Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima.
Advertencia: OoC. AU. Crackshipps.
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Capítulo I
Cálido
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Él me estaba sonriendo... ¿Por qué?
—¿Estás bien? ¿No te lastimó?— pregunté aún con la mano extendida.
Parpadeé por unos segundos. ¿Quién era él? Extrañamente me inspiraba seguridad y tranquilidad.
—S-sí, estoy bien, gracias— tomé su mano casi sin darme cuenta. Sus ojos claros me hipnotizaban.
Él me tomó la mano con seguridad e hizo que me pusiera de pie. Tenía un extraño cabello salmón, y una sonrisa inusualmente grande, al igual que sus expresivos ojos. Podría decir con seguridad que él podría ser la persona más feliz del planeta con solo verlo.
—¡Ah!— me quejé.
Al momento de ponerme en mis dos pies, un punzante dolor atacó mi tobillo. Era cierto, había olvidado que me lo había doblado. Antes de caer, el chico me tomó por la cintura para que no llegara al piso.
—No estás bien...
—¡No! No importa... sólo necesito descansarlo— asentí.
Él me observó desconfiado y frunciendo el ceño. Soltó un suspiró y me siguió tomando por la cintura.
—Entonces, ¿cómo te llamas? Yo soy Natsu Dragneel, por cierto— dijo.
—J-Juvia Loxar— susurré.
—Juvia... ¿es como lluvia, de agua?— ladeó la cabeza.
Parecía un verdadero cachorrito curioso al hacer eso.
—Si, algo así.
—¡Juvia!— la voz de Gajeel me llamó desde un poco más allá. Me giré a verlo, y pude notar que estaba arrepentido. Arrepentido... ¿de qué?
—¿Te encuentras bien? Perdóname ¿sí?— tragó en seco. Me inspeccionó con la mirada y luego sus orbes rojos se dirigieron al chico que me había salvado. Y que me tenía sujeta y pegada a él, por cierto.
—Gajeel...
—¿Quién es éste tipo?— frunció el ceño.
El chico llamado Natsu parpadeó confundido.
—É-él... me salvó— murmuré.
—¿Y por qué diablos te está tomando así?— alzó una ceja.
—Tobillo, Gajeel— le dije, haciéndole notar que me lo había doblado al caer.
—¡Pues entonces en ese caso-!
—¡Natsu!
Escuchamos una voz femenina desde fuera del callejón. Y al segundo tres personas se dirigían hacia nosotros. Los que parecían ser dos chicas y un chico. La primera era una rubia que llevaba una especie de látigo enrollado y colgando de su short. La otra era una pelirroja de falda que llevaba una espada al igual que el chico, que era de cabello negro. No como el de Gajeel, sino que de un tono más azul.
—¡Eh Lucy!— le sonrió.
—¡Demonios Natsu, tienes que dejar de hacer eso!— ella hizo un puchero al tiempo que intentaba recuperar el aliento perdido al correr.
—Apoyo a Lucy— dijo el chico pelinegro llegando a su lado.
—Pero bueno ¿es que son mi madre?— frunció el ceño.
—¡No! ¡Somos los idiotas que nos preocupemos por ti!— la pelirroja se cruzó de brazos, mirando al de cabello salmón con amenaza.
Yo y Gajeel nos miramos por un momento, hasta que el chico me habló una vez más.
—Entonces, Juvia ¿puedes pisar?— murmuró.
—Eso creo.
Intenté hacerlo pero al instante el dolor volvió. ¿Es que nunca pasaría? Hice una mueca y me afirmé de su brazo. Dolía como el demonio.
—Oh demonios. No puede caminar, vamos a tener que llevarla y ayudarla con eso— apuntó a mi tobillo al momento que miraba a sus amigos.
—¿Pero qué...? ¿Cómo te hiciste eso?— curioseó la chica que según Natsu, se llamaba Lucy.
—Y-yo... caí.
—Vamos, hay que llevarla pronto. No falta mucho para que anochezca y si nos quedamos más tendremos que lidiar con algunos idiotas— la pelirroja frunció el ceño y dio la media vuelta, siendo seguida por Lucy y el pelinegro.
—¡Eh, qué demonios creen que hacen!— la voz de Gajeel me sorprendió, haciendo que diera un pequeño saltito.
—Llevamos a tu amiga a que se cure esa herida. Ella no puede caminar, no podréis hacer nada así— el chico de cabello oscuro se giró y empujó ligeramente a Gajeel para que caminara.
—¡No me toques!— lo oí gruñir.
—No lo haré si haces algún aporte, bestia— replicó.
—¿Dónde vamos?— volvió a decir Gajeel.
—A nuestro gremio.
Miré sorprendida hacia Natsu, ¿gremio... había dicho? ¿Ellos pertenecían a un gremio?
—¿Gremio?— murmuré.
—Si, es hermoso— Natsu me miró y me dedicó una cálida sonrisa —. Cuando lleguemos y te encuentres mejor, te llevaré a dar una vuelta por él.
—V-vale...— susurré, perpleja. No podía existir alguien así de expresivo, cálido y reconfortante, como lo era él.
Gajeel se mantuvo gruñendo y pateando piedras durante todo el camino. Aveces a Juvia le llegaba a sorprender que alguien que se veía tan débil como él, podía llegar a tener ese carácter y obstinación. Sin embargo si no fuera así, aquel chico no sería el Gajeel al que conocía hace años.
A mitad de camino, ella no había podido caminar más dando saltos, pues ahora el dolor había aumentado y sentía que su pie latía con fuerza. Natsu la había observado por unos segundos, y al siguiente la tenía entre sus brazos como si fuera una princesa.
Lo único que pudo hacer fue sonrojarse y afirmarse rodeando su cuello.
Su pecho era extremadamente cálido. Su calidez la relajó luego de unos minutos y no pudo evitar cerrar sus ojos. Luego, todo se volvió negro.
