Tras morir enfrentándose a Elsa y Anna, Hans acaba en un lugar inmenso y oscuro, donde se encuentra con dos extraños personajes, más afines a él de lo que piensa.

-marina korsakov: me alegro muchísimo de que te haya gustado la primera parte. Me has animado a continuarla, pues la tenía un poco olvidada.


-Tenía otro concepto del infierno, la verdad-comentó Hans.

-Esto no es el infierno, chico. De hecho, el infierno es del sitio del que acabas de llegar-respondió Garfio mientras sacaba un cigarro de su abrigo rojo-¿Tienes fuego?-le preguntó a Cruella, que sacó un mechero y se lo encendió.

-Me habéis dicho que este es un lugar de castigo, ¿no? ¿Estoy condenado a estar aquí… para siempre?-preguntó Hans, impaciente.

Llevaba ya mucho rato siguiéndolos por aquel espacio vacío y totalmente negro, y empezaba a estar cansado. Aquellos dos personajes sacados de otra época eran muy extraños, y como el príncipe había comprobado, nada recomendables: si Hans se consideraba a sí mismo mezquino, ambicioso y cruel, ellos dos lo superaban.

Garfio era, o mejor dicho había sido, el capitán de una fragata de piratas y asesinos muy temidos, conocida como el "Jolly Roger". Con una garra de metal en lugar de su mano izquierda, y un carácter suspicaz y tramposo, decía haber reunido un gran tesoro que ocultaba en una isla con forma de calavera, y haber matado a algunos de los piratas más peligrosos del mar.

La mujer, Cruella, era vanidosa y exagerada, y le encantaba hablar y hablar solo sobre ella. Llevaba un enorme abrigo de piel y parecía considerarse a sí misma una especie de diosa de la moda. Según contaba, había sido rica, muy rica, y había tenido todo lo que había querido. A Hans le parecía caprichosa e increíblemente egoísta, además de darle bastante miedo por su aspecto pintoresco. Aunque Garfio era un feroz pirata, parecía respetarla mucho.

-El Caldero es una dimensión especial, creada en el albor de los tiempos, reservada para los malos más malos de este mundo. Las almas más negras que nunca podrían cambiar, son enviadas aquí, donde ya no podrán hacer daño a inocentes-explicó Garfio, mientras soltaba una gran bocanada de humo.

-Aquí no hay tiempo ni espacio. Solo nosotros.-siguió Cruella, que se acercó a Hans y le agarró del brazo, exhibiendo una horrenda sonrisa.

-Pero… pero entonces… ¿qué hacemos aquí? Es decir… ¿cómo se supone que vivís? No hay nada que hacer-Hans estaba bastante asustado. Quedarse en aquel espacio en blanco rodeado de un montón de gentuza y sin nada más no era un buen plan-¿no hay modo de escapar de aquí? ¡Debe haberlo!

-Idiota-El pirata le golpeó con su garfio en la cabeza-¡Si hubiera un modo, no estaría yo aquí! ¿Crees que seguiríamos aquí?

-Además, si tenemos cosas que hacer-dijo Cruella-no es que el Caldero esté totalmente vacío.

-Pero se supone que no hay nada-recordó Hans.

-Eso se supone. Pero lo hay. Afortunadamente algunos de los que acabaron aquí tienen el poder suficiente como para alterar el entorno, lo que significa que pueden hacer aparecer cosas. Y así, en medio de la nada de este maldito lugar se alza Vilania-explicó Garfio.

-¿Vi… Vilania?-repitió Hans, atónito.

-¡La ciudad del mal!-saltó Garfio, impaciente-¡Allí es donde residimos la mayoría de nosotros!

-Y si quieres llevar una existencia tranquila en este mundo, tendrás que adaptarte a las normas de Vilania-añadió Cruella, que también había encendido un cigarro-y ser útil para los demás.

Hans asimiló toda aquella información lentamente. Las cosas no eran tan malas como había creído en un principio: había una ciudad, un reino lleno de malvados tan despreciables como él mismo, pero eso ya era un buen comienzo; si no podía volver al mundo real y vengarse de Elsa y Anna, al menos quizás podría empezar una nueva vida en Vilania… y con el tiempo quizás podría ser su soberano. No era un mal plan, aunque algo le decía que no lo tendría fácil.

Qué demonios, él amaba los retos.

-Ya hemos llegado-dijo Cruella, señalando a lo lejos.

Hans alzó la vista, y observó un lugar como ningún otro había visto en su vida: una gran ciudad llena de enormes edificios y carteles aparecía en medio de la oscuridad, y de ella salía un gran bullicio, pese a que aún él estaba lejos de allí. Hans se dio cuenta de que todos los edificios eran negros y de aspecto gótico y siniestro, y al fondo pudo divisar también un enorme castillo que reinaba amenazador sobre todos.

-En el castillo vive quién Vilania gobierna-le dijo Garfio, mientras llegaban a las puertas de la ciudad-procura caerle bien, y tu existencia aquí será grata.

-Dudo que le caigas bien-comentó Cruella, riendo con sorna.

Los tres se acercaron a la verja de entrada, y de repente, una voz horrenda resonó por todas partes.

-¿Qué hay peor que hacer el mal?-preguntó la ronca voz, haciendo que Hans se estremeciera.

-Perder la oportunidad de hacerlo-respondió Garfio, y la puerta se abrió-¡Andando!

Entraron, y Hans escuchó con intranquilidad como la verja se cerraba detrás de él…

Vilania le esperaba.


Más corto que el anterior, pero que no os decepcione. La historia irá evolucionando, y a veces pueden ser muy largos, y otras más cortos.