Capítulo 9
Kakaroto dejó en el suelo su canasto de carne para seguir a Milk a un lugar apartado, sin que ella le dijera a dónde iban o por qué. Simplemente aceptó su propuesta y caminaron en un silencio para nada incómodo, cruzando calles atestadas de guerreros y senderos menos concurridos hasta llegar a un terreno desértico. La morena suspiró algo desilusionada, esperaba que hubieran un par de árboles o plantas de algún estilo en ese planeta pero no había más que piedras gigantescas, polvo naranjo, fino y suave, y más piedras. Kakaroto, por otro lado, se adelantó los pasos que lo separaban de ella al ver que su trayecto finalmente concluía. Frente a ella, sonrió antes de hablar.
—¿Qué es lo que hacemos acá, Milk?
Los ojos de la muchacha escaparon de la mirada del Repartidor casi con culpa y se dio media vuelta cabizbaja, preocupando al instante a Kakaroto. Acercó una mano para tomarla de un brazo sin forzarlo y Milk se volteó bruscamente al momento en que sintió su tacto para darle un golpe a puño cerrado que Kakaroto difícilmente pudo esquivar simplemente porque no creía que ella estuviera atacándolo. El Repartidor se alejó dos pasos hacia atrás con los ojos bien abiertos, contemplando a una Milk que se le acercaba con el ceño fruncido y los puños preparados para volver a golpearlo.
—Pelea conmigo —le dijo con un vozarrón que podía verse como una orden—, golpéame —le pidió dando más golpes que terminaban en el aire porque Kakaroto los esquivaba sin problemas.
—¿Por qué? —cuestionó él caminando hacia atrás, apenas poniéndose en una posición de defensa porque Milk no era una guerrera muy hábil. Pero para ella aquello era un insulto silencioso y procedió a atacarlo con más furia que antes, llegando a gritar entre sus movimientos y pronto su juego de atacarlo y huir se volvió un baile dirigido por Milk—. Milk, detente. No quiero golpearte, por favor.
—Sólo hazlo, ¡no me detendré hasta que te golpeé! —y tan pronto como lo dijo, Kakaroto se dejó de mover para que el puño de Milk finalmente llegara a una mejilla, dando por completa su promesa. Milk se paralizó con la sorpresa del golpe que le había dolido más a ella que al Repartidor, y después la embargó un sentimiento abrasador, uno que la llenó de ira—. Te dejaste golpear, dejaste de moverte para que pudiera golpearte… —murmuró ella con el ceño fruncido y volviendo a una posición relajada, los brazos colgando en sus costados.
—Yo…, no era mi intención…
Y sin más, Milk se fue rauda por la dirección que habían emprendido antes hacia la Taberna y Kakaroto tras pensárselo dos veces, corrió detrás de ella.
—¡Milk! ¡Milk! ¡Deja de correr! —le pidió y luego comenzó a desacelerar, disminuir el tamaño de sus zancadas hasta que se quedó parado mirándola correr a lo lejos. Se sintió culpable y no entendía por qué Milk quería que la golpeara si eran del mismo equipo. Era un entrenamiento, seguro, pero simplemente no se sentía bien golpearla sabiendo que podría lastimarla en serio. Distinto era cuando él entrenaba con su padre o Raditz, podían molerlo a puñetazos y daba igual, Kakaroto seguiría levantándose hasta que su cuerpo no le respondiera más.
—¿Problemas con la chica? —le dijo una voz apática desde la nada y Kakaroto se volteó hacia ella reconociendo enseguida a su dueño. Turles se rio ariscamente y se le acercó con los brazos cruzados sobre el pecho, en clara postura para hacerlo enfadar y Kakaroto frunció el ceño cuando su supuesto hermano bastardo le pasó un brazo por sus hombros—. ¿Sabes? Jamás pensé que yo y tú, siendo tan similares, tuviéramos gustos en chicas tan parecidos. La verdad es que nos creo bastante opuestos para ser hermanos.
—No sabes de lo que hablas, malinterpretas las cosas. Y no somos hermanos, mi único hermano es Raditz —aseguró Kakaroto, liberándose del abrazo indeseado de Turles y alejándose un poco de él. Pero Turles no se dejaría amedrentar por tal desaire.
Turles se puso a reír de una manera muy burlona.
—¿Acaso nunca te has mirado en un espejo?
Si Kakaroto había logrado no dejarse intimidar por el esbirro de Vegeta, aquel comentario lo habían hecho prestarle toda la atención que le había negado siempre. Era como si le hubieran abierto los ojos por primera vez en la vida, todo lo que era Turles era un reflejo especular de sí mismo pero con ciertas diferencias notables, aunque diferencias no tan distantes de su padre Bardock. Turles tenía razón, él era el producto de un error de Bardock y ahora era una carga para sus hijos. Después de todo, eran enemigos en el Torneo y era un rival digno, al igual que todo el equipo de Vegeta.
—Somos tan hermanos como lo eres con Raditz —le dijo Turles para sacarlo de su ensimismamiento—, sólo que tú y yo somos más parecidos tanto en lo físico como en el poder.
—Raditz es mi único hermano.
—Sabes que eso no es verdad —rebatió Turles, pasándose la lengua sobre los dientes—. Podríamos ser un equipo más poderoso si te unieras a mí.
—Yo nunca traicionaría a mi hermano —dijo él, más enfadado que antes—. Además, si me uniera a ti me uniría a Vegeta y jamás podría derrotarlo.
—¿Y quién habló de unirse a Vegeta? —respondió la versión maligna del Repartidor. A Kakaroto se le erizaron los vellos de todo el cuerpo. ¿Estaba pensando en traicionar a Vegeta? —. Piénsalo, Repartidor. Seríamos imparables.
Y tan rápido se vino, Turles se fue, dejando atrás a Kakaroto, turbado por la confusión y el enfado. Estaba temblando, notó sin equivocarse, y se dijo a sí mismo que debía derrotar a Vegeta pero también al bastardo. Trazó nuevamente el camino hasta la Taberna de su madre y con desgano se le acercó cuando supo que Milk aún no había vuelto.
—¿Y Milk? —preguntó Gine cuando Kakaroto se metió a la cocina sin saludarla. Ella lo había visto salir junto a la humana, era obvio que le preguntara—. Pensé que te había pedido que la acompañaras.
—Ella se marchó, creo que se molestó conmigo.
Gine abrió sus ojos con sorpresa pero rápidamente cambió su expresión a una pícara.
—¿Qué le hiciste?
—No la golpeé —admitió Kakaroto dejando a su madre boquiabierta—. Quería que entrenara con ella pero me negué, después fingí que me alcanzaba para que tuviera la satisfacción de haberme vencido y se enfadó. —Kakaroto hizo una pausa para mirar a su madre con mucha intensidad—. ¿Es normal un enfado así o es que le pasa algo que no sé? ¿Te enfadarías si mi padre hiciera algo así, madre?
—Bueno, supongo… Creo que las ganas de ser una guerrera son más fuertes en Milk que en mí. —Gine le sirvió un jarrón de cerveza fría a su hijo pero Kakaroto no lo tomó enseguida y simplemente lo miró, inapetente—. Espera a que ella llegue, hijo, no creo que se demore mucho, ya sabes que le da miedo andar sola por ahí… Cuando la veas, discúlpate y lleva a la chica a entrenar. La golpearán tarde o temprano y mejor que seas tú a que sea otro.
Kakaroto aguardó por mucho la llegada de Milk y su sol se comenzaba a poner cuando el grueso de la clientela de Gine llegaba a la Taberna. El lugar estaba atestado y resentía la ausencia de la morena cuando Gine no daba abasto con los pedidos. Fue en ese momento cuando más se desesperó.
Al fin, cuando era casi la madrugada, Milk entró tímidamente a la Taberna. Tan pronto como la vio fue a su encuentro y ella bajó la cabeza como si estuviera dispuesta a ignorarlo. Aun así, Kakaroto buscó su mirada, un tanto apenado. No había sabido nada de ella durante todo lo que restaba de la tarde y en las primeras horas de la noche recién ella hacía acto de presencia.
Y detrás de ella, venía Raditz con el semblante serio y cuando vio a su hermano con Milk, sonrió ariscamente.
—Hola hermano —lo saludó, captando un poco la atención de Kakaroto—. ¿Por qué no me sirves un trozo de carne y cerveza a mí y a Milk? Venimos de entrenar y fue duro. —Hizo una pausa para apreciar la expresión del menor que pasó rápidamente a la sorpresa—. ¿Sabes, Kakaroto? Milk es una guerrera innata, no está entrenada en lo absoluto pero algo pude hacer —espetó él mientras pasaba un brazo musculo por los hombros de Milk y la acercaba a su cuerpo. Ella se quejó un poco con el agarre y Kakaroto buscó rápidamente la razón de su lamento.
—Milk…, estás herida —susurró Kakaroto cuando le vio el rostro y ella lo apartó enseguida, como si pudiera aminorar de alguna forma su impresión. Tenía el labio hinchado y roto, un pómulo morado y los ojos irritados. Un enfado brotó desde el interior de Kakaroto y calentó todo su cuerpo con rapidez, totalmente incontrolable. Se dio la vuelta y enfrentó cara a cara a su hermano, el único responsable del estado de Milk—. ¡No puedo creer que la hayas lastimado de esta manera! ¡Es nuestra aliada, cómo esperas que…!
—¡Y por eso lo he hecho! —le respondió más fuerte que Kakaroto pero infinitamente más calmado—, ella quería entrenar y la he entrenado. No bastará para las pruebas que faltan, pero servirá de algo en el futuro.
—¿Herirla de esta manera es entrenar?
—Este fue un entrenamiento para peleas reales, ningún oponente la tratará mejor sólo por ser una mujer.
Y aquel fue el último comentario de Raditz antes de que Kakaroto le hiciera aterrizar un puño en la mejilla que lo hizo callar. Le rompió el labio y lo llenó de ira, y pronto el gigante estaba sobre él, atacándolo, y su hermano menor, defendiéndose. Un par de comensales tuvieron que dejar las mesas colindantes a la pelea porque los hermanos se arrojaban el uno al otro, empujando todo lo que había alrededor. Milk ahogó un grito con las manos sobre la boca, Gine exclamó una maldición y gritó el nombre de su esposo para que interviniera, y Bardock así lo hizo pero a duras penas los pudo separar.
Puños y patadas iban y venían, y daba igual que alguno fuera a darle a su padre. Cansado de ser ocupado de escudo por sus dos hijos, en vez de tratar de separarlos, Bardock golpeó a ambos de tal manera que los mandó a direcciones contrarias. Kakaroto fue a dar contra la pared y Raditz se estrelló contra las mesas y sillas del centro de la Taberna, golpeando por alcance a algunos comensales que las hacían espectadores.
El ambiente, aunque aún tenso, se sumió en un silencio que sólo los jadeos cansados de los hermanos podían quebrantar.
—¡Es suficiente! —les gritó el padre cuando vio que los ánimos de pelear no bajaban—. Es detestable que peleen por una simple…—Gine carraspeó ruidosamente, recordándole que no debía revelar el secreto de familia—, una simple mujer —dijo al fin y varias de las guerreras presentes hicieron sus reclamos como un murmullo claro pero bajo.
—¿Cómo es que te atreviste a dejar así a Milk? No dejaré pasar esto, Raditz, lo prometo —le decía el menor con un cansancio evidente pero que podía ser debido a la rabia—, eres detestable.
Pero el gigante, quien se levantaba recién del suelo, sólo se limitó a sonreírle.
—Simplemente haría lo que un camarada haría por un compañero —le dijo—, no hay diferencia de género en la guerra.
Si Kakaroto había gozado la aprobación general de los guerreros de Baja Clase, los más numerosos del planeta, ahora Raditz era quien era elogiado quedamente por los curiosos al reconocer las costumbres del pueblo. Mujeres muertas las había todos los días pero no por ser hembras se lloraba más su pérdida.
—Eres tú quien no valora a sus compañeros, hermano —le dijo sin piedad—, incluso me atrevería a decir que no deseas que ella se haga notar.
Parecía que Kakaroto saltaría sobre su hermano ante sus provocaciones y los espectadores así lo esperaban, Bardock ya imaginaba que el chisme de la pelea entre los hermanos del escuadrón más popular del Torneo sería lo único que escucharían por semanas y su próxima prueba del Torneo de Sucesión tendría más interesados por ello. Todos estarían atentos a una pelea entre ellos durante la Etapa de Conquista.
—¡Deténganse ustedes dos! —dijo Gine en tanto vio que Bardock sólo se limitaba a prevenir que se lanzaran a golpearse por segunda vez. Cuando supo que había captado la atención de sus hijos, se dirigió al resto—. ¿Y qué es lo que esperan ustedes para irse? ¡La función terminó y la Taberna cierra por ahora!
La lenta precesión de los guerreros ociosos se produjo en tanto comprendiera que no estaba bromeando y que no conseguirían más de lo que ya habían visto por la acción de ambos padres. Gine volcó su atención en Milk cuando la Taberna estaba a punto de quedar vacía y ambos hermanos la vieron de reojo mientras la invitaba a subir a las habitaciones, prometiéndole que tenía siempre una botella de líquido regenerador, del mismo que traían los tanques de recuperación pero mucho más económico.
Kakaroto se sacudió indeciso entre si quedarse o seguirlas, dejando a Bardock y a Raditz tensos, esperando un ataque y terminó por retirarse, no sin antes dedicarle una mirada rabiosa a su hermano y decirlo.
—Esto no acabará aquí, Raditz.
—Estaré esperando ese momento, enano —respondió él con su voz burlona y Bardock puso los ojos en blanco antes de estrellarle una palma en la espalda. Un golpe simple, casi sin dolor, pero que se sentía de advertencia.
Kakaroto se fue sin más y subió las escaleras hacia las habitaciones a las que se habían ido las mujeres.
—¿Qué tienen ustedes dos por esa maldita mujer? —quiso saber Bardock con el enfado teñido en la voz, Raditz vaciló con lo obvio.
—Es una buena mujer —atinó a decir—, mi hermano no la merece. Yo soy mejor partido para ella.
—¡Es una humana! —respondió enseguida su padre y volvió a decir—. Es sólo una maldita humana, Raditz. Tus hijos con ella serían medio saiyan, unos híbridos. Unos malditos híbridos…, ella no es buen partido para nadie. Ella debe irse más temprano que tarde, y si alguien llega a saber que es una humana como ustedes dos han olvidado, ella debe morir.
Raditz apretó los labios ante lo evidente. Para Bardock el asunto ya estaba por terminado y se dirigió hacia el segundo piso para zanjar el asunto.
—Vegeta ya lo sabe. —Las palabras de Raditz lo detuvieron en seco—, Vegeta ya sabe que Milk era una sumisa.
—¡Qué…!
—¡Pero ya tengo la solución, padre! ¡Conseguí que Milk volara y así, Vegeta no tendrá…!
Un puño furioso de su padre lo silencio y lo mandó al suelo. El primogénito de Gine tiró más mesas y sillas durante su aterrizaje, sin duda su madre estaría preocupada por su integridad.
—¡Ya estoy harto con ustedes! —le gritó por los dos—. ¡Ya no sé lo que tienen en la cabeza! ¡A veces creo que quieren que los maten!
—No es así.
—¡Pues así se ve! —gritó al fin Bardock y se puso a respirar profundo como quisiera calmarse—. Esa mujer no debe estar viva para cuando termine la próxima prueba, Raditz, ¿entendiste?
El alboroto del primer piso se escuchó claramente desde el segundo piso y Gine se sacudió inquieta alrededor de Milk, mientras que la humana apenas se movía desde la cama a donde había tomado asiento. Cabizbaja, se tomaba un costado como si sujetara las costillas que estaban por caérsele.
Se escucharon un par de gritos de parte de ambos hermanos y uno que otro del padre, y un ruido de mesas y sillas crujiendo bajo el peso de los cuerpos de los enfrentados. Luego hubo silencio y una carrera que culminó en el sonido de la puerta abriéndose. Era Kakaroto, y aunque no lucía mayores magulladuras, se notaba en él la sombra de la pelea.
—¡Hijo! —gritó la madre más calmada—. ¿Cómo estás? ¿Qué está pasando allá abajo?
Gine recibió la mirada enfadada de su hijo menor pero dentro de ella estaba segura que no era por su causa.
—No lo sé, ni tampoco me interesa ya —espetó Kakaroto y caminó lentamente hacia Milk, dolido—. Milk…, esto es mi culpa. No debería dejarte sola con Raditz.
Y se hincó frente a ella para mirarla con más claridad. El gigante la había golpeado pero se había medido, de haberlo hecho en serio, Milk no podría haber caminado sola hacia la Taberna. Kakaroto negó con la cabeza y le tomó una mano con la suya, pero Milk se la quitó enseguida, como si le doliera. Ingenuamente, el Repartidor pensó que le había tocado una herida a carne viva.
—No es tu culpa ni culpa de Raditz —dijo ella con la voz temblorosa—. Él sólo me ha hecho un favor, me enseñó algunas cosas…, quizás en un par de años más…, él me dijo que sería una guerrera decente.
—Hay otras maneras…
—No, no las hay —respondió Milk, acelerada—. Esta es la única. No soy tan débil, Kakaroto…, en mi planeta era una de las mejores.
—No estamos en tu planeta, Milk…, acá te matarían. Raditz podría matarte fácilmente —dijo él—. Creo que no deberías participar en la siguiente etapa del Torneo.
—Sí lo haré —contestó, obstinada—. No puedes sacarme, soy tu compañera, y si debo morir ahí, lo haré. Que sea lo que la Diosa quiera.
—Kakaroto…—susurró Gine mientras se les acercaba con el ungüento sanador y se hincó junto a él—. Milk tiene razón. Ella tiene el derecho de escoger lo que desee. —Kakaroto apretó los párpados, negándose—. Curémosle sus heridas, así volverá a estar sana para mañana y podrá seguir entrenando para la siguiente etapa.
Gine se llenó la palma de la mano con el ungüento azul y procedió a repartirlo por el brazo herido de Milk, dándole la botella a su hijo para que le ayudara. Kakaroto se irguió derecho y se puso una pequeña cantidad de ungüento en la yema de su dedo índice, hizo que Milk alzara el mentón con la mano libre y trazó círculos en su pómulo y en el labio roto. Cuando se le acabó el ungüento, Kakaroto pasó su dedo por la totalidad del labio de Milk, haciéndola sonrojar.
—Yo te entrenaré desde ahora, Milk.
Nota de la Autorísima: Hola, long time no see. Hace tiempo que tenía gran parte de este capítulo y terminarlo fue una tortura. No tenía idea de cómo. Ahora sí, con este capítulo termino con el "relleno" y el siguiente empieza la última etapa del Torneo antes del gran final. Creo que mi pronóstico de ahora será más acertado que el anterior jaja creo que entre tres y cinco capítulos este fic estará terminado. Y me alegra, es mi favorito del fandom :) ¿Ya notan que hay más Radilkaroto que antes? Lo desbloqueé jaja
Muchos besos a mis lectoras más fieles y a los reviewers del capítulo anterior Diosa de la Muerte, Usuario865, Yuuki y Prl16. Los quiero!
Y como fb me odia, o un amigo ahí me denuncia según mi novio, me cierran todas las cuentas de esta escritora así que no puedo comunicarme directamente con ustedes más que con estas notitas de autor. Ya van cuatro cuentas asesinadas y perdí las esperanzas de una cuenta friki xD Espero que después me de la locura de abrir una quinta :) Y esto va para ti, Diosa, siempre que me creaba una te agregaba y nunca me aceptabas :( jajajajjaaja
Espero que les guste mucho. Cariños varios, RP.
