Capítulo dos: Rinen no taigen mure wo hazure kami ni somuku. I'll be a brain-dead god.

( La personificación del ideal se separa de la multitud y va en contra de Dios. Seré un dios descerebrado )

» DOGMA — The gazettE.

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—Claramente es por la pérdida de magoi.

—Nee~ si Yamu y yo no hubiéramos estado allí, tampoco le creeríamos a Sinbad la cantidad de magoi que esa cadena le hace perder.

—Y aunque sea un magi, no sabemos cuánto tiempo lleva con ella puesta o qué tanto le habrá torturado Kouen.

—Hay algo que aún no me queda muy claro. —Ja'far, por supuesto disconforme con la realidad, alzó un poco la voz en aquélla mesa redonda que habían hecho los ocho generales, el magi peli-azul, Alíbabá, Morgiana y Sinbad—. ¿Por qué el imperio Kou cedería a Judar como si nada? ¿Y la Organización?

Hubo un silencio en la habitación que se volvió denso, lo cierto es que Sinbad tampoco sabía de razones y las únicas en las que había pensado habían terminado por parecerle irrisorias. Con el mentón apoyado en sus palmas, se quedó unos minutos más en silencio barajeando una respuesta a la evidente desconfianza de Ja'far. No es que le culpara, después de todo había vuelto en la mitad de la noche sin el culpable de una masacre y un magi oscuro moribundo en manos.

Todos habían guardado silencio en la habitación porque nadie nunca se imaginó ni en sus sueños más lejanos y extraños que terminarían compartiendo habitaciones con un oráculo que en el pasado había intentado matar a los presentes. Ja'far sí lo había soñado, en una pesadilla claramente. —No lo sabemos. —fue la contestación seca que dio Sinbad a las palabras del albino sentado al otro extremo de la mesa—. Pero de todos modos, no puede irse hasta que nos dé respuestas, todos vimos el rukh negro, y hasta hoy no hay nadie más que haya logrado burlar la barrera que no sea él.

Él, por supuesto, evitó contar las palabras amargas que el magi oscuro le había escupido en el barco.

No es que no confiara en los demás, es que confiaba en Judar y eso despertaría una cierta tensión entre sus generales y allegados, comenzando por Ja'far y Alíbabá. Quizá el oriundo del reino de Balbadd no lo admitiría en voz alta, pero Ja'far sí lo haría y lo cierto es que Sinbad estaba tan desesperado de respuestas como sus subordinados. Se prometió a sí mismo cambiar el mundo con sus propias manos sin derramar sangre inocente y sentía muy en el fondo de su alma, que no estaba cumpliendo con lo que había dicho una vez cuando chico.

—Sin…

—Cuando llegó, he creído mencionar que no lo mataría. Es inocente hasta probar lo contrario, claramente tenemos una ventaja al mantenerlo en éste lugar. No hay discusión de esto.

Y todos mandaron a callar.


El zángano de los Siete Mares.

¿Cómo podríamos comenzar por describir a Sinbad?

Claramente podemos mencionar a alguien que ha caído en la depravación y con una fuerte sed de posesión, no sólo de tesoros, posesión a nivel ideales y humanidad. Entre los pasillos del palacio de Sindria las paredes tenían secretos de éste rey que morían por ser contados. El maestro de las manipulaciones y palabras que endulzaban oídos. No resultaba reto alguno engañar al magi del imperio Kou como en su tiempo había manipulado a Kougyoku.

En la guerra y en el amor todo se vale ¿n mo?

Al cuarto día de hospedaje del magi oscuro, Morgiana caminaba entre los pasillos del palacio y escuchaba a las paredes susurrarle cosas en los oídos. Les escuchaba hablar de Sinbad y la guerra, la depravación, Aladdin y Hakuryuu. Cuando tocó a la puerta de la habitación del magi, él no contestó pero ella no esperó un segundo antes de entrar con una jarra de agua en manos.

Al principio cuando sus pies descalzos se toparon con el alfombrado no habló, sólo hasta que vio al peli-negro observar a través de las cortinas con la cadena atada de un extremo de la pared, aunque ésta no desprendía el brillo plateado que Sharkkan había mencionado y quizá tuvo un deseo morboso de verlo, estaba lacerando la piel del cuello del peli-negro. Los grilletes de las muñecas y los tobillos no eran menos, podía ver un par de trozos de pellejos que se conectaban al encarnado róseo.

—¿Qué es lo que quieres?

Morgiana se acercó ligeramente titubeante a ofrecerle una copa con agua al magi. Él giró su mirada color sangre a la peli-rosa y notó la dureza de sus ojos, esa expresión vacía que tenía le hizo darse cuenta en ese instante que era ella a quien Hakuryuu mencionaba entre sueños. Tomó la copa aunque no agradeció por ello. No es que hubiera muchos modales en su vida y tampoco es que le importara demasiado aquello.

—Sinbad me ha mandado a ver si ha despertado.

—Pues que arrastre su trasero aquí a comprobarlo por él mismo.

—Él… está hablando con las familias afectadas por la masacre.

Judar no le creyó.

Se tomó el agua de un solo golpe y no emitió mayores palabras, incómodo removió su pie pero tampoco hizo sonido alguno por que la carne le escocía con el toque del metal húmedo por su sangre. Morgiana observó en silencio los gestos del oji-escarlata que tenía fama de parlanchín ¿Podían las cadenas de la esclavitud haber sellado su cómica forma de ser?

Morgiana lo sabía.

Hubo una vez en la que la oscuridad se comió al sol, y Morgiana nunca volvió a tener luz. —Yo… sé lo que siente. —le dijo en un tono muy suave, apenas moviendo los labios con la cabeza gacha y Judar casi tuvo que adivinar sus palabras—. Vivir bajo cadenas… se trata de una sed horrible y un hambre que te consume las entrañas.

—Hn, he escuchado de tus años de esclavitud, chica fanalis.

—Y entonces las personas que estamos bajo cadenas vivimos en soledad, no es que nos importe… Pero hay veces cuando pasamos por el mercado llevando el cargamento de nuestros amos, que sentimos una envidia retorcida de aquéllos que pueden pasar por encima de nosotros sin cadenas.

Judar guardó silencio con una mirada perdida en la nada y desoyendo a sus extremidades, tampoco se dio cuenta cuando la chica tomó un de los grilletes y lo rompió entre sus manos lo suficiente para que sus tobillos masacrados tuvieran un respiro. Impresionado por su fuerza en primera instancia, no atinó a agradecer por que le quitaran ese peso de las carnes aunque el impulso de hacerlo le llenó el pecho.

Ese día Morgiana no supo por que quebró los grilletes de Judar. Pero se dijo a sí misma que ni siquiera Judar, por más que maldijera su destino, merecía vivir bajo cadenas. Ninguna persona merecía que el sol fuera devorado por la oscuridad. Porque ella vivió muchos años sin sol hasta que un día de la nada, Alíbabá con sus cabellos rubios le trajo el sol.

Y desde ese entonces no ha mirado atrás.

—Seguramente Sinbad querrá hablar con usted… —volvió a su posición arisca frente a él, como si estuviera caminando en un laberinto lleno de espinas—. No puedo romper la cadena, no hay manera de tocarla sin dañarlo a usted…

—¿Por qué lo haces? ¿No tendrás problemas con ese rey estúpido después?

—Quién sabe… —la verdad era esa, Morgiana no sabía si Sinbad se enojaría con ella por romper los grilletes o intentar romper la cadena—. Pero Sinbad no sabe lo que es vivir bajo cadenas, en cambio yo sé lo que se siente que no quede nada más en el mundo, ni la amabilidad ni el cariño de las personas.

—¿Qué es lo que te motiva a seguir adelante, chica fanalis?

Morgiana guardó silencio unos segundos cuando escuchó unas pisadas firmes acercarse por el pasillo. Titubeó.

—Quizás… eso. Encontrar un motivo por el cuál seguir ayudando a Alíbabá y Aladdin en todo lo que pueda. Sinbad no cree que usted sea culpable hasta probarlo… Quizás es eso lo que nos impulsa a todos: la esperanza de encontrar respuestas al motivo por el cuál nacemos.

Esperanza, nunca hubo algo como eso en la vida de Judar.

Un par de minutos más tarde Sinbad entró en la habitación y Morgiana desapareció en el pasillo con una mirada cálida hacia el magi oscuro. No hubo palabras y el dolor en sus extremidades no se sosegó, de hecho la sangre pareció gotear con mucha más potencia cuando la mirada ámbar del rey se posó en su carne curtida, esa mirada descarnada que golpeaba sus órganos y parecía perforarle el cuerpo.

—Es una buena chica.

Pero Judar no respondió.

Se quedó sentado en la misma cama observando al exterior el cielo limpio y despejado de Sindria. Sinbad no le forzó a hablar y a cambio se sentó en el otro extremo de la cama cruzando una pierna sobre la otra de manera elegante. —Hace un buen día ¿Qué te parece dar un paseo por las calles?

—¿Por qué lo hiciste?

Sinbad calló unos segundos antes de sonreír de manera ladina.

—Sí creo que eres el culpable de la masacre.

—No tengo intenciones de acabar con alguien que no sea contigo.

—Entonces tampoco entiendo por qué has dicho que fuiste tú.

—Prefiero hacerte creer a ti y a tus lacras que fui yo quien asesinó a tu gente para que jales esta cadena, antes de seguir bajo órdenes de Kouen.

—Pero no me estás haciendo creer nada.

Sinbad sonrió de manera desdeñosa por el mohín que Judar hizo a continuación, cada cabeza es un mar de pensamientos, pero la cabeza del magi oscuro parecía ser los siete mares en conjunto colisionando entre ellos. El rostro de Judar no mostraba reacción aparente y las preguntas de nuevo asechaban la mente de Sinbad. Enajenado a la situación quiso buscar una respuesta por sí mismo en la mañana y no la encontró. Quizá lo que le hizo querer buscarlas con más ahínco fueron las palabras de Morgiana: Yo sé lo que es vivir bajo cadenas, se trata de una sed horrible y un hambre que te consume las entrañas.

Sinbad no sabe lo que es vivir bajo cadenas.

Oh sí, una vez vivió esclavo de sus propios pesares y lo recordaba con claridad. No de una manera literal, pero a diferencia de las cadenas de la esclavitud como las que había portado Morgiana, la mente de los hombres era la que los volvía completamente libres o esclavos. Sinbad una vez fue esclavo de su mente engañada y débil, nunca debió haberlo hecho pero siempre se culpó por la muerte de su madre y el amor de su corazón se volvió odio por la guerra cuando su padre jamás volvió.

—Bueh~ levántate, iremos a dar un paseo por el mercado.

—¿Ah? —Judar alzó la vista cuando Sinbad ya estaba de pie con su imponente presencia ofreciéndole una mano—. ¿He escuchado bien, rey idiota? ¿Quieres que vaya a dar un paseo contigo al mercado donde hay personas que han perdido a sus familias?

—Ajá. —la sonrisa de Sinbad le pareció por mucho más abrasadora que el propio sol—. Las personas de mi tierra han sido llamadas y les he dicho que estamos buscando al culpable, fue una zona del reino en particular, cerca donde la barrera se une con el mar pero… Aun así, llevas cuatro días aquí.

—¿No se supone que sea así?

Sinbad vio la insinuación de Judar y su rostro se mostró arisco, con el ceño terriblemente fruncido ante la vaga acusación que el oji-escarlata hizo de él.

—Así que creías que te tenía como esclavo…

—Yo no dije eso, rey idiota.

—Lo has insinuado, déjame decirte que con esa cadena en el cuello no representas amenaza alguna, Judar. —Bueno, probablemente sí, pero Sinbad no midió sus palabras tampoco—. Si quisiera tratarte como un esclavo no te habría dejado entrar en mi palacio o permitido tomar de mi agua.

El tono de voz hosco y frío logró que Judar se estremeciera en la cama. Esa no era la voz de Sinbad… Ese no parecía ser el Sinbad del aura imperturbable que él conocía. El rostro anguloso del rey no se transfiguró, pero la actitud intrínseca pareció haberse esfumado con el presuroso discurso de su aparente insinuación de esclavismo.

—A pesar del tiempo que llevamos de conocernos, aún crees que no sé nada de ti, Sinbad. —el rostro del magi oscuro se ocultó tras los cabellos azabache, apretando las manos en puño sobre la cama—. Si quisieras encontrar al culpable ya lo habrías hecho y le habrías dado un espectáculo a tu gente. Si yo hubiera querido insinuar que me esclavizaste, estaría tirando de la cadena hasta verme tan miserable como uno.

Oh, allí estaban esas ácidas palabras otra vez.

—Podemos tomarlo como un error de ambos ¿qué te parece? —y Sinbad volvió a ser el hombre de arrolladora aura masculina y sonrisa deslumbrante.

Falsedad...

Un rey consigue prestigio y amor de su reino sólo cuando es falso.

Judar no caería, pero asintió a sus palabras luego de bajar la mirada, ligeramente amedrentado. Entonces se levantó, aunque la cadena le impidió caminar. Entrecerró un ojo por el dolor en el cuello y Sinbad se acercó sin trastabillar hasta quitar el mecanismo que la atoraba a la pared. El sonido pesado del metal cayendo al alfombrado de la estancia no hizo mella en ninguno de los dos, pero Judar lo agradeció porque su cuello tenía un respiro.

—¿Aún te queda magoi con eso en el cuello?

—Sobrevivo.

—Quiero escuchar la historia tras esa cadena.

Y de esa manera, ambos partieron al mercado.


La brisa salada del mar oscilaba sobre los puestos del mercado en el medio día. El suelo empedrado se sintió frío en los pies desnudos de Judar, aunque no se comparó con las miradas asesinas de los demás. La sangre no había parado de brotar, pero Sinbad no había ofrecido ayuda a su carne o curaciones así que él no las pidió.

Sindria, otra vez.

Y la sensación de familiaridad no era agradable para nada.

Había asistido por muchos años: destrucción, odio, fiestas, y finalmente una aparente masacre. Y la verdad no le sorprendió ser el espectáculo de unas miradas rencorosas y miedo, como si hubiera estado allí antes y hubiera asesinado a quinientas personas frente a los demás. Como si ser el oráculo de un imperio enemigo y un magi de la creación fuera signo de desprecio y no de admiración. Era así la mayoría de las veces a cualquier lugar que fuera, no era la primera vez que las personas por más felices que fueran, le veían a él como si trajera las siete plagas de Egipto o las enfermedades incurables. Claro que esto fue hasta que unos niños se toparon contra sus pantalones holgados y una niña cayó a sus pies descalzos. Niños regordetes que no pasaban de unos siete años en edad, la niña tenía los ojos de color magenta y le hizo olvidar las palabras de Sinbad acerca de zonas de su pueblo y las miradas enfermas de las personas que pasaban cerca de él. Tomó a la niña por debajo de los brazos y la alzó del piso, sacudiendo el vestidito que llevaba. Kougyoku en un tiempo también fue así y Hakuryuu de la misma manera…

Fue el niño quien se acercó a él, y su sonrisa sin dos dientes hizo que Judar también sonriera, tomó una de las manos de la niña y se colocó en cuclillas frente a ella, parecía que todos a su alrededor habían guardado silencio; besó la palma que tenía un pequeño raspón por el golpe y al niño le acarició el cabello. —Las niñas con raspones no se ven b...

Pero no pudo terminar sus palabras cuando la madre de ambos niños se acercó a él y los retiró de su lado haciendo que trastabillara por la posición y cayera al suelo de sentón. Cuando alzó la vista se encontró con los niños alzando una mano hacia donde él estaba y a la madre arrastrándolos casi a jalones de su lado en el mercado. Judar sabía que los niños no tenían la culpa y les sonrió son suavidad despidiéndose con una mano, cuando los niños se perdieron por una esquina él volvió a bajar la vista.

¿Por qué te levantas? ¿Por qué luchas? ¿Por Sinbad, por el mundo? Escucha: un día tus compañeros te traicionarán. Y el amor por el mundo se convertirá en odio.

Sinbad en silencio observó los gestos de Judar con los niños.

Evitó interrumpir la escena y francamente sí, se sorprendió cuando el magi oscuro besó la palma herida de la niña. En el fondo Sinbad deseaba creer que Judar no era una mala persona, le parecía haber escuchado alguna vez a Aladdin decir que Judar era una víctima de las circunstancias. Él mismo se había aferrado a esa idea un par de veces en el pasado aunque no estaba seguro, con Judar no se estaba seguro nunca, primero comienza a llorar frente a ti diciendo que Al-thamen asesinó a su familia y luego se ríe de tus intenciones.

Por eso cuando le vio besar la mano de la niña, inclusive le pareció ver rukh blancos a su alrededor. Claramente todo era producto de su imaginación pero cuando terminó en el suelo, la máscara de fría hostilidad y burla que portaba siempre volvió a aparecer junto con todo ese rencor y aura pesada. Con sigilo, se acercó a él y le tendió una mano para ayudarle a levantarse. —¿Todo bien por allá abajo?

Judar no aceptó la mano, simplemente se levantó de su lugar en un pequeño brinco y se sacudió los pantalones oscuros con la cabeza gacha. No es que realmente le importara, siempre había rencor y desprecio para su persona, pero quizá fue el aire de Sindria o la misericordia de Sinbad la que le hicieron darse cuenta que esto ya no era el imperio Kou, tampoco era Al-thamen, ahora estaba en un lugar peor, en uno mucho más aterrador y donde no tenía lugar, donde más allá de la cadena en su cuello, era esclavo del dolor y la destrucción que había azotado a una nación tan amada y que a él le producía asco, porque no era suya.


—Creo que debes descansar ésta noche. Pero espero respuestas, Judar.

Sinbad habló de manera firme en el marco de la puerta de la habitación cedida al magi en la torre Morada Leo. Judar sólo caminó un par de pasos hasta estar completamente dentro y giró a encararle hecho una masa iracunda de enojo.

—¡Ya basta, imbécil! —escupió con rabia, sintiendo los humores y los jugos gástricos hacer colisión en su estómago—. ¡No estoy convaleciente ni me estoy muriendo! ¡Deja de tratarme como a una de tus jodidas doncellas, estoy perfectamente entero, y en el momento que me quiten ésta maldita cadena haré polvo tus huesos! Escúchame bien Sinbad… Tú no lo entiendes...

Judar bajó la cabeza completamente agotado, aparentemente la cadena robaba algo más que su magoi, sentía que todo le daba vueltas apenas alzaba un poco la voz.

—Judar…

—Tú no lo sabes… Tú no sabes lo que es vivir en la oscuridad. No sabes lo que se siente que la gente te mire con asco, como si la carne se te cayera a pedazos ni sabes lo que es escuchar palabras hirientes para tu persona. No sabes lo que es que pisoteen tu cuerpo y te arrastren sobre mierda mientras todos te miran en algarabía. —tomó aire completamente exaltado, alzando el rostro cubierto de lágrimas vírgenes—. No sabes lo que es ansiar luz, no sabes lo que es vivir sin sol, lo que es vivir encadenado a una vida que no querías, no lo sabes porque siempre tuviste oportunidad de elegir lo que deseabas…

Dando grandes bocanadas de aire, a su mente vinieron los recuerdos de cada una de sus vivencias hostiles y el amargo sabor a hiel le invadió la boca.

¡Déjame, me está-estás lastimando!

Eres nuestro, pedazo de puta…

¡Ba—Basta!

Algún día me lo vas a agradecer, Judar.

—No sabes lo que se siente ser tratado como un cerdo para el matadero… Lo que se siente usar ésta vestimenta. —señaló, de nuevo con la cabeza gacha, incapaz de mantener el poco orgullo que le quedaba en esos momentos—. Los comentarios, las burlas, el dolor en las extremidades y los azotes.

—Pensé que te gustaba tu ropa…

Judar pensó que Sinbad no podía ser más idiota. Agitado, se sentó en la cama antes de caer en el piso, la cadena estaba brillando de nueva cuenta y el dolor en sus órganos internos era demasiado. —El imperio Kou no quería un oráculo flojo, era la mejor forma de darse cuenta día y noche si realmente estaba haciendo los ejercicios o estaba rindiendo fruto el entrenamiento. Te hace sentir sucio, como si fueras oro que pasa de mano a mano, engrasándote y jodiéndote la existencia. No, su real tonteza, no tengo nada en contra de mi atuendo pero sólo me recuerda lo que soy: un objeto de uso valioso que no se preocuparon en tirar cuando dejó de funcionar.

Sinbad permaneció en silencio por exactamente tres minutos hasta que le pidió a uno de los guardias de la sala algo que Judar no alcanzó a escuchar y éste se perdió de su campo visual. —¿Dejaste de funcionar?

Judar agitó la mano, secándose las lágrimas con más fuerza de la debida, antes de que sus ojos inyectados en sangre sólo giraron a observarle como mil fuegos ardiendo dentro de ellos. —¿Por qué no sólo me preguntas lo que quieres saber de tu pueblo?

—¿Quién mató a mis quinientos hombres?

—No lo sé, esa noche yo no salí del palacio.

—Ya, y suponiendo que te creo, Judar ¿El rukh negro?

—Hoy día cualquier cosa puede tener rukh negro, hasta tú, rey de los siete mares…

Pero la acusación no pudo seguir cuando el guardia llamó a Sinbad y le entregó una túnica de color crema con cuello color jade. Entonces cuando Sinbad agradeció, se acercó con una media sonrisa a Judar completamente confiado, extendiéndole la túnica que utilizaban sus ocho generales. Judar lo observó como si le hubiera crecido una tercera cabeza y pidió una explicación.

—Te doy libertad.

—¿Ah?

—Dijiste que tu ropaje te recordaba a la esclavitud de la Organización y el imperio Kou ¿no? Te ofrezco ropa, puedes quemar la tuya, desgarrarla o ahorcarte con ella si quieres, si eso te trae libertad.

Allí estaba de nuevo, Judar apretó tanto los puños y trabó los dientes bajo sus labios que colérico se levantó de la cama donde se había sentado y aventó la túnica que Sinbad tenía en manos, estaba por volverse loco.

—¡NO QUIERO TU MALDITA MISERICORDIA, SINBAD!

Sinbad se quedó callado de nueva cuenta, con los ojos muy abiertos, observando a Judar tambalearse ante el destello plateado.

—No necesito tu maldita lástima… No necesito la falsedad con la que te diriges a tu pueblo y tampoco necesito el prestigio que tienes por tus mentiras.

—Eso es un poco duro de tu parte, Judar.

—Pero no puedes dejarme mentir.

Silencio.

Siete minutos después, Sinbad se sentó en la cama junto a él y le hizo quedarse en la misma posición, iba a tener un dolor de cabeza espantoso con tanto grito del magi. —Sólo necesito tus respuestas, Judar… Eres el único que puede ayudarme.

—¿Por qué habría de ayudarte, específicamente a ti?

—Porque por lo que me has dicho, no tenías intención de atacar Sindria.

—Eso no cambia nada, pude atacar a tu mugriento pueblo para acabar contigo.

—También has dicho que eres un objeto de uso valioso para Kouen y Al-thamen ¿Qué pasa si ya te han botado? Ellos creen que yo te asesinaré por matar a quinientas personas de mi pueblo ¿Y si no lo hago qué vas a hacer cuando encontremos al responsable?

—Eso no es de tu incumbencia en todo caso ¿A dónde quieres llegar con todo esto?

—Quizás estoy considerando aceptarte como mi magi.

Tenía que ser una broma.

Judar no dio crédito a lo que sus oídos escuchaban y comenzó a negar de manera frenética con su cabeza. —Estás loco, rey de los siete mares, no sabes lo que estás diciendo.

—¿Te estás retractando ahora que yo consideraré la idea?

—No voy a caer en tu trampa, Sinbad.

El peli-morado dio un gran, realmente gran suspiro cuando le escuchó decir aquello. —¿Sabes? Me gustaría que durante tu estadía, dejaras de desconfiar tanto, que por lo menos dejaras de pensar que trato de burlarme de ti todo el tiempo o que mis palabras no son reales, comienzas a sonar como Ja'far.

Oh, allí estaba, había dado en el clavo.

Judar se enfureció tanto que las mejillas y orejas se le pusieron rojas del coraje y se levantó de la cama tomando con rabia la ropa que había tirado. —Debes saber, pedazo de idiota. —comenzó, mientras se quitaba el manto de los hombros y Sinbad notaba por primera vez que no llevaba esas pesadas joyas doradas—. Que te vas a arrepentir de esto—. Paró unos segundos a tomar aire agitado de nuevo, antes de retirarse el top negro del torso y quedar semi-desnudo frente a Sinbad.

¿Dónde había quedado la inocencia de Judar, esa que presentó en la plaza con los niños e hizo que su estómago revoloteara?

—Que no hago esto por ti, lo hago por interés propio y porque odio que me acusen de algo que no he hecho. —le dijo, para finalmente quitarse el pantalón holgado y quedar completamente desnudo frente a Sinbad. La mirada enferma con la que el rey le observó fue pasada por alto, Judar no tenía nada que esconder de su propia complexión y no se sentía mal con su cuerpo. Excepto claro, porque Sinbad jamás había notado aquéllas estrías plateadas que viajaban por la carne desde los huesos de la cadera hasta los tobillos. Una a una se enfilaban en la piel de cal como si esperaran un premio.

Los músculos brillaron debajo de la luz y Sinbad reprimió un impulso animal que azotó a su cuerpo con tenacidad. Judar seguía siendo inocente, él no comprendía esa aura arrolladoramente sexual que desprendía. No era con intención y eso era claro, nadie en su sano juicio se desvestiría completo frente a Sinbad si deseaba salir caminando de la alcoba. La túnica resbaló por la piel brillosa y blanca del magi oscuro, cubrió esos hombros y brazos masculinos. Luego las piernas se cubrieron casi por completo y el torso trabajado fue lo que quedó descubierto de manera descuidada.

Judar ató los extremos del cinturón para que la túnica se cerrara en torno a su cuerpo y entonces así, completamente desaliñado con esa túnica que dejó que Sinbad saboreara su pezón izquierdo entre los dientes, el magi se acercó de nueva cuenta al rey de los siete mares rígido sobre la cama, sin emitir palabra extendió su palma al de ojos ámbar y luego subió una de sus piernas a la cama a un lado de la pierna izquierda del rey, como si le estuviera apresando para que no escapara de aquello. Sinbad se deleitó en silencio con la túnica que acarició el muslo con músculos suaves y que quedó descubierto sobre la cama.

De repente se imaginó a su propia lengua paseando por el camino que trazó la tela por esa piel inmaculada, deseó que Judar se quitara esa túnica para él. Pero el brote de deseo duró poco cuando recordó las lágrimas vírgenes del magi oscuro y sus pesadas palabras. Alguna historia estaba detrás de esa cadena, una que Judar no le contaría sólo por que sí. Y cuando apretó la mano del magi en señal de trato, se dijo a sí mismo que descubriría aquéllas marcas sobre la piel del menor, las besaría y se encargaría de que Judar tuviera libertad, destaparía los secretos de la cadena y encontraría al culpable de la masacre de su pueblo.

—Trato hecho, Judar.