Hetalia no me pertenece, si lo hiciera todos los personajes saldrian del closet ^^
Este fanfic se inspira de la baraja de cartas que pertenece al art book "Arte Stella" que nuestro querido Himaruya-sama hizo para nosotros! :3
Por cualquier cosa dire como van las cartas.
Corazones (Rojos) / Rey: Alemania / Reina: Japón / Jack: Italia
Diamantes: (Amarillos) / Rey: Francia / Reina: Liechtenstein / Jack: Suiza
Trébol: (Verdes) / Rey: Rusia / Reina: Hungría / Jack: Austria
Espadas: (Azul) / Rey: America / Reina: Inglaterra / Jack: China
Jokers: Prusia y Sealand
Capitulo 3. El amor es como un espejo
Los deberes de un rey nunca terminan, fue lo que aprendió el joven de ojos cobalto al pasar un poco de tiempo, sentía un enorme peso sobre su espalda dado a las arduas horas de trabajo, Alfred estaba exhausto. Desde su coronación poco había dormido, y ya se le hacía notar. Rodeando sus ojos cielo, se pintaban sombras profundas, señalando la falta de añorado descanso. Fue forzado a usar anteojos, 'recetados por el buen doctor'. El joven rey se había opuesto rotundamente a usar ese tipo de artilugios, pues sentía que era una molestia; su madre había insistido, así que no había manera de contradecir, de todas formas veía mejor con ellos.
Había demasiado que hacer; decretar leyes, firmar permisos, reuniones interminables de ganadería y agronomía, actos públicos a los que debía asistir; debido a que no estaba casado y el 'espacio' de reina no estaba ocupado: todas estas responsabilidades caían sobre el rubio.
Escuchó a alguien entrar a su despacho mientras estaba ocupado ojeando un documento acerca de comercialización en el reino, levantó su mirada y se sorprendió al ver a una joven frente a su escritorio. Ella al ver al rey viéndole confundido, se sonrojó mientras veía el suelo, demasiado nerviosa para encontrar los ojos de Alfred. El rey se calmó, esta chica no parecía ser alguna amenaza, razón por la que su jack no había intervenido (Aun, pareciendo extraño que alguien particular lograra ingresar en la oficina del rey tan fácilmente). Preguntó el rey, viendo que la chica no decidía tomar ninguna acción:
"¿Estas perdida? ¿Puedo ayudarte?"
La muchacha lo vio, su cara enrojeciéndose más, si eso era posible.
"L-l-lo siento su majestad, es s-solo que yo, este…" Tartamudeó la visitante, pareciendo no encontrar las palabras adecuadas para expresarse.
Alfred se levantó de su asiento y se aproximó a la misteriosa joven. Ahora que la veía mejor notó que era baja, apenas y le llegaba al pecho; su cabello rizado azabache, cayéndole grácilmente hasta su espalda baja; llevaba un vestido de seda púrpura.
Iba a preguntarle nuevamente a la chica qué era lo que buscaba, cuando alguien más entró a la habitación: Era su madre. Los vio y rápidamente se colocó a su lado, jovialmente saludando a su hijo.
"Alfred, cariño veo que ya conociste a nuestra invitada." Señaló a la chica.
Asintió con su cabeza saludando.
"Madre, ¿Es ella tu invitada? Sabes que tengo trabajo que hacer, así que si me disculpan." Caminó hacia la puerta y la abrió "Odio ser tan descortés damas, pero aun tengo deberes que cumplir."
Su madre rio y tomó la mano de la muchacha y se dirigió al joven rey nuevamente:
"Alfie, amor, ella no es mi invitada, es tuya" El muchacho, confundido, arqueó una ceja, la ex-reina continuó "Esperaba que ustedes dos se llevaran bien, ¡Ella es una chica muy simpática! Y quizás, en un futuro puedas tomarla como esposa"
Alfred se atragantó con su propia saliva por la sorpresa, la facilidad con la que las palabras dejaban los labios rojizos de su madre. Aclaró su garganta, vio a la pequeña doncella y le sonrió. Luego se encontró con los ojos de su madre, no dejando salir ninguna emoción. Llamó a Yao y le pidió que escoltaran a su invitada afuera; no sin antes despedirse de ella con un beso en el dorso de su mano.
Cuando se encontraba a solas con su madre empezó:
"¿Por qué me intentas conseguir reina?" Preguntó seriamente el muchacho de cabellos rubios.
"Acabas de ahuyentar a la hija de un duque, ¡ella sería tu perfecta esposa!"
"¿Por qué madre? ¿Solamente porque posee un titulo?"
"No es solo eso Alfie, las responsabilidades de un rey son grandes, por esa razón una reina es casi tan importante para un reino. ¡Necesitas una!"
"¿Qué hay de Yao?" Su jack le había ayudado más veces de las que podía contar, siendo el hombre de la coleta su guía personal desde que había comenzado su reinado.
"Él es meramente tu guardia, hijo, no puede cumplir las funciones de tu esposo o esposa; viste a la joven, es hermosa y su carácter igual."
"Pero no la amo…" Respondió Alfred, viendo a su madre con ojos suplicantes.
Su madre sonrío empáticamente y abrazó al muchacho de anteojos viéndolo con afecto sincero y tristeza:
"Ven, cariño, siéntate" Dijo la antigua reina dirigiendo a su hijo a una butaca en la oficina real. Los dos se sentaron y su madre empezó:
"Sabes, Alfie, yo amé mucho a tu padre, y los años que vivimos casados, fueron los más felices de toda mi vida" La madre del rey sonrió afectivamente recordando toda una vida con su difunto esposo. "Pero no siempre fue así, mi padre era un Barón y yo como su primera hija, solo era cuestión de tiempo para que nuestros padres, tus abuelos, estuvieran de acuerdo en casarnos."
Alfred no hacía comentarios, demasiado perdido en pensamientos analizando las palabras de su madre, ella continuó:
"No siempre amé a tu padre, pero aprendí a hacerlo" Con la punta de sus dedos acarició la mejilla de su único hijo "Así como lo harás tu con tu futura reina." Se levantó, ordenando los dobleces de su vestido le dió un beso maternal en la frente del rey y salió.
Miles de preguntas circundaban la mente de Alfred: por fin se había dado cuenta que amaba a una persona quien se encontraba a miles de kilómetros de distancia y ahora ¿Debía casarse con alguien solo porque 'necesitaba' una reina? ¿Porque tenía que casarse con un título? ¡Era ridículo! El rey quería a una persona en especial, quería a Arthur. Y lo esperaría, de todas formas, su amigo de la infancia lo había prometido.
Cada determinado tiempo los cuatro reyes de cada reino tenían una reunión de paz para mantenerse al día de cómo a sus reinos vecinos les iba. Este encuentro se llevaba a cabo fuera de todos los reinos, una zona en el centro del territorio, donde al norte se encontraba Clubs; al sur, Hearts; al este, Diamonds y al oeste Spades. Era semejante a una capilla, el lugar estaba rodeado de magia, magia utilizada por los primeros reyes. Ningún acto de violencia debía interrumpir la paz de aquel lugar. En medio del salón había una mesa redonda, en donde discutirían los reyes. Cuando el rey de un determinado reino tenía la palabra, sobre la mesa aparecería el signo: un corazón, una espada, un trébol o un diamante y toda la recámara se pintaría del mismo color. Todo rey debía esperar su turno para opinar. Así había sido el último siglo y así continuaría siendo.
Era la primera vez que Alfred asistía a esta reunión como el rey oficial de Spades, acompañado solamente por su fiel jack, Wang Yao. Notó que los demás reyes quienes llegaban uno por uno iban acompañados por sus esposas. Era un encuentro de paz, así que ninguno llevaba más que su guardia personal.
Tuvo la oportunidad de ver al padre de Ludwig. Habló nuevamente con Iván, rey de Clubs, había algo en esos ojos violeta que lo tenía intranquilo. Y pudo conocer al rey de Diamonds: su nombre era Francis Bonnefoy, un hombre más bajo que él y con cabellos más claros, se veía lustroso y suave, lo estaba usando recogido en una pequeña coleta. Tenía un poco de vello facial, sus ojos eran azules. Alfred notó en el rey unos peculiares gestos como si su meta era hacerse notar y vaya que lo hacía. Hablaba de manera romántica y acariciaba a cuantos podía. Se veía como un buen tipo.
Claramente Elizaveta no compartía esta opinión, desde la lejanía se podía notar en los ojos esmeraldas de la reina de Clubs el desprecio y apatía que sentía por el vistoso rey. Conoció también a su esposa: se llamaba Lily. Era una linda chica, joven y rubia; tenía unos enormes ojos verdes con largas pestañas, su cabellera rubia era corta, solo un poco más larga que la de su esposo. Y, a diferencia de él, Lily era extremadamente reservada; no se había movido de donde se encontraba parada, sus dos manos descansando entrelazadas delicadamente sobre sus piernas y junto a ella, su jack; Yao le había hecho saber a Alfred, que el nombre de dicha persona era Vash, quien se veía más empeñado a proteger a la frágil reina que al 'demasiado cariñoso' rey.
Alfred no pudo evitar preguntarse ¿Cómo un hombre tan distinguido y llamativo terminaría casándose con una joven tan tímida? Quizás ellos, como su madre había dicho, se habían casado con un título no con la persona que amaban. Tuvo miedo de deducir eso de Iván y Elizaveta, solo agregaría al frío hecho que el matrimonio, para él, no sería nada más que aprender a convivir con alguien en lugar de esperar con ansias vivir toda la vida al lado de la persona que amaba.
La sala estaba llena de murmullos, y al fondo, pudo divisar a los jacks; Vash se encontraba gritándoles, Yao les ofrecía caramelos y Roderich insultando la inteligencia de los otros. Francis estaba realzando dramáticamente lo hermosos que eran los ojos violetas de Iván, mientras la mano traviesa del rey de Diamonds subía por el rostro del rey de Clubs. Elizaveta estaba diciéndole felizmente a la reina Lily lo hermoso que era su cabello y aconsejándole que debía atarlo por las noches para dormir.
Todas las personas reunidas, encerradas en su propio mundo, nadie advirtió a un hombre grande, fornido, ojos escarlata y cabello casi blanco ponerse de pie, mientras empezaba a gritar:
"¡TODO EL MUNDO CALLENSE!"
Todos quedaron congelados en sus lugares diciendo al unísono:
"¡Rey de Hearts!"
Dicho rey continuó:
"Nos reunimos aquí para hablar principalmente y únicamente de nuestros reinos no de cómo nos fue en nuestras vidas hasta ahora o para compartir chismes de otros reinos. Ahora, nos turnaremos para mantener la palabra como siempre, los demás reyes no interrumpirán. Si bien, las reinas quieren dar un anuncio o compartir noticias relevantes, tienen que aprovechar el turno de su respectivo esposo, me refiero también a su reino. Si tienen alguna duda levantaran su mano y esperarán pacientemente a que se llame su nombre. No, y repito, no interrumpirán a otro. Si todas estas reglas han sido entendidas me tomaré la libertad de ir primero…"
Y así empezó la primera reunión real de Alfred, la única pregunta que pasaba por los pensamientos del joven rey sobre los sucesos ocurridos era: ¿Todas estas reuniones eran así?
Cuando fue el turno de hablar, dar las noticias y mejoras de su reino, Alfred estaba famélico, no había tenido oportunidad de comer su ya acostumbrada merienda de media mañana, y oía los quejosos ruidos de su propio cuerpo. Yao había sido suficientemente considerado para llevar comida para su rey; sin embargo había advertido al joven rey sobre la política de 'no comer en reuniones reales' aún así Alfred raramente escuchaba al de rasgos finos ¿Por qué empezar ahora? Engulló lo que le había sido preparado con facilidad.
Era su turno de hablar, se incorporó, sus mejillas regordetas por la comida y empezó el discurso que había escrito. Sobre las nuevas leyes dictadas en Spades, reglas para tratar con los demás reinos, fauna disponible para la caza, comercio, noticias más relevantes. El joven rey estaba convencido que estaba siendo entendido, después de todo se había ganado la atención de las personas presentes.
Poco sabía él que ninguna palabra que salía de su boca podía ser entendida. Se mezclaban sonidos de deglución, comida siendo masticada y ruidos que intentaban ser palabras, siendo ahora solo estridencia en los oídos de los otros invitados. Francis fue el primero en interrumpirlo:
"Alfred, nadie te entiende nada" Los demás reyes lo vieron pero tenían que acordar con la declaración hecha. Con la esquina de su ojo alcanzó a ver a su jack llevándose su mano para cubrir su cara.
Alfred musitó lo que debió haber sido un 'de acuerdo', pues empezó a tomar de su bebida…y siguió hablando. Terminó su tiempo hablando orgullosamente de como el comercio marino había aumentado desde el reinado antiguo:
"¡En resumen soy un héroe!" El rey de ojos añiles vio a su audiencia, el rey de Hearts lo veía, parecía entretenido; Francis arqueaba una ceja e Iván, parecía divertido.
La reunión terminó por lo que parecía una eternidad, sin embargo Alfred se encontraba nuevamente fantaseando, viendo el océano al horizonte; en estos últimos años se encontraba seguidamente haciendo esto.
El ostentoso rey de Diamonds se acercó silenciosamente al joven de anteojos, tomó el asiento junto a él y llamó su atención con un chasquido de dedos en frente del rostro del otro. El rey Alfred se exaltó y rápidamente dirigió la mirada a su nuevo acompañante, el otro lo miraba, una sonrisa plasmada en su cara.
"¡Hey!" Fue lo único que dijo Alfred reprochando al otro.
"No estuviste presente en toda la reunión, lo noté en tus ojos"
El rey de ojos azules se empezó a reír nerviosamente, pensó que nadie lo había visto no poner atención.
"Reconozco esa mirada" siguió Francis. "Estabas pensando en alguien."
"¿Eh?" Preguntó estupefacto el rubio rojizo.
"Estabas pensando en una persona especial para ti, ¡En alguien que amas! ¿No?"
Alfred rió nuevamente. Francis siguió:
"Escúchame, rey Alfred, el amor es como un espejo. Hermoso, claro, prístino y delicado"
Alfred asintió, poniendo atención a las palabras del mayor, el otro continuó: "Pero si no tienes cuidado, el espejo se quiebra, en cientos de pedazos y te hieres con las piezas que quedan"
El joven de ojos cielo dejó salir una carcajada, odiaba ser negativo "Oh vamos ¡No sé de qué me estás hablando!"
"Oye esto de un hombre que supo lo que era 'verdadero amor' solo para perderlo" Por un momento Alfred pensó ver dolor en los ojos del otro rubio, pero rápidamente fue reemplazado por el orgullo que portaba siempre.
"Pero dejemos de hablar de tristezas, ¿Te parece?" El más joven de los dos asintió. Así que Francis continuó: "¿Qué tal si te ayudo a olvidar a esa persona que tanto ronda en tu mente?"
La expresión del príncipe denotaba confusión: "¿Puedes hacer eso?"
El rey de Diamonds sonrió maliciosamente empezando a jugar con un mechón de cabello de Alfred: "Créeme, cuando estás conmigo olvidarás todo tu alrededor" Lo último fueron susurros al oído del menor, la cercanía inmediata de Francis lo hizo estremecerse; se alejó un poco mientras sonreía:
"Wow, ¿En serio?" rió, no comprendía completamente las palabras del rey más veterano, pero le podía ser conveniente distraerse por un rato. "¿Cómo?" Preguntó el joven rey genuinamente curioso. Quería saber la manera de poder sacarse a una persona de su cabeza.
"Acompáñame a mi castillo y te enseñaré lentamente." Fue la respuesta confiada del rubio más claro mientras dibujaba pequeños círculos en el brazo de Alfred. ¿Lentamente? Pensó el joven de anteojos, debe ser un proceso largo y difícil, ¿será por magia? No tenía ni idea que podía ser obra de hechizos, no había oído ninguno de esa naturaleza.
"¿Puede venir Yao?, es que además de ser el guardia se preocupa demasiado cuando me alejo de su vista, pues dice que algo peligroso me puede pasar. No lo entiendo realmente, desde que aprendí a caminar me han enseñado esgrima y otras artes en defensa; Aun así, Yao es un viejo por eso intento seguirle la corriente, ya sabes, para que no se preocupe. Es posible enfermarse por estrés. El primo de mi padre murió por eso mismo, todo empezó por una gran problema cuando-"
"¡Espera!" Dijo Francis exaltado, cortando la oración del otro rey. Respiró nuevamente y siguió: "Yo tenía planeado un juego más privado ¿sí? Uno de dos jugadores ¿Si me entiendes?" Terminó de hablar perfilando todos sus blancos dientes en una sonrisa pícara.
"¿Juego?" Pensó el rey de Spades en voz alta. "¿Qué clase de juego? ¿Estás hablando de juegos de mesa como ajedrez? Porque la gente tiende a subestimarme, piensan que soy muy distraído y que no me concentro mucho en el juego, pero si me lo propongo puedo ganar uno que otro partido. Eso claro cuando pongo toda mi atención, pero la mayoría de las veces es aburrido. Digo, estar sentado ahí viendo unas pequeñas piezas de madera e intentando predecir los movimientos de tu oponente. rara vez llama mi atención. No, yo soy de esos tipos a quienes les gusta salir; es por eso que odio hacer papeleo ¿solo leer y aprobar permisos? Siento que mis piernas se entumecen a final del día y-"
"¡Suficiente!" volvió a cortar el rey de Diamonds, esta vez cansado de los intentos fallidos para pasar una noche placentera con el cuerpo del otro. "¡Por los dioses que eres más denso que un niño de diez años! ¡Me rindo!" Se incorporó y se encaminó de regresó con sus acompañantes, alzando las manos dramáticamente al aire, derrotado. Mientras dejaba a un Alfred muy confundido e inseguro de lo que acababa de pasar.
De regreso al castillo, su madre lo recibió con la sonrisa de siempre; Alfred no podía estar más feliz que su madre dejará el tema de "una nueva reina" en paz:
"¡No podría estar más orgullosa de ver a mi hijo convertido en rey!"
Alfred solo podía reírse, avergonzado.
"No te preocupes Alfie, hice provecho de este tiempo. He hablado con personas y he hecho una lista de las y los posibles prometidos para ti. Las chicas son muy lindas, pero quiero que conozcas unos jóvenes muy apuestos también"
¡Diablos! Alfred había pensado demasiado rápido. Sintió su sangre comenzar a arder.
"He arreglado y mañana conocerás al primero, luego almorzarás con una chica de otro reino y-"
"¡BASTA!" gritó, el joven de ojos añil, súbitamente "Madre, lo siento, pero pensé que había dejado claro que no quiero conseguir una reina aleatoriamente."
La expresión de su madre cambió, sus labios se tensaron y frunció el ceño.
"Alfred Jones, no he sido más que comprensiva con este deseo infantil al que te sujetas, pero me he tomado la molestia de darte la oportunidad para elegir, algo que a tu padre no se le fue otorgado. Sin embargo si estás tan convencido de no contraer matrimonio con alguien porque no has desarrollado algún sentimiento, debe ser seguramente porque ya has encontrado a esa persona" Sus facciones se suavizaron "Alfie, los cuentos de hadas son solo eso: cuentos."
"En eso estas equivocada, madre" respondió Alfred, determinado. "Ya he conocido a la persona para mí, es un chico y lo amo"
"Porqué no mencionaste eso desde el principio Alfred, me encargaré de traerlo mañana a primera hora, solo dime de qué reino viene. ¡Oh! Y también su apellido, apuesto que conozco a sus padres. Solo dime que son: ¿Duques? ¿Barones? ¿Condes?"
¡Diablos! Pensó nuevamente el rey de Spades, siempre había odiado esto de su madre; sin mencionar que 'el chico a quien amaba' ni siquiera sabía de estos sentimientos encontrados, y se encontraba lo suficientemente lejos como para un viaje de meses.
"No importa madre, yo me encargaré de traerlo"
"Alfie, lo menos que podrías hacer es decirme su nombre" Dijo su madre en tono amenazante.
"Arthur, su nombre es Arthur"
Alfred entró a su recámara, debía ser rápido; era hora de confesarle toda la verdad a Arthur y dejarlo decidir, tomó su mejor pluma y empezó a escribir:
- Arthur:
No ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos escribimos pero lo que estoy a punto de decirte es sumamente importante, basta de secretos y mentiras; te confesaré toda la verdad y confiaré en que seguirás pensando en mí como un muy buen amigo o me atrevo a decir como algo más:
Soy el rey de Spades.
Cuando nos conocimos era el príncipe, esa es la razón por la que conocía el jardín real como la palma de mi mano. La primera vez que nos vimos y hablamos, fuiste diferente a todo lo que había conocido, sentía miles de mariposas por todo mi cuerpo cada vez que te veía, y no pasa un día en el que no estés en mi mente, ni una noche en la que no piense en nuestro primer beso en el claro. Pude haberte ocultado mi patrimonio pero todo lo que vivimos esos años fue verdad.
Me estoy saliendo del tema así que iré directo al grano:
Arthur te amo. Cásate conmigo.
Espero no asustarte con esa pregunta, pero piensa en todo lo que hemos compartido; si eso no fue amor no tengo idea de lo que fue.
Si significo aunque sea un poco para ti contesta esta carta. Te esperaré.
- Siempre tuyo, Alfred. -
En verdad quería que Arthur le creyera así que firmó la carta marcándola con el sello real de Spades.
En el fondo de su mente Alfred estaba asustado, tenía miedo que el amor de su vida lo rechazara, pero lo único que podía hacer en ese momento era esperar.
Pasaron uno, dos, tres, cuatro, cinco meses sin una respuesta del de cejas grandes. El rey de Spades no había recibido correspondencia alguna y el arrepentimiento comenzaba a llenar su mente. ¿Arthur se había asqueado tanto con la confesión? Eso explicaría que cortara cualquier lazo que tenía con Alfred. Toda la vida Arthur lo había insultado, pero el rubio rojizo había asumido que ese era Arthur. Sin embargo se preguntaba si todo este tiempo en realidad el de anteojos no había sido más que una carga para el mayor.
Afortunadamente no había tiempo para dejar esos pensamientos anidar en la mente del rey, pues sus deberes seguían y no había tiempo de descanso. Ya era casi media noche y estaba dispuesto a irse a la cama, se cambio de ropa a una más cómoda y se paró frente al espejo, ¿Tan malo soy? Pensaba, Es cierto que tiendo a ser egocéntrico, tal vez no soy lo suficiente para Arthur.
Notó en el desastre, que era su mesa de noche llena de papeles, una pequeña carta que hizo saltar a su corazón. ¿Cuándo había recibido esa carta de Arthur? Maldijo en voz baja y la tomo en manos, comenzó a leer:
- Alfred.
Aparentemente has estado ocupado siendo el idiota de siempre para no poder escribir, o ¿Es que ahora en verdad has perdido la memoria? No puedo culparte, ya han pasado años, ya debes de ser un niño grande, tienes que conseguirte una esposa e hijos. Después de todo el negocio de tu familia caerá en ti ¿no? Curioso, siempre pensé que el día en que formarías tu nueva familia yo sería el primero a quien le dirías.
Tonto de mí el pensar que esperarías por una torpe promesa que hizo un niño de diecisiete años. La cruda verdad es que yo me quedaré en Icedrop y tú en Spades Kingdom, fuiste el más sabio de los dos al romper lazos; así que supongo que es mi turno.
Esta será mi última carta, ojalá seas feliz; sé que yo trataré de serlo.
- Adiós, Arthur. -
Todo el cansancio se esfumó del cuerpo del rey, ¡Arthur nunca recibió la carta! ¿Por qué? No había tiempo para pensar, escribió otra carta, con las mismas palabras usadas en la primera aunque no exactamente igual. Y la mandaría mañana a primera hora, no era como si podía hacer algo en este momento; Mañana, se repitió, Arthur leerá la verdadera carta.
Siguieron pasando los meses, Alfred debía entrenarse; además de ser un rey, debía aprender a controlar los dones que venían con el trabajo. Su padre sabía manipular el tiempo y ahora debía hacerlo él. Los magos del reino le entrenaban pero no era suficiente, aun le faltaba. Cada cierto tiempo le escribía la misma carta a Arthur, recitándola como un poema; pues había escrito tantas veces las palabras que ya no era más que un rezo desesperado para que el otro respondiera, con miedo que se repitiera el mismo error; una carta perdida en el correo.
Su amigo rubio no respondía, y la angustia en el corazón de Alfred crecía con los días. Estaba ideando un plan: por unos pocos días, él dejaría Spades; tendría que ser en secreto, así los demás reinos no se enterarían. Se embarcaría hacia Icedrop y hablaría con Arthur, arreglaría todo el mal entendido que había. ¡Eso es! Alfred estaba decidido. Sus veinte años se aproximaban y muy pronto había cumplido con su reinado por un año. Estaba curioso ¿Qué tal había sido? ¿Que opinaría su pueblo del rey? Terminó de empacar algunas de sus ropas y se alistó para partir al alba. No le debía decir ni a su guardia personal.
Oyó un toque a la puerta, se apresuró a guardar su equipaje cuando abrieron, rápidamente cerró su armario y giro para encontrarse con los serios ojos de Yao, dejó salir una carcajada mientras se rascaba su cabeza:
"Yao, amigo, debes dejar de asustarme así" Rió nuevamente.
Su jack lo vio con sospecha, pero habló:
"Su majestad-aru, debe de dejar de escabullirse a la cocina real a media noche"
"¿Eh?" Preguntó el rey.
"Los sastres y yo tenemos miedo que se le deban hacer nuevas ropas-aru, ya sabe, por el aumento de talla" terminó el mayor de los dos, con una risita disimulada.
El rey dio un grito sordo, sorprendido y a la vez molesto:
"¡Eres un hombre malvado Yao!" dijo Alfred casi levantando su voz, pero entretenido. Y un poco ofendido. "¿Solo has venido a acabar con la autoestima de tu rey o también tienes otras noticias?"
Yao sonrió mientras sacaba de sus largas mangas un pequeño sobre:
"Tiene correspondencia su Alteza" Y con eso salió.
Alfred pudo respirar tranquilo cuando el otro no había sospechado de los planes del joven rey. Vio la carta, Talvez Arthur recibió alguna de mis cartas; ¡Rayos! ¿Y si recibió todas? Ahora me verá como un enamoradizo sin remedio. Ante la realización repentina, no pudo evitar sentir su cara arder por la vergüenza; Ahora ni siquiera quería leerla. Aun así, no pudo con la curiosidad:
- Lo siento mucho:
En mi carta anterior soné como un bastardo, estoy seguro que solo fue un muy mal día para mí. Sin embargo, no estoy en ninguna posición para regir de alguna manera tu vida, si te quieres casar, ¿Quién soy yo para impedírtelo?
Ahora que lo pienso mejor puede que ya tengas tu primer hijo, si eso probablemente sea cierto, dime como es: ¿Tiene tus ojos? ¿O quizás es rubio? Aun así, solo quiero que seas feliz.
He hablado con Pa', regresaré a Spades, aunque sea por un día. Si, partiré en el próximo barco hacia el reino y regresaré el día siguiente. Quizás esta será la última vez en la que nos veremos.
Conoceré a tu pareja posiblemente, espero que no sea un cabeza hueca como tú.
Si estoy en lo correcto, estaré en las costas de Spades el otro mes; un día después de la luna llena. Quien sabe como estarás después de tantos años.
- Siempre tuyo, Arthur. -
¿Por qué diablos Arthur no recibía todas sus cartas? ¿Y ahora creía que el de ojos cobalto había contraído matrimonio y que tenía hijos?
"¿Hace cuanto recibí esta carta?" musitó para él. "¡Demonios!" Se acercó a una ventana y para su sorpresa era luna llena.
"¡Arthur vendrá mañana!" Gritó, solo para darse cuenta que quizás era la única persona despierta en todo el palacio. Debía dormir, quería guardar todas sus energías para el siguiente día, Arthur venía y estaba seguro que las necesitaría. Tenía muchas explicaciones que dar.
La mayoria habló (escribió) y gano esta historia para terminarse primero, seguiremos la cronologia como Dios manda xD
Referencias a la serie, a quien les recuerda el padre de Ludz y Gil? :D
Francis y su perversidad, me diverti escribiendo toda la interacción entre reyes xP
Mas cartas, cosas que salen bien, cosas que salen mal.
Y quien es la misteriosa persona que no envia las cartas que Alfie escribe? O_O
Como siempre dejo el link a "Juego de Cartas"
fan fiction .net/s/7520622/1/Juego_de_Cartas (remover espacios)
Como siempre, me encantan los reviews. De alguna forma siento que iluminan mi dia y agilizan mis dedos para escribir el cap siguiente!
Hasta la prox~
