un cisne con las alas abiertas en un tono azulado oscuro casi imperceptible.

A Seiya le diseñó igualmente unos guantes que incrementaban su fuerza y su pegada, podía reventar rocas con las manos. En su caso su símbolo era un Pegaso rojo carmín. Según les contó el que Seiya lo iniciara todo le había inspirado el nombre ya que según la leyenda al poco tiempo de nacer, Pegaso golpeó el suelo del monte Helicón y de su golpe surgió un manantial que se consideraba la fuente de la inspiración poética.

Para él eligió el poderoso dragón, símbolo de los cinco picos de Lushan donde estudió artes marciales, de un color verde esmeralda oscuro. Diseñó unos protectores para sus antebrazos elaborados con nitruro de boro y goetita, materiales entre los más resistentes del mundo, eran prácticamente irrompibles, le protegerían de cualquier ataque.

Cuando vieron todo lo que había preparado no pudieron negarse a incluirlo en el equipo, el pequeño se había ganado su respeto.

Desde entonces todo comenzó a tomar forma, empezaron a ser una auténtica organización contra el crimen.

Shun desarrolló nuevas armas, todas ellas defensivas, tenían claro que no querían utilizar armas de fuego o blancas, ellos jugarían limpio; así como, muchos otros instrumentos que les permitían moverse por la ciudad sin ser vistos: poleas, arneses, redes, etc.; les facilitó intercomunicadores casi invisibles, los moduladores de voz y las máscaras que incluían un filtro de visión nocturna.

Un nuevo grupo de vigilantes había llegado a la ciudad y estaban preparados para defenderla con uñas y dientes.

(Fin del Flashback)

- Shun, sinceramente, eres único. - Ya no pudo contener más las carcajadas. - ¡Esa chica huyó avergonzada por lo ocurrido, sólo eso! Por lo que cuentas la cita, porque fue una cita, fue un auténtico desastre, seguramente está avergonzada por su torpeza y por lo que tú puedas pensar. - Shun le observaba perplejo, ni siquiera había valorado esa opción. - Si realmente te interesa llámala y pídela otra cita anda, y hazlo cuanto antes, seguro que está comiéndose la cabeza ahora mismo con lo ocurrido.

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Saori se refugió en la cocina mientras los chicos hablaban, necesitaba entretenerse con algo y cocinar se le antojaba la mejor opción. No podía negarse abvsí misma que le intrigaba lo que fuera que Hyoga y Seiya tenían que hablar privado, pero les debía el mínimo respeto exigible y por eso se marcho, así la habían educado.

Cuando llegó a la cocina ella se movía de un lado a otro con naturalidad, colocando cacharros al fuego, cortando verduras con gracias y destreza.

- Nunca hubiera pensado que tuvieras tan buena mano para la cocina. - Su llegada la sorprendió. La miraba sonriente apoyado en el bisel de la puerta con cierto aire chulesco, su confianza en sí mismo a veces rallaba la fanfarronería. Esa actitud segura y desafiante del que se sabe libre para hacer lo que quiere en cada momento, era algo de él que en el fondo la atraía.

Saori levantó una ceja y sonrió pícara.

- Ya ves, todavía tengo muchos ases en la manga.

- Eso no lo he dudado nunca. - Se acercó a inspeccionar de cerca su particular alquimia culinaria.

- ¿Va todo bien con Hyoga, Seiya? - se había prometido no inmiscuirse pero no pudo evitarlo.

- Claro que sí princesa. Por eso he venido, imaginaba que estabas preocupada. Tonterías de hermanos, estaba preocupado porque no le había dicho nada de nuestra aventura en la oficina. Sólo eso. - La abrazó y la besó en la frente.

Y ahí estaba otra vez su capacidad de darla paz, de apaciguar sus miedos, de calmar su alma. Un simple gesto, la tranquilidad de su voz, el fijarse en los detalles,... todo eso que para muchos no era nada, para ella estaba siendo un mundo.

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Una vez le quitaron la venda de los ojos le costó acostumbrarse a la oscuridad del lugar.

- Me has decepcionado mucho amigo Saga. - Su voz venía de un punto frente a él. Era una voz estirada y arrogante, su tono de fingida cordialidad le asqueaba, le odiaba y le temía por partes iguales. - ¿Cómo puede ser que unos muchachos se hayan reído de ti de esa manera?

- Lo lamento, ciertamente les subestimé.

- ¡Eso no es excusa! - gritó con furia, le pareció verle alzarse de allí donde había estado recostado hasta ahora. - Sólo te voy a dar una última oportunidad. Soluciónalo o sabes quién pagará por tus errores. Mi paciencia está a punto de agotarse.

Un grito de dolor se oyó en una sala contigua.

- ¡No! ¡No le puedes hacer daño! Lo prometiste. - Saga intentó abalanzarse sobre su interlocutor, pero cuatro fuertes brazos lo sujetaban por la espalda.

- Tú también me prometiste muchas cosas Saga... cumple tu parte y yo cumpliré la mía.

Antes de que pudiera replicar un saco de tela negro se cerró sobre su cabeza llevándole a la más absoluta oscuridad, las fuertes manos que hasta el momento le sostenían lo sacaron de allí a la fuerza.

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Bueno, ya regresé a la carga, perdón por el retraso.

Notas/referencias:

Lucios Fox* Fox es un personaje secundario que se desempeña como gerente de las Empresas Wayne, aparentemente sin saber que la empresa provee a Batman del equipo y financiamiento que necesita para realizar sus operaciones.

Q**. Q es un personaje ficticio en los filmes y las novelas de James Bond. Q es la cabeza de Q Branch, una división de investigación y desarrollo del Servicio Secreto Británico.