Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima.
Advertencia: OoC. AU. Crackshipps.


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Capítulo II

Complejo de gato

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De un momento a otro, y muy sobresaltada, se sentó sin cuidado en donde estaba acostada. Agitó un poco la cabeza, pues se sentía un poco mareada, y es que, el lugar parecía balancearse suavemente. Lo último que recordaba era a Natsu, la calidez de su pecho y... él había mencionado un gremio. Había dicho que la llevarían ahí, y que cuando estuviera mejor, la llevaría a conocerlo.

¿Pero cómo era posible que aquel sutil movimiento siguiera?

No hacía más que confundir irremediablemente a Juvia.

De pronto, se exaltó al escuchar una voz. Muy infantil, por cierto, parecía ser un niño.

Reiteraba, parecía.

Cuando una cosa azul entró a la habitación, que por cierto era muy linda con todo ese barnizado, acompañado de aquel baúl; Juvia comenzó a pensar que se había golpeado, en algún momento —porque ella no lo recordaba—, muy fuerte la cabeza.

—¡Aye!— exclamó el peludo ser, que tenía alas.

—¿A-aye?— alzó una ceja.

Qué demonios estaba pasando ahí...

—¡Si, aye!— sonrió —. Eh, eh... oye... ¿estás mejor?— se acercó a ella, tambaleándose un poco en el aire.

Juvia ante eso, se echó hacia atrás con rapidez, apegando su espalda a la pared.

—¿Qué eres...?— preguntó.

—Un gato.

—Eres azul— identificó, sin creérselo todavía.

—¡Aye, porque soy un gato!— sonrió levantando una patita.

Fue entonces cuando Juvia comenzó a intentar tranquilizar su respiración. No sabía qué jodidos había pasado con la naturaleza, pero de alguna manera, había creado a una bola de pelos azul, que hablaba, con alas, y que presumía ser un gato. Además, que justificaba su color de pelaje, diciendo que era un gato.

Claro, y los cerdos volaban.

... Ah no, espera, si había un ser así, tal vez también habían seres como él, que presumían ser cerdos.

Si, tenía que borrar eso. Ejem.

Claro, y estoy en un barco, eso explicaría que esto ya parece una maldita cuna.

—Que Juvia sepa, los gatos no son azules— comentó con algo de discreción.

El peludo ser bajó su pata, lentamente, mientras miraba fijamente a la chica. E hizo desaparecer sus alas, sorprendiendo a Juvia, al verlo caer sobre la cama.

—¿Qué me dices de tu cabello? También es azul— musitó.

—¿Crees que digo que es azul porque soy un gato?— exclamó.

Una sonrisa se formó en la boca de la bola de pelos de grandes ojos. Bien, tenía que atribuirle eso. De verdad parecía un gato. Excepto, porque los gatos no hablaban, y tampoco eran azules.

—No. En realidad, es porque no conozco más que a una persona de cabello azul. Ahora eres la segunda— rió.

Bueno, eso no sonaba tan mal.

—Aunque a nadie que pareciera muñeca de porcelana— murmuró.

Juvia iba a replicar algo contra eso, pero se vio interrumpida por el responsable de que estuviera ahí, en ese lugar, sintiéndose acosada por una bola de pelos azul, con alas, que decía ser un gato.

Ya la mareaba todo eso.

—¡Juvia!

Le sonrió al verlo acercase.

—Oh, veo que ya conociste a Happy— comentó con suficiencia.

—¡Aye!— exclamó otra vez, levantando su pata.

Happy, pensó Juvia. Aunque se mareara...

Estaba frente a una bola de pelos, con alas, muy parecido a un gato, que decía ser azul porque era un gato, y que tenía un extraño nombre, como lo era Happy. Aunque si con esa estaba, no tenía mucho que comentar del nombre del "gato", después de todo ella se llamaba prácticamente lluvia.

—Oye, Juvia... ¿estás bien?— preguntó el chico, hincándose al lado de la cama.

Ella salió de sus pensamientos, encontrándose con sus ojos jade. Juvia se sonrojó levemente, seguramente parecería un chica rara.

—S-si.

—¡Perfecto!— sonrió, enderezándose.

La chica, una vez más, lo vio extenderle la mano para que la tomara. Sólo... esperaba, por un lado, que eso no se hiciera costumbre —aunque de todos modos, no estaría por mucho ahí—; y por el otro, esperaba que eso sucediera más de dos veces, porque estar así le permitía ver un ángulo más hermoso de sus ojos.

—Vamos, te llevaré a conocer nuestro gremio, Juvia.

Un escalofrío le recorrió la espalda al oír su nombre salir de él, e inexplicablemente, sintió una gran calidez. La misma, que le hizo tomar su mano, y por un momento, no sentirse tan enloquecida por ese... ga... Happy.