Disclaimer: los personajes de esta historia no me pertenece, son propiedad del maestro Kurumada.

Nota de autor: disculpad la demora en actualizar pero estamos en la recta final y esto cada vez se pone más complicado. Gracias a todos por seguirme y en especial a Mrc77, Maribalza, samirasama cullen, sslove y Violet Dragofly por sus reviews en el último capítulo.

Namasté y espero disfruten mucho el capítulo.

CAP. 21 DIES IRAE

("Día de ira")

Prácticamente le arrastró por el pasillo hasta encerrarle en el despacho. ¡Qué diablos le pasaba! La joven no daba crédito a su actitud, vale que su relación nunca fuera buena y que, por su culpa, él había perdido a su hermana, pero su padre estaba debatiéndose entre la vida y la muerte y a él lo único que se le había ocurrido era entrar dando gritos y maldiciéndole.

— ¡Estás loco o qué? ¿Qué pretendías hacer, desenchufarle?

— Deberías dejar de meterte donde no te llaman —la recriminó al verse encerrado.

— ¿Desde cuándo los asuntos de mi familia no me competen? Sobre todo cuando esos asuntos implican a mi abuelo a punto de ser despertado por un psicópata.

— Vamos Saori… esta farsa nunca fue una familia. Además, no iba a desenchufar su soporte vital, solo los calmantes para que despertara. Necesito hablar con él de mi hermana.

Su enojo era evidente a pesar de que se mantenía de espaldas a ella, conocía muy bien su carácter impulsivo como para ser consciente de la contención de la que estaba haciendo gala en ese momento, por lo que decidió tener paciencia con él.

— Seiya… —apoyó su mano con cautela sobre su hombro esperando que con ello él se calmara; pero por el contrario solo obtuvo rechazo, sintiéndose triste al ver como repelía su contacto—. Ya casi no es consciente de lo que le rodea, el dolor es cada vez más agudo y los médicos le mantienen casi siempre sedado, poco ibas a obtener de él en este momento aunque le retiremos la medicación, sólo causarle un dolor terrible.

—Pues esa es mi única opción, tampoco pasará nada porque sufra un poco y pruebe de su propia medicina para variar.

— ¿Por qué eres tan cruel? Tú no eras así…

— Tú no sabes cómo soy —la mirada de ira que le dedicó con sus palabras la dejó helada—. Tú no has vivido lo mismo que nosotros, a ese mal llamado padre nunca le preocupamos. Lo sabes muy bien, lo que pasa es que siempre lo has ignorado, has preferido protegerle a él, al monstruo ¿y ahora me vienes con esas?

— ¿Crees que me siento orgullosa de ello? Sólo era una niña Seiya… una niña a la que él siempre mantuvo entre algodones, yo no lo elegí, no me culpes por ello. A cada uno de nosotros nos sometió a su manera, pero no creo que su intención fuera mala, él solo…

— ¿Él solo qué Saori?

De nuevo aquella mirada que la enfrentaba, había rabia y dolor en ella pero también decepción, esto último era lo que más dolor la causaba, llegando atravesar su pecho como una afilada flecha.

— Es un viejo Seiya… un viejo moribundo. Se mejor que él, déjale ir en paz… solo eso.

— Me pides compasión para el que nunca la tuvo… ¿acaso él hizo acopio de esa compasión cuan Tatsumi descargaba su cinturón contra nuestras espaldas? No tengo motivos para ser bondadoso mientras mi hermana está ahí fuera lejos de mí, si para encontrarla tengo que arrebatarle la verdad a golpes no dudes que lo haré.

Sus miradas se enfrentaron por un momento. Saori no sabía qué contestar a sus reproches, le entendía en cierto modo pero, por otro lado, la preocupación por la salud de su abuelo y las consecuencias que en la misma podría tener un encuentro con Seiya en ese estado la preocupaban. Sin embargo, aquel silencio no fue bien interpretado por el joven cuya paciencia había llegado a su límite.

—De todos modos no sé qué hago dándote explicaciones a ti. No te debo nada. No eres nadie para mí, toda mi vida has sido un estorbo. Crees que todos debemos de obedecer y comulgar ante tus caprichos, pero ya estoy harto de ti y de él… sois igual de despreciables ambos. Espero que acabes igual de sola y amargada que él, al fin y al cabo ninguno habéis tenido nunca una familia que os quiera.

Todo ocurrió tan rápido que apenas la vio llegar. La bofetada resonó en toda la habitación. Saori se mantuvo firme frente a él, lloraba, pero lloraba de rabia y dolor. ¿Cómo había sido capaz de utilizar aquello para herirla? Él nunca la había visto así de afectada, había perdido los papeles y pagado con ella la frustración que tenía por todos los callejones sin salida que, en la búsqueda de su hermana, habían acabado por desesperarle. Y, aunque inmediatamente se había arrepentido de sus palabras, ya era tarde.

—Saori… yo… —intentó acercarse a ella, algo en su interior le pedía abrazarla y disculparse por haber sido un auténtico estúpido. Lo había vuelto a hacer, pagar con ella su frustración, pero en esta ocasión el motivo era otro.

—Ni se te ocurra tocarme… ni acercarte a él —se giró dispuesta a escapar de aquel lugar, no sin antes devolverle al menos un poco de aquel golpe que la acababa de romper por dentro—. Espero que encuentres a quien buscas y que no tenga que volver a verte nunca más. Ahora eres tú el que ha dejado de ser alguien para mí.

Abandonó la habitación de un portazo. Un portazo con el que selló un corazón roto, con el que olvidó cualquier sentimiento que alguna vez le hubiera permitido soñar, con el que tomó la decisión de rendirse y aceptar el destino que su abuelo había trazado para ella, al fin y al cabo Seiya tenía razón, ella no era más que la muñeca perfecta que su abuelo había moldeado.

Lo que nunca supo es que tras aquella puerta Seiya se quedaba igual de vacío. Una vez más había sido un bocazas y un inconsciente, pero esta vez las consecuencias serían peores de lo que jamás hubiera imaginado. No sólo había acabado haciendo daño a la última persona del mundo a la que deseaba ver llorar, sino que la había alejado de él para siempre.

Las imágenes y el recuerdo de aquella pelea fue lo primero que llegó a ella mientras golpeaba con fuerza la puerta de su apartamento esperando que la sangre junto a su moto hubiera sido solo fruto de su imaginación. Nadie contestaba, al igual que a su teléfono.

Ahora entendía aquel recuerdo, era el mismo pinchazo agudo a la altura del pecho, la misma sensación de ahogo y vacío, no podía ser que estuviera perdiéndolo de nuevo.

"¡AAAAHHHHH!"

Su grito de desesperación salió de lo más profundo de su estómago mientras se derrumbaba en el piso. Aquel grito se llevó consigo aquel nudo que la oprimía desde hacía días, que la impedía ser quien era realmente, aquella mujer fuerte y valiente que estaba dispuesta a elegir su camino, aquella mujer que era ante sus ojos y que quería alcanzar de forma desesperada para sentirse libre. Ya era hora de acabar con aquellas preocupaciones y miedos estúpidos que la tenían encadenada, atrapada en un pilar en lo más profundo del océano mientras el mundo a su alrededor avanzaba sin inmutarse hacia su propia destrucción. Ya era el momento de tomar las riendas de su propia vida y luchar por lo que le importaba de verdad y, de alguna manera, tenía claro por dónde tenía que empezar.

Nuevamente cogió su teléfono, esta vez una voz amiga respondió al otro lado.

%%%%%%%

Momentos antes del final del último capítulo…

%%%%%%%%

Su teléfono daba tono pero no contestaba, estaría todavía reunido. El dolor en su bajo vientre era cada vez más agudo. Entonces lo notó. Esa sensación de humedad que la heló por completo, llegó al servicio como pudo y sus sospechas se materializaron en aquello que más temía: estaba sangrando.

La ayuda estaba en camino pero, aun así, le necesitaba a él a su lado, prefirió calmarse solo tenía que aguantar sin desmayarse.

%%%%%%%%%

— Tranquilo, es normal que necesite estar sola en este momento.

Shiryu había sido testigo de la conversación de su hermano con Saori al salir de la reunión. Le dolía ver como todo aquello estaba afectándoles e incluso distanciándoles, ahora que por fin ambos parecían haber olvidado el pasado, pero poco podía hacer salvo estar a su lado en esos momentos.

— Lo sé, solo que…

— Solo que es difícil mantenerse al margen ¿verdad? — les bastó una mirada para entenderse. Shiryu siempre había tenido la capacidad de leer a través de él, así que agradecía que estuviera a su lado en esos momentos donde su corazón y su razón no eran capaces de entenderse.

— Me siento tan impotente. No quiero que vuelva a encerrarse en sí misma por mi culpa, no quiero que vuelva a sentirse sola nunca más.

— Lo sé hermano, pero poco puedes hacer. Hay situaciones que uno debe afrontar y superar por si mismo. Para Saori esta es una de ellas —Seiya dejó escapar un suspiro de resignación ante aquella verdad—. Deberías irte a casa y descansar, ha sido un día intenso para todos. Verás que mañana todo estará más tranquilo y podrás estar a su lado.

Justo en eso momento aparecieron Hyoga y Shun que, junto al resto de Consejeros abandonaban la sala en la que habían permanecido reunidos.

— Tú también deberías irte Shiryu, una futura mamá te espera en casa.

— Cierto, lo que me recuerda que debería llamarla — al sacar el móvil descubrió que tenía varias llamadas perdidas de Shunrei —. Shunrei me ha llamado varias veces, no es normal en ella. Discúlpame tengo que ...

— ¿Todo va bien con Shiryu? —preguntó el rubio.

— Si, sólo fue a telefonear a Shunrei.

— ¿Tú estás bien? —la mirada compasiva del pequeño Shun le esperaba tras esas palabras.

— No mucho — sonrió en un vago intento de esconder su preocupación—. Creo que voy a hacer caso a Shiryu, me iré a casa y esperaré a que mañana todo esté más calmado.

Apenas Seiya se había marchado Shiryu regresó totalmente agobiado y descompuesto.

— Algo le pasó a Shunrei… llamé a casa y me cogió la enfermera, al parecer ha perdido sangre… y la verdad, el resto no he sido capaz de retenerlo. Me voy corriendo a casa.

— Espera —Shun le agarró del brazo frenando su escape— deja que yo te lleve, no puede conducir en ese estado, no admito un no por repuesta —se giró hacia su otro hermano— Hyoga ¿podrías…?

— Sí, sí, por supuesto, iros. Ikki y yo nos encargaremos de todo —ni siquiera esperaron a que terminara la frase para salir por la puerta—. Hablando de Ikki…¿dónde se ha metido?

%%%%%%%

Más tarde, en un lugar perdido de los curiosos y el ruido de la ciudad…

Apenas podía oír nada por culpa del punzante dolor de cabeza y del pitido ensordecedor que le taladraba consecuencia, ambos, del golpe que lo dejó knockeado. Aquello le dificultaba identificar dónde podría haberle llevado, aunque al menos su olfato no fallaba, estaba en un lugar húmedo, quizás cerca del puerto. Aun así, estaba amordazado y atado de pies y manos, estaba claro que esa gente no se andaba con chiquitas.

Cuando aquellos tipejos cobardes, escondidos tras sus pasamontañas, se abalanzaron a la vez sobre él tirándole de la moto, dio gracias de llevar aún puesto el casco. La primeras patadas que impactaron en su estómago sorprendiéndole casi le dejan sin aliento. Sin embargo en cuanto pudo poner en pié la cosa cambió, eran mayoría pero él no era un cualquiera. Estaba seguro de que más de uno se arrepintió por subestimarle en el momento en el que sus puños comenzaron a golpearles sin compasión. Si solo aquel quinto hombre no hubiera aparecido, reduciéndole por la espalda y quitándole el casco.

El sonido de la puerta al abrirse le hizo ponerse en guardia. Solo se oía un par de pisadas acercarse. Paró agachándose para quedar frente a él. Al notar que sujetaba su rostro se revolvió hasta que notó que le apartaba la mordaza de su boca, sintiendo alivio con ello. El secuestrador acercó una botella de agua hasta su boca forzándole a beber algo de agua. La aceptó aunque no de buen grado, una parte de él desconfiaba de cualquier cosa que pudiera proceder de sus captores.

"Mantén la calma y escúchame sin alborotarte."

Aquella voz… ¡No podía ser posible!

"Voy a quitarte la venda de los ojos ¿de acuerdo? Pero tenemos muy poco tiempo para hablar."

La batalla de miradas duró unos segundos antes de que el moreno rompiera aquella tensión. El castaño se mostraba atónito, enfadado, decepcionado y, sobre todo, perdido ante la mirada de dolor y angustia que lo enfrentaba.

— ¿Por qué? —fue lo único que alcanzó a preguntar.

—¿Por qué? Por lo mismo que tú serías capaz de hacerlo… por amor.

—Pero… no entiendo nada ¿de qué conoces a esta gente? ¿Desde cuándo tú…?

— Es una larga historia que pensé que había dejado ya lejos de mi vida hasta hoy. Pero la tienen a ella, ella es muy importante para mí y si no lo hacía… Te juro que no tenía ni idea de que eras tú hasta que te quité el casco. —"Así que fuiste tú" pensó Seiya.

—¿Acaso eso hubiera cambiado algo? —se hizo el silencio en su interlocutor.

— Quizás las formas… —sonrió ligeramente.

— ¿Y ahora qué? — Seiya entendía que dar más vueltas a los motivos no tenía sentido, había que centrarse en buscar una solución.

— Quiero salvaros a ambos. — Se quedó pensativo, Seiya sabía que estaba siendo sincero. — ¿Tienes alguna idea sobre quién ha podido encargar este trabajo?

— Tengo un firme candidato, Saga. Lo que no sé es si también puede estar involucrado su socio, o ha sido solo cosa suya. Creo que esta es su última carta al verse vencido con el asunto del Consejo, debimos preverlo. Lo que no entiendo es por qué yo, aunque lo prefiero, si le hubiera hecho algo a Saori… —frunció el ceño con rabia.

— Ese es el motivo claramente, tú eres la llave para acceder a ella. Contigo no funcionaría la extorsión, tú hubieras levantado los cimientos de la ciudad por encontrarla. Ella, sin embargo, no dudará en entregar su vida si fuera necesario por salvarte.

— Estás muy seguro de ello… —el castaño no pudo evitar que las circunstancias de los últimos días le pesaran.

— Siempre ha sido así entre vosotros, desde que erais pequeños. —Seiya le miró con sorpresa. —¿Acaso creíste que no me di cuenta? También sé que el motivo por el que la rehuías todos estos años. Luchabas contra tus propios sentimientos, así que alejarte, hacer que te odiara y convencerte a ti mismo de ello, fue tu opción. Pero no te juzgo, soy un experto en ser un capullo con la gente que me quiere, por eso se reconocer a otro capullo. Me alegro que ambos entráramos en razón.

Sonrió sutilmente ante lo acertado de su apreciación.

—Tienes que confiar en los chicos y contarles lo ocurrido, ellos nos sacarán de aquí a "todos" sanos y salvos. No eres el único que ha estado ocultando cosas.

—Investigaré lo de Saga y seguiré tu consejo e intentaré contactar con Shun, pero ahora tengo que dejarte, sospecharán si tardo mucho más. — se aproximó para volver a amordazarle.

— Una última cosa —le frenó —si algo sale , si tienes que elegir, no lo dudes Ikki, sálvala a ella, a la mujer por al que lo arriesgarías todo.

Le sonrió conmovido por su gesto antes de volver a dejarle solo en aquel oscuro rincón.

%%%%%%%%%%

Cuando llegaron a casa de Shiryu, el chino prácticamente saltó del vehículo dejando a su hermano atrás, entró en la casa y se dirigió a toda velocidad a la habitación principal donde encontró a su mujer acompañada de la enfermera que en otras ocasiones la había atendido y ayudado.

—¡Shunrei! ¿Estás bien! ¿Qué ha ocurrido?

—Shh, está descansando, vámonos fuera un momento. —La enfermera se levantó de la silla en la que se encontraba mientras atendía a la joven embarazada, arrastrándole fuera con ella. — Ha tenido un ligero sangrado y he llamado a una ambulancia que está en camino. Deberán hacerla pruebas por si se trata de un desprendimiento de placenta. Su nivel de estrés es muy alto, me preocupa que eso haya afectado al feto.

Shiryu golpeó la pared maldiciéndose por lo ocurrido, últimamente había estado más preocupado por sus problemas familiares que por aquella pequeña vida que estaban a punto de traer al mundo y por su mujer. Shunrei era su calma, el pilar que le sostenía, con ella a su lado podía afrontar cualquier problema porque ella siempre cuidaba de él. Egoístamente se había acostumbrado a ello, ciego ante la situación por la que ella estaba pasando en ese momento, su cuerpo y su vida estaban cambiando y él no había estado a la altura, no había cuidado bien de ella.

— Shiryu…—la mano amiga sobre su hombro buscaba darle un consuelo que parecía inalcanzable en ese momento — no te preocupes, estará bien.

— ¡Shiryu! Es Hyoga, al parecer algo le ha pasado a Seiya… — Shun entraba casi sin aliento en la casa, Hyoga le había llamado tras hablar con Saori alertándole sobre lo ocurrido, sin embargo, al ver quien acompañaba a Shiryu se quedó sin palabras — ¿Es..Esmeralda? ¿Qué haces aquí?

%%%%%%%%

Le había visto escabullirse a su despacho nada mas terminar la reunión y estaba seguro de que aún se encontraba allí. Si Saori estaba en lo cierto, era más que seguro que ese malnacido tenía algo que ver con la desaparición de Seiya y, si así era, no pararía hasta desenmascararle y localizar a su hermano.

Atravesó el pasillo sin dilación ante la mirada atónita de Shaina que, acompañada de Milo, se abalanzó sobre él justo antes de que pudiera abrir la puerta del despacho.

— ¿Dónde crees que vas? Saga no quiere que le molesten. — Con un fuerte golpe sobre a puerta había impedido que el rubio irrumpiera en el despacho.

— Esto no es asunto tuyo Shaina — agarró con fuerza la mano con la que sujetaba la puerta para retirarla a un lado —¿por qué no vas a pintarte las uñas o a seguir con lo que sea que estuvieras haciendo? — Fue al centrar la atención en la chica cuando se percató de la marca en sus muñecas. — Un momento… ¿Qué es esto?

Shaina se zafó de su agarre ocultando aquellas marcas que habían llamado la atención del rubio.

— ¿Qué diablos pasa aquí Hyoga? — al ver la tensión generada entre ambos Milo se vio obligado a intervenir en defensa de la joven—. ¿Acaso no te enseñaron modales? Así no se trata a una mujer…

— Mira Milo, no estoy para sermones, además, visto lo visto, esta señorita tiene también muchas explicaciones que dar ¿dónde está Seiya, Shaina?

Su mirada acusadora la penetró desatando un escalofrío que recorrió toda su espalda. ¿Seiya? ¿Acaso le había ocurrido algo a Seiya? ¿Por eso estaba interesado en hablar con Saga? Un mal presentimiento la invadió, sabía muy bien la situación en la que se encontraba Saga pero, él era un buen hombre, nunca creyó que fuera capaz de hacer algo realmente malo. Sin embargo, Hyoga se encontraba fuera de sí…

"¡Shaina! Déjale entrar!" la voz grave y calmada de Saga se oyó desde el otro lado. Las paredes de cristal le habían permitido ser un observador distante de lo ocurrido.

Una vez dentro del despacho, Hyoga se mantuvo de pié frente a su objetivo, mientras Shaina, acompañada de Milo, permanecían a poca distancia de la puerta.

— Saga ¿es cierto lo que dice Hyoga? — Shaina no pudo evitar saciar su curiosidad. —¿Le ha pasado algo a Seiya?

— Shaina, sabes que hay ciertos asuntos en los que no me gusta que te inmiscuyas y este es uno de ellos.

— ¡Oh vamos Saga! ¿Ahora vas a hacerte el valiente y dejar a tus matones, o mejor dicho a tu matona, fuera de esto?

La mano de Milo apretó con fuerza la de Shaina, mientras ella era incapaz de levantar la mirada. Ahora que todo parecía ir bien entre ellos, tenía que enterarse de esa manera de quién era en realidad.

— Dime lo que tengas que decir y déjate de rodeos Hyoga. — La actitud del abogado era firme y segura, recostado sobre su silla se limitaba a observar a su interlocutor con cierta soberbia mal disimulada.

— ¿Qué has hecho con Seiya, Saga?

— No tengo la menor idea de lo que me estás hablando. — Mentía, era obvio.

— Saori fue a buscarle a casa y encontró su moto tirada y sangre y resto de una pelea. Seiya no estaba allí, ni en su casa.

—¿Me estás diciendo que el fanfarrón de tu hermano se ha metido en una pelea y lo primero que habéis pensado es que yo tengo algo que ver? Si tu hermanito tiene problemas por tener la lengua larga, quizás deberías plantearos tomar medidas para educarle en lugar de realizar acusaciones sin pruebas.

— No es la primera vez que contratas a matones para atentar contra nuestra vida y lo sabes Saga —la vehemencia con la que Saori, que acababa de irrumpir en el despacho, pronunció aquellas palabras dejó a todos perplejos.

— Señorita, creo que tanta tontería empieza a molestarme. Tengan cuidado con sus palabras o tendré que tomar medidas.

Shaina observaba la escena sin dar crédito a lo que estaba ocurriendo. Conocía demasiado bien a ese hombre como para saber que aquello era un papel perfectamente aprendido, mentía, mentía de forma sublime, de aquella manera que sólo él era capaz de escenificar sin que un pestañeo delatara su farsa.

— ¿Qué quieres Saga? —Hyoga tomo la palabra nuevamente —. ¿Dinero? ¿Esta empresa? Hablemos en tu idioma si es lo que quieres.

— Me subestimas…

—Saga — la voz de Saori estaba más calmada que cuando llegó al lugar— sé qué tipo de hombre es aquel con el que mantienes negocios. Sé que es un monstruo capaz de cosas horribles y que, una vez caes en su red, salir de ella puede acabar contigo. Y lo más importante, sé que nos necesitas para salir del lio en el que sea que estés metido con él. — El abogado la observaba en silencio, pero su semblante había cambiado ligeramente. — Nunca fuiste un mal hombre Saga, mi abuelo confió en ti más que en sí mismo y te apreciaba y, creo, que tú también le apreciabas a él. Te ayudaremos, alejaremos a ese hombre de ti juntos pero, por favor, saca a Seiya de esto…

— Ya es tarde señorita Kido y dudo que vuestra familia, con todo su dinero, pueda hacer algo.

— ¡Qué has hecho Saga? —Para sorpresa de todos fue Shaina la que le recriminó con su pregunta. — He sido tu apoyo todo este tiempo y lo sabes, pero no te permitiré que te conviertas en un monstruo, no así, estás yendo demasiado lejos y no puedo permitirlo. Si ella tiene razón, todo dará igual ¿o acaso crees que él mantendrá su palabra aunque le entregues a Seiya? — Golpeo con fuerza la mesa de escritorio buscando alguna reacción en el hombre frente a ella que le recordara quien fue. Saga la ayudó a salir del mundo oscuro en el que estuvo atrapada durante años, le dio una nueva vida y la protegió, se sentía en deuda con él y le había ayudado, pero poner la vida de Seiya en peligro era algo que no podía tolerar.

— Shaina — Saori cogió las manos de la secretaria entre las suyas suplicante —, ¿tú sabes algo? ¿puedes ayudarnos?

La joven miraba a la heredera y al abogado intermitentemente debatiéndose en el camino que debía tomar, ser fiel al hombre que la salvó la vida o ser fiel a su corazón.

— Él tiene a su hermano…—confesó al fin.

—¡Shaina!

(continuará)