Música inspiradora: Star One (Album) - Space Metal


Capítulo 5

"Plagas"


La nave sufrió las primeras turbulencias cuando se sumergió en los dominios del planeta que era su destino. Un planeta desconocido para ellos porque así eran las reglas del juego: Vegeta elegía un planeta cercano en cada etapa del Torneo y cada uno tenía una tarea distinta. Recuperar algún objeto, eliminar criaturas o sólo sobrevivir. Quizás el planeta en cuestión no estaba poblado, quizás sí, eso lo verían en el momento. Y como simplemente eran juegos por la Sucesión del Trono, la mortalidad era baja pero no imposible. Las heridas graves, en cambio, sí lo eran.

Milk usó todas sus fuerzas para sostenerse frente a la compuerta metálica y sucia que los protegía del espacio exterior, su carencia de oxígeno, de gravedad y sus muy bajos grados de temperatura. Si la compuerta llegara a abrirse, Milk sabía que su cuerpo se congelaría en cosa de segundos, su cuerpo se hincharía y su piel, vasos sanguíneos, pulmones, toda ella se reventarían cuando sus fluidos se expandieran. Eso lo sabía bien, Bulma se lo había explicado en algún momento, y cada vez que la nave sufría los temblores de la turbulencia ella temía que no resistiera y saliera disparada cuando todavía entraban en su campo gravitatorio.

Raditz apretó los labios aguantando el movimiento de la nave, las demás naves con los otros equipos estarían en los mismos aprietos y aunque estaba seguro que sólo estaban ellos tres ahí, no dudaba que estuvieran grabando sus reacciones para que todos pudieran verlo, para bien o para mal; para la gloria o la humillación. El gigante miró de reojo a su derecha, Milk y Kakaroto estaban ahí, alienados con él y mirando la compuerta como si no hubiera más que eso en la vida. Milk seguramente estaría paralizada de miedo, Kakaroto muerto de ansias porque iniciara la competencia.

El líder por experiencia se inclinó un tanto para hablarles quedamente, mirando a las esquinas en busca de un micrófono o una cámara oculta. Si las había, Raditz no las vio.

—En tanto aterricemos, las compuertas se abrirán y correremos al exterior, cualquiera sea el escenario que veamos allí, ¿entendido? —ordenó con la mandíbula apretada mientras volvía a enderezarse. Milk dejó de respirar y comenzó a temblar pero el temblor de la nave era mayor y por lo tanto, las cámaras no debían captarla apropiadamente mientras la turbulencia siguiera gobernándolos.

Kakaroto, en cambio, asintió en silencio y sus ojos divagaron en la chica que iba entre los hermanos, tan paralizada que apenas podría llorar como quería hacerlo y le sonrió casi imperceptiblemente, pero Milk no iría verlo si no hacía nada para llamar su atención. Buscó su mano y la apretó suavemente como si eso fuera a darle un poco de su seguridad. La humana se estremeció y miró su propia mano encerrada en la de él como tonta, sin explicarse lo que estaba pasando hasta que le fue obvio. «Raza cruel —recordó la descripción de Bulma, vaciando sus pulmones de aire a través de la nariz—, no éste.»

Elevó el mentón para encontrarse con sus ojos negros, tan parecidos a los suyos pero tan distintos a la vez, y sonrieron juntos en una conversación sin palabras que sólo ellos entendieron y le pareció que pasaban muchos minutos en ese estado pero no habrían pasado más de cinco segundos. Kakaroto fue el primero en volver la mirada a la compuerta y los sonidos se acallaron para Milk, sólo podía decir que había turbulencias por el movimiento de su cuerpo y el de la compuerta, y lo único que le fue claro fue el sonido de su propia respiración. Sus rodillas se flectaron un tanto cuando un impacto se sintió en los pies y supo que la nave había hecho un aterrizaje forzoso. Aspiró y exhaló aire por la boca cuando el hacerlo por la nariz fue insuficiente y sintió su mano ser apretada por la del repartidor de carne y de pronto la compuerta salió disparada hacia afuera.

El sonido del ambiente fue subiendo gradualmente de volumen en tanto la luz la hizo cerrar los ojos debido a la intensidad. Los gritos de Raditz, las órdenes para que corrieran, el sonido del material caliente de la nave siendo entibiada por el agua, todo eso fue ganándole a la sordera de la parálisis que estaba sintiendo por el miedo.

Agua.

Sus botas tocaron un pantano musgoso y chapoteaba al correr, con Kakaroto tironeándole de la mano para que siguiera su ritmo. Raditz iba a la cabeza, ellos cerraban la marcha, y aunque Milk sabía que tenía los sentidos funcionándole a la perfección, la rapidez con la que sucedían los eventos aturdían su raciocinio y no podía distinguir el escenario sin sentirse confundida. Un pantano, mucha agua y un bosque lúgubre se abrían paso por sus ojos y la hacían sentir miedo, pero no tuvo que hacer el esfuerzo de correr, Kakaroto la llevaba tan fuertemente sujeta que sus pies apenas tocaban el suelo.

—Ah, ¡supervivencia! —gritó Raditz mientras corría en la delantera, su voz sonaba ligeramente distorcionada por el trote—. Volar no es una opción —dijo mirando a Milk, la culpable de esa restricción—, de todas formas no importará. Las plagas de este planeta no se encuentran solo en la tierra, también estarán en el aire. Además, corriendo daremos un mejor espectáculo. —Porque se transmitiría en el Estadio y eso era un espectáculo entretenido, si se ganaban la aprobación del público, Vegeta poco podría hacer en su contra—. No tenemos mucho tiempo, esta prueba es de supervivencia en un tiempo limitado. Debemos llegar a nuestras naves de regreso antes que el resto, no habrá suficientes para todos los equipos.

—¿Cómo sabremos hacia dónde ir? —gritó Kakaroto sin lograr orientarse y limitándose a seguir a su hermano. Raditz se rio como respuesta.

—Si lo supiéramos no sería tan difícil —y como si fuera una trompeta que daba el inicio, un rugido se escuchó a lo lejos, despertando más rugidos a su vez y unos gritos más cercanos que lejanos iniciaron las bajas de los equipos. El trío se detuvo en seco para escuchar, siendo Milk la más espantada de los tres, y Raditz sonrió de lado—. Empezó el juego.

—¿Un par de bestias? ¿Eso es todo? —preguntó Kakaroto con una sonrisa tonta y Milk lo miró absorta, sin poder creerse sus palabras.

—Este torneo lo hizo Vegeta, ciertamente eso no es todo. Ya habrá pensado en mil maneras de hacer sufrir a los participantes y no creo que se haya olvidado de ti.


Bulma se abstuvo de hablar o hacer algo, llevaba ropas finas que Tarble le había conseguido y se había lavado el pelo y el cuerpo hasta que había quedado hermosa otra vez. Días en el calabozo la habían convertido en un bulto feo, maltrecho y maloliente, por lo que Tarble abrió los ojos sin poder disimularlo cuando la volvió a ver. Definitivamente había vuelto a ser ella misma nuevamente y eso la hacía feliz, pero su contento no duraría demasiado, Tarble tenía una noticia que no la dejaría tranquila.

—Me acompañarás al estadio —informó sin muchas ganas y Bulma supo que él no quería ir—, veremos la transmisión del Torneo de mi hermano ahí. Es la primera etapa de cuatro —explicó como si quisiera convencerla de que era realmente diverido—, primero es supervivencia, luego botín y el tercero es conquista. Habrá un planeta por cada prueba.

—¿Cuál es la cuarta etapa? —A Bulma le fue obvio que había omitido una parte, quizás, la más aterradora.

—El estadio. El equipo de Vegeta peleará con el equipo vencedor de las tres pruebas anteriores —dijo.

—¿Y cómo es que Vegeta está tan seguro de que ganará las tres pruebas preliminares? —quiso saber ella—. ¿Es que califica automáticamente por ser su torneo?

Tarble abrió los ojos otra vez mientras comenzaba a avanzar, esperado que ella lo siguiera de cerca. Lo que diría después lo hizo de forma queda, como si le avergonzara la respuesta.

—Las ganará —dijo con los ojos en el suelo—, Vegeta las elige, no puede perder en su propio juego.

Bulma hizo una mueca con la boca, no gustándole para nada su respuesta. No era honorable para un príncipe pero guardó silencio mientras era guiada por el pasillo. Bulma no sintió miedo en un principio pero fue acordándose de lo mucho que debía temer en tanto comenzó a ver a guardias, soldados, simples civiles y hasta niños. Era increíble que le dieran pavor incluso los niños pero era cierto que uno con un entrenamiento pobre podría matarla sin problemas. Procuró no levantar la vista para inspirar respeto y la visión de una esclava corriente, pero la verdad era que no quería verlos a la cara para no salir corriendo en un arranque de pánico o hacer algo involuntario que los hiciera enojar, como si estuviera transitando en medio de una jauría de perros rabiosos. Miró por el rabillo del ojo a Tarble, su acompañante, y no se sintió ni remotamente segura. Si su propia familia lo despreciaba por su debilidad y extrañeza, ¿qué detendría al resto de la población a pensar lo mismo?

«—Estos no son como los príncipes de la Tierra, estos son de otra especie —se dijo mordiéndose el labio—, estos son crueles y no vendrán a salvarme.»

Siguieron avanzando en silencio medio tramo en el que Tarble se sintió más incómodo que otra cosa. Apretó los puños, los relajó, tomó aire por la nariz, se aclaró la garganta pero por más que lo intentó no supo qué decir. Bulma lo miró cuando lo notó inquieto y eso lo alentó a decir cualquier cosa.

—Esta prueba será en un planeta remoto y solitario y sus días son cortos y las noches largas. Es como si estuviera en un invierno perpetuo —explicó con detalle el príncipe y Bulma no tuvo más remedio que asentir—. El tiempo pasará mucho más rápido allá que acá, por lo que presenciaremos una prueba relativamente corta pero que para ellos será un día completo.

La terrícola no necesitaba tantos detalles, ella ya estaba familiarizada con la relatividad del espacio, del tiempo y de las variantes en el universo, pero no hizo más que asentir otra vez. Tenía que aparentar saber mucho menos de lo que sabía, debía aparentar ser una esclava cualquiera y eso la haría ser olvidable, y si era olvidable entonces no se acordarían de ella cuando Tarble la liberara en el hangar del Palacio. Pero el silencio y la docilidad de la mujer no hicieron más que inquietar al príncipe más de lo que imaginaría y se dispuso a hablar otra vez. Bulma se impacientó, ¿era normal que un pura sangre como él se entendiera tanto como una humana como ella?

Para nada.

—Este planeta tiene plagas, enfermedades y humanoides salvajes pero de poco cerebro. La gravedad no es tan fuerte ahí pero la atmósfera es tan densa que les cortará respirar y el esfuerzo igualará al esfuerzo de un planeta con una gravedad considerable —explicó otra vez y miró a los centinelas que lo miraban a los ojos, un gesto inequívocamente insolente en cualquier lugar del universo. Bulma bajó la cabeza y esperó mansamente hasta que Tarble entró al estrado principal del Estadio, apenas consiguiendo un par de miradas de los presentes.

Bulma entró entonces y tomó lugar tras el asiento de Tarble, un trono modesto y mucho más pequeño que el trono del Rey y el del Príncipe Heredero. Inmediatamente se fijó que no había ningún asiento ni lugar correspondiente a una Reina. No había más asientos que los tronos y los demás guerreros presentes—presuntamente generales y de altos rangos—, se esparcían por el lugar como podían.

El Rey demoró mucho en dejar de prestarles atención y eso le produjo un temblor que amenazaba con hacerle castañear los dientes en un día caluroso. Tarble se sentó rígido en su trono, una posición de metódica rectitud, en contra posición a lo que haría Vegeta en su propio trono: el heredero se sentaría en una posición cómoda, haragana y casi aburrida. El rey Vegeta alejó su vista hacia la pantalla que le brindaba la imagen de los competidores matar, correr y sobrevivir a las plagas que los hacían caer enfermos en cosa de segundos. Bulma lo escuchó reírse con la boca cerrada.

—Había escuchado que habías escogido a una alienígena para ti —le dijo el Rey con una voz aterciopelada y profunda, y Tarble tensó sus hombros—. Pensé que me estaban mintiendo y me enfadé, pero ya veo que el soldado me decía la verdad. —A Bulma le corrió un escalofrío de horror por la espalda, sin haberlo escuchado, tenía claro que el soldado había recibido el castigo por mentirle al Rey, sea cual fuere.

—Así es —replicó el príncipe sólo para decir algo y el Rey lo miró por el rabillo de su ojo, expectante.

—De todas formas ninguna guerrera querría unirse a ti —le dijo ácidamente pero Tarble no se sintió afectado por el comentario o lo aparentaba bien. Bulma se sintió observada—. Humana —adivinó con astucia—, las humanas se nos asemejan demasiado, es una suerte que ésta tenga el pelo y los ojos de ese color —divagó con una mueca de repugnancia en la cara—. Te recordará que es inferior —le dijo luego—, que no es como nosotros.

Un grito desesperado provino de la pantalla y todos enderezaron la cabeza hacia el frente en el momento justo para presenciar el aliento desesperado de un guerrero que se enredaba en lianas que le produjeron heridas de gravedad, como si estuvieran empapadas de ácido. El estrado principal del estadio se llenó de risas burlonas y comentarios morbosos. Bulma sintió ganas de vomitar.

—Algunos equipos de este Torneo son una verdadera vergüenza, partiendo por los equipos elegidos por la Diosa —comentó un guerrero de capa azul y el Rey Vegeta lo miró apenas por el rabillo del ojo.

—Muchos de ellos jamás han salido del planeta para completar una misión complicada —afirmó otro y Tarble se encogió de hombros, Bulma cayó en cuenta de que él era uno de esos guerreros. ¿Tarble habría matado algo alguna vez?

—Una vergüenza para el Torneo de Sucesión —espetó el Rey justo cuando la pantalla mostraba a Vegeta y a su equipo sobrevolando el bosque de las lianas ácidas, a una velocidad tan lenta como si estuvieran dado un paseo. El Rey Vegeta sonrió ampliamente ante la visión de su hijo favorito.

«—No es complicado para alguien que hizo la prueba —pensó Bulma con una mueca torcida—, no hay dificultad ahí»


Milk temblaba pero esta vez no era de horror, sino que de frío. Los tres estaban empapados de una baba que los había pillado de sorpresa y por más que intentaran quitársela de encima parecía que eso era imposible. Al final habían optado por seguir avanzando de esa manera, aunque no entendieran para qué era esa baba, lo más probable era que se tratara de una plaga.

Raditz masculló una maldición intranquila en tanto logró quitarse un puñado de baba de la cara, su contorno seguía siendo como un aura viscosa y amarillenta que lo envolvía de pies a cabeza, al igual que a Milk, al igual que Kakaroto. La carrera que había impuesto el gigante en un principio se había hecho una caminata y a Milk le parecieron como caracoles, recorriendo a paso lento el bosque mientras dejaban baba por doquier. Pero la baba jamás dejaba de envolverlos, era interminable. Kakaroto se sacudió vigorosamente en un intento vago por liberarse de su plaga pero le fue imposible. Su hermano le pidió silencio.

—Deja de hacer tanto ruido —ordenó—, estás revelando nuestra posición cada vez que lo haces —explicó y volvió a quitarse un puñado de baba de la nariz.

—Esto me da mala espina —replicó el menor, atento a Milk para no asustarla demasiado—, debemos quitárnosla.

—Eres un genio, Kakaroto —espetó su hermano con poca paciencia y mucha ironía en su voz. El aludido frunció el ceño pero eligió no objetar nada, reanudando sus intentos por quitarse la baba de encima.

Kakaroto se fue quedando atrás mientras maquinaba algo en contra de la baba y Milk se detuvo incapaz de dejarlo solo cuando Raditz estaba empecinado en seguir el camino para retirarse rápido de ese planeta, seguro de que en su planeta sabrían qué hacer con la baba para retirarla de sus cuerpos. Pero la morena no quería esperar tanto, la baba la inquietaba demasiado y sintió como si la estuvieran digiriendo de a poco o incluso que la habían fertilizado para ser el nido de los huéspedes alojados en la baba. Aquello le produjo un escalofrío y se sacudió entera, apenas quitándose un par de gotas viscosas.

El menor de los hijos de Gine se sacudió como ella y tras pensárselo un rato, se detuvo completamente para comenzar a gritar. El grito descolocó a Milk, quien abrió desmesuradamente los ojos ante la impresión, y Raditz por fin se detuvo para interrumpir lo que sea que estuviera haciendo su hermano menor.

—¡Cállate! —susurró Raditz en medio del grito pero su hermano no quiso escucharlo y el bramido que dio se hizo más profundo que antes y una ráfaga de viento fue expulsada de su cuerpo en tanto liberó energía. Toda la baba se escurrió como si fuera líquida y se alejó de su cuerpo como si se evaporara. Se formó un cráter bajo sus pies y Milk lo miró con la sorpresa dibujada en el rostro y una sonrisa aleteando en sus labios. Raditz imitó a Milk sin demora—. Pero cómo… —murmuró él con disimulo y se observó las manos viscosas con curiosidad—, por supuesto —se dijo y las empuñó antes de seguir los pasos de Kakaroto con la misma intensidad. Era demasiada la energía que se requería y demasiado el alboroto que se armaba para quitarse la baba de encima, seguramente Vegeta ya tenía clara su posición tras eso, al igual que todos los demás equipos. Todos contaban con un rastreador en la oreja.

Milk se miró las manos tras la segunda demostración de los hombres y supo enseguida que ella no podría hacer lo mismo. Sólo lograría tensar sus músculos y ya está, la baba seguiría rodeándola, y Milk se preguntó por enésima vez por qué se había unido a esa horrorosa prueba y al horroroso Torneo de Sucesión. Por su mente se cruzó el pensamiento de que moriría con esa baba envolviéndola.

Y tal como si ese pensamiento activara la consciencia de la baba, ésta comenzó a moverse a su alrededor como si estuviera reptando lentamente sobre ella. Milk ahogó un grito de nervios y a la vez, de asco, antes de comenzar a sacudirse vigorosamente llevada por el miedo.

—Hazlo, mujer —ordenó el gigante y ella no supo decirle que no sabía cómo hacerlo. Milk comenzó a tartamudear cuando Kakaroto se acercó a ella desde atrás—. Dijiste que sabías cómo pelear —le recordó—, hazlo, quítate la baba y larguémonos de aquí —dijo—, ¡dijiste que no serías un estorbo!

—Milk —masculló el menor sin querer tocarla para no espantarla—, Milk, date la vuelta.

Pero tan pronto como escuchó su voz, el hormigueo de la baba fue mutando en algo todavía más terrible. El olor a quemado, a ácido y a humo le llegaron a la nariz antes de que lo hiciera el ardor de la piel, y se imaginó que era el olor a la armadura quemándose. Sus sacudidas fueron más violentas ahora que sentía dolor pero hizo todo el intento para no ponerse a gritar, en cambio, Raditz sí lo hizo.

—¡Hazlo! —gritó sabiendo que la baba estaba mostrando su terrible función al fin y que una baja en su equipo significaba una mala puntuación y el fin de su carrera por el Torneo y su final—, ¡hazlo, mujer! ¡Morirás!

—¡Milk! —gritó Kakaroto en un tono infinitamente más suave, más afable, más preocupado; y sintió sus brazos envolviéndola. Pero ella no quería un abrazo de consuelo, ella quería algo que le quitara la baba, algo que la hiciera sentirse fresca en medio de tanto ardor. «Agua —se dijo y recordó cuando recién salían de la nave y sus botas chapoteaban en algo parecido a un pantano—, ¡necesito agua!» Kakaroto estaría quemándose los brazos y la armadura con ese intento por detenerla, de impedir que huyera—. ¡Milk! ¡Déjame ayudarte! —gritó el chico con desesperación.

—¡Déjame! —Su desesperación por liberarse se tradujo en patadas y manotazos que sólo hicieron que su abrazo fuera más incómodo—. ¡Necesito volver! ¡Necesito agua! ¡Agua!

Sus botas se hundieron en el suelo pero no era pantano lo que había debajo de ella sino que piedra rígida y firme, sus botas volvieron a hundirse y el cráter se hizo más profundo todavía. Cada vez que Kakaroto la abrazaba con fuerza, Milk se sentía drenada, sofocada por el vendaval que se formaba a su alrededor y de pronto, el ardor en la piel se fue calmando rápidamente, sólo quedando el calor y el rubor en el cuerpo.

La morena se dejó abrazar cuando todo culminaba porque no tenía las fuerzas para mantenerse en pie y se caería de no ser por el abrazo del repartidor de carne. Al abrir los ojos lo vio ahí, sonriéndole desde las alturas, con toda la preocupación disuelta como la baba de su cuerpo. El verdadero alivio impreso en sus facciones y ella se sintió desvanecer, acalorada, enamorada.

—Me salvaste… —susurró la chica con las pocas fuerzas que le quedaban y Kakaroto sonrió dulcemente de lado, sin soltarla en ningún momento pero permitiéndose incorporarse completamente del suelo y su altura la despegó del suelo sin problemas.

—Por supuesto, Milk —le dijo con la misma suavidad que ella debido a la proximidad—, somos un equipo.

La chica sólo pudo sonreír mientras cerraba los ojos, más cansada que otra cosa, cuando Raditz se les acercó con enfado.

—¿Es capaz de correr? —le preguntó al hermano cuando la vio semi dormida y Kakaroto lo observó con las cejas alzadas—. Si no vienen los demás equipos a darnos una paliza, lo harán las plagas de este lugar. Marchémonos antes de que esto se vuelva una estampida de… —El propio Raditz dejó de hablar y una fuerza espantosa los hizo volar en distintas direcciones. Por supuesto que los hombres cayeron de mejor manera que la propia Milk.

Había ciento veinte grados de separación entre los tres cuando la plaga más espantosa que hubiera esperado Milk se les apareció en frente y no se trataban de enfermedades, babas o insectos venenosos, sino que gigantes armados con mazos y pieles que le hizo recordar a un humano prehistórico. El centenar de monstruos los miraron con sus ojos hundidos antes de exhalar un grito que le parecía de guerra. Kakaroto la buscó entre la multitud de humanoides con la cara descompuesta por el miedo por ella.

—¡Corre, Milk!

Y ella obedeció.


Bulma fue fácilmente confundida con una esclava cuando llevaron comida y bebida para los acompañantes del Rey, siéndole asignada la tarea de repartirla por el estrado en conjunto con las demás esclavas de la cocina, pero ella sólo se limitó a sostener la bandeja que correspondería a Tarble y se negó a moverse de ahí, adquiriendo la misma utilidad de una mesa. Nadie se molestó en ordenarle que se moviera porque todas sus falencias eran atribuidas a su condición de humana y pasó a ser rápidamente una broma entre los hombres y el Rey. Y la mujer soportó tal como su príncipe soportaba, esperando que ese calvario terminara más temprano que tarde y poder encerrarse en su dulce celda hasta el día de su liberación.

La concentración en la primera prueba del Torneo se vio renovada en tanto terminó la comida y Bulma no tuvo remedio más que mirar la pantalla al igual que ellos. Desde que se había exhibido el incidente de las lianas ácidas, habían ocurrido peleas entre equipos en los que se habían dado de baja tres miembros; brea explosiva, bestias venenosas y hasta la mutilación de una mano completa. Esta última atracción produjo la locura de todo el público, no solamente del estrado, y ella se dobló hasta una esquina para vomitar.

No hubo una molestia del Rey ni sus acompañantes, sólo risas por su aversión a los miembros cercenados. Desde entonces no miró la pantalla con tanta atención como antes y el estadio se sumió en un silencio aburrido. El Rey se acomodó en su trono con impaciencia.

La pantalla mostró por primera vez al equipo de Raditz en ese planeta de plagas y Bulma estrechó la mano del príncipe aguantando una exhalación de horror. «¡Milk! —quiso gritar pero su garganta convulsionaba y sintió la bilis subirle a la boca—, Milk, es Milk.» Si bien los lazos de la amistad no las unían como hubiera esperado de dos humanas perdidas en el universo, sí lo hacían los lazos de la supervivencia y la raza. Ambas enfrentaban a la maldad en ese momento pero de forma distinta y ciertamente Milk la enfrentaba de una manera más cruel y mortal. Cada golpe que ella recibía, cada magulladura, cada herida abierta Bulma la sentía como parte de ella y se sacudió en su posición cómoda en el estrado con culpa. Y todo el curso de la prueba sería una tortura para ella porque si ella no se hubiese escapado, ¿Milk estaría a merced de las plagas de ese planeta? Seguramente no.

—¿Pasa algo? —susurró Tarble cuando los ojos de Bulma estaban friéndose en sus propias lágrimas y ella lo miró para negar con la cabeza, incapaz de abrir la boca. Tarble no le creyó pero no preguntó más, no queriendo llevarle más atención al asunto pero su padre no se lo perdonaría.

—Una humana es tan débil como un insecto —expresó él con los brazos apoyados en los mangos del trono, apenas dedicándole una mirada por el rabillo del ojo—, es natural que se les revuelva el estómago con espectáculos así. Una hembra de otra raza hubiese podido resistir más.

«Milk, por favor resiste —dijo para sus adentros—, resiste y encontraré una forma de ayudarte.»

La pantalla fue cruel con ella y le mostró el primer plano de la humana, que actuaba como guerrera natural de ese planeta, en medio de la persecución, incapaz de mirar a su espalda porque el mínimo paso en falso haría que la alcanzaran. Tampoco gritaba porque eso la haría sofocarse y se marearía, o al menos eso era lo que suponía Bulma. Las pantallas sólo brindaban una imagen y sonidos, no decían más allá y la humana de pelos lilas apenas conocía a Milk como para asumir sus pensamientos o sensaciones. Sólo esperaba que su estoicismo aparente fuera verdadero y no una forma para no morir fácilmente.

Su persecutor lanzó un manotazo certero y la hizo volar a la derecha, como quien aparta una mosca y la golpea, y Milk se estrelló con un tronco en plena espalda. Al fin un grito de la humana se escuchó en la pantalla y el estadio entero clamó en diversión morbosa. Incluso el Rey Vegeta se rio para sí al ver esa escena como si fuera erótica.

Milk se desplomó en el suelo con los ojos perdidos y la bestia se detuvo con curiosidad, olisqueando el aire para entender qué era lo que había aturdido en el suelo y si era una amenaza como pensaba. La muchacha se sacudió en el suelo, clamando consciencia para seguir resistiendo la prueba pero el humanoide no vio eso como una buena señal y rugió un grito amenazante, alzando el mazo que llevaba en la mano para rematarla en el suelo.

Bulma se llevó una mano a la cara, sin poder mirar la muerte de su compañera, aquella que la habría seguido y que moriría por su culpa. La humana cerró los ojos cuando la gente del estadio gritó extasiada y supuso que había sucedido, Milk estaba muerta, hecha pedazos por un mazo que era comparable a las dimensiones de su cuerpo.

—¡Agh! El Repartidor que detesta Vegeta —dijo el Rey y Bulma abrió los ojos sin poder creer lo que veía—. Habría sido un buen final para esa guerrera.

El Repartidor se interponía entre el mazo y Milk, y lo sostenía con sus manos mientras ella reaccionaba al fin. La morena se apartó a tropezones mientras quien llamaban Repartidor se las arreglaba para apartar el mazo de la bestia y hacerlo retroceder unos pasos al intentar mantenerlo en su mano. El gigante apareció al fin, el tercero del equipo, y corrió hasta Milk para tomarla de la cintura y huir de la escena como si se tratara de un objeto poco valioso, como una mochila o algo así. El Repartidor los miró con cuidado y los siguió de cerca, no contaban con mucho tiempo para terminar la prueba y ciertamente la bestia con la que se había topado Milk no era una entretención en la que debían gastar el tiempo.

—Repartidor… —repitió Bulma para sí cuando una sonrisa tímida se dibujaba en sus labios, esperanzada y feliz por su intervención con Milk. Se escucharon aplausos de la multitud cuando el equipo de tres se encontró corriendo en el último tramo de la carrera contra el tiempo y ascendieron la rampa de la nave que eligieron como suya con el corazón en un hilo y la compuerta se cerró tras ellos. Minutos después la nave se alzó en el aire y Bulma aplaudió también, atrayendo la atención para sí y de las caras de los miembros de la realeza se dibujó una expresión de rareza, como si aplaudir fuera de mal gusto pero aquello no la desanimó, lo hizo de una forma suave y casi de adorno como si no pudiera resistirse a la tentación de celebrar la vida de Milk.

Al fin, un equipo por el que tomar partido.


Vegeta se arrancó la capa roja de un manotazo y la tela se desgarró sonoramente en el acto, para lanzarla al suelo y darla por descartada, ya estaba demasiado agujereada, sucia y chamuscada como para volver a usarse. Llevaba una sonrisa triunfante, había pasado su propia prueba con facilidad y no era que había escogido su mejor área para darse ventaja, sino que él estaba entrenado para vencerlas todas, una a una, a la perfección. Turles y Nappa habían llegado junto a él, el primero con una magulladura menor en la boca pero el segundo tan limpio y sano que no se pensaría que había estado afuera más de cinco minutos. Y sin duda su actitud aburrida y distante seguía ahí.

Un sirviente esperó a que avanzaran lo suficiente para llevarse la capa de ahí y Nappa apareció en escena, saludando a los muchachos con una sonrisa orgullosa, aunque sin haber tenido jamás una duda de que serían el primer equipo en volver. Vegeta se abstuvo de saludar pero vio a su guardaespaldas con una sonrisa torcida y preguntó más por morbosidad que por curiosidad, el estado de los demás equipos. Cuáles ya estaban eliminados en esa etapa, cuáles todavía en proceso y cuáles venían de vuelta.

—Hasta el momento dos equipos están calificados, además del tuyo —dijo con un rodeo y Vegeta arrugó el entrecejo, no creía posible que…—. El equipo de Pepper ya viene en camino, al igual que el de Raditz.

—¿El equipo del Repartidor…? —repitió con sorpresa y Nappa asintió y la sonrisa se le borró en el acto—, pero ¿cómo? —Nappa abrió la boca pero no dijo nada, la ira de Vegeta burbujeó en su sangre—. ¡Cómo! —Kakaroto era un repartidor de carne y la chica que los acompañaba no figuraba en los registros de las guerreras activas, otra repartidora asumió él. Por lo que Raditz se enfrentaría a las pruebas con una carga duplicada a cuestas y no era que pensara en Raditz como un buen peleador. El resultado que debería haber sido informado por Nappa era que ellos fallaran en la primera etapa, ¡eso debería haber sucedido!

La risa socarrona de Turles se escuchó por detrás y Vegeta lo fulminó con la mirada por su atrevimiento, pero Turles no se abstuvo de sonreír pícaramente, siempre ostentando su insolencia sin miedo a nada y mucho menos al príncipe heredero. Su condición de bastardo era lo que lo hacía ser tan irrespetuoso, o al menos eso era lo que pensaba Vegeta.

Nappa se encogió de hombros.

—Raditz debe de haberlo hecho todo por sí mismo —explicó el calvo aun sabiendo que eso no era cierto, había visto la transmisión que se había hecho de la totalidad de los equipos. Cuando Vegeta supiera la verdad, no sería por él que se enterara y por lo tanto, su ira no estaría dirigida a su guardaespaldas—. La etapa de supervivencia es la más fácil de todas, por algo es la primera. Lo más seguro es que fallen en la siguiente. —Luego se dio la libertad de dar una afirmación de la que estaba seguro completamente—. El equipo de Raditz no llegará al estadio en la final. Dos repartidores de carne no harán más que perjudicarlo y Raditz no necesita ayuda para perder.

—Espero que estés en lo cierto —respondió el príncipe con los labios apretados y volvió a ponerse en marcha inmerso en un silencio que daba miedo.


Nota de la Autorísima: Hola, no sé cuándo fue la última vez que actualicé o que escribí, pero he aquí lo que resultó jaja Me esforcé en que fluyera y aunque sentía que aveces no resultaba nada, lo forcé. No creo que haya quedado malo, esa es la verdad jaja de hecho disfruté enormemente la parte de la baba xD Esto me obligó a pensar en obstáculos y me inspiré en la idea de plagas que leí de la primera parte de Los viajes de Tuf de George RR Martin (sí, el mismo de los libros de Canción de Hielo y Fuego a.k.a. Game of Thrones xD soy su fan, ¿y qué?xD) y aunque estas partes las tenía pensadas desde hace tiempo, ahora que me dediqué a escribir la primera parte, no pude evitar pensar que estaba haciendo una analogía a Los juegos del Hambre xDDD

También debo admitir que me encanta lo de Kakaroto y Milk, son tan loveable jaja ya meteré en el baile a Raditz... y me di cuenta armando esta nota que obvié a Gine y a Bardock xD

Además amo el amor/odio que tiene Bulma por Milk (Milk aun no muestra eso porque no sabe nada de Bulma y el pensar que esté muerta no la hace capaz de odiarla supongo xD) y el hecho de que la ayudará no por amistad, sino por lealtad :P

Y como siempre debo hacer notar la hora en la que terminé: son las 4:37 am en mi país y tengo los ojos de asiática en estos momentos ajaja lo único que deseo es retirarme a la cama xD

Muchas gracias a los reviews en el capítulo anterior de Prl16, Diosa de la Muerte, kiara, CLS ZVN, Usuario865 y Mary Deveraux. So kind of you, espero no haberlos aburrido con tan larga espera.

Nada más qué decir, espero que hayan disfrutado si es que siguen ahí, besos y adiós. RP.