Capitulo 32
Por Renesmee
No supe cuántas horas pasaron, pero a pesar de los nervios logré dormir un poco, Alec me sacudió para que despertara y abrochara mi cinturón ya que íbamos a aterrizar. Los nervios me comían ya que no sabía ni siquiera a donde había elegido Alec llevarme, trate de sacarle información a Jane, o cualquier guardia, pero nadie me quiso decir nada, solo sonreían y eso me irritaba a un nivel desconocido incluso para mí.
Al tocar tierra tomamos nuestras maletas y un humano vestido todo de negro nos guio por una puerta donde no se veía a ningún humano cruzar por ahí para salir, inmediatamente le tendió un tipo de capa a Alec y lo cubrió. Supuse que era alguien que sabía sobre nuestro secreto y trabajaba para los Vulturi, ¿Qué tanto poder y conexiones tenían estas personas?
Inmediatamente visualice el problema, era un día soleado, ¿Cómo se le había ocurrido traerme a un lugar así? No íbamos a poder salir al menos en el día. Bueno lo podíamos pasar haciendo otras cosas…
¡Renesmee Cullen! Controla tus hormonas, eres una mujer casada, por favor no nos avergüences.
Mi estúpida conciencia todo el tiempo metiéndose en lo que no le importa. Pero tenía razón, no sabía que iba a pasar cuando llegáramos al lugar en el que nos quedaríamos, y mis pensamientos no ayudaban.
-Alec ¿en dónde estamos?, creo que agarraste un mal lugar para pasar nuestra luna de miel, los humanos te verán- le pregunte mientras lo ayudaba a cubrirlo con la capa e ingresábamos al auto.
-No te preocupes, no estaremos en un lugar que haya humanos, ¿tan idiota me crees? - se burló de mí, mientras besaba mi frente que se encontraba arrugada por la preocupación.
- ¿Entonces no nos quedaremos aquí? - a lo cual negó- Bien entonces me puedes decir donde estamos- sonreí tratando de sacarle información.
-Eres tan insoportablemente desesperada- contesto mientras volteaba por la ventana.
Podía ver a la gente en las calles, mucha gente, sus rasgos eran parecidos a los asiáticos, pasamos por calles llenas de edificios que parecían empresas, no entendía como nos íbamos a esconder de los humanos. De repente comenzamos a salir de la ciudad y pude divisar el océano a los lados de la carretera. ¿Estaríamos en Japón?
-Siento decepcionarte, pero no todas las personas con ojos rasgados son de Japón Renesmee- se rio escandalosamente Alec. El bastardo tenia tomada mi mano. Solo me limite a fulminarlo- Sabes amo tu don, me será muy útil.
-Eres peor que mi padre- rezongué.
De repente empecé a ver que el carro se acercaba a un muelle enorme, había barcos gigantescos y otros más pequeños. Voltee con los ojos como platos a ver a Alec esperando una explicación, pero el solo me sonrió.
Al bajar del carro tuvimos que caminar unos metros para subir al barco o ¿yate?, no tenía idea que era, solo era grande y muy lujoso. Algunas personas subieron las maletas las cuales no eran muchas, no íbamos a pasar mucho tiempo de luna de miel por "el trabajo" de Alec.
- ¿Estas lista? - pregunto Alec mientras cubría sus ojos con las gafas de sol, las cuales no se verían nada extrañas por el sol que hacía. Claro si dejábamos de lado la capa que llevaba puesta.
Asentí emocionada por saber el lugar al que iríamos, casi podía dar brinquitos como Alice.
De repente se acercó a un señor de tez oscura el cual parecía que pasaba mucho tiempo en el sol, su cabeza estaba cubierta por unas cuantas canas al igual que su barba, pero aun así no se veía que pasara de unos 50 años y muy bien conservado. Tenía la sonrisa más blanca que había visto en un humano, y a pesar de su edad la conservaba entera. Saludó efusivamente a Alec el cual le correspondió, lo cual me sorprendió. Alec no era precisamente la persona más cálida del mundo.
-Nesto, déjame presentarte a mi esposa Renesmee Vulturi- era tan raro escuchar mi nombre con ese apellido.
- ¡Encantado de conocerla Sra. Vulturi! Mi nombre es Nesto y seré su capitán en este corto viaje, estoy a sus órdenes - contesto Nesto, mientras sonreía y apretaba mi mano con seguridad.
-Llámeme Renesmee, no hay necesidad de formalidades, el gusto es mío- dije correspondiéndole el saludo.
-Nesto, esta vez yo navegare, puedes ayudarme con otra cosa- dijo Alec inmediatamente. Solo lo mire incrédulamente, ¿había algo que no pudiera hacer este hombre?
-No sabía que fueras alguien que le gustaran las cosas marítimas-
-No, pero cuando tienes mi edad, tienes que distraerte con cualquier cosa, preferí aprender a navegar que a conducir un tanque- contesto con tal indiferencia y arrogancia que no sabía si lo del tanque era enserio o solo era sarcasmo.
El resto del camino solo veía el hermoso color turquesa del agua, el aire golpeando mi cara hacia que me relajara, amaba como el sol acariciaba mi piel haciéndola resplandecer sutilmente. El calor no era algo común en Forks, y en Volterra me había acostumbrado a su clima cálido, no entiendo como mi madre pudo renunciar a esta sensación. Lo cálido del sol me hacía recordar a algo… o más bien a alguien, lo cual me hacía sentir mal porque en estos momentos no era correcto, aparte seguía molesta por el infierno que me hizo pasar. Pero daba igual, ahora estaba con alguien que de verdad amaba y me amaba de la forma correcta, sin ningún tipo de magia que nos ligara o algo por el estilo.
Volteé a ver Alec, y no encontré la forma de respirar. Nunca pensé que podía verse más perfecto, el viento había volado la capucha de su capa, mientras jugueteaba con su cabello, su mandíbula, que podía jurar que el mismísimo Michelangelo Buonarroti lo había esculpido, resaltaba de una manera tan atractiva que dejaba ver parte de su cuello el cual moría de ganas de besar, su piel centellaba y daba un enorme contraste con su ropa oscura. Sus labios carnosos me invitaban a besarlos hasta que no quedara nada de ellos, sentí un retortijón en lo más profundo de mi ser. Podía sentir como mi corazón bombeaba sangre como loco, mientras que mi interior explotaba, en ese momento solo quería abalanzarme sobre él y hacerle tantas cosas que hasta ese momento no creía que fuera capaz de pensar. Mis ovarios simplemente explotaron.
¿Dónde puedo aplicar para ser la conciencia de alguien más? Perdió complemente la poca vergüenza que le quedaba. ¡Desde el aeropuerto huelo tu virginidad!
- ¡Bienvenida a Snake Island! - grito Alec mientras yo giraba mi cabeza para ver una isla que estaba rodeada de aguas que cambiaban entre el turquesa y el azul marino, pero aun así tan claras que podía ver los pequeños pececitos nadar.
El barco paro no tan cerca de la isla, pero me di cuenta que no tenía profundidad así que podíamos llegar caminando. Alec me cargo en su espalda y nos acercamos a la orilla, la arena era tan blanca, de hecho, había un camino en forma de serpiente de arena blanca que la cubría el agua turquesa que conectaba de una isla a otra más pequeña. Era hermosa.
- ¿Dónde se supone que estamos? - pregunte maravillada.
-En las Filipinas- contesto Alec mientras Nesto pasaba por nuestro lado con las maletas.
Caminamos unos cuantos metros entre las palmeras hasta que dimos con una casa enorme de dos pisos, el piso de abajo estaba construido con unas piedras negras que relucían y grandes ventanales, mientras que el piso de arriba era de un color beige que tenía dos balcones al frente. Era muy moderna para un lugar como aquel.
-Mi señor, todo está listo, el día de mañana vendrá el servicio para la limpieza. Hay comida en el refrigerador y alimento para usted igual. Todo funciona de maravilla, pero si necesita algo mas no dude en llamarme- anuncio Nesto.
-Gracias mi amigo, puedes retirarte- se acercó Alec y lo abrazo dándole una gran propina.
-Que disfruten su luna de miel- se despidió Nesto con un toque de diversión en su voz.
Lo seguí con la mirada hasta la puerta dándome cuenta que estábamos completamente solos… en una isla. Sentí de golpe los nervios, solo esperaba que Alec no lo notara.
¿Y qué tantas cosas le querías hacer en el barco?
Se mofo mi conciencia de mí, para ser sincera mis hormonas se alocaron en ese momento, pero nunca había visto a Alec de esa forma, y no se podía comparar ni con un dios griego. Solo de recordarlo hacia que mis nervios desaparecieran y las explosiones en mi cuerpo volvieran. De repente sentí unos brazos rodearme la cintura y pegarme a su cuerpo mientras acercaba sus labios a mi garganta dando pequeños e inocentes besos hasta que llego a mi oído.
- ¿Estas cansada? - pregunto con su usual voz profunda solo que esta vez era más ronca, y eso provocaba que los cabellos de mi nuca se erizaran. No confiaba en mi voz así que solo negué con la cabeza, mientras sentía como sus manos traviesas acariciaban mis muslos y cadera por encima del vestido. - ¿Quieres conocer la casa para después ponerte cómoda? -
-Me parece buena idea- era el pretexto perfecto para tener más tiempo para prepararme.
Caminamos tomados de la mano por la estancia que era muy luminosa, solo había accesorios para decorar la habitación, el piso era de madera falsa ya que brillaba de un modo descomunal pero muy bonita, detrás de una "pared", ya que solo ocupaba el centro del lugar solo como para separar, había una sala enorme decorada con colores neutrales, en el cual se encontraban un sofá en forma de L color gris claro, con una mesa de centro adornada con flores exóticas, supongo que se daban en la isla, una silla color negro estaba del otro lado, y en la pared que dividía la estancia y la sala estaba el televisor. La luz del atardecer entraba por los ventanales dándole un toque más cálido. Subimos un par de escalones y pasamos a lo que era un enorme comedor, con una mesa rectangular de madera oscura decorada con y 12 sillas blancas alrededor, en el centro colgaban dos lámparas redondas pero alrededor del techo habían pequeñas luces incrustadas, en la pared del lado izquierdo se encontraba una chimenea eléctrica larga en forma rectangular que daba un toque elegante y romántico pero con ese clima no creo que fuera necesario encenderla, si volteaba a mi espalda unos metras más allá estaba una barra de colores metálicos con 4 sillas pequeñas al frente y detrás un mini bar de color chocolate y si ponías atención el resto de la "pared" consistía en el refrigerador y la lacena. El lugar era encantador, pero quería conocer el segundo piso así que baje los dos pequeños escalones y me encamine a las escaleras que supongo llevaban al piso donde estaban todas las habitaciones, este hecho me emocionaba.
-Elige la habitación que gustes- susurro Alec.
Había 7 puertas blancas, eran idénticas, pero una llamo mi atención, que la quinta del lado izquierdo, había una leve esencia que si no hubiera puesto atención tal vez no la captara, parecía como si hace años no vinieran a este lugar, pero el olor que salía de ese lugar se parecía a las rosas, pero había masculino y a la vez no que me confundía, conocía ese perfume, no sabía si era de Jane o de Alec, pero me arriesgaría.
Abrí la habitación y era muy espaciosa, una enorme cama completamente blanca ocupaba la mayor parte de la habitación, con muebles de madera clara, el techo era en forma de pentágono que se alzaba al cielo y era de madera igual, con un abanico bastante grande pero lo que me impresiono más fue el gran ventanal que ocupaba toda una pared y daba la vista al mar y el atardecer, la televisión en la esquina de la habitación no podía suponer una distracción al tener semejante vista.
Alec sonrió divertido al ver la habitación que había elegido, o si no era eso era mi expresión que no terminaba de asimilar aquel lugar que parecía sacado de un cuento.
-De este lado está el baño, por si necesitas algo- dijo mientras ponía nuestras maletas en la habitación.
- ¿Dónde estarás tú? -
-Solo iré por un trago, el viaje en el avión me dejo algo sediento- contesto mientras salía de la habitación.
Aproveche ese momento para sacar algunas cosas de mi maleta para tomar una rápida ducha, necesitaba relajarme un poco aparte que el lugar era muy caliente y mi temperatura corporal quiero suponer Renesmee, porque está claro que tu otra temperatura está más que elevada querida, estúpida conciencia, es obvio que mi temperatura corporal no ayudaba. ¿Pero que iba a usar? No quiero imaginar las "pijamas" que Alice y Rosalie echaron en mi maleta. No quise tomar mucho tiempo pensando en eso, no era como iba a durar con eso puesto mucho tiempo, tomé lo primero que vi, mi toalla y mis utensilios para ducharme.
Entre en la puerta que Alec había mencionado el cual en este momento ya no me tenía sorprendida, era igual de grande que la habitación, tenía un jacuzzi y una regadera con puertas de cristal. Entre rápidamente a la regadera y gire la manija hacia el lado izquierdo que señalaba el agua helada. Ya dentro del agua pude ponerme a pensar más claro, no tenía por qué sentirme nerviosa, no es como que Alec y yo anduviéramos anteriormente solo de "manita sudada", hubo varias ocasiones en las que ambos parecíamos adolescentes, a lo cual yo me escudo porque si era una adolescente, pero el no. Además, le estoy entregando algo tan hermoso a mi esposo, mi Alec. Pero sabiendo que él ha vivido cientos de años y que ha estado con mujeres más hermosas y fuertes que yo me desanima por completo.
-Nadie se puede comparar contigo mi Renesmee- brinque del susto al escuchar la voz de Alec en mi oído. ¿Cómo no lo pude haber sentido? Creía que era el frio del agua lo que sentía. No pude evitar sonrojarme porque había escuchado mis pensamientos, además de que estaba desnuda frente a él.
-Solo lo dices para que me sienta mejor- conteste mientras giraba para darle la cara, su cabello caía sobre su frente empapado y todo su pecho estaba lleno de pequeñas gotitas que se deslizaban hasta su cadera donde saltaban dos líneas marcadas en forma de V que daban hasta su… ¿se supone que eso debe caber en mí?
-Renesmee, ¿es que acaso no te has mirado en un espejo? Cada vez que te miro me dejas sin aliento, ver como tus mejillas se tiñen de ese hermoso color melocotón cada que te miro y saber que solo sucede conmigo haces que por un segundo mi corazón vuelva a palpitar, tus orbes de ese dulce color chocolate me desarman en segundos… no te imaginas el poder que tienes sobre mí- podía ver tanta sinceridad en sus hermosos ojos carmesí, y sobre todo adoración, con solo su mirada me sentía tan amada que no podía entender como pude ser tan afortunada de tener a un hombre así a mi lado. ¿De qué me preocupaba? Él era perfecto para mí, me amaba y no importaba nada más, ni su pasado ni el mío, solo importaba este momento.
Tomo entre sus manos mis mejillas y me beso con tanta dulzura que hizo que mi corazón que ya late a mil por hora revoloteara como mil mariposas, su toque se volvió cálido en mi piel mientras descendía de mis mejillas a mis hombros pasando por mi cintura hasta mi cadera dejando un trazo de electricidad que no se sentía para nada mal. Mis brazos buscaron inmediatamente soporte ya que mis piernas parecían que iban a ceder en cualquier momento, me aferre a los hombros de Alec mientras él me cargaba y sostenía contra la pared mientras continuaba besándome y acariciando con suma delicadeza desde mis labios hasta mis mejillas, bajando por mi cuello y hombros y repitiendo el proceso. No podía hacer nada más que aferrarme a sus caderas con mis piernas y tomar su cabello de la nuca en mis puños. Poco a poco la intensidad de los besos se incrementó al igual que las caricias, cuando menos pensé Alec se estaba encaminando a la cama en la cual me deposito con cuidado mientras el quedaba encima de mí, sus ojos pasaron de mi cara al resto de mi cuerpo y de vuelta a mi cara, al momento de que nuestras miradas conectaran pude notar que sus ojos se oscurecieron y me miraban con deseo. Solo eso bastaba para que mi piel se erizara, él se entretenía acariciando mi cuerpo como le venía en gana provocando que un extraño cosquilleo pasara por toda mi columna vertebral, de repente sus besos comenzaron a descender de mi cuello por mis pechos, en los cuales jugueteo un rato con su lengua haciendo que me arqueara para facilitarle más el acceso a ellos, después descendió por mi abdomen, un temblor recorrió mi cuerpo y no sabía si era por las mil sensaciones que recorrían mi cuerpo o los nervios de saber hacia dónde se dirigía. Para mi sorpresa se detuvo y solo separo mis piernas para acariciar la cara interna de mis muslos, hasta que sustituyo sus manos con los labios haciéndome temblar, cada vez se acercaba más a mi parte más íntima hasta que de mi garganta trepo un traidor gemido, nunca pensé que tal sonido podía salir de mí, y aunque al principio me dio pena, los movimientos de Alec hacían que no pudiera contenerlos más dentro de mí.
-No pensé que ibas hacer tan ruidosa… me agrada- alzo su vista, sonriendo presumidamente.
Después volvió a ascender a mi boca, mientras yo me aferraba a sus omoplatos, sentir su cuerpo rozar con el mío hacia que perdiera mi cordura, en un ágil movimiento se acomodó entre mis piernas y acaricio mi rostro. En su mirada detecte preocupación, pero solo asentí y le di una sonrisa para que se tranquilizara y procediera, beso mis labios y escuche cuando susurro a mi oído eres mía Renesmee antes de fundirnos en uno solo.
