Siento que el sueño me invade y comienzo a flotar entre una especie de nube densa, oscura y amoratada. A pesar de todo cierro los ojos, dejándome llevar.

Y de pronto me encuentro sola, sumergida en una oscuridad desconocida. No siento dolor, ni miedo, ni angustia.

Simplemente no siento nada.

Y cuando abro los ojos; lo veo a él, sentado en el suelo y mirando a un punto fijo. Es guapo. Cabello totalmente negro y ojos grises, es notablemente más alto que yo -unos veinte centímetros, quizá más-, y aunque parece ser de contextura delgada se le notan los músculos marcados a través de la ropa. No me vuelvo consciente de lo que hay a mi alrededor hasta que desvío la mirada hacia las rocas que tengo a un lado.

Estoy en una cueva.

Cierro los ojos nuevamente, buscando adentrarme en esa oscuridad otra vez.
Pero una voz me distrae de mi ensoñación.

–Me agradeces luego, lindura.

–No vuelvas a decirme así.

–Oh. Es arisca la niña.

–Voy a matarte.

–Oye, tranquila. ¿Me preocupo por ti y así me pagas? Desagradecida.

–¿Dónde está mi armamento?

–¿Qué, te sienta mal verte indefensa ante mí?

–Eres un idiota. Y tranquilo; puedo matarte sin levantarme de aquí.

Él no contesta, solo me mira fijamente.

Quedamos en silencio unos minutos.

Y sí, es intimidante. Hasta que se digna a hablar.

–¿Realmente no me recuerdas, verdad?–Dice, serio.

–No.

–Tú eres Oyuky, de eso estoy seguro.

–Pues yo no sé quién eres. Ya déjame en paz.

Me levanto de suelo dispuesta a irme, pero al intentar cruzar la entrada de la cueva, una oscura manta de chakra me detiene.

–He colocado una barrera. No te irás hasta que te acuerdes de mí.

–Definitivamente voy a matarte.

Suelta una risita y sonríe de medio lado, cruzándose de brazos.

–Lamento informarte que soy inmortal, lindura.

.

–¿De dónde me conoces?

–Hurga un poco en tus recuerdos y lo sabrás.

–¡Ese es el problema, maldita sea! ¡No quiero socavar en mis recuerdos!

–Pues nos quedaremos en esta cueva un largo rato.

Me refriego fuertemente la cara con las manos y suspiro.
–Se me está acabando la paciencia.

–Qué bueno, porque a mí también, Kyky.

–¿Cómo me llamaste?

Sonrió y sus ojos se tornaron brillosos.
–Kyky.

De pronto, cientos de recuerdos se amontonan en mi cabeza. Recuerdos que creía haber abandonado se aclaran en mi mente.

–¿Avan?

–¡Hasta que me recuerdas!

–Hijo de perra. Pudiste habérmelo dicho y nos ahorrábamos la hora y media que estuvimos aquí encerrados como dos idiotas.

–Nah, eso le quitaba diversión al reencuentro.

–Eres un estúpido.

–¿No vas a abrazarme?

Y no sé por qué, pero lo hice.

Lo abracé. Lo estreché entre mis brazos lo más fuerte que pude. Él hizo lo mismo. Y, por un momento…

Me sentí verdaderamente bien.

Verdaderamente a salvo.

–Anda. Larguémonos de aquí. Te invito un café.

–Prefiero alcohol.

.

Y así terminamos en un barrio de pésima reputación, sentados en un bar de pésima reputación y rodeados de gente con una pésima reputación.

–¿Cómo está tu hermana?

–Jodiendo, dice que quiere dejar de ser virgen.

–Vaya.

–Quiero evitar que haga estupideces. Como drogarse, escaparse o embarazarse. Aunque está muy pequeña para eso último.

–Eres un buen hermano… creo.

–Como sea. ¿Y el tuyo, qué tal está?

–No lo sé. Como siempre, supongo.

Creo que notó que no quiero hablar del tema, porque se hizo el silencio por un rato. Hasta que decidí hablar:

–Quieres preguntar por qué estaba en Konoha, ¿Verdad?–. Lo veo asentir con exageración–. Fui a ver a Sasuke. Bueno, no. Fui a asesinar al Hokage, pero terminé viendo a Sasuke.

–Con razón tan depresiva.

–Lo extraño.

–Tranquila, no se nota–dijo, sarcástico. Ruedo los ojos–. Abandonemos este bar de cuarta. Vayamos a mi casa, está cerca de aquí. Y Adara seguro se alegrará de conocerte.

–Andando.

.

– ¡Kyky! ¡Es un placer conocerte, mi hermano siempre me habla de ti! ¡Eres preciosa! –Adara, cabello castaño claro y ojos color ámbar. Creo que tiene como ocho años, es bastante más baja que yo. Debe medir un metro cincuenta a lo mucho

–Adara. No grites y suéltame. Me dejarás sorda y me romperás las costillas.

–Lo siento–Dice con una voz casi imperceptible para el oído humano.

–Pero no tienes que susurrar–Agrega Avan, frotándose las sienes.

–Lo siento…

–Deja de disculparte por todo y quítate de la puerta. Kyky, entra. –Ella sonríe y se hace a un lado, permitiéndonos el paso. Entré a la casa y Avan me siguió, cerrando la puerta detrás de sí.

Es una casa muy bonita. Aunque algo vieja, se nota que viven aquí desde hace varios años.

Está muy limpia y ordenada, parece un hotel.

–Lamento el desorden. No tuve tiempo de acomodar algunas cosas antes de que llegaran. No sabía que habría visitas…

–¿De qué desorden hablas? Deberías ver donde vivo. Parece chiquero. El único que limpiaba era Itachi, pero desde hace unos días no se encuentra muy bien…

–¿Dónde vives? ¿Quién es Itachi, tu novio?

–Vivo en una cueva. Y no, Itachi es mi amigo. Es el más normal de todos.

–¿Cuántos amigos tienes? ¿Son guapos?

Avan frunce el ceño.–Adara.

–Lo sé, lo sé. Soy muy pequeña para fijarme en chicos.

Sinceramente, la situación me da ternura. A mí me habría gustado que alguien se portara así conmigo. Me hubiera gustado que alguien me protegiera, que alguien se preocupara por mí...

Dejo de pensar y respondo.
–Sí, son muy guapos, la verdad. Aunque un poco idiotas.

–Quisiera conoceros.

–Créeme, no quieres.

Lo dije tan en serio que probablemente se asustó. Tal vez ahora cree que son criminales.

No tiene idea de cuan cerca de la realidad apunta.

Estuvimos en silencio los siguientes segundos, Adara me ofreció un té, el cual acepté, y se fue a la cocina a prepararlo y traer unos bocadillos.

Decido romper el silencio y formular una de las preguntas que me asecha desde que olfateé a la niña.

–Ella no es tu hermana, ¿Verdad?

–La encontré en una caja de cartón cuando regresaba de una misión. Eso fue hace seis años.

–Lo supuse. No se parecen en nada, y… huelen distinto.

Intenta forzar una risa, luego carraspea y adopta una pose seria.–Sabía que lo notarias. En fin, no se lo digas. Ni tampoco menciones nada de… ya sabes. Kumogakure.

–No te preocupes. No voy a arruinar su vida de niña que supone ser normal.

–Gracias. Tengo que decirte algo más, es muy importante...–Hice un gesto con la cabeza para que continuara–. Ella es un demonio también, aunque supongo que ya lo habrás notado. Pero su sangre es casi pura. Es una mestiza. Alguno de sus padres era un demonio, o quizá un Hereje...

–¿Crees que es hija de alguno de nosotros?

–Estoy bastante seguro de eso, sí. ¿Tienes idea de quién? Rubio, ojos ámbar, mayor que nosotros...

-Ryder.

–Exacto. Por razones que desconozco, la abandonaron. Ella no sabe absolutamente nada porque cuando tenía cuatro años suprimí todo su poder, pero temo que dentro de poco el jutsu se rompa y pasen… cosas. No quiero que ocurra nada, porque bueno, ella es pequeña, nadie le enseñó a manejar su poder… si lo libera probablemente morirá.

–¿Y esto tiene algo que ver conmigo?

–Necesito que me ayudes a reforzar el jutsu que utilicé. Tú eres más fuerte que yo y mierda, que lo eres por mucho. Te necesito, no quiero perder a mi hermana. No puedo perderla.

–Cuenta conmigo–Respondo inmediatamente con tono neutral.

Amigo, lo siento pero...

Su sonrisa de alivio me estrujó el corazón.

–Kyky, eres la mejor.

Me aprovecharé de esto.