CAP. 11- Ama et quod vis fac
(Ama y haz lo que quieras)
Sabía que le encontraría en su puerta, aunque nunca pensó que se atrevería a salir de su coche.
- ¿Dónde estabas? - le espetó.
- Vaya... ni si quiera un "hola"... - Si quería pelea la iba a encontrar, ella ya estaba cansada de esa situación. - ¡No te importa dónde estaba! ¿A caso eres mi dueño para que tenga que darte explicaciones? - se encontraba ya a su altura, abrasándole con su desafiante mirada y obligándole a apartarse para dejarla cruzar al pequeño jardín que daba a su edificio de apartamentos.
- ¡Estoy preocupado por ti Esmeralda! - Ella seguía avanzando dándole la espalda, lo que le molestó enormemente. Alzó el tono.- Y claro que me debes una explicación ¡soy tu novio!
La joven rubia paró en seco su avance. Ikki no estaba seguro de si aquello era bueno o malo, así que se limitó a mantenerse callado hasta que ella giró, sacándolo de su duda.
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Ya era la quinta vez que dejaba su teléfono sobre la cama, no era tan difícil, sólo tenía que marcar su número y llamar. Pero ¿qué la diría? "Hola June, oye te apetece quedar, podemos ir a un parque dónde no te sentirás incómoda de romper nada".¡Cómo podía ser tan tonto! Quizás lo mejor era esperar a que ella le llamara. No, eso no iba a pasar, después de hablar con sus hermanos lo tenía claro, tendría que llamarla él.
Respiró hondo y se armó de valor.
-Hola..eres Shun? -Al oír su voz el muchacho se quedó mudo. -Shun ¿eres tú? Es tu móvil ¿no? -Nadie respondía. - Bueno... quizás me llamaste sin querer...- Iba a colgar.
- Sí June soy yo, disculpa.- Se apresuró a decir el muchacho.
-Ho..hola Shun. -La voz de la rubia tembló, era evidente que estaba incómoda.
- Hola... - él tampoco estaba especialmente sosegado - me preguntaba si... ¿te gustaría quedar un rato esta tarde? - Lo soltó de golpe. Ya estaba hecho, fue como deshacerse de una gran piedra que hubiera estado cargando todo el día. Hubo un silencio al otro lado de la línea.
- Yo... yo no se.. ¿de verdad quieres volver a verme?
- Claro que sí, lo pasé muy bien la otra noche.
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Cuando abrió sus ojos él estaba a su lado observándola.
- Hola preciosa.
- Hola.
- Me asustaste.
- Lo siento Shiryu, de verdad no quería preocuparte, eran sólo náuseas y mareo.
- Me dijo la enfermera, no te preocupes. -Shunrei había tenido un desvanecimiento por la pérdida de vitaminas al vomitar tanto, sólo tendría que alimentarse mejor. - Pero recuerda que somos un equipo ¿de acuerdo? Si no te encuentras bien, quiero saberlo. Te prometí que serías mi prioridad, aunque ahora lo sois los dos el bebé y tú. - Ella le sonrió conmovida por sus palabras.
- Lo sé. Pero no quería estropear el plan con tus hermanos, sé que ellos son muy importantes para ti.
- Tú también. Y ahora es a tú lado dónde quiero estar. - La acarició el rostro con dulzura besando su frente. - Sigue durmiendo, tienes que descansar.
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Hyoga fue el primero en despertar, era muy temprano. Se acercó al pueblo cercano y compró algo para desayunar y el periódico. Preparó una cafetera y leyó la prensa del día esperando a que sus "dos pequeños problemas" bajaran a desayunar. Al menos sabía que cada uno había dormido en su cama, esa mañana lo había comprobado antes de salir al pueblo.
Saori fue la primera en bajar, aunque Seiya no tardó mucho en aparecer.
- Buenos días Hyoga ¿dormiste bien? - le dio un casto beso en la mejilla. La joven estaba perfecta, con su rostro recién lavado lucía resplandeciente.
Vestía los mismos vaqueros que el día anterior pero llevaba puesta una camisa de hombre, seguramente de Mitsumasa, remangada y metida por sus vaqueros. Tenía un estilo y elegancia natural que le permitía lucir cualquier prenda como si fuera de alta costura. En el fondo entendía que Seiya hubiera acabado rindiéndose a sus encantos, Saori era especial. Un mujer no sólo bella, algo evidente, era inteligente, cándida y divertida, tenía un carisma especial, conseguía, sin esfuerzo, que todo girara a su alrededor. Pero ello no parecía ser evidente para ella, ahí estaba su verdadero encanto, pues se mantenía humilde y afectuosa con todos. ¿Quién les iba a decir a ellos que la niña del carácter del demonio acabara convirtiéndose en aquella mujer?
- ¿Quieres un café? - le preguntó mientras se acercaba a la alacena a por tazas.
- No gracias, ya tengo. - Alzó su taza.
Un ruido en el pasillo les alertó de la presencia del castaño. Seiya entró legañoso y con marcas de almohada en la cara, llevaba la misma ropa que el día anterior. Su estampa era claramente diferente.
- Buenos días - se anunció con un gran bostezo.
- Buenos días - le respondieron Saori y Hyoga, si bien la primera con un pequeño hilo de voz. Hyoga dejó la prensa sobre la mesa y cogió su taza de café expectante pues sentía curiosidad ante la escena que se presentaba ante él.
Mientras Seiya se lanzaba a coger un bollo presa de su habitual gula, ella estaba centrada en preparar el café, incluso a Hyoga le pareció percibir que se ponía algo tensa con la cercanía de Seiya. Sin embargo, la complicidad entre ambos se hacía evidente en cada movimiento. Aún con el bollo en la boca su hermano se acercó a la joven y en con un susurro le preguntó "¿te ayudo?" a lo que ella negó con la cabeza. Seiya se sentó junto a su hermano y cogió en periódico comenzando a desmembrarlo. Saori dejó una taza junto a él. El castaño, sin levantar la vista del periódico, la acercó a su nariz para disfrutar de su aroma, pero antes de que pudiera darle un trago ella le frenó apartándola de su boca con suavidad.
- Espera... impaciente. - Echó un ligero chorro de leche, un terrón de azúcar y colocó una cucharilla en su taza. Seiya la sonreía, era evidente que estaba encantado con sus cuidados.
Cuando Saori se sentó a la mesa Seiya le pasó una parte del periódico que esmeradamente había dividido y eligió un bollo con pepitas de chocolate que colocó en una servilleta a su lado. "Gracias".
Hyoga, que había observado su particular coreografía, no daba crédito, ¡hacía dos días querían matarse!
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-¡Que eres mi qué? - una encolerizada Esmeralda se dirigía como un miura hacia Ikki - ¡Tú novia dices! ¿Tendrás valor?
La tenía frente a frente, clavando su enfado en sus ojos azules. Se mantuvo callado, a pesar de ser un tipo duro que había vivido una "intensa" vida, con ella simplemente no podía... ella tumbaba todas sus barreras.
- Un novio no te espía, no te abandona. - Golpeaba su pecho con cada reproche. - ¡Un novio se queda a tu lado, pelea por ti y no le importa nada salvo tu felicidad! - Las lágrimas brotaron ante su rabia. Ikki la abrazó contra su pecho. - ¡Suéltame! - Él la agarraba más fuerte. - ¡Te odio por alejarme de ti!
Sus últimas palabras hicieron mella en él, se arrodilló ante la joven abrazándose a su cintura.
- Lo siento Esmeralda - lloraba - nunca quise hacerte daño. Sólo buscaba protegerte de él.
- ¿No lo entiendes? - La rubia se arrodilló para quedar a su altura y sujetarle el rostro para que la mirara. - Él te teme. Sabe que eres más fuerte que él. ¡Es a tu lado dónde estaría más protegida!
El joven de pelo azul oscuro no pudo contenerse más y la besó. Tenía razón y en el fondo lo sabía. Había sido un cobarde dejándose llevar por sus miedos. No quería enfrentarse a él, no quería enfrentarse a nadie porque temía a aquello en lo que podía convertirse, su parte oscura le aterraba. Pero estar lejos de ella le estaba destrozando por dentro.
- Ya nunca me separaré de ti, lo prometo. - Cogió a la muchacha en sus brazos y la llevó dentro de la casa dispuesto a cumplir su promesa.
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Hyoga y Seiya preparaban sus motos para salir a la ciudad.
- Puedo acercarla yo Seiya. - Propuso el rubio.
- No vamos a Tokio Hyoga.
- ¿Cómo? ¿Qué estás diciendo?
- Tranquilo, pienso mantener mi promesa, te lo juro. Pero dame una tregua por hoy, por favor. - La intensidad de su ruego se reflejaba en el brillo de sus ojos. El rubio se limitó a virar su mirada al cielo y soltar un suspiro.
- De acuerdo, pero sólo hoy. Despídeme de ella. - Montó en su moto y se marchó.
Al rato Saori salió de la casa.
- ¿Hyoga?
- Acaba de salir hacia Tokio. - Le acercó el casco de la moto.
- Y... entonces... - la joven se puso algo nerviosa, por fin estaban solos. - ¿Dónde vamos?
- Eso es una sorpresa, no sea impaciente señorita. - Cogió sus manos para que se abrazara a su cintura. - Agárrate fuerte.
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- ¿Qué es este sitio Seiya?
- No me puedo creer que nunca hayas estado aquí. - Rió el caballero - Estamos en la ciudad de Nikko, siempre me ha parecido una maravilla de belleza natural. - Saori miraba a su alrededor con la inocencia y asombro propio de un niño. - Pero en concreto esto es el Templo de Toshogu. ¿Te apetecer perderte por aquí como un par de turistas más? - Saori asintió emocionada, nada le apetecía más que sentirse "normal" a su lado.
Seiya rodeó sus hombros con su brazo invitándola a avanzar, en gesto de protección y en cierto modo de propiedad, desde que habían aparcado notaba como las miradas de los hombres del lugar no paraban de seguirla. Atravesaron así el Tori, un magnifico arco de entrada que en esos templos marca la frontera entre lo profano y lo sagrado. Pasearon por el templo dejándose llevar por la magia y el misticismo del grandioso lugar que se presentaba ante ellos. Seiya le contaba los secretos y leyendas sobre el Templo, mientras Saori le hablaba de la arquitectura del lugar que la estaba fascinando. Reían y disfrutaban de su compañía sin preocuparse por nada más.
- Seiya - Saori se encontraba parada ante una curiosa escultura. - ¿Qué significan exactamente estos tres simpáticos monos?
El castaño se acercó abrazándola por la espalda.
- Aquel que se tapa los ojos es Mizaru, su nombre significa "no veo", el que se tapa los oídos Kikazaru, "no oigo", y el que se tapa la boca Iwazaru, "no hablo". Según leí en su día, las figuras tienen dos interpretaciones. Hay quienes consideran que quieren decirnos que debemos negarnos a escuchar, ver y decir maldades, sin duda alguna, es una sabia visión de la realidad porque sólo de esta manera podremos encontrar la paz interior y la paz con los demás, ¡algo imprescindible para que seamos felices unos con otros! ¿no crees? - Saori asintió con un gesto, apurando más su abrazo a su cintura.
- Y ¿cuál es la otra interpretación?
- La otra interpretación supone que los tres animales representan la evasión del miedo absoluto: no ver, no escuchar, no decir. A mí me gusta más la primera, yo no tengo miedo a nada. - Rió.
- Sin duda te hacen pensar en cómo vives la vida y qué es lo mejor que puedes hacer - Saori dejó escapar una melancólica sonrisa. Aquella simple historia la revolvió por dentro. Todo lo que estaban pasando la aterraba de alguna manera, como los monos quería esconderse del mundo. Envidiaba a Seiya y su determinación frente al miedo.
Se giró para quedar frente a Seiya, sujetándose a su cuello.
- Vayamos a un sitio más tranquilo. - Le abrazó, en sus brazos era en los pocos sitios donde el miedo no llegaba a atraparla.
- Me parece una fantástica idea - le susurró al oído a la muchacha - aquí no está bien visto que te bese.
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June se veía preciosa en ese vestido azul, se arrepentía de no habérselo dicho según la vio pero los nervios le traicionaron. Eso y ver que sus ojos conservaban esa rojez de quien ha llorado hasta agotar sus lágrimas. Se sentía culpable por ello.
Al final fueron al parque de atracciones, disfrutaron de los puestos de tiro al blanco donde Shun consiguió un enorme peluche de un oso verde para June y ella le ganó otro más pequeño de un Husky, era el que él había querido. Lo cierto es que la joven no era tan patosa, quizás lo de la otra noche fuera sólo casualidad.
Cogieron unos helados y se sentaron a un banco apartado a descansar y disfrutarlos.
- Oye June, no te lo he dicho antes pero estás muy guapa sin bata.
- ¿Cómo? - la joven le miró sorprendida por su comentario.
- Quiero... quiero decir, que estás muy guapa con ese vestido. - Sus nervios le habían traicionado, estaba claro que, si no era por uno, era por el otro, pero sus citas nunca eran normales.
- Gracias Shun. - Su dulce sonrisa le tenía embobado. - Y, gracias por invitarme. - La joven bajó la mirada avergonzada. - Creí que no tendrías ganas de verme después de lo del otro día.
- Yo siempre tengo ganas de verte June. - Se sonrojó también el pequeño Kido.
Ella se giró y ante la sorpresa del joven le dio un beso en la mejilla.
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Su siguiente parada fue el Puente Shinkyo, era un imponente puente lacado en rojo que bajo su forma de arco coronaba el río Daiya. Todo el paisaje que rodeaba el puente parecía sacado de una antigua leyenda japonesa, los árboles, la cascada del fondo, los pájaros y su canto, era simplemente perfecto.
Compraron algo de comida en el pueblo y una manta donde se aposentaron a comer algo mientras disfrutaban del idílico paisaje.
Cuando terminaron de comer ambos se acomodaron a descansar bajo la sombra de un árbol cercano desde el que se veía el puente. Seiya, con el estómago lleno, se había tumbado con la cabeza sobre el regazo de Saori quien jugueteaba con su cabello entre los dedos.
- Me resulta curioso que desconocieras este lugar Saori. - Seiya sorprendió a la muchacha, pues parecía dormido al tener los ojos cerrados.
- No entiendo porqué.
- Pensé que con el "viejo" no había un sólo lugar del mundo que no conocieras.
No supo Seiya el efecto que sus palabras habían tenido en la joven hasta que una lágrima calló sobre su rostro. Se levantó, quedando frente a ella que mantenía la mirada baja.
- ¿Qué ocurre princesa? ¿Dije algo inadecuado?
- No, Seiya, no es culpa tuya, sólo has abierto una pequeña caja de Pandora.
Saori se levantó y se dirigió al puente, apoyándose en su barandilla observando el río fluir. Seiya tardó un poco en ocupar un lugar a su lado, consideró apropiado darle tiempo. Con la mirada fija en el cristalino fluido que hábil acariciaba las rocas que osaban frenar su avance, la muchacha comenzó a sincerarse.
- Siempre he soñado con viajar y descubrir el mundo. Sentirme totalmente libre, sólo mi mochila y yo. Pero siempre supe que no era posible, no se me permitía tener esa clase de sueños. Vosotros no fuisteis los únicos que se sintieron atrapados bajo el apellido Kido Seiya. Yo nunca pedí esta vida, tampoco quise ser un obstáculo entre él y vosotros y, a veces, me sentí así. No puedo reprocharle nada, no me malinterpretes, él me dio todo, sobre todo el cariño de una familia que no estaba destinada a tener. ¿Sabes que nunca supe quienes fueron mis padres? Aunque, si te soy sincera, hace tiempo que dejó de importarme. Mi familia sois vosotros. - La joven cogió la mano del muchacho enlazando sus dedos. - Aunque te cueste creerlo, en el fondo y a pesar de los severos castigos, siempre os envidié, al menos vosotros teníais una excusa para huir. No me gusta esa vida que diseñaron para mí Seiya, nunca me gustó. Ni los viajes de trabajo, ni los eventos, los lujos, en el fondo todo era un escenario de papel maché en el que siempre me he sentido una intrusa. Aprendí todo lo necesario para sobrevivir pero nunca fue mi lugar. A pesar de todo, no puedo culparle por nada, él me dio todo su amor, hizo todo por mi bien y se lo debo, le debo todo, aunque me sienta como un pájaro enjaulado a veces.
Tras un breve silencio de ambos Seiya se atrevió a intervenir, no podía quedarse callado, sentía que ella estaba equivocada, que podía hacer lo que quisiera y nada importaría, al fin y al cabo su vida era de ella y de nadie más.
- Saori, no deberías condicionar tu vida a un sentimiento de responsabilidad así. En el fondo creo que ni siquiera él lo querría. Sólo tienes que echarle valor nadie te impedirá vivir tu propia vida, así que, piénsalo ¿qué es lo que tú quieres Saori?
- No sé si lo sé. Muchas veces he pensado en cumplir mi sueño y desaparecer, recorrer el mundo como una anónima más. Pero temo que no me es posible, tarde o temprano mi herencia me encontraría. Igual sufro síndrome de Estocolmo de mi propia vida.
Seiya la abrazó fuertemente. Se sentía culpable por todos sus reproches a la joven. Su confesión le mostró a una mujer que también sufrió por el particular yugo de su apellido, se sentía extrañamente más cercano a ella.
- Nadie puede decidir sobre la vida de nadie Saori, ni siquiera él y su poder eran capaces de semejante hazaña. Ahora eres libre de decidir sobre tu vida. Nunca olvides eso. - La besó en la frente.
- Seiya... yo... - Sus penetrantes ojos avellana la hipnotizaban. - Solo quiero que este día no acabe nunca, contigo me siento yo misma. Quédate a mi lado.
- Saori... yo... ya no puedo imaginar mi vida si no es a tú lado.
El joven se acercó lentamente a sus labios que piadosos rogaban por su redención en los de él. Este beso fue muy diferente a otros, quizás menos pasional, pero más profundo y sincero, era un beso liberado, un beso dado con el corazón de dos almas que estaban destinadas a encontrarse.
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Cada vez que lo encontraba así algo se rompía en su interior. Apenas podía respirar de la paliza que le habían propinado.
Cuando decidió acompañarle en su empresa buscaba redimirse de sus pecados, de su traición. Pero desde que todo pasó, desde que aquel hombre apareció, se dio cuenta que no era posible, volvía a verse inmiscuida en el mundo oscuro del que quería huir, quizás ese era su destino. Él la había protegido, no le gustaba mezclarla con ese asunto, pero protegiéndole se sentía mejor, al fin y al cabo ¿qué haría sin ella? ¿a dónde acudiría en momentos como aquél?
(continuará...)%%%%%%%%%%
La frase del título está reconocida a San Agustín, expresa que quien ama auténticamente puede actuar tranquilo, a nadie hará daño porque se conducirá según el amor verdadero, que es noble, honesto y bueno.
Disculpad la demora chicas, prometido al menos uno por semana y quién sabe si alguna que otra sorpresa... jejejej
