CAP.10 - Si vis pacem, para bellum.
(Si quieres paz, prepara la guerra)
Shiryu y Shun se presentaron de improviso en el jardín de atrás de la casa donde sólo encontraron a Hyoga.
- ¡Qué bien que llegasteis hermanos! No oí el coche. - Se levantó para saludarles con un abrazo. - ¡Seiya, Saori, los chicos ya llegaron! - gritó.
En poco tiempo aparecieron los dos que faltaban, Saori sostenía una fuente con una lasaña de aspecto muy apetecible que se esforzaba por apartar de un Seiya que revoloteaba a su alrededor babeando.
- ¡Dios mío Shiryu qué te pasó en la cara! - el profundo corte del moreno no pasaba desapercibido.
- Buff... una larga historia... ¡Las hormonas que se os revolucionan cuando vais a ser mamás! - le vino bien compartir su reciente alegría para alejar la atención sobre su herida.
-!CÓMO?! - gritaron al unísono, sólo el ruido de la fuente de cristal cayendo y de la lasaña desparramándose por el piso pudo hacerles la competencia.
- Me temo que tendremos que pedir una pizza... - Seiya miraba apenado el desastre culinario, mientras el resto digería su comentario, sólo él era capaz de preguntarse por la comida en ese momento.
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Shunrei no se encontraba nada bien esa mañana. No había sido sincera con Shiryu para que no se preocupara y se reuniera con sus hermanos, sabía que toda esa nueva relación que estaba naciendo entre ellos era muy importante para él. Pero ahora se arrepentía y mucho.
Las náuseas estaban siendo horribles, se notaba sin fuerzas y a punto de desfallecer. Cuando ya no pudo más decidió tomar aquella ayuda que tan amablemente la enfermera del hospital le había ofrecido. Le costaba incluso ver los símbolos en su teléfono.
-¿Sí? ¿Quién es?
- Hola soy Shunrei, la chica embarazada del hospital, me diste tú teléfono el otro día, siento molestarte.
-¡Ah, sí! Te recuerdo. La pareja tan bonita de china. ¿Está todo bien Shunrei? Bueno, si me has llamado, me temo que igual no tanto.
Lo cierto es que no, me encuentro muy mal esta mañana, las náuseas están pudiendo conmigo y me siento muy mareada y casi sin fuerzas.
-Uhm... entiendo. Mira creo recordar que no vivías muy lejos de mi casa, te acercaré algo de Carivan, es un medicamento que creo te hará bien, mientras tanto toma té con jengibre, te ayudará.
Muchísimas gracias, te prometo que si no estuviera realmente mal no hubiera osado importunarte.
-Ni te preocupes Shunrei, me encanta mi trabajo y si te di mi teléfono fue precisamente para estas cosas. Ahora descansa, llegaré pronto.
- Muchas gracias, te esperaré con un té. - rió.
"Qué chica tan agradable" pensó Shunrei tras colgar.
Cuando pensaba en todo lo que se le venía encima, ser madre, ser padres, se agobiaba ¡era una auténtica locura! Aunque siempre lo había deseado, ahora se sentía aterrada desde que todo se había vuelto real para ambos.
Se recostó en el sofá con el té con jengibre, era chica de palabra. Su memoria le llevó caprichosa al día en que todo comenzó con Shiryu...
(Flashback)
Siempre le había encantado su trabajo de asistente social, cuidar de la gente, pero sobre todo de las personas mayores, le despertaban una especial ternura y admiración, al fin y al cabo sus historias tenían muchos más capítulos que las del resto.
Su zona no era querida por ninguno de sus compañeros, los Cinco Picos, pero a ella le encantaba, allí vivía el viejo maestro, era un hombre de sabiduría milenaria que la trataba con mucho cariño, como si fuera su nieta. Pero desde hacía un tiempo ella iba mucho más animada a verle, sobre todo desde que él llegó.
Era un conocido maestro de artes marciales y muchos jóvenes iban a visitarle y le rogaban que los entrenase, la mayoría no aguantaban apenas unas semanas, pero Shiryu, él era diferente, ese joven llevaba varios meses allí y se había ganado el respeto y confianza del anciano.
Desde que se vieron la primera vez la chispa había saltado entre ellos, pero eran demasiado tímidos, demasiado educados. Fue el viejo quien los empujó a conocerse más...
Un sol precioso iluminaba los Cinco Picos esa mañana, el olor de las flores despertando en primavera, el aire fresco que se colaba entre la frondosa flora del lugar, era reconfortante, y, por supuesto, ese eterno sonido del agua corriendo entre las rocas era lo que convertía el lugar en un paraje sencillamente idílico. Cuando llegó a la cabaña del viejo maestro encontró a Shiryu sólo en la puerta con una taza de té en la mano.
- Buenos días Shiryu ¿está todo bien? A estas horas siempre estás entrenando ¿y el maestro?
- Está todo bien, simplemente el maestro se tomó el día libre - le acercó una nota que guardaba - ¿te traigo un té? - ella asintió con una sonrisa mientras el entraba en la cabaña.
"Mis queridos chicos:
He salido a visitar a un viejo amigo que me avisó de que estaría en el pueblo hoy. Por favor, aprovechen el día, den un paseo, salgan por ahí y, por qué no, hablen de lo que ambos sienten ¿o creían que no me había dado cuenta? Hagan caso a este viejo, la vida pasa en un suspiro, no se arrepientan de no cumplir con los deseos de sus corazones.
Con cariño,
El viejo maestro."
Volvió a plegar el papel, ahora entendía la necesidad de Shiryu de huir a la cocina mientras ella leía la carta. ¿Tan evidente era para el viejo maestro lo que sentía? y, aun más, ¿también lo había percibido en Shiryu? porque en todo momento hablaba en plural. Su estómago era un auténtico 'big bang' de emociones.
Cuando Shiryu salió con su taza de té no era capaz de mirarla a los ojos, aunque fue algo que ella agradeció.
Era curioso como podía mostrarse siempre tan tímida, escondida tras una sonrisa huía de cualquier situación que la supusiera ser en centro de atención. Sus amigas siempre se asombraban de que una mujer tan segura de sí misma, con ese conocimiento del 'yo' que desbordaba como un maremoto cuando hablaba, que era un ejemplo de entereza para el resto y que se había dedicado a aprender y defender sus derechos como mujer y mostrarlos al mundo - porque sí, ella era feminista y orgullosa - al mismo tiempo guardaba a una mujer tímida, una romántica clásica, que huía de las relaciones modernas y buscaba un amor diferente, que naciera del respeto y conocimiento mutuo. No era fan del 'aquí te pillo aquí te mato' y aunque algunos la consideraran algo 'monjil' la daba igual. Ella era así, ella buscaba ese tipo de amor y sabía que tarde o temprano llegaría, mientras tanto, era feliz.
Pero él había despertado su curiosidad, llenaba sus pensamientos y le gustaba su compañía. Aunque le parecía serio al principio, en poco tiempo descubrió a un chico divertido, que siempre la hacía reír, eso la maravillaba, que la hicieran reír, un hombre con humor era un hombre inteligente y, para ella, atractivo. El problema era que, hasta ahora, su relación con Shiryu era un simple juego dentro de su zona de confort, pero el viejo maestro había explotado su burbuja de protección.
- Shunrei... yo ... - 'Dios mío, está hablando', pensaba ella '¿se atreverá a pedirme salir o algo?', cuando la realidad la acechaba toda su entereza habitual flaqueaba, así que se limitó a callar y ver cómo él moreno salía de la situación, ya que parecía que sus nervios bailaban sobre idénticas aguas turbulentas - ¿te... te gustaría dar una vuelta? - al final el joven castaño le echó valor en contra de sus previsiones, así que ella tuvo que decidir.
Mil dudas la asaltaron, por una lado era '¡sí!', por otro, no sé... estoy bien así, con nuestro juego sin mayores pretensiones. Pero cuando le miró a los ojos, a esos ojos de un verde como el de los lagos escondidos de esas montañas, simplemente no pensó.
- Claro... .
- ¡Genial! - Él la sonrió emocionado - Déjame mostrarte un sitio que descubrí el otro día entrenando con el maestro, creo que te gustará. - La cogió de la mano y tiró de ella.
Cuando el impresionante lago y la cascada aparecieron tras las lianas típicas de la selva laurisilva creyó que todo era fruto de su imaginación, aquello era como una playa en medio de la selva...
- ¿Te gusta? - le preguntó él, aunque era evidente por su expresión que sí.
- ¡Es maravilloso Shiryu! - le abrazó de la emoción. Era la primera vez que se acercaban tanto, así que cuando fueron conscientes un rubor encendió sus mejillas.
Aquel lugar comenzó a ser su refugio, el sitio donde se encontraban tras los entrenamientos de él, el sitio donde le dio su primer beso, escondidos tras la cascada, y el lugar en que le dijo que la amaba.
También fue el lugar donde siempre le decía que tenía que marcharse un tiempo a participar en torneos de artes marciales, ella odiaba las peleas, no entendía ese mundo, pero le quería y se propuso hacer un esfuerzo por comprenderle.
No funcionó, siempre acababan discutiendo y su relación se volvió intermitente. Pero cuando se encontraban una fuerza irresistible les hacía volver a intentarlo. Era su historia no podían abandonarla así de fácil, se querían como se quieren los amantes de los libros y eso ni el tiempo podía borrarlo. Pero siempre había algo que acababa por fastidiarlo todo, al principio fue la actitud de Shunrei, pero cada vez más era él, su obsesión por la lucha, el mundo que rodeaba todo aquello les estaba destruyendo hasta el punto de que dejaron de verse por mucho tiempo.
Sin embargo el destino no se conformó con ese final triste. Cuando el viejo maestro falleció sus caminos volvieron a cruzarse. Tras la ceremonia, en la que familia y amigos se despidieron de sus restos en la vieja cabaña, algo impulsó a Shunrei a visitar la cascada por última vez. Shiryu estaba allí. Mil palabras, mil disculpas, mil anhelos salieron de sus bocas en aquel día tan triste. Se sinceraron y se mostraron abiertamente, reconocieron sus errores y se enamoraron nuevamente. Esa noche hicieron el amor en la cascada y nunca más se separaron.
Ese día también fue el día en el que Shiryu conoció al hermano del maestro, el viejo Dohko, quien con el tiempo acabó por convertirse en su particular mecenas pues, gracias a él, montó la escuela de artes marciales. Fue ese proyecto el que les trajo a Japón ya como marido y mujer."
(FIn del Flashback)
Ahora Shiryu, con todo ese lío que se traía con sus hermanos, había vuelto a pelear; sin embargo a Shunrei no le preocupaba como antes, ahora estaban haciendo cosas buenas por la gente, eran protectores. Bueno no le había preocupado hasta entonces... El timbre de la puerta sonó, sí que había sido rápida la enfermera.
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Saori y Seiya explicaron a sus hermanos todo lo que había averiguado hasta entonces y sus sospechas sobre el interés oculto de la familia Solo en las propiedades del orfanato y la fundación.
- Lo cierto es que ese contrato nos ata mucho de pies y manos... - Shiryu cavilaba en alto mientras daba vueltas por la habitación. - Shun, has visto el Proyecto ¿crees que podrías desarrollarlo? Cumpliríamos con el contrato y todo solucionado.
- Sí podría, pero no quiero. - Todos le miraron atónitos. - No me entendáis mal, dejad que me explique. Si hay algo que he aprendido es que la mejor intención en toda nueva invención conlleva un claro riesgo de que su uso inadecuado se traduzca en consecuencias catastróficas, un claro ejemplo fue la energía nuclear. El Proyecto que esconde ese contrato... ya he leído antes sobre esa idea y sus posibles finalidades armamentísticas os aterrarían. Creedme, sería poner la espada de Damocles sobre la cabeza de la humanidad.
- Entonces volvemos al mismo callejón sin salida - sentenció el rubio.
- Quizás tengamos una puerta trasera para poder salir de este lío. - Todos miraron a Seiya curiosos por descubrir a qué se refería. - Si no recuerdo mal en los estatutos de la empresa se establece un derecho de veto del Consejo. Si el Consejo lo decide por mayoría cualificada, pueden revocar decisiones, entre ellas, contratos. Por eso todos los contratos obligatoriamente deben incluir esa cláusula de veto.
- Entonces tenemos que convencer al Consejo - intervino Saori - pero creo que será muy difícil, Saga tiene mucho control y hará todo lo posible por evitarlo.
- Saori, es cierto, pero esa es nuestra mejor opción ahora mismo. - Hyoga se levantó para hablar. - Tenemos que actuar, está claro, no es lo que esperan porque hasta ahora hemos huido nos hemos mantenido al margen. Ese tipo ya sabe que le hemos descubierto, así que lo importante ahora es que seamos cautelosos en nuestros movimientos, pero sobre todo, que no nos quedemos quietos. La mejor defensa es un buen ataque.
- Estoy de acuerdo contigo Hyoga, pero no me lo jugaría todo a una sola carta. - Shiryu se quedó pensativo tras su comentario. - Debemos atacar, es cierto. Pero tenemos que ser más listos que él, que ellos. ¿Quién controla ahora nuestros bienes Saori?
- La herencia creo ha quedado bajo la administración de Tatsumi pero no puede disponer de ella sin nuestro consentimiento ¿Por qué lo preguntas?
- Porque creo que nuestra mejor opción es vender el orfanato y la fundación.
- ¡QUÉ? - le inquirieron todos al unísono.
- A ver... es necesario un plan B, en eso estamos de acuerdo ¿no? - Asintieron - Distraigamos a Saga con el asunto del veto, pero por otro lado debemos proteger el orfanato. Ahora mismo no podemos hacerlo, así que, sólo se me ocurre buscar un socio.
- Pero eso es muy arriesgado Shiryu. - dijo Shun. - Ese "socio" del que hablas ¿quién nos asegura que vaya a mantener el orfanato? Os recuerdo que si se recalifican los terrenos... ese terreno valdrá mucho dinero.
- Bueno... entonces guardemos ese as en la manga de momento, sólo necesitamos encontrar a ese socio, y se me está ocurriendo alguien perfecto, alguien que no sucumbiría a la ambición de enriquecerse aun más, porque ya lo tiene todo. Solo que hace muchos años que no se nada de ella... - Todos miraban intrigados a Saori, ¿quién era esa "ella" a la que se refería?
- ¿De quién hablas Saori? - se animó a preguntar Seiya.
- De Hilda y su familia, serán nuestros invitados esta semana. Ahora mismo se me antojan nuestra mejor opción. Lo poco que recuerdo de ellos es que eran buenas personas y entenderán nuestra preocupación. Sobre todo Fleur. Dejadme hablar con ellos.
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La reunión terminó y mientras Saori se fue a dar una ducha los cuatro hermanos continuaron barajando sus opciones, si bien, desde otra perspectiva, desde su otra perspectiva.
- No nos podemos quedar sólo en las dos opciones planteadas. Todos sabemos que en "ese" mundo las cosas no son tan sencillas. - Shiryu se situó al frente de la mesa, en el lugar que poco antes había ocupado Saori.
- Creo que debemos investigarles bien a todos, sobre todo me interesa hacer una visita a la gente del Gobierno que está gestionando la recalificación de los terrenos, me huele que hay algo turbio por ahí, y se me ocurre quién me podría ayudar. - Seiya estaba pensando en el pequeño hacker amigo de Saori. - No seamos tontos, esta gente tiene otras reglas, otra moral y debemos jugar en su mismo campo de juego, si descubrimos sus trapos sucios les tendremos atrapados.
- Estoy totalmente de acuerdo con Seiya - añadió Hyoga. - Shiryu, tú y yo deberíamos investigar a los dos miembros del Consejo que acompañaron al famoso Saga a jugar a golf, está claro que ellos también están involucrados.
- ¿Y yo qué puedo hacer? - Shun quería intervenir y una vez más sus hermanos lo dejaban fuera. Ninguno supo que contestarle. - Genial... me quedo en el banquillo. - El comentario hizo que el resto no pudiera evitar reírse.
- Shun, tú tienes que supervisarnos a todos, como siempre, te necesitamos al otro lado de nuestros intercomunicadores para que seas nuestros ojos en la distancia. Así que deja de hacer pucheros. - El joven rubio rascó su cabeza con cariño.
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Cuando Saori regresó solo quedaba Shun sentado en el patio de la parte de atrás de la casa.
- ¿Y el resto?
- Están en sus habitaciones. Shiryu estaba preocupado por Shunrei. ¿No te parece increíble? ¡Vamos a ser tíos!
- Es maravilloso, se merecen tanto ser felices. - La joven se sentó a su lado. - Y tu Shun ¿no hay alguien especial?
El joven se puso nervioso.
- Lo cierto es que sí, hay una chica con la que trabajo, June. Pero creo que lo he estropeado todo con ella.
- No me puedo creer que tú hayas estropeado nada - cogió su mano y le ofreció una dulce sonrisa, nunca había visto al pequeño de los hermanos así. Él siempre era el más alegre y positivo de todos.
- Pues me temo que sí Saori. - Sus ojos brillaban con cierta congoja, le era fácil mostrar sus sentimientos con ella. - Tuvimos una extraña cita, un poco desastrosa según me ha dicho Shiryu, y ella salió corriendo avergonzada. Pero si te digo la verdad para mi no fue desastrosa... Así que no hice nada para evita que se sintiera mal.- El joven peliverde le contó lo sucedido. Tras su relato la muchacha de ojos azules no pudo evitar reírse.
- ¡Eres único Shun! Es normal que la pobre chica sólo quisiera huir. - Le abrazó al ver que su comentario le dejaba algo compungido. - Pero créeme cuando te digo que es afortunada. Sólo alguien como tú puede ver más allá y quedarse con lo bonito de esa noche, lo malo es que ella aún no es consciente de ello, tienes que hacérselo ver.
- Tienes razón Saori, seguiré tu consejo. - La sonrió. - Oye, y ¿tú? ¿Qué está pasando con Seiya?
- ¿Tú también te diste cuenta?
- Todos lo hicimos... - le reconoció haciendo que se sonrojara.
- Lo cierto es que no lo sé. Pero me hace feliz sólo con su presencia Shun, y creo que él ... bueno creo que a él... tampoco le soy indiferente. - Se animó a reconocer la joven. Con Shun siempre le era fácil sincerarse, él simplemente escuchaba, nunca la juzgaba.
- Yo también lo creo. - Y con esa simple afirmación el corazón de la joven dio un vuelco. - Oye, y ¿qué hay del chico de tu apartamento? - El peliverde se había arriesgado mucho con su pregunta, pero en el fondo esperaba descubrir hasta que punto Saori era consciente de lo que ocurría.
- Buff... no volví a verle desde esa noche y la verdad es que me tiene muy preocupada. - Se giró hacia él con una mirada llena de consternación. - Él es muy importante para mí Shun, más de lo que imaginaba y no me quito de la cabeza que le haya pasado algo. Necesito encontrarle Shun, pero no sé como hacerlo.
- Acaso... ¿sientes algo por él? - Se arrepintió al instante de su pregunta, pero le salió natural, incluso a él a veces le resultaba difícil distinguir al héroe del hermano. Lo que no se esperaba era todo lo que esa pregunta podía despertar en la joven.
Saori se quedó callada, ni siquiera ella sabía contestar a esa pregunta con total sinceridad.
- Creo que deberías llamar a June. - Cambió de tema. - No lo demores mucho. De hecho... ¿por qué no la llamas ahora? Con suerte mañana podríais repetir esa cita. Pero llévala a algún sitio en el que no haya mucha gente y no pueda romper nada. - Ambos rieron.
Hyoga apareció de improvisto, estaba nervioso, agitado.
- Shun, tienes que llevar a Shiryu a casa, Shunrei no está bien. Llamó a casa y le cogió la enfermera, al parecer ha estado con muchas náuseas y mareos. - El joven se levantó corriendo para ir en busca de su hermano.
Hyoga y Saori cruzaron miradas de preocupación.
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Shiryu llamó pronto para la tranquilidad de los tres que se habían quedado a pasar la noche en la cabaña del lago, Shunrei estaba fuera de peligro, sólo tendría que alimentarse mejor y tomar medicación para las náuseas.
Hyoga hubiera preferido irse también, pero no quería dejar a los "dos tortolitos" a solas en aquel lugar alejado del mundanal ruido. Hasta que Saori no decidió irse a dormir no se quedó tranquilo.
- Seiya, antes he hablado con Shun. Ella está preocupada por ya sabes quién y eso, consecuentemente, también me preocupa. Sé que te dije que te alejaras pero quizás no es mala idea que le hagas una visita y te despidas formalmente o me la imagino volviendo a investigar nuestra guarida, la otra vez hubo suerte, pero nada nos garantiza que así sea en una segunda. Es muy persistente nuestra pequeña.
- De acuerdo, yo me encargo. - Seiya tenía la mirada perdida.
- Seiya, en serio no me mal interpretes. - le obligó a mirarle - De verdad que me parece bien que ambos os hayáis encontrado, sólo creo que esto se está complicando y que quizás es mejor que hasta que todo se solucione...
- Lo sé hermano, lo sé. - Estaba triste, claramente, él también le había dado vueltas al tema.
- Descansa anda, todos lo necesitamos - le dijo apoyando su mano en el hombro del castaño en gesto de comprensión antes de abandonar la estancia.
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Seiya estaba tumbado en su cama con las manos tras la cabeza, aunque no podía dormir mantenía la luz apagada por si su hermano o Saori se despertaban que no se extrañaran al ver su luz encendida.
La puerta de su habitación se abrió ligeramente, el olor de su perfume impregnó la habitación.
- Seiya - susurró - ¿estás despierto?
- Saori ¿estás bien? Si estoy despierto pasa. - El joven encendió la luz de su mesilla, que llenó el pequeño cuarto de una tenue luz amarilla similar a una vela. La muchacha de ojos azules le miraba entre temerosa y avergonzada, llevaba puesta una camiseta enorme como pijama que dejaba ver sus piernas más allá de lo que le tenía acostumbrado. Se había quedado parada con las manos cruzadas en el frente estirando de su particular pijama hacia abajo.
- No puedo dormir. - El joven la sonrió con cariño.
- Ven aquí anda, pero solo un rato o Hyoga nos matará. - Ella sonrió y su particular rubor, que no la abandonaba cada vez que tenían un momento íntimo, apareció inmediatamente.
Se tumbó a su lado, frente a frente, ambos mantenían su cabeza alzada, apoyada sobre el brazo más cercano a la cama.
- Tú tampoco dormías.
- Yo tampoco dormía. - La retiró un mechón de la cara. Era preciosa, no se hartaba de mirarla. - Saori... yo... creo que tenemos que hablar de esto. - La expresión de la joven cambio.
- Si te arrepientes Seiya... yo.. yo lo entiendo - bajó su mirada, estaba a punto de llorar, si le miraba no iba a conseguir sostener el llanto. - Han sido muchas emociones en poco tiempo... es normal que te hayas confundido. Eres muy bueno y solo querías protegerme.
- ¿Qué tonterías dices? - sujetó su barbilla obligándola a enfrentarse a sus grandes y cercanos ojos marrones. - Solo me arrepiento de no haber dejado todas nuestras tonterías atrás hace mucho más tiempo princesa. Eres lo mejor que me ha pasado desde que tengo uso de razón y créeme cuando te digo que nada de lo que está pasando me está confundiendo. - La dio un casto beso en la frente. Noto como ella se relajaba. - Solo que creo que debemos tomárnoslo con calma, al menos hasta que esto acabe. No quiero... no podría soportar que utilizaran esto en nuestra contra ¿entiendes a lo que me refiero?
- Perfectamente. - Su mirada estaba cargada de comprensión y resignación. - Sólo que.. me da tanta... me da tanta rabia. - Sonó totalmente infantil su comentario, lo que hizo que Seiya no pudiera evitar reírse.
- Eres maravillosa Saori. - La abrazó contra él, de modo que ella quedó apoyada sobre su pecho. - Hagamos una cosa, antes de que todo comience oficialmente, mañana mismo, cuando salgamos para Japón... ¿te gustaría tener una cita conmigo?
- ¿Cómo! - Saori se irguió ante su comentario quedando sobre él.
- Ten una cita conmigo. - El cabello morado de la joven se repartía como una cortina entre sus dos rostros. - Cuando salgamos de aquí te llevaré a otro lugar, tendremos nuestra cita como personas normales, y después regresaremos a Japón a recuperar el honor de los Kido. - Esta última frase la pronunció con un tono heroico.
Ella le sonrió llena de emoción lanzándose a besar sus labios. Nuevamente conseguía sorprenderla.
Seiya la abrazaba contra él, sentía su cuerpo menudo sobre el suyo, sus labios, su olor y su corazón acelerándose tanto o más que el de él. Poco a poco fueron profundizando en su beso, a penas se separaban ligeramente para coger aire, procurando mantener en todo momento el mínimo contacto. Entonces ella le mordió el labio y notó que una corriente eléctrica le recorría el cuerpo.
- Me vas a volver loco - la susurró mientras giraba sobre su cuerpo poniéndose sobre ella.
Siguieron besándose con más intensidad, Seiya fue el primero en comenzar a acariciar el cuerpo de la joven, recorriendo sus piernas desde las rodillas hacia los muslos, llegando más arriba incluso de los límites de su camisola. Su piel era suave, tersa y caliente, la necesidad de recorrer cada centímetro de su cuerpo le embargaba. Comenzó a besarla el cuello, excitándose al notar que ella se estremecía con su gesto y arqueaba la espalda. Saori notaba como poco a poco perdía el control, se dejaba llevar por las sensaciones, por el hambre de su propio cuerpo ante sus caricias. Bajó las manos por su espalda y tiró de su camiseta hacia arriba para poder tocar su piel, la recorrió por competo son sus dedos como si quisiera arañar su espalda, notando que los músculos del castaño se tensaban y sus caricias y besos se volvían más fuertes. Le deseaba, la deseaba. Pero al intentar pasar a su torso el joven frenó.
- Espera, espera...- se apartó hacia un lado jadeante. - Creo que esto se nos está yendo de las manos nuevamente. - Rió. Ella se mantenía cayada y, por qué negarlo, perpleja. Él lo notó y rápidamente se acercó para mirarla de frente. - Escúchame, no hay nada que me apetezca más que olvidarme del mundo y perderme bajo estas sábanas contigo. - La acarició el rostro, ella sólo clavaba sus brillantes ojos azules en los de él. - Pero Hyoga está justo en la habitación de al lado... - Saori se sonrojó, tenía razón. - Y si te soy sincero, quiero hacer las cosas bien. - "¿Cómo?" pensó ella. - Quiero esa cita, quiero ganarme de verdad este momento. - En realidad si ella hubiera seguido se hubiera percatado de su herida, aquella que ella misma le curó; pero, por otro lado, estaba convencido de sus palabras.
Ella le sonrió y acarició su rostro.
Quedaron un rato más abrazados y cuando Saori se quedó dormida Seiya la llevó a su habitación. Se hubiera quedado a su lado toda la noche. Supo que ya nunca volvería a dormir igual si le faltaba su olor, su calor, su risa.
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Ya está por fin actualicé. Disculpad la demora pero es que el nuevo curro exige dedicarle un especial mimo ahora al principio.
Lo primero disculparme, he incluido un pequeño cambio en el capitulo 3. Será Aioros quien esté en el Consejo, Aioria recordemos que vive con Marin, jejjeje. Perdón no me dí cuenta...
Y ahora lo importante, muchas gracias a todas por vuestros reviews, sois como mi pequeña familia. Espero que disfrutéis con la historia como lo estoy haciendo yo y perdonad si tardo en actualizar, intentaré sacar al menos dos capis por semana... pero la vida real a veces... es difícil. No os imaginais con que ilusión descubro vuestros reviews!
Por último, algo personal, Lolo gracias por ser parte de esta historia, tú sabes...
