Gracias a todos por sus gentiles reviews, me centrare en contestarlos al final del capítulo. Como siempre: Ni Harry Potter ni Fairy Tail son de mi prioridad, esto es tan solo un Crossover. Son Rowling y Mashima quienes han motivado a esta efímera pluma a escribir una historia. Gracias a Alex Daniel por Betear.
Disfrutad del capítulo.
Contador de Palabras: 4902 — Dimensión Actual: EarthLand
Canis Major. — Capitulo 2 – Canino y Princesa.
"Querido Diario:
Mi nombre es Lucy. Lucy Heartfilia. Tengo seis años, y quiero ser una gran maga celestial como mi Mamá. Es mi sueño.
El nombre de mi Mamá es Layla. Ella tiene algunos espíritus celestiales, son muy diferentes, y muy geniales. Acuario, Cáncer y Caprico son llaves de Oro, y pertenecen al Zodiaco de las llaves. ¡Son muy-muy fuertes! Acuario es una sirena, es muy gruñona y muy Bonita. Creo que no le caigo bien. Cáncer es un cangrejo, corta el cabello y me lo deja muy bonito. A mamá le gusta como lo hace. Caprico es una cabra blanca, muy alta, muy formal y siempre educada con todo el mundo. No los veo mucho, porque Mamá los llama muy de vez en cuando. Ella dice que llamarlos gasta mucha Magia, porque son muy fuertes.
A quien si veo seguido es a Sirius. Sirius es una llave de plata -la constelación del Perro, eso dijo Mamá- y es 'único en su tipo'. Creo que eso significa que solo existe un Sirius en todo el mundo, como solo hay un Cáncer, un Caprico y un Acuario. Sirius es muy fuerte también, solo que no tanto como una llave de oro. Mamá dice que las llaves de plata también son especiales, pero a su forma.
A mí me gusta Sirius. Es muy divertido. Tiene unas orejas de perro grandotas y suavecitas. Y todo su pelo es negro, incluso el de su cabeza. También se peina con una cola; creo que a mi papá no le gusta eso. Él usa el pelo corto. Abecés pienso que Papá cree que Sirius se ve muy desaliñado porque usa su ropa toda desordenada. Sirius usa un traje como Caprico, pero no se pone corbata, y usa la camisa por fuera. No sé si usa cinturón. Mamá dice que Sirius se ve bien. Yo también creo que se ve bien…"
— ¿Qué haces, Princesa?—
La pequeña Lucy levanto la cabeza. El pequeño diario descansaba frente a ella, y el lápiz lo hacía en sus piernas. Inclinado a su altura, y con la cola en alto, Sirius sonreía con su usual carisma mientras observaba curioso a la pequeña.
— ¡Siri'!—Exclamo Lucy, emoción era lo que se vea resplandeciendo en su pequeño rostro.
—Buenos Días, Pequeña Lucy. —Sirius se irguió, y dedico a la pequeña una reverencia Cortez, sacando una risita infantil de la jovencita rubia—. ¿Cómo se encuentra la estrella más hermosa de todo Fiore? ¿Ocupada con sus estudios?—
Lucy se ruborizo. —Estoy escribiendo. —respondió orgullosa.
— ¿Escribiendo? —Pregunto Sirius, luciendo sorprendido—. ¿Y que estas escribiendo? ¡Oh! Déjame adivinar, ¿Es un cuento? ¿Una novela? ¿Puedo verlo?—
— ¡No, no! —Lucy empezó a reírse, apartando de forma infantil el libro de las garras de Sirius–. ¡Siri' malo! ¡Yo no quiero que nadie lo vea! ¡Es un secreto! —Sirius gimoteo, fingiendo tristeza mientras hacía ojitos de cachorrito. Incluso aplaco las orejas, y trato de obtener un 'si' con su mejor cara de cachorro regañado—. ¡No, no~! ¡No va a funcionar!
— ¿Por favor pequeña?—
— ¡Que no~!—
Escucharon a una mujer reírse tras ellos, y ambos se sentaron para observar quien era. Vestida con uno de sus vestidos tradicionales, de bellos tonos de cálido amarillo, Layla Heartfilia les sonreía, enternecida por su infantil discusión.
—Así que aquí querías venir, Can Mayor. —Layla le sonríe con calidez, llenándole de calor el pecho—. ¿Porque no me sorprende? ¿Os estáis divirtiendo?—
— ¡Señora Layla*! —Se inclinó ante ella también, respetuoso y cordial—. Yo –bueno, yo quería ver a la Señorita Lucy. Perdone si he sido un inconveniente. —sonrojado hasta las orejas, el canino se disculpa profusamente con su contratista.
Layla tan solo le sonríe. —Bien, he de admitir que fue una buena excusa para salir un rato. El día es precioso, ¿Cierto?— Layla lo como si nada, amenizando el ambiente.
—S-Sí. Tiene razón…—
— ¡Hagamos un día de Campo! —Lucy los sorprende con la sugerencia, pero su rostro infantil refleja profunda alegría—. Mami, Siri', ¿Podemos? ¿Si?—
Ambos compartieron una muy leve sonrisa. Era imposible resistirse a una hermosa sonrisa dedicada por la pequeña Lucy Heartfilia. Decir que no sería "Como negarle a una estrella el cielo", en palabras del Can Major.
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Sirius, orgulloso y con buen humor, regreso al Mundo de los Espíritus Celestiales cubierto de retacitos de hierba en su cabello negro. Tarareaba de forma alegre, traía el estómago lleno, y una enorme sonrisa que le presagiaba a quien pasase frente a él que las cosas habían ido muy bien.
— ¿Te ha ido bien Siri-Phoo~?—
El llamado infantil logro que el hombre de orejas de perro se girase, sin perder ni un ápice de su socarrona sonrisa. — ¡Ja! ¡Ni tus bromas podrían arruinarme el día, Bellatrix! ¿Reinder y tú se han quedado a esperarme? —El canino estaba de buen humor, y eso se notaba a una milla de distancia.
Fuerte, hermosa, y atrevida. Aquella amazona de cabellos ébanos y risos hasta la cadera sonreía constantemente, con confianza, reforzada en fuerza y belleza propias. Era linda –muy bella, y atraía miradas solo con entrar a una habitación. Su aradura era la tradicional para las suyas, siempre brillante pese a las adversidades.
Ahora, sin embargo, de espaldas sobre el catre que les servía de banca en aquel parque del mundo Celestial, su rizado cabello caía hasta el suelo en ondas oscuras. Bellatrix tenía un puchero infantil que se acrecentaba en sus mejillas infladas. El gesto era, con franqueza, adorable en su rostro redondo, como una manzana o un corazón, casi tanto como su expresión traviesa o su gesto de aburrimiento al batir sus gruesas pestañas en ademan coqueto.
—Siri~ –Gimoteo de forma graciosa—. Te he dicho que me llames Trix. Cuando me llamas por mi nombre completo siempre acabamos discutiendo. —se quejó.
—Ah. —Sirius parpadeo—. ¿Lo he hecho? Lo siento. No me he dado cuenta, de verdad. ¿Dónde está Astas*?—Miro en otras direcciones, cazando con la mirada.
Trix se encogió de hombros. —Supongo que se fue a hacerle ojitos a la flor, o a gastarle una trastada a alguien con Vulpécula. Tampoco he visto a Antares en todo el día. Estará debajo de un árbol, leyendo un libro. —Se sentó, sus rizos cayeron sobre su armadura–. Tú pareces recién enfrentado a una ensalada, Sirius. —
— ¡Ja! —Si irguió como un pavorreal, para luego dejarse caer exhausto, con una tenue aura azul a su alrededor—. Lo se… —Odiaba sacar las machas de césped de su ropa blanca. No quería lavar en aquel preciso momento.
Al principio, la relación entre ambos era muy incómoda. No que fuese culpa de Bellatrix –La guerrera era muy insistente en llevarse bien con el Can Major. Ya fuera por respeto al Cazador Orión, quien le había entrenado en su día, o porque en realidad quisiera al perro como amistad. Sirius era, por algún motivo más allá de su comprensión, el responsable de la separación y brecha que existió entre ambos, casi desde antes del mismísimo principio.
Existía un resquemor casi irracional por parte de Sirius a la mención del apelativo 'Bella' al referirse a Bellatrix –el can se erizaba, como si fuera un mero instinto de supervivencia, y su cuerpo se mantenía tenso durante el siguiente plazo de diez o quince minutos–. Decir simplemente 'Bellatrix' tampoco había sido una mejor solución, pero si una más aceptable. Sirius solía emplearla solo para cuando desease charlar con ella de algún tema estrictamente serio. Para ambos, no obstante, el diminutivo 'Trix' o 'Trixie' era el que más les acomodaba. Informal, ameno y más… casual. Más cómodo.
Con el tiempo y el apelativo, Sirius pareció separar de forma inconsciente su malestar subconsciente de la mera presencia y figura de Bellatrix, para alivio de Orión, Lupus, y todo el círculo de llaves e plata que le habían incorporado como parte de su 'pequeña familia'. Si recapitulaba, no sabían a ciencia cierta si Caprico estaba consciente del tema, pues el Carnero nunca hizo alusión alguna a ello, ni siquiera por accidente. Orión nunca se lo había mencionado, y no estaba en los planes del cazador hacer dicha acción.
—Le gusto el librito que le regalé. —Dijo Sirius, cambiando de tema y sentándose junto a ella—. La vi escribiendo en él, pero no me quiso decir que era. —hizo un puchero.
Trix levanto una ceja, luciendo divertida. —Creo que le has dado un lugar en el cual colocar sus secretos. No esperes que te lo muestre en lo que le queda de infancia, Perrete. Las niñas son muy celosas con sus Diarios. —
— ¿Diario? —Sacudió la cabeza, sorprendida con creces—. ¡Pero si tiene seis años! ¿Qué va a estar escribiendo ahí?—
— ¿Y me preguntas? ¿Qué voy a saber yo de diarios?—
Sirius continuo haciendo pucheros, y Trix siguió con sus risotadas. Con un suspiro, escucharon a alguien más acercarse. —Quizá sobre las aventuras que quiera tener al emplear Magia Celestial. Dijiste que la señorita quiere ser como tu contratista, ¿No es así? —Ambos giraron sobre sus asientos, y asintieron al ver quien se acercaba. El enorme espíritu gris, de colosales proporciones, asintió levemente entonces—. Todo dicho. Le has dado su espacio para tener aventuras. —Aprovechando la sombra del árbol más cercano, volvió a tumbarse para seguir leyendo.
Trix sonrió con algo medio entre incomodidad, y calma. —Bueno, supongo que eso lo explicaría. –
El Can Mayor bufo, sabiéndose derrotado. —Eh. Lunático*. —Levantando la vista, el espíritu lupino le acribillo con la mirada. Odiaba el sobrenombre por sus implicaciones, y se lo hacía saber con su gélida mirada amarilla—. Gracias por la idea, Lupus. Prometo comprarte otro libro de misterio cuando vuelva a pasar por el pueblo cercano a la mansión. —Sirius agito una oreja. Era un viejo tic nervioso.
Lupus rodo los ojos. Y su enorme figura, similar a la de un licántropo transformado –más lobuna y menos humana– se tumbó sobre su estómago y apoyo sus patas bajo su mentón. De todo el círculo de llaves de plata que conformaba su grupo, Lupus era el más calmo después de Orión. El cazador era similar a Leo en autoridad, por lo que Lupus era el equivalente a Capricornio, siendo el más serio tras Orión.
Soltando un bostezo, se animó a seguir hablando: —Eso sería agradable. —Dijo un con una tenue sonrisa—. ¿Vas a mantenerte siempre al límite de tu contrato cada vez que invoquen? —inquirió.
—Ah, bueno, tengo siempre unos truquitos bajo la manga, ¿Sabéis? Quiero tener un montón de buenas experiencias para contaros a todos. —
Y de todas formas, sonreía agradecido.
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"Sirius siempre se porta bien conmigo. Es amable, gentil, y Mamá siempre sonríe cuando él está cerca. Es muy divertido. Creo que a Papá le agrada Sirius, aunque no lo diga. A ellos les gusta jugar juegos de mesa, nunca sabemos quién va a ganar cuando ambos se sientan frente a un tablero.
Con Mamá, a Sirius le gusta beber té, comer refrigerios y hacerla reír. ¡Igual que a mí! Sirius siempre está haciendo tonterías, meneando la cola o las orejas, limpiándose la tierra de las patas* o manteniendo su chaqueta cerrada para no molestar a papá cuando pasa por ahí con mala cara. Es lindo. Es como tener un tío que te cuida como un hermano mayor."
Hacer tareas en casa de su Señora Layla siempre era todo un placer. Ayudar con el jardín, servir los alimentos de media tarde, jugar con el Señor Heartfilia una partida de ajedrez*. Limpiar la habitación de Lucy, o escoltar a la pequeña niña de un lugar a otro cuando había invitados en la mansión. Si bien sabía que su contrato de resumía a seis horas y poco más al día, Sirius exprimía ese tiempo en cantidades industriales con tal de aprovechar al máximo el tiempo disponible.
Tenía siempre eso en mente, sin importar que tuviese que hacer cuando era invocado. Abecés tenia energía, otras, solo quería dormir. Podía mantenerse despierto durante muchas horas antes de tener que descansar propiamente, y eso era un excelente entrenamiento para el vínculo de Sirius, y la cantidad de magia que deseaba administrar en cada convocatoria que le era realizada.
|El flujo mágico de la conexión es como una llave.| Dijo Sirius a Layla una vez, queriendo reportar lo que él consideraba un descubrimiento digno de más investigación. |Si lo regulo lo suficiente, puedo quedarme más tiempo sin hacer que usted se sienta cansada en exceso. Sé que convocarme requiere de mucha magia, es más un a consideración para usted que beneficio mío.|
Y así Lucy conoció las visitas de 'Sirius Perrito' y sus transformaciones de magia animal. A la niña le encantaban, y a Sirius le encantaba hacer sonreír a la pequeña Lucy Heartfilia, fuese jugando travesuras o llevándole a cabalgata sobre su lanuda espalda al transformarse en aquel bólido canino –que más que perro, parecía un cruce entre perro y lobo negro. Si su madre era un sol, cándido y agradable, la niña era una estrella, reluciente y brillante.
Sirius estaba, en sus palabras, viviendo a través de la felicidad más grande inimaginable. Y eso les quitaba un peso de encima a Orión y Capricornio.*
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— ¡Princesa, está listo el desayuno~! —
Princesa era el apodo con el cual Can Mayor había elegido referirse a Lucy –uno de tantos, pues aún no elegía el permanente, llevaba apeas siete meces en la casa Heartfilia. Ella era en sus propias palabras 'Una pequeña y linda princesa, que mecía el mundo a su alrededor en cuanto sonreía'. –sin embargo, las princesas también podían mover montañas, derrotar enemigos y domar dragones (en especial si era Sirius quien contaba el cuento). Canis Major tendía a ser un poco poético –romántico. Pero no significaba que no adorase a Lucy. Todo lo contrario, el espíritu del perro se desvivía por la pequeña niña como lo haría un tío extremadamente consentidor.
Como justo ahora. Sacudiendo la cola de forma alegre, Sirius toco la puerta del cuarto de Lucy, pues ya había avisado a su Señora Layla de lo mismo, y ahora su tarea principal recaía en escoltar de forma segura a la pequeña Princesa de los Heartfilia al comedor.
Sacudiendo su pequeña falda, Lucy salió de su cuarto revoloteando como un pequeño pajarillo, saltando al ritmo de las piernas de Sirius, mientras el espíritu del perro parloteaba acerca de todo lo bonito que tenían por delante aquel día; como lo hacía todos los días.
"Sirius también habla mucho de la gente que conoce. Conoce a mucha gente –al menos, para un espíritu. Eso dice él. Son como una familia, igual que papá, mamá y yo. Abecés Mamá dice que él habla de ellos como ella suele hablar del abuelo y de sus primos. A mí me parecen simpáticos. De la Familia de Sirius* -todos suenan agradables a su propio modo."
La biblioteca era un pequeño santuario que todos los empleados respetaban por igual. A cualquier hora del día, podía ubicarse a alguno de los Heartfilia rondando entre las amplias estanterías cubiertas de cientos de volúmenes de diversos tamaños, apariencias y encuadernados. Las temáticas eran tantas como estrellas pintadas en el firmamento, por lo que cualquier visitante de la mansión podría localizar fácilmente un material de su agrado y comprensión.
—…Y los espíritus celestiales se adjudican ciertas características de su respectiva encarnación, así como ciertas cualidades propias. —
Esta vez, para variar, les correspondía a la heredera de la familia y al curioso guardián canino un lugar en las mesas de estudio, rodeados de libros y luz de los ventanales.
—Como veras, —indico con calma y voz firme—, es algo normal que dichas características de la personalidad puedan ser ajenas a su apariencia o encarnación física. —En algo similar al 'modo profesor'*, Canis hablaba con la mayor propiedad posible.
Por ejemplo, Bellatrix. Trix es una excelente guerrera –toda una amazona, fuerte y certera. Pero tiene una veta de vanidad digna de una princesa de cuento. —Las pestañas gruesas y el cabello brillante eran obviamente cuidado.
Antares posee un porte regio e imponente, como un caballero, pero usar trajes de gala y actuar papeles de teatro le divierte a sobremanera. —también la música movida. El León menor poseía gustos raros, pero divertidos.
Orión, el cazador, es un estratega excelente. Digno guerrero y un maestro excepcional. Leal y tenaz, adora a los niños y ayudar a las familias de sus contratistas. De hecho, es un excelente cocinero y cuenta cuentos. —También era un viejo afable, que sonreía a todo el mundo y congraciaba hasta a los más profundos enemigos.
Lupus, él lobo, tiene un lado animal tan profundamente marcado que la caza y lucha por territorio es casi una segunda naturaleza para él; Pero leer es su santuario de paz y orden, indiferente del tema y extensión. —La biblioteca de Lupus era envidiable.
Y Vulpécula, que es como una niña, es toda una bromista por naturaleza –digna de un Kits une; pero también es una fanática de las danzas e interpretaciones de festivales de folklore clásico. —La zorra amaba las fiestas de Fiore, e insistía cada dos por tres en visitar el mundo humano para divertirse con los festivales.
Sirius sonrió con cariño, recordaba a cualquiera de sus diferentes compañeros siempre era un sinónimo de alegría, y les exponía de ejemplo con mucho orgullo para sus enseñanzas. Apuntando al mapa de estrellas que llevaba encima para instruir a la pequeña Lucy, esperaba secretamente que ella pudiera conocer a sus amigos en algún momento. Estaba seguro de que Lupus y Antares disfrutarían la compañía de Lucy al encantarles Leer, y Reinder estaría extasiado de llevar a Lucy a cabalgata por el enorme jardín de la mansión Heartfilia, repleto de flores y arboledas.
—Oh~—
—Si. 'Oh~' —Sirius sonreía enternecido—. Ahora, si nos movemos en el firmamento un poco más podemos ver– ¡Oh! ¡Mira! Este de aquí, —Apunto a una zona del mapa—, es el viejo Orión. Una llave de plata, como yo. Y junto a él esta- —
— ¡Estás tú! ¡El Can Major, Sirius el perro! —Sirius rio con un ladrido, apreciando el entusiasmo de la pequeña niña rubia y preguntando entre risas el cómo lo sabía—. ¡Mamá me dijo, me mostro en un libro que siempre los dibujan juntos! —
—Bueno, eso es verdad. Nuestras constelaciones en realidad están cerca una de la otra.* —Acepto con una leve sonrisa.
"El señor Orión parece agradable. –En realidad, todos los amigos de Sirius suenan agradables. Todos son únicos, como dice mamá. ¿Quizá querrían ser mis amigos también? Eso sería bonito, ¡Así podríamos ir juntos de aventura y conocer a muchos magos! ¡Luchar en gremios! ¡Y vencer a gente mala para ayudar a las personas! El reno Reinder y Vulpécula parecen divertidos, y seguro el Lobo tiene muchos cuentos para leer. Sirius llama a veces a uno de ellos 'Gato', y se queja de que siempre se disfraza. Suena como el gato de ese cuento que usaba sombrero y botas. ¡Quizá les guste la librería! Sirius a veces habla de una tal Andrómeda, ella suena como una Mamá. ¡Yo creo que a mamá le agradaría –y la señorita Trix se escucha muy-muy fuerte! Seguro que es genial.
El Señor Orión suena como el papá de Sirius*, y un gran abuelito. Si mamá consigue su llave, ¡me gustaría conocerlo pronto! ¡Sirius dice que le enseño muchas cosas, y eso significa que él es muy fuerte! ¡Seguro tanto como Sirius! ¡Seguro aprendió del Señor Orión un montón de las magias raras que él sabe! ¡Y sabe muchísimas!"
Lo de muchísimos tipos de magia no era algo que Lucy dijera por exagerar. Layla, en particular, siempre se encontraba sorprendiéndose por las extrañas habilidades de Sirius. En Fiore, era normal que un mago se especializase en un tipo de magia –lo mismo ocurría con los espíritus celestiales. Espíritus que atacaban, que defendían, que hacían compañía, que instruían, que ayudaban. Existían tipos de espíritus para todo tipo de situación habida y por haber.
Sirius era, para variar –y con toda la ironía que llevaba dicha afirmación–, un caso aparte.
Aquel día de primavera, en específico, fue una de las tantas ocasiones en las que Layla se recordó que Sirius era aún joven y que apenas empezaba a experimentar con sus poderes. El estudio refulgía de luz, resplandeciendo por todas partes; Lucy soltó un jadeo asombrado, así como Layla abrió los ojos sorprendida, cubriendo su boca con una mano en un ademan delicado y por completo femenino. Chillando de alegría, la más joven de las mujeres Heartfilia correteo alrededor de la –ahora –gran y refinada colección de pequeñas y múltiples figuritas e todo tipo de animales y objetos: Todas las de apariencia animal, hechas de un material que parecía madera de distintos tonos; y aquellas que remitían a plantas parecían hechas de azúcar, pero brillaba como si de una lacrimal se tratase.
Sudando a mares y resoplando de forma tan pesada que parecía a punto de desplomarse, pero con una sonrisa brillante, Can Major inflaba el pecho orgulloso mientras Jude se inclinaba, observando una de las figurillas a contra luz, rebelando que el extraño material era, de hecho, traslucido por tecnicismo: dejaba pasar la luz aunque no era por completo transparente, y lo hacía de forma hermosa.
En poco tiempo, tenía tantas de ellas que el Señor Heartfilia se vio en la necesidad de pedirle a Sirius permiso para salir de algunas de ellas. A los diversos socios de los Heartfilia les parecieron preciosas esculturas de regalo, como si fuesen juguetes coleccionables. Encogiéndose de hombros, (después de todo, ¿Qué haría Sirius con todo eso?) El Can Mayor tan solo había pedido que no regalasen (o vendiesen) cualquier figurita que él le créase a Lucy en específico –como la colección del cuarteto de unicornios, que eran de un tintado cristal pastel, o las muchas criaturas mágicas que la pequeña utilizaba para jugar.
Sirius incluso le había creado una pequeña montaña y un detallado dragón encima, con un lema en latín debajo.
Transfiguración* era, de momento, el nombre improvisado que Jude le propuso a Layla para nombrar a la peculiar magia de transformación de Sirius. Aunque el gasto excesivo le dejase agotado, Sirius podía transmutar muchos tipos de materiales –ni Caprico ni Layla habían intentado averiguar cuantos. El primero, porque no tenía ni idea. La segunda, porque no concebía por donde iniciar. Las transformaciones podrían ser parciales, totales, temporales o permanentes. En particular, la colección de figuritas –de las cuales Jude mantenía con llave una buena cantidad en estudio –era una demostración flagrante de transformación –Transfiguración, corregía Sirius casi por impaciente inercia –parcial permanente.
Sus transformaciones en Perro, que habían aludido a una versión de Espíritu Celestial de la magia de TAKE OVER, parecían también recaer en esta técnica mágica. Si bien Sirius nunca había intentado –ni parecía querer intentar –una transformación total a una apariencia human –sin garras, patas, cola, o cualquier característica obviamente canina – Caprico y Orión teorizaban que de hecho Sirius era capaz de hacer eso, y si se lo proponía, de enseñarle a alguien más dicha habilidad de convertirse en animal.
Ahora, sin embargo, Sirius remitía el uso de sus poderes a la transfiguraciones parciales – ¿un efecto, quizá, de su propia apariencia parcial? Ni Caprico ni Orión sabían. –Lucy poseía ahora una buena colección de figuritas de cristal mágico* de diferentes materiales base que representaban una amplia gama de criaturas mágicas (tanto reales como de fantasía), algunas de las cuales eran, por suposición, invenciones del propio Sirius para contarle historias a la pequeña Heartfilia. Es decir, ¡Por favor! Si el figurín de la criatura águila-caballo (¡Hipogrifo! Corregía Sirius con cachetes inflados) era capaz de moverse, caminar y galopar en un radio de un metro con un chasquido de los dedos de Sirius. (¿Cómo diantres hacia eso?)
Y era por esa precisa capacidad que el Canis Major era considerado un genio condenado con su habilidad para su propia rama mágica. Nadie entendía realmente como podía trabajar tan bien el cambiar un tipo de material a otro, hacerlo de forma completa o incompleta, y encima, imbuirles 'vida'. –Layla no quería saber si podía transformar seres vivos partiendo de objetos inanimados; esto era una duda, de hecho, más que razonable, pero incomoda y polémica a la vez. Sus dudas fueron puestas a dormir de forma parcial en cuanto tocaron el tema con Sirius presente. Por alguna razón, Sirius lucio ido cuando Jude lo había mencionado: su rostro se había tornado ligeramente verde, y ambos obtuvieron una fuerte sacudida de cabeza por parte del espíritu. Sirius tampoco parecía querer saberlo.
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Dejaron descansar el tema tiempo después. Sirius, sin explicar el porqué, mantenía la profusa incomodidad –con la que paleaba las tenues dudas que llegaban a su mente con respecto a la capacidad. Para Layla, no valía incomodar a Sirius con algo que obviamente le turbaba en cierta medida. Crear vida estaba, si bien no estrictamente prohibido por las leyes de la Magia, clasificado muy cerca de la delgada línea entre magia que pudiese ser considerada Polémica (o relativamente oscura) y Magia Negra propiamente dicha. Nadie lo había intentado con anterioridad, pues era algo que hasta el mago más mediocre podía reconocer como terreno no permitido para un simple mortal.
El Mago Zeref era un ejemplo perfecto de lo que ocurría cuando desafiabas a la magia, y lo que esta te hacía en represalia por ser arrogante. La Magia Negra era un tema Tabú que pocos Magos se atrevían a investigar –incluso si era para meros fines académicos.
La mención de esta última parecía eriza al Can Mayor a sobre manera, pues la consideraba hasta cierto extremo sucia, peligrosa y malvada. Eran ese tipo de extensiones que le permitía a la Magia tomar su propia conciencia, y pedir cosas terribles a cambio de cumplir su labor –pedir una vida, sangre, sacrificios. Magia que al ser empleada hería a las personas de forma irreparable.
Quizá no todas las habilidades de Sirius pudiesen ser clasificadas como Negras o Blancas; en Fiore existían cientos de clasificaciones, y miles de tipos de magia que no entraban en Luz y Oscuridad. Eran vistas en su mayoría como Magias Neutras, y se les daba cobijo e otro tipo de clasificación –basándose en el uso y empleo en lugar de los efectos posteriori.
Layla suspiro, hundiéndose en el sofá de una plaza de su pequeño estudio mientras veía a Lucy dormir. Su pequeña hija había caído rendida sobre el sofá de dos plazas, abrazando un nuevo juguete que Sirius había hecho justo frente a sus ojos: Por lo que parecía, Canis Major había tenido suficiente de experimentar con cristal –lo que garantizaría más espacio en las abarrotadas galerías, tenían figurines para vender por años –, y ahora buscaba modelar materiales suaves, como la felpa y tela peluda con la que había creado el conejo rosa que Lucy abrazaba entre sueños, respirando con calma y achuchando a su nuevo amiguito.
Lady Heartfilia sonrió, y apoyo su mentón sombre la palma de su mano. Ella se había decidido a realizar una investigación –investigación que, ella esperaba, continuase el siguiente dueño de Sirius, o el propio Sirius. Según las nomenclaturas y clasificaciones de Fiore: La capacidad de Transfiguración que poseía Sirius era, por buen trecho, considerada magia Neutral. Pero también era vista como Magia de múltiples capacidades, por lo que en la clasificación de Blanco y negro, se balanceaba delicadamente en el área gris: Justo en el centro de ambas.
A los Espíritus Celestiales no solía importarles eso, al menos no en apariencia. Ellos eran magia, y aceptaban abiertamente sus naturalezas implícitas –por ridículas que estas pudiesen llegar a ser. Layla pauso en aquel último pensamiento, y fue tomando nota desde ese punto: Los humanos en sí mismos también poseían naturalezas ridículas, fobias inherentes, y actitudes irracionales. Habiendo dicho aquello, ¿Qué separaba a un Espíritu Celestial se padecer exactamente lo mismo? ¿Qué les evitaba verse implicados en temores más allá de su propio consiente, del temor algo desconocido, o del terror a no dar la talla en lo absoluto?
"En el caso de Sirius, en particular-" Layla escribió con floreada caligrafía, la elegante letra que debía poseer una señorita en sus círculos sociales. "-podría decantarme a decir que la raíz de sus poderes, y por ende, el Alfa de su preocupación aparentemente irracional recae en algo más allá de su propia formación." Realizo una pausa, meditando su escrito. "Puedo atreverme a decir, sin temor a la verdad, que muy pocos magos recaen a este tipo de dudas las cuales me enfrento. La creación de vida –así como el resucitar a los muertos –son temas considerados un serio Tabú en la sociedad actual de Fiore, en especial tras las incursiones del mago oscuro Zeref en magia de muerte y resurrección."
Dejo caer la pluma con una silenciosa resolución.
"Si vamos a puntos claros, ningún mago Celestial* sabe a ciencia cierta como el Rede los Espíritus crea las llaves que utilizamos para formalizar contratos, ni como la 'vida' de cada espíritu celestial es traída a la luz para, por o al momento de crear una vinculación a una llave. Siendo la creación de vida un tema tan polémico, y con las presentes evidencias, algo que la magia misma castiga fuertemente, solo nos queda suponer que el Rey tiene la facultad o autoridad de crear a estos seres en su esencia misma, o bien, que la 'vida' –la culminación, esencia o 'alma' –atribuida a cada uno de ellos procede de otro lugar."
Contador de Final: 13665 — Un Prefacio + 2 Capítulos.
Notas del Capitulo:
*A diferencia de Caprico, quien se refiere a Layla como 'Lady Layla' (Layla-Sama), Sirius se refiere a ella como 'Señora Layla' (Master Layla), aunque pueda sonar como un título de servidumbre.
*Astas y Lunático: Una de las manías de Sirius es darle apodos a sus conocidos. Estos dos en particular son remitentes de su vida anterior.
*Sirius posee patas caninas en lugar de pies humanos, y tiende a ir descalzo.
*Jude y Sirius son, de hecho, Amigos bastante cordiales durante el tiempo en el que Layla vivía.
*Miedo de Orión y Capricornio: Refiere al temor de los espíritus con que algo saliese mal con respecto a la creación de Sirius, referido por Caprico en el capítulo Espíritu de Plata.
*la Familia de Sirius: Lucy, en su haber infantil, cree que los espíritus celestiales tienen padres, Madres, y miembros de familia como un ser humano. Ni Sirius ni Layla le han corregido este concepto por el momento, pues no ha preguntado.
*Modo Profesor: Una de las Tareas que Sirius ha tomado al cuidar a Lucy es instruirla en lo que necesite, en este caso, sobre Espíritus Celestiales y Magia Celestial.
*Nuestras constelaciones en realidad están cerca una de la otra: Se dice que la constelación del Can Major es en realidad el Perro de Orión, que le siguió al cielo tras su muerte.
*Suena como el papá de Sirius: de hecho, el Padre de Sirius se llamó Orión Black. Lucy cree que Orión es el padre de Sirius.
*Transfiguración: Sirius Black y James Potter fueron considerados Genios en esta asignatura. Jude da este nombre a la magia de Sirius para tener un termino con el cual referirse a lo que hace con los materiales que usa para hacer figurines.
*Cristal Mágico: El nombre que dan Layla y Jude al material transmutado que crea Sirius para hacerle juguetes a Lucy. Es vistoso y muy resistente, pero no trabaja como Lacrima –aunque posee magia, no es capaz de mantenerla como almacenamiento.
*Ningún Mago Celestial: Caprico explico a Layla de forma vaga el como los espíritus son formados, pero nunca dio información de cómo son traídos a la vida; solo extrapolo sus preocupaciones para con la formación de Sirius.
Tuvimos un bonito capitulo con mucha información nueva, y que espero que compense el final algo flojito del capítulo anterior. Como siempre, gracias a todos por sus review, espero que la sección de notas fuese o sea de ayuda en un futuro.
¿Debería dejar las notas del capítulo antes o después de las notas de autor finales?
—Kaira.
