Holaaaa~ -Entra corriendo y se va de cara al suelo- Auch... Dejemos las tonterías mías de lado xD Vamos a lo importante.
¡ACTUALIZACIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOON!
Este capitulo, es largo, más que los anteriores y doy el aviso de que este es el ANTE ULTIMO *o*
Bueno, este cap esta dedicado a todos ustedes que lo leen, me hace muy feliz n.n
Quiero hacer una mención especial a Naza quien hizo la portada. Me morí de risa cuando me la mostro. Es perfecta :D
Agradezco a Andy Hunter por betear este capitulo. Muchas pero muchas gracias. Pasen por su perfil, tiene historias increibles.
Sin más que decir, disfruten de la historia. Agradezco quienes me dejan un comentario, me sacan siempre una sonrisa. Besito en la frente para cada uno, nos vemos~ :D
En las silenciosas calles lo único que se escuchaba era el furioso rugir de la motocicleta que iba a mucha velocidad. Su dueño la hacía sonar como si de aquel modo dejara salir la frustración de ese día.
A pesar de ser altas horas de la noche, donde no había ni una persona en la calle ni un auto andando por allí, poco a poco fue bajando la velocidad, tomando consciencia de que era peligroso a pesar de todo.
Un parque solitario donde tampoco había un alma, ahí fue donde se detuvo. Dejando el casco junto a su motocicleta, Kuroo se bajó de ella y camino por el suave césped. Las luces del gran parque le iluminaban a él, el único ser allí.
La reciente discusión en susurros con Kei aún resonaba en su cabeza, pero aún más las últimas palabras dichas. Toda su frustración, tristeza, enojo, todo eso lo colmó, lo superó como nunca antes. Y se arrepentía.
Tenía ganas de gritar, de liberar todo ello, pero lo único que pudo hacer fue cubrir su rostro queriendo eliminar aquel ardor en sus ojos mientras respiraba profundo, exhalando pesadamente para desaparecer esa sensación de presión en su pecho y el nudo en su garganta.
Mirando al cielo respiró profundo llenando sus pulmones del aire fresco que movía suavemente su cabello alborotado, eliminando poco a poco el ardor en sus ojos, abriendo su garganta cerrada y liberando su pecho de la presión.
Era eso lo que necesitaba, pero no de aquel modo. En silencio, solo, pasado aquel mal trago optó por inmediatamente voltear e ir a su moto que había dejado encendida, sin darse cuenta de ello. Se subió y se puso el casco para emprender la vuelta.
Al llegar a la casa, desde afuera todo se veía apagado, ni la luz de la habitación de Mei estaba prendida. Dejó su moto estacionada fuera del garaje para luego ingresar a la silenciosa casa, quitándose la chaqueta que dejó tirada sobre el respaldo de un sofá. Dando unos cuantos pasos por el pasillo llego al salón de estar donde estaba Tsukishima con la televisión prendida, poniendo pausa al alzar el control remoto, sin mirar a Kuroo en ningún momento.
Ambos se mantuvieron en silencio. Kuroo miraba a Tsukki observar el control remoto en sus manos como si fuera el objeto más interesante del mundo. Cuando el mayor suspiró, habló.
–Kuroo yo…
–No es necesario que lo digas –Le cortó el pelinegro negando con la cabeza mientras avanzaba al sofá donde estaba sentado el menor.
–En serio, yo lo…
–Descuida Tsukki –Le decía siendo sincero, manteniendo una voz calmada, relajada.
Ambos estaban arrepentidos por lo sucedido. Uno al lado del otro se mantuvieron sentados, mirando sus manos y sin hablar. Pero no era un silencio incomodo, solo que no sabían cómo empezar y Kuroo optó por dar inicio con un recuerdo suyo.
–Cuando tenía dieciséis años me fracture la espalda. Casi quedo paralizado –Comenzó.
Sintió al instante la mirada del menor en él.
–Yachi, ella… -Respiró profundo ante aquel recuerdo- Ella pasó todo el verano conmigo. Mirábamos películas, me preparaba a veces la comida, hablábamos, jugábamos juegos de mesa, PlayStation. Todos mis amigos se fueron de vacaciones, a divertirse, salir juntos. Ella pudo hacer lo mismo, pero no lo hizo. No pienso abandonarla si necesita de mí, nunca lo hice y no lo haré ahora… Aunque se haya ido.
El silencio volvió a reinar unos segundos pero, de nuevo, no era para nada incómodo.
No era solo por aquello que hizo Yachi. Valoro demasiado aquella acción, el valor por la amistad que tenían, siendo algo que considero mucho, que recordaba y nunca olvidaría. Se había hecho su mejor amiga antes que eso, pero lo valoro como una verdadera amistad.
–Yo…-Carraspeó un instante Tsukishima- Saqué algunos de sus videos caseros. Quería…-Sonrió levemente mientras suspiraba y recordaba- Tenía ganas de verlos, escucharlos… –Le contaba mientras veía a Kuroo tomar una de las cajas de los videos sobre la mesita ratona.- Encontré uno y… Debes verlo…
En aquel momento el pelinegro reparó en la televisión donde se reproducía uno de aquellos videos caseros que estaba en pausa, siendo retrocedido unos minutos para luego reproducirlo. Ambos sonrieron al ver y escuchar a sus amigos de nuevo, aunque no estaban más.
En la pantalla se veía a la pareja que ingresaba a la habitación de Mei. Ambos reían con suavidad hasta que la puerta se había abierto, entrando primero Yachi con su pequeña en brazos, estando por fin en casa. Todas las paredes pintadas de un azul cielo, siendo el techo inclinado del lado de enfrente donde unas bellas nubes decoraban aquella parte.
–Jaja, ¡Taraaan! –Se escuchó la voz de Yamaguchi en el video quien era el que filmaba- ¿Qué te parece? Usé el azul cielo y lavanda que querías… Me encanta como quedó, ¿Y a ti?
La intención del primerizo padre era grabar la reacción de su bella esposa al ver la habitación de su pequeña y bellamente decorada con esa pintura en el techo donde iba la cuna de su hija. Esperaba una sonrisa, unos halagos a favor pero la cara de Yachi era otra.
–¿Cuándo pintaste el cuarto Tadashi? –Le pregunto mirándole algo molesta a pesar que su expresión era relajada.
–Cuando estabas en el hospital, quería darte una sorpresa –Le respondió el mayor que se le notó en su voz la perdida de la emoción al no obtener la reacción esperada.
–Tadashi, debías haberlo hecho hace tres días –Le decía recordándole lo acordado- Huele demasiado a pintura…
–P-pero… Se ha estado secando por d-doce horas –Yamaguchi se puso un poco ansioso porque no aceptaba el cuarto pintado-
–No ha pasado el tiempo suficiente…-Se negaba la rubia mirando a la bebé en sus brazos-
–P-pero no lo entiendes, no hay…
–Aún huele a pintura aquí, Tadashi.
–La pintura esta seca preciosa –La cámara fue posada en un mueble aún encendida. Yamaguchi apareció en el cuadro, avanzando a donde las nubes decoraban la pared, pasando sus manos por allí, para que viera que era cierto.- Sabes que no traería a nuestra bebe a un cuarto con pintura fresca…
–Ya sé que no está fresca –La voz de Yachi cambiaba a más molesta- Pero el olor permanecerá unos días más…
Aquellas acciones de parte de la pareja en la televisión le saco una sonrisa a Tsukishima y Kuro que se miraron un instante antes de volver a mirar la pantalla.
–No, no, no es cierto, el lugar estuvo bien ventilado –Negaba Yamaguchi poniéndose un poco más serio mirando a su esposa.- Me esforcé mucho en esto…
–Tadashi tu no hiciste eso –Decía completamente segura la rubia mientras negaba con la cabeza- ¿Cuándo pintaste una nube o siquiera agarraste un pincel?
–Bueno, supervisé el trabajo del pintor –Reconoció Yamaguchi pero manteniendo su expresión seria.-
–¿Lo supervisaste? Tadashi, fue solo una cosa que debías hacer...
–Cuando vimos la habitación le dije que bello estaría para poner unas nubes –Le explicaba el mayor señalando la pared, ladeando su rostro para ver a su esposa negar con la cabeza.
–Olvídalo, no dormirá aquí –Volvió a negar con la cabeza mientras volteaba.
–P-pero…
–Saca la cuna –Dio por finalizado la rubia mientras salía del cuarto, quedando grabada la pequeña discusión que tuvieron aquel día.
Tsukishima sonriendo levemente mientras tomaba el control remoto y pausaba el video, volteando su rostro a Kuroo que sonreía también.
–¿Quiéres decir que está bien que seamos pésimos padres y constantemente nos odiemos? –Le preguntó estando cruzado de brazos sin dejar de sonreír, sacándole una pequeña carcajada al rubio.-
–Si…-Concordó Tsukishima asintiendo, viendo de nuevo el control remoto en sus manos, suspirando- No debemos, adaptarnos a sus vidas…
–Es horrendo estar aquí –Dijo Kuroo precipitadamente, sintiendo que por fin perdía un peso en sí mismo al confesar aquello, sacándole una pequeña sonrisa al rubio- Es como un museo, hay fotos de ellos en todos lados, en las escaleras, en los salones, cocina… Odio esa pintura de Elvis Presley con efectos de colores de Marilyn Monroe…
Ambos miraron la pared donde colgaba aquel gran cuadro con cuatro imágenes iguales del rostro del cantante de rock and roll Elvis Presley pero con los colores variados del conocido cuadro de Marilyn Monroe.
–Tienes razón… Es horrendo…-Comentó Tsukishima arrugando la nariz levemente.
–Tengo ganas de sacarla…
–Kuroo, si vamos a vivir aquí –Comenzó a decir el rubio, ambos hablando en voz baja en todo momento- No podemos estar caminando en puntas como si fueran a entrar por la puerta… Ellos nunca volverán –Terminó de decir sintiendo sus ojos arder levemente.
El pelinegro vio al rubio que ahora subía sus piernas al sofá, abrazándolas ligeramente. Suspirando rodeó sus hombros con su brazo, juntándolo con él, suspirando los dos juntos más aliviados. Era momento de seguir adelante a sus modos.
Un nuevo día, una mañana movida para ambos pero tranquila, comenzaron a hacer los cambios.
En cajas pequeñas iban llenándolas con las fotografías enmarcadas de la familia. Algunas eran con la familia, con ellos, cada una las contemplaban unos segundos antes de guardarlas envueltas, comenzando a vaciar la casa de la cantidad de fotografías que habían. Las que dejaban eran las de la pequeña Mei que en su mayoría dejaron en la pared de la escalera luego de quitar de allí todas las de Yamaguchi y Yachi. Dejaron muy pocas, dos o tres donde estaba la pareja junto a ellos.
Kuro fue luego por lo que principalmente quería quitar. Aquel cuadro espantoso. Con cuidado lo retiró, teniendo en mente que lo publicaría en internet en vez de dejarlo juntando polvo en el garaje donde nunca lo sacarían. Tal vez alguien con gustos similares a los de su amiga lo querría y lo exhibiría en su casa.
En el espacio que aquel cuadro dejaba lo reemplazaron con un marco grande que encontraron entre otros, suponiendo que sus amigos querían seguir llenando la casa de fotos. Usaron uno donde pusieron la foto que les sacaron a ellos con Mei el día de su primer cumpleaños.
–Un poco más a la izquierda…-Decía Tsukishima mirando el cuadro que era movido por el mayor- Mi izquierda Kuroo, no la tuya…
–Pero si estamos del mismo lado –Dijo el pelinegro mirándole, viendo la sonrisa burlona del otro que jugaba con él.
–¿Por qué esta foto? Lo bueno es que soy muy fotogénico. Expresión que ponga me queda muy bien –Comentaba viendo el marco que era limpiado por el rubio- Tienes expresión de querer estornudar… Mira, tienes un moco…
Se apartó rápidamente aunque ligo un golpe del trapo que sostenía Tsukishima cuando dejó un moco suyo en el vidrio de la foto justo en la nariz del otro. Estallo en carcajadas mientras veía al rubio limpiarlo mientras se quejaba y le decía asqueroso.
La motocicleta, Kuroo optó por dejarla. En el garaje la cubrió con una manta blanca, no la necesitaría de momento. Tsukishima en el jardín pidió plantar flores nuevas que serían regadas por los aspersores instalados en el césped que rodeaban la casa.
Los dos terminaron conformes en como dejaron el interior de la casa. Le dieron pequeños cambios, iban poco a poco pero de momento estaban bien con lo hecho, con los pasos dados hasta el momento que fueron muchos desde que iniciaron su convivencia bajo el mismo techo.
Cuando al fin se pudieron establecer, quedar satisfechos con los cambios, había iniciado el verano.
Tsukishima despertaba y preparaba el desayuno, teniendo la radio de Mei cerca para saber cuándo despertara, ir a buscarla.
Kuroo era de despertar más tarde, su trabajo de los partidos eran usualmente a la tarde. Removiéndose en las sabanas, retirando su cabeza de entre las almohadas que eran las causantes de su cabello de recién despertado, ladeo su cuerpo, encontrándose con otro rostro que le sonrió adormecido.
Tenía cabello castaño muy claro, casi rubio. Unos bellos ojos claros que le miraron pícaramente al mismo tiempo que le sonreía cubriendo un poco más su cuerpo con la sabana.
–Buenos días Kuroo –Le saludo cálidamente mientras se acercaba más al pelinegro.
–Buen día… -Su rostro se apartó un instante del joven que iba a besarle, parpadeando para poder verle bien pero en realidad, no recordaba su nombre-… Gatito…
En la puerta, ya cambiados se despidieron con un largo beso, siendo el joven quien casi no quería soltar a Kuroo.
–Muchas gracias por la cena de anoche –Le agradeció con su sonrisa ladina al joven que podría tener un orgasmo de solo verla si no se contenía.
–No debes agradecer –Decía embelesado el chico que sonreía y quería de nuevo tirarse a sus labios.
–La próxima te invitare yo…
Tsukishima estaba bajando por las escaleras con Mei recién despertada, presenció lo que se llevaba a cabo en la puerta de la casa.
–Que patético –Sonrió levemente mientras negaba con la cabeza y rodaba los ojos antes de dirigirse a la cocina para darle de comer a la bebé.
Mientras iba allí la bajó al suelo, la había cambiado cuando fue por ella. Sosteniéndola por sus brazos con firmeza la intentó ayudar a que diera algunos pasos, manteniéndola levantada con su agarre.
–Vamos Mei… El izquierdo…-Decía en voz baja mientras iba un poco adelante pero la niña estaba fija a no mover ningún pie.
–Ya caminará cuando tenga ganas o quiera conseguir algo –Le dijo Kuroo apareciendo de la nada detrás del rubio, tomando por debajo de los brazos a la menor que sonrió al ser alzada.
–En los libros sobre bebés que estuve leyendo decían que a los quince meses debería levantarse, estar por lo menos hablando o caminar…–Le contestó Tsukishima pasando al lado del pelinegro que daba vuelta un panqueque en la sartén- No hizo nada aún…
–En algunos libros dicen que a tu edad deberías estar casado y con uno o dos hijos –Le respondió sonriendo burlón mientras le entregaba a Mei para poder servirse en su plato el desayuno.
–Aquel joven no debería estar lejos de mi edad. Pobre de él, cree que algún día le invitaras tú la cena –Decía con tono burlón mientras acomodaba a la bebé en su cadera y servía con su mano libre en el recipiente de colores infantiles la papilla para la niña.
–¿Acaso querías que le dijera que nunca más lo volvería a ver ni contactar y que fue solo simple sexo?
–¿De dónde los sacas? –Le preguntó dándole a Mei que río bajito al ser pasada de nuevo mientras Kuroo miraba confundido a Tsukishima- Hablo de las mujeres y los jóvenes. Estas aquí con Mei y conmigo, después trabajas y terminas viniendo para aquí.
Su mirada se cruzó con la del pelinegro un instante.
–Es un secreto, tengo mis métodos –Terminó sonriendo Kuroo ladinamente.
–Mira vos…-Contestó Tsukishima asintiendo, terminando por encoger sus hombros y tomar a la bebé para dirigirse a su sillita y darle de comer.
Kuroo no mantenía su atlético cuerpo ahora con solo cargar a la bebé, salir con ella, recoger juguetes o con simples movimientos rutinarios sumados con una dieta. Prefería el método tradicional que pocos usaban y eso era saliendo a correr tranquilamente. Pero antes debía prepararse, precalentar, flexionar, estirarse para evitar lastimadura alguna.
El barrio era grande, tranquilo a pesar de los niños que por la tarde corrían y jugaban a los gritos. Todas las casas tenían amplios jardines, no era un barrio privado pero se notaba que la gente que residía allí, tenía dinero. Pero eso era algo que no le interesaba a Kuroo, quien ahora estaba haciendo algunas flexiones en el césped de la casa donde vivía.
No vio cuando el vecino de enfrente, Oikawa, salía para ir a revisar el buzón en busca de cartas como una rutina por las mañanas. Pero yendo perfectamente peinado, con una bata que era de Iwaizumi y caía levemente por uno de sus hombros, dejando descubierto un poco de su piel. Siendo el cuello y la clavícula hasta ahí.
–Por los santos…-Susurraba mirando a Kuroo mientras abría sin mirar el buzón- Muéstrame tu espalda… Ahh si~ -Decía con gusto al ver al pelinegro levantarse y voltear casi por completo mientras hacía su rutina de estiramiento, dejándole ver bien sus brazos fuertes al portar una remera suelta que dejaba ver un poco de su pecho con abdominales marcados.
–Es fuerte como Iwa-chan~... Pero más flexible… Se estira como gatito desesperezandose…-Murmuraba a lo bajo mientras movía las cartas en sus manos que no leía siquiera. Tenía su mirada sin disimulo en el moreno que al voltear cruzaron miradas haciéndole sobresaltar- ¡¿Haciendo ejercicio por la mañana?! –Dijo repentinamente sonriendo mientras se reprendía internamente.
–Buenos días precioso –Le guiñó un ojo. Era por costumbre hacer eso de dirigirse con esas palabras.
–Aaay que traviesoo~ -Ronroneó el castaño sonriendo divertido viendo pasar a Kuroo delante suyo que comenzaba a trotar.
–¡Hola Kuroo! –Saludo un vecino que si mal no recordaba el pelinegro, estaba casado con otro hombre y tenían un hijo. Pero por cómo le miraba al pasar trotado, parecería que se olvidó de eso- ¿Has visto la novela anoche?
–¿Novela? –Repitió las palabras sin entender mientras seguía avanzando, tomando cada vez más su propio ritmo-
Kuroo se sentía algo confundido. Sin necesidad de voltear el rostro, podía ver que todos los vecinos se asomaban o regaban el césped que era regado también por los aspersores o iban a buscar al buzón las cartas que recibían. Todos al mismo tiempo mirándole sin mucho disimulo.
–Hola –Dijo repentinamente un joven de cabello castaño quien también está casado con un hombre grande de cabello blanco que hasta el día de la fecha no le escuchó decir ni una palabra. Aone si mal no recordaba era su nombre.- Lo siento… No quería asustarte. ¿Sales a trotar seguido?
–Si… Lo hago casi todas las mañanas –Le contesto Kuroo mientras seguía trotando con el joven a su lado-
–Tendríamos que entrenar juntos… Soy… Futakuchi –Le decía agitado, quedando atrás poco a poco ante el ritmo más rápido que iba tomando el pelinegro.
–Soy Kuroo y uso este tiempo para mí… Para pensar, meditar…-Le sonrió levemente y comenzó a ir mucho más rápido, siendo ese su propio paso de trote, dejando mucho atrás al castaño que no le pudo seguir el ritmo.
Cada vez la gente del vecindario estaba más loca y acosadora.
Tsukishima inspeccionaba el trabajo hecho en su cafetería. Una de las paredes fue tirada para poder hacer del lugar más espacioso y que el sector donde las mesas y sillas se agrandara teniendo un sector donde estaría el otro mostrador que exhibiría más de sus pasteles, galletas entre otras cosas. Lo tenía en la mente hace tiempo planeado y consiguió quien lo hiciera al pie de la letra como quería.
-Espere un momento, no estoy comprendiéndolo bien –Negó con la cabeza el rubio mirando al jefe mayor de obra- Habíamos ya terminado en cerrar el número. No entiendo de donde salieron estos costos extras…-Señalo unos números más en el papel que le entregó el hombre.
-Sucede, joven Tsukishima, que la obra resulto más complicada de lo previsto ante todo lo que pidió…
-Aaah, complicado –Sonrió levemente asintiendo a la par que el sujeto delante suyo pero su sonrisa no duró más- Mi vida, es complicada, mucho más que todo esto. ¿Usted habría previsto que le dejen a cargo un bebé? No, así que…
-Joven Tsukishima –Le interrumpió un hombre con casco amarillo y ropa llena de polvo que cargaba a Mei.
-Mil perdones –Se disculpó el rubio tomando a la pequeña a quien le sacudió el polvillo que había en el suelo de la obra- Discúlpenme un ratito…
Sonreía mientras retrocedía, terminando por voltear y eliminar la sonrisa de su rostro al pasar por unas gruesas cortinas de plástico que mantenían el sonido, suciedad y demás cosas de la construcción apartado y aislado de la cafetería donde había gente comprando o consumiendo en la tienda sin ser afectados por lo que sucedía del otro lado.
–Asahi –Llamó al hombre que terminaba de despedir a una cliente y le miró- Te pedí que la cuidaras, la encontraron gateando en la construcción…
–¿En serio? Wow, que rápida es…-Comento mientras salía de detrás del mostrador al momento que el rubio ingresó siguiéndole- Tsukishima…
–Tenla un momento…-Le pidió estirando sus brazos con la niña.
–No puedo, yo…-Justamente a su lado se iban una pareja al terminar de comer su pedido pagado- ¡Hay trabajo! Debo limpiar… -Sonreía comenzando a recoger las tazas y limpiar la mesa, estando de espaldas con expresión de terror al sentir la mirada fija de su jefe en la espalda.
–Te estoy pidiendo que me ayudes –Le continuo siguiendo al hombre joven a pesar de su apariencia no aparentaba su edad -
–Tsukishima, yo…-Se volteó mirándole nervioso sin saber bien que decir- Estas hermoso hoy, te ves mil veces mejor con la bebé contigo en brazos –Sonrió ampliamente aunque internamente sudaba mares- ¿A-a que no se ve bien? –Pidió un poco de ayuda a los demás empleados que voltearon a otro lado a hacer algo- D-deberías modelar para revistas de accesorios de bebés ¡Q-quiero decir, con bebés! Te queda bien de accesorio, ¡Debo ir a atender! –Termino escapando como los demás, haciendo suspirar al rubio.
Ya pasada la hora, Tsukishima volvió a la casa. Kuroo aquel día no trabajaba, estaba de vago tirado en el sofá pero el tiempo de relajación y tiempo libre se vio terminada al igual que su maratón de la serie cuando le dejó a Mei sobre la panza bruscamente dejándole sin aire.
Ahora que por fin podía darse su tiempo de relax, lo usaría para darse un buen baño con sus sales, espuma y agua cálida en la bañera. Terminando de darse una ducha para quitarse el polvo de la construcción dejó que se llenara la tina que previamente fue limpiada de todos los juguetes que tenía de Mei dentro. Era su momento de paz y relajación donde podía relajar el ceño fruncido y suspirar de alivio mientras movía su mano con suavidad por debajo del agua, escuchando el sonido leve que hacía.
Kuroo debajo estaba ahora recostado en un sofá pequeño que era de Mei, teniendo solo parte de su espalda y brazos tirados a los lados con la pequeña al lado entretenida con sus juguetes en vez de mirar la televisión donde tenía el canal de dibujos infantiles. Si lo quitaba, se pondría a llorar a pesar de que no lo veía.
–Aún sigo sin entender estos programas…-Murmuró de manera algo desganada pero a pesar de eso, quedó completamente capturado por el capítulo que daban- Pero te dejan mensajes muy profundos como el anime… Pero los de canales infantiles se centran más en el valor de la amistad, el trabajo en equipo… ¿No?
Al voltear el rostro donde la niña en vez de estar sentada como acostumbraba jugando, frente a sus ojos en aquel momento se estaba levantando por si sola quedando parada en su lugar sonriendo, dejando ver algunos pequeños dientes que ya le habían salido.
–Tsukishima…-Murmuró alto pero despacio mientras se incorporaba con lentitud- ¡Tsukishima! Por favor Mei, quédate así, bien, quietecita ahí...-Le decía moviéndose con precaución como si fuera a hacer un movimiento brusco que pudiera hacerla sentarse.- ¡TSUKKI!
–¡¿Qué, Kuroo?! –Le gritó mientras apretaba con algo de fuerza sus parpados. Adiós paz- ¡No me llames así!
–¡Al demonio eso! ¡Se paró!
–¡No me interesa si tuviste problemas con tu hombría Kuroo! –Le contestó para luego gruñir de frustración.
–¡ESO NO! –Le respondió gruñendo- ¡Mei se paró!
–¡¿Qué?! –Grito el rubio abriendo sus ojos sorprendido, escuchando los gritos en la planta baja del pelinegro que le decía que la niña iba a caminar. Esos serían sus primeros pasos- ¡No puede hacerlo ahora Kuroo! ¡¿Por qué justo ahora?!
Mientras se gritaban, insultaban y demás, Tsukishima tomo una toalla que colgaba allí pero era una pequeña, para manos, ni siquiera rodearía su cintura.
–¡Va a caminar! ¡Apúrate! –Le apuraba el pelinegro viendo a la bebé que amagó a avanzar- No, no, no, espera un poco…
Tomó la bata que allí había y se la colocó mientras salía del baño goteando, mojando el suelo pero no importaba en ese momento, aunque casi resbalaba por las escaleras y las bajaba sentado. Opto por bajar a prisas pero con precaución.
–¡Ya voy idiota! –Le gritó mientras bajaba casi llegando al final- ¡Detenla, gato estúpido!
–¡¿Cómo mierda hago eso?! –Le contestó, recibiendo un regaño de Tsukishima por la mala palabra-
–¡Solo detenla demonios! –Llego por fin abajo y sosteniéndose de la baranda de la escalera dio el giro para correr por el pasillo donde piso un juguete de Mei y cayó de rodillas.
–No llegará, no llegará…-Murmuró Kuro al escuchar el golpe seguido de gritos del rubio que pedía que detuviera a la bebé que estaba por dar el primer paso-
Optó por detenerla como le pidió. Pero de la manera más imbécil del mundo. Empujarla. Obviamente Mei al caer de cola, siendo amortiguada por el pañal, de todos modos comenzó a llorar.
–Lo siento Mei, no fue mi culpa, él me lo pidió –Se disculpó al instante arrodillándose frente a ella.
–Llegué…-Apareció el rubio rengueando un poco ya que sentía unas punzadas por pisar aquel juguete del demonio- Kuroo, ¿Qué le hiciste?
–Me gritabas que la detuviera, entre en crisis y solo… La empujé –Le contestó viendo al instante la mirada enfurecida del rubio- Fue uno leve…
–Te pedí que la detuvieras idiota no que la traumaras de por vida –Le regañó yendo hacía el pelinegro que creyó que le golpearía pero en realidad tomó a la bebé para calmarla- Por tu culpa no caminará nunca, vivirá gateando por los suelos y obviamente le diré que es por ti.
–Pero fue tu culpa también –Intentó razonar el mayor mientras se incorporaba, siendo por supuesto, ignorado.
–¿Qué te hizo el idiota de Kuroo? Mira que empujarte…-Se escuchaba la voz del rubio que caminaba por el pasillo.
Luego de aquel día Mei olvidó completamente el empujón. No tardó en comenzar a levantarse y caminar ante la mirada de sus padrinos que la felicitaron pero día tras día comenzaban a tener dolor de espalda, más Tsukishima al seguirla ya que iba para todos lados. Siempre debía tener un par de ojos puesto encima ya que ahora iba a por todo lo que estuviera a su alcance, teniendo que comenzar a mover algunas cosas que pudieran ser peligrosas para la menor.
Kuro reía pero Kei no, al ver a la niña irse de bruces al suelo sin dejar de reír mientras la seguían, levantándose al instante y seguir.
–No es gracioso –Le dio un ligero golpe en el brazo al pelinegro, siendo seguido de otro sonido de golpe pero que no fue ocasionado por ellos.- ¡Mei!
Los primeros días eran los que les mantenían más preocupados. El primero en rendirse fue Kuroo. Con solo caminar al lado de la menor le era más que suficiente a pesar de ser regañado por Tsukishima que se quejaba por cuidarla en ropa interior y vagar por la casa de manera tan campante.
–¿Qué? Ella anda en pañales y no le dices nada –Señaló con su mano, que sostenía una cerveza, a la niña que tenía su vaso entrenador entre sus manitas. Como dijo Kuroo, tenía solo el pañal.
–Es una bebé, tú un adulto patético –Justificó Tsukishima arrojándole un zapato de la menor, a la cabeza del mayor.
Ya la emoción del momento pasó. El rubio perdió de vista a la menor pero lo uso para poder sentarse en el suelo junto a la escalera donde Kuroo ponía una reja para que la bebé no intentara subir.
–Listo, terminé… -Sonrió victorioso una vez acabado.
–Te lo preguntaré de nuevo… ¿Giras el cuadrado en el tetris? –Le preguntó el rubio soltando una sonrisa algo desganada- La pusiste al revés…-Rio esta vez con ganas al ver a Kuroo comprobar lo dicho- Sí que eres idiota, no puede ir al revés por el escalón. Necesitaba esta dosis de burla de ti para tener energías…
–Ja ja, que gracioso…-Terminó riendo con el rubio, ambos agotados viendo a la menor pasar caminando frente a ellos.
–Iré a preparar la cena…-Murmuró el menor incorporándose, escuchándose en la casa uno que otro sonido que era Mei al impactar contra el suelo.
–¿No le hiciste papilla? –Le pregunto Kuroo apareciendo en la cocina una vez terminó de cambiarse, luego de un baño rápido.
–No, hice fideos caseros –Decía el rubio completamente concentrado sentado frente a la bebé que estaba en su pequeña silla- Es la única persona en el mundo que no comió nada preparado por mí, esto se volvió personal…
Su mirada estaba fija en la menor que observaba a Kuroo, pero al ver la cuchara acercarse a su boca, ladeo un poco su rostro.
–Vamos Mei… Solo un poco…-Le decía calmadamente Kei siguiendo los movimientos de la cabeza de la menor con la cuchara.
Los dos adultos miraban fijamente a Mei quien terminó abriendo su pequeña boca, aceptando al fin la comida. Sonrieron al ver a la bebé reir y comer gustosa, moviéndose un poco ansiosa por recibir más, comiendo sin dudar la siguiente cucharada.
–¡Lo hizo! –Levantó la voz repentinamente Tsukishima, sobresaltando a Kuroo y la pequeña- ¡Al fin!
Se levantó con emoción contenida, volteando y viendo a Kuroo que sonreía también.
–En tu cara Kuroo –Le soltó, viendo la expresión confundida del mayor.
–¿Y ahora qué hice?...
Tsukishima optó por dejar de lado el intento de alimentar a Mei con papillas o recetas que encontraba en los libros con consejos para padres primerizos. Lo mismo que preparaba para él y Kuroo en las comidas lo hacía para la pequeña, obviamente en raciones aptas para ella, con menos condimentos y saludable también.
Como aquel día quería preparar algo distinto, aventurarse a otros preparativos, acompañó a Kuroo al supermercado. Siempre se turnaban en ir para hacer las compras pero aquella vez fueron los dos juntos, siendo observados por la gente allí, confundidos por algunos que creían que eran una familia. Pero la mayoría de las miradas se las robaba Kuroo, quien sonreía como si nada, empujando el carrito donde estaba Mei sentada.
Muchos hombres y mujeres lanzaban miradas al pelinegro que se hacía el desentendido, pero era consciente de los ojos puestos en él. Tsukishima también se dio cuenta y llegó a contar cuantos fueron los que miraron a Kuroo. Fue en aquel momento que lo comprendió.
–Ahora lo entiendo…-Sonrió de lado ante aquel descubrimiento, viendo la ceja arqueada del pelinegro- Tú secreto…
–¿Cuál secreto? –Le preguntó Kuroo mirándole sin entender o, más bien, haciéndose el desentendido.
–No te hagas el tonto que te mueres por sonreír. Ahora entiendo porque vas tan contento y lo vuelves aún más cuando haces las compras –Le decía lo obvio el rubio- Aquí consigues a tus conquistas que te invitan a cenar y tener sexo. Usas a Mei para atraerles…
-Algo positivo tenía que brindarme la pequeña…-Sonrió al fin ladinamente mientras revolvía con suavidad el cabello de la menor. Si tuviera oído biónico habría escuchado a algunos suspirar enamorados.
–Confieso que me dio curiosidad –Dijo repentinamente Tsukishima mientras comenzaba a mirar algunos vegetales que debía llevar.
–¿Qué cosa? –Le preguntó el pelinegro sin entender.
–Cómo lo haces. Quiero verlo –Hablaba completamente seguro- Haz tu show, tu magia, la chispa…
–¿Chispa? –Repitió para luego mirarle aún más confundido- Espera… ¿Qué te coqueteé? ¿Aquí?
–Sí, ¿Acaso no puedes, no sabes? –Le provocó mirándole de manera burlona-¿Tu magia no funciona con todos o todas?
–Estás loco, no voy a fingir –Negó al instante Kuroo, volteando a un estante con condimentos que si mal no recordaba, Tsukishima debía comprar.
–Que patético eres –Sonrió de lado el rubio mientras acomodaba las bolsas con vegetales en el carrito.
-Tsukishima, mira –Le mostró un paquete que saco de su estante para mostrársela- Leí que estos son muy buenos para los bebes, son los que compras, ahora que recuerdo. Pero no entiendo el nombre, la pronunciación…-Le leyó el nombre del paquete de manera brutal e inentendible.
–No, así no –Le contestó el rubio para luego pronunciar bien el nombre que decía en el paquete-
–Ahh, está en inglés, nunca fui bueno en esa materia…-Comentó acomodando el condimento en el estante- Tienes buen oído para los idiomas…
–No es para tanto –Sonrió levemente el rubio encogiéndose de hombros pero halagado por lo dicho- Tomaba clases extras en el instituto, me iba bien y tenía buenas notas…-Termino quedando con la oración suspendida, mirando a Kuroo que comenzó a sonreír.
–¿Qué tal? –Pregunto el pelinegro viendo que Tsukishima levantaba las manos como si se rindiera.
–Está bien, eres bueno pero no diré…
–¿Tsukishima?
Los dos voltearon a la voz que llamaba al menor, encontrándose con un hombre alto que sonreía acercándose a ellos.
–Ukai…-Susurró el rubio enderezándose bien, llevando inconscientemente su mano al cabello que no podría acomodar bien en aquel momento- Kuroo, él es Ukai, el doctor de Mei…-Le presentó, sin pasar desapercibido para Kuroo, el comportamiento del otro.
Ambos adultos se saludaron con un suave apretón de manos amistoso.
–Que agradable verte, ¿Él es… –Hablo Ukai refiriéndose a Kuroo.
–¡No! –Le cortó inmediatamente Tsukishima terminando por carraspear un poco y sonreír- Él es el mejor amigo de la pareja que se casó con mi mejor amigo y…
–Suena algo complicado –Decía el doctor viendo al rubio confundirse con sus propias palabras.
-Estamos criando a Mei los dos juntos –Le salvó Kuroo al joven que asentía- Tsukishima comentó lo bueno que es el doctor de la bebé –Comenzó a decir, riendo internamente por la manera en que le empezó a mirar Kei, diciéndole con la mirada que se callara- Lo dijo varias veces, seguro que se refiere a su trato con los pequeños…
–Kuroo –Le detuvo Tsukishima sonriéndole levemente pero por dentro quería ahorcarlo - ¿Por qué no vas a por la carne?
–Está bien, los dejo solos, ya entendí que sobro aquí –Comenzó a avanzar empujando el carrito. Se liaría una buena del rubio en casa.
–Un niño de pre escolar es mucho más maduro que él –Decía sonriéndole al doctor que rio- Lo decía en serio…
–¿Cómo estás? ¿Se manejan bien juntos? –Le preguntó curioso Ukai mientras acomodaba la liga en su cabeza que mantenía su cabello hacía atrás.
–Sí, tenemos nuestros horarios bien distribuidos, gracias a mí, en una pizarra –Le respondió sintiéndose más relajado, siendo observados con algo de curiosidad por Kuroo un poco más lejos de allí.
–¿Y los horarios bien organizados en la pizarra dice si tienes tiempo libre? –Le miró arqueando una ceja mientras le sonreía.
–Por supuesto. Son los lunes, miércoles y cada dos viernes –Contestó, recordando por un instante las disputas que tuvo con Kuroo cuando debieron plantarse a decidir los días libres.
–Interesante –Asintió Ukai llevando su mano a su nuca, rascándose levemente en un gesto nervioso- ¿Este viernes es el que tienes libre?
–Sí…-Contestó Tsukishima entendiendo a donde iba la pregunta, esperando a que el mayor lo dijera.
–¿Este viernes a las ocho saldrías conmigo? –Le preguntó por fin el doctor que recibió al instante el asentimiento del rubio- En el consultorio tengo tu teléfono, quiero decir, por Mei lo tienen…
–Sí, entiendo –Le detuvo Kei antes de que se pusiera nervioso aunque ambos lo disimulaban muy bien.
–Te llamaré –Terminó sonriendo Ukai antes de despedirse del rubio, volteando para irse por lados distintos.
–Anótalo como un logro Kuroo, tenías razón en algo…-Sonrió Tsukishima pasando por su lado, notándose su humor más alegre- Este lugar es bueno para coquetear con personas…
Cuando se hizo el día viernes, Tsukishima desde la tarde ya estaba preparándose, siendo burlado en todo momento por Kuro. Por la cantidad de sales en el baño, el debate de que se pondría, como se peinaba, algo que el rubio pudo contratacarle ya que el cabello de Kuroo, era mil veces peor e imposible de peinar. Una hora antes de lo acordado, Kei ya estaba cambiado y sentado esperando. Una vez terminado de verificar también que la casa estuviera en orden. El pie del menor se movía algo ansioso mientras esperaba, leyendo una revista como hizo el día que tendría una cita con Kuroo, un día que no quería recordar.
–¿Cuánto falta para que llegue tu adorado doctor? –Le preguntó el pelinegro apareciendo por el pasillo con Mei en brazos, viendo al rubio sentado.
–No le llames así, tiene nombre y no debería demorar, ya casi se hace la hora –Murmuró lo ultimó dándole un vistazo al reloj en su muñeca.
–Aun no entiendo cómo pudo invitarte –Dijo repentinamente Kuroo recibiendo una mirada afilada del otro- Lo que quiero decir, es un doctor y tú su paciente…-Justificó.
–Es un doctor de menores; un pediatra –Suspiró al entender lo que quiso decir- Si quisiera salir con un verdadero paciente, estaría en muchos problemas porque son menores de edad, iría a…
Cuando el sonido del timbre de la casa sonó, como resorte Tsukishima se levantó para ir a la puerta, alisando su ropa que era una camisa azul ceñida a su cintura y un pantalón negro también apretado pero cómodo para él. Su cabello había logrado darle un toque a aquella pequeña rebeldía que tenía y había quedado perfecto, se dio cuenta cuando Kuro se quedó viéndole una vez término de prepararse. Lo tomó como un visto bueno.
–Hola, buenas noches –Le saludó a Ukai que iba de camisa anaranjada pero no tan chillón y saco negro al igual que su pantalón. Estaba muy bien vestido y Tsukishima con disimulo logró verle entero.
–Buenas noches Tsukishima –Le correspondió el saludo el mayor, siendo menos disimulado al contemplarle- No tengo palabras para describirte… Wow. Podría decirte todos los halagos que tengo en este momento pero me quedaría sin nada el resto de la noche.
Kuroo los observaba como lo hizo Kei aquel día que despidió al joven en la casa. Él lo consideraba patético el modo de conquista que tenía el doctor pero no le culpaba, cada uno tenía su estilo para tener la atención de la persona que uno quiere atraer.
–Buenas noches Kuroo –Le saludó Ukai al pelinegro que salió de su mente para devolver el saludo- Espero que Mei no lo extrañe mucho esta noche…
-No se preocupe por eso, ella estará bien. Disfruten la noche... –Sonrió ampliamente mientras hablaba de manera despreocupada- Estuvo todo el día preparándose, se probó todo su armario… ¡Auch!
Ukai miró extrañado detrás de él, donde Tsukishima se estaba poniendo los zapatos que reposaban en el suelo, ajeno a la conversación que tenían. ¿De dónde había salido aquella pelota que impacto en la frente de Kuroo? Se preguntó el doctor.
–¿Nos vamos? –Le preguntó el rubio al doctor sonriendo levemente.
–Sí, vamos –Concordó Ukai sin entender aún pero pasando por la puerta abierta- Adiós Mei, adiós Kuroo…
–¡Oh!, Un dato, no ha tenido sexo en algunos años, te recomiendo…
–Púdrete –Le siseó Tsukishima mostrándole el dedo medio a Kuroo antes de arrojarle otra pelotita de Mei que tenía escondida en el bolsillo de su pantalón.
–¡Auch! –Se sobó la frente ante el impacto de aquella pelota que hizo reír a Mei en sus brazos.
En el camino hacia donde Ukai le llevaba fueron hablando de cosas triviales, siendo el centro de la conversación mayormente Mei y la convivencia con el idiota de Kuroo. El ambiente entre ellos era cómodo, se sentían a gusto con el otro mientras iban caminando con tranquilidad.
Las calles luminosas se reemplazaron por un callejón con poca iluminación, siendo algo que Tsukishima se percató pero no se alarmó ni sintió miedo. Es más, bromeó con eso.
–Si querías matarme, te informo que lo hago lentamente al convivir con Kuroo –Comentó sonriendo de lado, sacando otra risa a Ukai.
–Solo es una sorpresa, reconozco que no es la mejor zona para hacerlo –Reconoció el mayor mientras le guiaba a subir unas pequeñas escaleras.
–Bueno, no me gustan mucho las sorpresas…-Murmuró bajo el rubio mientras entraba al lugar cuando se le fue abierta la puerta-¿Debo adivinar? Porque tampoco soy muy bueno en eso…
–Tranquilo, no es nada que pueda disgustarte, eso espero –Sonrió algo ansioso el doctor mientras avanzaban por los pasillos solitarios.
A medida que avanzaban se escuchaban murmullos, sonidos de metal al chocar con suavidad. Se cruzaron con algunas personas bien vestidas en el pasillo hasta que Ukai le hizo pasar por una puerta grande que conectaba a una amplia cocina pero no era cualquiera. Eran de las profesionales, de restaurantes.
Los cocineros se coordinaban bien allí, cortaban los vegetales, controlaban la carne dentro de los hornos más alejados de allí entre otras cosas. No se andaban gritando los pedidos, sabían bien que hacer sin meter presión a los empleados que tenían todos los platillos preparados con bellas presentaciones.
Tsukishima veía toda la movilización casi silenciosa de la gente allí, siendo más sonidos de algún utensilio o al posar los platos en las mesas que eran tomados por los mozos para llevárselos de allí al cliente.
–Por aquí –Le dijo Ukai guiando al menor a una parte alejada de la cocina.
Allí había una mesa con un mantel blanco y uno celeste encima. En el medio había un pequeño florero redondo con un arreglo floral discreto pero hermoso. Dos copas para vino y dos pequeñas para el agua estaban bien colocadas también junto dos grandes platos y un juego de cubiertos de plata cubiertos por una servilleta de tela a juego.
–¿Dónde estamos? –Le pregunto sin poder dejar de mirar a su alrededor, completamente entusiasmado.
Era una cocina de restaurante profesional y era de uno conocido.
–Estamos en Haikyuu, la chef y jefa ejecutiva tiene dos hijas y…
–Las hijas de la gran chef Shimizu Kiyoko son tus pacientes –Completó bien la oración del doctor, viéndolo asentir.
–Muy buenas noches doctor Ukai –Saludo una voz suave detrás de ellos que les hizo voltear.
–Hola, buenas noches para usted también –Correspondió el saludo cordialmente Ukai sonriendo.
–Un gusto conocerle, soy Shimizu Kiyoko –Se presentó la chef pelinegra, hermosa y conocida en el país. Para Tsukishima era uno de sus chefs favoritos.
–El placer es mío –Dijo al instante Tsukishima con una sonrisa, sintiendo dentro de él una completa revolución.
–Por favor pasen, la mesa para los dos está lista –Los invitó la mujer con amabilidad, sintiendo ternura por el joven rubio que le miraba como si fuera un dios al cual alabar.
Una vez acomodados en la mesa se les fue atendidos por la mismísima Kiyoko que sonreía sutilmente mientras les decía los platillos y algunas recomendaciones antes de irse a la cocina con los demás para que se comenzara a preparar la comida para sus invitados especiales.
–Ahora que me doy cuenta…-Dijo Kuroo, quien estaba solo en la gran casa con Mei- No soy de salir a cenar con otros u otras… Es solo, un simple revolcón… ¿Y vos?
Mei se encontraba recostada en el respaldo del sofá mientras Kuroo, sentado en la mesita ratona, le daba de comer y le hablaba como si fuera una psicóloga. Había puesto una toalla bajo la niña por si ensuciaba el tapizado. Tsukishima le mataría si volvía a suceder y sería el doble por no alimentar a la bebé en su sillita.
–Bueno, si no me hablas no sabré como eres –Le decía algo ofendido el mayor a la niña que masticaba la comida- Vamos a conocernos los dos, un ping pong de preguntas y respuestas.
Tomó la sonrisa de la niña como un sí.
–¿Vives por aquí? ¿En la zona? –Le preguntó mientras llenaba la cuchara infantil con un poco de comida.
Miró a la bebé que le observaba y se hizo el sorprendido.
–Es broma, ¿Vives aquí arriba? Que sorpresa, yo vivo aquí en la esquina, a veces en el sofá o el cuarto –Le describía como si fuera algo verdaderamente increíble.- Tu rostro se me hacía conocido…
Sonrió mientras alimentaba a la niña que abría su boca para recibir más de aquel preparado que Tsukishima le había dejado.
–¿Te gusta? Reconozco que está rico… ¡Esta bien, está bien! No me lo comeré…-Mei dio un leve grito cuando quiso comer un poco de su comida- Nunca conocí a alguien como vos… Ese carácter fuerte que tienes pero…-Suspiró- Debo confesarte que salgo con mujeres y hombres mayores, no te enojes. Tampoco con viejas o viejos arrugados ja, ja, ja…
Suspiró de nuevo ya callándose un poco, acercando la cuchara a la boca de la bebé que comió de manera ahora un poco más perezosa que antes. Ante eso, Kuroo coloco el dorso de su mano en la frente de la pequeña, sintiendo contra su piel el calor que había allí.
–Estás aumentando de temperatura –Murmuró mirándola comer.
Volviendo al restaurant donde Tsukishima comía con Ukai, ambos degustaban los deliciosos platillos que les llevaban y que el mayor era el más sorprendido por tales delicias.
–He venido aquí unas cuantas veces. Me daba este gusto para mí –Comentó el rubio viendo a Ukai que no salía de su asombro y expresión de alegría total.
–Yo no solía salir a comer afuera. Ahora solo una o dos veces pero nunca vine aquí –Le decía el doctor al menor que le miraba- Mi ex esposo cocinaba y comíamos en casa. No le gustaba salir demasiado…
–Ex… ¿Esposo? –Repitió esas palabras Tsukishima algo sorprendido, teniendo el tenedor a medio camino hasta su boca. No sabía todo del otro por lo que le tomó desprevenido el pasado que confesó.
–Sí, ex esposo –Lo dijo sonriendo-
–Me gustó con la seguridad con que lo dijiste…-Confesó el menor, contagiándose de la sonrisa del otro hasta que su teléfono comenzó a sonar- Mil disculpas, olvidé silenciarlo…
–No te preocupes, atiende.
Rápidamente el rubio tomó el celular y vio quien era.
–Kuroo, espero que tengas una buena razón para llamarme porque te juro que cuando vuelva meteré tu cabeza en el horno, encenderé el gas y…
–Cálmate rubia, es una buena razón –Le frenó el pelinegro, sintiendo un escalofrió por el tono de voz completamente amenazante que uso el rubio- Necesito que me pases con tu adorado doctor.
–Ah, está bien –Dijo algo extrañado, extendiendo su teléfono a Ukai- Quiere hablar contigo…
–Hola Kuroo –Habló el doctor ante la atenta mirada algo preocupada del rubio, ya que si quería hablar con Ukai, era sobre Mei- No sabría decirlo a ciencia cierta… Haz esto: llévala al hospital, un compañero está de guardia hoy, hablaré con él, así no debes esperar… Te veo al rato –Finalizó la llamada devolviéndole el teléfono al menor-
–¿Qué te dijo? –preguntó sin dejar de mirarlo mientras guardaba su celular.
–Mei levantó temperatura, llevará una hora en que la examinen, terminemos de co-…
–¡Vamos! –Dijo repentinamente Tsukishima mientras dejaba la servilleta en la mesa y se levantaba para salir.
En pocos minutos llegaron al hospital, siendo el rubio quien caminaba unos cuantos pasos por delante del doctor que era quien sabía dónde debían ir, pero la preocupación por la bebé le hizo ir hasta ella sin siquiera saber dónde estaba. Mei lloraba sentada en una camilla mientras era revisada por una enfermera, teniendo a Kuroo allí sin poder hacer nada, dejando que el personal hiciera su trabajo. Aunque ambos sentían un poco de tristeza por no poder consolarla, no podían tomarla, debían priorizar su salud.
Ukai controló los estudios hechos de la niña en aquel momento, esperó los resultados y fue a los padrinos de la pequeña. Al verlo acercarse, sin perder tiempo acortaron la distancia para saber que sucedía.
–Tranquilo…-Le dijo al rubio que a pesar de parecer relajado, se notaba su preocupación- Mei tiene una infección en las vías urinarias. Se le suministrará el medicamente por el suero así ingresa más rápidamente en su sistema –Les explicaba a los dos delante suyo que asintieron- Mañana temprano estaré aquí y personalmente la revisaré.
Kuro y Tsukishima sonrieron levemente, agradeciéndole.
–Muchas gracias Ukai…-Le decía Tsukishima mientras salían del pequeño cuarto donde estaba la bebé y donde se le podía ver por un gran vidrio en la pared- Debo disculparme por…
–Planeaba llevarte a tu casa. Ir a buscarte, cenar, llevarte, tener algunas palabras practicadas previamente, ya que no soy muy bueno…-Hablaba siendo sincero, haciendo sonreír al rubio que sin previo aviso tomó su rostro y le dio un suave beso.
Kuroo, quien estaba sentado al lado de Mei, haciéndola dormir, observó como Tsukishima besaba al doctor que rodeó su cintura mientras correspondía el beso. Apartó la mirada algo disgustado.
Los labios de los dos afuera se movían con suavidad y lentitud, separándose con calma, abriendo sus ojos a la par que se separaba despacio.
–Wow… Esto estuvo mucho mejor de lo que practiqué –Reconoció el doctor sin poder ocultar su amplia sonrisa- Nos… nos vemos mañana.
–Si –Contestó Tsukki sonriendo sutilmente- De nuevo, gracias, por todo –Terminó de decir antes de voltear e ir con Mei.
Luego de aquella noche, Mei quedó un día más con el suero y los medicamentos. Se le fue dada de alta pero con cuidados para llevar a cabo en el hogar. En cinco días controlandola, Kuroo volvió a tomarle la temperatura a la menor con el termómetro y al quitarlo sonrió ampliamente, al mismo tiempo que se levantaba.
–Tsukishima, la temperatura de Mei bajó –Le dijo sonriendo mientras iba a él y le mostraba el termómetro.
–Qué bueno –Murmuró el rubio mientras miraba la cantidad de papeles que tenía de la mesa-
–¿Qué es todo este mar de papeles? –Le preguntó el pelinegro observando parado a su lado.
-Vestimenta, guardería, las compras que tenemos para la despensa –Enumeraba ese y más de lo que había- Y ahora una nueva que es la cuenta del hospital. Algo más y te venderé por internet aunque no sacaría tanto dinero…
–Oye –Contestó algo ofendido por eso- Tener hijos no es fácil…
–Más una empresa que se expande, eso es mucho más difícil –Le señaló el rubio mientras iba a la cocina a tomar un poco de agua y una pastilla para el dolor de cabeza.
En medio de la mesada de la cocina había un hermoso florero de vidrio con un ramo de flores, todas blancas que desprendían un aroma delicioso. Aunque a Kuroo parecía no gustarle ya que al acercar su nariz, la arrugo al instante.
–¿Desde cuándo esta cosa esta aquí? –Le preguntó tapándose la nariz y hablando de manera graciosa.
–Son un regalo de Ukai –Mencionó el rubio una vez terminó de beber el agua y la pastilla- No contesté sus llamados, ni mensajes, no puedo hablarle mucho menos verlo a la cara. Con todo lo que debo hacer, me he vuelto un desastre, no puedo presentarme así para una segunda salida. Sería algo completamente horrendo…
–Oye, tranquilo –Le detuvo Kuroo por el brazo cuando el menor tomó el florero para cambiarlo de lugar pero el asunto era que comenzaba a hablar rápido y despotricar contra él mismo- No debes angustiarte por las cuentas, puedo…
–¿Qué no me angustie? –Le miró como si hubiera dicho algo ridículo. Se soltó de él y dejó el florero en otra mesa- No puedo no hacerlo. Tendré que llamar al jefe de obra y decirle que la detengamos, cubrir la pared tirada con algo y cuando sea más estable o en unos años, tal vez lo haga de nuevo.
–¿No harás la ampliación de tu cafetería? –Le preguntó comprendiendo lo que decía pero al mismo tiempo no.
–No tengo más dinero Kuroo –Le contestó algo exasperado pero cansado, dejándose caer en un sofá de allí- Con la cafetería estaré bien, lo estoy ahora, un tiempo más no me matara.
Terminó suspirando de nuevo, quitándose los lentes para masajear con suavidad sus ojos, poniéndoselos de nuevo y viendo delante de él un vaso con agua que aceptó y bebió un poco. Kuroo se sentó en otro sofá individual enfrentado al de él.
–Y…-Carraspeó el pelinegro mientras pasaba su mano por su cabello- ¿Y si yo te doy el dinero?
–¿Qué? –Le miro el rubio como si le hubiera salido una segunda cabeza.
–No me mires así, tengo mi dinero –Se justificó sintiéndose de nuevo ofendido por el rubio.
–No, no podría –Dijo Tsukishima saliendo de su sorpresa mientras negaba- No Kuroo.
–Ni Kiri ni –Se burló el pelinegro, recibiendo un almohadazo por ello- Jajaja. Lo digo en serio Tsukishima. Los dos tenemos la casa, estamos cuidando a Mei juntos. Deja que alguien te ayude, que te apoye en algo no significa que fallaste –Hablaba más seguro Kuroo mientras se enderezaba en el sofá- No estás solo.
Tsukishima se mantuvo mirando a Kuro fijamente, pensando lo que decía, los pros y contras de su propuesta. Poniéndose un poco más serio, se acomodó en el sofá y se enderezó también.
–Bien. Pero solo lo aceptaré si es como una inversión. En caso contrario, no –Entrelazó sus dedos que posó en sus propias rodillas, siendo imitado por el mayor que asintió.
–Entonces eso me vuelve inversionista de Moon –Sonrió el pelinegro.
–Tienes algunos beneficios, el dos por cierto –Le comentó el rubio cruzándose de piernas, siendo imitado por Kuroo-
-Que sea el tres, está bien el dos –Corrigió sus palabras ante el brillo de peligro en los ojos del menor. Mejor no debía negociar.
–Puedes tener un descuento en algunas cosas como pasteles entre otros –Movió su mano de manera perezosa. Luego pensaría en que cosas serían.
–¿Cuánto? ¿El diez por ciento? –Sonrió de lado Kuroo.
–Hecho.
–¡No, que sea el quince!
–Diez por ciento.
–Bien…
–Es un buen descuent- ¡Deja de imitarme! –Le salpicó algo de agua con sus dedos en la cara cuando el pelinegro le imitó mientras se acomodaba los lentes- Deja de reír… -Le salpicó más agua viendo al mayor reír- Kuroo, en serio, gracias.
–¿Qué?
–Te invito a cenar esta noche, yo cocinaré –Se hizo el desentendido sobre lo dicho anteriormente. No volvería a repetir el agradecimiento.
–Oh vamos, solo una vez más, ¡Deja de tirarme agua!
Ya por la noche tenían organizada bien la salida. Tsukishima había llamado con anticipación a Kenma para preguntarle si podía cuidar de Mei. Como era una cena casual, el rubio se puso un pantalón negro y una camisa blanca pero a pesar de ser sutil, quedaba bien en él, poniéndose encima un abrigo para salir.
–Se ve bien –Comento Kenma con su rostro sin expresión alguna, levantándose al lado de Mei que jugaba en su mar de juguetes.
Kei asintió al halago mientras alisaba su camisa. Por el pasillo apareció Kuroo abotonando su camisa, teniendo el cabello ligeramente húmedo pero incluso con eso, se mantenía enfrentando la gravedad y yendo con pequeños picos hacía arriba.
–Él también –Susurró pero fue escuchado por Tsukishima, quien volteó su mirada a Kuro.
–Mírate, pareces una persona decente –Comentó mordaz, siendo respondido por el mayor que solo le saco la lengua- Que maduro… Kenma, ten –Le entregó una hoja de papel con números- Aquí tienes mi número de celular, el de Kuroo, mi hermano Akiteru, la cafetería, el pediatra Ukai…
–¿No crees que te excediste? –Le preguntó Kuroo viendo el ceño ligeramente fruncido del rubio cuando lo miro.
–No deben preocuparse por nada, disfruten la noche –Dijo el menor frenando una posible discusión entre los dos adultos frente suyo con mentalidad de niños.
Tsukishima asintió y salieron de allí. Eligio que fuera en su cafetería, allí podría cocinar a gusto con la cocina que tenía. No era profesional y completa como la que vio en su primera cita con Ukai pero le gustaba soñar en grande e imaginar que algún día él también la tendría. Era su meta e iba viento en popa gracias a Kuroo, quien se volvió un inversionista.
Kuro recorría aquel lugar tranquilamente. Las mesas, sillas, el mostrador que en aquel momento estaba vacío pero imaginaba que de día estaba lleno de pasteles, bandejas con muffins y canastas con bolsas de galletas con aromas que te llamaban a querer comerlas. Las grandes vidrieras dejaban ver bien las dos calles, siendo el local situado en una esquina. Era vistoso, sutil, no extravagante a pesar de que por el espacio que había y el decorado podría ser de las cafeterías relucientes de blanco y negro, mármol y demás.
Pasó por aquella cortina que dividía la construcción con la cafetería y se encaminó a la cocina. Desde la entrada pudo ver al rubio que, con un delantal para evitar ensuciarse, cortaba unos vegetales rápidamente. Si lo intentaría perdería seguramente un dedo.
–¿Cómo lo haces? –Le preguntó llegando a su lado, viendo como un vegetal terminaba siendo cuadraditos pequeños en un minuto por el menor-
–¿Qué cosa? –Arqueó una ceja sin entender su pregunta mientras mantenía su mirada concentrada en seguir cortando.
–Recordar todo, ¿Dónde tienes el libro de recetas o guía? –Miro alrededor y no vio ninguno.
–No lo necesito –Dijo soltando una sutil carcajada- En la cocina es el único lugar donde no sigo un plan…
Kuroo sonrió viendo la pequeña sonrisa del rubio. Se remangó la camisa y optó por ayudarle aunque terminó siendo quien preparaba la mesa con los manteles, las copas, el vino, los cubiertos y platos. Tsukishima no lo dejó ayudarle en la cocina ya que no quería ir corriendo al hospital por una amputación de dedo.
A pesar de ser chocantes en la mayoría de las cosas, durante la cena fue agradable. Hablaban, comentaban y contaban cosas, recuerdos, historias de pequeños, cuando estaban en la preparatoria. Se burlaban pero les terminaba sacando una sonrisa y no se enojaban entre ellos. Kuroo repitió el plato de comida, siendo verdaderamente delicioso, viendo que aquel halago verdadero hizo sonreír con sutileza a Kei que fue a servirle más.
Al terminar, siguieron hablando mientras lavaban los utensilios usados, dejando la cafetería limpia como estaba cuando llegaron. Sin saber cómo, Tsukishima perdió en una apuesta que hicieron. Fue algo tonto pero por lo bien que estaba el ambiente y que no había problema alguno, aceptó la derrota.
–Yo no huyo Kuroo. Perdí y lo admito –Decía el rubio mientras acomodaba el casco en su cabeza.
–Bueno, te diré una cosa, no es muy sencillo esto…
-Te diré yo una cosa. Tu casco, es patético y horrendo –Le atacó, terminando sonriendo. Tal vez fue el vino que tomó que le mantenía calmado y más suelto- Quítale los stickers de gatos y ponle de dinosaurios. Eso sí es cool.
–Si, como digas…-Negó con la cabeza el pelinegro mientras acomodaba los pies del rubio en la moto- Aquí, pon la mano y mantenlo, no lo sueltes –Le decía hablando un poco más fuerte ya que por el casco parecía no escucharle bien.
–Bien –Asintió Tsukishima sintiéndose ansioso.
–Ahora lo encendemos…-Kuroo adoraba el sonido de su moto al encenderla. El motor rugir era lo mejor- Este es el acelerador –Le habló más alto aún a Tsukki que le miraba intentando comprenderle.
–Voy a andar en motocicleta… Si Akiteru me ve ahora mismo me mataría –Decía sonriendo emocionado a pesar de que en verdad su hermano le daría el regaño del milenio si le veía encima de una moto.
–Cálmate un poco y escúchame –Le habló–Ahora no lo sueltes hasta que termine…
–¿Qué Lo suelte? –Le pregunto sin entenderle bien por el motor que resonaba por encima de sus voces pero acató sin pensarlo.
La rueda delantera de la moto se alzó completamente. Tsukishima cayó hacía atrás, siendo sostenido por Kuroo que le atrapó a tiempo y vieron ambos como la moto iba avanzando de manera torpe hasta la calle de enfrente y chocar con un buzón de correo.
–Ay, demonios. Kuroo, yo…-Decía completamente arrepentido en aquel momento. El escuchar como las luces delanteras impactar con el buzón romperse más la rueda delantera que giraba haciendo un ruido demasiado feo para los oídos, no auguraba nada bueno al estado de la moto.
–Primero lo primero, ¿Tú estás bien? –Le preguntó viéndole y escuchando su afirmación hasta que el sonido de un impacto los hizo mirar hacía la moto- ¡No!
Kuroo vio como ahora su preciosa motocicleta terminó debajo de un transporte público.
–Tenías seguro, ¿no? –Tsukishima miró al mayor que no decía nada- Yo… coff… Iré a hablar con el colectivero…-Le dio una última mirada al pelinegro y caminó hasta el chofer que bajaba a mirar.
Una vez intercambiado números de seguros y evitar problemas con la empresa de transporte, cada uno se fue por su lado.
–Te la pagaré Kuroo, lo prometo –Le dijo de nuevo cuando llegaron a la puerta de la casa.
–No te preocupes Tsukishima. Es la quinta vez que me lo dices, relájate –Terminó sonriendo de lado, confundiendo al rubio- Me sorprendió que pudieras destruirla sin siquiera avanzar un metro.
–En la semana iré al seguro para hablar…-Kuroo rodo los ojos y le tomó por los hombros.
–Era una moto, te lo repito de nuevo. Relájate…
–Me sorprende a mi ahora que lo digas con tanta naturalidad –Sonrió poco a poco el menor- ¿Acaso si lo sigo mencionando te pondrás a llorar?
–No te pases –Tsukishima levantó las manos en señal de paz e ingresó a la casa que estaba silenciosa.
–Buenas noches –Saludó Kenma pausando el juego de su PSP al ver a los adultos llegar y caminar despacio para evitar hacer ruido- Se durmió allí y no quise moverla…
Tsukishima asintió y observó dentro del corralito que Mei estaba completamente dormida con una manta encima. Kenma hacía magia con ella y lograba dormirla por seis horas o más. Él apenas podía que fueran dos.
–Me iré a mi casa…-Murmuró el menor que fue detenido por Kuroo.
–Ten, acéptalo –Le sonrió de lado mientras extendía unos billetes- Gracias por venir a cuidarla, descansa.
Kenma asintió y guardó el dinero, haciendo un sutil movimiento de cabeza en señal de despedida. No dio ni tres pasos que se detuvo en el marco de la puerta hacía el pasillo y volteó a los mayores que le miraron curiosos.
–Pienso que juntos, a pesar de sus personalidades diferentes, hacen una buena pareja –Habló para luego darse vuelta e irse a su casa.
–Dijo lo mismo de Ushijima Wakatoshi y Satori Tendou del equipo de vóley de Japón –Comentó Tsukishima sonriendo levemente de lado, sin saber que el mayor sabía que esos dos en verdad eran pareja pero los romances del vóley no eran interesantes para hacer público.
Volteó su dorada mirada a Kuroo quien lo observaba fijamente. Parpadeó confundido por la repentina acción del mayor que, a pesar de ser lenta y dándole la chance de apartarse, no lo hizo. Envolvió su cintura, acercándole a su cuerpo a la par que sus rostros quedaban cerca. Sus narices rozaban y un cabello de Kuroo cosquilleaba en su frente. Cuando poso sus manos en los hombros contrarios, fue una aceptación a que sus labios se unieran en un sutil beso que no tardó más de diez segundos en profundizarse.
No se apartarían hasta que la falta de aire les impidiera seguir con aquel contacto. Lo interrumpieron antes pero sin despegarse demasiado. Los dos iban de los ojos del otro a sus bocas que seguían rozándose. Querían más. No esperaron nada en irse a tropezones entre sus propios pies hasta la escalera. Tsukishima acorralaba a Kuro contra la pared donde había algunos cuadros de Mei, que casi caen pero no fueron impedimento para seguir besándole mientras intentaba desabotonar su camisa. Pero Kuro ansioso se separó un poco y se la quitó por encima.
Dando pequeñas pausas en medio de la escalera para besarse y sus manos tocar sobre las prendas del otro, lograron llegar al segundo piso. Apenas lo iluminaba la luz de la luna que ingresaba por una ventana. Entre tantos giros y besos, llegaron a una de las puertas que abrieron y cerraron para poder ir directo a la cama entre bajas risas.
Las mullidas mantas y el colchón suave los recibieron. Se hundió levemente ante el peso de Tsukki que tenía el rostro de Kuroo entre sus manos mientras se besaban. Repentinamente corto el contacto y miró a su alrededor, imitando tal acción el otro, observando el cuarto donde estaban y recién se percataban.
–Estamos... En su habitación –Murmuró Kei mirando el cuarto de Yamaguchi y Yachi.
–Creí que sería peor… Como el resto de la casa antes –Comentó Kuroo observando también.
–Es lindo… ¿Cómo no entramos antes aquí? –Se preguntó viendo las ventanas- Oye, esas cortinas son…
No pudo terminar lo que decía cuando Kuroo se subió encima suyo para continuar lo que estaban haciendo.
Los labios de ambos encajaban perfectamente con el otro. Estaban ansiosos por conocer el cuerpo contrario, recorrerlos con sus manos de manera calmada pero deseosa. El calor aumentaba en el ambiente al igual que la temperatura en sus cuerpos. Poco a poco sus respiraciones se agitaban.
Tsukishima hacía tiempo no sentía lo que era tener un cuerpo cálido encima suyo, ancho, de brazos fuertes, siendo en realidad la primera vez con alguien de aquel físico marcado como el de Kuroo. Sus manos grandes desnudarle, dejándole ver, tocar su santuario que era su cuerpo. Llenarlo de besos, de sentir sensaciones nuevas que antes no había experimentado.
Kuroo lamía, estrechaba su cuerpo al de Kei. Observaba su piel clara, siendo decorada en algunos lugares no visibles por la ropa con pequeñas marcas rojizas. A pesar de ser delgado tenía una bella figura, sus piernas largas, sus muslos, su trasero, eran una perdición. Debía reconocer que era una adicción tocarle. ¿Cuántos idiotas no vieron pasar a su lado a tal joven? Seguramente robaba millones de miradas por donde fuera pero por su personalidad deberían dar media vuelta.
Su mano se estiro al cajón de la mesita de noche, estirándose para ver algunas cosas allí dentro que le hizo sonreír pero tomó el envase de crema que allí había.
Los dedos de Kuro exploraban su interior, le preparaban. Había olvidado la sensación de sentirse lleno, pero esta vez se sentía desbordado, completo. Su cuerpo unirse a otro, aceptarle, sentir la calidez dentro, que palpitaba y esperaba a que se acostumbrara a ello.
El pelinegro no había sentido tal sensación de placer al unirse a otro. El cuerpo de Tsukishima a pesar de haberle preparado, era estrecho, le succionaba e impedía casi moverse, pareciendo que no quería que se moviera, sino que solo quedarse así juntos.
Los besos se reanudaron, el sudor en ambos comenzó a sentirse pero no les importaba, los dos querían ese calor, el placer aumentar en los dos. Con movimientos rápidos, coordinados, en un ritmo loco se unían. A Kei le gustó ver el ceño ligeramente fruncido de Kuroo mientras cerraba sus ojos al momento de embestir en su interior y apretarle por el placer que le daba. El mayor quedaba embelesado por las expresiones que podía hacer el menor, pero los gemidos eran lo mejor. Suaves, no exagerados, ni fingidos, simplemente demostraban lo verdaderamente bien que se sentía.
El calor del orgasmo los agarró a los dos al mismo tiempo, dejándoles mareados. Kuroo termino la unión de sus cuerpos mientras se besaban una vez más, terminando recostados uno al lado del otro, estando Tsukishima bajo el brazo del mayor, apoyado en su pecho con las mantas cubriendo un poco de ambos.
–¿Tú crees que esto lo planearon? –Preguntó de repente el rubio luego de un rato en silencio por parte de ambos.
–¿Qué cosa? –Le miró el mayor un instante sin entender- ¿Hablas de lo que sucedió? No creo, lo intentaron y no salió como lo planearon.
–Lo entiendo, ahora es más claro –Murmuró el rubio.
–¿El porque nos presentaron?
–Sí, antes no lo entendía y no lo pensé mucho pero ahora que te conocí mejor… Entiendo lo que quería Yamaguchi –Sonrió levemente al recordar a su mejor amigo- Aunque no lo parezca, se parecen un poco.
–¿Hablas de Yamaguchi? –Preguntó viendo el sutil asentir de Kei.
–Sería mejor que fuera con Yachi pero, me recuerdas a él…-Soltó una pequeña risa y miró a Kuroo- Él era el más relajado, divertido a pesar de ser avergonzado… Todo lo contrario a mi–No pudo terminar lo que decía porque el pelinegro tomo sus labios con suavidad, silenciándole.
–Tengo algo que mostrarte –Sonrió gatunamente Kuroo una vez se separaron.
–¿De qué hablas? –Le miró con una ceja arqueada mientras se levantaba un poco del cuerpo del otro para que se acercara a la mesita de luz.
–Mira lo que encontré –Sonrió más ampliamente mientras movía con suavidad la bolsa que tenía algo dentro.
–No, olvídalo, ni loco –Se negó Tsukishima viendo que Kuro no cambiaba su expresión.
–Vamos, será divertido –Le dio un suave empujoncito con su cuerpo.
–¿Estas tu loco? Mei está en el cuarto de al lado…
–Un poquito nos ayudaría a prevenir un glaucoma –Sonrió Kuroo escuchando la pequeña risa del rubio.
–No es correcto Kuroo…-Decía mientras veía el cuerpo del otro comenzar a trepar en él de manera depredadora.
–Entonces podemos ponernos locos de otra manera…
–No fumaré esa cosa.
–Hay otros métodos.
Tsukishima no supo cómo ni en qué momento aceptó pero ahora estaba en la cocina batiendo huevos, teniendo puesto solo la ropa interior y la camisa negra que uso Kuroo para la cena de esa noche. El mayor apareció portando solo un pantalón de pijama gris y le ayudo con el preparativo, tirando luego el contenido de la bolsa dentro del revuelto de chocolate.
–Oh vamos, un poco –Le pidió el pelinegro.
–No, odio las nueces, no le pondré –Sentenció el rubio serio mientras revolvía bien el chocolate- Prueba un poco… ¡N-no! –Apretó sus labios cuando Kuro al probar de la cuchara dejo restos en su boca para besarle pero a los segundos terminó correspondiendo aquel suave beso con sabor a cacao.
–Tienes un poco… ahí –Sonrió ladinamente el pelinegro señalándole los labios del otro llenos de chocolate.
–Idiota –Rodo los ojos el rubio mientras se limpiaba y terminaba de revolver.
Media hora después pudieron quitar del horno los brownies que prepararon previamente con un toque agregado: Marihuana. Kuroo sonrió al ver que algunos tenían nueces trituradas encima, solo algunos. Tomó uno que no tenía y le convido a Tsukishima que seguía cortando y pasando a un plato el resto de los cuadrados de brownie.
Al terminar, Kuroo tomó el plato pero lo dejó sobre la mesa donde encima estaba el calendario con sus horarios.
–¿Lo vas a dejar? –Le preguntó el rubio sin entender lo que hacía-
–Voy a llevar pocos, no los vamos a comer todos –Le decía mientras ponía algunos en una servilleta y seguía al menor que no le esperó y, como pequeño castigo le dio una nalgada.
Con solo los pocos que comieron, más con Tsukishima que era la primera vez probando aquellas cosas, no tardó en hacerle efecto. Kuroo lo disimulaba pero estaba casi igual que el menor y terminaron prendiendo la televisión donde daban un programa infantil. Los teletubbies.
–Ay… por favor no ja, ja –Tapó su boca el rubio para evitar reír.
–¿No eran cuatro? –Entrecerró sus ojos el pelinegro viendo la televisión donde cantaban aquellas cosas.
–Son cuatro idiota ja, ja, ja…
A pesar de ser canciones infantiles, como dos idiotas terminaron bailándolas. Quienes les viera llamaría a la policía o a los médicos para que les pusieran chalecos de fuerza y llevárselos.
–¿Qué haces? –Le preguntó Tsukishima viendo a Kuroo que, con su brazo izquierdo, hacía una onda que terminaba en su brazo derecho.
–A que es genial –Sonrió de lado el pelinegro haciéndolo de nuevo.
–Esto, es genial –Contratacó Tsukishima poniéndose de lado para hacer hacía atrás el paso de Michael Jackson y dejar con la boca abierta al mayor.
Al terminar el programa de los teletubbies, empezó uno nuevo que eran los Muppets. Aquellos títeres donde se veían las pequeñas varillas metálicas bajo sus brazos comenzaron a cantar, moverse alocadamente con un fondo de colores psicodélicos.
–¿Esto ve Mei? –Preguntó el rubio sentado junto a Kuroo, ambos mirando sin parpadear la pantalla hipnótica.
–No… lo se…-Murmuró Kuroo, teniendo su boca un poco abierta y un hilo de saliva deslizándose sin poder dejar de mirar.
Pasado aquel alocado programa, se sintonizó una canción de cuna. Ahora los dos estaban tumbados en uno de los largos sofás. Tsukishima tenía a Kuro casi encima suyo, teniendo su rostro recostado en su pecho, haciendo un sonido parecido a un ronroneo mientras acariciaba con suavidad su cabello que, a pesar de ser enmarañado, era muy sedoso. Poco a poco él también fue cerrando sus ojos, quedando solo las canciones de fondo.
Ya con el sol saliendo, llegando a la cima para iniciar un nuevo día, la gente comenzaba a despertar, a moverse. Un auto se estacionó y de allí bajo un joven que vestía pantalón negro al igual que el saco encima de su camisa blanca. Tarareaba sonriente mientras miraba la carpeta en sus manos al caminar a la puerta de aquella bella y gran casa. Cerró la carpeta en sus manos y estiró su brazo para tocar el timbre que resonó dentro.
Al mismo tiempo Tsukishima y Kuroo se incorporaron en la cama, teniendo el cabello los dos completamente revueltos.
–¿Holaa? –Pregunto Kuroo al tomar el teléfono a su lado mientras bostezaba y frotaba su mano en su rostro.
–Es el parlante para bebes idiota –Le dijo el rubio viendo lo que sostenía el pelinegro- Creo que fue el timbre de la casa…
–Iré a ver –Murmuró el mayor enredándose con las sabanas y cayendo de bruces al suelo.
–¿Cómo llegamos a la cama? –Se preguntó el menor mirando a su alrededor pero al ver que habían algunos paquetes abiertos de preservativo a un lado, supo que lo hicieron de nuevo y ni lo recordaba lo que pasó después de dormirse en el sofá.
Kuro bajo las escaleras, siendo las ultimas sentado al resbalar su pie mientras intentaba ponerse una remera. Al abrir la puerta, tenía un brazo saliendo por el agujero de la cabeza y su rostro asomándose por una manga.
–Buenos días… Kuroo…-Saludó Sugawara sonriente, pero al ver como estaba lo dijo con lentitud- ¿Interrumpí algo?
–No, no, no –Negó al instante el mayor acomodándose rápidamente la remera. Si viera su espalda, vería todas las líneas rojas que dejaron las uñas de Kei- Dame un minuto…
–Sí, está bien. ¿Podría esperar…-Antes de poder terminar, la puerta se cerró frente suyo- Dentro...
Tsukishima había ido al baño a asearse la cara y dientes, yendo luego a ver a Mei que le sonreía acostada y rio con suavidad cuando la alzo. Le hizo unas pequeñas cosquillas viendo como la niña daba suaves gritos pero sabía que le gustaba.
–¡Tsukki! –Dijo Kuroo antes de tropezar en el pasillo y terminar de nuevo de cara al suelo- ¡Suga está aquí!
–¿Qué? –Murmuró sorprendido el rubio sin creerlo.
–Estoy bien por cierto –Susurro el pelinegro sobando su rostro mientras se levantaba.
–Detesto sus visitas sin aviso. Es la persona más inoportuna del universo –Se quejaba el menor mientras iba hasta el mayor pero le entrego a Mei.
–¿Qué hacemos? –Le preguntó mientras dejaba que la niña tirara de su cabello.
–Tranquilo. Yo limpio arriba, tu abajo –Se volteó para empezar pero rápidamente se giró de nuevo para susurrarle- ¡Las drogas, tira las malditas drogas!
–Sí, sí, sí –Asintió Kuro tomando un canasto de ropa.
Dejo a la bebé allí sentada, tomando el canasto para dirigirse a la escalera y tomar algunas prendas suyas y de Kei que habían dejado en medio del camino del salón a la cama. Mei reía mientras se sacudía dentro y recibía algunas prendas encima, tirandolas y haciendo a Kuroo tomarlas de nuevo.
-List- Mei, nooo –Susurró tomando de nuevo las prenda que tiro antes de irse al cuarto de lavado y dejarlo allí.
En el segundo piso, Tsukishima tendía a la velocidad de la luz la cama donde habían estado con Kuro. Con asco tuvo que juntar los preservativos usados y tirar todo el cesto de la basura, dejando todo limpio rápidamente.
Kuro al ir a la cocina se encontró con todo lo usado para hacer los brownie. Lo junto dejándolo amontonado y así como estaba lo metió a la máquina de lavar platos, cerrándola. Luego se encargaría de accionarla pero la usaba en aquel momento para ocultar el desorden. Con una toalla limpio la mesada que tenía algunos restos de chocolates pegados, dejándola junto a los trastes sucios.
Sobre la mesada estaba la bolsa que tenía restos de marihuana. No podía tirarlo al cesto de basura, recordó a Suga en la primera revisión de la casa donde incluso reviso allí. Optó por ir al fregadero, tirar la bolsa allí y apretar el botón que trituraría la bolsa y el contenido, haciendo un ruido horrendo pero por suerte no rompió nada.
Al salir de la cocina chocó con Tsukishima, quien tenía dos desodorantes de ambiente, uno en cada mano y había perfumado casi toda la casa.
–Oye, oye –Le frenó mientras se acomodaba la ropa y le susurraba al estar casi frente a la puerta- Recuerda que no lo fumamos…
–Cierto, lo olvidé –Murmuró tirando los frascos en el canasto para poner los paraguas- Kuroo, ¿Y Mei?
En un parpadeo Kuroo salió corriendo y fue al cuarto de lavado donde la niña estaba jugando con toda la ropa. De camino al salón iba peinándola, escuchando las voces de Tsukki y Suga que iban al pequeño salón que estaba junto a la cocina.
–Perdón por tardar, necesitaba un cambio de pañal –Sonrió Kuroo sentándose junto a Kei con la niña encima de sus piernas.
–Se los ve más adaptados, eso es bueno –Dijo Suga sonriéndoles, viendo el asentir de los dos jóvenes delante suyo.
–Sí, aprendemos a lidiar con el otro…-Comentó el pelinegro.
–Como Mei, ya camina mucho y lo hizo en poco tiempo. Aprende rápido –Le contó Kei.
–¿Y ustedes dos? –Pregunto Koshi- ¿No hay más tensión? Peleas...-Se sorprendió levemente al ver que los dos le respondían al instante que no- Bien, ¿Han hablado, planeado? Qué van a hacer de ahora en adelante o juntos…
–No, aún no. Sigue siendo nuevo para nosotros esto –Le respondió Tsukishima viendo al otro que escribía rápidamente en su carpeta- Pero a veces suceden cosas que no las planeas…
–¿Lo dices en serio? –Le miró Kuroo al rubio que le miraba- Porque yo si tengo un plan en mente.
–¿Si? No sabía que podías estar interesado en mis planes –Dijo dejando ambos de lado a Suga que solo miraba.
–¿Y cómo sabrías que yo no quería planear algo contigo? –Le miró arqueando una ceja esperando su respuesta.
–No soy un gran planeador como tú –Sonrió de lado viendo que el pelinegro también sonreía.
–Por favor ya paren –Les cortó Suga mientras cerraba su carpeta- Ustedes dos tuvieron sexo.
Ante el silencio de los otros dos, Suga lo dio por hecho.
–Tenga por seguro Suga que nuestra relación no afectará en nada nuestra paternidad con Mei –Dijo al instante Tsukishima.
–¿Se van a casar? –Les preguntó el peligris viendo la expresión sorprendida de los dos jóvenes.
–Espere, espere, lo nuestro paso hace seis horas…-Rio nervioso Kuroo ante lo dicho por el joven de servicios sociales. Era pronto para hablar de matrimonio.
–No era necesario lo último idiota –Le siseó el rubio dándole un ligero golpe en el brazo.
–Puedo decirle hace cuantas horas y cuantas rondas fueron…
–Señor Kuroo, si algo llegara a pasar y la relación no se da, usted, ¿Qué va a hacer? –Le preguntó Suga cruzándose de brazos- ¿Va a dormir en el garaje, en el sótano, el ático? –Espero una respuesta pero el pelinegro no respondió- Las relaciones sexuales en una situación como en la que están provoca mucha inestabilidad en la casa. Ya son adultos con una bebe a cargo.
El joven suspiró exasperado mientras se levantaba y tomaba su carpeta.
–Ustedes eran un caso simple –Les regañó a los dos que no deberían tener mucha diferencia de edad con él- Cuando desperté a la mañana, mientras desayunaba veía mi agenda del día y empezaba con el caso simple. Me puse feliz, iba a ser algo simple, relajado, como unas pequeñas vacaciones, déjame terminar –Silenció a Kuro que iba a hablar- Programaré otra visita espontanea, para cuando venga aquí espero encontrarme con que hayan resuelto sus problemas personales entre los dos, ¿Está claro? –Les miró con una ceja arqueada, viendo el asentir de los dos jóvenes regañados.
–Si –Dijeron en un bajo susurro.
–Bien, es todo por hoy –Se volteó para irse a la puerta pero vio un plato sobre una mesita- ¿Puedo tomar un brownie? –Les preguntó mientras agarraba uno.
–¡No, no, no, espere! –Gritó Tsukishima acercándose, dando un golpe al brownie en su mano que salió disparado a otro lado ante la sorprendida mirada de Suga- Lamento mi acción es que estaban ya echados a perder y soy repostero profesional, no podría darle algo así…
–Está bien, lo entendí –Le frenó Suga sonriendo levemente- Hasta la próxima, adiós –Se despidió yéndose rápidamente a la puerta.
Tsukishima suspiró y volteó. Tuvo que cubrirse la boca para evitar soltar una carcajada al ver el rostro de Kuro con el brownie todo destrozado en su rostro.
Ya por la tarde Kuroo se marchó a su trabajo. Fue tranquilo, sin mucho griterío en la cabina mientras dirigían las cámaras, grababan las escenas perfectas que se sintonizaban en las televisiones de los espectadores. Al finalizar el partido, poco a poco todo el público fue retirándose al igual que algunos del personal pero Kuroo se quedó un rato más, bebiendo una cerveza con algunos compañeros de confianza.
–¿En serio lo hicieron? –Le miró sorprendido Tanaka- Kuroo, eres mi último amigo soltero, no me hagas esto por favor…
–Lo siento –Se disculpó el pelinegro aunque no era necesario- Solo sucedió… Ni yo sé cómo lo hice…
–¿Se van a casar? ¿Tienes idea de que sería eso? –Le preguntó el joven rapado- Imaginemos una prisión, no hay nada, no le pongas nada…
–No vamos a casarnos –Le cortó aquellas palabras como si fuera lo peor del mundo.
–Por los dioses, Kuroo. Están criando una bebé juntos –Decía mientras juntaba sus dedos índice de cada mano- ¿Qué más casados que eso podrían estar? Desayunan juntos, cenan juntos, duermen ahora juntos, están viviendo bajo el mismo techo juntos.
–Tanaka…
–Kuroo –Llamó Matsukawa asomándose por la puerta, interrumpiendo la conversación que tenían los otros dos- ¿Vienes un momento? Debo hablar contigo.
–Sí, claro –Dijo al instante mientras bajaba sus piernas del panel de control y seguía al jefe.
Le preguntó cosas triviales de su nueva vida mientras caminaban, terminando por ingresar a la cancha que era en aquel momento limpiada por el personal de limpieza.
–Oye Kuroo, tú sabes que te di una gran oportunidad, única –Le decía repentinamente, teniendo al pelinegro caminando a su lado- Y no salió bien, fue horrendo.
Kuroo no dijo nada mientras Matsukawa le miraba un instante. Odiaba recordar ese día.
–¿Qué hago? –Suspiró mientras seguía caminado por todo lo largo de la cancha- Lo dejamos así o te ofrezco una segunda y última oportunidad.
–Si puedo elegir… –Habló con cuidado Kuroo, sin saber aún porque le llamó- Quiero la segunda oportunidad.
–Kuroo, tú sabes como yo que eres muy bueno en tu trabajo. Entiendes y aprender mucho más rápido que los demás –Empezó a hablar sin tampoco degradar mucho a los otros empleados- El deporte no es solo estadísticas, memorizar jugadas entre otras cosa. Tú lo sientes, lo intuyes, tienes un gran talento que debes liberar pero en este momento tu mundo, todo en ti esta de cabeza –Negó suavemente ante eso.
–No consideré eso un obstáculo, puedo mejorar, restablecerme…
–¿Estás seguro de eso? –Frenó sus pasos el jefe, volteando a Kuroo que se detuvo a tiempo antes de chocar con el otro. Le vio asentir- ¿Te irías a Tokio?
Kuroo abrió sus ojos sorprendido, quedando algo shockeado por la propuesta que no le dejó hablar.
–Escucha. Se liberó un puesto para dirigir otros partidos y están buscando a alguien que ocupe esa vacante –Sonrió de lado Matsukawa- Tengo pensado recomendarte.
Se mantuvo viendo la expresión desconcertada de Kuro que parecía tener una lucha interna de muchas cosas que pensar.
–Piénsalo y avísame –Le palmeó con suavidad el hombro antes de voltear e irse, dejando parado en medio de la cancha a un shockeado Kuroo.
Aquel fin de semana se organizó una gran parrillada entre los vecinos del barrio. Largas mesas con comida, hamburguesas para armarse a su gusto. Bebidas para los niños, algunas cervezas para los adultos. Había música y muchas voces de quienes charlaban en un ambiente muy cómodo y agradable.
Habían hecho un sector para los niños con inflables, juegos, mesas llenas de pinturas para que coloreen y estuvieran entretenidos. Contrataron algunos coordinadores que los mantendrían ocupados y algunos otros que pintaban los rostros.
Todos los adultos con hijos evitaban que les pintaran pero Oikawa con el rostro pintado como marciano los arrastró a que fueran. Su esposo Iwaizumi terminó con un decorado de godzilla, ganándose un berrinche del castaño por no ser un marciano como él, por lo que llevó a Tsukishima y Kuroo a que les pintaran la cara junto a Mei. Pero tampoco consiguió que les pintaran como marcianos.
–Se ve bien, continúe –Sonrio de lado Tsukishima que tenía su rostro pintado como un dinosaurio, viendo como Kuroo permanecía quieto como estatua mientras le pintaban la cara a pesar de no querer.
–Mírenlos nada más…-Comentó Oikawa estando con una bebida en sus manos mientras veía con otros vecinos a los dos jóvenes algo alejados de ellos en un ambiente íntimo y muy agradable.
–¿Qué tienen? –Le preguntó Iwaizumi que miraba cada tanto a su hijo dormir recostado en el pecho de su esposo.
A pesar de que bromeaba sobre el vecino fuerte y sex simbol, era dedicado a su pequeño que siempre quería su atención o estar cerca de él como en ese momento que dormía sobre su cuerpo.
–¿No te das cuenta? –Le miró como si fuera lo más obvio pero su pareja parecía que ni cuenta- Iwa-chan, es obvio que esos dos tuvieron sexo. Seguro más de una vez y en distintas posiciones… Tal vez el sesenta y nueve, ¡Auch, Iwa-chan! –Se quejó mientras sobaba su cabeza al recibir un golpe del mayor que, ante su pequeño grito, despertó a su bebé.
–Deja de meterte en la vida de otros Tontokawa –Le regañó antes de beber un poco de cerveza, viendo al menor calmar al bebé.
Kuroo movía su nariz de manera graciosa, siendo reprendido por Tsukishima, ya que le podía dificultar el trabajo a la joven que le pintaba unos bigotes de gato, siendo lo último para finalizar.
–Si supiera años atrás que estaría haciendo esto –Habló el mayor moviendo suavemente sus labios pero quedándose estático- Me patearía los testículos o me los agarraría con una puerta.
–No exageres –Sonrió de lado Tsukishima antes de mirar a Mei que tenía un dibujo de gatito- No escuches a Kuroo porque dice palabras no apropiadas…
–Hola Kuroo –Saludó un hombre alto de cabello platinado y ojos grandes de color verde-
–Lev…-Murmuró el nombrado estando quieto mientras seguía siendo maquillado.
–Escuché de Tanaka que vivías por aquí –Sonrió el más alto- Escuché de los demás que te irás a Tokio. Ojalá a mí me lo propusieran pero soy un novato aún. Que suerte tienes, te extrañaremos en la cabina, me enseñaste mucho…
–Aún está en consideración Lev –Le frenó ya que vio a Tsukishima mirarle a él y a Lev sin entender bien lo que decían.
–¿En serio? Pero el señor Matsukawa dijo que era algo asegurado…-Murmuró arqueando una ceja de manera inocente sin darse cuenta del ambiente que cambiaba- Por cierto, que lindos bigotes de gato…
–¿Por qué no te pintas también? –Le dijo mientras se levantaba al finalizar justo su maquillaje-
–¡Sí! –Contestó feliz ocupando el lugar de su superior, mirando sonriente a la joven- ¡Quiero ser un león!
Tsukishima se levantó también y se despidió, dando algunos pasos para mirar a Kuroo con una ceja arqueada.
–¿De qué estaban hablando? –Le preguntó esperando por una respuesta a todo lo que dijeron anteriormente.
–No es nada Tsukki –Levantó sus hombros restándole importancia mientras acomodaba a Mei en su brazo.
–No me tomes por idiota Kuroo. Vamos, dime –Le dijo caminando con los brazos cruzados, esperando.
-No es algo que tenga tanta importancia –Comenzó a hablar sin mirarle- El jefe Matsukawa y yo hablamos un poco, solo eso. Me propuso un puesto de dirección…
–En Tokio –Finalizó lo que el mayor dejó en el aire sin decir- ¿Le dijiste que no?
–No se lo negué en el momento, sería algo muy descortés –Le decía mientras llegaban a una mesa larga donde estaban las hamburguesas para prepararse. Kuroo tomó un pan y comenzó a hacer el suyo-
–No me lo contaste –Comentó el rubio hablando tranquilo pero atento a las expresiones del rostro gatuno del pelinegro.
–No lo vi necesario –Le respondió mientras ponía aderezos a su hamburguesa con una mano ya que en su otro brazo sostenía a Mei- No podría aceptarlo y lo sabes…
–Pero quisieras –Dijo algo cierto el menor.
–No voy a negar eso –No contradijo lo dicho. Le encantaría- Además que sería una gran oportunidad…
–Entonces lo estás pensando –Le interrumpió de nuevo Tsukishima sin dejar de mirarle.
–No…-Kei se percató de la vacilación en la voz del otro- No –Volvió a decirlo con voz más convencida.
–Sigo preguntándome porque no me lo contaste ni quisiste hablarlo conmigo Kuroo –Le decía lo que le tenía desconcertado en aquel momento.
–No quería que te molestaras como ahora lo estás –Le marcó lo que no quería.
–¿Por qué me molestaría si es solo una… Kuroo, para –Le detuvo. Tomó el plato que sostenía con la hamburguesa a medio terminar, dejándola en la mesa para que le prestara atención- Quiero que me hables mirándome a la cara –Le dijo mirándole con su rostro pintado como dinosaurio- Se sinceró conmigo, ¿Estas considerando aceptar el trabajo? sí o no.
Un silencio se extendió entre los dos. Se miraban fijamente casi sin parpadear, escuchándose de fondo las voces de los demás que eran ajenos a lo que ellos hablaban o sucedía. Mei solo era quien les miraba mientras tenía una manita en la boca que babeaba.
–Sí…-Confesó Kuroo al final asintiendo suavemente, apartando la mirada de los ojos dorados de Kei- Lo estoy pensando.
Tsukishima en ningún momento aparto la mirada, por dentro no comprendía pero Kuroo se lo terminó diciendo.
–Es algo que por mucho tiempo me estuve esforzando en conseguir –Le decía volviendo su mirada al menor- Antes habría aceptado de inmediato esa propuesta…
–¿Dices antes por Mei y yo? –Le preguntó señalando a la niña y a él mismo-
De nuevo se formó un silencio entre los dos. Tsukishima no lo soporto más.
–Lo entiendo. Mei, ven conmigo –Dijo inclinándose para tomar a la niña que sonrió al ir a sus brazos-
–Tsukki, espera…
–Vamos a comer algo más sano, Mei…-Decía ignorando a Kuro mientras caminaba dejándole atrás.
–Tsukki…
–Escúchame Kuro, dime tu como sería –Hablaba sin dejar de avanzar ni voltear- ¿Íbamos a ir contigo o planeabas dejarnos?
–No… no lo sé –Confesó el pelinegro siguiéndole- Nunca en mi vida tuve que pensar en dos personas, apenas puedo conmigo. Es solo una oferta de trabajo, no te pongas así…
–Por supuesto que no Kuroo –Se volteó precipitadamente Tsukishima mirándole fijamente- Era esto lo que querías, lo que estabas esperando, una puerta, una salida. Un escape.
–Oye, eso no es cierto –Le señaló ante aquellas palabras.
–Kuroo deja de mentir. Nunca quisiste esto, estar aquí –Decía haciendo un vistazo general de aquel lugar. Mei en sus brazos comenzaba a incomodarse y sollozar- A pesar de todo lo pasado nunca nos consideraste como algo importante…
–¿Tú crees que no? –Le miró ligeramente sorprendido por lo que le decía- Deje todo. Mi departamento, mi motocicleta ahora destruida, mis cosas… Te di dinero para tu cafetería…
–Oye, eso yo no te lo pedí –Le recordó aun sintiendo enfado por las cosas que mencionaba Kuroo que dejó-
–Lo hice para hacerte feliz –Alzó un poco la voz interrumpiendo a Tsukishima, sintiendo los nervios colmarle por el sollozo de la bebe- ¡Todo Tsukishima, dejé todo para hacer este maldito papel!
Suspiró ruidosamente, dándose cuenta de lo que dijo pero había sido tarde. Tsukishima le miraba en silencio y en su mirada se veía que esas palabras le habían herido.
–Un papel –Repitió con molestia lo dicho por el mayor, sintiendo un nudo en su garganta- Así lo llamas…
–Bueno, es razonable –Intentó arreglar las cosas - Estamos en la casa de ellos, dormimos en su cama y criamos a la hija actuando frente a todos como esposo cuando no lo somos…
–Entonces estabas fingiendo con Mei –Dijo lo que se interpretaba en todo lo dicho por el mayor que negó con la cabeza.
–¿Cómo puedes decir eso? Adoro a Mei –Decía señalando a la niña que se aferraba a la camisa de Tsukishima sollozando.
–Entonces era conmigo…-Apartó la mirada, sintiendo sus ojos arder. Lo peor es que durante los siguientes tres segundos de silencio, no escucho nada que lo contradijera.
Volteó y comenzó a caminar a la casa, girando un poco su rostro sin mirarle pero sin poder ocultar ni contener una lagrima que se deslizo por su mejilla.
-¡Acepta el maldito trabajo y vete a la mierda Kuroo!
Gracias por leer n.n Pueden dejar un comentario con su opinión, son bien recibidos. Un beso enorme.
Nanuu-Chan
