CAPÍTULO 20.- VERITAS LIBERABIT VOS

("La verdad os hará libres")

— ¿Por qué tardaste en coger?

‹‹Sabes que soy un hombre ocupado. ¿Qué quieres?››

— Todo se ha complicado demasiado, necesito que te encargues de ello, pero esta vez no la cagues.

‹‹¿En qué estás pensando?››

— Un secuestro.

‹‹Entiendo que de la chica.››

No, de él, y te advierto que es un tipo peligroso, por eso quiero a tu mejor hombre y no a los aficionados que me mandaste la otra vez. Nada puede salir mal ¿me entendiste? No volveré a permitirte un error, sabes a lo que me refiero.

‹‹Descuida, tengo a la persona perfecta para este encargo.››

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Unas horas antes….

— Estoy segura de que tengo que tener alguna en mi despacho, acompáñame; aún así me parece raro que no hubiera en el botiquín.

— A mí también. – Asintió el rubio disimulando a la perfección, pues había acordado con su hermano dicha treta con el objeto de que pudieran hablar. Los acontecimientos de los últimos días, unidos a que en pocas horas sería la votación del Consejo y por fin pondrían fin a su problema, le animaron a ayudar a su hermano. En cierto sentido se sentía culpable por lo ocurrido al presionar a Seiya sobre la importancia de mantenerla al margen y, aunque el castaño le había insistido que él estaba conforme con la decisión tomada y que no se sintiera para nada responsable, ayudándole consideraba que podría paliar de algún modo su sentimiento de culpa. – Lo cierto es que eras mi última esperanza… desconocía que conseguir una tirita fuera tan complicado. — Rió.

Con su última frase también logró sacar una sonrisa a la joven, sin embargo, esta desapareció según llegaron a la puerta del despacho y se encontró con Seiya dentro, estaba esperándola. Antes de que pudiera reaccionar Hyoga cerraba la puerta con llave encerrándolos dentro. Así que, superada esa primera impresión y sorpresa, cogió aire antes de dirigirse al que sabía ideólogo de toda esa pantomima.

— ¿De verdad crees que era necesario todo esto? – buscó poner distancia entre ambos se sentó en su silla.

— Teniendo en cuenta que no has respondido a ninguna de mis llamadas y mensajes, me temo que sí. — Con actitud algo derrotada Seiya la observaba desde el otro lado del despacho, se había mantenido apoyado al frente de su mesa de escritorio.

— Sólo necesitaba algo de tiempo. – Saori apartó la mirada, no era capaz de sostenérsela sin derrumbarse. Sabía que su actitud estaba siendo tremendamente infantil pero, simplemente, no era capaz de afrontarlo de otra manera en ese momento. Su silencio ante su escueta explicación la turbaba, era como si le estuviera reclamando algo más. — Es más complicado de lo que parece Seiya…

— Pues explícamelo, confía en mí, por favor… — su reacción no fue la esperada por Saori. Él no estaba enfadado, estaba triste… Se sintió horrible por ser la causa de que él estuviera así, por lo que decidió sincerarse fueran cuales fueran las consecuencias.

— Esa es la cuestión Seiya… yo siempre he confiado en ti, incluso cuando para ti era invisible o, lo que es peor, una molestia. ¿Sabes que el día del funeral te vi? – El castaño no pudo evitar abrir los ojos como platos ante su revelación, aún así la dejó continuar sin interrumpirla. — Te vi y supe que, en adelante, toda esa rabia que hasta entonces repartías entre mi abuelo y yo sólo se dirigiría a mí. Temí aquello. He de reconocer que luego me sorprendiste, pero no puedes negarme que mis suposiciones no iban desencaminadas. — Seiya bajó la cabeza, no quería admitir que ella no se equivocaba. — Y lo curioso, Seiya, es que yo nunca te he odiado, más bien al contrario. Siempre has sido la única persona que me ha dado seguridad. A pesar de las peleas, y las duras y afiladas palabras que nos hemos dirigido, si había alguien en quien confiaba era en ti. Quién sabe – se sonrojó ligeramente consciente de lo que estaba a punto de reconocer - …a lo mejor siempre he estado enamorada de ti. Pero con independencia de eso, la razón por la que te convertiste en mi pilar, en mi persona, era porque nunca esperabas nada "más" de mí. Me tratabas como a un igual, me hablabas claro y sabía que, con independencia de su contenido, tus palabras siempre eran genuinas y francas. Para ti no era ni la huérfana, ni la heredera, ni la señorita de clase alta, ni cualquiera de esos calificativos que, sin pedirlos, han terminado convirtiéndose en una losa difícil de sostener sobre mi espalda. Todo los que me rodean creen saber lo que pienso, lo que necesito, lo que pueden esperar de mí… y lo que es peor, todos creen que es posible controlarme para sus intereses. He vivido muchos años en un mundo irreal, ficticio y lleno de mentiras y apariencias, así que construí un muro tras el que protegerme con una sola puerta. Y la única llave te la entregué a ti Seiya. Cuando nuestra relación cambió, cuando empezaste a conocer a la auténtica mujer que soy y no huiste, ni pretendiste obtener algo de mí… deberás Seiya que creí que era posible otro tipo de vida. Por eso cuando fui consciente de que no eras cien por cien sincero, que habías sido capaz de utilizar a Shaina, con todo lo que ello supuso, que me habías ocultado la verdad…y, lo peor, que no fui consciente de ello, simplemente me rompí.

Saori le observaba esperando su reacción. Seiya la miró durante unos segundos antes de pronunciarse tras aquel discurso improvisado del que había sido el único oyente.

— Creo que eres injusta. — Saori no podía creer lo que acababa de oír, ciertamente esa no era, ni de lejos, la reacción que hubiera esperado. — En esta vida no puedes permitir que tu estabilidad dependa tanto de los demás y, sobre todo, de mí. ¡Es injusto Saori! Además, la vida no es sólo negros y blancos, tu confianza en las personas no puede depender únicamente en si son plenamente sinceros o no contigo. Precisamente la confianza se dice que es ciega por eso, a veces es necesario no pretender tener todas las respuestas y simplemente confiar. Sobre todo cuando la persona frente a ti solo quiere protegerte Saori. Todo lo que he hecho desde que ese testamento se abrió ha sido por y para cuidar de ti, porque me importas. Y no quiero resultar pretencioso, de veras, sé que tengo muchas explicaciones que darte, también sé que tuvo que ser muy duro para ti verme con Shaina… ¡Por Dios! Si hubiera sido al revés… no sé cómo hubiera reaccionado la verdad. Pero también sé que la mujer de la que me he enamorado no es la mujer temerosa y cobarde que hoy se muestra ante mí. No esta mujer que huye de sus problemas.– Saori no sabía cómo reaccionar ante sus palabras, no sólo ante su declaración de amor, pues, al igual que ella, él había reconocido estar enamorado, sino ante aquella verdad que salía de su boca sin filtros, tapujos o limitaciones. Seiya se acercó a la puerta y dio dos toques. La llave que los tenía encerrados los liberó y unos pasos alejándose se oyeron antes de que Seiya abriera la puerta dispuesto a salir, eso sí, no sin antes decir sus últimas palabras. — Tómate el tiempo que necesites, estaré esperándote. Siempre estaré esperándote.

Se fue y Saori rompió a llorar.

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Estaba nervioso, no tenía muy claro si lo que estaba punto de hacer era lo correcto, tanto por el contenido como por la forma en la que pretendía abordarlo. Sin embargo, había elegido ese día aun a sabiendas de que era el más concurrido, pero tener otra oportunidad así sería difícil. Cogió aire y entró en el baño de caballeros. El hombre que buscaba estaba solo, solo ante el urinario. Se colocó a su lado para hacer lo propio mientras le miraba de reojo intentando adivinar cómo iniciar la conversación.

— ¿Qué pasa chaval? ¿Te gusta lo que ves? – Quizás sus nervios le habían traicionado hasta el punto que la situación se había tornado un poco incómoda. Shiryu retiró la mirada avergonzado.

— Eres el hijo de Mitsumasa ¿verdad? — terminó de satisfacer sus necesidades más básicas y se acercó a lavarse las manos. Shiryu hizo finalizó rápido también, siguiéndole hacia la zona de lavabos.

— Si, uno de los mayores. – Nuevamente su nerviosismo lo delataba, haciéndose evidente para su acompañante.

— ¿No has entrado aquí de casualidad verdad?

— Lo cierto es que no. – El momento de la verdad había llegado, se había precipitado sin que apenas fuera consciente de ello. — Verá, le vi junto a su mujer en la fiesta y…

— Chaval… ojito con lo que vas a decir…— No le gustaba que hablaran de su mujer, era su principal preocupación y su punto débil.

— Quisiera presentarle a alguien que creo puede ayudarla.

— He oído muchas veces tonterías de ese tipo, créeme si te digo que no creo que puedas descubrirme nada nuevo… Ahora ¿por qué no te preocupas mejor de tus propios problemas? – se giró dispuesto a dejarle allí plantado pero el joven moreno le agarró del brazo frenándole.

— Empiezas a resultarme un poco cargante muchacho…

— Por favor, déjame explicarte. — Su ruego fue tan sincero que despertó la curiosidad en el dueño de Crustoe. — Mi hermano es un genio, no uno normal, en serio, es excepcionalmente listo. Se dedica a la investigación médica en el departamento de I más D de la empresa. Deja que él examine a tu esposa, es más que posible que pueda ayudarla. — El consejero le miró algo receloso.

— ¿Porqué tendría que creerte? Quien me dice que esto no es una estratagema para condicionar mi voto en la reunión.

— No te estoy pidiendo tu voto a cambio. De hecho, podemos fijar ya un día y una hora si así te quedas más tranquilo. — A pesar de sus palabras su expresión continuaba siendo seria. — Soy muy consciente de que hay cosas más importantes que esa reunión en la vida. Yo mismo estoy casado y mi mujer es lo más importante en mi vida. Pronto seremos padres y no hay noche en la que no me cueste dormirme ante el miedo de que su embarazo pueda complicarse. No me creas si no quieres, es entendible que tengas dudas sobre la sinceridad de mi propuesta, pero ambos sabemos que, en el fondo, no tienes nada que perder…

Hubo un pequeño silencio antes de que el consejero reaccionara.

— ¿Cómo dices que se llamaba tu hermano? – una sonrisa se dibujó en el rostro del moreno.

— Shun, se llama Shun.

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El proceso para la toma de decisión del Consejo era sencillo. Reunidos todos los Consejeros dos representantes de una y otra posición expondrían su postura por turnos sin que la otra parte estuviera presente, ello con el objeto de evitar que la segunda en hablar pudiera tener algo de ventaja al escuchar el alegato previo de su "contrincante".

Uno a uno los consejeros iban llegando y ocupando sus respectivos lugares. Saga sonreía triunfante, sólo con el voto de dos Consejeros a su favor podría superar el veto. Estaba seguro de que Milo le apoyaría, le había visto mirar con cierto desdén a Seiya en la fiesta. Sabía de su interés por su secretaría, por lo que, la reciente amistad de ella para con el joven Kido podría otorgarle ventaja a su favor, "Benditos celos" pensó. El Consejero que representaba a Crustoe también estaría de su lado, siempre lo estaba. Él dominaba el voto de Aioria de Horse and Lion, ya que el pequeño de la familia nunca se presentaba y, del resto, había alguno que siempre le sorprendía con su apoyo. Al fin y al cabo, todos los años de brillante servicio a la compañía tendrían que dar sus frutos en algún momento.

— Creo que ya estamos todos…- Se apresuró a decir cuando una voz extrañamente familiar le interrumpió.

— Un momento por favor.

Apostado en la puerta un joven rubio observaba a todos los reunidos con cierta añoranza. El tiempo puede ser cruel cuando quiere enseñarte una lección y a Aioria le había llegado el momento de aprender que no por alejarte los problemas estos desaparecen. Cuando Seiya le llamó tuvo la tentación de negarse a ayudarles pero aquello sólo implicaría demorar más lo inevitable. Saber que era su propio hermano el que al fin había asumido su responsabilidad por lo ocurrido y quería enmendar el pasado le animó a enfrentar el propio y, quién sabe, quizás cerrar página podría suponerle recuperar a Aioros.

— ¿Aioria?— Saga no daba crédito a lo que veía ¿cómo se había enterado de la reunión? Aioros y él no se hablaban y era prácticamente imposible que hubiera sido cualquier otro de los Consejeros. Mientras divagaba su vista se cruzó con la mirada retadora y petulante de Seiya, todo empezó a cobrar sentido.

—Presente.– El joven, que había entrado acompañado de una bella mujer de cabello castaño con tintes rojizos, buscó acomodo en la mesa junto al resto de Consejeros.— Disculpad la demora pero se debió de extraviar la convocatoria y no tenía muy claro el lugar y la hora. — Al decir esta última frase lanzó una mirada inquisitiva al abogado. A pesar de que le cedió su voto su acuerdo era que le mantuviera informado, acababa de darse cuenta que su confianza había sido cuestionada.

Saga carraspeó un poco la garganta antes de continuar.

— Ahora que ya estamos todos, creo que podemos empezar.

La primera en hablar fue Saori, Saga se retiró a su despacho. Mientras los chicos, Seiya, Hyoga y Shiryu, esperaban en el pasillo. Seiya daba vueltas de un lado para otro nervioso, hasta pararse frente a sus hermanos.

— ¿Sabéis algo de Shun e Ikki?

— Están ya entrando en el edificio — contestó Shiryu tras consultar su móvil.

— Perfecto, diles que esperen a que les avisemos para subir, será mejor que no se crucen con Saga.

Saori no tardó mucho en salir y reunirse con sus hermanos dando el relevo a Saga. Cuando este último concluyó su exposición la tensión se cortaba con cuchillo en el pasillo hasta que la puerta se abrió: los Consejeros se había pronunciado. Saga comenzó a sentirse nervioso, los Consejeros había tomado una decisión demasiado pronto lo que significaba que no había existido discusión, antes de que Aioria hubiera hecho acto de presencia aquella opción no se le antojaba un problema, pero con la aparición del hermanísimo… sus opciones de éxito se habían reducido considerablemente. Aun así el espectáculo tenía que continuar.

El Consejero de Industrias Carnero, Mu, tomó la palabra.

— Caballeros y señorita, hemos de comunicaros que el Consejo ha tomado una decisión respecto del veto.

— Espera un momento Mu. — Para sorpresa de todos Seiya se había levantado interrumpiendo el comunicado. — ¿Cuánto tiempo más vais a continuar con esta farsa?

— ¿Cómo? — se aventuró a preguntar Mu quien, guiado por una intuición dirigió su atención a Aioros quien mantenía su mirada baja, perdida en alguna de las vetas de la mesa de madera de roble.

Seiya ignoró a su interlocutor dirigiéndose a Saori. Consciente de los efectos que la revelación que estaban a punto de hacer podrían causar en su ya frágil relación había pedido a sus hermanos llevar el la carga de enfrentarse al Consejo.

— Saori, antes de nada, quiero pedirte perdón. Seguramente, cuando acabe esta reunión, sientas que nuevamente te he decepcionado, pero créeme, créenos – matizó mirando a sus hermanos — consideramos que esta era la mejor manera de hacerlo, teníamos la tonta esperanza de que los hombres aquí reunidos tuvieran la decencia de decir la verdad, dado que sabemos el especial cariño que les tienes a la mayoría de ellos. – La expresión de Saori era la definición pura del desconcierto, sintiéndose incapaz de pronunciar palabra, tan sólo asistió invitándole a que continuara.

La puerta se abrió justo en ese momento suavizando la tensión.

— ¡Genial! Shun, Ikki, llegáis en el mejor momento — señaló el castaño. Los hermanos que faltaban llegaron acompañados de un desconocido. Un hombre moreno, rondaría los cuarenta, de semblante serio y correctamente vestido de traje, custodiaba bajo su brazo derecho un portfolio de piel marrón. — Señores, permítanme presentarles al Sr. Unagi está aquí para ayudarnos con nuestra…¿presentación?

— ¿Por qué no vas al grano muchacho? — Esta vez fue Saga el que interrumpió, la dirección que estaba tomando el asunto no le convencía demasiado pero le intrigaba.

— A eso iba… — le lanzó una mirada retadora antes de continuar. — ¿Sabían ustedes que el viejo Mitsumasa guardaba los originales de todos los documentos importantes en una caja fuerte de la Mansión? – un tenso silencio se hizo en la sala. —Nosotros lo descubrimos hace poco gracias al viejo Tatsumi, su fiel sirviente. Pues veréis, aquí es donde entra nuestro invitado, el Sr. Unagi, uno de los más importantes y reconocidos grafólogos de Japón. Sr. Unagi, por favor, ¿podría mostrar a los aquí reunidos lo que trae en su carpeta?

— Por supuesto. - El hombre abrió su porfolio y sacó unos documentos del mismo. — Los jóvenes Kido me pidieron que contrastara la firma y letra de su padre, el Sr. Kido, en las siguientes cartas y en su testamento. Verán el trazo de las jotas y las eles es muy característico además de que su presión al escribir era fuerte y su ritmo pausado con unión irregular entre las letras, la velocidad de escritura variable e inclinación oscilante ligeramente descendente es una constante en todos los documentos. Sin lugar a dudas, puedo afirmar y certificar que todos los documentos fueron redactados por la misma persona.

— Muchas gracias Sr. Unagi. — Seiya cogió el montón de cartas y comenzó a repartirlas entre los Consejeros. — Son bastante antiguas pero no dudo en que las reconoceréis al momento.

Las caras de los aludidos dibujaron una mueca de asombro y preocupación, cruzaron miradas entre ellos, aquél giro de las circunstancias no lo habían previsto. Fue Dohko el que se aventuró a hablar el primero.

— Seiya, quizás sería conveniente que antes de seguir con esto vierais el resultado de la votación.

— No lo creo. — Aioros no estaba dispuesto a frenar aquello, al fin y al cabo, él había sido el incitador principal de aquella encerrona al contarle a Seiya la verdad días antes. – Saori, hay algo que hace tiempo debimos contarte y, por mi parte y la de mi familia – dirigió una fugaz mirada a su hermano — quisiera pedirte perdón y que nos permitas explicarte.

— Aioros… no es necesario que…

— No Seiya, déjame hablar a mí. Te agradezco que quieras evitarme esto, y siento profundamente haberte inmiscuido, pero ya va siendo hora de que me enfrente a los fantasmas que desde hace tanto me han atormentado. – Miró hacia el resto de los Consejeros. — Hacia los fantasmas de todos nosotros, por lo que espero que ninguno ose evitarlo. — Su mirada y actitud era fuerte y vehemente, todos supieron que ya nada evitaría que toda la verdad saliese a la luz. — Verás Saori, no sé muy bien cómo empezar… esta empresa originariamente fue una idea de dos amigos: tu abuelo, Mitsumasa, y tu padre Tenma Kojiro. – Saori ahogó un suspiro ante la revelación.

Sin más trámites Aioros comenzó con su historia:

"Mitsumasa, antes de convertirse en un importante empresario, colaboró varios años con la Universidad de Económicas de Japón, Tenma era un alumno brillante, el más destacado de su promoción, por lo que Mitsumasa no pudo negarse cuando éste le pidió que le ayudara con su Doctorado. De esa relación salió una profunda amistad entre alumno y profesor, hasta el punto de que Empresas Kido surgió como un proyecto común del que ambos eran propietarios al cincuenta por ciento.

Durante años trabajaron juntos en ese proyecto, años en los que su amistad se afianzó, siendo su relación prácticamente como la de dos hermanos. Cuando vieron que la proyección internacional era una posibilidad cada vez más jugosa, Mitsumasa decidió viajar a Europa, a Italia, concretamente, con el objetivo de reunirse con un importante empresario, el fundador de Horse and Lion – sí, la empresa de mi familia, pero luego llegaremos a ese punto —. La sorpresa de Mitsumasa fue encontrarse con que el afamado empresario estaba postrado en su cama, gravemente enfermo, y la empresa era dirigida por su única hija y familia, Sasha.

Sasha era una mujer excepcional, no sólo por su belleza, sino por su inteligencia y templanza. No era de extrañar que Mitsumasa se enamorara locamente de ella. Sin embargo la diferencia de edad entre ambos era notable y un importante obstáculo para Sasha. Sin embargo, cuando su padre falleció el apoyo que recibió por parte de tu abuelo fue tal que ella accedió a casarse con él. Si fue por la deuda que sentía para con él más que por amor verdadero, eso es algo que ella nunca reveló. Lo cierto es que siempre le tuvo un especial cariño.

Por aquel entonces Empresas Kido había crecido exponencialmente, lo que dio lugar a una ampliación del accionariado y con ello, a que nuevos socios entraran a formar parte del Consejo, así fue como todos los aquí reunidos comenzaron a formar parte de la empresa, junto con la propia Sasha, en aquel entonces dueña de Horse and Lion. Mitsumasa y ella regresaron a Japón con motivo de la ampliación así como para anunciar su compromiso.

Desde el mismo momento en el que Sasha y Tenma se conocieron una fuerte atracción surgió entre ambos y, aunque lucharon contra lo que sentían, finalmente el corazón pudo a la razón. Mitsumasa no lo entendió, es más, ardió en cólera contra los dos enamorados quienes tuvieron que huir a Italia. La distancia entre ellos no fue la solución esperada pues, en lugar de calmar los ánimos de vuestro padre, no hizo más que avivar su rabia, más aún cuando descubrió que ambos se habían comprometido y esperaban una hija, a ti Saori.

Por aquel entonces yo tendría unos 13-14 años y Aioria unos 6-7, mi padre había sido el secretario personal del padre de Sasha, por lo que a su fallecimiento nos trasladamos a la casa de invitados de la Mansión su familia para ayudar a la joven. Recuerdo perfectamente a tus padres Saori, Tenma era un chico joven de cabello castaño y muy risueño y gentil, salvo en cualquier cuestión que tuviera que ver con Sasha donde sacaba un instinto protector que llegaba a asustar. Tú te pareces mucho a tu madre, tanto físicamente como en la calma que desprendes, eres su viva imagen. Nunca he visto una pareja tan bonita y enamorada, lo único que ensombrecía su estampa era la pena que habían traído consigo de Japón, ambos querían mucho a Mitsumasa y ser conscientes del dolor que le habían causado… les desolaba.

El día que supieron que Sasha se había quedado embarazada tu padre montó una gran fiesta para ella en casa. Aunque éramos pocos los que vivíamos allí, lo recuerdo como un día muy especial porque tanto mi familia como lo sirvientes de la casa sentimos que aquella niña era en parte nuestra. Fueron tiempos muy felices, aunque no dudaron mucho.

Mitsumasa no conseguía olvidar lo sucedido, así que movido por la envidia de su felicidad congregó a todos nuestros amigos, los miembros de este Consejo— nótese la ironía —, con la idea de sacar a Tenma y a Sasha de la empresa. Recuerdo que Sasha se encontraba al final de su embarazo y tuvieron una fuerte discusión cuando Tenma decidió, a pesar de ello, viajar a Japón a solucionar las cosas con Mitsumasa y poner punto y final a la historia.

Lo que pasó después tampoco lo recuerdo muy bien. Sé que mientras tu padre estaba en Japón, Sasha se puso de parto y todo se complicó demasiado, falleciendo durante el parto. Fueron días muy tristes, todos sufrimos muchos su muerte y además, no teníamos noticias de Tenma. Los días pasaron y, de repente, un viejo conocido apareció en la Mansión, Mitsumasa. Se encerró durante horas con nuestro padre en el despacho principal, tras lo cual, te llevó consigo. Directamente te cogió de mis brazos Saori.

A partir de ese día mi familia pasó a ocuparse del negocio de Horse and Lion. El tiempo pasó y tanto Aioros como yo crecimos olvidando poco a poco los pormenores de aquella historia."

— Fue mucho después cuando descubrimos lo ocurrido. — Aioria decidió intervenir en la historia. — Cuando nuestro padre falleció encontramos la carta. Esa carta que hoy ha vuelto a recordarnos a todos el tipo de personas que somos. En ella, Mitsumasa convocaba a nuestro padre como nuevo propietario de Horse and Lion y representante del Consejo a una reunión en Japón para abordar el asunto de "la sucesión". Comenzamos a investigar a qué se refería esa carta, localizamos a antiguos sirvientes, fueron ellos los que no dijeron que aquel día tan fatídico Tenma también había muerto. Al enterarse que Sasha se había puesto de parto y que se estaba complicando, abandonó la reunión y cogiendo el mismo el coche se dirigió a toda velocidad al aeropuerto, otro coche se cruzó en su camino y nunca llegó a pillar ese avión. También descubrimos que… — el joven bajó la vista con rabia, apretando con fuerza los puños que tenía sobre la mesa — que mi padre te vendió a cambio de la empresa. — Dos lágrimas cayeron por sus mejillas. — Como Sasha y Tenma no había formalizado su unión, tú habías quedado bajo la custodia de mi familia por deseo de Sasha. Sin embargo, nuestro padre te entregó a ese hombre a cambio de la empresa. ¡Al igual que el resto de los mal llamados caballeros que se encuentran hoy aquí! — Junto con sus palabras una profunda mirada de odio barrió a todos los Consejeros. —Tenma y Sasha fueron, simplemente, borrados…

Cuando levantó la vista encontró la mirada comprensiva de su hermano. Aquel descubrimiento los había separado por mucho tiempo atrás, cada uno afrontó a su propia manera su bochornoso pasado. Aioria renegó de todo lo que tuviera que ver con su familia, Aioros decidió quedarse cerca de aquella niña que años atrás le hubieran arrebatado de las manos con la esperanza de poder devolverle algún día aquello que le quitaron.

— Creo que ya me he hartado de escuchar estupideces… — Para la sorpresa de todos los reunidos el propietario de Salmon Rose, Afrodita, tomó la palabra. — ¿De verdad creéis que la vida de cualquiera de nosotros hubiera cambiado mucho de haber tomado una decisión diferente hace más de 20 años? ¡Vamos! Todos nosotros somos y éramos lo suficientemente ricos y poderosos para no necesitar participar en dicha farsa que habéis expuesto. Ni siquiera yo me considero tan ruin…

— Afrodita tiene razón Saori. — Mu, quien no había quitado ojo a la nieta de Kido, quiso igualmente intervenir. — En realidad, creo que ninguno de nosotros nos arrepentimos de la decisión que tomamos aquel día, lo hicimos únicamente pensando en tu bien y en el respeto al recuerdo de los amigos que también perdimos.

— ¿Y mentirla y ocultarle quienes eran sus padres es lo mejor que se os ocurrió? — Para sorpresa de todos los presentes fue Ikki el que planteó aquella hiriente pregunta.

— Deberías dejarnos explicar nuestra postura joven. – Dohko salió en defensa de su amigo. — Por eso insistimos en que vierais el resultado de la votación.

Ikki, que momentáneamente parecía haber adoptado el rol de portavoz de la familia, le hizo un gesto invitándole a continuar.

— Saga — Mu se dirigió al abogado. — ¿Podrías, por favor, leer los resultados?

El abogado obedeció recogiendo de su mano una hoja con el cómputo total de la votación.

— ¿Cómo! — exclamó al verlo.

— Lee — le insistió.

— El resultado del veto ha sido… — la voz del abogado temblaba ligeramente — dos votos a favor del veto y 9… abstenciones.

— ¡¿Cómo?! — casi al unísono los hermanos Kido reaccionaron estupefactos ante lo que acababan de escuchar.

— El pacto al que llegamos aquel día no fue, a diferencia de lo que creéis, repartirnos como hurracas las propiedades de Tenma y Sasha. — La profunda voz de Shura rompió el tenso silencio creado. — Aquel día decidimos salvar y proteger su legado por encima de nuestros propios intereses.

— Eso es cierto. — Milo fue quien intervino esta vez. — La mayoría de nosotros fuimos antes amigos de Tenma que de Mitsumasa, al fin y al cabo, prácticamente todas nuestras familias tenían relación desde hacía muchos años. Todavía le recuerdo perfectamente, era amigo de mi padre y muchas veces venía a visitarnos a casa, me encantaba jugar con él. Lo ocurrido fue un duro golpe para todos nosotros aunque no lo creáis, nos sentimos profundamente responsables. Sobre todo Mitsumasa, él nunca se perdonó que sus celos le llevaran a orquestar aquel encuentro en Japón que terminó por llevarse la vida de las personas a las que más quería. Él quiso ocuparse de ti personalmente y darte, a su manera, todo lo que te quitó: una familia, una enorme familia. Jamás se perdonó lo ocurrido Saori.

— Cuando vuestro padre murió, no fuisteis los únicos en recibir una misiva, nosotros también la recibimos. — Aldebarán decidió intervenir en esta ocasión. — En ella nos informaba de sus planes para con vosotros y su herencia. Nuestra labor era comprobar que cumplíais con sus deseos, que erais los hombres de bien que él esperaba. Llegado el momento, deberíamos contarle todo a Saori, así como entregarle formalmente aquello que le pertenecía.

La joven nombrada no pronunció palabra, se limitaba a escuchar. Seiya la observaba atento, advirtiendo el temblor de sus manos bajo la mesa.

— Por ello a la hora de votar, salvo Aioros y Aioria que desconocían la verdad, todos nos abstuvimos. — El Consejero de Crustoe miraba a Saga mientras hablaba, sabía que el abogado confiaba en que tendría su apoyo, pero en esta ocasión tenía una deuda pendiente que saldar. — Esta empresa no nos pertenece, esta empresa es de vuestra propiedad, siempre lo fue.

Aquellas palabras cayeron como una losa sobre los hermanos. La idea inicial con la que habían partido en su particular propósito se difuminaba fruto de su espontánea confesión.

Mientras todos meditaban sobre lo que acababa de ocurrir, quien hasta el momento se había mantenido firme como una roca, escuchando con atención la que no era otra que la historia de su vida se levantó de su asiento.

— Saga – el letrado dio un pequeño brinco al verse como el objetivo de la heredera, ahora más que nunca. — Mañana espero encontrar tu dimisión sobre mi mesa. El contrato con la familia Solo queda resuelto, al igual que esta reunión.

Saori ni siquiera levantó la vista, según terminó de hablar se giró dispuesta a abandonas la sala mientras todos los allí reunidos no daban crédito ante su gélida reacción. Seiya la alcanzó a mitad del pasillo mientras se dirigía al despacho, sujetándola por el brazo, la obligó a mirarle a los ojos.

— Saori… yo… — la firmeza de la mujer que había puesto fin a la reunión ya no estaba, en su lugar, encontró a una joven envuelta en lágrimas a punto de quebrarse. Intentó abrazarla pero ella hizo acopio de las últimas fuerzas que la sostenían revolviéndose para soltarse.

— ¡Ahora no Seiya! Necesito estar sola ¿no lo entiendes? Estoy harta de este mundo de mentiras… ¡Sólo déjame respirar!

El castaño la dejó escapar a refugiarse a su despacho, consciente de que una vez más no podía ayudarla.

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Saori no fue la única que abandonó la sala de reuniones. Un confundido y furioso Saga se dirigía a toda prisa a su despacho, casi llevándose a Shaina por el camino.

— Saga ¿estás bien? — le preguntó confundida la secretaria.

— ¿Acaso parezco estar bien? — No tuvo escrúpulos, simplemente desahogó parte de su furia contra ella, pero Shaina, a pesar de tener un fuerte carácter no se ofendió ni enfadó con él. Ella conocía bien cuál era el motivo por el que Saga se encontraba así. Se limitó a mirarle en silencio, consiguiendo que él rebajara su tono a modo de disculpa. — Tengo que hacer una llamada importante, por favor, no dejes que nadie entre en mi despacho en lo que queda de día.

Una vez en su despacho descolgó el teléfono. Todo se había complicado. Si era necesario usar métodos menos ortodoxos lo haría. Haría lo necesario por salvarle.

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Cerró la puerta tras de sí y como si su cuerpo fuera consciente de que por fin estaba sola comenzó a temblar y a notar que su pulso se aceleraba. Se ahogaba, era como si el aire no llegara a sus pulmones. Estaba sufriendo un ataque de ansiedad. Buscó en el cajón de su escritorio una bolsa que la ayudara a respirar y recuperar la calma.

Poco a poco la presión de su pecho fue desapareciendo y su respiración retomaba un ritmo acompasado. Fue en ese momento de zozobra, en el que su atención no se dirigía a ningún objetivo concreto en la habitación cuando la vio: su agenda. Alguien había estado tocando su agenda, el marcador no estaba en su lugar.

Una vez se hubo recuperado por completo tomó la libreta entre sus manos, abriéndola por el lugar en el que extrañamente había aparecido el marcador. Señalaba un día concreto de hacía unas semanas, un día que resultó ser determinante para su vida. El día en el que se abrió el testamento de Mitsumasa.

No tardó en reconocer esa caligrafía tan familiar.

"Querida Saori:

Estoy desesperado. Ya no sé cómo hacer para poder recuperar tu confianza, para que me escuches. Entiendo que estés dolida, que no entiendas nada, porque tú, a diferencia de mí, has confiado a ciegas, mientras yo me he visto obligado a ocultarte ciertas cosas. No sé cómo acabará esto, ni si alguna vez lograré que me perdones. Pero pase lo que pase, no quiero mentirte más. He decidido contarte todo aquello que no he podido hasta ahora.

Es curioso, porque, desde que he tomado esta decisión, la presión que ahogaba mi el pecho se ha aflojado ligeramente, lo que me hace pensar que esto que voy a hacer en el fondo no lo hago sólo por ti, sino por mi mismo también.

Te preguntarás por qué he elegido este día, el día de la apertura del testamento. Ciertamente no fue uno de nuestros mejores encuentros, pero por aquel entonces ninguno lo era.

He elegido este día porque fue el día en el que por primera vez bajé la guardia contigo, encontrando a una mujer valiente y generosa, muy distinta a aquella a quien me obcecaba a ver en ti.

Descubrirte aquella noche colándote en las oficinas para robar información fue todo un descubrimiento…"

— ¡¿Cómo?! — no pudo evitar mostrar en alto su asombro ante aquella revelación. Siguió leyendo para comprobar que no era todo fruto de su imaginación, que aquello era lo que parecía.

"Recuerdo tu mirada a la perfección. Firme, segura y retadora. Ni siquiera te amedrentaste al descubrirme a pesar de que cualquiera en su sano juicio se hubiera asustado al ver a un extraño encapuchado tras de sí. Muy al contrario te mantuviste calmada, no tenías intención de abandonar tu cometido: descubrir que se ocultaba tras los tratos de Mitsumasa y evitar que aquello nos perjudicara a nosotros, a tu familia.

Esa noche alimentaste me curiosidad. Ya no pude parar, quería conocer a esa mujer que había roto todos mis esquemas."

Saori siguió leyendo el resto de días mientras las lágrimas resbalaban por su rostro. Cada uno de sus encuentros con Pegaso estaban relatados en primera persona por Seiya. Para su sorpresa aquel descubrimiento no la enfadó, muy al contrario, le dio paz. Los que se habían convertido en los hombres más importantes de su vida, llegando incluso a generarla cierta confusión en sus sentimientos resultaban ser una misma persona. Siempre él, sólo él. Ahora que conocía toda la verdad entendía lo motivos que le habían llevado a ocultársela, la protegía tanto a ella como al resto de sus hermanos. No podía culparle por ello, sabía que ella misma hubiera tomado idéntica decisión.

Fue en ese momento cuando su último encuentro vino a su mente. Una vez más Seiya había acudido en su ayuda tras lo sucedido esa tarde y ella le había echado de muy malas maneras. Se sintió mal por ello, se sintió horrible. Tenía que encontrarle y disculparse. Tenía que recuperarle.

Corrió en su búsqueda por toda la oficina, pero no dio con él. Bajó al garaje, su moto tampoco estaba. ¿Habría regresado a su casa? No lo pensó dos veces, montó en su coche y se dirigió al puerto.

Por el camino pensaba en cómo decirle lo que sentía, cómo disculparse con él. Había sido excesivamente cabezota e infantil en sus últimas decisiones y, a pesar de todo, él siempre se mantuvo a su lado, a la espera, dispuesto a acompañarla y a darle apoyo. Él la conocía mejor que nadie y, a pesar de ello, no se había aprovechado o huido de su lado. Al contrario, la había dado todo, todo lo que ella siempre había anhelado. Seiya la completaba, la hacía mejor persona, la hacía sentir viva.

Bajó de su coche y corrió hacia la casa. El pánico la golpeó ante lo que encontró.

— ¡Dios mío! — Gritó, y nuevamente sus lágrimas brotaron sin filtro, el dolor en su pecho la asfixiaba — ¡Seiya, no!

La moto de Seiya estaba derribada en la acera frente a la casa, su casco, igualmente tirado unos metros más lejos. Había manchas de lo que parecía ser sangre en el suelo y claras muestras de que en ese lugar había habido un forcejeo e incluso una pelea.

(Continuará)

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Creí que este día no iba a llegar nunca. Últimamente la vida me está poniendo muy complicado el tema de actualizar, he roto mi racha… Aún así, prometo que aunque tarde más o menos, completaré la historia, además ya queda muy poco… jejejeje

Quiero agradecer a Mcr77 nuestros momentos de brainstorming particular, siempre me ayudas a romper los bloqueos, no tengo palabras para agradecértelo. Gracias también por dejarme usar ideas y fórmulas de personajes que se inspiran en tu historia. La imitación es una forma de admiración y yo te admiro amiga.

Quiero agradecer, por supuesto, vuestros reviews: Maribalza, TithaHardyGirl, icaranei, sslove, Violet Dragonfly, Mcr77 y el resto de lectoras, que aunque no comentéis sé que me leéis y seguís. Por todas sé que, tarde más o menos, seguiré actualizando con regularidad ya que hace tiempo que esta historia dejó de pertenecerme sólo a mí. Gracias a todas por hacer mi vida más especial cada día.

Por cierto, siento no responder individualmente vuestros reviews, todavía no me aclaro mucho con la plataforma, sobre todo porque la uso siempre desde el móvil y muchas veces me bloquea la posibilidad de comentar en mi propia historia. Pero investigaré para descubrir el modo de contestaros una a una.

Muchas gracias de nuevo por todo!

Namasté!