Ya el quinto capítulo, debo decir que no fue sencillo escribir, no tanto por el capítulo en si como por las dificultades que últimamente tengo con el tiempo. Pero bueno, no los aburro más con detalles.
Agradezco a todos quienes siguen leyendo, quienes comentan lo que les va pareciendo y ojalá su interés siga vigente y siga creciendo.
Capitulo V-El ladrón pelirrojo
¡Colin deja de jugar con esa maldita sopera! Fue el grito de Lavender mientras ella, Luna y la aprendiz del médico brujo se encontraban en la cocina tratando de dirigir al batallón de sirvientes que preparaban todo para la llegada de la familia Malfoy. Aunque todos los cocineros parecían estar seguros de qué era lo que debían hacer, el resto de los sirvientes estaban desperdigados y sin una tarea específica. Por algún motivo, McGonagall, la dama de compañía de la reina, no estaba como era la costumbre organizando a toda la gente, y la joven de pelo castaño, quien era la única que por su vestimenta desentonaba rodeada por todos los sirvientes en la cocina del castillo intentaba organizar todo.
-Los sirvientes estorban a los cocineros, hay que sacarlos para que ellos puedan continuar -le susurró Luna mientras revolvía lo que parecía ser una sopa. ¿Porque la chica de mirada soñadora se encontraba trabajando como cocinera? Era una pregunta que rondaba en la cabeza de la chica pero que decidió dejar para después. Respiró hondo mientras pedía ayuda a Lavender para subirse a un banquillo que le permitiera quedar sobre las cabezas del resto del personal del castillo y haciendo acopio de todo lo que había aprendido de su maestro en doce años de convivencia se armó de valor.
-¡Montón de idiotas inútiles! -exclamó con fuerza viendo como todo el movimiento se detenía de golpe-, ¿Es acaso que han nacido sin cerebro? ¿O se lo han sacado por las orejas para pulirlo justo hoy? ¡Todos los que no trabajen en la cocina salgan de aquí! ¡Al jardín rápido! -ni cortos ni perezosos todos los sirvientes que no tenían un cucharon, un cuchillo, un pedazo de carne o algún vegetal en la mano salieron de la cocina al jardín en la parte trasera del castillo.
Hermione volteó a ver a sus acompañantes que levantaron sus pulgares en señal de aprobación por su valiente acto y ayudada por ambas bajó del banquillo.
-Ustedes organicen a toda esta bola de haraganes, yo iré con los descerebrados a indicarles cómo se atiende a la nobleza.
Vaya que se había metido en el personaje, incluso ella lo notaba, y se apresuró a acompañar a los sirvientes en la parte de afuera. Todos ellos la miraban algo contrariados, algunos avergonzados, otros con genuino miedo. Hermione sintió que eso era perfecto, utilizaría el miedo en contra de ellos.
-¡Neville! -exclamó con fuerza- Ve a que te den una bandeja con copas de vino y asegúrate de que todo invitado tenga una en la mano, y no descanses hasta que todos los invitados tengan UNA-COPA-EN-LA-MANO-. Se aseguró de acentuar cada palabra.
El chico asintió y se apresuró a entrar a la cocina.
-Todos los demás, tomen una bandeja, llénenlas con comida y ofrezcan aperitivos. ¡Y si alguno causa problemas tengan por seguro que los convertiré a todos en Grindylows! -exclamó con voz potente y los aterrorizados sirvientes se apresuraron a acatar las órdenes.
Hermione vio cómo se vaciaba el jardín hasta que solo quedó un hombre que la miraba con una enorme sonrisa en el rostro. El hombre vestido con un traje exuberante y el cabello largo bien arreglado se le acercó un poco. La chica lo reconoció al instante: Era Sirius Black.
-Brillante forma de poner a todos en orden, McGonagall debe empezar a cuidar su trabajo, eres una fuerte competencia -dijo y luego se retiró. Hermione se dio la vuelta para mirar como entraba a la cocina.
-¿Dónde está la señora McGonagall? -le preguntó antes de que se alejara más.
-Preparando las cosas para el gran evento de hoy -le dijo, y en su voz se notaba algo de pesar. Hermione se vio tentada a preguntar pero se contuvo, solo lo vio entrar mientras detrás de ella escuchaba un ruido seco como de algo cayendo al suelo. Se giró aunque el vestido se lo hizo algo difícil al atorársele bajo uno de sus tacones. Cuando finalmente pudo ver a atrás vio a un joven aproximándose a ella, vestido con un traje parecido al del resto de los sirvientes. Cuando la luz le iluminó el rostro Hermione notó las pecas en el rostro, el cabello de un rojo intenso y los ojos azules que la miraban fijamente. El chico le sonrió, y esa sonrisa trajo a su mente un recuerdo algo distante.
-Es... ¡Espera! -le gritó la chica. El muchacho se detuvo. Giró para verla pues ya estaba cerca de entrar a la cocina.
-¿Que? -le preguntó con sencillez. Hermione lo miró curiosa antes de poder formular una pregunta.
-¿Quién eres? -el chico frunció el ceño aparentemente contrariado.
-Ron -le dijo con el mismo tono que antes.
-¿Y qué haces aquí? -el chico sonrió burlón antes de responder.
-Trabajar -Hermione parecía querer preguntar algo más pero las palabras no salían de su boca. El pelirrojo sonrió más ampliamente. Se acercó a ella y sin que la castaña pudiera evitarlo le tomó la mano para besarla-. Mi señora, trabajo en el castillo el día de hoy por motivo de la fiesta en honor a la familia Marlon. Si me permite, debo ir a mi puesto.
El muchacho se alejó dejando a Hermione sorprendida y con las mejillas sonrojadas. Quiso ir con el pero mientras entraba salieron Luna y Lavender.
-Hermione, los Malfoy acaban de llegar, hay que apresurarnos, ¡Debes gritarle a los cocineros otra vez para que se den prisa con la cena! -le dijo Luna. Hermione asintió y se dejó llevar por las chicas.
Snape estaba impaciente. Cerca de diez minutos después de las palabras del rey anunciando que los Malfoy arribarían pronto seguían sin hacer acto de presencia. Las copas de vino que había vaciado ya ni se molestaba en contarlas. Muchos pensaban seguramente que estaba buscando embriagarse pero nada más alejado de la realidad, el médico había sido prudente y había tomado una poción para contrarrestar los efectos del alcohol. Aunque comenzaba a arrepentirse de esa decisión.
-¡Señor Snape! -exclamó una vez más el rey exasperándolo porque otra vez le presentaría a algún idiota noble. Se giró para mirar al rey con una sonrisa cortes mientras el hombre se le acercaba acompañado de un caballero-. Quiero presentarle al señor Laplanche, un buen amigo de las tierras más allá del norte de mis dominios que afirma que conoce a los mejores médicos del mundo, ¡Y más atrevimiento aún! Dice que los mejores trabajan para él.
Snape miraba serio al hombre que con aire pomposo lo escudriñaba con la mirada. Después de unos segundos comenzó a reír de forma burlona.
-James, me vas a decir que es éste el hombre al que tanto alabas, no se ve tan sorprendente. Ojos no entrenados... -pronunció volviendo a verlo, esta vez acercándose tanto al médico que por un segundo la idea de estamparle en la nariz su puño le pasó por la mente-... No parecen sus ojos, "ojos entrenados" señor, no se ofenda -le dijo con un tono que obviamente era para ofender. Snape retrocedió un paso interceptando otra vez a Neville para tomar una copa de vino.
-Ojos no entrenados, ¿De dónde saque eso? Es verdad, no estoy tan entrenado -le dijo riendo, cosa que resultó rara para los dos hombres frente a él- apenas y logro distinguir que en la piel de la mejilla derecha de su acompañante -la cual era una mujer a unos ocho metros de distancia de ellos- hay una pequeña mancha que insistentemente trató esta mañana de cubrir con maquillaje. Este debió correrse un poco por que las manchas sobre la manga de su vestido denotan que durante su viaje en carruaje trató de cubrirlo nuevamente. Me imagino que es una pequeña mancha oscura que apareció una mañana y no ha desaparecido, curioso, ese tipo de manchas creo recordar que en mis viajes me enteré de que son un síntoma de una enfermedad silenciosa que invade al paciente hasta matarlo... Cáncer de piel, creo que así le llaman. Mortal y difícil de tratar, pero claro, sus expertos médicos ya lo habrían notado, así que mis palabras no sirven de nada, mi señor -dijo y de un solo trago vació su copa y la depositó en la bandeja de Neville que volvió a pasar junto a él. Snape hizo nota mental de que en toda la noche ya había recurrido a ese chico al menos cuatro veces, se divirtió con ese hecho y más aún al pensar que el pobre chico debía estar algo asustado.
El señor Laplanche parecía sorprendido y algo asustado. Sin decir nada más se apresuró hasta donde estaba su acompañante y comenzó a hablar con ella. Snape y el rey vieron como le limpiaba el maquillaje con la manga de su túnica y como llamaba a uno de sus sirvientes para exigirle de forma muy brusca que revisara la mancha que efectivamente estaba debajo del maquillaje.
-No puedo creer que le hayas dicho eso -dijo James. Snape estaba seguro que ese despliegue de frialdad y hosquedad eran suficiente para que el rey lo mandara directamente a recluirse a sus aposentos, después de todo es lo que él quería-,...eso que le dijiste... ¡Fue genial! -exclamó perdiendo todo el porte que se suponía debía tener-, hace tiempo que tenía ganas de cerrarle la boca a ese pretencioso, y tú lo hiciste Severus -su rostro demostraba la vida que nunca antes el médico había visto en él-, disculpa...espero que me permitas llamarte Severus -le dijo con un tono relajado mientras lo miraba algo apenado. Demasiado para aquel hombre que Snape pensaba ya conocía del todo.
-Am... Por supuesto señor, no tengo ningún problema.
-Excelente -dijo con gran entusiasmo mientras interceptaba a uno de los sirvientes para tomar dos copas de un licor ambarino -brindemos por esta nueva amistad -dijo extendiéndole una de las copas-, es un licor fuerte, pero esa poción que tomaste debería contrarrestarla muy bien -Snape abrió los ojos por la sorpresa mientras veía al rey tomar el contenido de su copa. El rey sonrió feliz al ver la cara de sorpresa del brujo-, tienes una visión perfecta Severus, Remus tiene un olfato excepcional, como veras estoy rodeado de talentos impresionantes -le dijo alejándose de él-. ¡Ah! Y espero que en lo consiguiente me llames James, basta de idiotas formalismos con eso de señor -el rey se alejó visiblemente contento en dirección a su esposa que platicaba animadamente con las damas Delacour. Snape se sintió desorbitado, ¿Dónde había quedado el rey que no mostraba emoción alguna?
Antes de que pudiera seguirse cuestionando eso un hombre robusto entró corriendo al salón.
-¡Llegaron los Malfoy! -exclamo con alegría. Detrás de él entró un hombre al que Snape no recordaba haber visto nunca, pero todos los presentes dejaron de reír cuando lo vieron llegar, como si aquel hombre absorbiera el buen ánimo de la festividad. El hombre se aproximó al rey y comenzó a hablarle cambiando el semblante de aquel hombre al que el medico reconoció como el de siempre.
En ese momento entraron al salón tres personas vestidas con peculiares túnicas negras, cubiertas por capas del mismo color. Se las retiraron deprisa y fueron tomadas por uno de los sirvientes. Debajo de las capas había una mujer delgada de mirada dura y un par de hombres rubios. Parecían una familia, los padres y el hijo que hacía gestos de desagrado mirando todo a su alrededor. El hombre mayor se aproximó al rey para abrazarlo con fuerza. Debían ser los Malfoy.
El rey de inmediato volteó a verlo y Snape supo que ese era el momento justo para acercarse. Caminó hacia él sin ganas, se quedó de pie junto a los presentes esperando las presentaciones correspondientes.
-Severus, tengo el gran honor de presentarte a la familia Malfoy; Lucios, la hermosa Narcisa, y el joven heredero, Draco -dijo el rey con gran ánimo en la voz, pero con los ojos muertos como de costumbre.
-Así que es este el gran talento que salvó de la muerte a nuestra hermosa Lily -dijo el mayor de los Malfoy extendiendo su mano. Snape la estrechó sintiendo el fuerte apretón del hombre -brillante, magnífico trabajo, ¿sabe, señor Snape?, si trabajara para mí le aseguro que le pagaría mucho más de lo que gana aquí con el rey -el rey rio divertido por las palabras de Lucios.
-No le haga caso Snape, este hombre siempre trata de quitarme a mis mejores hombres, lo ha hecho durante años con el señor Riddle -dijo señalando al hombre que había entrado detrás del robusto cara de rata que seguía ahí presente. El hombre en cuestión, calvo y con ojos como de serpiente miró a Snape escudriñándolo con la mirada.
-Nuestro rey es siempre tan efusivo al hablar de sus siervos -dijo el hombre con una sonrisa poco agradable en el rostro. Snape miró por un segundo a la reina que parecía incomoda y se escabulló lejos de los presentes en cuanto pudo, pese a lo cual la charla continuó como si nada y Snape se vio envuelto en preguntas por parte del rey que en ningún momento volvió a llamarlo Severus y del mayor de los Malfoy, que se mostraba bastante interesado en las habilidades del médico.
Lejos de ahí, Hermione al fin había logrado librarse de la carga que representaba el trabajo de ser la mandamás en la cocina. Se incorporó en el salón con la mayor discreción que pudo y con la mirada ubicó a toda la gente que era importante. La reina estaba en un rincón junto a algunos invitados con cara de pocos amigos. Su maestro estaba en iguales condiciones acompañado por el rey y otras cuantas personas. Más alejado se encontraba el príncipe Harry que charlaba con Sirius quien no dejaba de ver sin discreción alguna a las hermosas invitadas, para luego hacerle comentarios en susurros al joven que reía entretenido, y finalmente sus ojos vieron un destello azul, un destello que pertenecía al rostro de un chico de cabello rojo y que se movía de un lado a otro transportando una bandeja con algunos alimentos. Hermione no dejó de observarlo por un buen rato, notando la poca disposición que mostraba con los invitados, impropio de un sirviente que vive para servir a otros, y que su andar era apresurado, parecía ansioso. Algo en él no le terminaba por gustar y le preocupaba aún más al estar totalmente convencida que ese peculiar personaje era el mismo ladrón pelirrojo que había visto en el pueblo con una bolsa de dios sabe qué. ¿Pero estaba en lo cierto? ¿Estaba siendo paranoica? ¿Sus sospechas en él se fundamentaban en algo? Parecía que no, no tenía razones para sospechar de él. ¿O sí?
-Marlon -susurró ligeramente mientras se abría paso entre los presentes para acercarse al pelirrojo. En ese momento agradecía tanto llevar esos largos guantes que le habían permitido esconder su varita en uno de ellos.
Ron extendió la bandeja en sus manos para que un grupo de invitados tomaran de ella la comida que transportaba y luego retrocedió alejándose. Estaba cerca de la entrada del salón y el camino se veía libre y sin estorbos, lo que lo hizo sonreír alegremente, hasta que sintió la sensación de la punta de una varita picándole la espalda, cerca de la columna. El chico se detuvo y trató de volverse para ver a quien lo amenazaba.
-No te gires, camina a afuera del salón -la voz era de una mujer, y el chico la identificó de inmediato.
-Mi señora, estoy seguro de que mi trabajo no ha estado tan mal como para merecer que me convierta en un Grindylow -le dijo con voz calmada y un tono burlón.
-Solo camina, sin llamar la atención -le indicó y el pelirrojo accedió de inmediato caminando con pasos ligeros.
-Le aseguro mi señora que lo que esté pensando no es la verdad.
-Eso ya lo veremos -le respondió sin inmutarse la chica.
Snape ni se percató de aquella escena entre el pelirrojo y su aprendiz, pues estaba abrumado por las voces de los invitados a la fiesta, tanto que estaba tentado a desaparecerse, y vaya que lo habría intentado de no ser porque bien sabía que dentro de ese castillo era imposible. Al cabo de un rato una chica rubia que avanzaba por el salón con paso animoso y dando pequeños saltos pasando desapercibida casi por completo se acercó al rey, este después de escucharla anuncio que el banquete estaba listo y pidió a todos los invitados tomar asiento en la larga mesa que apareció en el centro de la habitación repleta de comida que se veía espectacular. La reina miró con curiosidad a la chica quien era su costurera de confianza y se cuestionó porque ella estaba dando la información sobre el banquete si se suponía que esa tarea correspondía al personal de la cocina. De cualquier modo se dejó llevar por su esposo para ocupar el asiento al lado de el quien estaba en la cabecera de la mesa, y le indicó a Snape que ocupara el asiento junto a ella. Del otro lado se acomodó el príncipe y después de él la familia Malfoy. El resto de los lugares los ocuparon conforme fueron acercándose a la mesa, quedando el señor Black en el mismo lado de la mesa que Snape pero casi al final de esta, aun en una muy animada platica con un par de hermosas mujeres.
-¡Por favor! ¡Disfruten de la comida! -pidió el rey y todos los presentes comenzaron a comer.
-Debo decir, James, que te rodeas siempre de lo mejor, esta comida y este vino son simplemente excelentes -comentaba con buen ánimo el señor Malfoy.
Snape sentía que no podía estar más aburrido, aquellas pláticas pretenciosas y alabanzas de uno a otro le irritaban. Se sentía apesadumbrado por el solo hecho de tener que permanecer en su lugar, y ni la deliciosa comida y el exquisito vino podían mejorar la situación. Paseo sus ojos por la mesa viendo a los comensales reunidos, la mayoría sonreía y carcajeaba sonoramente con los comentarios humorísticos que de tanto en tanto salían de la boca del rey o del patriarca Malfoy. Eran pocos los que, como él, no parecían tan alegres. Entre ellos se contaban algunas personas que Snape reconocía apenas, miembros de la corte del rey con los que no había tenido mucho contacto, el capitán Lupin que miraba a Malfoy casi sin parpadear, Black que entre su plática con las jóvenes hermosas también dirigía furtivas miradas a la familia y al consejero del rey, Riddle, quien reía y parecía tan complacido como el resto de los hipócritas, como Snape los llamaba. Más cerca de él notó la expresión de fastidio del príncipe que lucía particularmente molesto por la presencia del joven de más o menos su edad, el heredero de los Malfoy, y aún más cerca, dio con la mirada de la reina que también parecía poco entusiasta. La mujer notó la mirada de Snape y se esforzó por sonreír, pero el médico brujo de sobras sabía que era una sonrisa falsa, sabia distinguirlas muy bien, tanto como usarlas. Siendo como él era constantemente utilizaba sonrisas falsas, para cubrir su decepción, su desinterés, su enfado, y en ocasiones también su tristeza, y sabiendo todo eso el médico se preguntaba, ¿Que sería lo que ocultaba la reina?
Lejos del salón, en uno de los jardines del castillo, la aprendiz del brujo había llevado al muchacho pelirrojo quien seguía con la amenaza de la punta de la varita en la espalda. Finalmente Hermione se convenció de que estaba lo suficientemente lejos como para evitar el mal trago de cualquier dificultad que la presencia del pelirrojo pudiera representar para los nobles. Ahora que podía observar mejor al muchacho notó que aunque parecidas, las ropas que llevaba no eran las mismas que del resto de los sirvientes. Se detuvo y el muchacho con ella.
-Avanza cinco pasos más, y no intentes escapar, tengo muy buena puntería.
-No lo dudo mi señora -aseguró el muchacho obedeciendo a la castaña. Avanzó los cinco pasos y permaneció quieto. Hermione notó que aun llevaba la bandeja con él.
-Tira eso y date la vuelta -el pelirrojo se giró mientras manipulaba la bandeja con la mano para sostenerla por el borde dejándola pegada a su costado. Hermione lo miró de pies a cabeza y al llegar a su rostro se topó con la encantadora sonrisa del muchacho y la mirada taciturna de sus ojos azules, que le conferían un aire de misterio, y que resultaba atractivo e inquietante.
-Le repito mi señora, que todo esto me parece incorrecto, sé que soy un poco torpe atendiendo a las personas, pero convertirme en un Grindylow solo por unos errores siendo este mi primer día como...
-Ya cierra la boca -le espetó la chica-. Tu no trabajas aquí -el muchacho la miró con una expresión de desconcierto y parecía no entender aquello que la castaña le decía, pero ella solo bufó negando con la cabeza-. Por favor, no le mientas a una mentirosa -le dijo y el muchacho sonrió burlón con las palabras de ella. Suspiró derrotado mientras se cruzaba de brazos, aún con la bandeja en la mano.
-¿Que me delato? -preguntó finalmente.
-Marlon -le respondió con sencillez la castaña. El chico frunció el ceño mostrando que no entendía-, el apellido de la familia en honor a la cual se hizo esta fiesta es Malfoy, supongo que no escuchaste bien el apellido mientras te colabas en el castillo.
-Bueno, cuando uno está en ese tipo de labores, se interesa más por sortear las defensas mágicas que por escuchar las pláticas de los sirvientes del rey -dijo como si fuera lo más obvio del mundo. Hermione miró con más ahínco al muchacho, relajando la tensión del brazo con que sostenía la varita.
-Defensas mágicas... ¿Eres un brujo verdad? -Ron no dijo nada, guardó silencio sin cambiar su expresión ahora seria. Hermione decidió que eso no importaba y volvió a apuntar con firmeza al chico-, da igual, ¿Que pretendías? ¿Entrar y robar todo lo que pudieras cargar contigo? ¿O planeabas atentar contra la vida de la familia real? -en ese momento una idea vino a su mente- ¿Fuiste tú el que atentó contra la reina?
El chico pareció sorprenderse por aquella acusación y negó mientras dejaba salir una pequeña risa divertida.
-Ya se lo dije, no es lo que piensa, admito que no soy un sirviente, pero tampoco un vil ladrón, o asesino.
-¿A no? Te vi en el pueblo, robando -lo acusó la chica y el pelirrojo asintió mirando al suelo. Levantó la mirada y clavó sus ojos azules en los de ella, dejándola ver un dolor y sufrimiento que la estremecieron.
-No me hace sentir orgulloso, pero morir de hambre es uno de los peores finales posibles, no espero que usted lo entienda -dijo y la escudriño con los ojos-, sus ropas dicen que jamás paso días enteros sin probar bocado.
Hermione sintió un vuelco en el corazón con esas palabras. Que ingenuo aquel pelirrojo que se dejaba engañar por el vestido que esa noche llevaba puesto. Claro que conocía la sensación de pasar días sin comer, sin beber, y tener que dormir en el frio.
Ron se dio cuenta del descuido de la castaña al bajar la guardia y de un movimiento rápido lanzó la bandeja con fuerza. Hermione no alcanzo a reaccionar y el objeto le golpeó la mano con que sostenía la varita haciendo que soltara esta. Ron se lanzó hacia ella antes de que pudiera tomar la varita del suelo y la sujeto por los brazos, poniéndose detrás de ella y aprisionándola con fuerza, pegando su cara a la de ella que enrojeció al sentir en la comisura de sus labios las comisuras de los del chico. Su respiración estaba agitada igual que la de él y su nerviosismo aumentaba más al sentir el cuerpo del varón tan pegado al suyo.
-Lamento ser tan brusco mi señora, pero necesito estar seguro de que entiende -le susurro con voz suave, como una caricia al oído.
-¿Qué cosa? -le susurró de la misma forma la chica. Ron aflojó lentamente su agarre mientras retrocedía un paso, y con delicadeza giraba a la castaña para que quedara frente a él. Con lentos movimientos se agachó y tomó del suelo la varita que levantó y con que apuntó ligeramente a la joven. Ron sonrió mientras tomaba la mano de Hermione en cuyo guante había una pequeña mancha roja: Sus dedos sangraban por el golpe de la bandeja.
El chico retiró el guante ante la mirada expectante de la castaña y con un toque de la varita curó las heridas en los dedos.
-Yo no soy el enemigo -dijo al tiempo que llevaba aquella mano desnuda al contacto con sus labios.
-¿Y si tú no, entonces quién? -le preguntó la chica. El pelirrojo sonrió.
-Es lo que vine a averiguar.
