Gabriel había terminado de supervisar la limpieza de la casa; todo habia quedado más impecable que de costumbre.

Su esposa aún estaba en el vestidor de la habitación buscando el atuendo perfecto ¿Para qué? Eso aún se preguntaba el, después de todo, solo era una reunión de tareas de Adrien a la que esta chica, Marinette, asistiría.

-¿Crees que ha sido buena idea decirle a tu madre que vendría?

-No veo que tiene de malo- respondió el chico encogiéndose de hombros.

-¿Ah, no?- el hombre enarco una ceja- ¿Qué tenga a la servidumbre limpiando desde las seis de la mañana no te dice nada? ¿O que este escogiendo que ponerse?

Como suponía, su hijo no encontró que responder. Por supuesto que nada de lo que sucedía era normal. En su opinión, Annabella se estaba esforzando mucho por nada; solo era una chica de la que su hijo gustaba. Ni que se fueran a casar.

Aunque, si no se equivocaba, en navidad se habían referido a esta muchacha como "La Futura Señora Agreste".


Adrien estaba buscando que libros les servirían a él, Nino, Alya y Marinette para hacer la tarea de historia que les habían asignado. Tenían que investigar sobre cómo eran las cosas en sus respectivos países en el siglo XVIII.

Pan comido.

Tampoco le preocupaban como saldrían las cosas cuando su madre conociera a Marinette. Se agradarían, no lo dudaba ni un poquito.

Más le temía a que llegara Plagg y los distrajera de sus planes de hacer tarea, sería algo típico de él.


La Dupain- Cheng está todo menos tranquila, a pesar de que las cosas habían salido tan bien con su querido modelo, aun no lograba relajarse del todo. Siempre estaba nerviosa de que algo fuera a salir mal y él se alejara.

En esta ocasión, era el hecho de no caerle bien a los Señores Agreste.

Gabriel era un reconocido diseñador, el favorito de ella, de hecho; y Annabella era una famosa modelo que había recorrido las mejores pasarelas del mundo. la mayoría de las veces usando algo creado por su esposo.

Además, Adrien era un modelo, esgrimista, poliglota, pianista, imagen de la prestigiosa marca de su padre. Su rostro había sido la portada de un montón de revistas. Que, por cierto, ella había coleccionado.

¿Cómo se comparaba ella con eso?

-Deja de pensar tonterías- la reprendió Alya- Adrien no es un chico que busque ser reconocido ni nada de eso. De lo contrario, estaría pendiente de Lila. O en el peor de los casos, Charlotte- Marinette escuchaba todo lo que decía- debes relajarte un poco y mostrarle a esos señores quien eres- sonrió con entusiasmo- demuéstrales porque eres tu quien le gusta a su hijo y no otra chica.

Marinette se puso de pie, con mucho mejor ánimo. Su amiga tenía razón, Adrien había demostrado que se interesaba por ella y no por alguna otra chica mucho más guapa y con más dinero.

-Y aun si no me quieren, Emma, Hugo y Louis solo tendrán que ver a sus abuelos en navidad, ¿no?- bromeo la pelinegra.

-Exacto- Alya estaba muy contenta también- ahora, ¿Qué te pones para ir a conocer a los padres del chico que te gusta?

Se miraron entre ellas un segundo, antes de asentir.

-Llamaremos a Tikki- dijo la morena- debe tener experiencia en esto.


Tikki tenía experiencia, algo así. Cuando había conocido a los padres de Plagg, no planeaba algo diferente a una amistad. Sin embargo, ellos sí. Desde el momento en que la vieron, dijeron: contigo, nuestros nietos serán lindos e inteligentes.

Literalmente, eso paso.

Pero esta experiencia no era precisamente útil para Marinette, por lo que se vistió normalmente como cualquier otro día. Más valía que la quisiera cuando más sencilla se veía.

-¿Estas lista?- Alya le sonrió.

-¿Por qué siempre preguntas eso?- reclamo la pelinegra- sabes que siempre respondo que no.

-Genial. Vamos- miro a la pelirroja- Tikki, tú también ven. Seguramente Plagg se aparecerá por allá.

-Conociéndolo, seguro tienes razón- sonrió ella.

-En cuanto más gente mejor- Marinette respiro profundamente- hagamos esto.


Sinceramente, Annabella había pensado que la chica que la gustaba a Adrien era la italiana de ojos verdes o la inglesa de vestido elegante en la fiesta de navidad. A Marinette la recordaba muy vagamente en realidad.

-¿Seguro que es ella, Gabriel?

-Muy seguro.

-¿Y la apruebas?

-Parece que a Adrien en serio le agrada, pero, como le dije a él, es su Señora Agreste, no la mía. No voy a meterme.

La mujer de ojos verdes nunca había sido clasista, racista, ni nada parecido, solo que su hijo la había tomado por sorpresa.


-Esta tarea fue más fácil de lo que pensé- suspiro Plagg complacido, deslizándose más en el sofá de la habitación de Adrien.

-Pero tú no hiciste nada- dijo Alya con molestia.

-Lo sé. Lo digo porque terminaron más rápido de lo que crei.

-No han terminado- interrumpió Tikki.

La pelirroja procedió a recordarles la otra parte de la asignación, donde tenían que llevar una muestra de algún aspecto relevante del siglo XVIII.

-Oh- Alya se llevó una mano al mentón. Sonrió- yo levare una muestra de lo que solían comer en ese entonces.

-¿Y eso es un aspecto relevante?- pregunto Nino.

-Con la explicación que daré, a nadie le quedaran dudas- respondió la morena, muy segura de su idea.

Entre los seis pensaron en algo que pudieran usar Marinette, Adrien y Nino. Tikki sugirió que el moreno hablara de la cultura y el estilo de vida de los brasileros en ese siglo; Adrien decidió hablar sobre algún invento que crearan los americanos en esa época.

-¿Por qué no llevas alguna prenda que usaran los chinos?- sugirió Plagg, distraídamente- ya sabes, aprovechando que sabes diseñar…

-Wao, amigo- Nino lo miro con ojos de completa sorpresa- esa a sido una buena idea. ¿Seguro que fue tuya?

Plagg decidió ignorar el comentario. No quería que Gabriel llegara y lo corriera por ser "un alborotador y mala influencia para su hijo". La última vez que sucedió estaba lloviendo y se mojó hasta llegar a casa.

Luego de varios minutos de investigación, Alya consiguió varias recetas que podían servirle para llevar a la clase. le pidió rápidamente la cocina prestada a Adrien y se llevó a Tikki para que la ayudara. Plagg las acompaño, como todos ya suponían.

Los otros tres siguieron en lo suyo, cada uno buscando que podían llevar para mostrarle a la profesora. Marinette recreo en su cuaderno algunos vestidos que encontró en internet, para luego hacerlos de verdad en su casa.

-¡Te quedaron geniales, Marinette!- la felicito Nino, mirando los dibujos- ¿Quién los llevara puestos?

-Ahhhh- en realidad ella no había pensado en eso- yo, supongo.

-Te verás hermosa- comento Adrien, sin pensar.

Los dos se sonrojaron ante el cumplido, Nino trato con todas sus fuerza de no reírse de ambos.

-Iré a ver cómo le va a Alya- dijo la pelinegra, poniéndose de pie- su madre será una gran chef, pero cocinar no es su fuerte.

-Además, Plagg anda con ellas- agrego Nino con sugerencia.

-A ver si cuando llegues aún hay cocina para hacer la cena- Adrien y Nino rieron, como si pensaran en un buen recuerdo.

Marinette sonrió al escucharlos y salió de allí, en busca de los demás.


En efecto, la cocina era un desastre.

Había humo negro saliendo del horno, de tal manera que opacaba todas las luces del lugar. Una par de paños de cocina se chamuscaban en el suelo y algo botaba vapor mientras le caía agua en el fregadero. También olía muy mal.

-Pero, ¿Qué paso?- pregunto, atónita.

Había visto las habilidades de su mejor amiga en la cocina, pero solo se habían quemado las cosas que cocinaba, solo un poco. El problema generalmente era que quedaba muy salado, picante, dulce, acido, duro o blando. En ocasiones, muchas de estas combinadas.

-Fue Plagg- dijo Alya señalando al chico.

-¿Qué iba a saber yo que el horno tenia tantos grados de calor?- el chico se excusó- el de mi casa solo llega 300 grados.

-¡Porque tus padres aprecian sus vidas!- exclamo Alya.

Las personalidades de Alya y Plagg solían chocar a menudo. Nada grave, pero podían extenderse más de lo necesario. Por lo tanto, Marinette intervino.

-Dejen de hacer tonterías y mejor comiencen a limpiar- les dijo, muy seria- ¿Qué dirán los padres de Adrien cuando vean esto? ¿No les da vergüenza…?

-Ya antes me había pasado- acoto Plagg.

-No es el caso- gruño la Dupain-Cheng- vamos. Yo los ayudare.


Gabriel se dio un descanso de trabajar. Salió de su oficina, al cuarto de su hijo. Oficialmente, quería saber cómo le iba a su hijo con la tarea; extraoficialmente, quería conocer más a esa chica, Marinette.

Porque, aunque no lo decía, si le importaba quien sería la próxima Señora Agreste.

-Hola, papá- saludo Adrien al verlo entrar en su habitación- ¿Qué haces aquí? ¿Necesitas algo?

-Cuando tu madre y yo los dejamos eran seis- comento- ¿Dónde está el resto? ¿Volvieron a casa?

-No, están en la cocina.

-¿La cocina?

-Sí.

Gabriel no dijo nada más. Paso con disimulo y tranquilidad alrededor de la mesa donde los dos amigos trabajaban. Vio un cuaderno de pasta gruesa color rosa. De él sobre salía una hoja donde podía verse la manga de un vestido.

Su lado diseñador se llenó de curiosidad. Con cuidado abrió el cuaderno y vio el resto del dibujo. Era un vestido hermoso. Y habían más. En las páginas del cuaderno había toda clase de prendas, unas mejores que otras, pero todas eran una gran muestra de talento.

-¿De quién es esto?- pregunto, mostrando el cuaderno.

-Es de Marinette- respondió su hijo.

-Tiene talento, ¿no?- Nino lo miro, esperando una respuesta.

No lo consiguió. Pero internamente, el famoso diseñador no pudo negar lo que era obvio.

-¿Qué haces sus amigos en la cocina?

-Cocinar- respondieron ambos chicos al tiempo, ganándose una mirada malhumorada del mayor.

-Plagg no está incluido, ¿verdad?

Adrien y Nino intercambiaron miradas nerviosas, toda la respuesta que Gabriel necesito. Dio media vuelta, listo para ves un desastre en la cocina. Los dos adolescentes pisándole los talones.


Annabella llego a casa luego de hacer las compras para la cena. Esa noche ella cocinaría. De vez en cuando lo hacía. Con tanta servidumbre, en ocasiones, se quedaba sin nada que hacer.

De camino a la cocina se encontró a su esposo, su hijo y Nino; los tres caminando algo apurados. Los tres chicos se detuvieron en la puerta de la cocina, viendo el interior. Ella los imito.

En la cocina estaban Alya, Tikki, Plagga y Marinette. Los 4 vestidos para limpiar. Habían un leve olor a quemado en el lugar por lo que supuso, gracias a experiencias previas, que el pelinegro tenían algo que ver. Solo que estaba muy limpio para asegurarlo.

-Esto es nuevo- murmuro Adrien sonriendo.

-Grábalo- Annabella se sorprendió ante la orden que su esposo le dio al moreno.

-De inmediato- rio este.

Annabella se fijó mejor y vio a Plagg arrodillado frente al horno, limpiándolo insistentemente. Plagg nuca había lavado ni una tasa en todas la veces que había estado allí. Y Marinette era quien estaba consiguiendo el milagro.

-¿Ves que no es tan difícil?- decía la muchacha, sonriendo.

-Huele feo- maulló el pelinegro.

-Olerá bien cuando termines.

-Pero…- el chico la miro con brillantes y suplicantes ojos negros.

-¿Si, Plagg?- Marinette se cruzó de brazos, achicando los ojos.

-¿Me das un poco más de esa cosa para limpiar?- dijo el, derrotado.

-Por supuesto.

Annabella miro de uno en uno, terminando en Gabriel. El hombre también la miro y disimuladamente le paso el cuaderno de Marinette que había traído consigo. Ella miro los dibujos, notoriamente impresionada. Le devolvió el cuaderno a Gabriel, una pregunta en su mirada.

El respondió solo con un asentimiento.

-Ammm… hola, Señores Agreste- saludo Marinette al percatarse de su presencia- disculpen el desorden, hubo… un pequeño incidente. Pero lo estamos arreglando.

La mujer se sentía avergonzada por haber juzgado a Marinette. Podía ver que era una chica dulce, sencilla, talentosa y, sin embargo, con carácter. es que, por favor, ¿Quién había logrado poner a Plagg a limpiar algo antes?

-Oh, no te preocupes, cariño- la detuvo, lo último que necesitaba era excusarse- ¿Por qué no van todos a lavarse, terminan sus deberes y bajan a cenar? Esta noche yo cocinare.

-No tiene que molestarse, Señora- comenzó a decir Alya, pero la interrumpió.

-No es ninguna molestia- y sonriendo, los corrió de la cocina. Menos a Adrien y Plagg, quien aún no terminaba de limpiar.

Ambos padres miraron con seriedad a su hijo. Este ya estaba esperando una gran reprimenda y castigo por permitir que su amigo pelinegro se acercara a la cocina, otra vez.

Pero no fue exactamente por eso que lo regañaron.

-¿Se puede saber por qué exactamente no has invitado a salir oficialmente a esa chica?

-…- no supo que responder a las palabras de su madre.

-Así es, jovencito- Gabriel adopto su tono severo- ¿Cómo desperdicias una oportunidad así? Imagina como serian nuestros nietos, Annabella.

-Apuestos y muy talentosos, de eso no hay duda- la mujer estaba muy feliz- es una chica tan linda, deberíamos invitarla a venir más seguido.

-Cada vez que venga Plagg sería bueno-concordó el Agreste mayor.

Adrien vio con gran sorpresa y confusión como sus padres se iban de allí conversando sobre la Dupain-Cheng. ¿Qué les había pasado? Estaba tan abstraído en sus pensamiento que no vio a Plagg acercarse.

-Ya te comprometieron y planean tu boda. ¿Quién lo diría?