CAP.13.- SERVA ME, SERVABO TE (2º parte)

(Sálvame y te salvaré)

Ya era tarde cuando el teléfono del despacho sonó. Se había quedado hasta tarde revisando papeles e intentando hallar una solución alternativa ¿quién querría hablar con ella a esas horas?

- ¿Señorita Saori?- era de la centralita – Disculpe no encontré a nadie más y parecía importante.

- No se preocupe, páseme la llamada. – Una musiquilla de ascensor la mantuvo a la espera escasos minutos. – Sí, soy yo. – Contestó a la voz al otro lado. - ¡Qué? ¿Pero qué ha ocurrido? ¿Está bien? – La noticia la alteró. – Si, si, voy enseguida. Repítame la dirección por favor.

Arrancó el papel de su agenda en el que había anotado la dirección, cogió su bolso y salió corriendo del despacho.

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Unas horas antes a esa llamada en las instalaciones de Toro and Co. Seiya se presentó a cumplir con su compromiso. Shiryu le había reprendido bastante por su bocaza y le había insistido en que tenía que hacer lo que fuera necesario para solucionarlo. Él confiaba en sus capacidades de lucha pero aquella no era su disciplina, aún así, si algo le caracterizaba era su fuerza de voluntad.

Aldebarán estaba junto al ring de boxeo, apoyado sobre la tarima del cuadrilátero gritaba instrucciones a los dos boxeadores que se batían en duelo. Un delgaducho y estirado asistente le advirtió de su presencia.

- Veo que eres un hombre de palabra joven Kido. – Su monumental voz retumbó por toda la sala. Seiya se limitó a asentir, acercándose hasta apoyarse a su lado a los pies del ring. - ¿Cómo que has venido sólo?

- Mi hermano tenía otras cosas que hacer, además, yo he provocado esto, yo debo solucionarlo, tal y como le prometí.

Una amplia risotada del empresario hizo saltar en su sitio a Seiya.

- No se si eres realmente noble o un inconsciente. Sea lo que sea, veamos de lo que eres realmente capaz muchachito. – Se giró hacia su asistente. – Llévale a prepararse.

Media hora después Seiya regresó a la sala del cuadrilátero ataviado como un auténtico boxeador: vendajes, guantes de cuero, calzones rojos, bocado, cinturón soporte, casco, coquilla e incluso una bata con su apellido.

- Todo un detalle lo de la bata Aldebarán, aunque hubiera preferido otro apodo. – Le advirtió Seiya mientras subía al cuadrilátero.

- Eres como un dolor de muelas chaval ¿te lo han dicho alguna vez? – Golpeó su espalda soltando una de sus particulares y grotescas carcajadas. – Bueno no demoremos más esto, ciertamente tengo curiosidad por ver cómo te defiendes. Déjame presentarte a uno de mis campeones: el titán Cassios.

Al fondo de la sala apareció un auténtico gigante, mediría más de dos metros, sólo su espalda de ancho era más alta que Seiya. Vestía con bata y calzones negros como si de un estado profético se tratara y se presentara ante él su sepulturero. Llevaba una cresta blanca y sus ojos eran amarillentos, parecían los de una serpiente.

-¡Pero qué diablos!- Exclamó Seiya. - ¿Esto no iba en función del peso?.

- Qué pasa chaval ¿te arrepientes? – La socarrona sonrisa de Aldebarán no hizo más que azuzar la voluntad del joven. No se amedrentaría ante ningún oponente fuera lo grande que fuera. El brillo de determinación en sus ojos llamó la atención del presidente de la empresa del Toro. – Recuerda que debes aguantar 3 asaltos.

- Esperemos que tu chico los aguante también. – Si Shiryu hubiese estado ahí habría clamado al cielo ante su comentario.

La campana sonó y los dos contrincantes tomaron posiciones. Seiya estudiaba a su adversario. Estaba claro que su fuerza residía en su volumen y altura, si extendía los brazos casi abarcaba todo el cuadrilátero. Seiya a su lado parecía una hormiga, pero quizás esa voluminosa complexión sería también su punto débil, indudablemente él podría ser más rápido.

La mole de músculos se impacientó al ver la actitud cautelosa de su oponente y se lanzó contra él. Seiya le dribló e intentó escapar por su derecha pero el gigante le enganchó a medio camino empotrándole contra las cuerdas. Su fuerza era descomunal.

Cuando Cassios estaba a punto de encajarle un gancho derecho, Seiya lo esquivó, con la mala fortuna de que en su huida quedó atrapado entre la esquina del ring y su oponente. No era tan lento como esperaba. Una sucesión de golpes en su estómago casi le hacen perder el conocimiento, pero tenía que aguantar como fuera. Nuevamente su oponente cogió distancia para intentar golpearle con su gancho derecho, esta vez no pudo evitarlo, Seiya cayó al suelo cegado por el dolor.

No podía ser, no podía caer en ese primer asalto. Oía la voz de Aldebarán a su lado: "Diez, nueve,…, ocho…". A su cabeza vinieron imágenes de sus hermanos y de Saori, no podía rendirse, no tan pronto, le demostraría a ese gorila de qué estaba hecho un auténtico luchador. Seiya se levantó cuando la cuenta iba por el número cuatro.

- No tan rápido… - masculló entre dientes.

Aldebarán le miraba asombrado, ese chico acababa de recibir una paliza y aún así estaba dispuesto a continuar. Llegó a sentir lástima por él.

El primer asalto había finalizado.

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Las oficinas de Virgin Records no eran el lugar que esperaban. Una compañía discográfica tan afamada debería hacer mayor ostentación de sus estrellas, del mundo de la música y el famoseo, con una decoración no carente de neones, modernidad, instrumentos musicales y todas aquellas excentricidades propias del mundillo. Aquel lugar era la antítesis de todo aquello, se presentaba más bien como un lugar que llamaba a la calma. Colores fríos, decoración minimalista y un aroma suave que lo envolvía todo transportándote a una irrealidad onírica.

Según llegaron el recepcionista les invitó a pasar al despacho del dirigente de aquello: Shaka. El rubio se encontraba en una camilla sometiéndose a lo que al poco descubrirían se trataba de una sesión de reiki.

Ikki miraba a su alrededor enfundado en su particular hastío, su ceño fruncido y los brazos cruzados sobre el pecho, lo que no dejaba de ser su particular semblante, sello de la casa. Su actitud molestó a su anfitrión.

- Te noto tenso, si quisieras podría hacer regresar al maestro de reiki. - Ikki levantó su ceja en muestra de su poco interés en participar. - Tú te lo pierdes, viene del tercer linaje. - Shaka se giró hacía Shun cuya actitud era mucho más amigable y receptiva. - Bueno, entonces ¿qué es lo que queréis exactamente de mi?.

Shun comenzó a relatar la historia que poco antes le había trasladado igualmente a Ikki. En realidad la actitud del mayor se debía en gran medida a su enfado por lo sucedido, su puerta hacia la libertad dependía de su acceso a la herencia para poder cubrir sus deudas con Guilty, aquello había frustrado sus esperanzas. No sabía cómo iba a hacer para trasladárselo a Esmeralda ahora que al fin volvían a estar juntos. Ponerse a disposición de Guilty y retomar su papel de matón no era una opción, si lo hacía todo se acabaría para siempre. Esa fue la causa de que una vez la perdiera, no estaba dispuesto a volver a cometer idéntico error.

- Entiendo vuestra preocupación, pero ¿por qué debería inmiscuirme? Hasta ahora la gestión de Saga ha ido bien, me ha traído beneficios y nunca ha supuesto un problema. Todo el Consejo confía en él. Vosotros llegáis y me contáis una historia, presumiendo que os creeré, y solicitando lo que, en el fondo, no es otra cosa que acuda a salvaros el trasero. No os olvidéis de una cosa muchachos, el mayor riesgo aquí lo tiene vuestra familia. - Su actitud pecaba de cierta arrogancia, era un hombre inteligente que parecía ir un paso por delante.

- Pero... pero... - Shun no daba crédito, sus referencias de Shaka le habían hecho confiar en que obtendrían su apoyo fácilmente. - Creí que usted lo entendería.

Un incómodo silencio se adueño de los reunidos.

- "Nadie nos salva excepto nosotros mismos. Nadie puede y nadie debería. Nosotros mismos debemos andar el camino". -

- Interesante frase muchacho. - Ikki había logrado su objetivo, captó la atención del rubio. - Continúa.

- Disculpa si no hemos sabido explicarnos bien Sr...

- Shaka, tutéame sin problema, un joven que conoce las enseñanzas de Buda merece esa cortesía.

- De acuerdo, Shaka. - Shun observaba cauteloso y callado la batalla dialéctica que estaba comenzando entre ambos rivales. - Quería decir que espero nos disculpes si ha parecido que nuestra intención era rogar por su ayuda. Somos conscientes de que esta situación la ha provocado nuestra familia y como, dignos herederos, debemos solucionarla por nosotros mismos. El camino a dicha solución exige que seamos claros con aquellos que han sido el apoyo de nuestra familia a lo largo de todos estos años, ustedes, los miembros del Consejo. No le pedimos su voto, sino que abra los ojos. Escúchenos, haga sus investigaciones y llegado el día, por favor, vote conforme usted considere. Estoy seguro de que si hacemos bien nuestro trabajo, ese voto apoyará nuestra postura. - Shaka atendía sumamente concentrado a las palabras del muchacho.

- Es usted digno hijo de su padre joven Kido. Por supuesto que así serán las cosas.

- Muchas gracias por atendernos entonces. - Ikki asintió con su cabeza a modo de agradecimiento, Shun se limitó a imitarle. - Creo que ya hemos abusado demasiado de su tiempo. Ha sido un placer.

Cuando los hermanos estaban ya en el umbral de la puerta el Consejero se dirigió a Ikki por última vez.

- Joven Kido, si algún día decide probar algo diferente al negocio familiar, llámeme.

Ikki le sonrió agradecido.

Una vez fuera del edificio Shun no pudo aguantar más.

- ¿Qué ha sido todo eso Ikki?

- Eso ha sido conseguir un voto para nuestra causa hermano.

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Shiryu había quedado en una cafetería cercana al orfanato con su viejo amigo Dohko. Estaba algo nervioso, desde que Shunrei y él pasaron a ocuparse de los asuntos del orfanato y la fundación, tenía muy desatendida la escuela y tenía miedo que esa cuestión supusiera un problema con Dohko.

- Hola Shiryu.

- Hola maestro. - Shiryu se levantó para darle un fuerte abrazo.

- Vamos, no me llames así, el único maestro fue mi hermano. - Shiryu se sonrojó levemente. - ¿Qué tal os va todo a Shunrei y a ti?

- Pues tengo una importante noticia que darte, aún es muy pronto, pero bueno... vamos a ser padres.

- ¡Pero qué me dices? ¡Esa es una noticia fantástica! No me cabe la menor duda de que seréis unos padres estupendos.

- Bueno... eso intentaremos, de momento está siendo toda una experiencia. - El viejo rió ante la expresión de agobio que se dibujó en la cara del muchacho.

- Cambiando de tema, he estado hablando con Mu. - Su semblante se tornó serio. - Es obvio que contáis con mi apoyo. Pero me preocupa el resto del Consejo. Así que me he permitido la licencia de invitar a alguien para que os conozca a ti y a Shunrei.

- ¿A mí y a Shunrei?

- Sí, he quedado en el orfanato, creo que no hay mejor lugar para convencerlo. Nos encontraremos allí con él dentro de una hora más o menos.

Dohko siempre se había mostrado como un hombre que, sin duda alguna, controlaba la situación, sin embargo, ello no era óbice para que Shiryu temiera sus intrigas.

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La campana del segundo asalto sonó. Todo su cuerpo ardía de dolor pero no estaba dispuesto a rendirse. El gigante Cassios había resultado un contrincante de una fuerza descomunal pero no era más rápido que él, eso lo había confirmado. Ahí estaría su puerta a la victoria.

Antes de que el gigante pudiera darse cuenta Seiya comenzó a golpearle, se movía con una velocidad difícil de seguir para el coloso por el cuadrilátero. Aldebarán no daba crédito ¿de dónde sacabas las fuerzas ese chico? Cassios se mostraba confundido, apenas podía protegerse de los golpes que recibía, Seiya se deslizaba por la pista como un "bailarín" experimentado. La rabia y la impotencia de la mole de músculos iba en aumento. Soltó lo que fácilmente podía calificarse como un rugido para comenzar a dar manotazos a diestro y siniestro. En uno de sus giros Seiya fue incapaz de esquivar su brazada y salió disparado contra el suelo.

- Pensaste ¿realmente que un hormiga como tú podría hacer algo contra mí? - Cassios se rió a carcajadas.

Seiya a duras penas consiguió ponerse en pie. Aprovechando su flojera el gigante se acercó dispuesto a acabar con la pelea asestándole uno de sus letales ganchos derecho. Cuando el puño estaba a punto de impactar contra el rostro del castaño, éste, en un ágil y casi imperceptible movimiento lo esquivó girando sobre si mismo para aparecer bajo el rostro de su contrincante. Con toda su fuerza Seiya lanzó su puño contra la mandíbula de Cassios. La campana que marcaba el tiempo del segundo asalto sonó.

- Nunca deberías repetir un golpe ante un adversario inteligente. - Sentenció el castaño.

Aldebarán sonreía orgullosos desde su rincón.

-Me tienes gratamente sorprendido muchacho. Pero me temo que no aguantarás un asaltó más. - Seiya se había acercado a su rincón desplomándose sobre el taburete que un asistente había colocado en la esquina tras sonar la campana, le costaba respirar.

- No va a haber más asaltos Aldebarán. - Su voz sonaba entrecortada ante la falta de aliento. - La pelea ha terminado.

- ¿Pero qué dices muchacho? Mi campeón sigue en pié.

Y así era, Cassios se mantenía estático en el centro del ring. Seiya se quitó uno de sus guantes y lo lanzó hacia el gigante. Su sonido al caer de cabeza sobre el cuadrilátero retumbó en toda la estancia. El asistente más cercano al luchador se apresuró a comprobar sus constantes.

- Es un K.O...

El goteo lejano de un grifo mal cerrado en un vestuario era el único sonido en el recinto. Aldebarán observaba a Seiya con sus brazos cruzados sobre el pecho sin mover un sólo músculo. Seiya empezaba a ponerse nervioso, ¿quizás su arrogancia había vuelto a jugarle una mala pasada? Divagaba sobre lo acertado o no de su actuación cuando, una vez más, la imponente carcajada de Aldebarán le hizo dar un salto sobre su asiento.

- Muchacho me has sorprendido verdaderamente. Pocos han osado enfrentarse a mi gigante Cassios y, menos aún, a tumbarlo de un sólo golpe - El hombre, que nada tenía que envidiar en cuanto al apelativo de gigante a su discípulo, se acercó hasta quedar junto al castaño.- ¿Te has planteado dedicarte a esto? - Seiya se limitó a soltar una risa incómoda ante su comentario, todavía falto de aire y bastante dolorido por los golpes recibidos, lo último que quería era volver a ponerse unos guantes de boxeo. - ¡Ja, ja ja! Es una broma chaval. Anda, al menos déjame que te invite a una cerveza y que me cuentes aquello tan importante para ti que has estado a punto de jugarte el pescuezo. - Con las mismas dio un fuerte golpe en la espalda de Seiya.

- ¡ARGGG! - Seiya soltó un alarido de dolor ante su palmada.

- Vamos, vamos... chaval a ver si ahora vas a ser un flojo. - Seiya tosía y sonreía dolorido, en el fondo le cayó bien el tipo. -En la enfermería te darán algo para esas heridas y después retomaremos nuestra charla.

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Shunrei se sorprendió al ver a un elegante caballero observando la vitrina de trofeos del orfanato. Bueno llamarla vitrina de trofeos era algo presuntuoso, eran fotos de los niños en pequeños torneos celebrados en el propio Santuario pero que les gustaba tenerlos ahí como recuerdo y para motivar a los pequeños. Con porte reflexivo el hombre analizaba una a una las fotos colgadas tras el cristal. Tenía rasgos extranjeros, quizás latinos, aunque tampoco Shunrei era una experta. Sus ojos se cruzaron con los de Shunrei a través del reflejo del cristal.

- Buenas tardes caballero, ¿puedo ayudarle en algo?

- Lo cierto es que no. - La sonrisa de Shunrei se borró de golpe, menudo grosero. - Estoy esperando a alguien.

Shunrei estaba a punto de invitarle a marcharse cuando una voz familiar sonó a su espalda.

- ¡Amigo Shura, ya llegaste! Veo que conociste a Shunrei. - Dohko entraba por la puerta principal acompañado de Shiryu.

-Digamos que todavía no habíamos llegado a intimar. - A pesar de sus ademanes de exquisita educación su altanería y escasa cordialidad disgustaron a la china que ni siquiera se dignó a responder a sus palabras.

- No seas hosco Shura, ¿acaso quieres causar mala impresión a nuestros anfitriones?

- Sólo mis propias impresiones deberían preocuparme. - El impertinente invitado sacó un reloj de manecillas con apliques de oro que escondía en un bolsillo interno de su americana. - ¿Querrás decirme ya para qué me has citado aquí?

Dohko ignoró conscientemente a su amigo, le conocía bien y sabía que era un hombre de buen criterio y confiable a pesar de sus desagradables formas, a veces daba la sensación de que su inteligencia se había desarrollado eliminando ciertas facultades de socialización en su cerebro.

-Qué tal si pasamos al despacho a hablar más tranquilamente. ¿Shiryu, podríamos tomar algo?

- Por supuesto, iré a por algo de té.

- Prefiero café, por favor. - Precisó Shura.

- Iré contigo... - señaló Shunrei tomando la misma dirección que el moreno, ni loca se quedaría con esos dos para entretener a semejante personaje. Shiryu lo había traído, Shiryu se encargaría de él.

- "Prifiri quifi" mi mi mi - El chino no pudo evitar soltar una carcajada ante la molestia y tono de burla de su esposa.

- Pensé que os habíais caído bien. - La guiñó un ojo, desde que atravesó la puerta pudo ser consciente de la incomodidad de Shunrei ante la sola presencia del amigo de Dohko, seguramente si no hubieran llegado en ese momento, hubiera tardado poco más en enseñarle la puerta de salida.

- Menudo presuntuoso y engreído el señor "encantado de conocerse". ¿A qué viene todo esto Shiryu?

- No tengo ni la más remota idea. - Se acercó a darle un beso antes de continuar con la preparación del café, Shunrei le miró ojiplática. - Es uno de los planes sin sentido de Dohko, está convencido de que si nos conoce nos apoyará el día de la votación para el veto.

- Cariño, sabes que siempre he querido mucho al maestro y a su hijo, pero... - Shunrei le abrazó por la espalda. - Reconozcamos que Dohko a veces... - Shiryu se giró para quedar frente a ella y abrazarla.

- Dohko es nuestro amigo y una bellísima persona, y estoy 99% seguro de que sabe lo que hace, confiemos en él.

Shunrei se limitó a dejar escapar un resoplido de hastío, al fin y al cabo, no tenían mejor opción ahora mismo.

Durante casi media hora Dohko no paró de hablar explicando las bondades de la fundación y el orfanato y la buena labor que estaban llevando a cabo Shiryu y Shunrei desde que asumieron la dirección. Shura le prestaba una atención inexistente, limitándose a tomar pastas y beber su café observando a su interlocutor. Cuando acabó su taza se giró hacia Shiryu abandonando al pobre Dohko en su diatriba.

-Así que eres uno de los vástagos de Kido - Shura acentuó su nada disimulada apatía natural al decir "vástago".

- Sí, así es.

- ¿Quién es tu madre?

- No la conocí. - Shriyu no hablaba de su madre con nadie.

- Tengo entendido que sois todos hijos de madres diferentes. - Shunrei no disimuló su mirada de odio, ¿por qué hacía eso?

- Todos salvo Shun e Ikki.

- Entiendo...- Sacó una pitillera de plata de otro falso bolsillo de su americana y se encendió un pitillo. - ¿Por qué está aquí Sr. Kido?

- Por favor, llámeme Shiryu. - Le corrigió - No entiendo a qué se refiere con su pregunta.

- Usted tenía un negocio con, aquí, mi amigo Dohko y, sin embargo, no dudó en meterse en, no sé cómo llamarlo, esta particular aventura de vuestro negocio familiar.

- Porque creo en ello.

- Porque cree en ello... - Un ligera sonrisa se dibujo en la comisura de sus labios. - Usted, perdón tú, crees en ello. ¿Qué es "creer" Shiryu? Las creencias pueden ser efímeras o ser pilares fundamentales de nuestra existencia. Tengo curiosidad por saber qué son para ti.

- ¿Me está usted preguntando si creo en mi familia? Porque no encuentro otro sentido a este interrogatorio. - Shura se limitó a apagar su cigarrillo en la taza de café. Si Shiryu estaba acertado o no con su suposición no iba a ser él quien se lo confirmara. Tras un breve silencio Shiryu continuó. - Siempre he creído en mi familia, mis hermanos, Saori y mi esposa son mis pilares, no me pregunte la causa y razón porque no existe lógica sólo confianza. Es una cuestión de confianza señor Shura, de fidelidad. Acepté formar parte de esto porque confiaba en mi familiar, sabía que juntos podríamos lograr grandes cosas. Quizás a un escéptico como usted eso le suene a la triste fantasía de un torpe ignorante pero, aun a riesgo de parecérselo, es así. Este orfanato y la fundación es el mejor proyecto que ha salido de la familia Kido y lucharé hasta el final por conservarlo.

Shura escudriñó son su mirada al chino durante toda su exposición, guardando silencio al finalizarla la misma.

- Muchas gracias por la charla joven Kido - Finalmente hablo. - Espero que tengan suerte en su propósito. - El invitado, se levantó, para él la reunión había terminado.

Shura y Dohko no tardaron en irse de allí. Toda la tarde en compañía de ese personaje fue extraña, aun así Shiryu se quedó tranquilo, algo le decía que el objetivo de Dohko se había cumplido de alguna manera.

Una vez fuera del orfanato Dohko se dirigió a su amigo.

- ¿Ves lo que te dije?

- Si, lo vi. Pero no lo van a tener tan fácil.

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Todos los parroquianos, habituales y esporádicos, se giraron al verla entrar. Era raro ver mujeres por ese local y, más aún, mujeres con la clase de la que acababa de entrar. Alta, esbelta y ataviada con un elegante vestido en tono azul cielo y corte evasé ajustado a la cintura, recorrió el local acompañada por las miradas de todos los presentes hasta alcanzar la mesa del fondo, la más cercana al billar.

- ¡Mira Aldebarán! Es Saori, "mi" Saori.

- ¿Está borracho? - inquirió molesta la joven al presidente de empresas Toro.

- Uhmm eso parece. - El beodo castaño les observaba tambaleándose sobre su silla, Aldebarán tuvo que sujetarle para que no cayera. - Aunque en realidad sólo se ha tomado cerveza y media, el resto creo que es fruto de combinarlas con analgésicos y calmantes para caballos. Acabó bastante "magullado" tras la pelea.

- ¿Pelea? ¿Qué pelea? - Saori no daba crédito. - Sabes, creo que es mejor que deje de preguntar. Gracias por avisar Aldebarán, yo me encargo de llevarle a casa.

- Te lo agradezco y siento haberte llamado, pero hace rato que es imposible que diga algo coherente y no lleva su documentación encima. Era o molestaros o dejarle aquí. - Se rió con una fuerte carcajada de las suyas, aunque el chiste sólo le hizo gracia a él.

- Seiya... - Saori se acercó susurrante al castaño. - ¿Nos vamos a casa?

- Noooo, quedémonos con mi amigo Aldebarán, en muy fuerte ¿sabes? - el joven intentaba imitar su murmullo sin éxito. - Pero yo lo soy más, vencí a su gigante. - Sonrió triunfante.

- Lo sé, eres el más fuerte. -Saori le siguió el juego, quizás así le podría sacar de allí lo antes posible. - Pero ya es hora de irse para casa. - Seiya miró con tristeza a Aldebarán buscando su complicidad.

- Lo siento muchacho, las damas siempre tienen la razón.

- Y esta más que ninguna... créeme amigo.

A duras penas Saori pudo subirle al coche, cuando montó en el coche Seiya, girado sobre su asiento la observaba con una mirada que, si no hubiera estado ebrio de píldoras y alcohol, se acercaba a un embelesamiento propio de adolescente.

- Fuguémonos. - La joven rió con su proposición.

- ¿A dónde?

- Me da igual. - Se giró mirando hacia el frente. - Recorrería el mundo entero contigo.

Sabía que estaba borracho y que seguramente no era consciente de lo que decía pero, por un momento, la idea la permitió soñar despierta. Recorrer el mundo y hacerlo con él...

La realidad llamaba nuevamente a su puerta, Seiya se agarró las costillas con un ademán de dolor. Era necesario obligarle a descansar y recuperarse.

- Vamos a mi casa, hoy no estás para dejarte sólo.

- ¡No, a tu casa no! - el castaño la alertó son su efusiva negativa. - Él estará allí y nos verá. Siempre está observando.- ¿Él? ¿A quién se refería? Por un momento Saori pensó en Pegaso, pero eso era imposible.

- ¿Quién nos verá Seiya?

- El Cisne. - Afirmó vehemente. "Vale, definitivamente divaga", pensó Saori. - Él siempre me está vigilando. Vayamos a mi casa, al puerto.

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Seiya se alojaba en una pequeña pensión en el puerto. Su casa era discreta, de escasa decoración y estaba algo desordenada. Lo arrastró hasta la cama donde le dejó caer. Antes de que se pudiera dar cuenta el joven la abrazó tirándola sobre él.

- Quédate conmigo. - La abrazó, se estaba quedando dormido.

- Mi Seiya... no me iré a ninguna parte.

- No hablo de hoy... – farfullaba, el sueño se estaba apoderando de él.

Saori le acarició el rostro hasta que el castaño se dejó atrapar por un profundo sueño. Procurando no despertarlo, se levantó y le tapó con una manta que encontró a los pies de la cama. Le dio un beso en la frente, el joven aún dormido, esbozó una sonrisa.

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(Continuará)