De verdad había extrañado Paris, y sus calles tan repetidas y familiares para ella. Londres no se compara a su ciudad natal, mucho menos su gente. Los británicos eran un poco más… estirados que ellos, y era una mala fortuna para Marinette. Ella solía ser muy torpe, y en su hogar ya estaban acostumbrados, pero en aquella otra ciudad, generalmente terminaba ofendiendo a alguien.

¿Cómo podría ella adivinar que su abuela paterna se enojaría tanto por tirar todos sus panecillos, sin querer? Esas masitas eran ladrillitos con una simpática y engañosa forma comestible, pero ella jamás los fuera tirado apropósito, por más ganas que tuviera. No podía creer que esa señora fuera una francesa, madre de un talentoso panadero y pastelero, y no lo decía por que se tratara de su padre.

No todo fue malo. Se había divertido mucho en la estación King´s Cross. Fue inevitable no recordar a cierto mago famoso de la literatura; su tío, el esposo de la hermana de su padre, pensaba igual que ella. De esa forma, el hombre engaño a su hijo de ocho años de que podía entrar a la plataforma 9 ¾ si pasaba a través de una pared entre las plataformas 9 y 10. Por suerte su tía, Tania, había llegado y detenido el avance de su hijo antes de su posiblemente problemático encuentro con el muro.

El niño había quedado confundido ante el evidente enojo de su madre, asi que le pregunto a su padre. Este le respondió:

-Es que no se supone que entres allí hasta que cumplas los 11 años- el niño le creyó.

Había pasado la última semana de las vacaciones de verano fuera de su patria y estaba lista y con las baterías recargadas para ese nuevo año escolar. Además, extrañaba horrores a sus amigos, y a Adrien. Como le había hecho falta ese chico durante su estadía en el extranjero. Pero allí estaba, lista para todo.


Pero "Todo" era una exageración, ella lo sabía. Y termino siendo obvio cuando llego a su casa y vio toda su habitación, en antaño hermosa, pintada de azul cielo, blanco y verde hoja. Tendría pesadillas en la noche al recordar esa imagen ¿Cómo sus padres lo había permitido? Esto era una violación a su buena fe, no volvería a prestarle la habitación a Charlotte.

Charlotte era la hija mayor de su tía Tania, una parte del trato para ir de vacaciones. Charlotte venía a Francia mientras Marinette iba a Inglaterra. Tenían la misma edad, pero era lo único que tenían en común. Charlotte era notablemente británica, igual que su padre, pero era físicamente igual a su madre: cabello castaño, largo y levemente rizado, piel clara y ojos verdes. Engreída, arrogante y molesta. Parecía más familiar de Chloe que de ella.

-¡¿Pero qué has hecho esto?! – grito Marinette a su prima, al ver cómo había dejado su habitación.

De hecho, se había apropiado de ella. Los muebles estaban en lugares diferentes, su ordenador tenía otro fondo de pantalla, su diván era ahora un sofá de dos plazas, la cama tenía edredones nuevos verde agua con flores amarillas. Ninguna de las cosas de Marinette estaban como ellas las había dejado. Apostaba a que si abría en ese momento su armario vería más cosas de su prima que de ella ¿sus padres habían enloquecido o qué?

-Marinette, cariño- Charlotte bajo las escaleras, sonriente. En su mirada se notaba que disfrutaba la reacción de la pelinegra ante los cambios hechos en esa estancia- ¿Cuándo llegaste?

-¿Quién te dio permiso de hacer esto?- reclamo la recién llegada, señalando frenéticamente a su alrededor.

-Le pregunte a mis tíos y ellos dijeron que no estaría mal que hiciera algunos cambios para que yo pudiera sentirme más cómoda durante mi estancia.

-¡Solo te quedabas esta semana!

-¿Es que no te dijeron?- oh no, esa frase nunca trae nada bueno pensó Marinette con pesimismo- mis padres consintieron la idea de que estudiara acá, no fue difícil que me aceptaran en la misma escuela a la que tú vas. Me inscribí el jueves.

La Dupain-Cheng salió hecha una furia a reclamarle a sus padres, quienes escucharon con mucha paciencia todos sus reclamos. Al final, solo dijeron:

-No pensamos que haría todo eso- Sabine era una experta en no perder la calma con nada- creímos que sería solo mover unos cuantos muebles y hacerse espacio en los cajones.

Que inocente era esta gente ¿Por qué tenía que ser Marinette la que viera siempre las malas intenciones de las demás personas? En ocasiones, también le gustaría vivir en la ignorancia.

-¿Cuándo tiempo se quedara?

-Todo este año escolar.

¡Oh, bien! Si querían una guerra, eso tendría. No permitiría que nadie, por más familia suya que fuera, invadiera su territorio y lo destruyera de esa manera. Charlotte la iba a escuchar, ya había tratado con Manon siendo caprichosa, con su prima seria pan comido.


Dicho y hecho. Marinette era la persona más dulce por las buenas, pero cuando le sacaban el mal carácter… quizás esto solo avivara las llamas de la rivalidad entre ambas, pero si iban a compartir su cuarto seria con sus reglas. En esta ocasión, le importaba muy poco lo que sus padres dijeran. No la consultaron, ella tampoco les consultaría como debía tratar a su prima.

Había corrido a Charlotte de su cama para que durmiera en el incómodo sofá que había traído, de paso le exigió que devolviera su diván. Al día siguiente ella misma pintaría todo de nuevo a su adorable y familiar color rosa, y movería los muebles otra vez a donde iban. Le hizo algo de espacio en sus cajones y armario para que la castaña guardara sus pertenencias, pero no mucho para que no se sintiera tan bienvenida.

Este sería el peor año escolar. Cuando se puso su pijama ya estaba agotada. El viaje de regreso, acomodar todas sus cosas para iniciar la escuela al día siguiente y las constantes discusiones no le dejaron muchas energías. Bien temprano se fue a la cama, con la imagen de los malos gustos de Charlotte para la decoración.