Música inspiradora: BSO Game of Thrones - Season 7


El Repartidor de Carne

Capítulo 12

"Arena"


Raditz volvió a las barracas después de perder la cuarta etapa del Torneo de Sucesión, con la idea de no volver a la Taberna de su madre o ver a su hermano nunca más. Lo único que lamentaba era el destino de Milk que se veía oscuro, no sabía si Vegeta iría a hacer algo con respecto a ella y dudaba que se enterara si pasara algo. Todavía tenía el deseo que ir a buscarla y tomar una misión lejana, para escapar con ella y no volver más, dándose por fugado y vivir con Milk a costa de pagos por homicidios; pero aquello no pasaba de un simple deseo. Su destino era volver a lo que era su vida antes de que su madre fuera a visitarlo a su habitación y olvidar que alguna vez había participado en el Torneo de Sucesión.

Pero el resto no lo olvidaría fácilmente. Los soldados de las barracas se lo reprochaban en la cara en todo momento y había pocos que lo saludan con una sonrisa en el rostro, diciéndole que recordaban su participación como algo ameno.

—Hola Raditz —escuchó el aludido justo detrás de él—, ¿irás a ver el gran final del Torneo de Sucesión?

Raditz no tuvo el menor deseo de voltearse al reconocer la voz de su hermano ilegítimo, sabía que su mera presencia ahí era para burlarse y Raditz ya estaba harto de las humillaciones constantes en su vida.

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó el legítimo, sonaba casi aburrido y Turles se vio un tanto sorprendido.

—¿Qué te parece que hago? —rebatió, acercándosele—. Visito a uno de mis hermanos. —Turles esta vez no se sintió ofendido por la risa de Raditz.

—¿En serio? —Raditz al fin y se dio la vuelta para verlo directamente. Jamás se había sentido tan orgulloso de su altura como en ese momento, Turles apenas le llegaba a los hombros y verlo hacia abajo fue algo maravilloso. Turles, sin embargo, no mostró señales de sentirse intimidado—. ¿Después de todos estos años sientes la necesidad de verme? —dijo—. ¿Acaso quieres un abrazo?—preguntó después, sin sonrisa ni la ironía en la voz. Raditz tuvo la intención de dar por terminada la interacción con su medio hermano y Turles decidió pararlo con el tono de su voz.

—¿No tienes la más mínima curiosidad por saber la razón de mi visita?

Raditz pareció pensárselo por un momento.

—La verdad es que no.

—¿Ni siquiera tienes un poco de curiosidad? —volvió a rebatir el moreno, lamiéndose los dientes como quien se prepara para probar un festín. Algo en sus ojos hizo que Raditz intuyera la trampa que había detrás de su mirada—. Te daré una pista, hermano. Pero recuerda, después de ella debes correr, porque el tiempo corre y eres tú el que lo hace más rápido o el tiempo te matará. ¿Realmente no quieres saber?

Raditz frunció los labios, obligándose a no responder y Turles se rascó el cuello con indiferencia, a la espera de su respuesta.

—Bueno, yo ya me tengo que ir. El Torneo ya comenzará con su gran final, el Equipo de Pepper realmente promete pero el del Repartidor lo hacía más. Me temo que la final será un tanto… decepcionante.

Turles lo miró con malicia e hizo el ademán de retirarse.

—¡Ah! Casi lo olvido, te prometí una pista —dijo—. ¿Sabes qué es más excitante que escuchar a una mujer gritar? —le dijo simplemente—, y no me refiero a cuando la follas —rió—. Verla morir, hermano.


Kakaroto se sentó a esperar que el día terminara en la taberna de su madre. Ese día nadie se atrevió a entrar a beber ni a comer, la popularidad del Equipo del Repartidor de Carne era como una enfermedad virulenta que ya había acabado y nadie se aventuraba a seguir apoyando al equipo que le quitaba favoritismo al equipo del príncipe.

Un trozo de carne se enfriaba frente a él y la cerveza que Gine le había llevado a la mesa al centro de la taberna estaba intacta. Ya no era él tras perder la última etapa antes de la final. Casi habían asesinado a Milk, la habían tomado de las muñecas sin hacer caso a sus pataleos o reclamos. Turles la alzó frente a él y a Raditz, a la espera de su respuesta. Pero Vegeta ya había dado su amenaza…

«—Dense por vencidos, par de inútiles —les había dicho—, no sigan más con esta tontería. ¿Realmente creen que un par de Clase Baja y una cocinera podrían llegar a enfrentarse a mí?»

Sí lo había creído.

«—Adelante, ríndanse —bramó Vegeta mientras alzaba una mano hacia la terrícola de manera amenazante—. Díganlo, ríndanse o la cocinera se irá al otro mundo —les dijo y pronto el rostro pálido de Milk comenzó a adquirir luminosidad cuando el ataque se formaba frente a la palma de Vegeta—. ¡Ríndanse!»

Un golpe abrió de par en par las puertas de la taberna como una tormenta en invierno. Pero no era invierno el que se asomaba, era Raditz que entraba raudo. Tenía el rostro congestionado y una expresión preocupada, como si hubiese sido una proeza encontrarlos.

—¿Dónde está Milk? —gritó Raditz en tanto recuperó la compostura. Su hermano menor se levantó con el ceño fruncido a recibirlo al tiempo que Gine se recuperaba del susto.

—En su habitación, ¿por qué? —respondió duramente Kakaroto y Raditz intentó subir a la segunda planta para ir por ella cuando su hermano menor lo atajó en el camino y lo derribó al suelo—. ¡No te acercarás a ella! ¡Recuerda lo que le hiciste!

—¡Idiota! —masculló Raditz en tanto se sacudía para liberarse y sucumbía ante la llave de su hermano, quien lo sujetaba de las manos y le enterraba una rodilla en la nuca para que no se moviera—. ¿Hace cuánto que no la ves? —le preguntó sin hacerle sentido a ninguno de los dos—. ¡Milk! ¡Milk!

—¡Cállate! —le gritó Kakaroto pero la inseguridad ya se había implantado en su corazón. Dio vuelta y le habló a su madre—. Ve a ver a Milk, por favor.

—¡Ella no está ahí, estúpido! —bramó Raditz—. Vegeta la tiene en su estúpido Torneo, Turles fue a verme recién…, estoy casi seguro de que…

—¡Milk no está en su habitación! —gritaba Gine desde la planta alta, interrumpiendo a su hijo mayor y dejándolos helados.

—Debemos rescatarla —susurró Kakaroto, levantándose del lomo de Raditz con rapidez pero ido. ¿En qué momento fue que la habían secuestrado? ¿Y por qué él no había escuchado nada? «Esto es mi culpa —se dijo—, debí haber estado pendiente de ella en vez del estúpido Torneo…»

—Pero cómo… —masculló Gine en medio de la confusión—. El Torneo…, es la final en este momento… —Gine pensó exactamente lo que sus hijos pensaron en ese momento y su expresión de horror fue suficiente para hacerles entender que conocía su paradero—. ¿La han llevado a la final?

—¡Los mataré! —gritó Kakaroto haciendo el ademán de retirarse. Raditz lo siguió de cerca.

—La rescataremos —le dijo él—. Juntos. Y luego nos la pagarán.


Milk despertó mareada y sin saber dónde estaba. Llevaba grilletes en las manos y las piernas, y le pesaban lo que parecía una tonelada. La boca estaba completamente seca y la garganta, rasposa. ¿Es que había gritado? ¿Y por qué no recordaba nada de lo que había pasado antes?

Al intentar hacer memoria sólo lograba retroceder hasta después del Torneo, luego de perder. Habían vuelto a la vida de antes pero ella no salió de su habitación en días, traumatizada por lo que le habían hecho antes de que Kakaroto y Raditz pidieran misericordia para ella y renunciaran a todo. Los días habían transcurrido lento pero estaba mejorando, Kakaroto estaba contribuyendo a eso aunque él mismo estaba peleando contra sus propios demonios.

¡Milk! ¡Milk! —gritó Kakaroto en tanto la confusión levantó el velo sobre sus ojos y la vio patalear cada vez con menos energía, cuando su cara se tornaba roja por la falta de oxígeno—. ¡Déjala!

El Repartidor se acercó dos pasos antes de que la voz de Vegeta lo interrumpió.

Ah-ha —dijo meneando uno de sus dedos enguantados negativamente—. Yo no haría eso si fuera tú.

¡Pero yo no soy como tú!

Tienes razón, yo soy el príncipe y tú un perdedor —continuó el heredero del trono del planeta Vegeta—. Todo lo que yo ordeno es ley y si yo digo que esta cocinera muere, Turles no dudará en quebrarle el cuello en dos —repuso con una risa venenosa. Miraron a Milk que luchaba para no quedar inconsciente y su cara se volvía morada—. ¿Qué sucede si tú ordenas algo? —preguntó al aire, fingiendo estar buscando una respuesta—, ah, por supuesto, nada.

¡Maldito! ¡Deja ir a Milk! ¡Es sólo un Torneo! —La voz de Kakaroto pasó a tener tintes de desesperación.

No es sólo un Torneo —corrigió Vegeta, picado por la ira—. ¡Es mi Torneo! —gritó enfurecido—¡Ya me cansé de ustedes dos! —vociferó Vegeta—. Debería matarlos ahora mismo, ya estaba harto de dos Clase Baja en mi Torneo. ¡¿Cómo osaron meter a una sumisa asquerosa?! —Vegeta se dirigió a Turles con la peor de las expresiones—. ¡Mátala!

¡No! —Kakaroto se abalanzó hacia su hermano bastardo con rapidez y su mera proximidad lo obligó a soltar a la humana para protegerse del golpe que le era dirigido. Milk cayó al suelo como un objeto inanimado y tan pronto como aterrizó, la morena comenzó a toser violentamente, escupiendo saliva sanguinolenta—. ¡Raditz! —lo llamó segundos antes Turles de que lo aventaba al suelo de un golpe. El gigante reaccionó sin que tuviera que ordenárselo y tomó a Milk para llevársela lejos del equipo del príncipe. Momentos antes de que se retirara mantuvo un contacto visual con Broly, que era naturalmente desobediente con los caprichos de Vegeta, lo dejó ir sin siquiera mover un músculo. Raditz sabía que de querer detenerlo, él no tenía posibilidades de repelerlo.

—Casi logras engañarnos a todos. —Milk se estremeció al reconocer la voz regia del príncipe heredero. No lo vio enseguida pero lo escuchó acercársele y aunque intentó por todos sus medios forzar los grilletes, no logró más que herirse la piel y dejarla en carne viva. No pudo siquiera gritar, el mero miedo se lo había arrebatado—. Si tan solo te hubieses quedado en esa taberna repugnante quizás hubieras vivido.

Finalmente apareció a su lado. Vegeta lucía su armadura y capa roja impecable, pero su rostro parecía el de otro. Se veía relajado, casi cansado, nada como al hombre rabioso que había conocido antes. Lo tenía muy cerca y la escudriñaba sin piedad.

—Podrías haber vivido —repitió, frunciendo los labios—, pero elegiste entrar en mi Torneo. —Su sonrisa no era sana, Vegeta era un hombre vil y era imposible ocultarlo por mucho tiempo—. Debes dar gracias que no gusto de sumisas como tú, otro príncipe te hubiese violado hasta matarte —le dijo—, yo prefiero una manera más sublime para que partas de este mundo. Verás, el equipo del Repartidor no peleará en la final de mi Torneo como bien sabes, ellos decidieron salvar tu miserable vida… —dijo, apoyándose sobre la estructura en la que estaba encadenada de tal manera que sus rostros estuvieron enfrentados, bastante cerca el uno del otro—. Mi pueblo, sin embargo, sigue apoyándolos aunque sean unos perdedores y mi padre, el Rey, no tuvo mejor idea que darle al pueblo lo que quiere. —Milk se estremeció de miedo y Vegeta se regodeó—. Así es, en esta final no sólo derrotaré al equipo que sí ganó la prueba anterior, sino que mataré al Repartidor y al inútil de su hermano para que nunca más el pueblo aclame a un Clase Baja por sobre mí. Y tú, Milk —Vegeta tomó a la humana del mentón con fuerza—, eres la que traerás al Repartidor directo al matadero.

—No…

Vegeta rio de manera cruel y tomó las cadenas que unían los grilletes de sus manos con los de sus pies y aló firmemente hasta que crujió la estructura y Milk cayó al suelo. El príncipe aló otra vez y se puso a caminar en dirección a la oscuridad, hacia el túnel que unía ese lugar lúgubre con la arena del Estadio.

—No, por favor —pidió ella al sentir el dolor de sus magulladuras en las muñecas y Vegeta simplemente tiró sin piedad para que siguiera avanzando tras él—. Por favor… Estás hiriéndome…

Otro tirón más.

—¿Acaso crees que me interesa? —Vegeta aló una vez más con mucha fuerza y la arenilla naranja del suelo se tiñó de un rio de sangre—. Pero no morirás aquí —le dijo—, nadie te está mirando ahora. Debes morir donde todos puedan verte —y rio una carcajada vil dando un tirón a la cadena hasta escucharla chillar de dolor.


Vegeta se mantuvo al margen de toda la prueba final. Fue bastante fácil, Turles y Broly podían con ese equipo sin su ayuda, y se quedó de brazos cruzados tras sus compañeros esperando que terminaran. Milk estaba a sus pies, encorvada y encadenada sobre el suelo, y la sangre mezclada con la arenilla naranja estaba pegada en sus extremidades como una costra. La habían vestido con el traje blanco de una sumisa, Milk no sabía a quién había pertenecido, pero sí sabía que había muerto de una forma horrible y lenta. La tela estaba maltratada y tajeada, y su sangre manchaba la sangre ajena de su antigua dueña.

Las gradas del Estadio estaban repletas pero calladas, no alentaban al príncipe pero tampoco al otro equipo. Cada tanto un golpe propinado por Broly o una finta tramposa de Turles animaba al público pero la emoción no duraba mucho. Ninguno de los participantes inspiraba orgullo a las Clases Baja o Media, y el príncipe heredero era el menos querido de todos. A Vegeta, sin embargo, eso le traía sin cuidado, a él sólo le interesaba ganar el Torneo.

La guerrera Pepper fue la última en caer derrotada. Turles la tuvo de rodillas y aterrizó un puño duramente sobre su quijada que la dejó inconsciente y le derribó tres dientes con una explosión húmeda. Después de eso, la etapa final ya estaba completada. Broly buscó la mirada de Vegeta, Turles no dejaba de reírse de Pepper en el suelo…

Vegeta sonreía y miró el cielo cuando su rastreador pitó la melodía que estaba esperando. Tensó la cadena de Milk y la hizo salir de su entumecimiento.

—Puedes irte, Broly —le dijo Vegeta, avanzando hacia el centro de la Arena—. Bastará conmigo y Turles ahora. —La humana caminó a tropezones detrás del príncipe como una sombra errática. Broly no comprendió hasta que vio al par de hermanos ponerse frente a frente con Vegeta—. Los estábamos esperando —les dijo a los recién llegados mientras tensaba la cadena para hacer a Milk quejarse de dolor.

—Déjala ir. —Kakaroto apenas logró mantener en un tono su voz. Vegeta no esperaba escucharle decir algo distinto y se permitió reír a boca cerrada.

—¿Y qué harás si me niego?

Raditz predijo que su hermano reaccionaría mal y lo frenó tomándolo del hombro. Kakaroto se sacudió su agarre pero se contuvo y buscó la mirada de Milk, quien le imploraba con sus ojos negros.

—Déjala fuera de esto, Vegeta —pidió Raditz con una calma frágil—, esto es entre tú y nosotros…

—¡Tú! —bramó una burla, perdiendo el control con facilidad—, tú no significas nada para mí, Raditz. Pensé que había quedado claro lo que eres para mí cuando te expulsé de mi equipo. —Vegeta respiró hondo—. Este era mi Torneo y ustedes se metieron en él —les dijo—, ¡y se atrevieron a insultarme trayendo a esta humana! —Vegeta empujó a Milk con la punta de su bota y ésta se derrumbó sobre el suelo, comiendo polvo—. ¡Una humana!

El público reaccionó ante tal revelación y Vegeta por fin estuvo contento con algo que la plebe hiciera.

—¿Qué harás, Repartidor? —preguntó el príncipe heredero—. ¿Acaso quieres de vuelta a tu repugnante humana? —Vegeta tiró de la cadena para que Milk se incorporara y mostrara su rostro cruzado por el dolor—. Misericordia sería que la matara ahora mismo…

Kakaroto pegó un alarido antes de cargar hacia él y Vegeta dio un paso hacia atrás, acarreando consigo a Milk sin cuidado. El príncipe usó el largo de la cadena de Milk para parar los ataques de Kakaroto para sacarlo de quicio y lo logró con rapidez, el Repartidor perdió los estribos pero no la razón, y dejó los golpes para no hacer sufrir a Milk más de lo que había hecho.

Vegeta utilizó ese momento de vacilación para comenzar la ofensiva y dejó la cadena al fin. El príncipe y el Repartidor se enfrascaron en una pelea aparentemente equilibrada, pero la elegancia era más atractiva que el estilo de pelea rústico de Kakaroto y los vítores que antes lo clamaban ahora no estaban tan presentes. Y la revelación sobre la naturaleza verdadera de Milk…

El gigante hermano de Kakaroto vio la oportunidad de rescatar a la humana cuando Vegeta había dejado de utilizarla como cebo, pero tan pronto se acercó a la cadena una bota negra pisó los eslabones de metal plateado. Turles se paró entre Milk y Raditz.

—No es tan fácil como creías…


Nota de la Autora: No tengo mucho qué decir. Gracias por leerme, perdón por la demora. Se acaba en el próximo, el capítulo 13 :) Y ya tengo la parte importante escrita. Los amo. Gracias a Celestia Carito porque me escribió muchos reviews y me hizo recordar lo mucho que me gustan las historias que tengo en este fandom.

RP.