Gracias a todos por sus gentiles reviews, me centrare en contestarlos al final del capítulo. Como siempre: Ni Harry Potter ni Fairy Tail son de mi prioridad, esto es tan solo un Crossover. Son Rowling y Mashima quienes han motivado a esta efímera pluma a escribir una historia. Gracias a Alex Daniel por Betear.

Disfrutad del capítulo.

Contador de Palabras: 3879 — Dimensión Actual: EarthLand

Canis Major. — Capitulo 1 – Espíritu de Plata.


— ¿Una llave de Plata?—

Ante los suaves rayos de luz de sol en esa mañana, Layla Heartfilia parpadeo, con algo de desconcierto plasmado en su rostro. Los suaves mechones de rubio cabello que caían a cada lado de su rostro enmarcaban la expresión de forma aristócrata, al igual que la sencilla y bonita peineta en el moño tras su cabeza. Sus largas y pestañas, de un tono rubio que iba más a café, adornaron el gesto con un vaivén elegante y suave cual cortés reverencia. Sus irises, de un suave color entre chocolate y caramelo, chispearon por un momento con la misma emoción que enseño su rostro, y luego volvieron a su usual calma amable y gentil al igual que lo hicieron sus facciones.

Iluminado por la luz el sol al igual que su contratista, Caprico se mantenía serio y formal como siempre, erguido en toda su estatura; Se había inclinado levemente frente a ella luego de dedicarle su usual reverencia, tanto por respeto como por costumbre, y ahora se encontraba enseñando la pequeña cajita color vino en una de sus manos. El elemento iba ataviado con cintas de oro, y llevaba en su interior un cojinete de un cálido tono de amarillo: ahí reposaba la llave, como una joya frente a un experto. Layla mantenía su mirada algo curiosa, y Caprico decidió que era el momento indicado para decidir cómo actuar.

La llave relucía bajo la luz del sol, impasible ante la mirada de ambos y la apariencia de su presentación. Normalmente, los Contratistas encontraban las llaves en tiendas, cofres o lugares abandonados. Algunos eran traspasados como legado familiar, como simples herramientas en lugar de seres pensantes. Quizás era por eso mismo que tenían una especie de tradición con los espíritus de data reciente: procurar un buen tipo de presentación al llevar por primera vez a uno de ellos al mundo humano. Una mala impresión, sin importar el lado del contrato, podría arruinar de forma permanente las relaciones entre dicha Llave y futuros contratistas. Caprico conocía personalmente muchos casos de espíritus que habían terminado mal; De una forma u otra, no era culpa suya: quizá la inexperiencia, o la propia actitud de los Magos de Espíritus Celestiales tenían que ver en ello.

Aparte de Caprico, otro de los Doce que tenía buen conocimiento del tema era Leo –lo que era lógico, siendo uno de los espíritus más importantes: El hermano mayor de la raza, por decirlo de alguna forma–. Con el tiempo, ambos empezaron a coincidir con ciertas características que los afectados desarrollaban: algunos se volvían temerosos, otros irritables; unos perdían la fe en la humanidad, y otros tomaban acciones agresivas en exceso desconfiadas contra todo tipo de contratista después de ese primer incidente.

—Fui asignado con su tutela desde hace algunas semanas. —Semanas de tiempo celestial, había que recalcar—. Me sentí preocupado por su posible reacción ante un mago no preparado. Es un espíritu reciente, lo que le transforma en un caso inusual entre nuestra especie. Su Majestad ha decidido asignarlo a alguien considerado competente, por el bienestar de su desarrollo y el de su Mago Invocador. —

La palabra bienestar era un eufemismo, y con ello en mente, Caprico se permitió fruncir el ceño tras sus anteojos mientras Layla tomaba la cajita entre sus manos, acunándola entre sus palmas con sumo cuidado y algo similar a su usual calidez maternal. La explicación fue avanzando mientras ella contemplaba la llave, y detallaba de forma calma los grabados en ella y sus múltiples detalles. Algo que todos se reservaban revelar era las implicaciones de una selección: muy pocos de ellos eran asignados de forma directa por el Rey Celestial. En un caso usual, ellos dejarían al propio espíritu observar el mundo de los humanos, y decidir si encontraba a un candidato digno de portarle: una decisión de importancia enorme, y que simbolizaba una muestra de confianza por parte de todos sus mentores y del propio Rey cuando se hacía por primera vez. Una experiencia, gigante y única, pero que siempre podría torcerse y terminar mal. Terriblemente mal.

Lady Heartfilia observo la llave con comprensión, escuchando a Caprico hablar con voz suave mientras explicaba de la mejor forma que podía el caso particular del individuo vinculado al objeto en sus manos. El hecho de las malas experiencias hizo su corazón estrujarse, preguntando en silencio cuantos Espíritus Celestiales habrían sufrido una experiencia tal que les sacudiese de forma permanente. Ella veía el ceño levemente fruncido de Caprico, y percibía la profunda incomodidad que sentía al explicarle todo aquello.

A través de la exhaustiva charla, ella escuchaba la razón de su malestar: Todos aquellos espíritus afectados coincidían en estar heridos, decepcionados e incluso dudosos de su propio valor. Ellos, sin hacer nada para merecerlo, "Habían sido quebrados en lo más profundo, dejando una grieta enorme en su propio ser, confianza propia e incluso en lo que ellos consideraban su propia alma. –Layla trato de obviar el escalofrió que sintió sobre su espalda, tragando en seco.

Ella comprendía la gravedad del asunto, era una situación muy fuerte, quizá equivalente al abuso o esclavitud humana en épocas pasadas, en incluso hoy en día. Capricornio se estremeció cuando ella formulo la idea, pero dio un asentimiento seco, con los labios apretados mientras ella, con un renovado sentimiento de preocupación, llevaba la cajita con la llave aun dentro contra su pecho y cerca de su corazón, en un suave gesto de consuelo que parecía querer darle al propio espíritu de plata: como a un niño pequeño que ha pasado por una muy mala experiencia. La solución que implementaron para evitarles tamaño dolor le parecía algo muy responsable y gentil: Asignarles un tutor que pudiese enseñarles, dejándoles aprender todo lo posible para estar listos. Un tiempo de preparación que fue implementado tras la ferviente insistencia de no solo Caprico, o de Leo, sino de los Doce Dorados en conjunto.

Pobre, pobre ser…

El símbolo oscuro, con la forma de un canino ahoyando hacia el basto cielo brillaba hecho de piedra negra. Quizá un ónix o una obsidiana. Ella sintió un pequeño retortijón mientras la charla de introducción continuaba fluyendo. El espíritu de la llave de Capricornio se ahorró el explicar cómo eran exactamente creados los espíritus celestiales, pero ella tampoco planeaba preguntar. Era seguro que el tema era información sensible –aún más sensible que los contratos fallidos. Los espíritus actuales no desconfiaban de las decisiones de los últimos novatos, pero procuraban recomendar encarecidamente –y en algunos casos, persuadir de forma activa– a los espíritus más jóvenes para escoger a un contratista. Una vez que su llave estuviese en el Mundo Humano, ya no tendrían control sobre su elección. Las llaves pasaban de mano en mano, y no sabía si los espíritus podrían arrebatarlas de sus contratistas. Layla frunció los labios un poco, al igual que su ceño. Ella esperaba que si fuese posible en una emergencia.

—Con lo que le he revelado, creo que entenderá el motivo de nuestra reticencia. —El plural no pasó desapercibido, pero ella mantuvo silencio, observando la llave con algo similar a la pena—. Su creación no fue precisamente… convencional, Mi Señora. El Rey afirma que el proceso fue perfecto. Sin ningún tipo de interrupción o dificultad. Incluso así… —Caprico realizo una pausa, como si él mismo o supiese como proseguir. Los ojos de Layla se habían elevado hacia él, dudosos de su detenimiento—…Entre los nuestros percibimos algo… extraño, diferente en él. Es complicado de expresar, en especial con palabras. Es… cuestión de sentirlo. —

Espíritu y Contratista se mantuvieron en el iluminado estudio, era apenas media mañana, por lo que nadie se molestaría en ir a revisar antes de antes de la comida para avisarle a su señora que podía pasar al comedor. Caprico estaba consciente de esto, por lo que había decidido presentarse en aquel momento para extender la delicada invitación a Lady Heartfilia. El espíritu de la Cabra y la Maga Celestial tenían mucho tiempo para las explicaciones, y pensaban aprovechar cada pequeño segundo de este.

Y el sol fue moviéndose en el cielo, siguiendo su ruta establecida e iluminando el basto y verde jardín de la gran mansión mientras ambos seguían enclaustrados en aquel bello e iluminado estudio. Ella se mantuvo siempre atenta, tanto por respeto como por genuina preocupación e interés; la pequeña caja aterciopelada se mantuvo segura entre sus manos en ademan delicado.

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En su vaga memoria, la primera vez que abrió los ojos en aquel mundo, sintió su cuerpo entumecido por una especie de bruma azul. Triste, melancólica. Su visión se encontraba empañada, como si acabase de despertar de un largo, largo y profundo sueño. Se recordaba parpadear, tratando de acostumbrarse a la luz, y sumiéndose otra vez a sí mismo en oscuridad al cerrar los ojos. Se encontraba ligero, casi etéreo, y sentía la suave y dulce, casi imperceptible melodía que existía bajo la respiración del propio aire.

Reconfortante.

¡Hola!

Y luego se encontró con un curioso rostro de ojos café cerca de sí.

Había saltado como un gato asustado al segundo siguiente, sintiendo como el pecho le temblaba debido a la repentina sorpresa. Se le erizo el pelaje –la piel, y todo lo que cubría su cuerpo, en realidad. Quien le había alarmado era una chica –bajita. Al menos más que él. Con largo cabello y cuerpo ligero. Tenía la fuerte sensación de que no se suponía que no estuviese solo. En realidad, tenía el fuerte sentimiento de que debería de haber estado durmiendo durante un buen rato más. Un largo rato.

¿Eres el nuevo? ¿Eh, eh?

Se vio sacudiendo con confusión su cola al verla: la chica se había escabullido detrás de él para observarlo mejor. Agitaba la cola que ella poseía, peluda, esponjada y grande, como un plumero o bola de algodón. Ella le sonrió, con su rostro joven y juguetón enmarcado por una cabellera anaranjada-pelirroja. La joven era chispeante, alegre, y no se mantenía quieta en un solo lugar mucho tiempo, correteando a su alrededor mientras su cola esponjosa se agitaba por ahí y parloteando alegremente. Se sentía algo aturdido, pero bienvenido de igual manera.

Un mechón negro apareció frente a su visión, rosándole de pronto la nariz. Acomodando su cabello, él agito una oreja por mero instinto, y reconoció con el tacto que él, al igual que ella, las poseía sobre la cabeza –también eran inusualmente suaves. ¿O se suponía que fueran así? Las froto un par de veces con el pulgar, sintiéndose ausente hasta que el punzase le llego. Sin querer, se había lastimado con las uñas –garras, que tenía en los dedos.

¡Bienvenido! ¡Hola-Hola!

Le escucho estallar en carcajadas, celebrando con genuina alegría mientras revoloteaba a su alrededor. Ella le tomo las manos –tenia uñas filosas, al igual que él, mas ella no se lastimo–, y antes de que se diera cuenta dieron vueltas, en un tonto y divertido baile de bienvenida al que se sumó sin pensarlo mucho más. Ambos rieron, como niños pequeños en un parque de juegos. Adelante y atrás, adelante y atrás, riendo y saltando de forma alegre y entretenida, ignorando todos los peros que pudiesen tener.

Cayeron sin querer, él tropezándose ante la falta de costumbre sobre sus propias patas; ella por la inercia del jalón que le dio sin intención alguna, acabando él de cara al suelo sobre su estómago, y ella tumbada de panza sobre él, con la larga y mullida cola sobre la cabeza.

Que bochorno, que vergüenza. – Pensó aquello sin querer, y se encontró terriblemente sobrecogido por ello. Avergonzado, el soplo un mechón de su cabello, sintiendo su rostro arder. Sin embargo, ella no lucia molesta, porque reía infantilmente mientras apartaba la punta de su cola con un soplido.

Pelirroja tan solo le sonrió de forma brillante.

¡Soy Vulpécula, la estrella de la zorra! Su sonrisa era cálida e infantil. ¿Cómo te llamas, Perrito-Perrito?

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—M-Mucho gusto, mi señora. M-Mi nombre es Sirius, e-el can mayor. Para servirle. —

Sirius agito la cola, nervioso. El tenso silencio le ponía los nervios de punta. Caprico había asentido con una mirada aprobatoria bajo sus lentes de sol, sonriendo de forma tenue ante su practicada y respetuosa reverencia. Lo sabía, El joven frente a él se llenó de nervios y temblores en cuanto le dijeron a quien se le había asignado. Se encontraba tan ansioso como en su primera toma de conciencia en el mundo celestial. Sentía sus negras orejas casi pegadas a su cráneo, rozando su largo cabello negro con el borde de estas, dándole más comezón y nerviosismo a su ya crispado estado.

Tras sus lentes de sol, Caprico se permitió fruncir de forma leve el señor al recordar aquello. E intentar no bufar debido a la retrospectiva. Era su deber preparar a los espíritus para la h conocer a su siguiente dueño, y en este caso querían demostrar lo que la oportunidad representaba en ambos lados.

[Estaba demasiado tenso.] Caprico se encontró reflexionando tiempo después. Fue notorio en extremo debido a como se esforzó de forma ferviente en realizarle una reverencia en cuanto le vio.

"No metas la pata. No metas la pata. Oh, colmillos, no metas la pata…"

.

—Es un honor conocerte, Sirius. Soy Layla Heartfilia, y el gusto es todo mío. —

Su voz suave y gentil le hizo agitar un poquito las orejas, curioso. El canino no pudo evitar sentir confusión mientras ella le dedicaba una elegante reverencia, adornada por aquel vestido de encajes que le hacía ver como toda una dama de alcurnia: Elegante y refinada. Ella era sobria, y era casi como ver una muy etérea luz.

Sintió un suave rubor subir a su rostro, y en silencio se preguntó si sus mejillas estarían muy rojas. ¿Debió presentarse mejor como un perro? Su forma canida animal era enorme, cual gran danés, pero afable como un cachorrito. –No- No. Sirius empleaba la mayoría del tiempo en esa forma humanoide-animal que tenía; como una costumbre, o quizá una muestra de su propio equilibro mental. Era mejor mostrarse como se veía de costumbre. El viejo Orión le regañaría si fuera así. Vulpécula, por otro lado, opinaba que dejaba una impresión más amable como un Hayou. –Sirius aún se preguntaba qué era eso.

Layla le escucho suspirar aliviado, y ella se incorporó, sonriendo con amabilidad ante su evidente timidez. En la práctica, Layla había aprendido, Sirius era un aprendiz con casi un año celestial bajo la atenta guía y consejo de Caprico –como su tutor principal–, y algunos otros pocos espíritus, –ya fuese en calidad de compañeros o maestros secundarios–. El resto del tiempo, su tutela había recaído en aprendizaje auto didacta y ensayos y estudios con constelaciones de su propia clase –su propio rango.

"Todo un pueblo puede criar a un buen niño", aquel viejo dicho de Fiore floto entre sus pensamientos mientras Caprico daba un asentimiento a Sirius, aprobatorio. Su voz de barítono profundo mantuvo siempre la atención de Layla de forma fluida y férrea durante sus explicaciones largas y tendidas. Hacía ya un rato que habían cambiado de posición, pasando de la ventana a cortinada que daba al jardín a sentarse cómodos frente a la acogedora chimenea, hablando y hablando mientras el sol se elevaba, y en contraste con el bello cielo azul, podían verse las suaves motas blancas flotar sin rumbo aparente.

Sin embargo, ahora era de mayor importancia tratar con su nuevo espíritu.

— ¿Quieres tomar asiento, Sirius? quisiera que estemos cómodos al realizar el contrato, ¿te parece?—

—P-Por supuesto. Gracias, mi señora. —

Layla le sonrió de forma cálida. —Eres muy amable. —Al girar el rostro, no noto como el can se veía algo cohibido.

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Bienvenido, ¿Tu viaje a ido bien?

Sus palabras eran cálidas, y su voz ronca, pero sabia y benevolente. Anciano, fue lo primero que Sirius pensó al ver al hombre frente a él. Era un espíritu –todos ellos lo eran –que carecía de las características animales que el mismo portaba en su cuerpo. No tenía ni idea de que era lo quería decir, y lo hizo saber con dudas.

La sala era amplia, cual enorme salón, sin un techo que les obstruyera la vista al hermoso cielo salpicado de partículas de luz flotando por el vacío del espacio. Su dimensión, hermosa, poseía siempre aquellas salas de reunión común. Islotes que flotaban separados entre si, vinculados por cambios de luz o puentes de joyas. Adornadas con enormes pilares de cristales pulidos, tenían luz propia, dando saludo a todo aquel que quisiese ser usuario de su instalación.

Y-Yo… Carecía de ideas para responder. El espíritu anciano, armado con carcaj y una espada enfundada al cinto, sonrió de manera afable, y extendió una cálida carcajada que fue bien recibida. Se sentía… bien, ser recibido de forma tan gentil. S-Soy Canis Major, Señor

Se presentó de forma torpe, lo sabía. Canis Majoris. Bienvenido. Repitió sin abandonar su sonrisa. Soy el Cazador, Orión. Aquello explicaba el caca y las armas, pero no el pequeño tirón que vio a él e cuando supo su identidad. De momento, me puedes considerar responsable de tu instrucción. Y veo que ya has conocido a Vulpécula. La aludida agito la cola, sonriendo tan infantil como en el primer momento que se habían encontrado. Major le imito sin querer, pero se mantuvo concentrado. ¿Qué es este lugar?

Podía ver más espíritus en otras plataformas, y con su pregunta, Orión le invito a tomar haciendo junto a él, mientras Vulpécula corría en alguna otra dirección, sonriendo y riendo, quizá cazando a sus amigos repartidos por el lugar. Reglas de comportamiento –apenas dos; clasificaciones, jerarquías, tipos y más información fue fluyendo. Algunas cosas las reconocía al momento, otras tomaban algunas preguntas más, interrogantes y dudas que surgían intermitentes pero constantes. En algún momento del largo y ameno seminario, las partículas de luz se movieron sobre sus cabezas, tomado menos iluminación.

La llave de plata se encontró absorta en sus explicaciones, preguntado, maravillados, o guardando más dudas que querría pedir en otro momento, sin saber cómo elaborarlas en aquel momento. El tiempo pava, y sobre ellos el techo inexistente se los hacia saber. Parecía una bóveda circular girando sobre su cabeza, pese a que ambos sabían que ninguna superficie existía en aquel espacio. Solo vacío interminable. En algún momento, Orión observo al cielo, y dio una muy tenue sonrisa, invitando a Can Major a seguirle, dando por finalizada su primera lección.

Ah- Y, Majoris.

El espíritu más joven se giró, agitando la cabeza con duda sobre su conciencia. Sus orejas se movieron, curiosas.

El cazador se rascaba el mentón, pensativo. Si eres el espíritu del perro, Entonces has de ser Sirius, ¿Cierto?

Él parpadeo. Nunca paso por su mete el siquiera considerar buscarse u nombre, más allá de su existencia como personificación de una constelación. Sirius se siente correcto…

Entonces Sirius será. Orión sonrió afable

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—¡Tengo el empleo! —

Entre todo el barullo de la multitud, la pequeña comitiva había esperado paciente y terca la re-aparición del espíritu del perro, deseando saber las buenas nuevas que les acarreaba el evento en curso. La carcajada de Sirius fue lo primero que escucharon, surgida de los vítores de alegría por parte de todo el mundo.

Vulpécula chillo de alegría, abalanzándose sobre Sirius en cuanto apareció en un haz de luz, acompañado de un calmado, pero sonriente Caprico a su lado. Aquel gesto entre sus más jóvenes protegidos fue lo que arranco al Cazador una sonrisa tenue, y motivo a acercarse al espíritu de Capricornio en pos de intercambiar una muy leve cabezadita.

Ambos estaban satisfechos.

Un espíritu enorme, gris y obviamente canino, arrastro fuera del abrazo

Una criatura similar a un reno le tacleo, enfundado en una armadura azulosa y con cernos de color marfil-dorado. — ¡Cuenta, cuenta! —Sirius acabo en su espalda, riendo mientras era zarandeado.

— ¡Basta, e Astas, ya-! —El can mayor lloriqueaba de la alegría —. ¡Lupus ya me saco de las garras de Zorrita, no me sacudas tu también! —

— ¡Calla y dinos que paso! —

El enorme canino gris rodo los ojos, y se acercó al par de locos que tena por compañeros. —Tome un contrato por horas. —Lupus le saco de la espalda del espíritu del Reno, con una saltarina Vulpécula a su lado. —Ya, ya, sé que se escucha muy raro. M-Me he puesto algo nervioso y… —Un cojín mullido y esponjoso impacto contra su rostro, deteniendo la retahíla de balbuceos a punto de empezar —. ¡Mph-! —

Lupus dio una sonrisa torcida y Vulpécula ahogo su risa. — ¡Y uno para ti también, Reinder! —Ataviada con una armadura, una mujer joven de rizado cabello negro impacto otro cojín contra la cabeza del espíritu del Reno, quien gimoteo de forma cómica un chillón y lastimero "¡Bell!"

—Gracias 'Trixie. —Retiro el cojín de su cara, recibiendo una trompetilla por parte de la bella amazona con rizos azabache. Ella levanto un cojín a punto de continuar, haciendo a Sirius levantar el propio a modo de protección. — ¡Ah no, ni se te ocurra-!—

— ¿Por qué no nos cuentas sobre el contrato Sirius? —Orión hablo justo en aquel instante. Caprico había desaparecido hacia unos segundos, con una sonrisa tenue en su rostro por las interacciones. — ¿Cómo te fue? —

Vieron al Can Major agitar la cola, emocionado.

— Tengo un contrato de 45 horas a la semana, todos los días a la semana, con chance de tomarme libres los feriados y sábados, salvo que se presente una emergencia de magnitudes importantes. — Dijo todo eso a carrerilla, casi sin aire debido a la emoción.

Todos le miraron incrédulos.

Orión alzo una ceja, y sonrió de forma discreta. —Pienso que es un sistema muy creativo, y útil también. ¿40 horas a la semana?—

— ¡45 horas! —Lupus lucia consternado, igual que Trix.

Sirius se sintió enrojecer, con su rostro caliente por la súbita pena. —N-Nunca se sabe que pueda ocurrir. —se excusó, cohibido—. Puede invocarme a cualquier hora, Seis horas y media cada día, todos los días. —

Reinder lucia extrañado. — ¿Tienes vacaciones en feriados?—A sus ojos, era algo muy extraño especificar aquello.

—Solo si no me necesita. Si tiene una emergencia, llame sin ninguna duda. —Sirius fue insistente, deseoso de ser útil, queriendo mostrar su valía. Lupus parecía consciente de ello, y le dio una palmada en la espalda con una de sus enormes zarpas.

Sirius estaba siendo honesto. ¿Qué pasaba si era una emergencia y no estaba disponible? ¡El Señor Layla podría estar en necesidad y era su deber protegerla! Sirius agito la cola con nerviosismo ante aquel pensamiento. Vulpécula le miro con empatía, y el enorme lobo suspiro, sabiendo que Sirius no insistió en ello con ninguna maldad, o por ser terco hasta el hartazgo. —Tu contratista lo apreciara sin duda. —Gentiles, como eran la zorra y el Lobo, entendían que el Canis Major solo estaba realmente nervioso por tener un primer contrato.

Orión parecía complacido, viendo los vítores del grupo de llaves de plata. Majoris logro, lentamente, un círculo de amistades relativamente amplio. Eran muy unidos, pese a todo, y siempre se mantenían unos con otros. Faltaban algunos por enterarse, pero ahora Sirius podía compartir sus alegrías con sus pocos amigos presentes.

—Entonces, —Quiso comentar, sonriendo levemente—. Lady Layla todo un sol. —

— ¡Lo es! —

Quedaba esperar que esto surgiese como una buena experiencia.


Contador de Final: 8753 — Un Prefacio + 1 Capitulo.

Hola a todos, otra vez. Lamento la tardanza, pero las promesas de más velocidad… ya saben que no son lo mío. Si vieran mi carpeta de escritura… ¡Momento de actualización, y de agradecimientos de Reviews!

Gruvia and NaLu 4 life — Thanyou for you cheer! Oh well, I want to have some chapters behind before trying to translate anything, I just have a oneshot on english, and I don't have any ideas if it is well writted or not. Hehehehe.

Tsukimira — Agradezco enormemente tu apoyo. Si, Hocicos también es uno de mis favoritos –Ah, mi primer crush literario. Esos ojos grises~ *ajem. He aquí el siguiente Capítulo, espero lo disfrutes: 3

Sad ¡Tu! Si viniste a leer TwT Gracias Sad, por tomarte la molestia. *apapacho* Tratare de mantener la calidad.

Auror DragonSlayer — ¡OH DIOS! ¡Tu-tu-tu! ¡Sabía que esa foto de perfil me era familiar! ¡Yo te conozco! ¡Tengo un amigo que me mostro uno de tus fics y no te encuentro desde entonces XD! *Deja la reacción Fangirl a un lado * -Ejem-. Muchas gracias por tu apoyo, he de decir que tengo que repasar un poco FairyTail para tomar buen pie, pero espero poder llegar a la altura de lo que quiero hacer nwn Y si, no hay que ser Albus para saber quién va de protagonista aquí; 3 A ver si adivinas a quien más incluiré en un futuro. O a quienes referencio.

Bien, esto es todo por ahora. Hasta la siguiente vez.

—Kaira.