Recuerdos.
Feryx.
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–¡Feliz Cumpleaños, Yu!–Un grito en conjunto resonó en mis oídos.
– ¿Qué carajos con esto? –pregunté, incrédula. Levanto la vista hacia el reloj y...–No jodan, ¡Son las cuatro y media de la mañana!
–¿Y qué con eso? Es tu cumpleaños, perra desagradecida.
–Ya, pero ¿y esos gorritos de cartón puntiagudos sobre sus cabezas?
–Son... gorritos de cumpleaños.
–Eso lo sé, Deidara. Mi incógnita es por qué rayos ustedes los están usando.
–¡Todo fue idea de Konan! ¡Ella cree que tienes nueve años otra vez!
–¡Estás muerto, Kisame!–Deidara y Hidan comenzaron a reír.
–Nueve años otra vez...–Repetí, ignorando todo el bullicio a mi alrededor.
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–Yu, despierta.
–¿Hmm? ¿Qué ocurre? ¿Y esos gorritos de fiesta?
–Anda, Oyuky, levántate... tenemos una sorpresa.
¿Una sorpresa? ¿Para mí?
–¿Una sorpresa?–Me levanté de la cama y me refregué los ojos. Fuimos a la sala. Y no podía creerlo.
–¡Feliz Cumplea...! ¿Por qué lloras?
–Yo... no lo sé, estoy feliz. Gracias.–Sonreí. Una sonrisa enorme, sincera y llena de felicidad, mientras me dirigía hacia el pastel que estaba sobre la mesa.
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Estúpidos recuerdos bonitos de mi infancia.
–¡Oyuky!
–¡¿Qué rayos te pasa, Hidan, por qué mierda me gritas?!
-¡Porque no me contestas cuando te hablo, maldita sea!
-Hmph.
-Deja esa mierda, ¡Quiero pastel!
-¿Pastel?
-De fresa.
-Hagamos esto rápido que son las cuatro y media de la madrugada, y tengo sueño.
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-Bueno, el pastel estuvo delicioso. Ya me voy a dormir.
-Espera.
-Líder, ¿Qué ocurre?
-Tienes una misión.
-Bien. Ya me voy a...
-En Konoha.
-Acabo de volver de ahí.–Digo antes de que siga hablando.–¿No la puede hacer otro? No sé, ¿Itachi?
-No me mires a mí.
-De hecho, te necesito a ti. Y estoy muy seguro de que disfrutarás esta misión.
–De acuerdo. ¿A qué hora?
-Deberás estar allí a las cuatro.
–¿Alguna especificación?–Él niega con la cabeza.–Bien. Dormiré unas horas y comenzaré a prepararme. Que descansen, chicos.
-¡Que descanses!-Gritan al unísono cuando ya estoy camino a mi habitación.
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–¡Oye, mocosa!–Levanté la vista.
Era ese hombre. De nuevo. Por lo menos hoy está solo.
–¿Ya estás lista?
–Púdrete.–Se acerco a mí. Y sonriendo de medio lado, susurró en mi oído.
–Yo sólo hago mí trabajo; y mi trabajo es violarte. Me pagan por hacerlo, ¿Sabes? Así que cállate y coopera.
–¿Y qué esperas? Ya abrí las piernas. Hazlo deprisa.
–Que rápido entiendes. Por eso eres mi favorita.–Pone una de sus manos en mi rostro y con la otra me tira del cabello .
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Abro los ojos. Agitada. Mi corazón palpita demasiado rápido. Como si fuera a salirseme del pecho.
Otra pesadilla. Recuerdo, mejor dicho.
–¡Oyuky y un carajo, levántate! ¡Ya son las dos!
-¡Ya voy! ¡Mierda, Deidara, eres insufrible!
–¡Pero me amas!
–¡El culo de Hidan te ama!–Contraataco.
–¡Deja mi culo en paz, perra!
-¡Ya callensé, ustedes tres son una maldición!
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Salgo del baño luego de ducharme y veo a Hidan leyendo una revista.–Oye, estúpido, ¿Qué lees?
–Nada en especial.
–¡Está leyendo una de sus revistas con mujeres desnudas!–Escucho a Deidara gritar desde la cocima.
–¡Cállate, malnacido hijo de puta!
–Deja la mierda y haz algo productivo, tarado cabeza de cebolla.
-Sí, claro. Y tú deja de masturbarte a las tres de la mañana, cabeza de menstruación. Te escucho desde mi habitación.
–¡Yo también te escucho, Yu!
–Jódanse todos. Ya me voy.
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Llego a la adea y aprovechando que no hay personas cerca; me siento en la barandilla, una de esas que impiden que alguien caiga al río, para descamsar los ojos unos segundos. De pronto siento un chakra desconocido cerca. Demasiado cerca.
–¡¿Quién eres y qué haces en Konoha?!
Abro los ojos y volteo rápidamente. Este chico es un Hyûga.
–Responde.
Me acerco a él dando pasos cortos. Noto como le tiemblan las piernas y sonrío de medio lado. –Lo siento, no hablo con mocosos. –Me agacho un poco para quedar a su altura, y lo golpeo en el cuello. No lo maté, sólo estará inconciente un par de horas.
–¡Neji!–Una chica grita, está desesperada. Seguramente cree que lo asesiné.
–¡No lo toques TenTen, voy a revisarlo!–Una niña de cabello rosa de acerca al chico Hyûga y le toma el pulso. Da un gran suspiro y levanta el pulgar al notar que está vivo.
Ruedo los ojos.
–¡¿Quién eres?!–Un niño rubio grita.
Uzumaki Naruto.
Me acerco a él en menos de lo que tarda en parpadear. No me vio venir y cayó al suelo.
–¿Cómo te llamas, rubito?–Ya sé la respuesta, pero quiero estar segura. Quiero oírlo de él.
–¡Y-yo soy Naruto Uzumaki!
Antes de poder pensar siquiera, las palabras salen de mi boca con desagrado.–Tu nombre me da asco.–Saco una mano de mi capa y la acerco a él.
Algo se aproxima y lo esquivo, pero de todas formas lo siento rozar mi rostro. Es metálico.
Un kunai.
–Veo que ahora te metes con niños.
–Kakashi, al fin te dignas a aparecer.
–¿Que quieres. Oyuky?
–Destruír esta mierda de aldea. Pero aún no es momento para eso. Tengo cosas que hacer antes.
–No juegues conmigo.
–Yo juego con todo el mundo, no me pidas milagros.
–Lárgate.
–¿Qué? ¿Aún te niegas a matarme? ¿No pasaron años desde eso ya?
–No lo hago por respeto a tu padre, pero si tanto quieres que te mate no tengo opción.
Pego una risa amarga y doy un paso a la izquierda rápidamente. Una shuriken me hace un corte profundo en la mejilla pero inmediatamente comienzo a regenerarme.
Chasqueo la lengua.
–Llegas tarde, Guy.
–Imbéciles.
No, espera. Algo está mal conmigo. Me siento ligera, demasiado ligera. Centro la mirada en el suelo.
Rojo.
No es sangre. ¿Cabello? Mi cabello...
Mi cabeza duele.
Ya no podrás controlarme.
Mi cabello.
El cabello de mi Madre.
Este idiota se... se atrevió a cortar Mi cabello.
Yo... ¡Voy a matarlo!
¿Estás lista?
-Calla y hazlo-ordeno.
Siento cosquillear mi cuero cabelludo y me arde la piel... ya esta comenzando.
Comienzo a correr hacia su posición y veo el miedo en sus ojos, es un logro conseguir esa reacción de alguien como él.
-V-vas a pagar por esto... ¡Rasengan!
