Fui demasiado rápida para él y ahora yace inconsciente en el suelo, al menos doce metros alejado de mí.
Todo está en silencio. Naruto me mira con los ojos extremadamente abiertos, sin poder creer que haya realizado un rasengan. Kakashi acaba con la pequeña calma que se había formado.
–Vaya, hacía años que no veía el raigan en persona.
–No tengo tiempo para ti. Debo completar mi misión.
–¿Y de qué va tu misión, querida sobrina?
–Algo sencillo.
–Ya veo..., ¿Hay algo que pueda hacer para que te retires pacíficamente?
–No realmente. A menos que quieras morir, claro.
–No está en mis planes morir aún. Pero es mi trabajo intentar detenerte en lo que sea que hagas.
–Sabes que no eres nada contra mí, Kakashi.
–Lo sé y lo tengo asumido.
–¿Entonces?
–Ya lo dije. Es mi trabajo.
Me le acerco rápidamente pero él logra anticipar mi movimiento y se aleja.
–Te llevaré con Sasuke Uchiha si juras irte luego de verle.
–¿Por qué supones que he venido por Sasuke?
–Porque él es importante para ti, y la última vez que te apareciste en la aldea fue para hacerle compañía en su cumpleaños.
–Pero ustedes me echaron. Prefirieron dejarlo solo y sintiéndose aún más miserable.
–No es algo que nos enorgullezca, por lo tanto esta vez te permitiremos verlo unos minutos.
–Es una oferta tentadora. Lástima que en serio debo completar esta misión.
–Entonces me veré obligado a frenarte bajo toda circunstancia.
–Inténtalo.
.
.
.
Kakashi no significó ningún obstáculo para mí.
Me deshice de él rápidamente al dejarle inconsciente. Pude haber mutilado su cuerpo, el cual yacía en el suelo. Pude haberle arrojado al agua. Pude haberle matado, podría haberme ahorrado futuras molestias.
Pero no lo hice; porque todavía me importa.
Ahora debo concentrarme. Debo cumplir mi misión y asesinar al Tercer Hokage.
Entro a la torre, sin molestarme por ser sigilosa, abro la puerta estruendosamente y camino a paso lento por todo el lugar, subo las escaleras y entro a la oficina del Hokage.
Al verme, él adopta una postura de batalla y yo le sonrío para inmediatamente atrapar sus extremidades entre mis cadenas de chakra.
Y, en este momento las mantengo en tensión contra su piel. Hiriéndola. Rodeando su cuello,muñecas y tobillos. Separándolos de su cuerpo todo lo que se puede y más. Viendo cómo sus extremidades se vuelven rojizas y posteriormente azules y amoratadas. Teniendo el placer de observar cómo se le escapa la vida y ruega misericordia con la mirada.
–S-Suéltame.
–Lo siento, Tercero... bueno, en realidad no. Esto es muy divertido y satisfactorio para mí. Por cierto, ¿algo que decir antes de que acabe con su agonía?
–Vete al... infierno.
–Oh, ojalá pudiera.
Y su cabeza rodó. Vi su vida perderse. Otra vida tomada y desechada.
No podría estar más orgullosa de mí.
Finalmente dejo caer su cuerpo y deshago mis cadenas.
Odio usarlas, pero me facilitan el trabajo.
Cuando salgo de la oficina y noto que además de jounin's hay incluso algunos miembros del escuadrón ANBU posicionados para atacarme.
–Aw, me hacen sentir especial–agrego, con una de mis manos sobre mi pecho.
En el siguiente segundo, los shinobis se lanzan contra mí y sólo me basta con extender el diámetro de mi barrera de chakra para que todos acaben atravesando las paredes.
Salgo del edificio caminando como si nada y paso por un parque vacío, en el cual aumento la velocidad de mis pasos.
–¡Te lo digo, Sasuke! ¡Esa loca hizo el rasengan!
Me detengo inmediatamente al escuchar su nombre y me doy la vuelta, buscándole con la mirada.
–Deja de gritar y vete, Naruto. Estoy entrenando–mi cuerpo se paraliza al oír su voz, pero rápidamente comienzo a correr en la dirección de la que proviene.
En un abrir y cerrar de ojos estoy allí. Inmóvil. Lo observo, sin despegar mis ojos de su rostro.
–¡Pero, ¿siquiera me estás oyendo? Una desconocida realizó el ra-sen-gan! Bueno... el suyo era diferente.
–¿A qué te refieres?
Ha crecido muy rápido.
–Es que era de un color muy oscuro. Como negro o algo así. ¡Y lanzaba rayos! ¡¿Me oyes?! ¡RA-YOS!
–Así que negro...
–¡Y lanzaba rayos!
¿Me recordará?
–Nadie tiene chakra negro, idiota. Vete a molestar a alguien más con tus estupideces.
No me recuerda.
Siento mis ojos arder y el cuerpo me tiembla. Sin embargo, echo a correr. Intento forzar la respiración pero sólo logro comenzar a toser.
No sabe de mí.
Mierda. Los recuerdos me persiguen.
Mis piernas duelen e inevitablemente me fallan. Y caigo.
Cierro los ojos y junto mis brazos para abrazarme a mí misma, pero me arrepiento en el proceso y revuelvo en uno de los bolsillos de mi porta shuriken hasta encontrar lo que buscaba.
Un kunai.
Lo aprieto con un poco de fuerza antes de sacarlo. Sé que es inútil. No importa cuántas veces lo haga; mi piel siempre sanará.
Siempre me veré tan bien como aparento estar.
Jamás quedará una cicatriz más allá de la emocional.
Jamás podré verme tan destruida como en realidad estoy.
Subo la manga de mi capa y posiciono el kunai sobre la piel de mi muñeca. Su filo me tranquiliza, siempre lo ha hecho. Estoy a punto de realizar el primer corte cuando unos brazos me rodean y aprietan mi cuerpo con tanta fuerza que me provoca soltar el kunai.
Levanto la cabeza al notar que me mira fijamente. Lo veo a los ojos y él sonríe.
Sus ojos son grises y... familiares.
Comienza a realizar sellos a una increíble velocidad. Y llevo mi mirada a su sonrisa.
Y no sé por qué me duele el pecho, y las lágrimas comienzan a caer sin control alguno.
Y me surge una duda.
–¿Tú quién rayos eres?
–Tu salvación, preciosa.
Y todo se vuelve oscuro.
Y por primera vez en mucho tiempo, me siento a salvo.
