Capitulo 31

Alice entro de nuevo a la habitación como un rayo y al ver el desastre que había hecho con mi maquillaje se cruzó de brazos y negó con la cabeza.

-Si no fueras mi sobrina ya te habría asesinado, ¿acaso crees que es muy fácil maquillar? ¡Es un arte! - dijo exaltada mientras me llevaba a la silla de vuelta mientras me desmaquillaba.

-Eres Alice Cullen, para ti todo es sencillo- comente haciendo que sonriera orgullosamente.

-Lo se querida, lo sé-

En 10 minutos estaba de vuelta maquillada como si nada hubiera pasado. Salí de la habitación para encontrar a mi papá esperándome en el pasillo, y no es por presumir, pero tenía al papá más guapo del planeta.

-Tampoco es por presumir, pero mi hija es la novia más hermosa que he visto en toda mi existencia- contesto a mis pensamientos- ¿estas lista? -

-Creo que si, ¿te sentías así de nervioso en tu boda? - le pregunte mientras jugaba con mi ramo. Tomo mi cara entre sus manos para después sonreír con su característica sonrisa torcida marca Edward Cullen.

-Si lo amas, no debes de estar nerviosa, al contrario, debes estar emocionada e impaciente por estar junto a él compartiendo sus vidas. Al menos yo lo estaba-

-Tienes razón papá, no sé en qué pensaba- me reí de mis tonterías. Hemos pasado por demasiado que ahora solo quiero estar a su lado como su esposa.

-Bien, ¿vamos? - dijo ofreciéndome su brazo para salir al jardín.

Empezamos a caminar mientras se escuchaba una orquesta tocando la marcha nupcial, pude ver a los invitados que empezaron a ponerse de pie mientras empezaba a recorrer la alfombra blanca que había puesto Alice en el césped, había hecho un excelente trabajo, a las orillas habían velas y pétalos de flores que pasaban de rojos hasta rosas pálidos. Al alzar mi vista pude ver a Alec esperando en el altar con su típica sonrisa de chico malo que me molestaba tanto y a la vez me hacía querer besarlo en ese instante. El camino se me hizo eterno, hasta que solo estuvimos a escasos centímetros el uno del otro.

-Cuídala, es mi más grande tesoro- le dijo mi padre mientras ponía mi mano sobre la de Alec.

-Con mi vida- respondió mientras me miraba con una chispa en sus ojos que nunca había visto antes.

Estábamos en el centro mientras que todos los invitados estaban en sus asientos alrededor de nosotros, el padre comenzó a hablar, pero sinceramente no le puse atención, estaba ansiosa porque llegara a la parte de los votos, ya que habíamos decidido que cada uno escribiría los suyos, me comían los nervios no quería estropear ese momento tan especial, además no sabía que había escrito él.

-Bien, es momento de que lean sus votos- anuncio el padre- ¿Quién quiere ir primero? -

-Yo- contestamos al unísono lo cual causo la risa de todos. Sonreí apenada y Alec también, asintió con su cabeza para darme la palabra. - No, está bien léelo tu primero.

-Está bien- contesto mientras tomaba mis manos entre las suyas- Renesmee Cullen, eres la persona más frustrante que he conocido, eres muy testaruda, rebelde, y a veces, mucho, mucho, muy mandona- ¿Qué me quiere decir con eso? - Y por eso estoy enamorado de ti, no lo planee te lo juro, cuando descubrí lo que sentía por ti de verdad me frustre porque no sabía que era este nuevo sentimiento que estaba creciendo en mí. Pero fue inevitable, al ver tu amabilidad, tu sentido del humor, sobre todo tu valentía, eres increíble Renesmee. Nunca me importo nada que no fueran mis propios intereses, mi existencia era demasiado sencilla y aburrida, tenía lo que quería cuando quería, todo iba demasiado rápido, había un caos en el mundo y yo no me daba cuenta de mi alrededor, hasta que te vi bajar de ese avión y todo se detuvo, me complicaste la existencia como nunca nadie lo había hecho, ni siquiera mi hermana que es su trabajo prácticamente. Entonces creí que era demasiado bueno para ser real, sentí por primera vez en toda mi existencia que había alguien allá afuera mandándome este regalo que no entendía como lo había ganado. Sin ti mi vida no tendría sentido, porque créeme que ya intenté vivir sin ti y fue una pesadilla, una que jamás quiero volver a vivir. Sé que no soy perfecto, que nuestras diferencias tal vez hagan las cosas más complicadas, pero estoy dispuesto a ser y hacer lo que tú quieras con tal de que seas feliz y ver tu hermosa sonrisa todo el tiempo-

No pude evitar sonreír como tonta, mientras que unas cuantas lagrimas se asomaban por mis ojos, nunca creí que iba a ser el tipo de chica que lloraba el día de su boda, no entendía por qué lo hacían hasta ahora. Mis emociones estaban por todos lados, parecía que mi tío Jasper estaba jugando con ellas. Sentía mis mejillas arder, pues sus palabras fueron muy sinceras y bellas, ni siquiera sabía que decirle de vuelta, pues mi discurso se borró de mi mente.

-Alec, yo nunca había mostrado interés por otras personas que no fueran mi familia, siendo sincera nunca me detuve a pensar en qué tipo de príncipe azul quería, y si lo hubiera hecho te puedo asegurar que nunca hubiera pensado en alguien como tú, me caías tan mal enserio- solté una risita nerviosa al recordar nuestras peleas, mientras el hacia una cara de indignación- no tienes muy buena reputación que digamos. Aun así, me di cuenta que, aunque seamos diferentes también somos iguales, me demostraste que cuando algo de verdad te importa luchas por conseguirlo, te importa tu familia, aunque no lo demuestres tan abiertamente y es algo de admirar, eres un gran hombre, y es cierto no eres perfecto, o el caballero de blanco que todas esperan, pero nadie lo es, a pesar de eso cada imperfección me hizo enamorarme más y más de ti. Deje el miedo de lado, y ahora me encuentro aquí frente a ti en un altar entregándote toda mi vida porque mi corazón ya te lo habías robado-

-Me agrada saber que no se están casando con ojos de enamorados- suspiro el padre mientras todos reíamos. La ceremonia continuo hasta que llegó el momento del beso.

Sinceramente fue mi parte favorita, en ese momento todo desapareció y solo estábamos Alec y yo en nuestra burbuja, finalmente era su esposa, su compañera, por el resto de la eternidad y me puse a pensar que tal vez la eternidad no iba a ser suficiente tiempo para estar a su lado. A pesar de todo lo que pasamos al fin íbamos a tener nuestro final feliz.

La fiesta fue espectacular, Alice se lució con todo, imaginen la fiesta más grande que puedan y multiplíquenlo por 100 veces, era la combinación perfecta entre el gusto de Alec y el mío. Todos estaban felices, lo cual hacia que yo también fuera feliz, bailamos, bebimos, "comimos", todo estaba lleno de alegría y amor. Hasta que note las miradas entre Alec y Demetri…

- ¿Pasa algo Alec? - lo cuestione mientras tomaba su cara entre mis manos para que dirigiera su mirada a la mía.

-No amor, todo está bien- forzó una sonrisa.

- ¿Empezando el matrimonio con mentiras? - alce la ceja. El suspiro cansado.

-Es una cuestión de la misión a la que fuimos que tiene bastante importancia para el amo, pero no quiero tocar ese tema en este día y menos en este momento- contesto mientras me besaba- Ya quiero salir de aquí.

- ¿Quieres ir a bailar? No creí que fueras de ese tipo- pero rápidamente me corto su risa.

-Me refiero de la fiesta- sonrió pícaramente.

Entonces caí en cuenta a que se refería, hoy era la noche, mis piernas parece que se habían derretido en ese momento de solo pensarlo, obviamente antes ya habíamos tenido ocasiones para tomar ese paso, pero nunca pasaba de los besos. ¿Por qué no hable con mi mamá o mis tías antes de esto? No tenía ni siquiera una idea, iba a ciegas completamente. De repente un pensamiento cruzo por mi mente, entonces fue cuando sentí el miedo y la presión: Alec ya había estado con medio mundo vampírico y Dios sabe cuántas humanas más. ¡Huye Renesmee! Gritaba mi subconsciente, ¿Dónde se metieron todas las mujeres de mi familia cuando más las necesito?

-Sí, pero por ahora hay que seguir disfrutando de la fiesta- no fue tan patética mi excusa ¿verdad? El solo sonrió y asintió mientras salíamos a bailar con los invitados.

Al paso de un par de horas mis tías vinieron a buscarme, era hora de que partiéramos a la luna de miel, obviamente no iba a viajar en el avión con este vestido y este peinado. Así que entramos al castillo para ponerme unos jeans y una blusa con chaqueta de cuero por si me daba frio.

- ¿A dónde crees que iras vestida así? - pregunto mi tía Alice con una ceja levantada y sus manos en la cintura, ¿Cómo alguien tan pequeño podría ser tan escalofriante?

-Uhm… ¿a mi luna de miel? - conteste mientras deslizaba una pierna en el pantalón.

-Sobre mi cadáver te dejo ir así, eres una dama recién casada, ¡no puedes viajar así! -

-Además de ser la esposa del guardia más importante de los Volturi- la apoyo Jane.

- ¡Ugh! Está bien, vístanme como gusten, pero que sea cómodo les recuerdo que voy a viajar no sé a dónde- me rendí.

En eso sacaron un vestido "casual" color naranja con un cinturón dorado, hacía que mis rizos cobrizos resaltaran más. Me desmaquillaron y maquillaron ligeramente.

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Me estaba muriendo de nervios, no sabía a donde iba, no sabía que iba a pasar en la luna de miel y mucho menos sabía que me esperaba en nuestra noche de bodas.

-Oigan ya que andan tan cooperativas, porque no me ayudan con algún consejo para esta noche-

- ¿A qué te refieres? - pregunto mi tía Rosalie claramente confundida.

-Ya saben, con todo esto de la noche de bodas- conteste con los nervios obviamente traicionándome.

-No entiendo- comento Jane.

-Pues es mi primera vez, como esperan que yo ya sepa que va a pasar- al decir esto todas las presentes abrieron los ojos como platos y sus mandíbulas cayeron al piso.

- ¿Acaso?... ¿Nunca tuviste intimidad con Alec antes? - pregunto una pelinegra que no sabía quién era, pero por sus ojos supuse que era de la guardia Volturi.

-No… ¿Por qué? - pregunte confundida.

-Oh por Dios, mi bebé es virgen- chillo emocionada mi madre. ¡Qué vergüenza Isabella! Humíllame más.

- ¿Te gustaría salir y gritarle eso a los invitados madre? - le pregunte sarcásticamente.

-Es que de verdad todas creíamos que tú y el ya habían tenido intimidad, ya que pues… obviamente estamos hablando de Alec Volturi- se soltaron riendo todas las presentes.

-Así es, mi hermano ni siquiera deja pasar una semana cuando ya están enredadas entre sus sabanas-

¿Qué significaba eso? ¿Es malo no?

-Oh- solo logre decir- bueno es hora de irme.

Me levante de la silla mientras todas salían de la habitación, ninguna fue de mucha ayuda que digamos. Solo hicieron que mis nervios aumentaran.

-Tranquila prima, tu solo flojita y cooperando- dijo Jazmín que se encontraba en el marco de la puerta.

-Muy graciosa-

Salimos del castillo y ahí se encontraba Alec con su usual traje negro hecho a la medida, sin corbata, y sus lustrosos zapatos italianos. Con su sonrisa arrogante en todo su esplendor, pero que puedo decir, si no es arrogante no es Alec, así de sencillo. Note que llevaba lentillas azules, aunque se veía hermoso de esa manera no podía evitar echar de menos sus ojos rojos que hechizaban.

- ¿Esta lista Sra. Volturi? - pregunto ofreciéndome la mano. Yo solo asentí y la tomé.

Todo el mundo aplaudía mientras nos arrojaban arroz, el cual sinceramente dolía, mientras caminábamos hacia el carro que nos esperaba a la salida del castillo. Todo el mundo se veía contentos, unos más que otros, por ejemplo, mi padre, que, aunque sonreía me veía con una mirada de tristeza.

-Siempre juntos papá, te amo- le hable con mi pensamiento a lo cual su sonrisa se ensancho y asintió.

Salimos rumbo al aeropuerto el cual Alec utilizo su don para que no escuchara ni viera nada, como mantenía los ojos abiertos las personas no sospecharían nada a comparación de que fuera con los ojos vendados. Una vez en el avión tomamos nuestros asientos y despego, me di cuenta de esto ya que Alec dejo de usar su don en mí.

-Eres tan romántico- le dije sarcásticamente.

-Lo sé, por eso me amas tanto- contesto cínicamente. No pude evitar reírme y besarlo, oh Dios, sus labios son tan exquisitos- mi amor, puedes dejar de gemir, hay personas en el avión- susurro Alec mientras se separaba apenas unos milímetros.

No pude evitar sonrojarme, estas estúpidas hormonas, de seguro voy a parecer una desesperada.

-No hay nada de qué avergonzarte, créeme que yo también me estoy muriendo por hacerte mía- susurro en mi oído provocando que la piel se me enchinara. - Te sugiero que descanses durante el viaje.

Me beso una última ves mientras yo me reclinaba en él y lentamente fui perdiendo la conciencia.