CAP.12.- SERVA ME, SERVABO TE (1º parte)
(Sálvame y te salvaré)
La enorme aldaba de la entrada tenía forma de un carnero blanco perfectamente tallado en marfil. Saori dudó un poco antes de golpearlo, su realismo le daba demasiada impresión.
En menos de 5 minutos la puerta se abrió ante ellos ofreciéndoles entrar, un extenso hall bordeado por columnas romanas y mínima decoración, todo él en tonos piedra clara.
- Acompáñenme por aquí, por favor. – Expresó con un educado ademán el extraño mayordomo que les aguardaba tras la puerta. Les condujo a través de la imponente estancia y extensos pasillos hasta un pequeño salón bordeado por una interminable biblioteca y donde se había servido té con pastas de canela en una pequeña mesa de cristal perfectamente ubicada en el centro de la habitación. – Esperen aquí por favor, avisaré al Señor de que han llegado sus invitados.
Mientras Shiryu controlaba a un hambriento Seiya que quería servirse unas pastas, Hyoga y Shun se acomodaban cerca de la ventana admirando las hermosas vistas al jardín. Saori, por su parte, guiada por su curiosidad recorría las paredes del salón observando los libros. Se paró frente a una antigua edición de "Alicia en el país de la maravillas" encuadernada en piel y con bordes plateados, la tapa contenía una ilustración clásica del propio Lewis, era claramente una maravilla de ejemplar.
- Muy buena elección Señorita Kido, sin lugar a dudas es una de las joyas de mi colección. – El líder de industrias Carnero apareció a su lado casi mágicamente gracias a una falsa puerta que, cubierta de libros como si fuera una estantería más, pasó desapercibida para la joven en su recorrido.
- Es un libro que siempre me fascinó de pequeña por su fantasía y de mayor por su simbología. – Saori le sonrió mientras colocaba la obra de nuevo en su lugar. Mu le agradaba, siempre le pareció un buen hombre, con envidiable cultura y un ecuánime juicio.
- También es una crítica social a la sociedad de la época y sus exagerados formalismos. Aunque es una crítica extensible también a la actual ¿no crees? – Ella se limitó a sonreírle a modo de asentimiento mientras el mayor le ofreció cortés su brazo para que le acompañara donde se encontraban el resto de chicos quienes, hasta ese momento, no se habían percatado de su presencia.- Es un placer volver a verla, aunque me temo que no me trae buenas noticias. – Efectivamente, así era.
Mu era un hombre de peculiar ascendencia pues sus raíces venían de una raza ya prácticamente extinta que había sobrevivido gracias al mestizaje, de alta estatura, su piel clara y cabellos de un lila claro eran rasgos propios de un albino, sino fuera por sus ojos verdes oscuros, que le daban un particular atractivo, fácilmente podría confundirse con uno. Aunque de apariencia frágil, se posicionaba siempre como uno de los consejeros de mayor valía para la familia Kido por sus conocimientos y buen criterio. Saga le tenía por un hombre de buen juicio, aguda inteligencia e infinitos conocimientos, por ello, siempre se mantenía alerta ante él. Sin duda alguna, si necesitaban un aliado, debía de ser Mu.
- Así que, según me cuentan, la empresa en la que siempre he creído y confiado, la empresa del Señor Kido, hace tiempo que viene siendo gestionada, al parecer, fraudulentamente por nuestro amigo Saga. Todos asintieron mientras él, con naturalidad acercó el plato de pastas hacia Seiya, quién, con ansia y vergüenza por partes iguales, miraba de reojo la última que quedaba. – Saga, quien no sólo se ha valido de la enfermedad de Mitsumasa, sino que, también, veo se aprovechó de su ingenuidad, Señorita Kido, para vincularnos a todos en un asunto bastante turbio, por lo que se deduce de su explicación, a nosotros a través de la empresa y a ustedes con su patrimonio. – Saori se azoró ante su comentario, para ella más que ingenuidad fue irresponsabilidad.
- Exactamente. – Seiya aún tenía la boca llena de comida cuando hablo, lo que hizo que Hyoga pusiera los ojos en blanco por su falta de educación. – Sin embargo, sabemos que existe un derecho de veto por parte del Consejo a cualquier contrato firmado por el administrador de la empresa. Es por ello que estamos aquí, para recabar su apoyo y conseguir su veto. Creemos que es nuestra única salida de este entuerto.
El regente de la casa del carnero blanco se mantuvo pensativo por un tiempo que se hizo un poco excesivo para los muchachos.
-Siempre he tenido respeto y confianza en Mitsumasa y nunca dudé en su elección de Saga como hombre de confianza. Sin embargo, he de reconocer que hace tiempo que no parece el mismo. No les engañaré, algo me olía sobre sus negocios, pero jamás pensé que llegara a mezclarse con la gente de Neptuno y, menos aún, que llegara a mezclarnos a todos nosotros. – Abandonó su asiento, continuando su discurso de pie frente a la ventana. Tenía las manos en los bolsillos del elegante traje de lino claro con una pose que denotaba su seguridad. – Les apoyaré en su empresa, aunque me temo que obtener ese veto es algo mucho más complicado de lo que esperan, nunca antes se ha conseguido. ¿Ustedes conocen bien los pormenores que deben cumplirse para que el veto sea posible?
Todos los reunidos miraron a Seiya quien se limitó a levantar los hombros en gesto de desconocimiento.
- El derecho de veto debe ejercerse al menos 3 meses antes de que finalice el plazo para cumplir el contrato. Vais con el tiempo justo ¿cierto? – Una gota de sudor recorrió la sien de los hermanos, efectivamente, apenar contaban con con 15 días para comenzar la cuenta atrás de los últimos 3 meses del contrato. - Una vez soliciten el ejercicio del derecho de veto tendrán doce días para obtener el apoyo de los miembros del Consejo, transcurridos los cuales se celebrará la reunión del Consejo y votaremos.
Hubo un silencio, aquellas palabras no eran más que un nuevo obstáculo que solventar.
- Lo lograremos, sé que podremos. – Saori se alzó firme, sabía que en esos momentos la seguridad y la confianza eran imprescindibles para que sus ánimos no decayeran.
- Si, no es imposible. – Añadió Mu. – Pero tú debes mantenerte al margen.
- ¡Como? – La sorpresa fue común para todos.
- Saori, el Consejo no confía en ti, no te ve como una líder. Además tú firma está en ese contrato. – Cambió su mirada dirigiéndose hacia los hermanos. – Sois vosotros los que deberéis alzaros como dignos herederos y demostrar que el Consejo puede seguir confiando en los Kido para llevar la empresa.
-Eso no será problema. – Replicó un orgulloso Seiya. – Podemos hacerlo chicos, sólo tenemos que hacerles ver la verdad y que no pueden confiar en Saga. ¡Les convenceremos!
- No siempre se tratará de eso. – Le interrumpió Mu. - No siempre tendréis que convencerles de su error, en ocasiones, sólo deberéis mostrarles que sois de su confianza. Recordad esto, porque así funcionan muchos de ellos. En cualquier caso, contareis con mi apoyo en todo momento. De hecho, yo mismo convocaré hoy mismo oficialmente el veto para que en doce días nos reunamos los miembros del Consejo. Les recomiendo que comiencen por Aldebarán, él es uno de los que os he comentado, si ganáis su respeto tendréis su confianza y voto.
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Estaban despidiéndose de Mu cuando una vocería en la entrada llamó su atención. "No puede pasar, el señor está reunido" "Me da igual, soy su hijo, soy lo más importante para él. ¡Eres un pesado!"
Vestido con su uniforme escolar el joven pelirrojo, de actitud alegre y vivaz entró de golpe en la estancia.
-¡Papá, papá!- Frenó su avance en seco al ver quien estaba entre los invitados de su padre.
- ¡Kiki? – Saori no se podía creer que su pequeño amigo, al que siempre había considerado un ratero, no era otro que el hijo de Mu. Por suerte, su grito fue tal que nadie se percató del codazo de Hyoga que frenó a un impetuoso Seiya que estuvo a punto, también, de descubrirse al ver al pequeño.
- ¿Se conocen? – preguntó desconcertado Mu.
- Si… bueno. – El pequeño hacker se vio en la necesidad de idear una salida digna ante aquello.- Nos conocimos un día que me acerqué a buscarte a Kido Enterprises. - Buscó suplicante la complicidad de Saori quien, consciente de su gesto, corroboró su historia.
- Pero tú nunca has ido a buscarme… - Mu no acabada de convencerse.
- Bueno, eso tiene una explicación. – Saori interrumpió su divagación, bajo la atenta mirada de todos, especialmente de Kiki. – Yo tuve la culpa de que nunca os encontrarais porque él se quedó ayudándome con un problema en el ordenador de a bordo de mi coche. ¿Sabe usted que tiene un hijo muy hábil con la informática y las tecnologías?
- Demasiado hábil a veces… – Murmuró lanzando una mirada de desaprobación al pequeño que demandaba perdón bajo una inocente sonrisa. Sabía que después tendría que dar muchas explicaciones.
Tras el incidente con el pequeño pelirrojo, y mientras se dirigían hacia la salida, Mu retuvo un instante a Shiryu apartándolo del grupo.
- Perdona por la pregunta pero ¿acaso tú no eres el aprendiz del viejo maestro chino de los 5 picos?
-Si… - contestó Shiryu receloso - ¿De qué conoce usted a mi maestro?
- Fue hace tanto tiempo que veo no lo recuerdas. Mi padre y yo fuimos a visitar a tu maestro hace muchos años a China. Él nos contó que tenía un nuevo aprendiz. Nos conocimos cuando le acompañamos a su cabaña, estabas con una joven morena muy guapa. – El gesto de Shiryu al oír su explicación le dejó claro que efectivamente era él, el aprendiz del viejo maestro.
Shiryu no podía creer lo que oía, aquel joven era el hijo de Shion, el amigo de su maestro cuya visita sirvió de excusa para que Shunrei y él dieran un paso adelante.
-El viejo Dohko, hermano del viejo maestro, es uno de los miembros más longevos del Consejo, quizás no es mala idea que seas tú quien hable con él. – Shiryu asintió agradeciéndole su consejo. No sabía hasta que punto, al fin y al cabo Dohko y él eran socios y buenos amigos.
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El pequeño pelirrojo no dejaba de observar a Seiya que junto con el resto esperaba a Shiryu en el hall de la entrada.
-Chaval – su curiosidad finalmente le pudo. - ¿pasa algo?
Kiki se sobresalto con la actitud tan directa de Seiya, pero no se amedrentó con ello, al fin y al cabo él también era directo, le gustaba la gente así.
-Me preguntaba si nos habíamos visto antes. – Y con esa frase clavó su mirada inquisitiva en el castaño. Le escudriñaba del mismo modo en que aquella noche le analizó en casa de Saori bajo su alter ego. En el momento en que el pequeño puso sus manos sobre sus ojos, como si fueran una máscara, el mayor se apartó con brusquedad.
- ¡Qué haces? No, no nos conocemos, tranquilo, estoy seguro que me acordaría de ti.
- ¡Kiki, ven aquí a mi lado para que despidamos a nuestros invitados! – Salvado por la campana, pensó Seiya, agradeciendo a Mu y a Shiryu su aparición. Aún así el pelirrojo no le quitaba la vista de encima, para su fortuna Saori no parecía haberse dado cuenta de nada, pues Shun la tenía ocupada contándole su cita con June.
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Una vez los muchachos Kido salieron de la mansión, Mu apoyó la mano en el hombro de Kiki.
- Fuiste muy imprudente Kiki, ella podría haberse dado cuenta de todo ¿ahora entiendes por qué te insisto tanto en que te comportes?
- Lo sé papá, te prometo que tendré más cuidado en adelante. Por suerte salió todo bien ¿no? Ni siquiera se dio cuenta, soy un actor excepcional. – Sonrió flamante.
Mu dejó escapar un suspiro de resignación, en el fondo el pequeño Kiki tenía razón, pero un extraño presentimiento le abordó, aquel momento tan temido por todos estaba más cerca de lo que pensaban, tarde o temprano ella sabría la verdad.
Convencerles para que Saori no interviniera con el resto del Consejo había sido una excelente idea, así se aseguraría de que Aioros no acabara desmoronándose y contándolo todo, les estaba costando mucho contenerle, su predilección por la pequeña Kido era más que obvia. Tampoco le culpaba, al fin y al cabo, su familia era la que más perjudicada había salido con lo sucedido.
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Después de un largo e intenso día llegar a casa y quitarse los zapatos era lo único que quería. Se dejó caer sobre el sofá, tumbándose cual larga era con los pies sobre el reposacabezas. Sacó la nota que discretamente Seiya había deslizado en el bolsillo de su americana para volver a leerla, no se cansaba de hacerlo, se sentía como una quinceañera con todo aquello:
"Creo que me has mal acostumbrado, llevo echándote de menos desde que nos despedimos anoche frente a tu casa. Estoy deseando que esto acabe. Tuyo, S."
Apretó la nota fuerte contra su pecho mientras cerraba los ojos dejándose llevar hasta el momento de su último encuentro. Pasar el día con él en Nikko fue maravilloso, pero despedirse y saber que durante un tiempo tendrían que estar separados, le generaba una angustia de la que no podía deshacerse. Al menos esa nota calmaba sus nervios pues se daba cuenta que eran sentimientos compartidos.
- Espero que te hayas portado bien en mi ausencia.
No podía creer que fuera su voz la que oía. Por fin había dado señales de vida, la emoción del momento pudo con cualquier clase de vergüenza; se levantó del sofá de un brinco y corrió a abrazarle. El Pegaso apenas tuvo tiempo de reaccionar, pues antes de que pudiera darse cuenta, la joven se había lanzado a sus brazos apretándole con fuerza.
- Me tenías tan preocupada… pensé que volviste a empeorar, tenía tanto miedo de que te hubiera pasado algo. ¿Dónde has estado?
- Ocupado con otros asuntos, disculpa no haberte avisado antes, creí que sería lo mejor. – Saori le soltó de su abrazo.
- ¿Por qué creíste que sería lo mejor?
-Me han estado siguiendo a raíz de nuestra visita a tu empresa. – Mintió. – No quería ponerte en peligro, de hecho me he arriesgado mucho viniendo hasta aquí hoy, pero quería despedirme en persona.
-¿Despedirte? No entiendo nada Pegaso. – El joven dio gracias de llevar su máscara, pues sus ojos eran fiel reflejo del dolor que le causaba ver la angustia y tristeza que expresaba la mirada de Saori. – Yo no quiero despedirme de ti…- bajó la mirada – eres importante para mí.
Seiya se sobresaltó por las palabras de la joven. Por un lado, le agradaba que ella le tuviera cariño pero, por otro, sentía… ¿celos? ¿Acaso sentía celos de sí mismo? Pero claro, ella no conocía quién era, así que su reacción tenía cierta lógica, le estaba diciendo a otro hombre que era importante para ella, la veía dolida y triste, incluso, ¿más que en su despedida o eran imaginaciones suyas?
- Es lo más prudente Saori, las personas implicadas en todo esto son peligrosas. La mejor manera de protegerte es alejándome de ti. – A pesar de todo se conmovió al ver el dolor de la joven. – Te prometo que no será un adiós, que será tan sólo un hasta luego. – No pudo evitar acariciar su rostro al ver una lágrima recorrer su mejilla.
- Últimamente no paro de oír eso. – Pegaso sabía que se refería a él, a su otro "él" mejor dicho y se sintió mal, quizás ese era el auténtico origen su pesar, ya era la segunda vez que se veían obligados a alejarse. – Lo entiendo, no te preocupes. Prométeme que tendrás cuidado.
- Lo prometo. – La sonrió. – Sólo una cosa más. – Sacó de su bolsillo un lazo rojo que acababa con un pequeño cascabel con forma de Pegaso. – Si algún día pasa algo realmente malo y te ves en peligro, cuélgalo en tu ventana. Siempre estaré para ayudarte Saori, no lo olvides.
La joven le abrazó por última vez, se sentía contenta de verle de nuevo y saber que estaba bien, pero al mismo tiempo una profunda tristeza se apoderaba de ella. Pegaso se había ganado su confianza con el tiempo, lo consideraba un verdadero amigo y, por su culpa, él también estaba en dificultades, también tendría que alejarse.
Cuando el encapuchado se disponía a salir por la misma ventana por la que había aparecido ella no pudo evitar preguntarle una última cosa.
- Pegaso ¿fuiste tú verdad?
- ¿Cómo?
- Fuiste tú el que la otra noche nos ayudó en las vías del tren. – El joven se limitó a lanzarla una sonrisa cómplice.
- Cuídate hasta que esto acabe y procura no meterte en líos Saori, nos veremos pronto. – Saltó fuera de la ventana.
Saori se quedó un rato mirando hacia el vacío que dejó al irse. Su cabeza y su vientre no paraban de darle vueltas, habían sido demasiadas emociones y demasiados sentimientos encontrados en pocos días.
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Cuando Pegaso alcanzó la azotea del edificio de Saori algo le alertó, no estaba sólo.
-Cuánto tiempo sin verte Pegaso. – Kiki le esperaba sentado en un murete a su derecha.
- Cierto. – Se acercó hasta él manteniendo la calma, aunque temía el motivo de aquella visita. - ¿Todo bien por la red?
- Veo que no pillas la ironía, así que será mejor que nos dejemos de rodeos. – Pagaso paró su avance en seco ante su comentario, el pequeño era valiente y directo, no se lo podía negar nadie. – Sé quién eres, eres Seiya Kido.
La vehemencia con la que lanzó su acusación no permitía cuestionarle nada. Seiya sabía que daba igual lo que dijera, Kiki sabía la verdad. Si quería solucionar la situación creada tenía que ser haciéndolo su aliado antes que su enemigo. Decidió mantener silencio y otorgarle con su gesto la confirmación que esperaba.
- La estás engañando. – El pelirrojo tiraba a dar.
- Tú también lo has hecho. – Si quería jugar estaba dispuesto a ello.
- Pero yo lo hice para protegerla. – Le replicó el niño.
- ¿Acaso crees que yo no? – Seiya apagó su distorsionador de voz, y se quitó su máscara. Quería que el joven le mirara a los ojos y le escuchara, sólo así confiaría en él. - Nunca pensé que me encontraría con ella esa noche en el edificio Kido, si lo hubiera sabido te prometo que hubiera elegido otra noche. Saori es muy importante para mí, si le pasara algo nunca me lo perdonaría. Por eso hoy vine a despedirme de ella como Pegaso, es la mejor manera de mantenerla a salvo. Le he mentido, sí; pero créeme que más me duele a mi todo esto. Sé que tú me entiendes Kiki, para ti ella también es especial.
El pelirrojo le atendía pensativo.
-Creo que te equivocas mintiéndola, ella lo hubiera entendido, pero ahora también dudo de si es el momento idóneo para decirla la verdad.- Algo en su actitud cambió, ya no estaba alerta, más bien al contrario, desprendía cierta complicidad. – En el fondo sabía que no eras malo – saltó del murete pasando a su lado - pero entiéndeme, tenía que comprobarlo. – Kiki abandonó la azotea por las escaleras de incendios.
Seiya sonrió, había ganado un aliado.
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Estiró su mano buscándola a su lado, buscando su calor. No estaba. Abrió los ojos de golpe y se alzó en la cama, una sensación de ahogo le invadía. Entonces oyó la campana del microondas y su mundo volvió a la normalidad.
Abrió el tercer cajón de la cómoda con la esperanza de encontrarlos allí. Una sonrisa se dibujó en su cara al ver sus pantalones de pijama perfectamente doblados y en "su sitio". Se los puso y fue a buscarla a la cocina.
Esmeralda se sobresaltó un poco al notar su abrazo por su espalda, pero su calor era tan agradable que se dejó envolver por él y por sus brazos. Ikki había encontrado sus viejos pantalones de pijama, era lo único que llevaba puesto.
- Buenos días. –Le susurró al oído. – Huele de maravilla. – Quiso decirle que el que olía de maravilla era él y llevarle hasta su cama nuevamente, cada gesto suyo tenía el poder de despertar sus instintos más primarios.
- Buenos días dormilón. – Giró levemente su cuello para besarle. – Siéntate y déjame ser buena anfitriona. Aunque mejor antes ponte una camiseta anda. No niego que te prefiero así sin camiseta, pero guardemos al menos las formas en el desayuno. – Esmeralda le lanzó una pícara mirada, ciertamente la noche anterior habían perdido las formas dejándose llevar en todos los sentidos.
- Como desees, aunque la opción de desayunar ambos sin ropa, tampoco deberías descartarla tan pronto. – Salió en busca de algo que ponerse mientras ella reía su comentario.
Esmeralda había cortado algo de fruta y preparado café y tostadas. Ambos desayunaban sin parar de mirarse a los ojos. Después de tanto tiempo, de tantos miedos, por fin volvían a tenerse el uno al otro.
Los pensamiento de Ikki le llevaron a aquél día en el que se cruzaron por primera vez.
(Flashback)
Ikki esperaba a Guilty en la barra del antro propiedad del primero. Guilty gustaba de reunirse allí, la corona de sus negocios, el club de striptease, desde que lo inauguró se autodenominaba "magnate del espectáculo".
La noche anterior Ikki había tenido mala suerte en los caballos y no podría devolverle su deuda a tiempo, seguramente le pediría más intereses, aunque eso sería con suerte, lo que en el fondo temía era que no tolerara una nueva excusa.
Cuando ella hizo su aparición en el local lo iluminó todo con su presencia. Ikki no podía creer lo que veían sus ojos, un ángel había aparecido en aquel infierno.
Ella se sentó en la barra junto a él. También se había percatado de su presencia y se había visto atraída por él; sin embargo, sus formas fueron mucho menos evidentes. Ikki consciente de que había sido descubierto se giró perdiéndose en el fondo de su copa.
- Ponme un zumo de tomate, por favor. – Su voz era dulce.
Para la desgracia de la chica, Ikki no fue el único en percatarse de su presencia en el local. Dos irlandeses ebrios como cubas que jugaban a los dardos al otro lado de la barra consideraron que su presencia allí era la oportunidad perfecta en mejorar su noche.
- Señorita, ¿qué le parece acompañarnos un rato y permitirnos disfrutar de su compañía? – Se atrevió a proponer el menos borracho de la pareja.
- No, gracias.
- Vamos… no seas tímida. – El otro, más envalentonado gracias al alcohol, decidió intervenir. – Te aseguro que lo pasaremos bien.
- La Señorita ya les ha dicho claramente que no tiene interés. – El que Ikki ni siquiera levantara la vista de su vaso y su tono con aires de superioridad no fue del agrado de ninguno de los irlandeses.
- Nadie te ha dado vela en este entierro japonesito. Ahora métete en tus asuntos si no quieres acabar lamentándolo. – Tras decir eso se dirigió nuevamente a Esmeralda. – Y tú deja de hacerte la estrecha, ¿o acaso crees que no sabemos qué tipo de mujeres frecuentan estos garitos? – Con su última pregunta la cogió del hombro obligándola a girarse y quedarse frente a él.
Antes de que pudiera verle venir Ikki le tenía agarrado del cuello y le había empotrado contra la pared. El irlandés le miraba asombrado de que un tipo así, que aunque fuerte era la mitad de él, tuviera tanta fuerza y rapidez.
-Te he dicho que la dejaras en paz. – Ikki ni siquiera le miraba a los ojos.
Al ser consciente de la situación el otro irlandés se lanzó a atacar a Ikki por la espalda. El mayor de los Kido, al percibir su movimiento, golpeó con la punta del pie el palo de billar que se apoyaba en la mesa a su lado, atrapádolo en el aire. En un rápido movimiento, y sin soltar el cuello del otro, golpeó con la parte más gruesa del palo a su atacante: primero en el brazo, sorprendiéndolo, luego en el estómago, doblándolo de dolor, para finalmente darle un golpe en el cuello que terminó por desestabilizarle y hacerle caer. Miró a su primer contrincante, que casi se había meado en los pantalones.
- ¿Qué tal si nos divertimos tú y yo ahora?
Unos aplausos al fondo del local llamaron la atención de todos. Era Guilty acompañado de sus fieles gorilas, los que se ocuparon de los dos molestos beodos mientras él pasaba su brazo alrededor de los hombros de Ikki invitándolo a acompañarle a su despacho.
- Eres un pequeño cabroncete Ikki, nunca imaginé que fueras un hombre de acción a este nivel. Acompáñame y deja que te agradezca que hayas cuidado así de mi hija. – "¡mi hija?" pensó Ikki, no podía ser cierto que ese espécimen fuera el padre de aquella increíble mujer.
Ikki aprovechó lo sucedido para alcanzar un trato con Guilty, el "magnate parecía realmente emocionado y agradecido por defender a su hija. Sin embargo, con el tiempo Ikki descubriría que su emoción atendía a otras razones.
Cuando salió de su reunión con Guilty ella ya no estaba en el local. Un parte de él sintió cierta decepción por ello. Sin embargo, esa sensación le duró poco, ella estaba fuera, apoyada en su coche.
- ¿Este es tu coche? – Ikki sólo pudo asentir. A la luz del sol era mucho más bonita, su pelo rubio brillaba, tenía la piel clara y aterciopelada. - Qué tal si me llevas a tomar un café a un sitio menos… bueno, cualquier sitio será mejor que este.
Ikki sonrió a su comentario y, todo lo caballeroso que pudo, se adelantó a abrirle la puerta del copiloto invitándola a pasar.
(Fin del Flashback)
-¿En qué piensas? – Esmeralda le hizo regresar a la realidad.
- En que siempre me has parecido la mujer más hermosa del mundo. – Cogió su mano por encima de la mesa.
- Y tú siempre has sido un exagerado. – Le sonrió. – Por cierto, tu hermano te ha llamado varias veces, a lo mejor es algo importante.
- ¿Shun?
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Shiryu y Seiya llegaron cerca del medio día a las instalaciones de Toro and Co. Tal y como les había sugerido Mu, intentarían ganarse la confianza de Aldebarán.
Las instalaciones de Toro and Co constituían el centro más completo y moderno de Japón para la preparación de deportistas de élite en disciplinas de lucha y gimnasia deportiva. Sobre todo estaban especializados en lucha libre y boxeo. El actual campeón del mundo en lucha libre era un patrocinado por la compañía, fue descubierto por el propio Aldebarán.
Shiryu y Seiya observaban a dos boxeadores que entrenaban en el ring del centro de la sala de entrenamiento.
- Lo cierto es que el boxeo nunca llamó mi atención, la tradición, disciplina y majestuosidad de las artes marciales chinas siempre me ha atraído mucho más.- Comentó Shiryu mientras observaban a los boxeadores. – Pero he de reconocer que parece una disciplina exigente y tiene su punto.
- ¡Venga ya Shiryu! – Le interrumpió un orgullosos Seiya. – Sabes que ninguno de esos dos nos durarían un asalto. Mucha fuerza bruta pero hace falta algo más para ser un auténtico luchador.
- Creo que tu juicio es demasiado precipitado chaval. – La voz ronca y profunda de Aldebarán sorprendió a ambos hermanos. - ¿Acaso te atreves a insinuar que mis dos campeones – señaló a los boxeadores del cuadrilátero – pueden ser vencidos por un enclenque cómo tú?
El presidente de Toro and Co. era un hombre moreno tanto de tez como de cabello, gran altura y figura robusta, prácticamente una montaña humana, puro músculo. Comenzó como luchador pero pronto sus inquietudes y ambición le llevaron a montar su propio gimnasio, de ahí una cadena de gimnasios, hasta finalmente controlar la principal empresa japonesa en el entrenamiento de lucha de alto nivel. Los principales profesionales del sector salían de ahí.
- Disculpe a mi hermano – señor Aldebarán – a veces no sabe cuando estar callado. . Shiryu lanzó una mirada de desaprobación hacia Seiya.
- Tú no debes disculparte conmigo, ha sido él quien ha faltado a mi gente y con ello me ha faltado a mí. Me resulta curioso que Mu me hablara tan bien de vosotros cuando lo primero que habéis hecho es venir a insultarme a mi propia casa. Si no os importa, preferiría no reunirme con vosotros. – Les dio la espalda dispuesto a regresar por donde había llegado.
- Señor Aldebarán, ruego me disculpe, no era mi intención faltarle al respeto ni a usted ni a su empresa. – Seiya se sentía abrumado, había sido un bocazas como siempre y tenía que arreglarlo.
- Un poco tarde chaval. – Aldebarán siguió su camino.
- Por favor Señor permítame enmendar mi error y ganarme su confianza – Seiya buscaba desesperado solucionar el problema que él solito había creado.
El enorme sujeto notó la sinceridad y súplica contenida en el tono del muchacho, le daría una oportunidad pero no se lo pondría nada fácil. Era un arrogante y estaba dispuesto a darle una lección.
-De acuerdo, te daré una oportunidad. Creo que el mejor castigo posible a tu desfachatez es que te comas tus palabras, demostrarte lo equivocado que estabas. Esta tarde pelearás contra uno de mis campeones, si aguantas 3 rondas, te prometo una segunda oportunidad.
- Trato hecho.
Shiryu se llevó las manos a la cabeza, su hermano acababa de perder la suya.
