Estoy editando esto... otra vez.

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Las gotas de lluvia taladran techo y paredes, además de mis oídos, claro.

Abro los ojos y, aunque la lagaña me hiera al parpadear, no me molesto en refregarlos. Pongo los pies en el frío suelo y me dirijo hacia el baño.

Otra vez la misma rutina.

Abro la ducha en caliente, salgo del baño y me preparo una vestimenta adecuada para un día libre. Vuelvo al baño y me ducho, al terminar me envuelvo en una toalla, me acerco al espejo y cepillo mi cabello.

Salgo del baño y me visto, al pasar por el clóset, abro la puerta derecha, donde se encuentra un calendario, el cual comencé este mes; enero, y tacho el día correspondiente a hoy.

Suspiro.

–Faltan dieciséis horas.

Me encamino hacia la cocina. El desayuno debería estar listo.

Al llegar veo a Deidara sentado en el sillón. Él gira la cabeza y sonríe al verme.

–¡Buenos días, menstruacionsita!

–Buenos días, y no me llames así.

–No te me enojes, cabeza de menstruación.

Ruedo los ojos.

–Cierra la boca, Barbie. ¿Ya está listo el desayuno? Tengo apuro.

–En quince minutos–Avisó Itachi, asomando la cabeza por la puerta.–Avisen a los demás y siéntense en la mesa.

–Va– dije, y miré a Deidara–. Te toca.

–¡¿Qué?! ¡Estás muy equivocada! Yo fui la última vez y aún tengo secuelas postraumáticas.

–Bien, pero tu irás la próxima.

–De acuerdo–dijo, y sonrió como si nada.

Hmph, idiota inservible.

Y así, lentamente me dirigí hacia la habitación que Nagato y Konan comparten.

Las últimas veces que vine a despertalos estaban follando, y yo no quiero oír a las personas follar.

No estoy ni a dos metros de su puerta y ya escucho los gemidos.

Me cago en mi perra suerte y en mi puta vida.

Voy a tener que interrumpirlos. Me aclaro la garganta. Debo ser fuerte, debo ser valiente. Debo hacerlo.

Aquí voy.

Golpeo la puerta. No hay respuesta. Insisto y vuelvo a golpear.

–¡¿Quién rayos se atreve a, siquiera acercarse a mi habitación?!

Mierda.

Trago en seco.

–Konan, soy Oyuky.

–Qué extraño. Tú nunca te acercas a nuestra habitación.

–Lo sé. Solo quería avisarles qué el desayuno está servido.

–Oh, de acuerdo, enseguida vamos. Gracias.

No contesto, sólo doy media vuelta y me dirijo a la habitación de Hidan.

Golpeo la puerta.

–Hidan, ¿Estás haciendo tus rituales raritos imaginando que eres un alfiletero? Porque no me importa, el desayuno ya está listo.

–¡No soy un alfiletero, mierda!

–¡Pues no actúes como uno entonces! Anda, a desayunar. Oye, ¿Y Kakuzu?

–Y yo que voy a saber, ¿Acaso tengo cara de niñera o qué rayos?

–Con la cara de idiota te basta y sobra.

–Perra.

–Iletrado.

–Zorra.

–Con orgullo. Pero no creo que un imbécil pueda decir lo que es estando orgulloso de ello. Ve a la mesa de una maldita vez que el desayuno ya está.

–Hmph.–Se da la vuelta y comienza a caminar hacia el comedor.

Después de eso me encaminé hacia el comedor. Allí me encontré a los demás, a los que seguramente Deidara había despertado.

Me senté y comencé a degustar los platillos qué Itachi preparó muy profesionalmente. Unos instantes después Nagato y Konan llegaron, tomaron asiento y... el idiota de Hidan abrió su bocota.

–¿Van a desayunar? Supongo que se lavaron las manos después de tener sexo duro ¿Cierto?

Todos fijamos la mirada en él. Mierda, Hidan, ¿Acaso no puedes mantener tu boca cerrada?

–Mañana ya es el día–dije rápidamente.

–¿De qué jodido día hablas?–preguntó Hidan, Deidara le da un codazo y dice...

–Estábamos al tanto de eso. ¿Cómo te sientes?

–¿Cómo debería sentirme?

–Pues, no lo sé. ¿Triste, nostálgica, melancólica tal vez?

–Yo tenía cuatro años, prácticamente ni los recuerdo–me apresuré a terminar de desayunar antes de que sigan hablando. Me pongo de pie–. Bien, ya terminé. Me prepararé algo de ropa, un poco de café y me iré.

–¿Ahora?

-No. Iré despacio y tranquila–contesté, mirando el reloj en la pared–. Aunque, aún es temprano.

–Y ¿Llevarás algo? Digo, una flor o... algo–dice Konan.

–Tal vez.

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–¿Sabes qué hora es?–preguntó Konan mientras terminaba de servirme café. Discretamente le echo una ojeada al reloj de pared.

–Sí, y solo tengo cinco horas antes de la media noche.

–Ten cuidado.

Me coloco un bolso cruzándome el torso y me recojo el cabello con una cinta negra.

–Volveré en la mañana–dije, cerrando la puerta detrás de mí.

El frío me golpeó. Y puede sonar raro pero, me gusta el frio... yo no lo siento, no como los demás.

Comencé a deslizarme por el bosque en dirección a Konoha.

El lugar que me quitó todo. El lugar que me convirtió en lo que aún intento negarme a mí misma. El lugar que me convirtió en un monstruo, uno incontrolable.

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Y ya estoy aquí. Faltan tres minutos para la media noche. Llegué justo a tiempo.

Ahora me encuentro en medio del bosque, frente a una enorme lápida pulida.

Una tumba sin un cuerpo bajo tierra.

–Debería hablar, ¿cierto?

Lo intentaré.

–No nos abandonaste. Yo te maté. Sé que, tal vez no lo demuestre y ni siquiera lo piense, pero yo te extraño. Bueno, digo... eso es normal. Aunque, ¿cuánto tiempo hemos convivido? ¿Cuatro años? Posiblemente menos, pero da lo mismo, ya estás muerto.

¿Qué se le puede hacer?

Absolutamente nada.

~23:58~

–Tu muerte me lastimó mucho. La de ella no me importa, ella no me importaba, pero tú... como sea. No me arrepiento, si tuviera la oportunidad de cambiar algo del pasado, simplemente no lo haría. Porque todos los sucesos que ocurrieron a lo largo de mi vida me hicieron lo que ahora soy. Y, aunque no estoy estoy orgullosa de mí misma, así soy.

~23:59~

–Aunque, si en este momento pudiera verte; si tan solo estuvieras con vida, tal vez podría decírtelo en persona y no tener que estar hablándole a una piedra con tu nombre grabado. Pero no lo estás. Así que...

~00:00~

Me puse de cuclillas y coloqué una flor amarilla, la cual recogí en el camino, sobre la piedra.

–Feliz cumpleaños, papá.

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Ya deben ser cerca de las cuatro de la mañana. La nieve sigue cayendo. Limpia y Pura, todo lo contrario a mí.

Ya estoy cerca de la guarida. Acelero el paso y suspiro. Al fin en casa.

Abro la puerta procurando no hacer ruido. No quiero despertar a nadie. Me volteo, adentrándome en el lugar, doy un paso al frente y...

–¡Feliz Cumpleaños, Yu!