CAP.- 17 TOTUM REVOLUTUM (2ª parte).
("Todo revuelto").
No eran excesivos los convidados pero todos ellos importantes. La élite de la alta sociedad japonesa y empresarios relevantes en el panorama económico de la ciudad acudieron al evento. Todos los miembros del Consejo estaban invitados así como personajes ilustres y amigos.
El pequeño de los Kido aguardaba nervioso en la entrada principal la llegada de su invitada. Vestía un elegante traje negro de chaqueta de Armani hecho a medida, Tatsumi se había encargado de vestirlos a todos como exigía la ocasión. Sólo un discreto ramillete de flores rosas añadía un toque de color a su atuendo. Así vestido se veía más acorde con su edad real, lo que no era habitual dadas sus facciones dulces y aniñadas.
Paseaba de un extremo a otro de descansillo del primer tramo de escaleras tan concentrado en sus pensamientos que no le vio acercarse.
- Así que tú debes de ser el joven Shun Kido ¿no?
El hombre que se había presentado ante él iba inmaculadamente vestido con un traje blanco y una enorme rosa roja en su solapa. De rasgos femeninos e increíble atractivo, le escudriñaba sin decoro con su mirada.
- Entenderé tu silencio como un sí. He oído hablar mucho de tus investigaciones y logros, pero nadie me contó que fueras tan guapo. – Le sonrió ladino acercándose un poco más al joven, se sintió incómodo. – Espero que luego tengamos la oportunidad de compartir impresiones sobre tú trabajo, entre otras cosas… - el Consejero acarició insinuante la solapa de su chaqueta y aquella flor rosa que la coronaba antes de continuar su camino en dirección al gran salón de la Mansión.
- ¿Quién era ese tipo Shun? – Ikki y Esmeralda había observado desde la distancia el particular encuentro entre Shun y aquel enigmático hombre.
- Creo… creo que se trataba de Afrodita, de Salmon Rose – Shun, que mantenía la mirada fija en su anterior interlocutor, apenas podía articular palabra.
- ¿La empresa de perfumes y cosméticos? – preguntó Esmeralda que, aun sin haber sido presentada formalmente, no pudo evitar saciar su curiosidad. Shun se limitó a asentir mientras recuperaba la compostura y le dedicaba una acogedora sonrisa.
- Por fin nos conocemos Esmeralda, que sepas que Ikki habla mucho de ti. Ahora entiendo porqué. – La joven rubia no pudo evitar sonrojarse ante su cumplido.
- También tenía ganas de conocerte Shun, aunque ambos sabemos que entre las virtudes de tu hermano el don de la palabra brilla por su ausencia.- Le guiñó un ojo mientras Ikki dejaba escapar un bufido ante la evidente burla de ambos.
Justo en ese momento en el que los tres conversaban una joven rubia avanzaba tímida por la entrada de la mansión. Ikki se giró al ver como los grandes y brillantes ojos verdes de su hermano se quedaban clavados en aquella dirección.
- Esmeralda, creo que debemos dejar solo a mi hermanito… – Dio una leve palmada en la espalda del pequeño para despertarle de su atolondramiento.
Esmeralda se asió nuevamente a su brazo para seguirle al interior de la sala.
- Ikki, esa chica es la chica de que me hablaste ¿verdad?
- Si, ella es June.
- Hacen una bonita pareja. Aunque me resulta, lo menos, curioso que tu hermano y tú tengáis gustos tan parecidos. – Ikki la miró desconcertado, para seguidamente fijarse en June, en cierto sentido tenía razón, ambas era dos bellas mujeres rubias de ojos claros. Se sonrojó ligeramente ante la apreciación de su novia y de la que, hasta ese momento, no había sido consciente.
- June, estás increíble.- Y así era, desde que cruzó el umbral de la puerta los invitados que llegaban a la par que ella no la quitaban los ojos de encima. Llevaba un sencillo vestido negro de "pailettes" ajustado a su cuerpo con dos finos tirantes que se cruzaban en su espalda.
- Gra…gracias – las mejillas de la joven se tornaron de un leve carmín ante la mirada del chico.
- Me alegra mucho que hayas venido. – Los dos jóvenes se comían con los ojos, sonriéndose tontamente.
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Ambos se dejaron caer sudorosos sobre la cama. Shiryu aún conservaba puesta su camisa, a la que apenas le quedaban botones.
- Shiryu... ¿Cómo no me has dicho nada? ¡Llegamos tarde! – Shunrei se levantó sobresaltada y corrió hacia el vestidor.
-¡Cómo? Pero si fuiste tú la que hace un rato no se preocupaba de ello…
El chino se divertía con la volubilidad de su esposa desde que estaba embarazada, aunque a veces sus cambios de humor le exasperaban, momentos como el de esa tarde lo compensaban ampliamente. Una traviesa sonrisa se dibujó en su rostro mientras rememoraba lo ocurrido.
Cuando entró en la habitación vestido con su impecable traje de Armani color negro, su esposa le había lanzado una ardiente mirada. Mientras ajustaba su corbata frente al espejo, la fémina se acercó por su espalda abrazándole, comenzando a desabrochar su chaqueta.
-Estás increíblemente sexy maridito… deberías vestir así de elegante más a menudo. –Shiryu se giró para quedar frente a ella, lo que Shunrei aprovechó para constinuar desvistiéndolo.
- ¿Qué estás haciendo Shunrei? – la sonrió, sabía perfectamente cuál era el juego de la morena.
Ella se limitó a dedicarle una traviesa y fogosa mirada para justo después arrancarle la camisa y dejar su pecho al descubierto. El moreno no podía resistirse a su esposa cuando le miraba de aquella manera, mordiéndose sensualmente el labio inferior. La cogió en volandas mientras la besaba deseoso, antes de dejarla caer sobre la cama.
A pesar de sus siempre correctas formas, en aquel rincón de su intimidad, Shiryu se mostraba pasional y desinhibido. Esa parte de él la volvía loca. La desprendió de su camisón y sujetó sus brazos sobre su cabeza para comenzar a recorrer su cuello a besos descendiendo por su cuerpo ante lo que ella se estremeció sometiéndose a su voluntad.
Pronto no pudo soportar aquella necesidad de él ante sus caricias y sus besos. Forcejeó para liberar sus manos y asirse a su espalda con fiereza, clavando sus uñas con fuerza. Buscó el lóbulo de su oreja y lo mordió, haciendo que el chino gimiera de placer, revolviéndose para quitarse el resto de su traje menos la camisa, Shunrei la sujetaba con fuerza para atraerlo hacía sí.
Como si de dos recién descubiertos amantes se tratara, marido y mujer se dejaron llevar por la pasión e ímpetu de sus deseos más básicos y animales. Como si fuera la primera vez acabaron despeinados, sudorosos y exhaustos.
Shiryu abandonó sus pensamiento cuando Shurei regresó a la habitación con un sexy vestido negro estampado con fijas flores de loto en un fino hilo color plata casi blanco. De estilo "qipao" se anudaba a su cuello con el típico broche de cordón de modo que sus hombros quedaban descubiertos. La larga abertura lateral, dejaba entrever sus estilizadas piernas.
- ¡Guau! – fue lo único que acertó a decir el muchacho.
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El pelirrojo devoraba ansioso los canapés de la mesa.
- Kiki, por favor, compórtate. Vas a enfermar por glotón, además, sabes perfectamente que esas no son formas... –Le reprendió su padre.
- Vamos Mu, no seas tan estricto con el chico ¡déjale que se divierta! – Rió Dohko.
- No me puedo creer que te pongas de su parte. Debe aprender a comportarse.- Lanzó una mirada de reprobación a su hijo, que devolvió a la mesa el último bocado que estaba a punto de llevarse a la boca. - ¿Quién es la chica que viene con Aldebarán?
El dueño de la cadena Toro and Co. acababa de llegar acompañado de una exuberante y curvilínea morena.
- Parece una de esas azafatas que anuncian los "rounds" en las peleas en su gimnasio.
- ¡Dohko, por favor, eso es de muy mal gusto! – Le recriminó Mu aunque reconocía que su apreciación era bastante acertada.
- ¿Qué tal caballeros? ¿Cómo se presenta la noche? - Aldebarán era un hombre cuya confianza en sí mismo se evidenciaba en cada gesto. - Permitidme que os presente a mi acompañante, la Doctora Gisele, toda una eminencia en medicina deportiva del Instituto de Salud de Río de Janeiro.
- Encantada de conocerles. - La hermosa joven, de sensual acento, les dedicó una afable sonrisa a ambos caballeros que apenas acertaron a realizar una correcta reverencia a modo de saludo.
- Le he pedido que me acompañara aprovechando que se encuentra en Japón exponiendo su trabajo en el Centro Nacional del Deporte de Alta Competición. - Concretó el Consejero. - Ahora si nos disculpáis, iremos a buscar una copa. Luego os veo.
Antes de que los recién llegados se encontraran a una distancia lo suficientemente prudente Dohko no pudo evitar hacer un nuevo comentario desafortunado.
- No me importaría que me hiciera un chequeo médico... completo. - Un codazo de Mu le silenció por el momento.
-¿No es aquel tu socio? – Cambió de tema.
Shiryu y Shunrei acababan de entrar, dirigiéndose hacia ellos.
- ¿Qué tal pareja?
- Buenas noches.- Se adelantó Shiryu.- Mu, permíteme que te presente a mi esposa.
- Encantada. - Shunrei le ofreció su mano a modo de saludo. - ¿Quién es este jovencito de ojos tan grandes y expresivos? - Kiki esbozó una enorme sonrisa ante el cumplido de la morena.
- Es mi hijo Kiki, saluda pequeño ¿o ahora va a resultar que eres tímido?
El pequeño se acercó presto a dar un beso a la dama que, evidentemente, le había maravillado.
- ¿Te apetece ir a buscar algo que tomar conmigo? - El pequeño asintió emocionado, así podría comer algo más sin la mirada de reproche de su padre. - Ahora regreso cariño. - Beso a Shiryu en el rostro y se alejó cogiendo de la mano al pelirrojo.
- Tu mujer no hace justicia a las referencias que tenía de ella. - Comentó Mu.
- Muchas gracias Mu, sin lugar a dudas soy un hombre afortunado en todos los sentidos. - En ese momento una nueva pareja hacía su entrada en el gran salón atrayendo la atención del chino. - Aquel que entra no es...
- Si, nuestro "querido" compañero y propietario de Crustoe. - Precisó Dohko no sin cierta ironía, todos sabían que no era precisamente de su agrado.
- ¿Esa es su mujer?
- Si - confirmó Mu. - Es chica es Helena, su esposa, es una lástima que una chica tan joven tenga que pasar por algo así.
Shiryu no podía dejar de mirar a la pareja. El conocido entre los hermanos como Death Mask empujaba una silla de ruedas con una bolsa de oxígeno colgada a un lateral. A pesar de ello, la bella joven castaña, cuyo desmejorado estado de salud era evidente, sonreía y saludaba a los invitados con una calidez y amabilidad admirable.
- ¿Qué le ocurrió?
- Es una rara enfermedad degenerativa, no sabría precisarte, no es un tema que se haya comentado en el Consejo, es bastante receloso de su intimidad.
A Shiryu se le revolvía el estómago al recordar los antros y locales de mala reputación que aquel hombre había recorrido la noche que le siguió. Aquella dulce mujer le sonreía amorosa a un hombre que, como su apodo bien señalaba, llevaba una horrible máscara.
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Shunrei observaba atenta a un emocionado Kiki que disfrutaba de los majares que se exponían para el deleite de los invitados, cuando fue sorprendida por el Consejero.
- Señora Kido, es un placer volver a verla.
- Buenas noches Shura y, por favor, llámame Shunrei.- Le estrechó la mano. - Nunca hubiera pensado que este tipo de eventos eran de tu interés. Demasiada gente ¿no? - El presidente de Akelarre se sonrojó ligeramente ante el comentario no exento de ironía de la joven.
- Lo cierto es que no son mi opción preferente... no. Pero al menos me servirá para presentarte mis disculpas. – Aquella declaración pilló por sorpresa a la joven. - Creo que él otro día no estuve muy acertado con mis formas...
- No, lo cierto es que no. – Sonrió. Estaba disfrutando con aquello. El hombre carraspeó la garganta antes de continuar.
- Entonces permítame disculparme.
- Disculpas aceptadas.
- ¿Podría pedirle un favor? – Preguntó algo nervioso. Shunrei asintió. - ¿Le importaría decirle a mi mujer que he sido amable con usted?
Shunrei no pudo evitar dejar escapar una carcajada. ¿Acaso aquel hombre, cuya firme y sobria presencia, amedrentaba al propio Dohko, tenía un talón de Aquiles?
- Oh, discúlpame Shura. - Shunrei intentaba recomponerse. - Pero entenderás que me parezca curiosa tu petición después de nuestro encuentro del otro día.
- Te entiendo perfectamente, me suele pasar. - Dejó escapar una ligera sonrisa. - La verdad es que no se me dan muy bien las interacciones sociales...
- Si te sirve de consuelo, tampoco yo me siento cómoda en estos ambientes y compañías. - Shunrei le dedicó una mirada simpática fruto de la empatía compartida en ese momento.
- Prefieres la compañía de los niños ¿verdad?
- ¿Tanto se me nota? - La joven rió nuevamente en gesto de complicidad. Al final, el Consejero estaba resultando más agradable de lo que nunca hubiera imaginado. Dentro de lo raro que era, por supuesto.
- ¿Sabe un cosa? Mi mujer y yo hemos comenzado los trámites para adoptar a uno de sus chicos.
- ¡Ah, pero qué me dices? Ahora entiendo porque el otro día mirabas tan intrigado las fotos de los chicos en la vitrina. - El caballero la sonrió con cierta timidez al saberse descubierto.
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Shiryu apartó la mirada buscando a su mujer, no quería que aquellos pensamientos de repulsa le aguaran la noche; sin embargo, la velada no se presentaba exenta de sorpresas. Shunrei hablaba con Shura, lo que no tenía porque ser extraño; lo extraño era que le sonreía y parecía divertida ante sus comentarios. ¿Acaso estaba tonteando con su mujer? Shunrei era una mujer muy bella y era habitual que llamara la atención de otros hombres, además, con ese vestido su figura y femineidad resaltaban especialmente. El moreno no pudo evitar ponerse nervioso ante la situación. ¿En qué momento existía tal complicidad entre ellos?
- Usted debe ser Shiryu Kido. - Una voz con presencia y seguridad le sacó de sus celosos pensamientos. Era una mujer morena de mirada intensa y exquisita belleza. - Mi nombre es Geist, Geist Yiste, tenía ganas de conocerle. - La mujer le estrechó la mano con un particular vigor. - Estoy muy familiarizada con su trabajo en el orfanato y he de decirle que están haciendo una bella labor allí. - Shiryu apenas era capaz de reaccionar ante la vehemencia con la que se expresaba su interlocutora.
- Gra.. gracias...
La mujer se giró hacia Shura y Shunrei que, mientras conversaban, se habían acercado al grupo.
- Hola querida, veo que ya te has presentado al joven Kido. - Shura se acercó y besó la mejilla de la mujer.
- Espero que tú hayas cumplido tu promesa. - Le inquirió Geist.
- Por supuesto, la joven Shunrei aquí presente, puede darte buena cuenta de ello. – Bajó la mirada sumiso.
Shiryu escuchaba atónito la conversación, por un lado, avergonzado por los irracionales celos que había tenido escasos minutos antes y, por otro, atónito ante la peculiar pareja que conformaban Shura y quien parecía ser su esposa. Ciertamente sólo una mujer con esas cualidades podría domarle con tan briosa maestría.
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Shaina llegó sola a la fiesta. Se sentía algo incómoda ante tanta "chusma" de élite, como ella los consideraba. Aunque siempre se mostraba como una mujer fuerte y segura, en el fondo de su ser tenía sus inseguridades, en ese momento se sentía algo desubicada. Su vestido era demasiado provocativo para la fiesta, de satén negro y escote profundo, dejaba entrever sus interminables piernas gracias a la raja en su lateral. Las libidinosas miradas de aquellos "vejestorios" de alto copete la asquearon.
Le notó acercarse y no pudo evitar tensarse. Cogió la primera copa que se cruzó frente a ella de la bandeja de un despistado camarero que casi se choca al verla.
- Estas increíble Shaina. Permíteme decirte que ese vestido está hecho para ti. - Milo la observaba con admiración y deseo, lo que no pasó desapercibido para la chica. - Me preguntaba si...
- No.
- ¿No? Ni siquiera me has dejado terminar la frase.
- No lo creí necesario. ¿A qué viene esto Milo? - Shaina se giró para mirarle a los ojos. Aquel hombre le resultaba treméndamente atractivo, el verle así, vestido con su elegante traje de chaqueta negro no ayudaba mucho. Intentó mostrarse fuerte. Él la había hecho demasiado daño para volver a sucumbir ante sus encantos. Esperaba alerta su reacción ante su habitual desdén, sin embargo, se encontró con un hombre más bien dolido ante sus palabras, lo que no alcanzaba a comprender, al fin y al cabo fue él el que decidió acabar con todo de la peor forma posible.
- Shaina yo... no entiendo... - Milo se veía abatido ante los desplantes de la joven de pelo verde. Nunca hubiera imaginado que un hombre como él se mostrara así y menos ante ella.
- Lo siento Milo, he de dejarte. - Shaina vio a Seiya al otro lado de la sala. - Mi acompañante ya llegó. Pero no te preocupes, seguro encuentras a una tonta a la que engatusar.
- Tienes razón.- El semblante del hombre cambió. Su orgullo habitual se mostraba sin tapujos. Ahí estaba el verdadero Milo…- Hay mujeres mucho más interesantes en esta fiesta que seguro están deseosas de gozar de mi compañía. No sé qué hago aquí perdiendo mi tiempo… contigo.
La joven dejó escapar un bufido y se alejó copa en mano, "estúpido Milo".
A pesar de sus palabras no dejó de observarla alejarse. Miró a Seiya con rabia, así que el joven Kido era el misterioso chico de Shaina, recordó las marcas de sus manos de días antes y le odió. Ningún hombre que se precie debería hacer daño a una mujer, y menos a una mujer como aquella, por mucho que a veces le resultara tan odiosa
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Saori y Hyoga esperaban impacientes la llegada de sus invitadas de honor que no tardaron en aparecer acompañadas de Camus. Como miembros de la realeza que eran su entrada dio lugar a un murmullo generalizado.
Antes de alcanzarles, aquel hombre de largos cabellos azules y mirada pétrea, se disculpó con Hilda con la excusa de saludar a Death Mask y esposa, la reina nórdica supo de inmediato que lo que en realidad ofuscaba a su amigo era la posibilidad de cruzarse con el hijo de quien le había roto el corazón.
- Saori creo que esto es demasiado. No merecíamos tanto derroche por nuestras humildes personas.
- Sabes que no es cierto... - Ambas mujeres se deshacían en halagos, cogiéndose las manos en gesto de cariño. Aquellos días juntas les habían servido para recuperar la confianza ganada cuando eran niñas.
Hilda era una mujer con presencia y, esa noche más que nunca, su porte regio causaba fascinación a su paso. Con su largo vestido blanco con un corsé negro ajustado y una estola que, asemejando una capa, caía por su hombros, se mostraba imponente frente al resto de invitados.
Su padre había fallecido antes de que ella alcanzara la mayoría de edad lo que la obligó a madurar más rápido de lo que cualquier niña debería. Gobernar una región como Asgard, oculta en lo más profundo de la fría Siberia, no era fácil y menos para una mujer. Sin embargo, ella no se había amedrentado ante su destino forzado, con una determinación y fortaleza admirable acalló las revueltas que se iniciaron ante la ausencia de regente y se impuso con fiereza devolviendo la calma a un reino cada vez más en riesgo de sumirse en una guerra civil.
En comparación con Hilda, Fleur era una joven mucho más terrenal y dulce, su hermana se había encargado de protegerla aun a costa de su propia libertad, pues todo lo ocurrido la habían convertido en una mujer escéptica, recelosa de sus sentimiento y bastante comedida en sus gestos y muestras de afecto. Fleur, por el contrario, se mostraba amorosa y risueña con todos, en especial, con el joven Hyoga, del que prácticamente no se había separado desde que aterrizaron en la ciudad.
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A escasos metros, junto a una de las mesas en las que se distribuía la comida, Seiya observaba disimuladamente a la joven de cabellos morados. Admiraba su capacidad para desenvolverse en aquellos ambientes burgueses donde lo protocolario ganaba la batalla a la naturalidad. Por un momento no se sintió a su altura, a pesar de provenir de la misma familia él nunca claudicó y siempre repudió cualquier lección o ambiente ligado a su apellido y posición. Sin embargo, en aquel contexto se sentía extraño, ajeno, incluso algo obnubilado por toda aquella parafernalia donde se veía torpe. Eran tan diferentes que sintió miedo, miedo de que aquello que una vez les unió, su apellido, pudiera separarles algún día. "La princesa y el mendigo" pensó.
- Es una mujer increíble ¿cierto? - El recién llegado se percató de inmediato del desconcierto que su presencia había causado en el joven - Discúlpame Seiya, permíteme que me presente formalmente, soy Aioros de Horse and Lion, coincidimos en el último Consejo.
El joven castaño estrechó cordial su mano. Teniéndolo tan cerca algo en sus rasgos le pareció familiar, cómo si le conociera de antes.
- He tenido conocimiento de que estáis preocupados por un asuntillo de la empresa y necesitáis la ayuda del Consejo. - Su mirada, sus gestos y sonrisa eran amables y cercanos. Era uno de los miembros más jóvenes del Consejo, de complexión atlética, cabello color café y ojos de un intenso azul verdoso, su cercano y amigable trato le resultó especialmente agradable al joven Kido. Para variar, uno de los miembros del Consejo no se mostraba receloso u hostil desde el minuto cero. - Si te parece bien, podríamos reunirnos mañana por la tarde en mi empresa y comentarlo, estaría encantado de poder echaros una mano.
- Te lo agradezco Aioros, por supuesto, allí estaré. - La sonrisa que el consejero mostraba ante su respuesta se congeló y borró de golpe. Algo, o mejor dicho, alguien había llamado su atención, junto con la de otros invitados. Seiya sintió un escalofrío, "aquel era el hombre detrás del perro" por fin se enfrentaban cara a cara.
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- Saori ¿Qué hace él aquí? - Los ojos de Hilda mostraron un temor poco habitual en la asgardiana, su entereza tan característica flaqueó ante la persona que acababa de entrar en escena.
- Es Julián Solo, recientemente, hemos descubierto que mi abuelo cerró algún negocio con su empresa asesorado por Saga, quien imagino le habrá invitado. De hecho hay algo que tengo que hablar contigo sobre él...
- Saori, escúchame - la mujer de profundos ojos hielo se giró para encararla con una expresión que asustó a Saori - debes alejarte de ese hombre, es peligroso.
La joven Kido quedó desconcertada ante la reacción y declaración de su amiga, casi no tuvo opción a reaccionar cuando, aquel del cual hablaban, se presentó ante ellas acompañado por Saga.
- Buenas noches señoras, es un honor poder compartir esta velada con dos bellezas como ustedes. - Julian besó el dorso de la mano de ambas que, sin perder la compostura, observaban cautelosas todos sus gestos. El heredero de la fortuna Solo era un hombre que, si no fuera por todo lo que representaba, destacaba por su clase, educación y atractivo. Iba elegantemente vestido con un traje de gala color blanco que intensificada el color azul celeste de su cabello y sus iris turquesa.
- Saori, no imaginas cuanto deseaba que nos volviéramos a encontrar. Nunca pude olvidarte desde aquel día en que nos conocimos de niños. Sigues siendo la mujer más preciosa que haya visto nunca, sin desmerecer lo presente, por supuesto.- Hilda apenas se inmutó ante su comentario, le asqueaba ese hombre pero no le daría el gusto de mostrar el menor atisbo de ello.
- Buenas noches Julian. No sé qué decir... - Saori se sonrojó un poco, más por el propio cumplido que por aquél que se lo dedicaba. Seiya, que no había perdido detalle del encuentro, ardía de celos.
Los primeros acordes de la banda de música interrumpieron el momento.
- Que bonita casualidad… sería un placer poder abrir el baile contigo… - El joven la ofreció su mano galante.
-Disculpen la interrupción. – Con un rápido gesto se interpuso entre ambos. – Vengo a robaros a la joven Kido, prometió dedicarme su primer baile en honor a su abuelo, gran amigo de mi familia. Espero no les moleste que me la lleve un momento, la devolveré tan pronto me sea posible. Aunque les advierto que soy un gran bailarín…
La cara de Julian era un auténtico poema. La hábil artimaña de Aioros le había pillado desprevenido. Pero no fue al único al que dejó sin palabras. Seiya no podía salir de su asombro, antes de que él pudiera reaccionar el Consejero se había adelantado a su jugada.
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- Espero que no te haya molestado mi intervención, algo me dijo que no estabas cómoda con la compañía de ese joven y no pude evitarlo…
- ¿Tan evidente era? – Saori dejó escapar una leve carcajada ante la situación. A pesar de haber coincidido en varias de las reuniones del Consejo, rara vez habían cruzado palabra. Sin embargo, en ese momento, lo sintió como un ángel caído del cielo.
- Si te soy sincero nunca me ha caído bien ese tipo. El ver la cara de tonto que se le ha quedado… creo que ha merecido la pena. – Saori se giró para ver al susodicho y rió.
Aioros resultó ser un muy buen bailarín, con gracia y destreza dirigió a la joven por la pista atrayendo las miradas de los allí presentes.
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No estaba dispuesta a que el episodio con Milo le fastidiara la noche. Por suerte Seiya estaba solo y podría aprovechar para poner en marcha su plan. Insinuante se acercó hasta él que, desde una esquina del salón, miraba con atención a la pista de baile.
- Tendrías que haberme dicho que esta era una fiesta de gente aburrida… Menos mal que ya estoy aquí para hacer tu noche más divertida. – Seiya continuaba mirando la pista distraído ¿Acaso no la había visto? - ¡Seiya! ¡Hola? – La joven tiró de él para que la prestara atención.
- ¡Oh! Hola Shaina. Ya llegaste. ¿Qué tal todo? ¿Te gusta la fiesta? – Shaina dejó escapar un bufido de insatisfacción, el castaño parecía distraído, ni siquiera se había fijado en su vestido.
- Sí… muchísimo. – A pesar de la clara ironía de su voz el muchacho ni se inmutó. La joven se acabó su copa de un trago al ver como su atención regresaba a la pista. – Fantástico… - murmuró.
Su disgusto con aquel ambiente tan distinguido y pedante se acrecentaba por momentos, comenzaba a pensar que salvo por la comida y la bebida, aquello había sido un error. Nuevamente buscó su copa que, hasta el momento, había sido su mejor compañía.
Entonces le vio, conversaba con una exuberante morena junto con otros miembros del Consejo. Sus gestos y pose de seductor los conocía demasiado bien, era algo que no podía evitar siempre que alguna mujer se cruzaba en su camino. Odiaba el efecto que tenía en ella, no sólo porque le resultaba tremendamente atractivo, sino porque él tenía la capacidad de retarla, conseguía burlar sus nervios, generarla curiosidad.
Milo se giró pillándola desprevenida. Cuando sus ojos azules atraparon los suyos se quedó helada por un momento, la atracción que le causaba era casi animal. Sentía que le ahogaba, pero al mismo tiempo notó algo extraño, su mirada tenía un ligero velo de tristeza, de anhelo ¿qué pasaba con él? Sería mejor ignorarlo o lo lamentaría, la muchacha se giró con brusquedad.
- Seiya ¿qué tal si me sacas a bailar un poco? – Se agarró a su brazo sin apenas dejarle reaccionar. El joven no se resistió, quizás así podría acercarse algo más a Saori.
- ¿Aquella no es "tu hermanita"? – preguntó Shaina. – Parecía tonta la chica… bien agarradita al más sexy de los Consejeros.
Seiya la cogió con fuerza para llevarla a la pista. Aquella situación empezaba a molestarle de verdad.
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Animados por la joven heredera y el Consejero otras parejas habían invadido la pista de baile.
- No sabía que fueras tan buen bailarín.
- Bueno… yo…- el joven de cabellos verdes se ruborizó. Estaba especialmente nervioso esa noche, le había dado muchas vueltas a cómo decirle a June cuánto le importaba, a que, tal y como decía la canción que tocaba la banda, "no podía quitar sus ojos de ella". – Oye June…
- ¿Sí? – la joven rubia tenía un especial brillo en sus ojos.
- Verás… yo… no sé cómo decirte esto… Tú…
- ¡Hermano!- El toque repetitivo de un dedo en su espalda le distrajo. Ikki se había acercado por detrás mientras bailaba con Esmeralda y le susurraba. – Necesito de tu ayuda…
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Camus estaba preocupado por Hilda, era raro ver que los nervios de esa mujer se quebraran, pero cuando Julian Solo se acercó a ella y a Saori, algo le dijo que tenía que intervenir y no dudó en acudir y sacarla a bailar para alejarla de él.
- Hilda ¿de qué conoces a ese hombre?
- ¿Cómo? ¿A quién?
- A Julian Solo, o crees que no me di cuenta de cómo te tensaste cuando apareció.
- Me resultó un poco… desagradable, sólo eso. Deberías haber visto cómo habló a Saori.
Mentía, no tenía duda de ello, pero por el momento no insistiría.
Hilda no pudo evitar recordar aquellas palabras susurradas a su oído minutos antes: "Dale recuerdos a tu esposo de mi parte."
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- Saori ¿estás bien? – El Consejero había notado que el semblante de su partenair se ensombrecía ligeramente. Buscó el motivo de su intranquilidad a su alrededor. Ahí estaba. El joven Kido, con el que acabada de conversar había entrado a la pista de baile con una bella mujer de aspecto nada discreto sobre sus encantos. "Ya veo…" pensó. – Aquel chico de allí es uno de los hijos de tu abuelo ¿verdad?
-¿Eh? ¿Cómo? Si…- por un momento se sonrojó, era como si Aioros hubiera podido leer sus pensamientos.
- Parece un buen chico y creo que le preocupas bastante. Hace un momento, si no hubiera intervenido yo, creo que se hubiera tirado al cuello de Julian. – La sonrió cómplice consiguiendo que Saori se relajara. No tenía muy claras las intenciones de Aioros con sus palabras, pero la reconfortaron. Era obvio que no soportaba ver a Seiya acompañado de Shaina, pues el interés de ella en él no era nada sutíl. Sin embargo, era posible que a Seiya tampoco le hiciera gracia haberla visto con Julian e, incluso, con Aioros. De momento les tocaba vivir situaciones así de incómodas hasta que todo acabara.
- Seiya es así… siempre pendiente de todos nosotros. – Le buscó entre la gente. Estaba a escasos metros de ella. Sus miradas se cruzaron y pudo percibir cierta seriedad en su mirada, más bien una mezcla de tristeza y rabia. En el fondo entendía ese reproche, ella también se había sentido así al verle con Shaina. Le sonrió e intentó decirle con los ojos lo que con palabras le estaba prohibido. Rápidamente el gesto del muchacho cambió, devolviéndole la sonrisa.
Ser testigo de aquella complicidad entre Seiya y Saori, la hacía sentir ridícula. En el fondo hacía tiempo que se había dado cuenta de que entre ellos había algo, aún así había insistido, autoengañándose con promesas de lo que en realidad era una inocente amistad. Estaba claro que no podía odiarle, aunque le apeteciera en ese momento, él nunca le insinuó nada ni le hizo promesas de ningún tipo. En cuanto terminó la canción, cogió una copa y salió fuera, necesitaba tomar el aire.
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Dejó escapar un grito ahogado cuando notó que tiraban de ella escondiéndola tras una de las cortinas. El calor de sus labios no dejaba lugar a dudas.
- Seiya…
- Te he echado de menos… - la apretó contra su cuerpo. – No he sido el hombre con el has bailado el primer baile, pero me gustaría ser el último.
- Oh Seiya… yo también te he echado de menos durante toda la noche.- Volvió a besarle.
- Veámonos en unos 10 minutos fuera, en el jardín de atrás. Tendremos ese último baile.
Ninguno de los dos fue consciente de que alguien había observado su encuentro.
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No soportaba ver a una mujer llorar, era superior a sus fuerzas. Verla sola, sentada sobre el borde de la pequeña fuente ornamental que servía de entrada a los jardines de la familia, le recordó tanto a ella misma, a sus propias experiencias. Aquella tristeza sólo podía tener una razón de ser: un hombre. Le acercó un pañuelo.
- Hola ¿estás bien? - Shaina se apresuró a secarse las lágrimas con el pañuelo que le ofrecía la chica rubia.- ¿Puedo sentarme? – Se apartó ligeramente.
- Estoy bien, gracias. Es una tontería. – La sonrió.
- Si es una tontería no merece tus lágrimas. – Le acercó otro pañuelo de papel al ver que el primero ya no daba más de sí. – Ningún chico merece nuestras lágrimas…
- No es lo que piensas. Él es un buen chico, de los mejores. Sólo que… creo que no le intereso y he hecho un poco el ridículo. – Bajo la mirada avergonzada.
- No me puedo creer que ningún hombre, de primeras, no tenga interés en una chica tan guapa como tú. Tampoco parece que no tengas dos dedos de frente…
- Lo cierto es que él no sabe nada de mis sentimientos.
- Entonces me das aún más la razón para que esas lágrimas no tengan sentido. No deberías rendirte tan rápido.
"¡Esmeralda! ¿Dónde estás?" gritó una voz masculina desde un punto cercano.
- Lo siento, he de irme. Yo también he llorado mucho por un hombre y no fue hasta que plante cara a lo que sentía cuando me di cuenta que no tenía sentido llorar. Espero que tengas la misma suerte que yo.
- Gracias… – La joven rubia se marcho. ¿Quizás tenía razón? ¿A lo mejor se había rendido demasiado pronto? Estaba tan confundida. Sólo había presenciado un cruce de miradas y nada más. Toda la película se la había montado ella sola en su cabeza. Entonces como si fuera una señal del destino él apareció.
- ¿Seiya?
- ¡Shaina! ¿Qué haces aquí? Estas… ¿llorando? – la preocupación que vio en los ojos del muchacho unida a las palabras de aliento que aquella desconocida acababa de tener con ella y, para qué engañarse, al vino que calentaba su cuerpo, avivaron su esperanza ya perdida.
- Si, Seiya, estoy bien. No te preocupes. – Le sonrió.
- Si, si me preocupo, te invité para que te divirtieras, no para que estuvieras más triste. ¿Ha sido ese Consejero? ¿Milo? Te vi hablando con él.
¿Acaso Seiya la había prestado más atención de la que creía?
- Él no es nadie ya… - Se levantó quedando frente a él. – Seiya… ¿Por qué me invitaste?
- ¿Cómo? – El joven castaño empezaba a sentirse confundido, Shaina estaba demasiado cerca. – Eres mi amiga Shaina ¿Qué pregunta es esa?
- ¿Sólo soy eso Seiya? – Sus ojos decían más de lo que sus palabras fueron capaces de expresar. Seiya tragó saliva y se rascó la nuca nervioso con una sonrisa tonta en la cara que parecía decir "tierra trágame". – Para mi no eres sólo eso… ¿lo entiendes?
Una lágrima se deslizó furtiva por su mejilla. Seiya no podía soportar ver a una mujer sufrir… La abrazó.
- Shaina yo… de verdad que no he querido lastimarte. Pero… no puedo, no puedo verte como algo más que a una amiga…
La joven se separó de su abrazo.
- Es por ella ¿verdad? – El joven no podía creer lo que acababa de oír ¿Acaso Shaina se había dado cuenta?
- No sé a qué te refieres – disimuló.
- Vamos Seiya… - forzó un sonrisa cómplice.
- Es complicado… - dejó escapar un suspiro. Cómo una losa, la situación que había entre Saori y él cayó sobre su espalda.
Shaina sintió rabia ante su respuesta. Ella llorando por un hombre maravilloso y él suspirando por una mujer que al parecer ¿no le correspondía? Nunca le había caído especialmente bien la "gran heredera", pero ahora… ahora prácticamente la odiaba. Ella había visto como se miraban durante el baile y cómo se ponía nerviosa cuando ella entraba en la oficina, sin embargo, de las palabras de Seiya parecía que ella no le correspondía. O, lo que es peor, jugaba con él. Ella no lo merecía.
Entonces, como si del designio divino se tratara la vio acercarse, abandonaba el baile y se dirigía al jardín en su dirección. Sin pensárselo dos veces agarró con fuerza al muchacho por las solapas de su chaqueta y lo atrajo hacia ella dándole un profundo beso en los labios.
- Se… Seiya…
En el momento en el que el joven oyó su nombre a su espalda se sintió morir. ¿En qué demonios pensaba Shaina? Tenía miedo de girarse y mirarla a los ojos, pero tenía que hacerlo, tenía que armarse de valor.
- Saori yo no…
La visión que encontró a su espalda le destrozó. Saori se tapaba el rostro con ambas manos, sólo sus ojos quedaban a la vista. Esos ojos a punto de romper en lágrimas que gritaban el dolor que ella estaba callando. Quiso acercarse pero Shaina le sujeto. Ese último gesto fue el definitivo, Saori salió corriendo.
Consiguió zafarse de la otra joven.
- Shaina pero… ¿qué has hecho? – era muy consciente de que ella la había visto llegar.
(Continuará)
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Perdonad por el retraso, pero se me complicó mucho la cosa, este capítulo se está alargando de más…
Lo primero, gracias a todas, veteranas y nuevas compañeras-lectoras de esta aventura!
MRC 77, gracias por el préstamo de la pareja Shura/Geist, un particular homenaje a tu fic XD.
Estoy empezando un fic nuevo, cumple el reto de Unión Fanfickera "De la A a la Z", ahí incluiré las pequeñas historias que les prometí. Se admiten más peticiones, of course, hay 27 letras.
Como siempre, mil gracias por todo y Namasté.
