Holaa~ Mil perdones por la tardanza, en serio. Este fic esta en la recta final, por lo que decidí que el último capitulo sea en dos partes :) Sorpresa(?
No quiero aburrir mucho por lo que dejaré que lean tranquilos y lo disfruten~

Como siempre, muchas pero muchas gracias a mi preciada beta Mariel que la vuelvo loca xD~

No esta de más decir y recordar que este fic esta inspirado y basado en la película -Bajo el mismo Techo- Y los personajes no me pertenecen :).
Un besito en la frente para todos~


Luego de aquella tarde Tsukishima no volvió a ver a Kuro. Supo sin quererlo saber que se había ido a Tokyo donde le habían ofrecido su ascenso en su empleo que tanto deseo.

Todo lo que había pasado decidió dejarlo bajo llave en alguna parte de él. Había sido un error dejar que la poca relación que tenían fuera hasta aquel punto. Se cegó y dejo llevar por tontas ideas, e ilusiones suyas de un posible futuro juntos. Ya no servía lamentarse, Mei le necesitaba y él en un sentido a ella para distraerse y olvidar aquel día.

Una risa proveniente del pasillo le quito de sus pensamientos haciendo que frenará la licuadora donde tenía listo un batido pero no para él. Mientras lo servía, dos personas aparecieron por el arco que separaba el pasillo de la cocina. Una era Mei, el otro, Ukai.

Decidió por dar una oportunidad a aquella persona que por tanto tiempo provoco muchas emociones en él hace un tiempo. ¿Porque no? Ukai era un buen hombre, tenía una profesión que amaba, congeniaban bien. Educado, simpático a su modo, fumaba pero por respeto a él y la niña, evitaba hacerlo antes de verles. Y lo que era un buen punto, le caía bien a Mei y la quería.

El verlos entrar de aquel modo en la cocina, sosteniéndola por las manos y caminando tranquilamente era una linda y tierna imagen a la cual podría acostumbrarse. Ukai tenía una excelente relación con su ex esposo, es serio, maduro y los años de diferencia que tenían no eran muchos además que tampoco eran un impedimento.

— Estas algo distraído hoy, ¿sucede algo? —Le pregunto Ukai dejando a la pequeña en su silla cerca a la mesada donde ya tenía el desayuno preparado.

— ¿Eh? No, es solo que estaba calculando cuantos postres me faltan del encargo que tengo —Respondió negando con la cabeza mientras acomodaba sus lentes.

— Tienes que tomarte tus tiempos, ¿Recuerdas? —Una sutil sonrisa se le escapo cuando fue rodeado por sus brazos antes de darle un beso que no duro mucho ya que no le gustaba hacer ese tipo de cosas frente a Mei.

— Sí, lo recuerdo. ¿Desayunas? —Se separó sutilmente dándole el vaso largo con el batido que el doctor tomo en dos largos sorbos.

— Lo siento, debo estar en veinte minutos en el consultorio. Quisiera quedarme más y desayunar juntos los tres pero ya voy tarde —Miro su reloj y corroboró que iba atrasado.

— No te preocupes, ten tu almuerzo, albóndiga integral en bagget —Le sonrió tendiendo la caja donde estaba todo preparado, recibiendo un beso en sus labios como despedida y Mei uno en la mejilla.

Se asomó hasta el pasillo observando como el doctor se despidió de nuevo con una amplia sonrisa y por el cristal que tenía la puerta pudo ver que encendía un cigarrillo. Volvió con la bebe que balbuceaba y ensuciaba con su desayuno.

— Debes comer tú, no la mesa —Suspiro sentándose en una silla frente a la menor, ayudándola a comer— ¿Puedes decir albóndiga? Al-bon-di-ga.

Las tardes libres de los dos congeniaban. Iban al parque, se quedaban horas charlando y jugando con Mei sobre la manta donde llevaban bocadillos y los juguetes de la menor. Era un perfecto y hermoso cuadro familiar. Tsukishima se permitía dejar por esa bella sensación, divertirse con las bromas de Ukai, el ir y venir de Mei e ir a buscarla cuando se iba a alejar de más.

Hubieron esos picnic y muchos más pero Tsukki no podía evitar a veces ponerse a pensar y comparar esos días con otros.

En las noches que llovía, cuando Mei lloraba asustada la única canción que la calmaba era aquella que Kuro le cantaba. Tenía razón, Radio Head siempre funcionaba y tenía ganas de golpear la sonrisa burlona que en su mente aparecía y nunca se nublaba como si fuera a borrarse. Porque quedo bien grabada en él.

Los festejos al finalizar un buen partido dejaban en Kuro una sonrisa que pocos segundos duraban en su rostro. Las palmadas en su espalda para felicitarle no causaban la misma emoción que creyó que sería aún más gratificante que con su otro grupo de compañeros y amigos.

En su nuevo departamento, con la cerveza en mano ya no iba de canal en canal de solo deportes. Más de una vez o más bien todas las noches a la misma hora veía unos minutos aquellos muñecos de colores bailar y cantar, sacándole una sonrisa al recordar las criticas absurdas que le daban con Tsukki a ese programa. Así se quedaba hasta que sus ojos se cerraban solos por el cansancio.

Quería ver a Mei y también de cierto modo era una excusa para quedarse unos instantes en el asiento del auto viendo a aquella ventana donde atendía Tsukishima a los clientes que iban a comprar de manera rápida. Contemplar aquella sonrisa que sabía que al verle se esfumaría, siendo ocasionado todo por él aquella grieta que había hecho entre los dos.

Aún tenía en su cabeza el cambió en su voz cuando le llamó por la mañana. Había por lo visto en parte superado lo sucedido, se le veía su porte maduro pero también cierta sombra bajo sus ojos que era por noches en desvelo y el cuidado que solo hacía para cuidar a Mei.

Intento peinar inútilmente un poco su cabello para terminar alborotándolo y dejarlo como estaba. Salió del auto y cruzo en un suave trote la calle para abrir luego de un suspiro la puerta de la cafetería que anuncio su entrada con el suave tintinear de la campanilla que tenía arriba. Internamente la maldijo por ser el cambio en la sonrisa que ya había previsto en el dueño del lugar.

—Kuroo —Fue Asahi quien dijo su nombre y quien cargaba a la bebe que se removió en sus brazos para ir sola caminando hasta el pelinegro.

— Mei, cuanto creciste nena —Sonrió recibiéndola, calmando el pequeño sollozo que inicio. Obviamente le había extrañado y él como idiota se había alejado sin saber cómo eso perjudicaría a la inocente niña.

— Sí, esta grande, ¿No? —Comento Tsukishima que guardaba el dinero en la caja.

— Con toda la comida solo basada en proteínas que le das... —Provoco siendo algo natural en él hacerlo pero que no cambió el ambiente entre ellos para mal, solo lo aligero un poco.

— Kuroo, ¿Puedes decir Kuroo? —Miro a la bebe que sonreía y sostenía frente a sus ojos por debajo de los brazos-

— Ja, suerte con eso —Se burló Tsukishima tomando su taza con café e ignorando la mirada del mayor que hizo un puchero y le siguió por el otro lado del mostrador.

— ¿No dice nada? Siquiera Tsukki, cuatro ojos —Pregunto mientras avanzaba por la cafetería y observando el lugar que tenía algunas personas desayunando tranquilamente.

— No, fui superado por comida, gato y silla. Ya deje de humillarme intentando que diga mi nombre —Decía el rubio mientras tomaba el bolso de la bebe que tenía ya preparado detrás del mostrador para alcanzárselo al mayor- Aquí tienes todo preparado para el fin de semana.

— Cancelaste la expansión —Comento Kuro observando la pared donde antes había una gran tela plástica que dividía la construcción de la cafetería.

— Sí, de todos modos nos iba bien sin ella —Respondió Tsukishima observando un instante detrás suyo la pared decorada y que cubrieron con estantes y otros dos muebles grandes que estaba ocupado por mermeladas, jarabes y más cosas hechas allí.

— Bueno, ya nos vamos —Dijo repentinamente Kuro colgándose los tres bolsos excesivos que preparo el rubio para la niña. Ahora sabía de donde era el dinero de más en su cuenta, era por la expansión cancelada.

Tsukishima observo como el mayor se volteaba y ni siquiera dio dos pasos que dijo su nombre. Kuro volteo al instante y regreso hasta él para toparse con otro bolso que le colgó alrededor del cuello al ya no haber cupo sobre sus brazos.

— Olvide darte ese también —Dijo mientras acomodaba sus lentes, dudando en si hablar- Escucha, no sé si tienes planes...

Por un instante los ojos de Kuro brillaron y la esquina de su labio cosquilleo.

— Pero con Ukai haremos una cena en casa, vendrán los vecinos. Ellos preguntan a diario por ti, tal vez quisieras... —Le comentaba sin darse cuenta que ese brillo desapareció.

— Si.

— ¿Si? —Repitió sorprendido el rubio ante la respuesta afirmativa del mayor.

— ¿Porque no? —Alzo sus hombros que ya le empezaban a doler de los bolsos de Mei que cargaba.

¿Cuantas cosas puso dentro de ellos? Eran solo dos días que se la llevaría.

— ¿Tu cocinas? —Le pregunto viendo el asentir de Tsukishima— Genial, bueno, nos vemos. Despídete Mei.

Sin llorar la niña movió su manita mientras le veía por encima del hombro de Kuro. Su sonrisa se fue de sus labios y su mano que también movió un poco bajo cuando les vio desaparecer por la puerta de la tienda, cesando el ruido de la campanilla que colgaba arriba.

Viéndolos partir, sintió un pequeño vacío en él. ¿Así sería de ahora en adelante? Se preguntaba.

No admitiría que se sintió algo solo en la casa sin la presencia de Mei. Ya se había acostumbrado a ella pero Ukai le hizo compañía y como ya sucedió otra noche, compartieron la cama pero no en la que una vez estuvo con Kuro y fue el cuarto de sus mejores amigos.

Estuvieron en la de invitados pero sintió de nuevo que algo faltaba, no era emocionante ni sintió tanta felicidad al estar en los brazos que por mucho tiempo quiso estar.

Las manos grandes, suaves, cariñosas en su piel. No eran traviesas, calientes, tampoco sus besos. Una vez había probado un verdadero placer y no podía quitarlo fácilmente de él, se sentía mal por compararle y más por pensar en eso mientras ese hombre conseguía de todos modos llevarle al cielo de placer.

Casi ni había pegado ojo la última noche. Se levantó temprano con la excusa de ponerse a cocinar e hizo tantos preparados que seguramente los vecinos se llevarían para dos días a sus casas. Unos minutos antes se fue a bañar y cambiar, quedándose un poco de tiempo más frente al espejo acomodando su cabello siendo halagado su arreglo del día por Ukai.

Apenas se sonrojo y sintió un muy leve cosquilleo en su estómago que le saco una sonrisa.

— Esto esta delicioso Tsukki —Saboreo un poco de la carne que saco del horno el rubio y le dio para degustar.

— ¿En serio? ¿No crees que está un poco pasado de sal? —Hacía las preguntas sobre sabores, siendo algo paranoico y quería que todo fuera perfecto para los que comieran.

— En serio, todo lo que me diste a probar esta delicioso. Les encantara a los demás —Le decía completamente convencido y hubiera seguido de no ser por el sonido de la puerta que le interrumpió.

— Yo iré —Dejo la carne bien presentada y cortada en una gran fuente de vidrio, limpiándose las manos en el delantal que se quitó anteriormente.

Al pasar por el lado de Ukai, este le robo un pequeño beso que le sorprendió pero devolvió con una pequeña sonrisa. No negaría que esas acciones le gustaban.

En la casa ya había algunos vecinos que probaban los bocadillos de entrada que hizo. Recibió buenas críticas en su recorrido de la cocina hasta la puerta donde era Kuro quien esperaba del otro lado con Mei y los cuatro bolsos que le dio.

Venía bien vestido, no peinado, como siempre. A la bebe le puso un vestido distinto, que lo recordará no era de ella pero seguramente se lo compró en esos dos días que estuvo con ella. Por suerte no la peino ya que los peinados que hacía el pelinegro eran completamente ridículos al igual que los suyos. Pero por lo menos se tomó el tiempo de ver tutoriales y mejorar un poco.

— Hola —Saludo el pelinegro dándole a la niña que estiro sus brazos al rubio-

— Hola —Sonrió sinceramente a la menor, sintiéndose con energías de solo verla de nuevo.

— Traje una botella de vino, iré a subir los bolsos de Mei —Señalo escaleras arriba, pidiendo de cierto modo permiso para ir.

— No te preocupes, yo los llevo, ve a comer si gustas —Le devolvió a la niña y sutilmente rozo sus manos con las contrarias pero oculto el gesto nervioso tomando los bolsos que llevo arriba y dejo sin mucho cuidado sobre la cama.

— Así que… ¿Que cuentan? —Pregunto Kuro al encontrarse con el grupo de vecinos que la mayoría intentaba seguir el ritmo cuando trotaba por el vecindario.

— Kageyama y yo nos anotamos a un curso de carpintería —Sonrió Hinata levantando su mano como si fuera la escuela.

— Genial, que… creativo —Comento desviando su mirada hacía Mei que caminaba pero en realidad era para ocultar las ganas de reír que tenía.

— Hice un estante para los libros de cuento de los niños. Aunque se cayó la primera vez porque creí que con dos tornillos se sostendría —Río bajito el pelinaranja con una copa de vino en sus manos que se le fue retirada por su esposo.

— Iwa-chan y yo empezamos clases de kick boxing —Habló Oikawa de manera cantarina colgado del brazo musculoso de su pareja— De ese modo podré defender a mi esposito de cualquier amenaza o de quien intente sobrepasarse con él —Susurro lo último por lo bajo con una mala aura a su alrededor al recordar malas experiencias de atrevidos y atrevidas.

— Para mí es una buena oportunidad de golpear a tu pareja en un ambiente controlado donde hay atención médica y es normal —Alzo sus hombros sin culpa Iwaizumi antes de tomar un sorbo de su copa y hacer oídos sordos a las quejas de Oikawa que chistaba a los demás que se reían.

— Kuroo —Una voz detrás del pelinegro le hizo voltear y encontrarse con Ukai.

— Hola Doc —Saludo con una pequeña sonrisa que era más una mueca.

Ambos extendieron sus manos que estrecharon unos segundos y separaron. Los vecinos se hicieron a un lado de ellos y fueron a por la comida que abundaba aunque miraban y mantenían algo cerca para escucharles.

— Es bueno que vinieras —Continuó amablemente el mayor con una copa en su mano izquierda.

— Si —La sonrisa seguía en labios de Kuro— Aunque técnicamente esta es mi casa aun así que es bueno que tú vinieras.

Algunas risas bajas logro escuchar con su agudo oído, provenientes de los demás que picoteaban en las mesas pero disimulaban muy bien.

— Puede parecerte extraño y raro —No sabía si el doctor había escuchado las risas y si lo hizo, las ignoro muy bien.

— No es para nada extraño —Le cortó al pelinegro antes de darle un sorbo a su copa.

— Si lo es, ¡auch, Iwa-chan! —Se quejó Oikawa que habló un poco alto pero fue regañado por un pinchazo en su mano con el tenedor que sostenía su esposo.

— Calla, estamos aquí para disfrutar de la reunión —Habló Iwaizumi dándose vuelta y mirando a Kuro antes de comer lo que puso en su plato— Podría considerarse como una despedida.

— Sí, seguramente no habrá más reuniones como esta todos juntos —Susurro Hinata con la cabeza gacha y mirada triste-

— Esperen, no entiendo nada —Les frenó Kuro mirando a los que le rodeaban, uno por uno— ¿De qué me estoy perdiendo?

Las miradas de desconcierto que le dieron, no le agrado.

En la cocina Tsukishima vio venir a Kuro que ingreso a la cocina, dando un pequeño portazo a la gran puerta de vidrio que con suerte no se rompió.

— ¿Cómo es eso de que venderás la casa? —Le pregunto con el ceño fruncido y notablemente molesto— ¿Porque no me contaste nada de esto Tsukki?

— Iba a decírtelo luego de ver Suga —Le respondió mientras movía las fuertes con comida a otra mesa para dejar libre el desayunador que llenaría con más.

En ningún momento miro a los ojos a Kuro, queriendo mantener su tranquilidad que estaba tambaleante desde que llegó el mayor. Se enteraría tarde o temprano.

— Es una casa muy grande Kuro, mantenerla es muy difícil —Hablaba para distraerse como también moviéndose en la cocina siendo seguido por el otro.

—Tsukki yo pongo de mi parte en esta casa...

— Lo se Kuro —Se volteo para mirarle un segundo y apartar la mirada— Pero no es suficiente.

— Debiste hablar conmigo sobre esto, todo el vecindario lo sabe antes que yo.

— ¿Hablas de hablarlo como tú también lo hiciste conmigo sobre irte a trabajar a Tokio? —Le devolvió sarcástico rodando los ojos de espalda al pelinegro.

— No vas a vender la casa, no puedes.

— Claro que puedo y lo haré —Su voz como la de Kuro comenzaba ligeramente, poco a poco a aumentar de volumen en la cocina.

— Ellos querían que la criáramos aquí, en su casa —Respondió siguiendo a Tsukishima que iba de un lado a otro cargando comida de mesa en mesa. Le estaba comenzando a exasperar.

— Corrección Kuro, ellos querían que nosotros la criáramos juntos pero tu huiste al ser consciente de tus obligaciones —Le apunto con el dedo un instante, también comenzaba a crisparle los nervios.

— Y tú no tardaste en encontrar un sustituto que cargará la pañalera de Mei —Apoyo sus manos sobre la mesa, mirando fijamente al menor del otro lado.

— No intentes hacerme sentir mal Kuro porque no funcionara —Le contesto frunciendo su ceño, mostrando su mal humor mientras servía la comida a un nuevo tazón con fuerza.

— Siempre quisiste hacer todo tu solo, a tu manera pero de todos modos no lo hubieras logrado sin mí, sin mi ayuda en muchas cosas —Le recalcaba y ya tenía en mente algunas cosas que podría echarle en cara.

— Apenas me fui ya tuviste un Kuroo de reemplazo.

— ¡No le digas así! —Le grito defendiendo a Ukai.

Fuera de la cocina, en el salón donde todos comían se podía escuchar la discusión como si se estuviera llevando a cabo delante de todos ellos. Algunos comían incomodos, sin hablarse y temiendo que hacer algún ruido.

— Bueno, esta casa es genial para quienes tienen niños jeje. Se escucha todo...—Comentó Oikawa que fue silenciado por su esposo al ponerle un pan de leche en la boca.

— ¡Sabes que Kuro, Ukai no es nada parecido a ti! —Le grito estampando sus manos en la mesa, doliéndole apenas el impacto pero el enojo era más— Él es tierno, responsable y no huyo como tu ante la posibilidad de algo serio y real.

Le dolía lo que decía, ¿en qué momento todo cambio para querer ver todo eso en Kuro? Su voz comenzaba a fallarle, podía sentirlo aunque no se notará. Sus lentes no se empañaban por el vapor que pudiera salir de una olla, eran sus propios ojos pero no derramaría ni una sola lagrima.

— ¡Un día de la nada mi mejor amiga murió, al día siguiente tenía una casa, un bebe! Y... y yo —Su lengua se trabo e internamente se maldijo por tropezarse así.

— ¡Y tú que Kuro! —Le grito al hombre frente suyo que en tan poco tiempo y sin saber en qué momento había calado profundo en su corazón.

— ¡Tenía miedo! Bien, lo dije —Le contesto con el mismo tono fuerte-

— ¡¿Te piensas que yo tampoco estaba asustado?!

— ¡Por favor Tsukki! Esto te vino como anillo al dedo, es lo que siempre quisiste y se te dio fácilmente. Siempre quisiste la vida que ellos tenían —Le recalcaba lo que a kilómetros él vio en Kei que observaba a sus amigos de manera soñadora.

— ¡Pero no de este modo! —Una lágrima rápida se deslizo de su ojo delineando su pómulo y mejilla. La retiro con rapidez, disimulándolo con levantar sus manos de manera nerviosa.

— ¿Quién querría algo así al lado de un hombre que no le ama? —Hablo sofocado, teniendo esos segundos en que su voz falló, su mirada brillo demostrando las lágrimas que contenía y la tristeza que sentía en aquel momento.

— ¡Pero yo si te amaba! —Ambos abrieron sus ojos sorprendidos.

Tsukishima sintió que el aire dejo de entrar a sus pulmones, sus manos temblaban cerradas en puños sobre el frío mármol del desayunador. Sin poder creer las palabras que había escuchado, sin poder reaccionar, queriendo mantener los muros que había alzado y caían uno tras otro como domino.

— Tsukki -Su nombre salió en un débil susurro, como las siguientes palabras pero cargadas de verdadero sentimiento— Aún te amo.

Sus pulmones habían dejado de recibir aire y sus ojos no parpadearon. Miraba fijamente a Kuro, incrédulo ante sus palabras, aquellas que creía que nunca pronunciaría, que no eran verdaderas, que no creería que pudiera sentirlas aquel hombre hacía él.

Toda la casa quedo en silencio, aunque ellos se habían olvidado ya completamente de los vecinos y Ukai que estaban en el salón y escucharon todo. No le importaba, a Kuro no le importaba que supieran sus sentimientos hacía Tsukishima.

El rubio simplemente logro respirar profundo, recuperar el aire, el poder moverse y parpadear para que las lágrimas no sigan acumulándose para caer.

— Tienes razón...—Susurro tomando un recipiente sucio que llevo al fregadero detrás suyo, aprovechado para pasar su mano por debajo de sus lentes y retirar el exceso de agua de sus ojos— Estábamos fingiendo ser como ellos, tú lo dijiste…

Kuro suspiro sin poder creer las palabras que escuchaba. Se limitó a posar sus codos en el desayunador y hundir sus manos bajo su cabello, negando con la cabeza.

— Fingimos, nos necesitábamos para afrontar esto, pero ya nos más. Se terminó Kuro, no necesitamos fingir más —Tsukishima se observaba por la pequeña ventana que daba al jardín su rostro, conteniendo las lágrimas que volvían a surgir.

— No quiero que sigamos peleando, hagamos esto por Mei —Finalizo el rubio antes de comenzar a respirar profundamente, inhalando y exhalando para que su voz no fallará más.

— Volveré a Tokio —Dijo repentinamente Kuro mientras se enderezaba, viendo fijamente la espalda del rubio- Habla con Sugawara, parece que tienes todo bajo control sin mí.

Estaba enojado, muy molesto, pero también triste. Le habían ocultado algo importante, no le habían preguntado, siquiera informado nada de nada. Todo había ido de mal en peor.

Al salir de la cocina, pasando por el salón vio a todos los vecinos invitados en silencio mirando sus platos, sin siquiera querer decir algo. Carraspeo para llamar su atención, ya no era necesario ocultar nada, lo habían escuchado todo.

— Un gusto haberlos conocido a todos. Si van a Tokio, no teman en buscarme —Soltó una vaga sonrisa mientras buscaba a alguien con la mirada.

En silencio le observaron cómo caminaba hasta Mei que estaba entre otros niños de los vecinos. Con cuidado la alzo, pero la pequeña sentía, sabía que se iría y no dudo en comenzar a llorar mientras se aferraba a su camisa en lo que intentaba consolarla. No quería irse y dejarla de aquel modo, no sabía cuándo sería la próxima vez que la vería.

La meció con suavidad a la par que suavemente chispaba y daba palmadas en la espalda para calmarla. Besó su frente con cariño, cerrando sus ojos mientras mantenía aquel pequeño contacto, respirando aquel aroma a bebe al cual se había acostumbrado y encariñado demasiado.

Oikawa como algunos más contenían las lágrimas ante tal escena que no era para nada conmovedora ni emocionante. Era triste, más al ver como la niña volvía a llorar con más fuerza cuando Kuro la dejo entre las almohadas donde estaba y se retiraba con rapidez porque sabía que la niña le seguiría hasta la puerta.

El minuto de silencio aquel fue corto. Tsukishima ingreso con una fuente grande donde un olor espectacular te llevaba a respirar profundo y saborearlo de aquel modo, pero el ambiente ya había perdido su pintoresco humor.

— Gracias por venir, ya está todo en la mesa. El pollo esta delicioso, la ensalada y papas como acompañamiento pueden condimentarla a su gusto —Decía sonriendo levemente frotando sus manos entre si un poco.

No miraba a nadie en concreto ni un punto fijo. Todos se mantenían en silencio y le observaban con pena y tristeza. Ya no quería seguir siendo observado de aquella manera.

— Coman, ahora —Dijo apretando los dientes.

Los murmullos llenaron de nuevo la sala mientras todos se movían a la mesa en el centro repleta de comida, llenando sus platos, pero nadie podía comer con verdadero apetito como antes.

Ukai estaba entre ellos y solo se mantuvo quieto y en silencio. Tsukishima le observaba y solo un segundo duro su contacto visual antes de verle salir de la sala hasta el patio donde prendió un cigarrillo.

Todo se había derrumbado en un instante.

— Muchas gracias por venir —Se despedía el rubio ya cuando se hizo de noche.

Uno a uno las familias iban retirándose sonrientes, pero no con verdadero sentimiento. El sabor amargo en sus bocas estaba. Tsukishima había logrado sacarlo adelante todo lo que pudo, con el esfuerzo que logró sacar de si para poder que todo salga bien y no derrumbarse al escuchar aquellas palabras que dijo Kuro y resonaban en su cabeza.

Mei ya había sido acostada luego de una larga tarde entretenida con los demás niños, aislada del mal ambiente ni ser consciente de lo que pasaba.

La puerta fue cerrada de nuevo, pero por última vez, siendo los últimos vecinos que se retiraban a sus respectivas casas.

Suspirando pesadamente apoyaba su frente en la fría madera de la puerta. Ya había terminado todo. O eso creía mientras iba al salón donde sentado en el apoya brazos de un sofa Ukai le esperaba en silencio.

— Ya sé que estás pensando…—Dijo el rubio haciendo una leve sonrisa que fue más una mueca.

El doctor dejo de jugar con el paquete de cigarrillos en sus manos, enderezándose mientras lo guardaba en el bolsillo de su pantalón.

— Creo que debimos esperar —Decía acercándose al rubio— Tienes sentimientos encontrados hacía él…

— No, con Kuro apenas nos entendíamos en las mejores circunstancias que eran pocas —Negaba con la cabeza estando cruzado de brazos.

—Escucha…—Le interrumpió posando sus manos en sus hombros, bajando por sus brazos que acaricio sutilmente como si le diera calor— Si mi ex esposo y yo nos peleáramos de ese modo, seguiríamos casados.

Tsukishima rehuyó la mirada del doctor, mordiéndose el labio, frustrado por la situación. Sus ojos de nuevo ardían, debían estar poniéndose levemente rojos por las lágrimas que de nuevo contenía como el nudo en su garganta que comenzaba a asfixiarle si no hablaba.

Relamiendo sus labios volvió sus irises ámbares a los contrarios que le miraban de manera amable, sin juzgarle, sin reclamarle nada.

— Antes de que Yamaguchi y Yachi se fueran, tú eras el hombre con el que quería estar el resto de mi vida —Le confesaba sintiéndose mal por sus palabras, demostrándolo con una pequeña lagrima que se deslizo pero fue retirada con cariño por Ukai.

— Imaginaba todo una vida juntos sin siquiera saber tu nombre —Se le escapo una pequeña sonrisa que fue correspondida.

— Los voy a extrañar…—Susurro Ukai antes de besar la frente contraria.

Tsukishima suspiro pesadamente ante aquellas palabras, cerrando sus ojos al sentir aquel contacto en su piel. En un segundo desapareció y lo vio junto al marco de la puerta, mirándole, siendo una silenciosa despedida. Ukai quería y como él, también ya había imaginado una vida donde Mei también estaba incluida.

Cuando la puerta se cerró, se deslizo por la pared hasta quedar sentado, pasando las palmas de sus manos por sus ojos luego de quitarse los lentes. Dolía, por supuesto que dolía. Lo había amado, incluso sin conocerlo, sin saber nada de él, había captado su atención y parte de él, pero Kuro, ese hombre que, a pesar de tener millones de imperfecciones, le robo su corazón.

Con el llanto repentino de Mei, no pudo seguir en sus lamentos, divagaciones y pensamientos. La niña le necesitaba y él estaba completamente para ella. Respirando hondo se levantó y fue rápido al baño para lavarse la cara, despabilarse y poder ir al cuarto del bebe que se tranquilo al alzarla.

No estaba con verdadero ánimo para cantarle, aunque tenerla en brazos era un alivio, un sedante para muchas malas emociones. Ese poder tenía ella en él.

La llevo a su cuarto donde acomodo las almohadas, esa noche dormiría con él. Con las luces de los veladores, podía ver bien aquel libro grande y colorido que dejo sobre el acolchado, siendo al instante tomado por la niña que lo abrió y sonrió por los dibujos que había.

— ¿Quieres que te lo lea? —Le pregunto. Con conectar miradas, sabía que era una respuesta afirmativa.

Con voz suave y lenta comenzó a narrarle el cuento corto y con muchas bellas ilustraciones. Era la caperucita roja, no imitaba todas las escenas, pero con un poco de cambio en su voz, le daba alegría y cierto misterio, como también alarma cuando apareció el lobo.

— El lobo mandó a Caperucita por el camino más largo y llegó antes que ella a casa de la abuelita. De modo que se hizo pasar por la pequeña y llamó a la puerta. Aunque lo que no sabía es que un cazador lo había visto llegar —Leía y narraba a la par.

Cuando levantaba su dedo de la hoja, Mei que ya quería deslizarla a un lado, lo hacía y esperaba a que Tsukishima levantará de nuevo el dedo para ver la siguiente página mientras le escuchaba.

— ¿Quién es?, contesto la abuelita. Soy yo, Caperucita, dijo el lobo —Levanto su dedo de nuevo y la pagina fue pasada por Mei— Que bien hija mía. Pasa, pasa…

Mamá.

Sus ojos dorados al instante viajaron a los de la niña con largas pestañas curvadas, idénticos a los de su verdadera madre. Mirándola fijamente como lo hacía, pudo ver que pequeñas pintitas había en sus mejillas, como las que tenía su padre.

— No…—Susurro tranquilamente negando con la cabeza— Kei, soy Kei.

Mamá.

Su sonrisa, su pequeña risa al repetir la palabra, genero emocionas raras y nuevas en él. Buenas, hermosas, que le encantaron. Fueron segundos en los que le hicieron sentir mal, que sentía que estaba teniendo, robando cosas que no le pertenecían, que no tenía ese derecho.

Ahora, era a él a quien tenía. Ya no volverían, por mucho tiempo tardo en darse cuenta de ello, de ser consciente que no sucedería por muchas veces que cerrara con fuerza los ojos, pidiera al cielo, a las estrellas, a la luna, al mundo entero, no volverían. Ya lo había asimilado.

Aquella bebe dependía de él y le daría todo de sí mismo para hacerla feliz. Ahora ella, era suya, la cuidaría y amaría por siempre, porque eso era lo que sus padres hubieran querido. Y lo haría sin necesidad de que lo pidieran, porque la amó desde el primero momento en que la vio, ella también había robado una parte de su corazón.

— Si mi niña, soy tu mamá…