Hetalia no me pertenece

Este fanfic se inspira de la baraja de cartas que pertenece al art book "Arte Stella" que nuestro querido Himaruya-sama hizo para nosotros! :3

Por cualquier cosa dire como van las cartas.

Corazones (Rojos) / Rey: Alemania / Reina: Japón / Jack: Italia

Diamantes: (Amarillos) / Rey: Francia / Reina: Liechtenstein / Jack: Suiza

Trébol: (Verdes) / Rey: Rusia / Reina: Hungría / Jack: Austria

Espadas: (Azul) / Rey: America / Reina: Inglaterra / Jack: China

Jokers: Prusia y Sealand


Capitulo 2. Sigo esperando

Arthur Kirkland:

Como lo prometido es deuda, te escribo esta carta. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que dejaste el reino: uno, dos, tal vez tres meses. Nada en el pueblo ha cambiado, sin embargo todo se siente diferente sin tu presencia.

Saber cuando recibirás está carta está más allá de mí, posiblemente para esa fecha ya habré cumplido mi decimoséptima primavera; Madre está muy emocionada, Artie. Sigue repitiendo que con los días que pasan me convierto más y más en un hombre, y que debo empezar a ocuparme del "negocio familiar"; ella siempre ha sido así.

En caso me quieras escribir no es necesario enviarla a una dirección, escribe mi nombre en el sobre: Alfred F. Jones. Yo me aseguraré de recibirla.

Y con eso me despido, es una carta pequeña; pero no quiero quitar todo tu tiempo. Siempre estás en mis pensamientos.

- Alfred.


Seis meses habían pasado sin ruido alguno, como un gato colándose silenciosamente en un hogar al que no es invitado. El príncipe, con un año más, cumplía ya su décima semana encerrado en su habitación. La comida le era llevada a su pieza, siendo rara la vez que esta era probada. Arthur no había respondido. La reina muchas veces había intentado sacarlo repitiéndole que no era sano que se quedara encerrado. Ludwig lo había visitado también, poco progreso se había logrado, por lo menos había hecho que el heredero empezara a comer.

Así que ahí se encontraba nuevamente. Encerrado en una cárcel a voluntad, una cárcel tapizada por papel fino decorado por espadas, una cama de gran tamaño que en lugar de proveer sueño cálido y descanso, se sentía helada con noches de vigilia. Había una ventana: iba desde el techo al suelo; se apreciaba a través de ella todo el pueblo, y más allá se perfilaba el océano azul e interminable. 'Una cárcel hermosa'. Pensó amargamente el príncipe. Podría ser escrito como un cuento. El príncipe azul aprisionado hasta el fin de sus días por voluntad. Negó con su cabeza, era improbable que algún que otro dramaturgo despilfarraría palabras poéticas en un cuento como ese.

Oyó a alguien abrir la puerta, sin siquiera molestarse en ver quien era su nuevo visitante; Alfred se perdía en el océano, pensamientos creando una realidad alterna imposible de cumplir. En los últimos meses esos pensamientos le evitaban volverse demente.

"Tienes que salir, príncipe-aru"

Conocía esa voz

"¿Qué haces aquí, Yao?"

Wang Yao el jack real, guardián personal de la corona, consejero y mano derecha del rey. Había servido antes que el rey fuera coronado. Sus rasgos eran finos, casi femeninos. Tenía el cabello recogido en una coleta, dejándola caer en su hombro derecho. Parecía haberle ganado en una carrera al tiempo; podía fácilmente hacerse pasar por hermano de Alfred, era el mejor blandiendo una espada en el reino. Poseía la experiencia de un veterano y la fuerza de un joven. El rey estaba en buenas manos.

"Te he cuidado desde que eras un bebé-aru, ¿Crees que no me preocupo por ti?"

"No es un suceso diario que el cuidador del rey malgaste su tiempo con el príncipe."

"Tu padre está preocupado por ti"

Alfred dejó salir una carcajada. "Ahora" dijo después de un rato "eso es menos posible que la declaración de hace rato, mi buen amigo"

"Mi príncipe" comenzó el jack.

"El rey de Spades puede poseer cualidades dignas y esperadas en un buen hombre, pero ser 'un buen padre' no está en ellas" terminó el príncipe ásperamente. Yao lo vio, triste.

"Estas cuatro paredes entristecen tu alma, Alfred"

"Aprecio que te preocupes" Dijo el príncipe, distraído. Las palabras recitadas automáticamente. Sus pensamientos habiendo ya dejado la realidad una vez más para hundirse en el océano sinfín de sueños quebrados. "Estoy seguro que conoces la salida." Terminó, señalando la puerta de madera, con decoraciones de espadas talladas.

Yao bajó la mirada y sonrió, como un padre a su hijo. "Si no te conociera mejor, príncipe Alfred, diría que una chica linda te ha roto el corazón-aru" Esto hizo al príncipe regresar a la tierra. Le regresó la sonrisa al jack, entretenido por la ironía. "Tienes correspondencia" y con eso, sigilosamente como había entrado, se fue.

Alfred lentamente se acercó a la cómoda, donde Yao había dejado un pedazo de papel. El príncipe lo tomó en mano:

Alfred F. Jones

El rubio sintió su corazón estremecerse. Una luz de esperanza al fondo de su mente encenderse. Podría… el papel se encontraba doblado con un ligero olor a sal.

Alfred, es la primera vez que hago esto así que no tengo idea de cómo irá, pero aquí va:

Hace días que tocamos puerto, antse antes de salir a pescar debimos abastecernos en un pequeño pueblo. Nunca había salido del reino y aquí todo es blanco y puro. Cuando vez hacia el horizonte sientes que puedes empezar desde cero, borrando cualquier error cometido en el pasado.

Te extr-

Me encontré con mi padre, está feliz de verme; después de todo, soy su única familia ahora. No te preocupes intentaré convencerlo y regresaremos a vivir a Spades.

La comida es algo escasa, y la temperatura cae cada segundo. Las literas son pequeñas y los descansos son raros cuando trabajas, pero en la noche… la noche es hermosa. El cielo se pinta de colores. ¡Es como si danzaran al ritmo del anochecer! Los pueblerinos le llaman aurora o algo parecido. Dece- Desearía que las pudieras ver. Tú siempre viste la belleza hasta en las cosas más pequeñas.

Espero que no te metas en problemas, no estoy ahí para sacarte de ellos y deja de ser irresponsable. Sé que no sobrevivirás sin mí mucho tiempo. Supongo que es mi deber cuidarte no tengo idea del porqué. Así que, no te olvides de mí ¿De acuerdo?

- Arthur.

Solo Arthur era capaz de sermonear a alguien en una carta. Alfred sonrió cálidamente. El príncipe no supo si fue su imaginación o el sol en tan solo unos segundos había crecido e intensificado su fulgor, todo se veía esclarecido, vivo… alegre. El de ojos cielo guardó el pequeño pedazo de papel en un cajón. Extrañaba a su amigo, pero confiaba en él. Arthur se encontraba bien y eso era suficiente para llenar el corazón de Alfred de paz. Asegurándose de mantener la carta a salvo; salió de su habitación, con una sonrisa en el rostro, se dirigió al claro que Arthur le había mostrado de niños.


No tomó mucho tiempo para que el pueblo de Spades conociera el rostro de su futuro rey. En efecto, la definición de 'rey' para Alfred consistía en ayudar a todas las personas de cualquier índole. Después de todo ¿Quién era un rey sino el héroe de todo su reino? El príncipe de ojos añil se encargaría de salvar a todas las personas a las que estaba en su poder auxiliar, esa era su misión.

En este momento se encontraba con una pequeña anciana, sus cabellos ya pintados de plata, el peso del tiempo sobre su espalda y pies impidiéndole caminar como décadas atrás. Alfred la había divisado teniendo problemas llevando comestibles, el príncipe se había apresurado hacia ella. 'Por pequeñas cosas se comienzan Alfred', se repetía el muchacho rubio; la décimo novena vez que se lo decía a sí mismo: una vez ayudando a un pequeño niño cuyo gato había trepado hasta la copa de un árbol; otra vez al panadero, horneando cuando el cocinero se había herido gravemente en su brazo; otra vez cazando un ladrón que había robado una bolsa de una señorita; y muchas más, habían sido unas semanas muy ocupadas.

"Gracias príncipe" Dijo con voz cansada y vetusta, la anciana. "No sé qué hubiera hecho sin usted"

"¡No hay de qué!" Rió el joven heredero. "De todas formas, tienen que haber héroes ¿no?" Sonrió honestamente el rubio.

"Serás un gran rey, Príncipe Alfred" Dijo, poniéndose seria. "Lo puedo asegurar"

El de ojos azulados rió nerviosamente, apreciaba los halagos y cumplidos; mejor dicho, le encantaban, pero aquellos englobando una responsabilidad tan grande tal como convertirse en rey, siempre lo ponían tenso.

"Déjame darte algo por sus molestias, su Alteza" Manifestó la anciana, abriendo un pequeño monedero de cuero.

"No podría aceptar nada" Dijo automáticamente Alfred.

"Vamos, muchacho, no puedo dejar que te vayas sin nada después de tomarte la molestia de ayudar a una anciana"

El príncipe le sonrió, una nueva idea en mente.

"Puedo conformarme con algo" Dijo mientras la mujer lo veía curiosa, Alfred continuó "El beso de una mujer hermosa, ¿Qué tal?" El rubio notó como las mejillas de su acompañante de pintaron ligeramente de escarlata, pero aceptó. Colocó sus labios sutilmente en una mejilla del heredero y se alejó lentamente dejando salir una risilla nerviosa sonrojada hasta las orejas.

"Debes ser todo un personaje con tus pretendientes, Príncipe" Opinó la señora después de un rato, nunca dejando de sonreír. "Un don Juan diría yo, mira cómo has dejado a una humilde vieja como yo" Bromeó señalando el carmesí que no dejaba sus pómulos.

El joven ojos azulados se despidió de la mujer mientras se encaminaba al castillo. Alfred nunca había perdido tiempo en eso, ¿Buscar a alguien de pareja? La idea sola parecía insólita si lo pensaba. ¿Amigos? Eso era necesario, como Ludwig o Arthur; Tú los apoyas, ellos te apoyan. Parecía más lógico.

Eso le recordó a la última carta que había recibido de Arthur, estas eran esporádicas. Algunos meses recibía más que otros. Habían pasado dos años desde que habían tenido que despedirse. Por su parte, el príncipe también le escribía a Arthur, contando cosas triviales ocurridas en el día o demás y cuando venía a su memoria le preguntaba a su amigo por aquel pequeño relicario que simbolizaba la promesa que Arthur regresaría.

Una gota helada sacó al príncipe de sus pensamientos. Llevó sus dedos al puente de su nariz. Lo que había caído no era agua ¿Hielo? Nieve. Raro, faltaban unos cuantos meses para invierno. Al darse cuenta, sintió como la temperatura había caído drásticamente; todavía se encontraba en el pueblo de Spades; veía como las personas corrían, guardando abarrotes y demás artículos de comercio; mientras los copos de nieve danzaban llenos de vida dirigidos a su muerte en el suelo helado acompañando a sus hermanos caídos.

El príncipe reanudó su camino hacia el castillo y notó la raíz de la improvisada nevisca, casi entrando al majestuoso palacio de Spades, se encontraba un carruaje siendo arrastrado por dos grandes caballos, vestidos hasta su montura de hermosa seda con pequeños patrones de tréboles; dicho carruaje revestido con piedras preciosas color esmeralda: El rey de Clubs había llegado.


Kingdom of Clubs era temido y respetado pues en este reino residía el orden y poder de las cuatro estaciones; el rey, Iván, era el responsable del cambio o la conservación de dichas temporadas: Si reía, era primavera; si entristecía, llovía; si se molestaba, era invierno; en fin Iván Braginski sostenía una gran responsabilidad en manos. Mientras, en este momento, Kingdom of Spades se veía cubierto por un creciente manto de delgada nieve.

Alfred había ingresado al castillo para recibir a la realeza de Clubs, más para satisfacción de la reina; quien por cierto le había dado a recordar al joven heredero acerca de 'ciertas responsabilidades del futuro rey de Spades y demás'; desafortunadamente no había llegado a tiempo y ahora el rey y la reina se encontraban reunidos con el rey de Spades, padre de Alfred, discutiendo uno que otro tema de comercio o bien, de otra naturaleza.

Después que acabó de exponerse a otro sermón, a veces interminable, de su madre; esperó a los invitados reales en la estancia del castillo, se sentó sobre una silla y miró a lo que algún día sería su reino: Spades. Todo se veía claro, como una página blanca, sin manchas, sin errores…perfecta. El invierno nunca había sido su estación favorita, pero después de la primera nevisca, toda calle, casa y árbol parecía sacado de cuentos infantiles en donde la vida es perfecta y tiene un final feliz, una vida a la que el príncipe aspiraba.

El ruido de una puerta abriéndose lo sobresaltó, vio, era el despacho de su padre. La reunión había terminado, era su oportunidad, rápidamente se incorporó y se dirigió a los invitados. Nunca antes había conocido ni visto al rey de Clubs; quiso causar una buena impresión, después de todo, desde que los reinos se habían establecido, las relaciones entre Clubs y Spades siempre estaban tensas.

El rey vestía una gran túnica de los colores representando su reino, una gama que iba desde el esmeralda hasta tintes color betún. Llevaba un cetro, algo que le agregaba a su ya muy imponente presencia; notó sus ojos, eran violetas, se veían fríos; sus cabellos eran casi del color de la nieve incesante del cielo; su tez blanca solo agregando a la ya apariencia gélida del rey. Era alto. Alfred meramente le llegaba a los ojos. Se veía joven pero experimentado.

Después dirigió su atención al acompañante del rey, la reina de Clubs. Era verdaderamente hermosa, alta, su cabello descendía sobre sus hombros parecía una cascada ondulante marrón. Llevaba un vestido color verde ceñido a su cintura con pequeños tréboles estampados; sus ojos a diferencia de los de su esposo se veían cálidos, tiernos. Y mientras caminaba perfilaba una sonrisa en su cara.

La reina, Elizaveta, se acercó al príncipe dando largos pasos agraciados como una bailarina. Alfred hizo un gesto de reverencia, recibiéndola.

"Debes ser el príncipe"

"Si, Su Majestad" respondió el rubio.

"¡Pero mira qué joven más apuesto eres!" Rió la hermosa reina. "Muy pronto te casarás, ¡Lo sé! Espero que elijas un chico tan lindo como tú" Las mejillas de Elizaveta se encendieron.

"¿Disculpe?" Preguntó Alfred, desconcertado. La chica de de ojos esmeralda rió nuevamente, esta vez más fuerte ante una broma no contada.

"¡Lo puedo ver!" Chilló Elizaveta, sonriendo ampliamente, su mirada perdida ante un futuro radiante que nadie más podía adivinar. "Tu esposo: rubio, alto, fornido, ojos azules. ¡Será perfecto!"

El príncipe estaba confundido, le había sido enseñado: Los únicos capaces de ver el futuro era la familia real de Spades, a menos que la de cabello marrón estuviera bromeando y-

"¿Rubio, alto? ¡Eso suena como Ludwig!" Cayó en cuenta el príncipe, interrumpiendo su tren de pensamiento. La joven reina de Clubs dejó salir una risilla.

"¡Siempre pensé que ustedes dos harían una magnifica pareja!" Terminó Elizaveta, sus mejillas aún rojizas.

Alfred no dijo nada, solo sintió su rostro arder.

"Mi Reina, deja de asustar al príncipe" Se oyó a alguien decir; el ya mencionado príncipe desvió su mirada buscando el origen de la voz, solo para encontrarse con ojos violetas viendo sus propios azules fijamente.

"Somos invitados después de todo" dijo Iván, rey de Clubs. Su voz pacífica e inocente, dulce como la de un niño que no sabe de la perversidad y malicia del mundo; sin embargo, el rubio notó, dicha inocencia no llegaba a sus ojos fríos y distantes, serios pero a la vez despiadados.

Alfred sintió su sangre helar.

El príncipe escuchó a Yao, el jack de Spades, aclarar su garganta desde donde se encontraba haciendo su guardia. Alfred rápidamente se dio cuenta de su error; hizo reverencia al rey invitado. Iván asintió con su cabeza y dijo:

"Es mi inmenso placer conocer al sucesor del rey de Spades"

"G-gracias" tartamudeó Alfred. El ojiazul se sorprendió; nunca tartamudeaba, desde que era un pequeño siempre había sido orgulloso, confiado, alegre (Y un poco pedante si le preguntaban a Yao); pero tímido, nunca.

Era la mirada de Iván, lo tenía intranquilo. Al joven príncipe no le gustaba para nada.

"Nos retiramos, Príncipe. Si nos disculpan," El rey de ojos violáceos se dirigió a otro hombre; este tenía anteojos y su cabello era un poco más oscuro que el de la reina. Debía ser el jack "Roderich, vamos."

El hombre a quien se habían dirigido antes caminó hacia el príncipe, asintió con su cabeza, saludando al rubio y se marchó junto a su rey. Elizaveta plantó un pequeño beso en la mejilla de Alfred y acompañó a su esposo.

De repente, el de ojos añil, sintió una cálida mano sobre su hombro. Giró su cabeza y reconoció a su padre, este lo saludo con una amplia sonrisa.

"Veo que te interesa conocer a los demás reinos, eso me alegra"

"Padre, ¿Hace cuanto estamos en paz con Kingdom of Clubs?" Preguntó súbitamente Alfred.

"Desde antes que mi padre fuera rey, y antes que su padre también. Han sido muchas décadas, Alfred" Respondió el rey, solemne. "Pero, ¿A qué viene esto? ¿Hay algo que te inquiete?"

"No es nada padre, pero ¿No te preocupa Iván? Sé que sonríe, pero parece que oculta algo"

"Recuerda hijo, no es de la realeza juzgar a un libro por su portada"

"Pero padre-"

"¡No te eduque para sacar conclusiones como esa! ¡¿Verdad?"

El príncipe se rindió "Si, padre"

"Ahora Alfred, ven, compartamos un fest-" El rey no fue capaz de terminar su frase, empezó a toser, ruidosamente. El rubio corrió rápidamente hacia su padre a socorrerlo, seguía tosiendo violentamente. En cuestión de segundos Yao se encontraba con él.

"¡Llamen al médico!" Gritó el jack real.

La reina había llegado en algún momento, el príncipe no se percató, su madre se encontraba llorando. La visión de Alfred parecía empañarse y todo comenzó a moverse lento, lo único que oía era su propio corazón latir.


El rey había caído gravemente enfermo hacía ya una semana, el gran reino de Spades se encontraba débil. Y Alfred nunca en su vida había sentido tanto miedo.

Estaba acompañando a su padre, éste se encontraba reposando en su cama, el imponente tamaño de la recámara acentuando el cuerpo del rey a parecer más frágil, enfermo y pequeño. Se encontraban solos, padre e hijo, a petición del rey. El Jack real, como siempre, manteniendo guardia afuera de la pieza.

"Alfred, hijo mío," Comenzó el rey de Spades, voz débil, solo un poco más fuerte que un susurro "sé que muy pronto dejaré este mundo para encontrarme con mi propio padre."

"¡Padre, no digas eso, los médicos, estoy seguro que ellos encontraran una cura!"

"He cometido muchos errores en mi juventud, y aun como rey" continuó "pero los dioses saben que he querido darte lo mejor, instruirte para que llegues a ser el mejor rey que Spades ha visto."

El príncipe estaba mudo, siguió escuchando las palabras de despedida de su padre:

"Así que presta atención a este consejo, pues es valioso."

Alfred sintió su garganta cerrarse, su corazón aumentando la velocidad de cada latido por segundo. Quería hablar, parar a su padre, que no declarara su propia sentencia de muerte; pero ningún sonido salía de sus labios. Su antecesor continuó:

"Recuerda esto, hijo mío: En todo los años venideros, que sirvas como rey a este pueblo, debes gobernar con el corazón." El príncipe vio a su moribundo padre y dijo:

"¿Te refieres a los Beilschmidt padre? Sabes que seguiré siendo amigo de Ludwig, no debes preocuparte, los dos reinos, Hearts y Spades se apoyarán en días malos y buenos."

El rey rió, voz esgarrada y enferma.

"No me refiero a eso, Alfie" Pasó sus largos y callosos dedos por los cabellos claros de su hijo. "Me refiero a esto" Con su mano tocó el pecho de su predecesor. "Con estecorazón, tu corazón. Hazlo y tu pueblo te amará y recordará por siempre." Las comisuras de sus labios se alargaron formando una sonrisa.

Una lágrima se deslizó sobre la mejilla de Alfred. Sujetó fuertemente la mano de su padre, que se encontraba en su pecho y vio como los ojos de su antecesor se cerraban.

"¿Padre?" Sollozó el joven.

Su padre suspiró "No te preocupes Alfie, guarda silencio, papá solo quiere descansar un rato"

Alfred recordó esas palabras de cuando era un niño y su padre tenía unos minutos libres para dormir, el muchacho de ojos azules guardó silencio y observó el pecho del hombre acostado en cama hasta que se quedó inmóvil, su último aliento de vida abandonando sus pulmones.


Arthur:

Siempre me alegra saber de ti, así como, espero, te alegre saber de mí. ¿Sabes? Todos los días visito el claro en el bosque, cuido del árbol pues odiaría perderlo también…

Tengo que preguntarte: ¿Todavía guardas el relicario? Sabes que lo quiero de regreso, madre se enojará si no lo tengo; aunque me haría feliz saber que al ver eso te acuerdas de tu amigo, en el reino, que no te ha olvidado.

Debo darte noticias, hay un nuevo rey en Kingdom of Spades, es joven y sin experiencia pero espero que pueda sacar adelante al país, y creo que todo el pueblo opina lo mismo, ojala tú opines igual.

- Alfred.

El príncipe había guardado luto por su padre, tristemente debía cumplir otras responsabilidades que requerían de su atención urgentemente. Este día sería su coronación y así se convertiría en la máxima autoridad y todo el Kingdom of Spades sería suyo. Recién se había terminado de arreglar, repitió frente al espejo el juramento y el discurso ya ensayado, todo debía salir perfecto. Luego vio su apariencia, los sastres reales habían realizado un sobresaliente y hermoso trabajo. Diferentes tonos de azul y telas preciosas habían sido cuidadosamente elegidos; se arregló su larga chaqueta y el cuello cuando oyó a alguien tocar la puerta.

"Soy su jack, Majestad-aru" Dijo el hombre mientras abría la puerta, dejándose entrar.

"Basta con esa clase de respeto, puedes seguir hablándome como siempre lo has hecho Yao." Sonrió, Alfred, a su viejo amigo.

"No, Mi Rey, no puedo" El hombre de la coleta se arrodilló ante el joven en señal de respeto y se incorporó nuevamente. "Siempre me pregunté cómo te verías cuando llegara este día-aru; si seguirías siendo un niño o ya te habrías convertido en un hombre"

"¿Y cuál fue tu respuesta?" preguntó Alfred, curioso.

"Es la unión de dos" respondió Yao, tomando la corbata y atándola al delgado cuello del joven rey con práctica. La introdujo en la abotonada chaqueta y continuó: "Y espero que nunca cambie, Su Magnificencia, con la experiencia de un hombre pero la esperanza de un niño-aru."

Los hermosos ojos cielo de Alfred se enrojecieron, el muy pronto rey odiaba llorar, lo hacía ver débil; y Yao le recordaba demasiado a su difunto padre. Su guardia personal se percató y rápidamente agregó:

"Sé que él está viéndote en este momento, y está orgulloso-aru"

"Gracias" murmuró quedamente.

Su acompañante sacó rápidamente un pequeño reloj de bolsillo, vio la hora y se dirigió a Alfred, "Ya es hora, Su Excelencia" dio media vuelta y se dirigió a la salida, antes de retirarse le recordó al joven: "Has practicado el discurso, espero-aru"

"¿Cuándo mi responsabilidad ha fallado?" Dijo sonriendo Alfred.

"¿Quiere que entregue la lista, antes o después de la coronación?" Ladeó su cabeza el de facciones finas.

"Touché" Fue la respuesta de Alfred entre dientes.

"Casi lo olvidaba, mi Rey, tiene correspondencia-aru" El jack real señaló una cómoda y desapareció.

El príncipe se apresuró y abrió el pedazo de papel:

Alfred:

Idiota, como si de verdad esperaras que perdiera ese reloj, aunque luego de pensar mucho, creo que es más sabio venderlo, quiero decir, fue un obsequio ¿Verdad? Y se ve costoso, puedo recibir dinero fácilmente. Es broma, no creas que sería tan desalmado. Es bueno saber que alguien se ocupa del claro, es un lugar hermosísimo fuera una pena que dejara de existir.

¿Un nuevo rey? ¡Y joven! Puedo apostar mi vida a que es un mocoso ingrato y pomposo. ¿Alguien viviendo desde su cuna en esas comodidades? No me fiaría de él.

Alfred rió a esto, en verdad, Arthur nunca cambiaba.

Hablando de un tema más serio, debo confesarte algo: Hable con mi padre y está decidido a nunca regresar al reino, no solo porque no tenemos lugar ahí, sino que, nunca perdonará lo que le hicieron a mi pequeño hermano. Nunca pude encontrarlo nuevamente.

Siempre te escribiré, aunque se nos sea imposible vernos.

- Arthur

El príncipe quedó sin habla, ¿Arthur nunca regresaría? Debía hacer algo, ¡No podía dejarlo ir así como así! Rápidamente se dio cuenta, debía salir, su pueblo lo esperaba, era su coronación.

Salió y fue recibido cálidamente con aplausos y gritos eufóricos del pueblo, todos llamaban a su nuevo rey: "Rey Alfred".

Se aproximó al hermoso y decorado pedestal y comenzó a recitar el discurso y el juramento a su pueblo; cuidar a su pueblo, luchar y dar todo por ellos también.

No pudo evitar pensar en su amigo que se encontraba a miles de kilómetros de distancia: ¿Nunca volvería a ver esos ojos verdes que lo llenaban de paz? Debía de haber algo, tenía que hacer lo que fuera. Terminó su juramento y la corona, usada desde hace siglos por su padre y sus antepasados, incrustada con piedras preciosas del color característico de Spades, se le fue colocada; el pueblo gritaba de regocijo ante su nuevo rey. Su madre lo vio, orgullo llenando sus ojos añiles como los de su hijo; no obstante Alfred seguía preocupado por un chico de grandes cejas, de todas maneras él quería y apreciaba a Arthur…No, eso no estaba bien, el verbo "Querer" se oía superficial, vago, y vacío, no. Lo que sentía por Arthur era más fuerte, más grande. No sabía desde cuando había empezado a sentir esto, si fue desde pequeños cuando conoció por primera vez al rubio más claro, o si había sido desde que empezaron a escaparse para encontrarse en el claro o si fue el beso que habían compartido la noche antes que Arthur partiera.

Todo eso no importaba, se sintió mareado y su corazón parecía palpitar a mil por hora ante la realización que amaba a Arhur Kirkland.


Tenía miedo que se pareciera a la coronación de Ludwig así que intenté escribir una situación similar con diferente proyección. Ojalá haya sido buena.

Tengo buenas noticias para aquellos que se lamentaron porque eran solo dos caps: hice cuentas y serán alrededor de 4 capitulos en total, y eso que es aparte de la historia principal! xD

Ahh y cuando escribia en word, en el cap habían cosas en las cartas de Arthur que estaban tachadas: el "te extraño" y las faltas de ortografia, cuando vi que en este sitio no se puede tachar, los reemplacé con pequeños guiones, espero que se haya ententido que Artie si lo quiere pero no deja de ser nuestro tsundere favorit 3

fan fiction .net/s/7520622/1/Juego_de_Cartas (remover espacios)

O visiten las historias que he publicado, se llama "Juego de Cartas"

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