El Repartidor de Carne

Capítulo 13

"Vencido"


Raditz retrocedió por enésima vez en la Arena. Turles estaba jugando con él, lo estaba haciendo quedar como un novato. No importaba cuántas veces cargara contra el hijo ilegítimo de su padre, Turles siempre lo repelía con una finta y lo obligaba a retirarse. Al menos se había alejado de Milk…

El gigante se tomó la cara cuando un chorro de sangre caliente salió a raudales de su nariz. Turles no aguantó una carcajada mientras Raditz presionaba su nariz para contener la hemorragia, y por primera vez en la pelea, fue él quien se le acercó.

—Por favor, hermano —le dijo tomándolo del cuello de la armadura para acercarlo a su cara—. No me digas que esto es todo lo que sabes hacer…

Raditz tensó los labios, escuchó la batalla del príncipe con su hermano, el gemido de Milk a lo lejos. Él era el único de los tres que estaba haciéndolo fatal, al menos la morena lograba mantenerse con vida y arreglárselas cuando la tomaban de la cadena para estrangularla… Era verdad, a Vegeta no le importaba en lo más mínimo ni se molestaría en luchar contra él si derrotaba a Kakaroto, haría que Turles se encargara de él una vez que se aburriera de jugar. Pero eso significaba la muerte de Milk, ¡no podía permitirlo!

El gigante apretó la mandíbula y dio el cabezazo más torpe pero fuerte que había dado en la vida, y sorprendentemente, logró golpear de lleno la cara de Turles a tal punto que lo dejó para cubrirse el rostro con las manos. Raditz recobró la compostura y escupió el trozo de diente que se le había salido, para comenzar a combatir otra vez, pero ahora, con más seguridad que antes.

—No eres mi hermano, bastardo —masculló Raditz pero sólo logró que Turles se riera.

Una nube de polvo precedida por un fuerte temblor los hizo protegerse de los escombros que salieron eyectados. El Repartidor había caído muy cerca de su hermano y Vegeta se alzaba sobre ellos, ebrio de superioridad. La pelea entre el gigante y Turles se terminó tan pronto como había comenzado, y Raditz rápidamente pasó al olvido cuando su mediohermano fue donde Milk para pararla frente a su cuerpo como si fuera un escudo.

—¿Es esto lo que tienes, Repartidor? ¡Ya te he vencido! —Vegeta descendió justo cuando el polvo en suspensión se esfumó y el cuerpo de Kakaroto fue visible para el público en la gradas. Se encontraba mal herido pero seguía moviéndose a pesar del cansancio y se levantó como pudo del suelo, manteniendo la boca cerrada aunque quisiera gritar de dolor.

—Kakaroto… —Raditz estaba tan sorprendido como los espectadores que enmudecieron enseguida. Había tenido la remota esperanza que ganara esa batalla, tal como sus seguidores…

—¡Turles! —gritó Vegeta sin siquiera mirarlo—, esa humana ya me ha humillado bastante, mátala frente a estos perdedores para que les sirva como lección —dijo con una sonrisa macabra ante las miradas atónitas de los hermanos—, nadie debe tratar de engañarme de esta forma…

—¡No! —gritó Kakaroto, dando un paso—. Haré lo que me pidas pero por favor, no le hagas nada a Milk, ella no es la culpable…

Turles apretó la cadena para que Milk se desesperara por la falta de aire y Kakaroto comenzó a perder esperanza.

—¡Por favor!

—¡Di que te rindes! ¡Dile a todo el mundo que eres un perdedor y que te arrepientes de haber osado meterte en mi Torneo! ¡Eres un simple repartidor de carne! ¿Realmente pensaste que alguien como tú podría enfrentarte al príncipe heredero?

Kakaroto bajó la cabeza e incluso pensó en doblar la rodilla ante Vegeta, masticaba las palabras que le estaban obligando decir, tragándose su orgullo…

La agonía de Milk lo hizo hablar. Vegeta sonrió al ver que su archienemigo caía en su trampa y bajaba la guardia.

—Me rin-

—¡Kakaroto…! —alcanzó a gritar Raditz cuando previó el ataque a quemarropa que iba dirigido a su hermano. La distracción que habían provocado con Milk había funcionado a la perfección y el Repartidor había bajado la guardia, pero su hermano había servido junto al escuadrón del príncipe y conocía sus juegos sucios. Mas nunca había logrado vencerlo en velocidad y no logró maquinar otra solución que no fuera interponerse secamente entre el ataque y Kakaroto. De un empujón lo había sacado de la trayectoria del golpe de Vegeta pero lo había reemplazado consigo mismo. Lo siguiente que intentó decir Raditz fue reemplazado con una tos húmeda y sangre. El gigante jamás pensó que Vegeta intentaría asesinar a su hermano hasta que sintió que su puño había atravesado armadura, carne y entrañas. Sorprendentemente había logrado tomar el brazo de Vegeta con sus manos para evitar otra acción de él.

El príncipe, aunque sorprendido, se rio a boca cerrada de su inútil intento por anularlo y de una patada lo mandó al suelo.

—¡Raditz! —gritó Milk agarrada de Turles y Kakaroto se volteó a ver a su hermano caer dando sacudidas en el aire.

—Hermano… —susurró el Repartidor disminuido por la impresión y sintió cómo la angustia se apoderó de él cuando vio que la sangre manaba del cuerpo de Raditz.

El Repartidor de Carne se desmoronaba.

Todos los músculos de su cuerpo palpitaron al unísono y Kakaroto dilató las pupilas en una sensación extraña, cuando sus carnes volvieron a palpitar, sintió que toda la sangre se ponía a burbujear bajo su piel. La presión le quitó el aliento y sólo le permitió volver a respirar cuando esa sensación se le hizo soportable. Un quejido salió de su boca, era como si tuviera un río turbulento y furioso tras una represa que lo detenía. Un torrente delgado y débil logró hacerse paso entre las grietas, antes de romper la barrera que lo mantenía controlado.

El grito que vino después de sentirse liberado de su represa interna le heló la sangre a Vegeta. Milk dejó de patalear en los brazos de Turles. Gine volvió la vista a la pantalla con el rastro de las lágrimas todavía en sus mejillas. Y Bardock sintió que toda la sangre se le entumecía al instante.

—¡Vegeta! —bramó el chico con una voz que no parecía la suya, era más adulta, más feroz, y tan pronto como dejó de gritar, los pies se enterraron en el suelo dentro de un cráter que ellos mismos habían provocado.

Vegeta salió eyectado al suelo con una fuerza monstruosa y la onda expansiva que le siguió a su caída provocó un vendaval en torno al estadio. Nadie supo lo que había pasado cuando las ráfagas de viento enfurecido se detuvieron y les permitió volver a mirar al estadio.

—¿Qué es lo que está pasando? —preguntó tímidamente Gine mientras levantaba la cabeza y escrudiñaba la arena. El cuerpo de su primogénito seguía tendido en el suelo, Turles había dejado de hostigar a Milk cuando dejó de ser importante y Kakaroto…

El Repartidor de Carne se encontraba en el centro del estadio, elevado elegantemente varios metros sobre el suelo para observar el terreno pulverizado en el que yacía su oponente, todavía aturdido por el golpe que le había dado. Su cabello había cambiado como la noche se transforma en la mañana, como si hubiese bebido el fuego del sol y lo reflectara hacia ellos. Ese no era el Kakaroto que Gine había parido.

Bardock se levantó de las gradas como muchos otros, incapaz de distinguir aquel soldado que coronaba al estadio con su figura, del chico aficionado que jamás había salido en una misión fuera del planeta.

¿Qué pasó con su cabello? —se escuchó preguntar a alguien lo que muchos se cuestionaban.

¿Es ese el Repartidor?

El estrado del Rey gobernaba el silencio. Ni los generales más leales podían fingir calma ante tal situación. La palabra «legendario» fácilmente aparecía con alarmas en sus mentes y el Rey compartía ese pensamiento.

—No puede ser... —balbuceó el gigante en el trono del planeta, el Repartidor no podía ser el legendario, era el hijo de un Clase Baja y una simple cocinera…

Tarble se levantó de su asiento sin quitarle la vista de encima al ser en que se había convertido Kakaroto y se acercó hasta la baranda con una frase en la boca.

—El guerrero de la leyenda —dijo simplemente y se puso a sonreír. Su padre, el Rey, gruñó una negativa y se apresuró a refutarlo.

—¡Tonterías! ¡El guerrero prometido es tu hermano!

Bulma no pudo estar más en desacuerdo. Después de todo, lo había leído en las líneas de las manos de Vegeta y su padre.

El cuerpo del príncipe tembló cuando comenzó a moverse, adolorido y atontado, no lograba entender cómo le había afectado tanto un golpe de Kakaroto. Al elevar la vista dio con el Repartidor y su brillo lo obligó a apartar la vista.

—Qué es lo que hiciste —demandó saber Vegeta al incorporarse del suelo y preparándose a cargar contra él, sin importarle las alarmas que se encendían en su mente. Vegeta se puso en posición y un momento antes de moverse, la figura de Kakaroto desapareció del frente para materializarse detrás de él y con un golpe con el codo sobre su nuca, lo devolvió al suelo en lo que le latió el corazón.

Gine se cubrió la boca con las manos y el estadio entero se calló, preso del miedo.

Kakaroto levantó el cuerpo del príncipe agarrándolo del cabello y usando su propio cuerpo como eje, dio dos vueltas completas con Vegeta a cuestas antes de lanzarlo al otro extremo de la arena. El temblor del impacto no se hizo esperar y el sonido de la piedra agrietarse dio cuenta de la triza que sufrió la mitad del estadio.

Nuevamente Kakaroto desapareció de la vista, velozmente dirigiéndose hasta Turles que no disimuló la sorpresa de verlo frente a él y lo despachó de un golpe en la quijada. El Repartidor intercambió miradas con Milk antes de desaparecer otra vez y la chica, sabiéndose liberada, gateó hasta el cuerpo del gigante para comprobar sus signos vitales.

El alarido de rabia de Vegeta no se hizo esperar, enterrado bajo escombros, se sacudió el polvo de encima y rasgó su capa de color rojo sangre en el acto.

—¡Kakaroto! —bramó cuando no lo vio y el aludido se materializó a su lado con una velocidad espeluznante. Vegeta le asestó un golpe que no le llegó y le siguieron muchos más, todos errados, ganando terreno que Kakaroto le cedía sin problemas. Vegeta bramó una vez más y lanzó un ataque…

Kakaroto lo esquivaba otra vez.

—Ahora es mi turno —dijo Kakaroto con una tranquilidad aterradora. Los ojos de Vegeta se desorbitaron y se esmeró en prever los ataques de su oponente pero le fue inútil, todo lo que Kakaroto hacía con ese halo dorado era invisible a sus ojos o para el rastreador que piteaba demencialmente en su oído.

Los dos cayeron al suelo cuando Vegeta no pudo seguir absorbiendo los ataques del Repartidor. El cuerpo de Vegeta se cubría de polvo, escombros y la sombra proyectada de su oponente sobre él. Vegeta estaba espantado y esperó el último golpe con el miedo cruzado en su rostro. Kakaroto gritó y levantó su puño en el aire para acabarlo, el príncipe cerró los ojos…

Pero el golpe nunca llegó. Kakaroto se detuvo antes de darlo, la ira se le desvaneció en el aire cuando vio que su oponente le temía y se dio por pagado, ya nada más le podía importar. Ese Kakaroto no era lo que él deseaba ser, de continuar se haría como Vegeta y sería un ciclo sin fin. Vegeta intentando vengarse, él respondiendo…

En una bocanada de aire el cabello de Kakaroto volvió a ser del color del carbón cuando la calma retornaba a su cuerpo.

—Tú ganas —dijo Kakaroto—, me rindo —aseguró y dejó de cargar todo su peso contra el príncipe al tiempo que su mirada cambiaba, se relajaba y volvía a oscurecerse, al igual que su cabello. Ganar el torneo ya no era importante para él, había perdido mucho más de lo que hubiese querido y estaba cansado. Kakaroto sólo quería volver a la taberna de Gine y repartir carne, lejos del escrutinio público, el hostigamiento del príncipe Vegeta y sus celos para con su popularidad. Con su ambición había puesto en peligro incontables veces a Milk...

—No, ¡no! —maldijo Vegeta ya sin fuerzas—, ¡acaba conmigo! ¡Hazlo! ¡Kakaroto!

Kakaroto se levantó, le dio la espalda y comenzó a caminar cabizbajo, indiferente a los insultos y las ofensas de Vegeta que lo instaban a terminar con él. El príncipe drenó sus últimas energías intentando hacerlo cambiar de opinión y masculló incontables veces vencido por la frustración, ¿cómo era posible que lo humillaran de esa forma?

—Me rindo —volvió a decir el Repartidor para que todo el estadio lo escuchara y se dirigió hasta donde se encontraban su hermano y Milk. El silencio en el estadio fue atronador, ni siquiera el Rey daba crédito a lo que estaba sucediendo. El príncipe Vegeta resultaba ganador de su propio Torneo de Sucesión pero no de la forma en la que lo satisficiera, aquella había sido la profecía que Bulma le había leído de la palma de su mano.

—Kakaroto… —Raditz forzó una sonrisa cuando lo vio llegar a un lado de Milk—. Ganaste…

Su hermano negó con la cabeza y frunció la boca cuando unas lágrimas se le formaban en los ojos.

—No, hermano —le dijo él—, vamos a casa.

Fin.


Nota de la Autora: Este es el fin, me pareció que sería una buena forma de hacerlo. ¿Le gustó? ajaja a mí sí, pero por lo que pasa después supongo que se merece un epílogo. Se supone que viene otra historia que pretende ser una versión de El último vigilante pero sin tantas muertes jajajaja pero como estoy tan retirada de este mundo tendría que no superar los 10 capítulos y por supuesto, tenerla avanzada antes de comenzar a publicarla... Se tratará de eventos después de este fanfic pero muuuuchos años después, con hijos incluidos y nieta jajaja Porque ahora me siento mal por no añadir a Pan en EUV. Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo, aunque no se note por tanto olvido jajajaja Bueno, siempre lo he dicho, soy pésima tanto en la notas como en los reviews, así que lo dejo hasta aquí. Espero terminar el pequeño epílogo que introduzca los eventos de la secuela y terminar EUV dentro del 2017 jajaja

Muchos besos,

Ragdoll Physics.