L&M CAP.2
-Mi twitter para estar al tanto: /PerseoDr13-
(Las partes que van entre asteriscos *_* y en negrita, las cuenta un NARRADOR OMNISCIENTE)
~Antes del encuentro~
Draco: iba tan sumido en sus pensamientos (todo relacionados con lo que tenía que hacer cuando llegara a su puesto de trabajo), que ni se dio cuenta de que una melena castaña iba corriendo hacia su dirección.
Hermione: bajó las escaleras rápidamente y fue hacia la calle corriendo. Ni se dio cuenta de que un rubio iba hacia ella.
*Se encontraron de una forma peculiar, que habeís leído, después de la forma tan hiriente en la que se saludaron, recogieron sus cosas, hubo un par de miradas fugaces y Hermione fue la primera que se marchó, pero Draco se quedó como si estuviera fijado al suelo.*
-Gracias Draco- dijo la castaña en un susurro muy audible.
P.O.V DRACO:
Aquel susurro no le pasó inadvertido, ¿por qué le había dicho aquellas palabras de agradecimiento?, ¿por qué con él, la persona que le había hecho la vida imposible durante el colegio?... El mundo se estaba volviendo loco y la prueba era aquella situación que había pasado.
Volvió a andar, no si antes mirar que estaban todos los documentos estaban en su carpeta, ya los ordenaría cuando llegase a la oficina.
Ya iba divisando el edificio de la empresa donde trabajaba. Allí en la puerta, estaba su mejor amigo Blaise Zabini. Iba con un traje de color azul, camisa blanca abierta los dos primeros botones y con deportivas de color negro. Cuando el moreno vio al rubio acercarse a él, le dirigió un saludo bastante caluroso:
-¡Buen día, amigo mío!-
Draco miró al moreno con gesto confuso, y le preguntó extrañado:
-¿Te pasó algo?-
-No, pero es que hoy estoy, y siempre, de buen humor- dijo con más alegría que antes.
-Bueno, es que hay días en los que.. como decirlo... no estás tan contento- dijo para chincharlo.
-¡Bah!. Vuelvo a repetirlo: estoy de muy muy buen humor.-
Aquella situación fue extraña, pero quería subir a la oficina, así que seguió el camino a la oficina sin percartarse de si su amigo le seguía o no. Cuando ya estuvo dentro del ascensor, Blaise fue detrás del rubio, y pudo entrar en el ascensor antes de que se cerraran las puertas, y le preguntó con tono molesto:
-¿Se puede saber qué te pasa?-
-Esta noche te lo cuento, a las diez, en mi mansión. Pero intenta que venga Theo.-
Por la cara que puso Blaise, la respuesta le pillo desprevenido, contestando:
-¿Noche de whiskey de fuego?-
-Si, me hace falta desahogarme con mis mejores amigos.-
-Vale, me pondré en contacto con Theo y esta noche estaremos en tu mansión.- dijo con una pequeña y disimulada sonrisa.
Las puertas del ascensor se abrieron en la décima planta, donde ambos trabajaban, el moreno se quedo detrás del rubio. Pero nuestro querido Draco se acordo de que tenía que ordenar los papeles antes de entrar en la reunión, así que aminoro el paso, abrió la carpeta y empezó a ordenar los papeles.
*Blaise se quedó detrás del rubio, extrañado y pensando en lo que tenía que haber pasado para que 'Don Perfecto' tuviera que ordenar los papeles antes de entrar, suponía que ya lo contaría esta misma noche, así que siguió camino a la sala de reuniones.*
Después de aquella reunión, fue avanzando la mañana, rellenando papeles, invirtiendo en bolsa... y cuando se quiso dar cuenta ya era la hora de irse. Ya había llegado la hora de pasar las noche con sus mejores amigos.
P.O.V Hermione:
¡Oh Dios!, no lo podía creer, no había dejado de lado su orgullo Gryffindor y... ¡no!, tuvo que ser educada, agradable con ese hurón, elitista, albino... En condiciones normales, si hubiera sido a otra persona, no hubiera habido problema, pero es que fue concretamente con Malfoy y con el no se podía ser buena persona, y lo que le parecía muy fuerte, era que se había enterado, se había enterado de lo que pretendía que fuera un susurro.
En fin, se estaba dando cuenta de que estaba llegando al hospital mágico, donde se había especializado en pediatría mágica. Entró en el edificio y fue directa al ascensor que me llevaría a la quinta planta, alguien le había dado ya al botón, así que las puertas se cerraron. Cerró los ojos, y en pocos segundos, ya estuvieron otra vez las puertas del ascensor abiertas. Salió y anduvo hacia la puerta de su consulta. Sacó las llaves de su bolso y abrió la puerta, entró rápidamente a la sala y se puso la bata blanca.
*Y ahí estaba, dando paso al que sería su primer pequeño paciente, aunque siempre era por estallidos de magia que tenían consecuencias no graves en los peques, pasó la mañana muy deprisa, porque hacía lo que le gustaba: cuidar a los niños, a los más pequeños.*
Cuando atendió a su último paciente, se quitó la bata blanca que dejo en el respaldo de la silla, y de su bolso sacó un bocadillo envuelto en aluminio y una lata de refresco, que se mantenía fresquita gracias a un hechizo que le hizo a la lata. Cogió las llaves, salió y cerró la puerta. Tenía que subir a la sexta planta, asi que decidió subir por las escaleras. Cuando terminó de subir las escaleras, se dirigió al fondo del pasillo, a la habitación número 10.
Abrió la puerta, y era aquella la típica habitación de hospital, que tenía lo necesario para el paciente y para los familiares que venían de visita. Era de color blanco, con una mesa en la que había detrás de esta un sillón marrón y con una ventana cuyas vistas eran Londres, con su típica estampa de ciudad bulliciosa. Pero al dirigir la vista hacia la cama, vio a su pequeña y especial paciente, una morena que se llamaba como la diosa griega de la sabiduría: Atenea.
Fue a sentarse en aquel sillón marrón, y puso encima de la mesa el bocadillo y el refresco fresquito, empezó a quitarle el aluminio que envolvía el bocadillo, y acto seguido, abrió la lata, haciendo el menor ruido posible para no molestar a la peque que dormía en la cama. Entre mordiscos que le daba al bocadillo, y mientras bebía el refresco, pensó porque le gustaban los niños y porque le gustaba tanto su profesión: pensó que le reconfortaba que cuando los curaba, los niños se lo agradecían dándole un abrazo... y ese pequeño detalle era el que le hacía feliz. Cuando se quiso dar cuenta, ya se había terminado el almuerzo, dejó los restos de aluminio y la lata encima de la mesa, por consecuente, se intentó acomodar todo lo posible en aquel sillón, para echarse una pequeña siesta.
De repente, una voz infantil le despertó de su sueño, no sabía cuanto tiempo había pasado, pero diciendo con mucha alegría:
-¡Mami Hermi!, quiero escuchar cuentos e historias fantásticas.- expresó con una alegría contagiante.
-¡Oh!, pero, ¿qué es esto?, ¿no vienes a darme un abrazo y un beso?- dijo con voz somnolienta pero alegre.
La chiquilla se abalanzó hacia la castaña, le empezó a dar besos por toda la cara, e hizo un intento de darle un abrazo, pero no fue así porque Hermione tenía la espalda pegada al sillón. Así que despegó la espalda del respaldo, para que así la pequeña pudiera abrazarla.; lo que recibió fue bonito, porque esa peque era diferente. Ya dado los besos y los abrazos correspondientes, Hermione le dijo con voz cariñosa:
-Ahora si te cuento lo que tú quieras, amor-
En la peque de ojos verdes, se reveló un brillo de entusiasmo y alegría, seguido de una sonrisa en la cara de oreja a oreja, de esas sonrisas con las que enseñabas los dientes, simplemete porque su mami dijo que le iba a contar cuentos. De un salto,fue hacia la cama, y allí sentada se quedo esperando a que su mama hiciera lo mismo.
Hermione no tardo en desabrocharse los tenis, en quitárselos y dejarlos al lado de la cama, y recostarse en el lado derecho de la cama. Pero alguien tocó a la puerta, y Atenea, sabiendo quien era dijo con mucha alegría:
-¡Adelante!-
*Quien abrió la puerta fue Luna, aquella rubia cuyo aura de fantasía e ilusión le acompañaba desde Hogwarts, iba vestida con un vestido azul claro de manga larga, Converse blancas y sus famosos pendientes de rábanos. Dando pequeños saltos, se fue hacia la parte izquierda de la cama de Atenea, sin ni siquiera quitarse los zapatos, le dio un beso a la pequeña. Y fue Luna quien empezó a contarle historias de animales fantásticos, Hermione le narraba cuentos muggles, fábulas... Y es que la rubia y la castaña, hacían que a Atenea las horas se les pasarán veloces, tenían la sensación de que la tarde se desvanecia...Hasta que, de repente...*
-'Toc, toc'- sonó en la puerta.
Una chica, que era la enfermera que tomaba el relevo por las chicas, se asomó por la puerta y dijo con voz risueña:
-Chicas, vuestro turno ha terminado, ahora me toca a mi.-
Cuando la rubia y la castaña, antes de bajarse de la cama, las dos a la vez, fueron a hacerle cosquillas... ¡y se las hicieron!, lo que produjo en Atenea un ataque de risa que acabaron en lágrimas... (pero no penseís mal, que eran de alegría). Hermione se puso y abrochó las deportivas, se bajó de la cama, Luna y ella dijeron a la vez:
-Buenas noches chicas-
A veces Hermione se asustaba cuando decían lo mismo y encima a la vez. Pero ya era tanto tiempo juntas, en la misma habitación,con la misma peque, que ya le daba igual,ya se había acostumbrado.
Se fueron de la habitación y se dirigieron al ascensor. Cuando se detuvieron delante del ascensor y tocaron el botón y esperaron, Luna preguntó:
-Hermione, ¿podemos hacer esta noche solo de chicas?- preguntó con duda.
-Me viene bien que me hayas preguntado eso, necesito esta noche rodeada de mis únicas amigas, ¿te encargas de llamar a Ginny, "jugadora-estrella-de-Quiddich-y-no-tengo-tiempo"?- dijo de carrerilla y con una leve risa al final.
- ¿LO DICES EN SERIO HERM?, OH DIOS...-dijo con tanta alegría que lo dijo casi gritando hasta que las puertas se abrieron y menos mal que no había nadie.
Luna entró pero Hermione se había sonrojado como un tomate, se recordaba que tenía que responder y le dijo:
-Por supuesto, quiero esta noche con mis amigas y mi mejor amigo. Avisa a Ginny, dile que vaya a mi casa y que cocina Perseo, yo me encargo de avisarlo- dijo con alegría.
Luna se arrojó a sus brazos para darle un fuerte abrazo que correspondió.
-¡Voy a por mi bolso a mi consulta y luego nos aparecemos en mi casa! Espérame en la salida- dijo con mucha alegría.
Mientras bajaba las escaleras hacia su consulta, que estaba una planta más abajo de donde estaba, sacó las llaves del bolsillo de su vaquero y abrió la puerta. Fue a por el bolso, de ahí sacó su teléfono móvil y marcó el número de Perseo:
-Hola Leona, ¿pasa algo?- contestó con tono preocupado.
-No, solo quería avisarte de que van a venir un par de amigas mías a cenar y a charlar en
casa, tal vez se tengan que quedar en casa a dormir- dijo con una sonrisa en la cara.
-¡Ah, qué susto me has dado Hermione!, ¡yo encantado de conocerlas!, aunque menos mal que llevo rato cocinando la cena y menos mal que la cena que he preparado para hoy es para 4 personas- dijo con tono de orgullo.
-¿Qué es lo que nos ha preparado hoy el chef Perseo?- preguntó con tono remilgado.
-Cuando estés en casa con tus amigas, lo sabrás, curiosa- contestó con tono burlesco.
-Bueno, ya me aparecere en el portal con una de mis amigas, ya vamos para casa, hasta luego semidios-
-Vale, hasta luego leona-
Colgó la llamada, bloqueó el teléfono y metió el móvil en el bolso, que estaba encima de la mesa, y después de todo se llevo el bolso con ella. Cerró la puerta, fue hacia el ascensor y lo llamó. Cuando ya las puertas se abrieron, pulsó el botón que le llevaría a la entrada, pulsó el número cero. Y se abrieron las puertas y allí se encontraba Luna esperandola en la puerta.
-Continuará...-
