CAP. 18.- NON SEMPER EA SUNT QUAE VIDENTUR

(No siempre las cosas son lo que parecen)

- Shaina pero… ¿qué has hecho? – era muy consciente de que ella la había visto llegar.

Antes de que el joven pudiera salir corriendo tras Saori, Shaina le frenó cogiéndole del brazo.

- Déjala irse, ella no merece un hombre como tú Seiya. – La rabia que se advertía en los ojos de la muchacha le preocupó.

- No tienes ni idea de lo que dices Shaina…

- Sí lo tengo. – La rabia había dejado paso a una mirada llena de dolor y preocupación. –Tú mismo acabas de decir que "es complicado". ¡Claro que lo es! Ella nunca te verá como el hombre que eres! ¿Acaso crees que no me di cuenta que a ella sólo empezaste a interesarle cuando vio que tu y yo nos llevábamos bien? Sólo está jugando contigo Seiya. Ellos se creen por encima de nosotros, que pueden jugar con nuestros sentimientos.

- No Shaina – el joven relajó su forcejeo, sujetándola por las muñecas con suavidad, en cierto sentido no podía evitar sentir cierta empatía por la muchacha, él también fue objeto de las crueldades de aquel mundo en el pasado. – Ella no es así, ella es tan víctima o más de lo que pudieras imaginar. Si no tuvieras tantos prejuicios lo hubieras visto… pero no te culpo, yo también los tuve una vez.

Soltó su agarre y se fue en busca de Saori.

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- Entiendo lo que me dices Fleur, pero entiéndeme tú a mí. – Hyoga no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. – Tú misma lo has visto.

- Lo sé Hyoga y siento mucho que sea así contigo, de verdad. Pero…

Ambos jóvenes habían abandonado el salón dónde todos los invitados disfrutaban de la fiesta y paseaban por los jardines. En los últimos días Hyoga no se había separado de las asgardianas, especialmente de Fleur. Esa chica tenía una dulzura y gentileza como pocas veces había visto antes. Su mirada era cálida y, en cierto modo, le recordaba a su hogar. Para la rubia poder disfrutar de la compañía de Hyoga esos días había sido como un sueño; ella, que al principio se había mostrado reacia a acompañar a su hermana, contaba las horas que le quedaban junto a aquel joven que le había robado el corazón.

- ¿Pero qué, Fleur? – Hyoga apoyó sus manos sobre los hombros de la chica, buscaba con ese contacto calmar una situación frente a la que no podía hacer nada. – Sé que él es alguien muy importante para tu familia, eso no te lo discuto. Pero desde que nos conocimos no ha parado de fastidiarme sin motivo, es desagradable y ni siquiera disimula que le disgusta mi presencia. Y, sinceramente, yo no he hecho nada para que me trate así como si fue la peor calaña del planeta.

La joven bajó la mirada apenada, le entendía perfectamente puesto que había sido testigo de todos los desplantes y comentarios de Camus, sobre todo relacionados con su condición de huérfano, aunque sutil, era como si buscara herirle. No estaba siendo justo con él.

- Siento que te hayas visto afectada por nuestras diferencias Fleur. – Continuó el ruso.- Pero no me pidas que le entienda, ese hombre simplemente no tiene corazón.

Esas últimas palabras del muchacho la removieron por dentro, ella sabía que, precisamente, no era otra cosa que el dolor que sentía en su corazón lo que le había llevado a Camus a actuar así. Si Hyoga supiera la verdad…

Los últimos días juntos había ganado mucha confianza, hasta el punto de que Hyoga le contó su historia, la historia de su madre. En algún momento Fleur se había dado cuenta de que algo no coincidía entre aquella y la conversación que escuchó tras la puerta, cayendo sobre ella el peso de una responsabilidad autoimpuesta ¿debía decirle algo a Hyoga? En un arranque de emociones encontradas, la joven rompió a llorar y se abrazó al muchacho.

- ¡Hyoga! – La joven se abrazaba a su pecho mientras las lágrimas no dejaban de fluir por sus mejillas, a pesar de lo inapropiado de la situación al rubio le agradó su contacto y su olor a flores frescas – Por favor, no digas eso. Él sufrió mucho cuando ella… sufrió tanto cómo tú.

- ¿Pero de qué estás hablando Fleur?

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Corrió a encerrarse en su habitación evitando cruzarse con los invitados. El fuerte dolor en su pecho la ahogaba. Verle con otra mujer, y no con cualquiera, con ella que tanto la odiaba, le había dejado helada, totalmente deshecha. Sabía que no tenía que haber reaccionado así en cuanto vio la mirada que le dedicó la mujer de pelo y ojos verdes, que debía haber mantenido la compostura, pero no pudo evitarlo.

¿Qué había sido aquello? Con su actitud la había desestabilizado, era como si deseara que ella viera aquello, hacerla daño. ¿Y Seiya? ¿De verdad había correspondido a aquella mujer? No, no podía creerlo…

Todo era tan confuso en su cabeza, ¿acaso Saga se refería a eso cuando le habló del doble juego de Seiya? ¿Él lo sabía? No, no podía ser cierto. Si tan sólo no se hubiera cruzado con Saga poco antes…

(Flashback)

Saori se había escabullido sutilmente de la fiesta para cumplir con su promesa y encontrarse con Seiya en el jardín de atrás cuando alguien se interpuso en su camino.

- Señorita Kido, realmente debo felicitarla por la fiesta, está siendo un auténtico deleite.

- Gracias Saga, disculpa que no me quede a conversar, tengo algo de prisa. – La muchacha intentaba zafarse del abogado que bloqueaba su única vía de salida hacia el jardín. El hombre, en una muestra de cordialidad, se hizo a un lado.

Cuando Saori estaba a punto de superar su figura y alejarse definitivamente de él, Saga la paralizó con sus palabras "¿Vas a encontrarte con él verdad?"

- No entiendo a qué te refieres Saga. – Procuro mantener la calma y compostura que le eran características.

- Sabes perfectamente a qué y a quién me refiero.- La joven se giró para quedar a su altura y enfrentarle. En cierto modo era algo que temían que pudiera ocurrir, si así era, lo mejor era plantarle cara ella misma, mostrarse fuerte ante su enemigo. – Saori, se que últimamente nuestra relación se ha enfriado. – El semblante de curtido hombre de largos cabellos morados cambió mostrando una consternación y abatimiento que no eran propios del Saga de los últimos días. Por un momento creyó ver al gran amigo de su abuelo en aquel hombre. – No te culpo por ello, pero créeme cuando te digo que, tu abuelo y tú, para mí sois como mi familia y nunca quise haceros ningún daño. Pero, por favor, escúchame cuando te digo que no debes confiar en él. ¿Acaso no es el mismo hombre que durante años ha mostrado su más profundo odio por Mitsumasa e, incluso, por ti?

- Saga, Seiya tenía motivos para no querer saber nada de mi abuelo, al fin y al cabo, su hermana está desaparecida y es probable que no la vuelva a ver. – Aunque estuvo tentada de seguir negándolo prefirió reconocerlo sin tapujos, ambos sabían quién era el objeto de todas esas acusaciones. – Pero ello no quiere decir que él no se preocupe por nosotros, al fin y al cabo también somos su familia.

- Saori… me duele tanto ver que estás tan ciega. – Intentó posar su mano sobre el hombro de la joven, pero ella lo evitó con un rápido movimiento. El hombre dejó escapar un leve suspiro antes de continuar. – Sé que nada de lo que te diga te hará cambiar de opinión pero, por favor, piénsalo. ¿Realmente puedes confiar en él como lo haces?

– Si. – Afirmó rotunda Saori manteniendo su mirada firme hacia su interlocutor. Si pretendía hacerla dudar, no se lo permitiría.

- Ya veo… - Metió las manos en los bolsillos dispuesto a seguir su camino dándole la espalda. – Entonces imagino que no te preocupa su doble juego…

¿Qué quería decir con eso?

(Fin del Flashback)

Aquellas palabras resonaban en su cabeza sin cesar. ¿A qué se refería con doble juego? ¿Sería sólo un juego para desestabilizarla? ¿Acaso Seiya había estado jugando con ella? No… eso no podía ser posible. La imagen de él besando a Shaina regresó a su cabeza.

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Seiya se adentró en el gran salón buscando ansioso la figura de la chica. No estaba. ¿Quizás había ido a su habitación? Se giró en esa dirección.

- Deberías dejarla sola.

- ¡Kiki? – El pequeño pelirrojo se apoyaba sobre la pared junto a la puerta de salida del Salon central que acababa de atravesar Seiya.

- Está arriba Seiya, la vi subir a toda velocidad, sé que lloraba aunque trató de disimularlo. No sé porqué imagine que tendrías algo que ver… Prometiste no hacerla daño. – El semblante del muchacho se ensombreció.

- No es lo que crees Kiki, te prometo que fue todo un malentendido, por eso necesito hablar con ella. – Los ojos del castaño rezumaban sinceridad y una preocupación que nunca había visto antes. Se volteó dispuesto a alcanzar las escalinatas que le separaban del piso de arriba.

- ¡Seiya! – le gritó el muchacho. – No es buena idea… la conozco bien. No querrá verte y se enfadará. Necesita su espacio de ti.

- Pero no puedo dejarla sola… tengo que… - Dos lágrimas descendieron por su rostro, se sentía algo impotente con la situación.

- No la dejes sola entonces… – Le guiñó un ojo y se perdió dentro del gran Salón. El pequeño hacker demostraba una vez más ser más listo de lo común.

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Dejó la última caja en el suelo antes de atreverse a preguntar.

- ¿Qué es todo esto Shun?

- Una sorpresa. – El joven comenzaba a sacar de las cajas lo que parecían ser cohetes.

- ¿Son fuegos artificiales?

- Chica lista…

- No pensé que te encargarían a ti el espectáculo pirotécnico de la fiesta… - estaba algo confusa.

- Y no ha sido así, esto me lo pidió mi hermano.

- ¿Tu hermano?

- Eso es… mi hermano. ¿Recuerdas la chica con el que él bailaba antes?

- Sí, ella es Esmeralda ¿no? – Shun le había hablado de ella en alguna ocasión anterior. – Oye Shun ¿por qué no dejas de colocar esas cosas y me cuentas de una vez qué está ocurriendo?

Cuando el muchacho levantó la vista la encontró frente a él con los brazos en jarras y una adorable expresión de enfado. La sonrió.

- Tienes razón… lo siento. Ya que me estás ayudando, mereces saberlo. Verás resulta que mi hermano ha decidido ponerse romántico esta noche…

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- Bonita fiesta, aunque hubiera agradecido que me avisaras de que había que venir de etiqueta.

La joven se volteó al oír su voz.

- ¡Pegaso! ¿Qué haces aquí…? ¿Cómo sabías…? – El joven que se encontraba sobre una tejavana cercana al balcón de la habitación de la joven se dejó caer de un salto dentro del mismo.

- Yo sé muchas cosas… Sobre todo las que tienen que ver contigo.- Se acercó hasta la barandilla del balcón apoyándose sobre la misma en idéntica postura a la que tenía la joven. - ¿Qué haces aquí perdiéndote la fiesta?

- Necesitaba un descanso… - La luz de la luna iluminó su cara y pudo ver el brillo de los surcos de lágrimas que habían recorrido su rostro poco antes. La música y voces de los invitados de la fiesta se oían como un murmullo lejano.

- ¿Estás llorando? ¿Qué ocurrió Saori? – Sabía perfectamente por qué o, mejor dicho, por quién lloraba; aún así, debía preguntar.

- No te preocupes, de verdad, estoy bien.

- Si me preocupo. ¿Has tenido algún problema con los tipos de tu empresa?

- No tranquilo, no fue eso. La fiesta fue tranquila. Sólo qué… - Sin saber por qué sintió la necesidad de sincerarse con su amigo. A pesar de ser un auténtico desconocido le había demostrado con creces que podía confiar en él, siempre aparecía cuando más lo necesitaba como si fuera su ángel de la guarda y aquella noche nuevamente lo había hecho. Su compañía le daba algo de paz. – Una persona que me importa muchísimo… me rompió el corazón.

Aquellas palabras atravesaron el pecho del muchacho como si fueran un puñal ardiendo. Pero se recompuso, tenía que regresar a su papel e intermediar para recuperar la confianza de la joven.

- ¿Necesitas que le dé una paliza? – bromeó intentando sacarle una sonrisa.

- ¡Ojala tuviera tan fácil solución! Pero gracias… – le sonrió. Se hizo un silencio entre ellos antes de que Saori volviera a hablar. – En el fondo creo que todo ha sido un malentendido sólo que… sólo que dolió demasiado. Le vi besarse con otra mujer, alguien con la que antes le había visto tontear y… aunque supuestamente había sido para conseguir acceder al archivo del que te hablé… ha sido como si…

- Como si minara tu confianza en él ¿no? – Seiya rápidamente se arrepintió de haber dicho en alto su apreciación al ver el gesto de asentimiento que hizo la chica. Era la primera vez que ella le hablaba de él y estaba echándose piedras sobre su propio tejado, pero en el fondo la entendía, si él hubiera estado en su lugar… se hubiera planteado las mismas dudas. Ahora tenía la oportunidad de remediar o al menos paliar el daño producido. - ¿Por qué crees que ha sido un malentendido?

- No lo sé… creo que fue por cómo me miró ella… porque es él… simplemente no es posible.- Saori soltó un suspiro y dejó caer su rostro, ocultándolo sobre sus brazos que apoyaba en la barandilla del balcón. – Aunque tengo miedo de equivocarme y que sea mi necesidad de confiar y creer en él lo que me está confundiendo. Le quiero Pegaso, le quiero más de lo que jamás hubiera pensado que era posible querer a alguien.

Antes de que pudiera darse cuenta el joven encapuchado la había atraído y la aprisionaba en un abrazo. Sin entender por qué volvió a romper a llorar agarrándose fuertemente a él.

Seiya no sabía que decir, sentimientos encontrados se agolpaban en su interior deseosos por salir. Oírla reconocer que le amaba le había llenado de felicidad, sin embargo, oírlo de aquella manera, en ese contexto… le destrozaba. Quería decirle que él también sentía lo mismo y que todo había sido un error, que él nunca quiso besar a Shaina, pero no quería que fuera así, tenía que ser Seiya el que aclarara la situación y no él, él sólo era un fantasma.

- Deberías hablar con él si de verdad te importa… Nunca desmerezcas lo que te dice tu intuición, conmigo acertaste ¿no? – Aunque no podía verla notó que la sacó una sonrisa. - Pero de momento llora, llora todo lo que necesites. – Acarició el cabello de su cabeza estrechando su abrazo.

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- ¿Dónde me llevas Ikki? Estamos perdiéndonos la fiesta… Y aún no he conocido a todos tus hermanos.

El joven de cabello azul la arrastraba por los jardines de la Mansión hacia una pequeña arboleda.

- No seas impaciente… quiero enseñarte algo.

Ikki paró frente a un imponente roble en cuyo centro había una enorme marca, como si la corteza hubiera sido desgastada en ese punto. La joven rubia se acercó a tocar la zona descubriendo viejas marcas de un pequeño puño sobre su superficie.

- ¿Son marcas de puños?

- Si… son del día en el que se llevaron a Shun lejos de mí a un colegio en el extranjero, separándonos por más de 6 años. En ese momento yo sabía el motivo por el que nos separaban, en lugar de una explicación recibí una fuerte paliza por parte del viejo Tatsumi. Golpeé el árbol con toda mi rabia ese día desollándome los nudillos, había perdido a mi madre y ahora perdía a mi hermano, al que había prometido proteger.

- ¿Por qué me cuentas esto Ikki?

- Ese día me prometí a mi mismo no sólo volver a encontrarme con mi hermano, sino ser fuerte, más fuerte que nadie. No quería volver a sentir ese dolor, ese dolor de la pérdida. En cierto modo cree una coraza para protegerme del mundo y de mis propios sentimientos. – El joven bajo la mirada, recordar aquel episodio le hizo rememorar el dolor que sintió como si nuevamente recorriera cada parte de su cuerpo.

- ¡Dios mío Ikki! – La joven se abrazó a él con todas sus fuerzas. – Tuvo que ser horrible para un niño tan pequeño…

El joven levantó su mentó con una mano, los ojos de Esmeralda le aguardaban con un sutil brillo acuoso.

- Entonces apareciste tú y revolucionaste mi mundo Esmeralda. – Ikki cayó de rodillas abrazándose fuertemente a la cintura de la muchacha que atónita no sabía cómo manejar a un Ikki asi, tan distinto al hombre fuerte y seguro que siempre había conocido. – Siento tanto haberme alejado de ti… de verdad que lo siento Esmeralda, sólo quería protegerte y pensé que esa era la mejor manera. – Notó como la mano de ella se apoyaba sobre su cabeza y le acariciaba el cabello.

- Eso ya está olvidado Ikki. – Su voz sonaba dulce y amorosa.

- No para mi Esmeralda, pero por eso quería traerte hoy aquí. Para romper la promesa que me hice aquel día.

La joven se arrodilló quedando frente a él. – Ikki…

- Esmeralda, quiero hacerte, hacerme una nueva promesa. Prometo que cuidaré de ti por siempre, estaré a tu lado y nunca volveré a separarte me ti. Cada día de mi vida lo dedicaré a hacerte feliz. Si tú quieres…– Su mirada era firme y ardía con un fuego que nunca antes había visto en él. Esmeralda estaba sin palabras.

Ikki soltó sus manos para sacar algo de su bolsillo. La joven rubia se llevó las manos a la boca ahogando un grito. Una fina sortija solitaria con un diamante en su centro se escondía en el pequeño estuche que Ikki había sacado de su bolsillo.

- Esmeralda…

- ¡Sí, si!- Se abrazó a él con tal fuerza que casi le deja sin respiración.. – Si quiero, si quiero… - no paraba de repetir. – Te quiero Ikki.

Antes de que el joven pudiera reaccionar ante la efusividad de su prometida unos estallidos les asustaron.

- Pero ¿qué es eso?

-Mi hermanito… justo a tiempo. Son fuegos artificiales… una sorpresa para ti. Sé que te encantan…

Sus miradas se encontraron, la joven rubia sentía que la felicidad más absoluta inundaba su pecho. Cogió el rostro de su hombre entre sus manos y le besó con intensidad.

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- Son preciosos Shun…

Los fuegos artificiales desplegaron millones de colores por el cielo sobre la mansión. Rojos, verdes, azules, blancos y violetas danzaban llenando la noche de luz. Los dibujos que hacían en el cielo recordaban formas fantásticas: dragones, cascadas de luz, pájaros exóticos… todo un despliegue de magia.

Cuando June se giró descubrió al pequeño de los Kido mirándola.

- Shun… - un rubor carmesí subió por sus mejillas.

- June yo… he estado buscando el mejor momento para decirte algo. – Cogió las manos de la joven entre las suyas. – Estás preciosa bajo esta luz… bueno… en realidad… estás preciosa siempre. – El joven bajó la mirada abochornado, ya empezaba a hacerse un lio con las palabras ¿por qué era tan tímido) Las manos de la joven levantando su rostro buscando su mirada le pillaron por sorpresa.

- Shun…- antes de que él pudiera reaccionar la joven se acercó quedando a escasos centímetros de sus labios. – Yo… también… quería decirte algo…

Siguiendo el impulso incontrolable que su cercanía le provocó Shun aprisionó sus labios con los de la joven rubia que no ofreció resistencia, dejándose llevar por el deseo que tanto tiempo había mantenido guardado. A veces era mejor actuar que hablar.

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- Son preciosos…

"Preciosa eres tú" pensó el joven guardián al verla emocionada observar el baile de luces y fuego que cubría el cielo.

Como si quisiera comenzar un dueto improvisado la música del Salón se alzó con fuerza por encima de los murmullos de los invitados que salían a disfrutar del espectáculo a los jardines.

- Saori ¿te apetecería bailar conmigo?

La muchacha le miró extrañada, nunca hubiera esperado una invitación de ese tipo por parte del Pegaso que siempre se mostraba algo frío y distante. Aunque esa noche estaba rompiendo todos sus esquemas.

- Se que no soy con quien hubieras deseado tener tu último baile pero… - Antes de que pudiera acabar la frase la joven había cogido sus manos llevándolas alrededor de su cintura bordeando con las suyas su cuello.

- Sshh ahora mismo eres el único con el que me apetece bailar… Gracias por ser tan bueno conmigo, realmente necesitaba un amigo esta noche.

Con pasos tímidos comenzaron a balancearse al ritmo de la música. Al tenerla tan cerca su olor le resultaba embriagador, la calidez de su piel que tímidamente rozaba son sus dedos en su agarre. Ella había reposado su cabeza sobre su hombro dejándose llevar por el suave ritmo de la balada que sonaba en la distancia.

- Saori… no quiero verte llorar más. – Dijo en un susurro casi imperceptible. La había sentido romperse en sus brazos por su culpa y era algo que le costaba sobrellevar.

La joven levantó la vista dedicándole una suave sonrisa que contrastaba con la tristeza de sus ojos. Por un momento olvidó quien era, tenerla tan cerca, tan frágil, sólo tenía deseos de abrazarla, de besarla y decirla cuanto lo sentía, cuanto la amaba. Sin darse cuenta se acercó peligrosamente a sus labios.

- Pegaso… yo… lo siento. – Saori se apartó justo antes de que la situación fuera demasiado incómoda.

Seiya se sintió estúpido y tremendamente avergonzado ¿en qué estaba pensando? Había estado a punto de fastidiar aún más la noche, de alejarla no sólo de él… sino también de el único amigo que la quedaba.

- Será mejor que vuelva a la fiesta a despedirme de los invitados. – Se dirigió hacia la puerta no sin antes girarse hacia él en el último momento con una sonrisa. – Gracias…

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Milo salía del baño de caballeros, la fiesta le estaba empezando a cansar y consideraba seriamente que era el mejor momento para hacer mutis por el foro. Le llamó la atención una pareja escondida tras una columna del hall de entrada, el hombre, aunque perfectamente trajeado, estaba totalmente encima de la chica a la que apenas se la veía. "Algunos no tienen ni clase ni vergüenza" pensó.

- Vamos preciosa no te hagas la estrecha ahora… lo has estado pidiendo a gritos toda la noche.

-¡Te he dicho que me sueltes! – Milo se paró en seco al oír a la mujer.

- ¡No me hagas ponerme duro contigo bonita! Me tienes aburrido ya de tanta tontería… – El hombre alzó su mano con intención de golpear a la joven que apenas podía moverse ante la presión del cuerpo del sujeto, cuando una mano por su espalda agarró con fuerza su muñeca.

- La señorita le ha dicho que la suelte ¿acaso está usted sordo?

-¿Cómo? Métete en tus asuntos ¿o no sabes con quien hablas? – Milo dio un fuerte tirón de la mano del hombre que, aunque corpulento, no era más que una mole de grasa borracha, separándolo de la joven a la que mantenía subyugada.

- Perfectamente, usted es el Sr. Yihasi ¿Qué tal está su mujer? Pensé que le acompañaría esta noche. – La cara de susto del hombre al verse reconocido por Milo no fue más que la crónica de una huída anunciada. Casi sin proferir palabra se acomodó su ropa y huyó del lugar.

- Ya está, ya se fue y no volverá a molestarte – Milo se agachó a consolar a la chica, que resultó ser una camarera del evento, y que lloraba acurrucada en el suelo.

- Gracias, muchas gracias. – Milo le ofreció su mano para que se levantara.

- Hazme, un favor, ve dentro y coméntale a tu patrón lo ocurrido, dile que puede hablar conmigo sobre ello, mi nombre es Milo, no necesitarás decirle más. En adelante tendrán más cuidado con quienes invitan a sus fiestas, no me cabe la menor duda de ello. – La camarera le obedeció sin rechistar dirigiéndose hacia las cocinas. – ¡Y.. oye! Espera a que los invitados despejen la fiesta antes de volver a salir ¿de acuerdo? – La joven asintió dedicándole una última sonrisa de agradecimiento.

- Desconocía tu faceta de salvador de doncellas. – Aquella voz le resultó muy familiar.

- Shaina… - cuando Milo se giró se encontró cara a cara con la joven. - ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

- El suficiente, reconozco que si tú no hubieras intervenido lo hubiera hecho yo. Sin que sirva de precedente, bien hecho Milo.

La joven, que llevaba su chaqueta y su bolso en la mano, se dirigió hacia la salida dando por concluida la charla.

- Shaina espera ¿ya te vas? Deja que te acerque a tu casa.

Shaina frunció levemente el ceño antes de contestar, no quería demorar más su partida, su cercanía siempre la intimidaba, así que optó por darle uno de sus habituales desplantes.

- ¡Oh, no hace falta! Todavía me queda algo del dinero que me pagaste por nuestro último encuentro, puedo costearme un taxi.

Milo no daba crédito a lo que acababa de oír, gracias a un momento de lucidez pudo correr tras Shaina hasta alcanzarla, tirando de su brazo y obligándola a enfrentarle cara a cara.

- ¿De qué dinero me estás hablando Shaina?

- No te hagas el tonto conmigo Milo. – La joven tragó saliva. ¿Acaso él ya había olvidado la forma en la que la humilló?

- Pues ¿qué quieres que te diga! Debo de ser el más tonto de todo Japón porque no sé de qué me hablas. – Un silencio incómodo se hizo presente entre ambos.

- Milo… eso es ya historia pasada… por favor, suéltame, estoy cansada y quiero irme a mi casa ya.

- No, no pienso soltarte. – La vehemencia en la mirada del hombre la dejó paralizada. – No sé de qué diablos me hablas Shaina. Lo cierto es que nunca he tenido la menor idea de lo que pasó contigo. Sólo recuerdo que pasé una noche increíble con una mujer maravillosa, pero que cuando regresé a la habitación del hotel con algo de desayuno había desaparecido, no contestaba a mis mensajes, ni a mis llamadas y me trataba como su fuera la peor calaña del universo.

- ¿Acaso te estás riendo de mí? - Shaina no podía dar crédito a las palabras de Milo, sus ojos sujetaban con dificultad lágrimas de rabia o de confusión ¿Acaso aquello había sido una declaración? Después de todo lo pasado… no era posible, seguro se estaba riendo de ella. – Cuando desperté en aquel hotel de mala muerte no estabas, sólo había un humillante fajo de billetes sobre la mesita. ¡Fue todo un detalle por tu parte! Léase la ironía.

Por un momento ambos quedaron en silencio ante la declaración de la joven, fue Milo quien, para la sorpresa de Shaina, lo rompió con una carcajada que no pudo más que terminar de alterar los nervios de la chica.

- ¡Eres imbécil Milo!¡IMBÉCIL! – La joven luchó por soltarse de su agarre mientras le golpeaba con el puño de su otra mano en el pecho. Rompiendo a llorar. Para su sorpresa, Milo tiró de su agarre abrazándola con fuerza contra su pecho.

- Aquí la única tonta eres tú… - le susurró al oído – ¿o no te das cuenta que fue todo un mal entendido? Dejé ese dinero por prudencia, no conocía el lugar y no quería llamar la atención al pagar. Tu misma lo has dicho… era un antro de mala muerte ¿no lo recuerdas? Fue el único que encontramos abierto… – Shaina no era capaz de articular palabra aunque poco a poco iba relajando su forcejeo.

- Mientes… - se atrevió a decir por fin.

- ¿Qué razones tendría para mentirte? – Milo deshizo su abrazo sin dejar de sujetarla para que pudiera mirarle a los ojos. Mientras ella conservaba cierta rabia, él había relajado su semblante, una tonta sonrisa se empezaba a dibujar en la comisura de sus labios. – Shaina, por favor, escúchame por una vez en tú vida. Si fuera cierto que te considerara una mujer de "ese tipo"; compañías que, por cierto, nunca me han interesado, ¿no crees absurdo que después de esa noche haya insistido tanto en volverte a ver con mis llamadas y mensajes?

- ¡Yo qué sé! Igual te resulté barata… - Shaina ya no sabía qué creer. Pero era una cabezota de libro y le iba a costar dar su brazo a torcer. Las convicciones que hasta el momento se erigían firmes en su cabeza comenzaban a desmoronarse como un castillo de naipes y la confundían.

- ¡Shaina, por favor, soy millonario! – Rió.- Estas siendo una obstinada y no tienes razón para ello. – La joven dejó escapar un bufido.

- Bueno… y si todo fue un malentendido ¿qué más da? Ya todo es agua pasada… - Milo desistió de su agarre ante sus palabras y ella aprovechó para alejarse de él.

- No, no da igual Shaina.- Si la joven creía que le había derrotado con aquel último comentario se equivocaba, al igual que ella Milo podía ser muy obstinado. – Creo sinceramente que me debes una segunda oportunidad y no voy a parar hasta conseguirla. – La joven le observaba con una mezcla de estupefacción y confusión ¿acaso aquel hombre quería luchar por ella? – Déjame acompañarte a casa Shaina, déjame pedirte una cita de verdad, sin hoteles de mala muerte – la sonrió -, sino con un buen restaurante, un paseo… - los nervios del Consejero cedieron por fin - ¡o lo que tú quieras cabezota! ¿qué más necesitas para darte cuenta de que me interesas de verdad? – Bajó su mirada y, como si fuera un chiquillo, apretaba sus puños a ambos lados de su cuerpo.

Shaina tardó un poco en reaccionar. Se acercó al hombre que acababa de confesarse y se agarró a su brazo.

- Vivo en el número 54 de la Avenida Principal, intenta no correr mucho, por favor, creo que bebí algo más de la cuenta. – Cuando Milo, quien ya lo daba todo por perdido, alzó la vista hacia ella se encontró con la tímida sonrisa de quien había decidido dar un voto de confianza a los finales felices.

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Prefirió regresar a la seguridad de su apartamento esa noche en lugar de quedarse en la Mansión. Sabía que en ninguno de los dos sitios podría pegar ojo pero, al menos, en su apartamento no tendría que dar cuentas sobre sus ojeras a Tatsumi al día siguiente.

Caminaba por el pasillo cuando le vio sentado junto a su puerta, con las rodillas dobladas y la cabeza entre los brazos que apoyaba sobre estas haciendo un círculo. Se le veía decaído ¿cuánto tiempo llevaría allí esperándola? Se paró mientras decidía si darse o no la vuelta. Él parecía no haberla visto aún y no sabía si tendría fuerzas para hablar sobre lo sucedido, sin embargo el castaño no tardó en cambiar su postura encontrándola de frente. Saori tragó saliva y continuó su camino hacia la puerta de su apartamento consciente de que ya no tenía escapatoria.

- ¡Saori, por fin llegaste! – El joven se levantó presuroso yendo a su encuentro. – Por favor, perdóname por lo ocurrido te juró que fue un mal entendido, yo no tuve nada que ver, no sabía que Shaina iba a… bueno a hacer eso. – Sus ojos eran tan sinceros que Saori no sabía cómo reaccionar. – Por favor, dime algo, grítame, lo que sea…

- Seiya yo… no sé qué decirte. – La joven apartó su mirada de la de él, le era imposible continuar hablando mientras sus enormes ojos color café la observaban demandando su redención. – Ha sido todo tan… confuso. Llevo toda la noche deseando oírte decir que todo ha sido un mal entendido, qué tú no querías besarla. Pero no me quito la imagen de mi cabeza… - El castaño se arriesgo a buscar su contacto cogiéndole las manos. – Además, Saga…

- ¿Qué ocurre con Saga? ¿Qué pinta él en todo esto?

- Me lo encontré antes de salir al jardín, é me dijo… él me dijo que tenías un doble juego. – Seiya se quedó paralizado, ¿acaso Saga sabía más de lo que ellos creían? – Seiya… - Saori buscó su mirada en un desesperado intento de cerrar ese capítulo que tanto daño la estaba causando. – Yo te creo, quiero creerte… pero necesito saber que no es cierto, que nunca me mentirías, no soportaría más mentiras en mi vida. Por favor, dime que es así, dime que no hay algo que no sepa. Dime que no es cierto lo que dice Saga.

- Saori… verás, es complicado…- El joven apenas podía terminar su frase, quería decirle la verdad pero al mismo tiempo no podía defraudar la confianza de sus hermanos, les había hecho una promesa. Saori se había llevado las manos a la boca en gesto de desconcierto, al ver que el joven no era capaz de contestarla. – Pero te prometo explicarte cuando todo esto acabe, por favor, créeme.

- Ya no sé qué creer Seiya… - las lágrimas caían por sus mejillas sin contención, en pocas horas su realidad, sus pilares, se estaban desmoronando ¿qué era aquello que le ocultaba Seiya? ¿Qué motivos tenía para no confiar en ella? ¿Acaso todavía tenía dudas? Notó que se ahogaba que necesitaba huir y alejarse de todos y de todo. Últimamente todo el mundo en quien alguna vez había confiado o la mentía o la ocultaba información: su abuelo, Saga, Tatsumi… y ahora él, Seiya. – Lo siento Seiya… necesito estar sola.

Antes de que el muchacho pudiera reaccionar abrió la puerta de su apartamento cerrándola tras de sí.

Seiya no sabía cómo reaccionar, ese malnacido de Saga había malmetido entre ellos y ahora se encontraba perdido sin saber cómo recuperar la confianza de Saori. Golpeó son rabia la pared antes de abandonar el lugar.

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Lleno nuevamente su copa con un trago doble, sabía que había bebido más que suficiente, pero últimamente sólo el alcohol calmaba sus ánimos. Volver a esa casa, a la casa del hombre que le había engañado con la mujer que amaba había sido demasiado duro. Cuando se cruzó con su imponente retrato en la entrada, mirándole con su habitual superioridad, estuvo a punto de rasgarlo con sus propias manos, pero tuvo que contenerse. Le odiaba con todo su ser, a él y a toda esa familia que no hacía más que recordarle lo estúpido que había sido todos esos años.

Dio un trago a su copa cuando le pareció ver algo, no, alguien que le observaba, oculto en la oscuridad, desde el otro lado de la estancia.

- ¿Eres el diablo? – Su estado de embriaguez le permitía darse el lujo de no temer a nada. – Si vienes a por mi alma llegas tarde… la perdí hace tiempo.

- ¿De verdad te crees tan importante para que el mismísimo diablo venga a por tu alma? – Su voz era profunda, parecía distorsionada por algún aparato electrónico.

- Al menos tienes ingenio… - Camus rió ante el comentario de su misterioso visitante. -¿Por qué no te muestras a este viejo beodo? ¿Acaso me tienes miedo?

La presencia que hasta el momento se ocultaba tras las sombras dio un paso al frente dejando que la luz de la luna le iluminara. Iba vestido de negro y ocultaba su rostro bajo una capucha y una máscara.

- ¿Quién te envía? – preguntó el Consejero.

- Nadie.

- Entonces… ¿Qué quieres de mí? ¿Dinero? Llévate lo que quieras, me da igual, nada de lo que hay en esta casa tiene valor para mí.

- Quiero respuestas.

(continuará)

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¡Hasta aquí hemos llegado!

Muchísimas gracias mis fieles lectoras/es por continuar ahí aunque últimamente me retrase un poco con mis actualizaciones. Y sobre todo gracias por vuestros reviews que me motivan para seguir publicando.

Como os dije… nada es lo que parece… J

Os pido por favor no seáis muy duras con Saori, pensad que a esta chica en poco tiempo le ha cambiado la vida… y lo que le queda…

Por favor, tened paciencia con la próxima actualización ya que tengo un viaje el finde y es posible que me retrase un poco…

Como siempre muchísimas gracias, sois fantásticas/os. Si tenéis dudas o cuestiones no dudéis en plantearlas si puedo las responderé jejeje.

Namasté!