CAP.- 15 AMOR EST VITAE ESSENTIA
("El amor es la esencia de la vida"- Plauto).
Cuando se separaron sus cuerpos sudorosos y exhaustos respiraban con virulencia. Saori no podía creer lo que acababa de vivir, de sentir, estaba sin aliento. Aquel temblor placentero aun recorría su cuerpo, nunca antes había sentido algo así con un hombre. Tampoco es que fuera muy versada en la materia, pero aquello había sido… ni siquiera encontraba las palabras para describirlo en su cabeza. Miró de reojo a su apasionado amante que mantenía una sonrisa de satisfacción y sus ojos cerrados. ¿Qué estaría pasando por su cabeza?
Como si hubiera oído sus pensamientos se giró para besarla y atraparla nuevamente entre sus brazos.
- ¿Qué tal estás? ¿Disfrutaste?
- Si ¿por? ¿tú no? – Su pregunta la inquietó.
El joven se rió.
- ¿Qué pregunta es esa? Claro que he disfrutado, ha sido increíble princesa. – Le retiró un mechón de su rostro. - Y creo que ha resultado bastante obvio..
- Es que… nunca me habían preguntado algo así. Además ¿tú preguntaste primero?– Se sonrojó.
- Estás preciosa así de despeinada y… sudorosa. - Seiya rió, a diferencia de ella, mantenía su estado relajado y contemplativo.
- Qué bobo eres… - Saori se tapó la cara con la sábana.
- ¡No te escondas! – Seiya se metió bajo la sábana para buscarla, volviendo al ataque, Saori no podía dar crédito de su capacidad de recuperación, ella apenas tenía fuerzas.
El móvil de la joven sonó rompiendo la magia.
- No lo cojas… -le rogó intentando detenerla mientras se escabullía de entre sus brazos.
- Déjame coger aire mi insaciable… - escapó de su intento por atraparla no sin antes sorprenderle con un travieso y fugaz beso. Sacó su móvil del bolso a los pies de la cama.
- Es Shunrei… - Seiya la miró extrañado. Descolgó. - ¿Shunrei? – una pausa – Si claro, te lo paso. – "Es para ti" ambos cruzaron sus miradas algo perplejos.
- Hola Shunrei – Seiya cogió el teléfono. Asentía. Se levantó y se puso su ropa interior.
Saori aprovechó para observar su cuerpo desnudo. Era un hombre musculoso, pero no de forma exagerada, más bien atlético. Sus fornidos brazos, los abdominales perfectamente marcados, incluso cumplía con una de las debilidades secretas de la joven en lo que respecta al cuerpo masculino, sus abdominales inferiores formaban dos líneas que parecían indicar el camino hacia la perdición, le resultaba increíblemente sexy. Él notó que lo observaba y le guiñó un ojo provocador, nuevamente esa sensación de calor la invadía ¿cómo podía tener ese efecto en ella?
El semblante de Seiya cambió hacia una seriedad impropia en él.
- Por supuesto, no es molestia, ahora vamos para allí. – Colgó y se tiró en la cama junto a Saori.
- Te dije que no descolgaras… - un aniñado arrepentimiento se dibujó en el rostro de la joven. – Espero que tu vestido esté seco.
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Estaba especialmente callado y arisco, más de lo normal, o al menos más de lo que normalmente era delante de ella. Le ocultaba algo, había aprendido a interpretar sus señales ya que el don de la palabra no era su principal virtud.
- ¿Qué ocurre Ikki? Algo te preocupa…
- No es nada de lo que no pueda ocuparme preciosa.
Esmeralda se sentó sobre sus piernas rodeando su cuello con sus brazos. Ikki se había presentado en su casa esa mañana de imprevisto.
- Ya sé que eres el hombre más fuerte del mundo. – Le sonrió. – Pero aun así quiero saber. Me prometiste que ya no me apartarías, que seríamos un equipo ¿recuerdas?
Ikki resopló, no quería preocuparla pero, por otro lado, sabía que no cejaría en su insistencia. Además, el haberla ocultado la verdad en el pasado tan sólo había conseguido alejarla de él.
- Tienes razón. –La abrazó. – Verás mi familia ha sido engañada. Es más que probable que pierda todo su patrimonio y, lo que es peor, el nombre de los Kido también se verá manchado. Mientras Mitsumasa estaba enfermo confió en un abogado, hasta ahora afín a la familia, para llevar los asuntos de la empresa. Éste cerró un acuerdo con una familia, los Solo. – Esmeralda frunció levemente el ceño, le sonaba ese nombre, pero no le interrumpió, ya era bastante raro que Ikki se sincerara, pensó que sería mejor dejarle hablar. – Si cumplimos el contrato, mi familia sería la responsable de crear algo así como un arma que, en malas manos, pondría en jaque mate a todos los gobiernos y con ello a todas las personas, animales y plantas que habitan este planeta. Si no cumplimos, deberemos pagar, lo que supone perder no sólo la empresa, sino también, todas nuestras propiedades, incluido el orfanato y la fundación.
- ¡Dios mío, los niños!
- Eso es. Ahora mismo estamos entre la espada y la pared. Sólo con la ayuda del Consejo podremos frenarlo, pero tenemos pocos días y no son hombres con los que sea fácil tratar. Si mi familia cae, mis oportunidades de cumplir la deuda que tengo con tu padre caerán con ella. – Su semblante se ensombreció.
- Ikki... – la joven sujetó su rostro entre sus manos buscando que sus miradas se encontraran. – Lo solucionaremos juntos, encontraremos otra salida. Si es necesario hablaré con mi padre.
- ¡Eso nunca Esmeralda! Él es peligroso. Prométeme que no intercederás ante él. – La joven guardó silencio y se limitó a abrazarle contra su pecho. No quería preocuparle, pero su decisión estaba ya tomada.
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Azules oscuros, casi negros, les recibieron envueltos en una plegaria, en un piadoso cántico que clamaba por esa comprensión que sólo la misma sangre es capaz de conceder. Era fácil entender porque Shiryu lo había dejado todo por esa mujer.
- Hola chicos, ¡qué bien que llegaran tan rápido! Seiya, Shiryu está en el salón, creo que será mejor que Saori y yo os dejemos solos.
Una pequeña batalla había tenido lugar en aquel salón, la mesa central se encontraba bocabajo junto a la ventana, cristales rotos se esparcían por el suelo rodeando a su abatido hermano que, arrodillado, sujetaba con fuerza un papel en sus manos. Viendo aquello comprendió la angustia de Shunrei en su llamada.
- Shiryu… - Apartó unos cuantos cristales y se sentó frente a su hermano.
- Ella está viva Seiya. – No era capaz de levantar la vista del suelo, extendió su mano y con ella aquella carta con todo el dolor de su hermano atrapado en ella.
"Querido Shiryu:
Cuántas veces he querido sentarme a tu lado y hablar de lo que por temor he demorado hasta este momento. Incontables veces en tu mirada perdida vi la sombra de esa duda que nunca quisiste preguntar. Amilanado por el miedo a perderte y la propia renuncia a un pasado confuso me escudé en la ausencia de preguntas en lugar de ofrecerte libremente las respuestas. Pero sería injusto contigo si me llevara esa verdad conmigo a mi tumba, sólo espero me persones algún día por la forma escogida.
Tu madre está viva Shiryu o, al menos, la última vez que supe de ella lo estaba.
Tú madre fue una mujer muy importante en mi vida a la que he amado y amaré siempre.
Conocí a tu madre cuando trabajé para el ejército de los estados unidos en una misión secreta de espionaje durante los últimos años de la guerra de Vietnam. El caza que pilotaba fue alcanzado y yo fui hecho prisionero de guerra por el Vietcong. Tu madre y yo compartimos celda en una cárcel clandestina, hasta que una noche ella nos sacó de allí. Pasamos casi un mes cruzando la selva, si no hubiera sido por ella, nunca lo hubiera conseguido y seguramente estaría muerto. En ese tiempo compartimos no sólo las penurias, nos enamoramos.
Cuando llegamos a la seguridad del territorio Camboyano ella desapareció la noche antes de que llegáramos a la embajada. Poco después descubrí que ella no era una mujer cualquiera, pertenecía a la organización conocida como la Triada, por eso desapareció, o al menos quiero creer que tuvo que hacerlo. Ella no existía, era un fantasma y debería mantenerse como tal o su propio clan acabaría con ella.
Un año después apareciste en mi casa con una nota, 'cuida de nuestro pequeño, mi vida está condenada, sálvalo a él'. Cuando la conocí respondía al nombre de Trung Nhi.
Todo lo que conocí de ella es digno de admiración Shiryu; su fortaleza, su inteligencia y su determinación eran asombrosas, tanto como su belleza. te pareces mucho a ella, y sé que ella estaría orgullosa de ti.
Sólo te pido que me ayudes a mantener la promesa que me hice a mi mismo el día que apareciste, mantente a salvo hijo mío.
Te quiere…."
Seiya guardó un prudente silencio tras leer la misiva. Al igual que Shiryu sabía que ese nombre no aclaraba nada, era un nombre falso, de hecho ambos conocían la historia de las hermanas Trung.
- Decidas lo que decidas hacer, sabes que tendrás mi apoyo.
- Lo sé Seiya, sólo que… ella me abandonó.
- No Shiryu, ella te protegió, conozco la Triada, ese mundo nunca le hubiera permitido criar a un hijo, seguramente la hubieran obligado a matarte con sus propias manos. Hizo lo mejor para ti.
- Siento pedirte esto Seiya, pero necesito que hables con Marin. - Seiya se limitó a asentir.
Temía que la inquietud de su hermano cediera frente a su sensatez y buen juicio, aún así le entendía a la perfección, esa desesperanza por encontrar a quien forma parte de ti, de tu historia, él lo sentía así con Seika.
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Las dos mujeres se sentaron frente a frente con sus tazas de humeante té recién servidas. Shunrei se encontraba aparentemente tranquila, aunque varias tilas previas habían ayudado a apaciguar su ánimo.
- Te prometo que yo no sabía nada Shunrei. – Por extraño que pareciera Saori siempre se sentía responsable de los actos de su abuelo. La morena la miró con dulzura.
- Lo sé Saori y estoy segura que Shiryu también.
- Si puedo hacer algo por ayudar…
- Lo que ocurra a partir de ahora es una decisión que debe tomar Shiryu, a nosotros sólo nos quedará apoyarle sea cual sea su postura. – Dio un sorbo a su té, aquella carta había supuesto un duro golpe para su marido, sin embargo, ella lo veía como un mal necesario, en el fondo sabía que para él esa duda sobre su madre siempre había sido una pesada losa sobre sus hombros. – Pero, ¿sabes qué? Mejor cambiemos de tema, ha sido todo demasiado intenso, necesito reposar todo lo ocurrido. Dentro de poco me tendré que enfrentar a lo que ha pasado en mi salón hace un rato…
Saori siempre se sorprendía ante la entereza y buen juicio con el que Shunrei se enfrentaba a cualquier dilema vital. Ambas mujeres compartieron un silencio cómodo mientras sus correspondientes desvelos iban y venían por su mente.
- Saori – la joven madre china se atrevió a retomar la conversación - ¿tú me consideras tu amiga? – La pregunta tomó por sorpresa a la heredera Kido.
- Por… por supuesto que sí Shunrei. De hecho, nunca he sentido que tuviera una amiga de verdad hasta que te conocí. – Se ruborizó. Saori siempre había sido una joven muy introvertida, no compartía fácilmente sus intimidades, sin embargo, desde que conoció a Shunrei y comenzaron a tener relación la había considerado de su confianza y agrado.
- Entonces… no te molestará que te haga una pregunta… - una temerosa curiosidad se dejó entrever en la expresión de Saori, no era propio de Shunrei tanta intriga.- ¿Qué hay entre tú y Seiya?
La morena tuvo que aguantar la risa al ver que a su amiga casi se le salieron los ojos de las órbitas ante su pregunta. Saori era el colmo de la timidez y discreción, pero algo la decía que lo que estaba viviendo necesitaba de una amiga, de una confidente y, ¿por qué negarlo?, Shurei se moría por saber.
- Yo… la verdad… no sé… - titubeaba como una niña a la que acabaran de sorprender cometiendo una travesura - ¿tan evidente es?
- JajaJaajjaaj – Shunrei rió con ganas, al menos su día no iba a ser tan dramático gracias a las aventuras y desventuras de Saori. – Bastante. – Recondujo su actitud al ver el sonrojo y vergüenza del que hacía gala su interlocutora. La conversación se ponía interesante. – Entonces… ¿ha pasado algo? ¿él te ha dicho algo? ¿O todavía ninguno se ha atrevido a dar el paso?
- ¡Ay, Shunrei! – la joven se cubrió el rostro con sus manos. Shunrei no entendió bien el gesto, ¿era bueno? o, por el contrario, ¿malo?, lo único aparentemente claro era que había tocado la tecla debida. Cuando retiró las manos de su cara sus mejillas brillaban como rubís. – No es que hayamos dado o no un paso ¡es que los hemos dado todos!
- ¡QUÉ?- la china no pudo evitar dejar escapar un grito del que se alertó incluso ella misma. En el fondo le hacía ilusión compartir los anhelos propios de los comienzos de una historia, ella ya esa etapa la había dejado muy atrás, pero aquello parecía haber alcanzado un tono fuera de horario infantil. – Espera un momento.
Shunrei se levantó a cerrar la puerta antes de proseguir. Aquella conversación se tornaba más interesante de lo que apuntaba en un principio y era mejor guardar la mayor intimidad posible.
- Vamos a ver si te he entendido bien. –Quiso ser comedida. - ¿Os habéis besado? – Saori respondió sin palabras, ladeó su cabeza y retiró su mirada en un gesto que parecía indicar algo más, algo obvio. – Ay madre…. ¿y cómo ha sido?
- No lo sé, surgió. Cuando llamaste esta mañana estábamos en su casa, me quedé a cuidarle y esta mañana …
- Espera, espera, espera… ¿así de repente? ¿En qué momento se dieron cuenta? ¿EN SU CASA! Me faltan capítulos Saori… - Shunrei se reclinó hacia atrás en su silla intentando digerir la información.
- Tienes razón disculpa. Te contaré todo. – Saori miraba atenta la taza que sostenía su bebida mientras relataba a Shunrei lo sucedido. Como, a raíz de estar juntos en la empresa y buscar una salida al problema que tenían, se habían acercado un poco más, como habían aprendido a dejar atrás viejas redencillas y a conocerse más como los adultos que eran ahora. Como había descubierto a un Seiya sensible, divertido, inteligente, comprensivo y que cuidaba de todos y, sobre todo, ahora cuidaba a ella. Como había conseguido que ella bajara su muralla defensiva y se mostrara más natural, hasta el punto que con él se sentía ella misma por primera vez. Como el día que se colaron en el archivo y descubrieron toda la jugada de Saga ella sufrió un colapso nervioso y fue él el que la sacó de allí, la protegió y se ocupó de ella y, lo más importante, como esa noche se besaron por primera vez. Mientras hablaba la emoción y el brillo propio de quien se siente enamorado rebosaba en su mirada.
Shunrei guardó un leve silencio cuando la joven frente a ella calló.
- Está claro que la expresión "del amor al odio hay un paso" cobra especial sentido en vuestro caso.
- Seiya y yo no siempre nos odiamos, simplemente éramos dos niños con mucho carácter. – Se explicó Saori. – Es cierto que cuando era una niña, era bastante… mimada y caprichosa; y él era un niño que no claudicaba ante mis – rió levemente – tonterías. Pero no nos odiábamos, por lo menos yo no lo hacía, reconozco que muchas veces sólo buscaba llamar su atención. Luego con el asunto de su hermana y el abuelo, todo se complicó. Afortunadamente hemos hablado de ello y cerrado esa puerta para siempre.
-Hubiera sido gracioso conoceros de niños.
- Créeme, no te hubiera caído nada bien. – Ambas rieron.
- Bueno…y de ese beso cómo llegaron a… ya me entiendes. – Shunrei veía que la conversación se iba por otros derroteros.
- Después de ese beso todo cambió, él empezó a tratarme con más ternura y cercanía. Ha sido como tener 15 años otra vez, aunque creo que él lo ha gestionado con bastante más madurez que yo. – Saori recordaba todas sus dudas e inseguridades de los últimos días. - Incluso tuvimos una cita antes de volver a la ciudad el fin de semana que estuvimos en la cabaña del lago. Fue como una promesa sobre la posibilidad de estar juntos después de que todo esto se solucionara, mientras tanto decidimos no arriesgarnos a dar motivos que pudieran complicar la situación. Al fin y al cabo, somos familia. – Dejór escapar un suspiro de resignación.
- Tiene cierto sentido, aunque es injusto… - Shunrei sentía lástima por ellos dos. Al final la presión, la opinión ajena les estaba impidiendo ser libres.
- Sin embargo, anoche tuve que ir a buscarle tras la pelea con el discípulo de Aldebarán. Estaba borracho y magullado, le llevé a casa y me quedé a dormir, por supuesto, en el sofá – precisó. – Pero esta mañana me pidió que me quedara y, sinceramente, a mí tampoco me apetecía irme.
- Y entonces… ¡se te tiró al cuello!
- ¡Shunrei!- la sinceridad y espontaneidad de la china la divertía, mientras hablaba era consciente de lo que necesitaba a una amiga en ese momento tan importante en su vida. ¿Era eso lo que se sentía al tener una amiga? La propia duda la entristeció un poco, había estado demasiado sola toda su vida. – Lo cierto es que ha surgido todo de forma natural, un beso llevó a otro y… no sé, creo que ambos lo queríamos. Simplemente sucedió.
- Jajaja – rió la china – Claro que ambos lo queríais, tendríais que tener una tensión sexual no resuelta bastante seria amiga. – Saori, aunque rió como nunca gracias a la complicidad que se había creado entre ambas, no podía sentirse más avergonzada con las palabras de su amiga; cargadas del más absoluto acierto, por otro lado, pero demasiado directas. – Y… ¿cómo ha sido? – una sonrisa ladina se dibujo en los labios de Shunrei tras su última pregunta.
- Ha sido… ¡ha sido increíble! – Saori dejó caer sus manos sobre la mesa con fuerza, dando así mayor intensidad a sus palabras. – Shunrei, no es que sea una experta en hombres, pero te prometo que no ha sido normal. No me mal interpretes, él es dulce, amoroso, un amante tierno… pero al mismo tiempo pasional, ardiente, impulsivo, generoso – arqueó la ceja dejándose llevar por un recuerdo de su encuentro. - Ha sido como si nuestros cuerpos se reconocieran a pesar de ser la primera vez que se encontraban y, a parte, la fuerza que tiene… Shunrei – susurró – hacía conmigo lo que quería, como si fuera una pluma en sus manos. No creía que pudieran existir tantas posturas… ¿me entiendes?
- Perfectamente. – La sonrisa de la morena se lo dio a entender todo, que Shiryu estuviera tan obsesionado con sus entrenamientos y con estar en buena forma física tenía un lado positivo que no podía negar. - ¿y ahora qué?
- Ahora no lo sé la verdad, me asaltan dudas de colegiala cuando lo pienso. Justo llamasteis y no hemos hablado del tema.
- ¿En serio? ¡No me digas que llamé justo en el momento más inadecuado!
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Un hombre, elegantemente vestido y que portaba una gorra de chófer, observaba el cuadro con el imponente retrato del Sr. Kido que coronaba el centro de la estancia.
- Disculpe, ¿puedo ayudarle en algo? Si busca a Tatsumi creo que ha salido un momento.
- ¿Señor Hyoga?
- Si… soy yo. ¿Quién pregunta?
- Soy asistente del Señor Camus, presidente de Aquarius, he venido a buscarle. Mi amo me pidió que le llevara al aeropuerto a recoger a la Señora de Polaris y su hermana. - Hyoga no entendía nada, él pensaba ir a recogerlas en un taxi. – La limusina está aparcada en la entrada, mi Señor se encontrará con usted en el aeropuerto.
Hyoga aceptó la oferta, considerando la oportunidad que aquella situación le daba para acercar posturas con el miembro del Consejo.
Los recuerdos que aún conservaba de su madre eran escasos pero nítidos, como si hubieran sido gravados en piedra y conservados para el recuerdo en los anales de la historia, su historia; cada gesto, cada palabra y cada muestra de cariño de su madre formaban parte de él. Cuando se encontraron frente a frente, inevitablemente, algo en ese hombre le recordó a ella. Quizás su porte, su distinción propia de las familias de cuna, como la de su madre. Porque, aunque ella nunca se lo dijo, él lo descubrió con el tiempo, el respeto y admiración con los que la que la gente la trataba, como se movía e se relacionaba desprendiendo una clase y charme genuinos, impropios del pueblo llano, no eran más que la muestra de su alta alcurnia, de su pertenencia a la nobleza. Nobleza que, si bien, otrora dotó de privilegios y comodidades a su familia, cuando Hyoga nació sólo era una reminiscencia de un pasado glorioso y efímero, tan sólo vivo o latente en el carácter y educación de su madre.
Aquel hombre de espaldas a él, continuamente venerado y agasajado por el personal del aeropuerto que atendía sus demandadas afanoso y complacido, también desprendía aquella aura aristocrática e ilustre. Cuando sus miradas se cruzaron el rubio se irguió por instinto, algo en su interior le conminaba a no retroceder, a no mostrarse servil, lo que llamó la atención de Camus.
- Joven Kido, es un placer conocerle al fin, he oído hablar mucho de usted y sus hermanos últimamente. – Le tendió su mano con firmeza.
- El placer es mío.- Estrechó su mano sin titubear.
- Si te parece bien, he pedido nos acomoden un espacio en la zona vip mientras esperamos a nuestras invitadas. – Hyoga sabía que aquello más que una invitación era una orden, aún así accedió a acompañarle con gusto.
Camus esperó a que el personal del aeropuerto terminara de serviles el té y tentempiés que había solicitado antes de comenzar su improvisado interrogatorio.
- Entonces Hyoga, ¿puedo tutearte, no? - nuevamente ese tono imperativo. - He oído que te formaste en Rusia, en relaciones internacionales y políticas. - Hyoga asintió. - ¿Cómo puede ser que un chico Kido acabara en un universidad rusa, sin especial renombre y tan lejos de su casa?
- Creo que tiene una idea de los "chicos Kido" equivocada. - El chico que hasta el momento se había mostrado complaciente con su "anfitrión", cambio radicalmente de táctica, era el momento de librar una batalla dialéctica al mismo nivel. Tras observarle detenidamente Hyoga fue consciente que aquella sería la única manera de conseguir su atención, respeto y, quién sabe si así, su voto. - Mitsumasa siempre abogó por hacernos responsables de nuestros éxitos, a salvo de Saori, cada uno tuvo que labrarse su propio destino sin que la fortuna familiar le abriera puertas.
- Me parece una postura inteligente por parte de Mitsumasa, aún así, no contestaste a mi pregunta. - Camus no era más que un rostro impávido, abúlico; aquel hombre le producía una inquietud escalofriante.
- Fue por un asunto familiar, mi familia materna era rusa, quería pasar tiempo allí e investigar mis orígenes.
- Entiendo...
- Me resulta curiosa su pregunta, usted se arriesgó igualmente con Rusia para comenzar a expandir su negocio cuando se consideraba tierra yerma de oportunidades. - Por fin una muestra de emoción en el semblante del hombre de mirada añil oscuro, para su sorpresa Hyoga había hecho sus deberes. Camus esbozó una ligera sonrisa: "touché".
- Digamos que mi interés inicial por Rusia no tuvo su razón de ser en los negocios. - El experimaentado empresario salió airoso de su encerrona. - Discúlpame que insista, pero me ha sorprendido que hablaras de tu familia en pasado. - Camus se recostó ligeramente sobre su asiento relajando su porte, aquel muchacho le había sorprendido gratamente, su interés en él se acrecentaba por momentos. - A aparte, tus formas, no son las propias de un joven de tu edad, sin embargo dices que Mitsumasa no invirtió en vuestra educación de la forma que cabe esperar de un hombre de su posición económica.
- En realidad, no conocí a mi padre hasta los 6 años, hasta entonces me crié con mi madre. Ella era una mujer distinguida que se preocupó mucho en enseñarme cómo comportarme con respeto hacia el prójimo. Su fe siempre guiaba sus actos, ella consideraba que debías demostrarte y tratar a los demás con la mejor consideración posible, para ella las formas de uno no eran más que la carta de presentación de sus intenciones.
- Respeta a los demás como a ti mismo, con independencia de dónde vengan o a dónde vayan. - Camus analizaba al detalle cada palabra y gesto del joven, algo en él le resultaba familiar. Recuerdos dolorosos que se había esforzado en olvidar regresaron a su memoria, aquel joven le recordaba tanto a ella. - Tu madre debió ser una mujer excepcional por la admiración con la que hablas de ella. ¿Qué le ocurrió? - Hyoga no tenía muy claro qué le estaba llevando a compartir sus intimidades con aquel hombre, sin embargo, no hizo por evitarlo, algo en él le resultaba familiar.
- Ella murió para salvarme la vida. Viajábamos a Japón cuando nuestro barco encalló. No había sitio suficiente en los botes salvavidas, así que ella me entregó a otra mujer que viajaba con un bebé.
"Aquella historia... acaso ese joven era..."
- Hyoga ¿cómo se llamaba tú madre? - Camus no daba crédito a lo que le estaba relatando el joven Kido, su alteración era evidente.
- Natassia, Natassia Bon-Ice ¿por qué lo pregunta?
- Señores - el asistente interrumpió justo en el momento justo, lo que le permitió a Camus relajar la rabia y el odio que por un momento le había invadido al escuchar aquel nombre. - La Señora Hilda y la Señorita Fleur ya se encuentran desembarcando. Si gustan puedo acompañarles a recogerlas.
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- Perfecto Hyoga, cómo ellas prefieran, por mi no hay problema en que se alojen con Camus si ellas están conformes y así lo desean. Diles, por favor, que mañana mismo, una vez hayan descansado iré a visitarlas. La recepción será por la noche pero me encantaría comer con mi vieja amiga. - Saori colgó el teléfono y regresó al sofá dónde Seiya la esperaba ojeando un viejo álbum de fotos de cuando Saori era niña. - ¿Qué haces con eso? - Rió.
- Recordando viejos tiempos. - Seiya la hizo un gesto para que se sentara junto a él, pasó su brazo al rededor de sus hombros invitándola a que se recostara en su pecho. - No tienes fotos con nosotros.
- El abuelo era muy receloso con ellas, su gran tesoro, sólo pude robarle una que tengo en la oficina. - Seiya recordaba esa foto, le llamó la atención los primeros días que compartieron despacho. Pasó de página, descubriendo varias fotos de Saori montando un caballo blanco.
- Recuerdo a esa yegua. - Saori se irguió desconcertada ante su comentario. Seiya nunca la había visto montar a caballo.
- Eso es imposible. - Le espetó. - La yegua me la regaló el abuelo cuando tenía 13 años, por aquel entonces vosotros no vivíais en la Mansión, estabais internos en el instituto. - Prácticamente desde que tenían 7 años los chicos y Saori se habían criado separados, por lo que era imposible que Seiya conociera a su yegua.
- Uhmm así que no recuerdas nada de ese día. - Saori no entendía nada de su insinuación. El castaño la sonrió retirando un mechón de cabello de su rostro con un tierno ademán, cerró el álbum y, dispuesto a saciar su curiosidad, comenzó su relato. - Tendríamos, precisamente, unos 13 años cuando ocurrió. Había tenido algún que otro problema en el instituto con unos muchachos que no dejaban de molestar a Shun, me castigaron y Mitsumasa se enteró, así que me hizo ir a la Mansión para encargarse personalmente de mi oportuna reprimenda. Recuerdo que decidí cruzar el bosque trasero a la casa ya que hacía un día estupendo y me encontré con tu yegua pastando a los pies de un roble. Me acerqué con cuidado, estaba algo nerviosa, vi que tenía una de sus aptas traseras herida, incluso sangraba un poco. La acaricié con cuidado hasta lograr que se calmara. Vi que la silla de montar tenía el escudo Kido y deduje que pertenecía a la familia, así que intenté guiarla hacia la mansión, pero se revolvió, no quería irse. Era un animal muy listo, prácticamente me empujó para que me asomara al pequeño desnivel que había tras el roble. Ahí estabas tú, desmayada y cubierta de espinas. Habías caído dentro del zarzal.- Saori llevó las manos a la boca ante la sorpresa de su revelación. - Te saqué de ahí, llenándome también de espinas por cierto, y te cargué hasta casa, una vez te tuve en brazos la yegua dejó de mostrar oposición para regresar. Te lo dije, chica lista.
- No me puede creer, recuerdo ese día, el abuelo estuvo a punto de prohibirme volver a montar. Tatsumi me dijo que uno de los... - hizo una pequeña pausa consciente de las implicaciones que podrían tener sus palabras - que uno de los criados me encontró. ¡Oh Seiya! Debiste pensar que era un estúpida que nunca te agradecí lo que hiciste por mi.
- Tranquila, no lo hice buscando tu gratitud, lo hice porque quise. De todos modos, ahora que te conozco, se que de haberlo sabido lo hubieras hecho. - Le sonrió cómplice. - Quizás ya es hora de que me vaya ¿no?.
Habían pasado prácticamente toda la tarde en casa de Shiryu, tras lo cual Seiya insistió en acercarla a su casa. Sabía que, en el momento en el que se separaran, pasaría tiempo hasta que volvieran a estar así.
La joven era consciente de que él tenía razón, ya era tarde y al día siguiente la importante recepción de sus invitadas rusas les esperaba, sin embargo, sus piernas no respondían, ninguna parte de su cuerpo lo hacía. No quería dejarle marchar, todavía no, quizás si insistía un poco podía demorar algo más su adiós. Antes de que Saori pudiera inventar una excusa, Seiya se levantó dirigiéndose a la puerta.
- Mañana nos vemos entonces. - Seiya rascaba su nuca nervioso ya desde el otro lado de la puerta.
- Si... - Saori apoyada sobre el marco de la puerta era incapaz de mirarle a los ojos.
- Vamos princesa... no estés triste - alzó su mentón y la dio un beso en los labios. - Esto acabará pronto te lo prometo. - Se giró alejándose paso a paso de ella.
- Seiya, por favor, no te vayas. - Saori replicó el ruego que esa misma mañana el joven que ahora se alejaba le había dirigido a ella.
Seiya frenó en seco, una vergante y libidinosa sonrisa se dibuja en su cara cuando se giró. Antes de que Saori pudiera darse cuenta la había abrazado, alzándola, provocando que la joven, que le sonreía consciente de sus intenciones, atrapara su cintura entre sus piernas.
- Has tardado, casi me creo que tendría que irme de verdad... - bromeó justo antes de comenzar a besarla con tal pasión que la notó estremecerse entre sus brazos.
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Aquellas luces tintineantes poco a poco perfilaban la silueta de una ciudad que comenzaba a ser engullida por la noche ante sus ojos. La noche, aquella oscuridad profética que le mostraba el fin de un día más sin lograr absolutamente nada. Balanceaba hipnótica su copa entre los dedos, las dos rocas apenas deshechas bañaban los restos del Macallan de 12 años.
- Malditos Kido...- farfulló en alto. - Maldito Seiya... ¡cómo me engañaste con tus aires de mosquita muerta!
Todo era tan injusto en su mente, al igual que aquella ciudad cedía ante el manto crepuscular sus planes se desmoronaban como un castillo de naipes sin que pudiera evitarlo, era luchar contra lo imposible, como aquellas luces luchaban por mantener la ciudad iluminada.
Él no merecía aquello, durante mucho tiempo sirvió fielmente al viejo Kido, consiguió que su empresa creciera exponencialmente en momentos en los que el mercado se postulaba en su contra. Fue su más fiel asesor. En el fondo tan sólo tomaba lo que era suyo por derecho, él había conseguido llevar a Kido Enterprises a la gloria, él tenía derecho a utilizarla en su beneficio.
Dejó escapar un suspiro. Ni siquiera él se creía su propio discurso, su interior era una lucha constante, en esencia una dicotomía entre aquello que debía hacer y aquello que había amado como propio y que debía destruir para lograr su objetivo.
Si no hubiera sido un auténtico capullo en su momento, si le hubiera ayudado y le hubiera escuchado dejando su orgullo a un lado... eran tantos los "y sis" que hubieran evitado todo aquello, que dejó de contarlos tiempo atrás.
Un suave repiqueteo en la puerta le sacó de su divagación autocompasiva.
- Saga ¿necesitas algo mas o puedo irme?
Quiso decirla que necesitaba su perdón, que le dolía haberla fallado y obligarla a retomar aquellos viejos hábitos que quería olvidar, aquellos de los que huía cuando se presentó ante él implorando por su ayuda. Su querida Shaina había resultado al final su más fiel... amiga y ¿cómo se lo había pagado? Era un miserable...
- No Shaina tranquila, puedes marcharte y descansar. - Shaina hizo un pequeño amago de decirle algo, pero finalmente lo desechó, cerró la puerta dejando al prometedor abogado, el primero de su promoción, torturándose por sus propios fantasmas.
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Hola a todos/as! Gracias por vuestra paciencia, sé que me retrasé en actualizar... Ya le queda poco a la historia y muchos detalles van tomando forma y descubriéndose.
El próximo capítulo es la cena y baile de recepción de las invitadas del norte... como todo evento traerá muchas sorpresas, entre ellas, aquí va spoiler, a uno de mis dorados favoritos Aioros!
Por otro lado, al margen de esto, tengo varios proyectos en mente y en uno de ellos me gustaría hacer un compendio de one-shots, por lo que si tuvieran alguna petición, alguna pareja sobre la que les gustaría leer algo, sus propuestas serán gratamente aceptadas.
Nuevamente gracias por seguirme y estar ahí siempre. Un abrazo enorme!
(*)Trung Nhi y Trung Trac nacieron durante el periodo de mil años en el que Vietnam permaneció bajo el dominio del Imperio Chino, atestiguando desde su infancia los abusos y la mano de hierro bajo la que sufrieron sus compatriotas. Tras sufrir una tragedia personal, las mujeres se armaron y lograron derrotar a una unidad china local. Este hecho inspiró a los vietnamitas a seguir su liderazgo y, entonces, las hermanas Trung lograron hacerse con un ejército de aproximadamente 80 mil individuos, delegando las posiciones más altas del comando a las mujeres de su confianza. Las fuerzas civiles no solamente lograron expulsar a los chinos en el año 40, sino que también eligieron a las hermanas como sus reinas y lograron resistir el retorno de la ocupación China durante dos años.
