No mori, sigo aqui vivita y coleando... lo que es una bendicion ya que en el pais que vivo y las cosas que estan pasando... bueno, muchos no llegan al otro dia, con eso lo digo todo :(
pero no he venido a deprimirlos con la situacion pais de mi amada Venezuela, sino a traerles otro capi de esta historia!
gracias por su comentarios, fav y follows!
se que me he retrasado bastante, y que crean que dejare de actualizar, pero nooooo... solo que he tenido mucha universidad y cosas que hacer... lo que ha matado por completo mi creatividad... pero de vez en cuando resucita al tercer dia y escribo...
anoche fue mi tercer dia, asi que...
A LEER!
Charlotte estaba que brincaba en un pie. ¡Una menos! Esto se ponía mejor y mejor. Solo faltaba quitar del camino a Lila, pero ella sería cosa fácil; Adrien no mostraba ningún interés en ella, apenas los había visto intercambiar saludos. Pronto. Pronto. Pronto.
-Sera pan comido- chillaba la inglesa, hablando por teléfono.
-¿No deberías tomar en cuenta también a Marinette?- respondió su mejor amiga en Inglaterra, al otro lado de la línea- son buenos amigos ¿no? De ahí pueden ser algo mas ¿recuerdas cuando te dije que me gustaba aquel chico…? Bueno, él y yo éramos amigos. Tal vez me equivoco, pero tienes que tener todo en cuenta. Tus planes son muy ambiciosos…
-¿Podrías parar un segundo y respirar?- le corto Charlotte, con la paciencia completamente perdida- ya te dije que él no podría fijarse en ella…
-¿Por qué no?
-¡Porque no! Te llame en busca de apoyo, no para un sermón.
Su amiga suspiro al otro lado de la línea. Ya suponía como terminarían las cosas; cuando iniciaran las vacaciones tendría a Charlotte tocando a la puerta de su casa haciendo berrinche, ya fuera llorando o en un ataque de ira, despotricando contra Marinette, y ella estaría allí para decirle exactamente en que parte se había equivocado, luego Charlotte la odiaría. Para olvidar el asunto y todo su enamoramiento por Adrien Agreste antes del mes siguiente.
-Quien no te conozca que te compre- comento la chica, ida en su monologo interno.
-¿Qué quieres decir con eso?- pregunto la castaña.
-Nada, nada.
…
La noticia de la nueva amistad entre Chloe y Nathaniel fue un BOOM, ese lunes por toda la escuela corrían rumores sobre lo que había sucedido. Nadie sabía realmente que fue, pero especular siempre era más entretenido.
-Es increíble- Marinette no podía dejar de mirarlos- ¿Cómo paso…?
Ninguno lo entendía realmente, ni siquiera Adrien. El tenia fe en que Chloe podía cambiar y ser buena persona, pero no espero jamás que sucediera con el chico a quien tanto había molestado. Al fin había abierto los ojos y mirado un poco más allá de los posibles números en las cuentas de banco de las personas.
-Ya me aburrí- bufo Plagg. Ya el tema de Nathaniel y Chloe comenzaba a pasar de moda, para el- ¿Qué les parece si vamos a comer helados?
-No podemos- le respondió Tikki, junto a el- tenemos que entrar a clases.
-No "tenemos" que entrar a…
-No faltaremos a clases, Plagg- la pelirroja puso los brazos en jarra y lo miro ceñuda- NO.
Ella se apartó un poco de él, y giro su cara a otro lugar, ignorándolo. Al chico de cabellos negros no le gusto esto, no quería que a) Tikki estuviera molesta con él y b) que mirara a otro lugar ¿y si encontraba algo mejor… que le gustara más?
Se deslizo en la banca donde estaba sentado un poco más lejos de ella, sin importarle que allí también se encontraban Adrien y Marinette, y se recostó apoyando su cabeza en el regazo de ella. La pelirroja se negó a mirarlo, sabiendo que él tendría esa irresistible mirada de gatito huérfano. Ya que ella se reusaba a bajar la mirada, tomo una de sus manos, forcejeando un poco con ella, para ponerla luego contra su mejilla, en actitud de súplica.
Para la chica era muy complicado resistirse. Era un gesto muy tierno por parte de Plagg; no era como si él le permitiera a mucha gente tocarlo, sobre todo su rostro. Era algo que cuidaba mucho. Tenía la mejilla muy suave, pero se reusaba a dejar de estar molesta.
Lo cual era caso perdido.
Finalmente relajo su postura, lo que le indico a Plagg que estaba de nuevo en paz.
Solo unos segundos.
-Ammm, hola, Tikki- un chico de su salón de clases, llamado Jack, se acercó tímidamente. Plagg se levantó de donde estaba y miro muy mal al recién llegado, poniéndolo nervioso.
-Hola, Jack ¿Cómo estás?- saludo la pelirroja con una amable sonrisa.
-Bien…- el muchacho decidió que lo que tenía que decir era más importante que el problema que tuviera el pelinegro para mirarlo de esa manera, así que como pudo, lo ignoro. Esto no pasó desapercibido por nadie, a excepción de Tikki; los amigos de ellos estaban al margen, esperando a ver que sucedía- me dijeron que tú eras la presidenta del club de cocina.
-Sí, lo soy.
-Genial- el chico sonrió enormemente, consiguiendo que Plagg se crispara en su asiento- quería saber cómo puedo hacer para unirme. ¿Hay alguna prueba? ¿Tengo que llenar una solicitud?
Comenzó a explicarle el procedimiento de admisión al chico; Plagg no dejo de mirar mal al chico en ningún momento, seguro de que el quería más que entrar en el club de cocina. Si la invita a salir, lo hare tiritas. Y a esas tiritas las reduciré a confeti.
-Se ve tan tierno- murmuro Marinette, para sí misma.
-¿Quién se ve tierno?- pregunto bajito el rubio, habiéndola escuchado.
La muchacha evito con todas sus fuerzas dar un brinco. Podía sentir la cercanía del chico, su aliento chocando levemente con su oreja y meciendo los mechones de cabello que enmarcaban su rostro. Trato de responder lo más coherentemente posible.
-Pues Plagg- se felicitó, ya que no habia tartamudeado- me parece realmente tierno como se pone celoso porque ese chico le hable a Tikki.
-¿Te parecen tiernos los celos?- Adrien sonaba verdaderamente confundido.
-Ah… un poco, quizás- la verdad no estaba segura, pero en el caso del chico gatuno, si, le parecía tierno.
Adrien vio como Nino puso un brazo alrededor de los hombros de Alya, con tanta naturalidad como se llevaba su gorra. Quiso tomar un poco de iniciativa, acercarse un poco más a Marinette. Siempre le había gustado ver a las personas caminar de la mano; él seria verdaderamente feliz por caminar de la mano con la oji azul.
Se movió hasta quedar al lado de ella, muy, muy cerca. Tenía miedo de mirarla, de llamar la atención en absoluto, por eso no la miro ni le hablo. Mientras ella estaba concentrada en la escena de sus dos amigos, el acerco su mano a la de ella, dispuesto a tomarla.
Su mano rozo con la de Marinette, y ella la alejo como si el contacto la fuera quemado. Sintió el sudor acumularse en su frente, presintiendo un rechazo. Eso de verdad habría dolido. Miro de reojo a la chica, estaba sonrojada. Intento de nuevo, dispuesto a no rendirse, y esta vez ella fue quien se movió.
No entrelazaron sus manos, como el había visto a tantas parejas hacer, sino que Marinette engancho uno de sus dedos con uno de los de él. Considerando lo tímida que podía ser la muchacha, ese movimiento debió ser difícil de hacer. Este pequeño gesto lo hizo sonreír, muy contento.
Marinette trato de controlar su sonrisa, pues de dejarla ser, ocuparía más de la mitad de su cara. Así de feliz estaba.
Chloe estaba a distancia, charlando animadamente con Nathaniel. Le era increíble cómo podía conversar con el pelirrojo sin aburrirse ni un momento. Era definitivamente algo nuevo. Pero a pesar de estar tan entretenida, no paso por alto las manos tan juntas de Adrien y Marinette.
Al verlo, una llama de molestia quemo en su pecho, pero se extinguió rápidamente, más rápido de lo que creía. Hasta no quedar sino un pequeño chamuscado en el lugar en que se creó. Ya no sentía molestia de verlos juntos, pues se había dado cuenta que de verdad no le gustaba el Agreste.
Además, si los miraba bien, era obvio que se gustaban. Mucho. Esperaba que Marinette cuidara bien de Adrien, pues el seguía siendo su mejor amigo.
…
Lila y Charlotte, desde lugares opuestos del patio, ni siquiera se fijaron en los deditos entrelazados de Adrien y Marinette. Sus pensamientos estaban ocupados en algo más:
¿Cómo era posible que Chloe prefiriera a ese pintor de pacotilla al hermoso modelo millonario, Adrien Agreste?
Había enloquecido, ese era el veredicto.
¿Pero que importaba? Era una menos, un paso más cerca del joven de ojos esmeraldas.
