La familia Malfoy
¡La familia Malfoy viene de visita! Una vez superada la situación de la reina que parecía mantener a todo el castillo y el pueblo en pausa se alzó ese grito. La visita de los Malfoy al inicio del verano al castillo y el baile que en honor a la reunión se realizaba, era una tradición que cada año se cumplía, sin embargo por la delicada situación que se vivía, ésta visita se pensó no se llevaría a cabo, pero ahora, con la salud de la reina tan perfecta como siempre y su radiante sonrisa regalada a cada habitante del castillo, aunque los días de otoño ya se veían venir una lechuza fue enviada a los Malfoy para avisarles de que los esperaban en el castillo la noche del viernes de esa semana. Por supuesto los preparativos para semejante festejo no eran nada discretos, y el bullicio y la gente correteando de un lado a otro habían vuelto al ya retraído médico brujo aún más huraño. Desde iniciada la semana nadie lo había visto abandonar sus aposentos más que para enclaustrarse en su taller.
Justo ahí estaba la mañana dos días antes de la fiesta, acompañado únicamente por su ayudante quien llevaba puesto el mismo viejo mandil blanco, pero debajo de este llevaba un vestido color salmón, sencillo pero en excelentes condiciones, con la falta lo suficientemente corta para mostrar las botas color marrón de tacón que calzaba. Era notorio, por la sonrisa que en sus labios se dibujaba al caminar, que le gustaba el sonido seco del tacón contra el mármol cada que daba un paso, sin embargo eso para el médico brujo era un verdadero fastidio.
-Si vuelves a usar esas infernales botas mientras trabajas conmigo te prometo convertirte en sirena -la amenazó el hombre mientras volvía a su minuciosa labor diseccionando a detalle el cuerpo inerte de una rana.
La chica se sobresaltó al escucharlo, sabiendo que aquella amenaza era muy real. No estaba segura si el médico podía convertirla en sirena, pero una vez fue testigo de cómo sometía a un hombre adulto a una metamorfosis que lo dejó convertido en una especie de criatura parecida a un Grindylow. Prefirió no averiguar hasta donde podían llegar los poderes de su maestro y se dispuso a continuar su trabajo de la forma más silenciosa posible.
La chica castaña revisaba varias pociones, agregando ingredientes y aumentando o reduciendo la intensidad de las llamas sobre las que los calderos estaban puestos. El objetivo de tan elaborada experimentación era encontrar una forma de regenerar extremidades de un cuerpo, sin embargo muchos de sus intentos habían terminado en envenenamientos para sus conejillos de indias (ranas, para ser más literales), por lo que su investigación estaba justo donde se encontraba aquel día semanas atrás en que la joven castaña tomó un día libre gracias a la reina.
Snape se alejó de su mesa de trabajo resoplando con cansancio.
-Agrega más raíz roja al caldero cuatro, esa poción logró recobrar el miembro completo de la rana, pero a un ritmo muy lento, si hacemos que la poción sea más rápida lograremos concretar nuestro objetivo -la castaña asintió tomando un pedazo de pergamino de su mandil, una pluma blanca de la mesa y aproximándose al caldero con la raíz en mano hasta que se detuvo con una expresión de duda. Dejó la raíz sobre la mesa y comenzó a revisar las notas en las que registraba cada ingrediente y cantidad de este que vertían en los calderos.
-Maestro, esta cantidad de raíz es venenosa en un organismo tan pequeño como el de una rana, creo que la rana murió envenenada, no por la tardanza en el proceso de regeneración de la pata.
-¿Ahora tú vas a enseñarme a mí? -le respondió bruscamente el hombre-. ¡Haz lo que te digo!
La castaña ya sabía que el hombre reaccionaba así cada que lo corregía, por lo que ni siquiera se sobresaltó y en cambio se agacho para mirar debajo de las mesas, hasta que dio con lo que necesitaba justo debajo de la mesa sobre la que su maestro trabajaba. Sin decir nada se arrastró hasta esta y tomó algo del suelo. Snape la miraba curioso. Al levantarse se dirigió deprisa hasta el caldero y con un pequeño cucharon tomó un poco de la poción verdosa que había en él. Se acercó a la mesa y dejó en ella la cucaracha que había tomado del suelo, deteniéndola con un dedo para evitar que escapara, para después vestirle la poción cuidando no tocar su propia piel con ella. Siguió sosteniendo a la cucaracha unos segundos hasta que finalmente la soltó y ambos fueron testigos de cómo comenzaba a huir pero antes de llegar al borde de la mesa su paso se volvió lento y dificultoso hasta que se detuvo por completo, aparentemente muerta. Snape hizo un gesto de inconformidad mientras veía a la chica que sonreía triunfal.
-La poción cuatro es venenosa, ¿Quiere que agregue más raíz roja? -le preguntó con un ligero tono de burla, nada común en ella cuando se dirigía al médico brujo.
-Limpia este desorden -le dijo señalado la mesa mientras se levantaba y se dirigía a los calderos. La castaña estaba segura de haberlo escuchado decir "sabelotodo insufrible" en un susurro, cosa que lejos de ofenderla le resultaba divertida y agradable, solo decía eso cuando ella le demostraba sus habilidades adquiridas con el tiempo, la práctica y las enseñanzas del brujo.
No pasó mucho tiempo después de ese pequeño suceso cuando en la puerta del taller de Snape, se escucharon los golpes de un puño. La castaña y el hombre se miraron extrañados, no era común que alguien lo buscara, y menos que llamaran a la puerta antes de entrar. Las únicas ocasiones en que habían ido a buscarlo fue unos días atrás cuando el rey llegó solicitando algo para aliviar el dolor que tenía en el brazo a causa de una pequeña lesión durante su cacería de esa mañana y justo el día anterior, cuando el hombre llamado Sirius Black entró de manera brusca para recordarle, sin mucha cortesía, que debía presentarse a la lección del príncipe de esa noche. Ese día Snape se enteró que Black era un noble de buena posición y riqueza, amigo personal del rey desde la infancia y que actualmente vivía en el castillo entrenando en las artes del duelo al joven príncipe, quien resultaba ser también su ahijado.
Regresando al mundo actual, Snape volvió a cuestionarse, ¿Quién sería la persona detrás de la puerta? Y para salir de la duda le indicó con la mano a su aprendiz que abriera la puerta. Al hacerlo, los dos pudieron ver a la reina en persona quien entró sonriente al taller usando un vestido color vino, seguida de una mujer con túnica verde esmeralda y de mirada severa que observaba el lugar con algo de desagrado.
-Mi señora, le dije que yo podía venir a resolver esto, este lugar es...poco propio para usted -la identidad de la mujer era nada más ni nada menos que Minerva McGonagall, la dama de compañía de más alto rango de la reina, y por lo tanto la jefa directa de todo el personal del castillo, exceptuando a la guardia que respondían al capitán Lupin, y de Severus Snape, quien tan testarudo como siempre se reusaba a admitir que respondía a alguien que no fuera el rey o la reina en persona.
-Minerva, me parece una grosería no venir personalmente -dijo mientras iniciaba un paseo por la habitación mirando con curiosidad cada rincón-, además este lugar me recuerda mucho al taller donde yo aprendía magia cuando era joven -continuo con tono soñador-, claro que donde yo aprendía no era tan espacioso, ni disponía de tantas herramientas, pero igual era un buen lugar y mi maestro era el hombre más inteligente que llegue a conocer, se llamaba...
-Le ruego me disculpe mi señora si sueno descortés -la interrumpió el brujo cuando la mujer ya se encontraba tocando los recipientes con sus ingredientes en el viejo gabinete al fondo de la habitación-, pero debo preguntar, ¿A qué se debe su visita?
-Ah, claro, ruego me disculpe usted a mi señor Snape, solo vine porque no he tenido oportunidad de verlo en estos días, y siendo que el baile por la visita de los Malfoy será en dos días, quería saber si ya están listos.
El brujo y su aprendiz miraron incrédulos a la mujer de cabello rojizo, se dirigieron una rápida mirada y volvieron a ver a la mujer que sonreía amable como siempre, no parecía que estuviese bromeando, hablaba en serio, lo que resultaba más perturbador.
-Perdón...mi señora, ¿Está usted diciendo que estamos invitados a la festividad? -preguntó incrédula la joven castaña. Snape, siempre inexpresivo, no pudo ocultar su sorpresa e incertidumbre.
-Naturalmente Hermione -le contestó la soberana del reino, con un tono muy suave y agradable.
-Mi señora, nos honra con todas sus atenciones, ¿Pero no cree que se excede con esto? -al fin Snape pudo articular palabra y eso fue lo que dijo a la mujer a la que no dejaba de ver con la misma expresión de duda y sorpresa que tenía desde hacía ya un rato.
-En lo absoluto, usted es un hombre impresionante, su aprendiz una joven encantadora y a ambos los quiero presentes en el baile.
-Pero el rey...
-¡Oh! Mi esposo -dijo ella con una gran sonrisa-, de lo único que habla estos días es de a cuanta gente quiere presentarle a su talentoso y fantástico médico brujo, él está más que encantado con la idea de que usted asista -por supuesto, pensó Snape, la única razón para hacerlo asistir a semejante evento era para presumirlo como quien presume un perfecto venado sobre la mesa, y cuenta la anécdota de cacería que llevó al animal hasta ahí.
-Repito que es un gran honor, pero...
-¡Sin peros! -exclamó con poderosa voz la reina, dejando a Snape callado. No era que sonara con enfado, simplemente que en esas dos palabras se notaba con creces la posición como legitima reina de Griffindor de la mujer-. Sirius se reunirá con usted después de la lección de Harry de esta noche, para ayudarlo a elegir un atuendo más... -la reina miró de pies a cabeza al hombre y sonrió no muy convencida- ...apropiado. En cuanto a ti -la reina miró a Hermione que dio un respingo al sentir la mirada de la reina sobre ella-, ven conmigo, eso claro, si tu maestro no dispone lo contrario -la reina miró seria a Snape, y la joven igual lo volteó a ver con duda en sus ojos. El médico brujo bufó e hizo un ademán con la mano indicándole a la chica que fuera. La reina sonrió evidentemente complacida-. Perfecto, vamos linda -le dijo extendiendo su mano como pidiendo que la tomara. La castaña levantó con duda su mano después de frotarla con insistencia sobre la tela de su vestido, y las dos mujeres salieron de la habitación seguidas por McGonagall que en el umbral de la puerta se giró y miró al hombre de cabello negro.
-Procure elegir un atuendo pertinente, el señor Black a veces puede resultar algo extravagante, y en el baile estarán presentes familias de renombre -dijo y cerró la puerta al salir. ¡Perfecto! Además de tener que asistir a un baile estaba a la merced de, aparentemente, un loco.
Hermione siguió a la reina por los pasillos hasta llegar al primer cuarto que visito junto a su maestro la noche en que conoció el castillo. Ingresó junto a la reina, seguidos por McGonagall al cuarto donde ya había dos chicas de cabello rubio y con pulcras vestimentas, que reverenciaron a la reina en cuanto la vieron.
-Hermione, te presento a Lavender y Luna, dos excelentes costureras -dijo la señora del reino. Las palabras de la reina no hacían más que aumentar su incertidumbre, y a eso se sumó otro hecho que despertó la curiosidad de la castaña: Por cómo se veían las cosas parecía que la reina no había abandonado esa habitación y regresado a la recamara del rey.
-Jovencita -escuchó que la llamaron con voz severa y volteó a ver a McGonagall quien con la mirada le indicó que debía prestar atención a la reina. La castaña volteó a verla de inmediato algo apenada.
-Perdone, me distraje –dijo la castaña apenada por el atrevido pensamiento que paso por su cabeza.
-No te preocupes, te decía que Luna y Lavender trabajaran en un atuendo para ti.
-¿Cómo? -ese ya era el límite para la sorpresa de la castaña, sabía que nada podría aumentar más su conmoción. Vio como las dos jóvenes comenzaban a buscar entre varias telas extendidas sobre la cama de la reina.
-Ellas confeccionan mis vestidos para eventos como la visita de los Malfoy, y les pedí que además del mío en esta ocasión trabajen en uno para ti.
-Ah...yo...
-No tiene nada de qué preocuparse mi señora, le prometo que haremos un excelente trabajo -la interrumpió la chica de mirada soñadora llamada Luna. Hermione sonrió algo divertida por la forma en que la chica se dirigía hacia ella. ¿Ella creería que era miembro de una familia de nobles?
-No lo dudo, es solo que...a riesgo de sonar como mi maestro diré que esto ya es un exceso en las consideraciones de su parte hacia mí, y aceptarlo me parecería un abuso.
-Y que lo rechaces para mí sería una ofensa -dijo la mujer con tono severo y luego le sonrió con ternura-, anda, debajo de ese delantal sucio, esa cara manchada y el cabello alborotado hay una mujer muy bonita, déjame verla en el baile.
Hermione sonrió con las palabras de la mujer, su tono maternal la conmovía sobre todo por la distancia que había entre esos días y los años en que era feliz junto a su familia, su padre y su madre que a diario la miraban como en ese momento la miraba la reina.
-Bueno, no habiendo ningún argumento más en contra pongámonos manos a la obra -le dijo la reina sosteniendo su rostro con sus manos. Hermione dejó de protestar y cooperó en todo lo que las mujeres ahí reunidas le pedían que hiciera.
Snape por su parte había tenido un día bastante difícil, trató de trabajar con Seamus y Neville pero la torpeza de ambos lo exasperó en pocos minutos y terminó corriéndolos a gritos de su taller. Después de eso se sentó a leer una novela que su aprendía le había regalado a modo de disculpa por su día libre no consultado con él, hasta que dio la hora de ir a otra de las habitaciones del castillo, una ubicada en la parte alta de la imponente construcción, donde se encontró al entrar con un muchacho de cabello negro alborotado y gafas redondas que practicaba encantamientos al lado de un hombre pequeño que parecía muy animado.
Flitwick, el maestro de encantamientos del príncipe notó la presencia del hombre de cabello negro que con brazos cruzados permaneció en el marco de la puerta hasta que el hombre diminuto sofocó sus risas divertidas.
-Bien joven príncipe, por hoy hemos terminado, y por cómo están los preparativos para la visita de la familia Malfoy creo que retomaremos las clases la próxima semana.
-Claro maestro -dijo el joven con desanimo. El maestro se retiró saludando a Snape y éste se adentró más en la amplia sala de grandes ventanales que era el lugar destinado para que el príncipe recibiera casi todas las enseñanzas que se consideraban necesarias.
-Buenas tardes joven príncipe -saludó Snape junto con una reverencia y comenzó a explicar al joven algo sobre plantas y raíces y sus propiedades-. Sus tierras son ricas en diversos tipos de plantas que son difíciles de conseguir y aquí crecen con tal naturalidad que podría encontrar algunas hasta entre los hierbajos que los campesinos arrancan sin piedad de sus plantaciones.
Para Snape no era raro que el príncipe tomara sus clases con poco entusiasmo y tampoco le afectaba, la ciencia médica y de las pociones no era para cualquiera, eso siempre lo supo. Pero algo en la mirada del chico era diferente e incluso comenzaba a distraerlo a él. Finalmente tomó un voluminoso libro y lo dejó caer con fuerza sobre la mesa en que se apoyaba el chico sobresaltándolo.
-Discúlpeme majestad, ¿Lo aburro? -dijo con poco tacto mientras se encaminaba a la salida -. Nos veremos la próxima semana, si su disposición a prestar atención lo permite.
-Espere -le pidió el príncipe. Snape se giró y vio al chico aproximarse a él. Cuando ya lo tenía en frente no dio crédito a las acciones del muchacho, quien sin vergüenza o duda alguna le dio una reverencia.
-Le ruego me disculpe maestro, no era mi intención ofenderlo de esa manera. Sé que no soy nada brillante para esto de las pociones pero ello no significa que no me sean de interés. Es solo que hoy no he podido concentrarme en nada todo el día.
-Supongo que la emoción por la fiesta ocupa más sus pensamientos que la utilidad del conocimiento de cómo usar apropiadamente las hojas de almendro -el príncipe bufó mientras se daba la vuelta algo pensativo.
-Emoción, más bien yo diría disgusto, los Malfoy no son personas que tenga en gran estima, ¿Me entiende? -Snape no dijo nada en voz alta, se limitó a maldecirse internamente pues parecía que había dado pie a una plática en que el muchacho expondría su patético sentir hacia las amistades de su padre. ¡Bonita forma de pasar la tarde! Escuchar el triste drama de un niño-. Vera, usted no sabe de esto, pero los Malfoy han sido desde siempre aliados de nuestro reino, claro que habían sido ese tipo de aliados con quienes solo se discuten cuestiones políticas y esas cosas, mi familia y los Malfoy siempre fueron muy distantes por sus ideas y opiniones, solo unidos por los pocos pero fundamentales beneficios que se obtenían por la alianza. Pero desde hace algunos años, diez, tal vez once, mi padre comenzó a tratar a los Malfoy con más familiaridad, tanto así que se instauró de la noche a la mañana esta tradición de hospedarlos en el castillo y hacer una fiesta con el motivo de celebrar su visita. Pero en lo personal odio a esas personas, vienen solo a criticar el reino, el castillo, a mi padre por sus decisiones, según ellos él es muy blando con el pueblo, y abusan siempre de la gente de este castillo. Mi padre como todos en la familia siempre fue un gobernante justo y bondadoso, pero desde que mi padre y el señor Malfoy se tratan con más cercanía el pueblo ha notado una distancia con respecto a su rey. Usted vio el pueblo alrededor del castillo, yo sé que debió haber escuchado como critican a mi padre por volverse cada vez más mezquino y distante, él no era así, y me preocupa, de verdad me preocupa.
Snape escuchó con atención las palabras del joven, se veía realmente afligido, aunque claro, eso al médico brujo no lo inmutó tanto. Sabia por experiencia que un noble no era por lo regular bondadoso con la gente a su disposición, y para él, si el rey James se comportaba de esa manera era solo porque el hombre se estaba portando como su posición le demandaba.
-A veces pienso que quizá Malfoy lo haya hechizado para volverlo así, una vez quise hablarlo con mi madre pero...no sé si de su parte sea miedo a reconocer que mi padre ha cambiado, o si no considera relevante mi palabra y como tantos otros me tilda de torpe o inmaduro -el príncipe apretó los puños y miró al suelo molesto.
-Joven príncipe, tenga por seguro que si su padre estuviera siendo hechizado alguien más ya lo habría notado -dijo como restándole importancia a las palabras del muchacho. El chico levantó la vista y sonrió con desgano.
-Sí, lo sé, si él estuviera bajo el influjo de algún hechizo usted ya lo habría notado, como notó lo que le pasaba a mi madre solo con verla.
-Son cosas completamente distintas pero... -Snape miró en los ojos del muchacho la necesidad que podía ver en un paciente que rogaba por que le dieran un buen pronóstico-...por supuesto, me daría cuenta.
-Y usted podría... ¿Revisarlo? -lo cuestionó el muchacho con más ánimo. Snape frunció el ceño al escucharlo.
-¿Que dices?
-Usted podría revisar el estado de mi padre para determinar si está o no bien.
-Eso no... Yo no tengo autoridad para...
-¡Hable con mi madre! -le suplicó y el brujo enmudeció al pensar en la reina. Quiso volver a negarse pero el recuerdo de los ojos verdes de la mujer, presentes en los ojos de su hijo lo dejaron sin habla. Aprovechando esto el chico continuó-. Los he visto hablando juntos, ¡Y si escuchara como ella se expresa de usted! Mi madre le tiene una gran estima, mucho más que mi padre, estoy seguro de que si es usted quien le dice que él puede estar en mal estado y que necesita una revisión o algo ella lo apoyará sin dudarlo.
Snape se giró para romper el hipnótico contacto con los ojos verdes del chico, idénticos a los de su madre, pero con ello no logro apartar la imagen de la sonrisa de ella y la calidez de su voz.
-¿Señor? -lo llamó el chico de pelo azabache.
-Veré que puedo hacer -le respondió y al hacerlo se percató de que fue justo esa la respuesta que le dio a la reina cuando le pidió que enseñara a su hijo.
-Gracias maestro Snape -dijo volviendo a reverenciar al hombre antes de disponerse a marcharse-. Joven príncipe -lo llamó el hombre y el joven se detuvo-, ¿Cómo se expresa la reina sobre mí? -se sorprendió cuestionando al chico y se arrepintió de ello justo después de hacerlo. El joven medito un momento.
-Bueno, no es tanto las palabras que dice, sino la mirada que pone, el brillo en sus ojos cada que pronuncia su nombre -él chico sonrió -, solo la había visto poner esa mirada y esa sonrisa cuando hablaba de otra persona en específico -y dicho eso se marchó. Snape ya no se cuestionaba por que se había atrevido a preguntarle al príncipe sobre la opinión de su madre respecto a él, sino que una pregunta todavía más atrevida rondaba en su mente.
-¿De qué persona se trata?...acaso... ¿Del rey?...
Aquel día termino con Snape en los aposentos de Sirius Black escuchando como este le hablaba con mucho ánimo sobre las hermosas mujeres que visitarían el castillo con motivo de la fiesta.
-¡Ah! Las mujeres de la familia Delacour son sencillamente espectaculares, de esperarse siendo que en su familia hubo una veela hace tiempo, aunque las hijas de Monsieur Lemair no se quedan atrás, ¡oh! Y unas bellas visitantes de oriente vendrán esta vez si no estoy mal informado…ya lo veras Snape, solteros como tú y yo nos la podemos pasar muy bien en noches como esta.
Snape trataba de no prestar atención a las palabras del hombre mientras un anciano sastre le mostraba telas al hombre que parecía estar cada vez más impacientado. Finalmente entre él y Sirius eligieron una tela negra. Con ella el sastre confeccionó un traje bastante sencillo que luego recibió unos cuantos arreglos y adornos, eso por la insistencia de Sirius. Al final el resultado había sido una túnica muy parecida a las que utilizaba el señor Black (o sea, nada que utilizaría el médico brujo), con bordados en los puños y el cuello, eso en combinación de una camisa de seda de un verde oscuro que el mismo médico eligió seria su atuendo para el día de la fiesta.
El tiempo que restaba para la celebración pasó con tal rapidez que el día del evento parecía que aún faltaba mucho por hacerse, aunque se trataba ya solo de los preparativos finales. Snape se negó a abandonar sus aposentos hasta que fuera forzosamente necesario, y con esas palabras azotó la puerta en la cara de su asistente cuando esta fue a decirle que la reina pedía verlo con el atuendo de gala. La chica suspiró, sabía que ese sería el resultado pero no podía decírselo a la reina sin intentarlo al menos una vez. Se encogió de hombros y se retiró para ver a la reina, decirle que su maestro se había negado y luego volver a su habitación donde su vestido la esperaba. Cuando la tarde estaba dando paso a la noche la chica ya se encontraba bien arreglada, con el hermoso vestido color violeta acompañado de un par de guantes de seda largos hasta mas arriba de los cosos y el cabello peinado que caía sobre sus hombros y por toda su espalda, llegando hasta la mitad de esta. Finas capas de maquillaje habían sido aplicadas a su rostro por parte de Luna que al terminar la miró con una enorme sonrisa.
-Esta tan guapa como para seducir a algún noble –le aseguró para después reír con ella. Lavender mientras tanto terminó de arreglarle el cabello al ponerle un adorno de marfil en la parte de atrás, semejante a una mariposa.
Hermione suspiro mientras se ponía de pie y al verse en el espejo de su habitación se sorprendió de la imagen que este le devolvía. Jamás pensó que se pudiera ver así de bien, parecía efecto de una alucinación, pero era la realidad, era ella quien sonreía en el espejo. Estaba a punto de agradecer a sus acompañantes cuando la puerta se abrió súbitamente.
-Qué bueno que te encuentro Granger –dijo McGonagall que llevaba puesto un vestido, menos lujoso que el de la castaña pero que igualmente muy elegante-, necesito que te encargues de dirigir todo lo referente al banquete y a los sirvientes que atenderán a los invitados en la fiesta, ya que los idiotas de Seamus y Dean estuvieron bebiendo tanto anoche que están en tan mal estado que si por mi fuera ya los habría echado a la calle, pero el príncipe insiste en interceder por ellos y… -McGonagall se detuvo como meditando que eso era tema para otra ocasión-, como sea, ve a la cocina, coordina a todos y hazlo lo más rápido que puedas, seguramente la reina querrá que estés acompañándola en la fiesta –y dicho esto se retiró a prisa la mujer. Hermione miró a Luna y Lavender algo preocupada.
-Yo no sé dirigir gente –las dos chicas se miraron y sonrieron.
-No te preocupes, te ayudaremos –le dijo Lavender con confianza en sí misma.
Finalmente Snape se decidió a salir de su habitación y sin mucho afán se dirigió al gran vestíbulo del castillo, en donde ya había un buen grupo de gente, invitados con elegantes y extravagantes vestimentas que denotaban sus riquezas y unos cuantos sirvientes que cargaban abrigos, ofrecían copas de vino y otros licores y acataban cada orden de sus amos. Snape se encamino al encuentro con un chico al que identifico como Neville, quien cargaba una bandeja con copas de vino. Tomó una sin mediar palabra con el chico y este al notar de quien se trataba se sobresaltó de tal manera que casi deja caer la bandeja, cosa que se impidió gracias a que Sirius extendió un brazo para detenerla sobre la palma del muchacho que lo miró avergonzado.
-Ten más cuidado, o podríamos molestar a alguien –le dijo con tono suave, no parecía enfadado. Snape miró con curiosidad a aquel hombre, no parecía tan arrogante y cretino como él pensaba que era, al menos no concebía que alguien arrogante y cretino fuera amable con un simple sirviente como el chico que se alejó de ellos-. Veo que la ropa le ha quedado a la perfección –le dijo Black y Snape se miró un poco.
-Tal vez sus ventaja tenga trabajar directamente para los nobles -dijo con sencillez y Black se rio contento, apoyando su mano sobre el hombro del brujo.
-Créame mi nuevo amigo, hay mas ventajas que la ropa, a veces la verdadera ventaja de la ropa esta en cuan fácil sea quitarla -le dijo señalando con discreción hacia la entrada del castillo por el cual entraban dos hermosas y jovenes mujeres acompañadas de un hombre de avanzada edad. Snape no dijo nada pero sonrió totalmente de acuerdo con la declaración del hombre que ni corto ni perezoso se aproximó a los recién llegados para presentarse con las jóvenes mujeres haciendo uso de toda su galantería.
Snape dio un trago a su bebida pensando que quizá no sería tan malo estar ahí. Eso hasta que se dio la vuelta y vio por las grandes escaleras del vestíbulo como bajaban un hombre con una túnica roja repleta de adornos, con una espada en la cintura llena de piedras preciosas incrustadas en la empuñadura y una corona en su cabeza igualmente adornada de brillantes gemas y diamantes. Y a su lado, no menos espectacular sino que todo lo contrario, vio bajar a la reina del brazo del rey. Con un vestido igualmente rojo con finos bordados dorados, un reluciente collar en su cuello y en la cabeza una corona menos grande pero igual de hermosa que la de su esposo. Snape se quedó congelado admirando la belleza sobrenatural de la mujer mientras pensaba que igualmente ella debía tener en su ascendencia a alguna veela. Sus ojos verdes pasaron por todo el vestíbulo hasta llegar a él, y en ese momento la sonrisa de ella se volvió mas grande y sincera al tiempo que un ligero rubor coloreaba sus mejillas. Snape sintió que su cara hervía.
El rey y la reina se encontraban frente a él, al notarlo, el medico dio un paso hacia atrás y los reverenció como nunca en su vida.
-Mis señores -dijo levanto tímidamente la cara encontrándose con la expresión divertida de la mujer mientras que el rey sonreía satisfecho sin voltear a verlo.
-Los Malfoy están por llegar, por favor todos pasen al gran salón -dijo dando una señal con la mano. Todos los presentes obedecieron y se encaminaron hacia donde indico el rey.
Mientras Snape veía a la pareja alejarse, sintió dentro de él que su idea de que las cosas no saldrían tan mal se desmoronaba. Su respiración estaba agitada, su corazón acelerado y las manos le sudaban tanto que por poco deja caer la copa que ya había olvidado que estaba en su mano. Y todo eso lo había causado una sola sonrisa de la reina.
