CAP. 14.- PROLES SINE MATRE CREATA
("Hijo nacido sin madre")
El veneno de la duda había vuelto a extenderse como la ponzoña que era. Durante años lo mantuvo confinado en un rincón olvidado de su subconsciente, lejos de su vida diaria, donde no pudiera causarle daño. Fue un iluso al pensar que siempre se mantendría allí, que si no mencionaba su nombre no le podría remover de nuevo. Había llegado el día en el que aquel sello se había roto con una simple pregunta "¿Quién es tu madre?", ahora aquella dolorosa incertidumbre se extendía, lo anegaba todo sin presa posible que la contuviera.
- ¡Shiryu, Shiryu! Despierta. Te hacía una pregunta. ¡Estás en Babia!
- Perdona, estaba… estaba recordando la reunión de ayer con Shura.
- No le des más vueltas Shiryu, está claro que es de esas personas intratables que se creen por encima del bien y del mal. – Shun entraba en la conversación desde el otro lado del intercomunicador, aquel pequeño "pinganillo" era tan liviano que a veces olvidaban que lo llevaban puesto e incluso, que al otro lado, su hermano aguardaba como espectador oculto de su aventuras. – Déjalo en manos de Dohko, al fin y al cabo es el que mejor le conoce.
- No es eso chicos… es otra cosa, algo que me recordó su conversación y que hacía muchísimo tiempo que no me preguntaba.
- ¿De qué hablas Shiryu? – Hyoga estaba realmente intrigado, había notado particularmente tenso a su hermano, pensó que era por todo eso de ser padre, pero ahora se revelaba otro motivo.
- Es algo difícil de explicar y entender, sobre todo en tu caso Hyoga, pero la cosa es que… yo nunca he sabido quien fue mi madre. Ni un mínimo dato, ni referencias, como en el caso de Shun, que Ikki le ha podido contar cosas, o Seiya, que lo supo por Seika. Yo no sé absolutamente nada de ella.
- ¿El viejo nunca te dijo nada?
- No, y creo que nunca le pregunté. Quizás cuando era un niño sí, no lo recuerdo con exactitud, pero seguramente lo hice porque la duda ha estado ahí siempre. Sin embargo, al criarnos todos como huérfanos de madre, al compartir esa carencia, aprendí a vivir con ello como algo normal. Cuando tenía edad de preguntar con suficiente criterio, simplemente, no lo hice. Lo relegué, lo metí en un cofre y tiré la llave, pensar en ello me hacía daño y no era necesario. Pero ese… ese personaje me preguntó por ella, me preguntó por mi madre. No sé si es todo lo que estamos viviendo ahora Shunrei y yo, pero no me lo quito de la cabeza. No me gustaría que mi futuro hijo o hija pasara por algo así, quiero que tenga una vida normal a pesar de ser un Kido.
- Hermano… – Hyoga apoyó una mano sobre su hombro. - ¿Qué es para ti una vida normal? – Era más una pregunta retórica que una auténtica pregunta. – Nuestra vida es normal, dentro de todo esto y a pesar incluso de ser quienes somor. – Señaló a su alrededor, estaban en una azotea frente a Kido Enterprises, vestidos con sus uniformes de vigilantes nocturnos, esperando a que Saga y el acertadamente llamado "Death Mask" salieran de su improvisada reunión. – Lo importante en esta vida es estar rodeado de gente que te quiere y se preocupa por ti, y que eso sea un sentimiento recíproco. Vuestro bebé tendrá la vida más normal de todas, como la que has tenido tú. Y, sobre todo, tendrá unos padres maravillosos. – Le sonrió cómplice.
- Hyoga tiene razón Shiryu, quizás no hemos tenido la típica familia, pero no os cambiaría por nada – intervino Shun desde la lejanía. – De todos modos Shiryu, ¿Mitsumasa no te decía nada de eso en su carta?
¿Cómo? ¿Tú has leído la carta Shun? - Se adelantó a preguntar Hyoga. Lo cierto es que él ni se lo había planteado, no esperaba nada de su mal llamado padre, de hecho, le sorprendía que alguno de sus hermanos hubiera leído sus respectivas misivas. Aunque bien pensado, si había una mínima posibilidad, el único de todos ellos con una capacidad innata de condonar cualquier agravio era, sin lugar a duda, Shun.
- Claro.
- ¿Y qué decía? – preguntó Shiryu, para sorpresa del resto, puesto que no era precisamente el más curioso.
- Eso es algo hermanos que no puedo compartir. Sólo os diré que no era lo que imaginaba y que lo que descubrí en ella me ha ayudado mucho. No sé Shiryu, quizás me equivoque, pero creo que nuestro padre nos conocía más de lo que pensamos y es posible que la respuesta a tu duda la encuentres en esa carta.
Shiryu quedó por un momento en silencio, pensativo, digiriendo el consejo que el más pequeño de sus hermanos le estaba ofreciendo. En el fondo, su forma de ver el mundo libre de malos pensamientos, noble y pura, le convertía en el mejor de todos ellos para encontrar un atisbo de esperanza donde apenas quedaban ascuas.
- Gracias Shun, quizás te tome la palabra. – sonrió para sí, en cierto modo hablar con sus hermanos le había reconfortado. - ¡Mirad ya salen!
Saga y Death Mask salían juntos de las oficinas de la empresa, se despidieron cordialmente y cada uno cogió un taxi en distinta dirección.
- Me pido a nuestro abogado favorito. – Se adelantó Hyoga y, con las mismas, lanzó un cable de metal desde la azotea a la profundidad del callejón situado a los pies del edificio de 5 pisos desde el que vigilaban, ancló al mismo un resorte de sus botas y se deslizó sobre él con los brazos en cruz en un perfecto equilibrio hasta alcanzar el suelo y su moto.
- Este hermanito tuyo se pierde en su propia ostentación. – Le indicó Shiryu a Shun que soltó una carcajada desde el otro lado.
- Os estoy oyendo… - Hyoga sonrió altanero para sí, en el fondo tenían razón le encantaban vestir su actuación con cierto aire circense y efectista.
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Saga abandonó su taxi en una zona alejada y oscura en lo más profundo del muelle, miraba su reloj constantemente ¿acaso esperaba a alguien? Hyoga le observaba tras los restos de viejos contenedores del puerto convenientemente abandonados, cerca del lugar donde se había parado el abogado.
- Vaya, vaya… ¿así que sigues vivo eh? – Una voz femenina a su espalda le hizo ponerse en guardia. – Espera… tú no eres…
Hyoga no tardó en identificar a la presencia a su espalda, aquella mujer de negro que cubría su cara con una extraña máscara no podía ser otra que la amazona que había atacado a Seiya en el campo de golf.
- Muy perspicaz señorita. Pero yo sí sé quién eres…
- Eso no me preocupa, te daré tu merecido, al igual que a tu amiguito… ¿qué tal se encuentra por cierto? – su risa era aguda y con un deje irónico que taladró los oídos de Hyoga.
- Mejor de cómo te vas a encontrar tú dentro de pocos minutos.
- ¡Oh, veo que te crees muy fuerte! No me subestimes tan rápido. – Antes de acabar su frase la amazona se abalanzó sobre el Cisne blandiendo sus garras.
Hyoga la esquivó con facilidad, golpeándola por la espalda haciendo que casi perdiera el equilibrio. Era rápida, pero no tanto como él.
- Muy hábil pero sólo te estaba testeando, mejor no cantes victoria tan rápido.
La amazona volvió a la carga y esta vez con mayor acierto. Cuando se encontraba a suficiente distancia del Cisne para que este pudiera esquivar un ataque directo, se agachó golpeando a Hyoga en el estómago forzando que se doblara sobre su propio cuerpo de dolor, momento que aprovechó para propinarle una patada en la cara que le lanzó varios metros hacia atrás por los aires.
Hyoga cayó de espaldas sobre el duro y frió suelo, antes de que pudiera reaccionar e incorporarse, su contendiente se encontraba sobre él, mostrándole sus venenosas garras y dispuesta para clavárselas. Por suerte, el rubio fue lo suficientemente raudo para sujetarla por las muñecas y evitar que le atravesara el traje hundiéndole sus uñas en el pecho.
- No te resistas… te prometo que te trataré con dulzura, aunque no puedo prometerte que no dolerá… – su risa histriónica ponía de manifiesto sus viles deseos.
Hyoga apenas podía resistir su presión, esa chica era realmente fuerte. Cuando su sujeción comenzaba a ceder y las zarpas de aquella víbora estaban a punto de alcanzar su pecho el rubio usó su última carta. En un intento desesperado activó el arma que su hermano había diseñado sólo para él, aquella era su única escapatoria posible, aunque nunca la había usado sobre una persona.
El grito de dolor de la amazona se oyó en todo el puerto.
- ¡AAHHHH, MIS MANOS! - La joven se apartó con un salto fugaz de su oponente, miraba sus manos agarrotadas mientras le increpaba. – Esto no quedará aquí… -Salió huyendo del lugar, perdiéndose en la oscuridad de la noche.
Saga había desaparecido del muelle.
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No sabía que le dolía más si la cabeza o el cuerpo. La tarde-noche anterior estaba confusa en su mente. Recordaba que Aldebarán le había llevado a un auténtico antro en el que se servían, eso sí, los mejores nachos que jamás hubiera probado, sin embargo, a partir de la segunda cerveza todo era borroso. ¿Cómo había llegado a su casa? Recordaba a Saori, sonrió, ¿había soñado con ella? Le reconfortaba pensar que al menos le había visitado en sus sueños, casi podía sentir su olor.
Cuando se incorporó un agudo pinchazo de dolor en su costillar izquierdo casi le deja sin respiración. Con suerte tendría algún bote de uno de los ungüentos de Shun por casa para solucionarlo, pero antes de nada necesitaba un zumo o un café para volver a sentirse persona.
A pesar de su aturdimiento frenó en seco cuando estaba a punto de atravesar la puerta de la cocina ¿acaso no le había parecido ver algo o a alguien en su sofá? Se giró y casi deja escapar un grito al verla. ¡No había sido un sueño, fue Saori quien le trajo a casa!
La joven de cabellos púrpuras dormía apaciblemente bocabajo en su sofá, tan sólo llevaba puesta una camiseta del castaño.
Verla así, semivestida, con la manta que resbalaba por su cuerpo aún decidiéndose entre terminar de precipitarse sobre el suelo o asirse desesperada a la pierna de la joven, lo dejó sin aliento. La estampa mezclaba lo idílico de un sueño que se materializaba ante sus ojos con la sensualidad cautivadora de sus curvas. Si seguía mirándola acabaría quedándose ciego por castigo divino.
Saori, mientras tanto, dormía ajena a la lucha interna que mantenía su silencioso admirador. Finalmente se acercó, no sin lamentarse antes, para cubrirla con la manta que ya apenas se sostenía sobre su cuerpo. Cuando se acercó pudo percibir mejor su olor a flores y dulce, aquello no ayudaba. Por un momento Seiya sintió envidia de esa cobija que con libertad podía acariciar su piel mientras él, mero espectador, debía conformarse con desear ser de algodón y lana.
Retomó su camino a la cocina, prepararla un buen desayuno sería su único consuelo.
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- Huele rico.
Le observaba desde la puerta cubierta con aquella manta que comenzaba a odiar.
- Son tortitas o al menos lo intentan – mostró la masa desfigurada de su sartén. - Espero no haberte despertado.
Al descubrirla observándole sus reflejos habían comenzado a fallar traicionando su temple, se movía por la cocina sin rumbo fijo e indeciso ante la mirada divertida de ella.
- No tienen un aspecto delicioso, pero espero que su sabor lo compense. – Sonrió tímido. Saori se acercó a olerlas.
- Seguro que están exquisitas. – Le inquietó su cercanía, su olor sí que despertaba sus cinco sentidos.
- ¿Te importa si me ducho antes? – La joven se sonrojó un poco. Sabía que aquello implicaba desnudarse bajo el mismo techo que él y, en esa ocasión, no estarían Marin ni Aioros para interrumpirles. Sus propios pensamientos la turbaron, aunque no más que los de él que aún le provocaban con la imagen de ella durmiendo en su sofá.
- ¡Oh, sí, sí, por supuesto! – Seiya se apresuró a dejar a un lado los cacharros y acompañarla a su habitación desde donde se accedía al baño en suite.
Poco después de que el ruido de la ducha le desconcentrara, el timbre de la puerta sonó. ¿Quién podría ser?
- Seiya abre, soy Shiryu. – Se oyó al otro lado.
- ¡Un minuto! – "Mierda" pensó "mi hermano y su don de la ubicuidad". Se apresuró a recoger la ropa de Saori que encontró esparcida por el salón.
Entró al baño sin llamar, tirando la ropa en el primer lugar que pilló.
- Saori. – Intentó no asustarla, pero era difícil, habida cuenta las circunstancias de su intromisión.
- ¡Seiya! ¿Qué haces aquí? – la joven se sobresaltó al oír al muchacho al otro lado de la cortina de ducha.
- Es Shiryu, está aquí. Imagino está preocupado por cómo fue la pelea de ayer. Por favor, no salgas, me libraré de él enseguida, no estoy preparado para darle explicaciones. – Con las mismas el joven cerró la puerta tras de sí.
- ¿Qué andabas? Has tardado mucho. – Shiryu entró directo al salón. - ¿Huele a tortitas?
- Si… bueno…eh… - Seiya rascaba su nuca algo incómodo. – Eso intentaba pero ha sido un fiasco.
- Entonces es que te has levantado de buen humor ¿significa que todo fue bien ayer? – el moreno le miraba intrigado.
- A costa, creo, que de alguna costilla – se tocó el costado –pero sí, todo fue bien ayer. – Sonrió triunfante. - Al final resultó ser un tipo bastante simpático Aldebarán.
- Me alegra saberlo, nos tenías algo preocupados al desaparecer. Que sepas que ayer la patrulla fue bastante interesante, Hyoga se cruzo con la amazona.
- ¿Quieres un té o un café? – le interrumpió Seiya. Se había puesto tenso, tenía que evitar ese tema no fuera que Saori llegara a oírles.
- Pues ahora que lo dices, si tienes café hecho te lo agradecería, ayer dormí poco la verdad.
Seiya se apresuró a ir a por un café para su hermano, le notaba distraído. Mientras esperaba su café, Shiryu se acomodó en el sofá, la noche siguiendo al presidente de Crustoe había resultado más extenuante de lo que imaginaba, el tipo se había recorrido la mitad de los bares y puticlubs de la ciudad. Entonces fue cuando al mover uno de los cojines del sofá descubrió a qué se debía la actitud de su hermano, una pícara sonrisa se asomó al ver llegar a su hermano con dos tazas humeantes de café.
- Entonces Seiya… ¿qué me contabas que te pasó ayer para no dar señales de vida?
- Básicamente el tipo me hizo pelear contra un gigante, y te juro que no te exagero Shiryu, ese monstruo medía más de 2 metros. Aunque yo fui más rápido y acabé por tumbarle, eso sí, me dejó molido. Aldeban insitió en que fuera a la enfermería donde me dieron unos calmantes de caballo y, de ahí, fuimos a comer algo y tomar unas cervezas a un antro que suele frecuentar, según él, por la comida. A partir de la segunda cerveza sólo recuerdo que me desperté aquí.
- ¿Sólo?
- ¿Cómo qué sólo? ¿Con quién quieres que estuviera? – Seiya, estaba nervioso, tartamudeó un poco y rascaba impaciente su nuca mientras una sonrisa boba se asomaba.
- Digo que si sólo pasó eso. – Shiryu reía por dentro, le encantaba jugar con su hermano.
- Sí, sí, claro, sólo eso.
- Bueno, comprobado que estás bien, creo que me iré al orfanato, no quiero dejar a Shunrei sola mucho tiempo.
Estando ya bajo el dintel de la puerta Shiryu se giró para decirle una última cosa a su hermano. No pudo evitar continuar torturando a su hermano.
- Por cierto Seiya, dile a Saori que su sostén está debajo del cojín del sofá. – Tuvo que contener la risa ante la cara de pasmado que se le quedó a su hermano. – A primera hora hablé con Aldebarán, me contó que todo había ido muy bien y quién tuvo que ir a recogerte porque no te tenías en pié, y por lo que he visto… se quedó cuidándote. – Le guiñó un ojo y salió por la puerta.
A Seiya le costó un poco reaccionar, en el último momento se asomó por la barandilla frente a su puerta desde la que se veía el aparcamiento.
-Shiryu te juro que no es lo que parece, ¡no pasó nada!
- A mí me da igual hermanito, sois mayorcitos. Tómate el día libre, te prometo no chivarme a Hyoga. – Se puso el casco de la moto y arrancó para dejar a su hermano tras él con una flamante sonrisa en la boca. Su relación siempre había sido especial, se comprendían mejor que el resto, y esos momentos eran claro ejemplo de ello.
Seiya se apresuró a entrar y avisar a Saori. Se sorprendió de no encontrarla en la habitación ¿acaso seguía en el baño?
- ¿Saori? – esta vez golpeó la puerta con los nudillos. – Ya puedes salir.
- Me encantaría – respondió la joven desde el otro lado - pero tiraste la ropa sobre el lavabo y ahora está toda mojada… ¿tendrías algo para dejarme?
- Sí, claro, lo… lo siento muchísimo. – ¿Cómo podía haber sido tan patoso?
- Por cierto Seiya… ¿podrías acercarme mi…- hizo una pausa nerviosa – mi sostén?
Ambos enrojecieron de igual modo aunque no podían verse.
- Sí, sí claro, ahora te acerco todo.
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Cuando June llegó esa mañana al laboratorio encontró a Shun tan atareado que casi no la escuchó entrar. En la mesa central del laboratorio había un teclado eléctrico que conectaba, por un lado, con una base similar a la utilizada para los vinilos de los tocadiscos, si bien, cubierta por arena blanca, por otro, con una cubeta rectangular de escasos centímetros de altura cubierta de agua y, por último, con un cilindro en el que se acertaban a distinguir varios orificios colocados aleatoriamente.
- ¿Qué es todo esto Shun?
- ¡June! Por fin llegaste. – El joven de cabellos verdes estaba visiblemente emocionado. Es una sorpresa para ti.
- ¿Para mí?
- Sí, ¿conoces los experimentos con música y física de Nigel Stanford (*)?
- Lo cierto es que no, pero algo me dice que no tardaré en descubrirlos ¿no? – Su dulce sonrisa le encantaba al muchacho.
- Ven, ponte a mi lado. – La joven rubia se colocó junto a él frente al teclado. Shun apretó unos cuantos botones de una base junto al aparato. – Toca lo que quieras.
- ¿Qué toque? – El joven asintió.
Al apretar una de las teclas el platillo que contenía el agua vibró generando ondas sobre la superficie.
- ¿El agua ha reaccionado al sonido, Shun! – Señaló sorprendida June.
- Y no sólo el agua…¿estás preparada para que te enseñe la magia de los elementos? – June asintió con fuerza mientras le sonreía emocionada.
El joven comenzó a tocar al piano una canción, que aunque para June era desconocida, desde ese día la llevaría grabada para siempre en su memoria. Al principio las vibraciones eran tímidas, dibujaban ligeras ondas en el agua al ritmo de la melodía. Shun apretó otros botones creando nueva magia.
El brillo que iluminó sus ojos azules apenas mostraba una escasa evidencia de su asombro, al ver como la arena blanca comenzó a trazar dibujos simétricos sobre el platillo, era como si fuera un caleidoscopio vivo.
Una ligera sonrisa se dibujó en la comisura de los labios de Shun mientras arena y agua, cómplices, bailaban al ritmo de las teclas y, justo cuando la canción parecía alcanzar un punto álgido, varias llamaradas hicieron que la joven rubia se echara para atrás. El cilindro que formaba la tercera pieza del puzle incorporaba el tercer elemento, el fuego. Ciencia y magia se confundian en una coreografía única.
- Shun, es precioso… - La joven se agarró a su brazo y apoyó la cabeza sobre su hombro mientras se deleitaba con el espectáculo de colores y elementos que interpretaba ante ella.
Shun giró su rostro para poder volver a mirar a la joven a los ojos cuando las últimas notas estaban a punto de poner fin a la exhibición, se encontró de frente con sus dos grandes orbes azules esperándole. Como siguiendo un llamado natural sus cabezas se acercaban lentamente, el perfecto final para un concierto que jugaba con la sensibilidad de los sentidos.
- ¡Shun? – la voz de Ikki se oyó en todo el laboratorio.
- Que oportuno… - susurró Shun, apoyando su frente sobre la de June. Su beso se iba a hacer de rogar.
- Creo que tu hermano te busca, mejor os dejo solos. – Sugirió la joven no sin dejar entrever la decepción tanto en su tono de voz como en su mirada. June se despidió de Shun abandonando la estancia justo cuando Ikki entraba.
- Hola hermano, te buscaba. – Ikki se acercó hasta el pequeño de los Kido. - ¿Qué es todo esto?
- Nada – Shun suspiró – un experimento que no ha salido del todo bien. Pero, dejémoslo ¿para qué me querías?
- Verás Shun – el joven de tez oscura estaba nervioso, cómo nunca antes lo había visto su hermano menor. – Tengo problemas, que no puedo contarte ahora mismo, no porque no confíe en ti, sino porque no quiero ponerte en peligro. Pero, necesito dinero…
Una confusión de sensaciones se adueñó de Shun, ¿acaso por fin su hermano se atrevería a contarle la verdad? Desde que leyó la carta no había podido sacarse de la cabeza su contenido, y parecía que por fin se confirmaba su contenido.
(Flasback)
"Querido hijo:
Eres uno de mis más grandes orgullos. Tienes el don de la bondad y de la inteligencia, cualidades que hacen a los hombres grandes y con la capacidad de cambiar el mundo.
Perdona que utilice estas, mis últimas palabras, para pedirte ayuda, una ayuda que yo no fui capaz de dar en su momento.
Para ello, primero debes conocer una historia que, para mi desgracia como padre, descubrí demasiado tarde.
Como sabes, tu hermano, a diferencia de la mayoría de vosotros no quiso estudiar; aquello, en su momento, no me gustó e, incluso, me enfadó. Pero reconozco que con el tiempo llegué a sentirme orgulloso cuando se convirtió en jefe de bomberos. Mi hijo mayor se jugaba la vida por y para las personas, por mucha aflicción que algo así puede causar en todo padre, mi hijo era un auténtico héroe.
Por aquel entonces hubo un gran incendio en el coliseo mientras tenía lugar un importante concierto. Ikki y su equipo acudieron a socorrer a los asistentes. No sé exactamente qué ocurrió esa noche, pero tu hermano fue el único superviviente.
Desde aquel incidente dejó de ser el mismo, comenzó a frecuentar antros y compañías desaconsejables. A abusar del alcohol y del juego. Acabó perdiendo su trabajo y las pocas amistades que le quedaban.
Hubo un momento en el que se tragó su orgullo y vino a pedirme ayuda, poco después supe que había conocido a una chica que le había vuelto a llevar por el buen camino, pero su pasado le acechaba de cerca. No le ayudé, ni siquiera le quise escuchar, lo último que había sabido de él me tenía tan decepcionado que le eché de casa. Poco después supe de toda la historia, pero tu hermano ya no quería saber de mí.
Por eso te pido ayuda a ti, Shun, y contándote esta historia espero que no cometas mis mismos errores. Sé que tú nunca le juzgarás injustamente como yo hice, pero, por favor, cuando él se acerque a ti escúchale y no le permitas huir como yo hice. Pídele que me perdone y que me escuche por una última vez, pero, por favor, no le digas que yo te conté lo sucedido, deja que sea él quien confíe en ti.
Te quiere.
Tu padre."
(Flasback)
- Entonces Shun, ¿crees que podrías dejarme ese dinero? Te prometo que te lo devolveré tan pronto como pueda.
- Buff Ikki, lo que me pides es demasiado, no he conseguido ahorrar tanto. – Se sentía apenado, por fin su hermano daba un salto de fe y confiaba en él y no podía ayudarle. – Podría dejarte algo menos que la mitad…
- No sé si será suficiente hermano… - su semblante se ensombreció ligeramente, en el fondo era una intentona frustrada desde el inicio, hubiera sido demasiado fácil… - De todos modos gracias, si finalmente lo necesitara te avisaré. – Se giró dando la espalda a su hermano en dirección a la salida.
- ¡Hermano espera! – gritó Shun en un último intento de retenerle. – ¿Por qué no me cuentas que sucede? Quizás juntos encontremos otra forma de solucionarlo. – Ikki ni siquiera volteó para contestarle.
- Gracias Shun, pero esta es una batalla con la que tengo lidiar yo sólo.
- Ikki…
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Cuando Milo salió del despacho de Saga, Shaina ya estaba sentada en su mesa, ni siquiera levanto la mirada del ordenador a pesar de advertir su presencia. Su desdén con él siempre le crispaba los nervios, debería tratarle con más respeto.
- Buenos días Shaina.
- Buenos días. – Le replicó.
- ¿Acaso no merezco que me mires a los ojos si quiera para darme los buenos días? – La joven, sin ocultar su molestia, levantó la vista hacia él. Aún le odiaba en lo más hondo de su ser.
- ¿Contento?
- Uff… eres insufrible ¿lo sabías? – Shaina se levantó de su silla dispuesta a enfrentarle cara a cara.
- ¿Insufrible? Al menos soy auténtica y no me escondo tras una "falsa" ... – el reproche que escupían sus palabras no pasó desapercibido para el dueño de la empresa Scorpion.
- ¿Una falsa qué Shaina? – El hombre dio un paso al frente para quedar a escasos centímetros de su cara. – Aquí si hay algo falso eres tú.
La joven alzó su mano dispuesta a darle una bofetada con todas sus fuerzas, pero Milo consiguió frenar el golpe sujetando su muñeca. Shaina dejó escapar un grito de dolor.
- ¿Qué ocurre? – Milo vio las marcas de heridas que cubrían sus muñecas y manos de Shaina y toda su soberbia desapareció. - ¿Quién te ha hecho eso? Te juró que le mataré…
- ¿Ahora me vas a decir que te importo? – la joven rió ante su reacción. – No eres quién para inmiscuirte en mi vida.
- Quizás podría… - El hombre de cabello azul cerúleo había bajado la guardia, acariciaba las muñecas de la joven, en el fondo estaba harto de pelear con ella, en el fondo le importaba más de lo que estaba dispuesto a reconocer.
- ¿Quizás qué Milo?- Shaina separó bruscamente sus manos de su agarre. – Hace tiempo que perdiste el derecho de preocuparte por mí. – Su orgullo herido hablaba por ella, pues sus propias palabras le causaron dolor al ver la reacción en él. – Además ya hay quien se preocupa por mí, aunque sea más apasionado que otros. – Sonrió ladina, acariciando sus muñecas, mientras veía como el fuego de los ojos azul verdoso de Milo crecía ¿acaso estaba celoso?
Milo le dirigió una mirada de odio y reempredió su camino hacia la salida.
- ¿Sabes qué? En el fondo tienes razón, me importa un bledo querida.
Cuando las puertas del ascensor se cerraron tras él, Shaina se dejó caer sobre su silla.
- ¡Arrggg! ¡Maldito Milo, te odio!
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- Estaba todo delicioso Seiya. - Saori terminaba de ayudarle a recoger los platos del desayuno.
- Deja eso, eres mi invitada. – Seiya le cogió la vajilla de las manos. Sus manos se rozaron y una ligera ráfaga eléctrica recorrió sus cuerpos.
Seiya se quedó atontado observándola, a pesar de vestir unas viejas ropas de Seiya que le quedaban enormes, tenía una elegancia y belleza natural que hacía perder el sentido a cualquier hombre, y más que a ninguno a Seiya.
Cuando el castaño se dejó caer sobre el sofá, una punzada de dolor le recorrió el cuerpo.
- ¿Está bien? – Saori se aproximó preocupada arrodillándose junto a él. – Qué pregunta más tonta…, no lo estás. Deberías descansar. Será mejor que me vaya y que te deje dormir. – La joven se levantó dispuesta a marcharse.
- No, no te vayas Saori, por favor. – La súplica surgió por sí misma, dominada más por su deseo más profundo que por su propia razón. Se sonrojó.
- Pero… tienes que descansar, además, acordamos que deberíamos estar alejados mientras todo se soluciona. – Ni a ella misma le convencían sus palabras, pero su problema con el sentido del deber a veces condicionaba hasta a sus propios deseos.
- Lo sé pero… por favor, no te vayas. – Seiya se sentía mucho mejor a su lado, la idea de dejarla marchar no iba con él. Tenía muy presente el consejo de Hyoga pero, sin embargo, algo en su interior le decía que la retuviera a su lado, que aquello que sentían no podía hacer daño a nadie. Saori sonrió ante su insistencia.
- De acuerdo, me quedaré, pero para cuidar de ti, ¿trato?
- Me parece una idea fantástica - Seiya se recostó socarrón enlazando sus manos tras su nuca.
Fruto de la persistencia de la joven Seiya accedió a darse una ducha mientras ella terminaba de limpiar los platos y tazas del desayuno. Se observó en el espejo algo empañado por el vaho. Las heridas de las garras de la amazona habían casi desaparecido gracias a las cremas de Shun, pero ahora unos feos moratones comenzaban a dibujarse por su estómago y torso. Buscó las últimas existencias de la crema maravillosa. Olía fuerte y la sensación sobre su piel era al principio abrasadora para pasar después a sentirse como el hielo, pero al poco de echársela notaba una agradable sensación de alivio, hasta respiraba mejor.
Cuando regresó al salón encontró a Saori jugando con su guitarra.
- No sabía que tocaras. – "en realidad no sé muchas cosas de ti" no pudo evitar pensar.
- Sí, bueno, Marin me enseñó cuando viví con ella y Aioria en Grecia.
Saori le hizo un gesto para que se tumbara en el sofá, que el obedeció sin rechistar, mientras ella volvía a colocar la guitarra en su sitio.
- ¿Conociste a Marin cuando buscabas a tu hermana? – Dudó un poco sobre si había sido una buena idea mencionar a su hermana. Se relajó al ver que a Seiya no pareció importarle.
- La conocí cuando estaba en un punto muerto de mi búsqueda. Ella y Aioria me acogieron como a un hijo o hermano pequeño. Son como una familia para mí, pasé unos años muy felices junto a ellos.
Saori, que seguía observando la habitación, se paró frente a una estantería con libros. La carta que Mitsumasa les había dejado a cada uno de ellos sobresalía entre dos libros.
- ¿No la has leído? – Seiya dejó escapar un suspiro ante su pregunta.
- No, ni lo voy a hacer. Tuvo todas las oportunidades del mundo para decirme lo que quisiera decirme en vida. Ya es tarde para mí. – La joven prefirió no insistir con el tema al ver el efecto causado en él.
- Ven a mi lado. – Le pidió el castaño con una pícara insinuación en su mirada.
- Creo que me sentaré al otro lado del sofá, recuerda que me quedo para cuidarte. – Le sonrió traviesa, a lo que él dejó escapar un bufido disconforme. Saori se tumbó frente a él, entrelazando sus piernas, incluso aquel inocente roce les turbaba. – Seiya ¿me hablarías de Seika?
- Uff… apenas consigo recordar cómo era ya. Recuerdo su olor, olía a hogar. Sus ojos brillantes y castaños como los míos. Y que siempre me sonreía y cuidaba de mí.
- Podríamos usar los recursos de la fundación para buscarla. Déjame que te ayude. – El ruego en la mirada de la joven le conmovió.
- Cuando solucionemos todo esto, te prometo que aceptaré tu propuesta y la buscaremos juntos. – Ella le sonrió feliz ante la confianza que le demostraba.
- Pero ahora… sinceramente, creo que estás demasiado lejos. – El joven tiró de su pierna acercándola a él.
- ¡Seiya!
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Shunrei encontró a Shiryu sentado en su cama sujetando una carta en sus manos. Durante todo el día había estado muy callado, más de lo normal en él. Se acercó por detrás y le abrazó.
- ¿Qué ocurre cariño? Tengo celos de tus pensamientos, te han mantenido lejos de mí durante todo el día.
- Lo siento Shunrei. – Acarició su mano que colgaba alrededor de su cuello. – No pretendía preocuparte.
-No lo has hecho, te conozco bien. Pero si algo te preocupa, sabes que puedes hablarlo conmigo. – Le besó la mejilla.
- Lo sé. – Sonrió. Ciertamente Shunrei era su "persona", confiaba en ella más que en nadie, era su fuerza, su razón para seguir adelante cuando se sentía sin energía. – Shun me insinuó anoche que a lo mejor Mitsumasa podría haberme contado en su carta quién era mi madre.
- Uhm… me temí algo así cuando ese mal educado de Shura te preguntó por ella. – Una vez más la perspicacia de su mujer le sorprendía. – Entonces ¿qué tal si la abres y salimos de dudas? Si prefieres, puedo dejarte sólo.
- No, sea lo que sea que ponga en esta carta, quiero que estés a mi lado. – Shunrei se sentó ajunto a él en la cama en muestra de su apoyo.
Shiryu abrió lentamente la carta, aquel papel timbrado podía resolver la duda que durante tantos años le había atormentado.
(Continuó)
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Hasta aquí el capítulo de hoy especialmente dedicado a MCR77, espero animarte el día después de un duro día de trabajo.
A mis fieles lectoras, reviewers o no, os animo a pasar por mi perfil donde está mi enlace a facebook, sería bonito conectar.
Namasté!
