Recomiendo fervientemente poner en spotify o youtube la canción de entrada de la película El Gladiador The Battle, la cual siempre me ha inspirado para escribir fanfics de este estilo.


El Repartidor de carne

Epílogo


Bulma ocultó su mano cuando sintió que Tarble entraba a su habitación sin anunciarse. El príncipe enseguida se percató de su error pero la humana lo interrumpió antes que él pudiera disculparse, había cosas que no debían demorar.

—Las naves ya están preparadas para el despegue, he hecho el soborno pero deben partir rápido. Estas cosas no son fáciles de ocultar —informó Tarble y Bulma asintió, y ya no pudo contener su tristeza.

—No planeas ir con nosotros, ¿verdad?

—Soy príncipe, hay cosas que yo no puedo…

—Pues yo tampoco me iré —lo interrumpió nuevamente y Tarble perdió el habla por unos instantes.

—¿Cómo que no te irás…? ¡Vegeta no tardará en despertar del ensueño de recuperación y sin la señorita Milk para matar buscará a otra humana que torturar…! —Pero esas palabras no hicieron efecto en la de cabellos lilas, que le dio la espalda y se sentó en la cama de Tarble para sollozar silenciosamente. Bulma se tomaba la mano izquierda con la derecha como si tuviera una herida en ella—. ¿Qué te pasa, Bulma? —Tarble la rodeó para verla directamente a sus ojos lilas inyectados en sangre—. ¿Acaso quieres morir?

—¡No me puedo ir! —gritó la terrícola, muerta de miedo.

Tarble tragó amargo y miró las manos de Bulma como buscando una respuesta.

—Tú no crees en las líneas de las manos…

—No hasta que se cumplió lo que decían las líneas de Vegeta. —Bulma se escuchaba aterrada. Tarble se arrodilló ante ella y le tomó las manos entre las suyas, cubriéndole las palmas para que no las viera más.

—No quiero que mueras aquí, Bulma.

—Y yo tampoco quiero morir… —La terrícola liberó una de sus manos para acariciarle la mejilla a Tarble como para consolarlo—. Pero es mi destino hacerlo en este planeta. Nunca me iré de aquí…

—No, no sigas, por favor. —Tarble comenzó a quebrarse y enterró su frente en el regazo de Bulma antes de ponerse a llorar—. Tienes que irte de aquí, ahora. Por favor, vete… Vegeta te matará si te quedas…

Bulma le tomó la cara con las manos y lo obligó a levantarla para mirarla. Ahora ella se encontraba calmada.

—Él no me matará, Tarble —le dijo como si se tratara de una mentira piadosa.

—Lo dices para no me preocupe…

—Escúchame, Tarble. Tu hermano no me matará —le dijo ella, muy seria para estar mintiendo—. Sí, me torturará en cuanto despierte y desearé que me mate al principio… Pero eso será solamente el principio. Estaré bien tras es, créeme. —Bulma intentó componer una sonrisa—. Siempre he tenido un gusto terrible en los hombres.

—¿Qué…?

—Vegeta asesinará a tu padre y será rey dentro de unos días. —Aquello fue un balde de agua fría para Tarble, que se quedó mudo de la impresión—. Vienen años difíciles para el Reino, Tarble, pero Vegeta te dejará vivir a ti e impedirás que este mundo se haga pedazos por culpa de él. —Tarble no creyó ninguna palabra que decía, él no era especial y mucho menos haría una proeza como la que la humana decía.

—Mentirosa…

Pero Bulma siguió hablando, haciendo caso omiso a las emociones violentas que estaba sintiendo el príncipe que no gozaba la sucesión del reinado de su padre.

—Tu hermano no elegirá reina pero sí tendrá herederos: dos mestizos que tendrán cabello y ojos lilas…

—¡Mentirosa!

—¡Tienes que creerme! ¡Lo vi en las manos de Vegeta, la tuya y la mía…!

Tarble no pudo mirarla más a la cara y le dio la espalda, y la habitación del príncipe se quedó en un silencio perturbador, hasta que los sollozos de Tarbles se hicieron presentes y Bulma se le acercó por detrás para abrazarlo.

—No quiero saber…

—No diré más.


Milk vomitó el líquido regenerativo en tanto salió del ensueño de recuperación y su cuerpo se derrumbó junto a la cascada que vertió el tanque cuando se detuvo su proceso. Sus heridas no habían sanado por completo porque la habían sacado antes…

Kakaroto estaba ahí, hincado frente a ella para ayudarla a levantarse mientras salía del mareo del ensueño. Al lado del estanque que ella había ocupado, el cuerpo inmenso de Raditz flotaba en su propio estanque de ensueño, todavía en recuperación. Al verle su desnudez, cayó en cuenta que ella misma se encontraba desnuda pero a Kakaroto eso le tenía sin cuidado.

—Lamento sacarte antes —le dijo el Repartidor, con un tono triste—. Pero debemos irnos cuanto antes…

Exilio fue la palabra que se le vino a su mente.

—¿Raditz?

Kakaroto negó con la cabeza.

—Sus heridas son demasiado graves y no resistiría el viaje ni estar fuera del tanque por mucho tiempo. —Tenía sentido, el agujero en su estómago seguía abierto, Milk no logró verlo más tiempo del necesario—. Mi padre dice que debemos irnos antes que Vegeta salga de su ensueño. Raditz estará bien, él no es con quien Vegeta tiene problemas.

—¿A dónde iremos?

—Al cuadrante de la Patrulla Galáctica. —La respuesta la hizo sonreír, al fin lo que había deseado durante tanto tiempo—. Es un viaje peligroso, Milk, pero estoy seguro que lo lograremos. —La sonrisa de Kakaroto nunca lograba defraudarla y le creyó cada palabra—. Bulma irá con nosotros, ella también se encuentra en peligro si Vegeta se entera que estuvo todo el tiempo ayudándonos…

Milk asintió y Kakaroto la alzó en sus brazos para emprender la huida al fin. Sin embargo, se detuvo frente al tanque de su hermano por un corto periodo de tiempo.

—Gracias, hermano —murmuró simplemente, frunció los labios y partió sin voltearse a mirar hacia atrás nunca más.

Milk comenzó a temblar por el frío que le generada su cuerpo mojado y desnudo, pero no se quejó y se abrazó del cuello de Kakaroto no porque él necesita su ayuda para mantenerla alzada, sino porque se sentía enamorada.

Avanzaron por pasillos vacíos hacia el hangar, los guardias habían sido sobornados por el príncipe Tarble para que hicieran ojos ciegos a ese escape. Al llegar los esperaban Bardock, Bulma y Tarble. La humana se soltó la capa que llevaba sobre su vestido de sumisa y corrió a cubrir a Milk. Cuando Kakaroto dejó que Milk se parara por sí sola, la otra terrícola la abrazó como si fueran las mejores amigas.

El Repartidor miró a su progenitor con la despedida cruzada en su rostro.

—Cuida a mi hermano, por favor…

—Él no me necesita para cuidarse a sí mismo.

Kakaroto sabía que su padre no era un hombre efusivo y aquella era la única despedida que recibiría de él. Su atención se dirigió al príncipe que había actuado en silencio a su favor desde el primer día que lo había conocido, cuando Vegeta hizo que la carne que estaba repartiendo se estropeara con la lluvia ácida.

—Muchas gracias por todo lo que ha hecho…

—No tienes qué.

—Cuidaré mucho a Bulma, lo prometo.

El príncipe Tarble frunció los labios y demoró en responderle.

—Sé que lo harás. —El príncipe Tarble le extendió una mano y Kakaroto le correspondió el gesto, y lo atrajo hacia sí para abrazarlo efusivamente. El pequeño príncipe se mostró sorprendido y respondió con un par de palmadas en su espalda.

—Es hora —dijo Bardock de manera seria y su hijo menor asintió, dejando al príncipe para voltearse hacia Milk.

—Nos vemos en el otro lado —le dijo a la humana al dejarla sentada en la nave personal y se dirigió hacia Bulma, quien negó con la cabeza.

—Voy tras ustedes —dijo—, debo despedirme del príncipe antes…

El Repartidor asintió y se sentó en su propia nave personal, pero antes de cerrar la compuerta el príncipe se acercó para decirle las últimas palabras que escucharía de su boca en toda la vida que le quedaba.

—Fijé el curso hasta un planeta sin población en el cuadrante de la Patrulla Galáctica, deberían estar bien por un tiempo —dijo—, no dejes que sepan que eres saiyan —le advirtió después.

Kakaroto se puso serio.

—No lo harán —sentenció—, seré un humano desde hoy —dijo para sorpresa del resto—. Cambiaré mi nombre y me cortaré la cola.

Tal sacrificio dejó atónitos a todos y Kakaroto dio una última sonrisa dulce pero triste antes de cerrar la escotilla. No hubo más preámbulo que ese y al encender la nave, ambas comenzaron su curso el otro cuadrante. Bardock se fue del hangar en tanto las naves partieron, pero la humana y el príncipe se quedaron ahí hasta que dejaron de ver a las naves en el firmamento. Ella lloraba, él temía. De los tres que compartieron ese momento, sólo Bardock volvería a verlos. La primera vez viajaría a su planeta para entregarle al Repartidor al príncipe Trunks, la segunda vez haría lo mismo para entregarle a la princesa Bra. La tercera vez viajaría junto a Raditz para anunciar la muerte del Rey Tarble y para cumplir su último deseo en vida.

El primogénito de su hermano Vegeta debía volver al planeta para gobernar tras su muerte.


Nota de la Autora: Lo prometido es deuda, el capítulo anterior era un buen final pero necesitaba este culmine. Mi estilo en este fandom es siempre el mismo: me encantan los what ifs pero siempre termino dándole el giro necesario para que quede como la historia original. Amo el cannon por sobre todas las cosas y amo este fandom porque me da la libertad de escribir sobre reinados fallidos, reyes y príncipes y princesas, no es un secreto que la Briefs que más amo es Bra. Por eso Kakaroto debe ser Goku y no tener cola tras los eventos de este fanfic. Espero que con esto queden contentos porque en el capítulo anterior los noté disconformes jajaja

Como ya les dije planeo hacer la continuación y ya cimenté los inicios con el último párrafo y la última frase del epílogo. Lo tengo todo severamente calculado jaja y obvio, tiene que haber un conflicto con la sucesión de Trunks jaja digamos que esta será la versión sin tanta muerte y más amena de El último vigilante, donde Trunks ya murió y le sucedió Bra. La continuación no tiene nombre todavía pero arreglará la cagada que dejé en EUV y que me arrepiento: contará con la presencia de Pan. Como los que ya me conocen habrá Braditz y la princesa caerá en la ambición de Raditz. Sin más qué decir, muchos besos, gracias por leer y esperen la continuación durante 84 años jaja

Los amo, RP.


Secuela: Hijos de la Discordia