Capítulo tres: Please die, die before I die.
( Por favor muérete, muérete antes de que yo me muera )
» UGLY — The gazettE.
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El rukh de Judar parecía volverse blanco en costas de Sindria. La oscuridad cernida sobre su mente lograba menguarse cuando paseaba por los barrios turísticos o el bazar, dos noches más habían pasado mientras buscaban Sinbad, Yamu y él al responsable de la masacre del reino. La túnica crema y jade que le había dado Sinbad parecía hacer efecto sobre las personas como si echara sobre la ciudad una capa de ilusión; le resultaba ridículo sentirse tan bien en un lugar que no le correspondía, que no era su hogar.
No es que de verdad tuviera un hogar, pero aquí a veces le daba un poco de vergüenza tomarse tantas libertades como lo hacía en Kou, siempre fue cínico y no le importó lo que pensaran de él realmente; pero la gente aquí no era cínica, el cielo estaba despejado y no había un solo tramo sin plantas o agua salada y Sol. Todos parecían vivir en armonía, había rukh blanco y rosa por doquier, incluso hasta creía haber visto un poco de rukh lila entre los cultivos. Parecía que todos hablaban bien con él, excepto ese albino que siempre andaba tras Sinbad: Ja'far. Sin embargo tampoco es que pasara mucho tiempo entre las torres del palacio, más bien intentaba no aparecerse por esos lugares por periodos prolongados, de vez en cuando hablaba con Morgiana ya que ellos dos eran los únicos que residían como huéspedes en Sindria por ese momento, el enano pervertido y el rubio estaban de viaje en Balbadd y llegarían para la noche.
Siete noches desde que pisó tierras de Sinbad, siete noches desde que había utilizado esa túnica y la aparente libertad que el rey le proporcionaba. En éste momento Yamu, Sinbad y él se encontraban camino al lugar de los acontecimientos en el área urbana del sur, la que conectaba justamente con el mar. Sinbad le había dado un par de zapatillas como las que usaba él porque sus tobillos continuaban lastimados de los grilletes aunque Judar terminó por quitárselos una vez que llegó al área urbana. Era demasiado incómodo para alguien como él quien no estaba ni asomándose acostumbrado a andar por la vida con los pies cubiertos. Con las manos metidas entre las grandes mangas de su túnica crema y jade Judar caminó justo a un lado de la maga, sonriendo por un par de cosas que ella decía acerca del rukh blanco y el negro, aparentemente emocionada de poder hablar con un magi que sí sabía de rukh y la creación (Aladdin aún era muy pequeño y parecía no entenderlo). Sinbad iba a la cabeza y parecía resquebrajar las piedras del suelo con cada caminar aunque su sonrisa era capaz de iluminar los hogares de las personas, Judar recordó al Sinbad pequeño, ese al que los menores se le acercaban y era tan querido.
Ahora era un poco diferente pero seguía siendo tan querido como al principio.
¿Sería su voz?
¿Sería el sonido armónico que parecían hacer sus pasos sobre el suelo empedrado?
—Nee, onee-chan~ —Judar detuvo sus pasos cuando una manita jaló de su túnica y le hizo retroceder. Giró el rostro encontró a una pequeña niña de ojos grandes y tan azules como el mar, cabello corto y negro, algo dentro de él ardió con fuerza haciéndole ponerse en cuclillas frente a ella para cargarla sobre su regazo, volviéndose a la madre—. Oiga, iremos allá, no tardamos—. Judar pudo comprobar que era obra de la túnica que la señora asintiera y le dijera a la niña que no fuera a molestar al rey, Judar tuvo que rodar los ojos una vez que reanudó el paso hasta donde estaban Yamu y Sinbad. El peli-morado observó por el rabillo del ojo al oji-escarlata hablando con la pequeña niña, parecía tan animado a pesar de que la cadena estaba brillando. ¿Acaso no debería estar muriéndose de dolor en ese instante?
Removió inquieto su cabeza cuando se dio cuenta de las cosas en las que estaba pensado, Yamu y él se adelantaron al lugar de los hechos, era justo entre las últimas casas donde la arena del mar comenzaba y luego la barrera cubría las costas: invisible para los humanos pero no para él, frunció el ceño con dolor luego de haber cargado a la niña en sus brazos ese pequeño trayecto; estaba debilitándose y no podía permitirlo ahora que había una razón para utilizar sus poderes.
—Aquí es donde aparecieron las quinientas personas. —Judar giró la vista al rey que hablaba y Yamu que veía la barrera—. Como Yamu y los magos del reino no sabían de dónde provenía la enfermedad, murieron sin remedio.
—¿Enfermedad?
—Sí, murieron por una enfermedad desconocida, lo descubrimos en el momento que Yamu nos mostró los hechos y luego el rukh negro cortó la visión.
—No mencionaste eso en la audiencia de Kouen.
Sinbad sólo se encogió de hombros.
Mentiras…
Judar chasqueó la lengua completamente fastidiado por la resuelta actitud del rey y se limitó a caminar a las orillas del mar aún con la infante en brazos que no dejaba de decir que tenía un lindo cabello, le dio una sonrisa suave antes de observar los barcos pesqueros que anclaban a unos metros más allá de la barrera. Llegó un momento en el que tuvo que bajar a la niña de sus brazos por que el dolor en las extremidades fue demasiado, estaba lo suficientemente débil como para tener que valerse sólo con sus pies. Entonces las preguntas acudieron a su mente y buscó una respuesta que parecía no estar allí.
—Joder con ésta porquería…
Arisco, no hizo más que dar un pequeño saltito usando la magia de levitación y recorrió un pequeño tramo de la barrera antes de que sintiera un vértigo extraño y unas náuseas tremendas. Esto no se sosegó hasta que allí, a unos metros de donde ellos estaban observó una falla visible, ésta conectaba con el mar mientras goteaba, recordó el momento cuando él entró en Sindria burlando la barrera, se veía exactamente igual que el hechizo que había conjurando él mismo. En un impulso quiso acercarse pero la vista se le nubló y se tambaleó por el aire, entonces le señaló el lugar a Sinbad quien le llamaba desde abajo y fue en ese momento que tuvo que cerrar sus ojos con fuerza por el dolor en su abdomen, no se dio cuenta en qué momento estaba cayendo… caía por un negro pozo sin fondo intentando alzar los brazos para utilizar la magia de levitación, pero el azote de la arena blanca en su espalda le regresó a la realidad junto a una arcada que le sacudió con tanta fuerza que se irguió; de su boca brotó un cúmulo de sangre que cayó en la arena.
—¡Judar!
La voz le hizo girar a donde Sinbad se acercaba con una expresión de extrañeza y evidente miedo hacia él, aunque no pudo verle por más de unos segundos cuando una nueva arcada le sacudió e hincado allí en la arena como se encontraba volvió a vomitar otro cúmulo de sangre viscosa y el dolor en su región abdominal no cesó, Yamu se acercó a él, observándolo cuando una luz azul salió de su báculo y él la detuvo con una mano temblorosa, negó a las acciones de la chica y Sinbad le puso una mano en la espalda. —No sabes de dónde proviene la magia, es inútil que te esfuerces… —tosió un poco sacando los últimos trozos de sangre de su boca y con la misma mano le señaló el aparente daño del círculo mágico—. Hay una falla justo allí.
—Onee-sama…
Judar giró a observar a la niña con sus ojos escarlata abiertos grandemente, la pequeña estaba a punto de llorar por la sangre de la arena. El peli-negro negó con la cabeza y se limpió la sangre con el dorso de la mano, mientras le sonreía al reflejo de Hakuryuu en esos ojos azules llenos de miedo, llenos de tristeza. Le dijo que estaba bien y luego giró su vista a Sinbad quien no emitió palabra alguna en todo el rato, simplemente le retiró la mano de la espalda y se levantó un poco tambaleante, caminando en el sentido de la falla, Yamu giró a mirar a Sinbad negando con su cabeza.
Tanto ella como Sinbad sabían que no duraría mucho tiempo con esa cadena brillando con la misma insistencia que lo hacía.
La niña corrió a un lado de Judar hasta que se abrazó a su túnica y el magi oscuro le acarició los cabellos. El peli-negro se tomó el abdomen con la otra mano pues el dolor le impedía respirar bien, la cadena estaba exprimiendo sus órganos vitales, llegaría un momento en el que su cuerpo físico no lo resistiría. Y el miedo por la oscuridad se volvió miedo a la muerte en su mente. Negó con la cabeza poniéndose en cuclillas contra la barrera, la tocó unos momentos y la magia viscosa se movió en sus dedos hasta que algo brilló.
Tres rukh negros salieron del mar y el magi oscuro los observó completamente impactado. —Sinbad… —llamó al rey sin retirar la vista de donde los rukh habían salido y cuando la maga se acercó junto al rey, Judar el indicó que observara el lugar: un rukh negro salió de entre los golpeteos del mar con la arena, la maga giró a ver al magi con los ojos desorbitados y Judar asintió en silencio—. El agua está contaminada.
—¡¿Eso es posible?!
Pero Judar no respondió al grito de la maga, por el contrario observó a los barcos pesqueros que anclaban cerca de la costa e intentó atar cabos en su mente, se giró a ambos y se preguntó si podía ser el alga marina o el agua misma: —¿Aquí se come mucho pescado? —Sinbad rió bajito, burlándose de manera casi educada por la pregunta de Judar.
—Es el principal alimento además del cerdo o las frutas.
Judar lo comprendió todo en ese instante. Entonces les señaló a ambos la falla de nueva cuenta y luego a los barcos pesqueros. —Si el agua sigue contaminada, es posible que haya sido el pescado de consumo el que haya tenido el rukh negro, no es de cuando Kougyoku lanzó su poderoso ataque y desvió la pudrición del mar, esto es reciente, la falla puede ser producto de la vez que quebré yo la barrera y tarda un poco en restaurarse. No es culpa de los magos del reino, mantener una barrera así utiliza mucho magoi y es posible que se cansen y por lo tanto algo logre colarse.
—Todo el pueblo come pescado ¿Es posible que todo el pueblo pueda morir?
Silencio.
El magi oscuro barajeó las posibilidades en su mente ¿Por qué sólo quinientas personas de todo el pueblo? Debía haber un patrón entre toda la gente que había muerto por eso. —¿Quiénes vivían en ésta zona del reino? —miró a Sinbad pensarlo por unos segundos antes de que abriera los ojos de manera grande porque las palabras cobraron sentido en su mente.
—¡Había llegado un grupo de personas de Balbadd tres noches antes de la masacre! Eran el último grupo de personas que habían intentado tomar por esclavos en Kou y pidieron asilo aquí como muestra de agradecimiento, se les alojó en ésta zona de manera provisional para que comenzaran sus trabajos...
La comisura derecha de los labios de Judar se alzó en son de burla antes de acariciar la mejilla de la niña y luego mover su cabeza de un lado a otro de manera negativa, intentando no reír. —El gran rey de los siete mares… ¿Sabías que hasta tú puedes equivocarte?
Sinbad no lo comprendió y Judar le cubrió los oídos a la niña que entretenida jugaba con su cabello: —Eres un idiota, la gente de Balbadd muere de odio y tristeza a diario por que perdieron a su familia una vez, lo perdieron todo y ahora que hay sol en esa república buscan rehacer su vida. ¿Acaso no sabes lo que hace el rukh negro en los corazones que han caído en la depravación? —el silencio de Yamu y el rey era tan denso que Judar acrecentó su sonrisa—. Si las personas vivían con rencores y oscuridad en su corazón, es probable que el rukh negro haya intentado acoplarse en ellos pero como no son personas que manejen la magia o que por el contrario, hayan adquirido grandes cantidades de ruhk, tuvieron el mismo destino trágico que ese Djinn de nombre Kassim.
La mirada del magi oscuro pareció afilarse con cada palabra venenosa que salía de sus labios hasta que la cadena volvió a brillar y sus brazos temblaron por el dolor en su cuerpo.
—¿Y por qué hasta ahora, justamente con tu cadena y las ordenes de Kouen?
Judar apretó los puños por la insinuación, luego volvió a abrirlos para tapar los oídos de la pequeña.
—No me culpes por una masacre que tú mismo creaste. Dejaste que personas desconocidas y con corazones rotos entraran a tu armonioso pueblo lleno de gente viva y alegre, felices con su vida. Tú no sabes lo que es vivir pisoteado y con recuerdos que te persiguen por las noches como sombras horrorosas ¿Sabes por qué hay rukh negro en tus aguas, gran rey de los siete mares?
—Dímelo tú, oráculo del imperio Kou.
De nuevo ese ardor candoroso dentro de su cuerpo.
—Van a derrocarte, Sinbad… Toda la avaricia que se ha formado en tu corazón no terminará sino siendo tu destrucción. Terminarán contigo y con tu reino de manera torturosa hasta que seas esclavo de las acciones y palabras de alguien más… Han comenzado por una pequeña parte de tu pueblo, saben dónde golpearte para que te tambalees…
Sinbad guardó silencio con la mirada afilada ¿Cómo fue que llegó a creer que ayudar a Judar sería una buena idea? De ninguna manera. Eso no podía ser bueno ni aunque se esforzara por creer que el magi oscuro era una víctima de las circunstancias y no alguien que había forjado su propio destino. No es que no lo supiera, es que era difícil de creer con esa personalidad tan horrible que el menor tenía.
—¿Cómo hacemos para evitar que esto siga propagándose?
Judar observó a Yamu unos segundos y le destapó los oídos a la pequeña infante que le jaló de la túnica para llamar su atención: Judar le pidió que esperara unos segundos antes de volver su atención a la maga. —Dile al rukh que refuercen la barrera de ese lado y has un sello contra la magia. Combínalo y cuando lo hagas ponlo en práctica: que uno de los barcos pase con el pescado, es un destello plateado el que debe de salir, es como neutralizarlo y erradicarlo.
—¿Y si no lo es?
Porque era obvio que Sinbad no iba a creerle nada más porque sí, gracias.
—Escucha, no hago esto por que estés considerando la idea de tenerme como tu magi, ni siquiera me importa si lo quieres o no. —Judar comenzó por allí, observando la sorpresa de Yamu al escucharlo—. Ah~ de manera que no se los habías dicho ¿Verdad? A mi no me importa si quieren atacar a tu mugriento reino o alguien quiere comenzar una guerra, hablando solamente todo es demasiado aburrido pero tú eres mío. Si alguien más intenta asesinarte, yo me encargaré de ellos para finalmente acabar contigo, Sinbad.
Y Judar tomó a la niña en brazos de nueva cuenta, dándole un empujón a Sinbad para pasar a su lado en dirección al palacio.
El sol estaba en su punto más alto.
El calor era abrasador para ser sinceros y Judar creía nunca haber pasado tanto bochorno bajo la ropa. Las planicies de Kou siempre eran nubladas o al menos la mayor parte del tiempo y a él le gustaba ese clima aunque casi no hubiera rayos del sol ¿Sería cosa de Sindria? ¿Qué el calor fuera tan abrasivo y desbordante? Como si el sol les acariciara los párpados o quisiera quemarles la piel. Un par de horas atrás había terminado por escuchar las disculpas de Sinbad acerca de su comportamiento en las costas, Judar casi escupió el agua cuando le escuchó.
No recordaba bien sus palabras pero lo poco que le había dicho, era que no es que no agradeciera su ayuda, sino que considerar tenerlo como su magi no era algo que fuera a solucionarse de la noche a la mañana. Sí, sí, Judar ya había escuchado ese en el pasado y francamente había dejado de insistir; se dio cuenta tarde que ser magi del reino de Sindria sería demasiado aburrido. No había nadie que quisiera enfrentarse realmente a la Alianza de los Siete Mares: No invadir y no ser invadidos, culpa de Judar, por no leer entre líneas los emblemas del reino.
—Nee, onee-sama~ ¿A ti te agrada el rey Sinbad?
—¿Ah?
Mientras se deshacía la larga trenza, Judar giró a ver a la niña con los ojos desorbitados y una mueca de extrañeza en el rostro. La pequeña de nombre Yibo le repitió la pregunta y ella terminó por desanudarle el peinado. Judar bajó la cabeza unos segundos quedándose allí sentado en uno de los balcones de la torre Morada Leo, cerca de la oficina de Sinbad. ¿El peli-morado realmente le agradaba?
—Quién sabe…
Fue su respuesta luego de encogerse de hombros, no es que no le agradara, es sólo que después de tanto tiempo de aparente persecución Sinbad había dejado de tener ese encanto que él buscaba. No pensaba en guerra de la misma manera que Kouen lo hacía por ejemplo; era demasiado pasivo para el gusto de Judar aunque su poder fuera mayor al de cualquier humano. Bueno ¿Cuál era el punto de tenerlo sino para atacar, entonces? La primera vez que lo notó fue cuando invadió su tierra y terminó con la barrera, Judar casi había soñado con que ese día llegara, pensó que si lo provocaba hablando de las cosas de su pasado Sinbad le atacaría luego de su sangrienta carcajada, y no fue así...
Judar en ese momento pensó que sería misericordia; de esa que es fea y ofensiva.
La segunda vez pudo notarlo en la audiencia de Kouen cuando comenzó a escupir sangre, pudo saberlo por los ojos de Sinbad: la misericordia tenía todo que ver con la lástima y a Judar lo encegueció la furia contra el emperador de Kou. Pensó en utilizar a Sinbad haciéndose víctima de las circunstancias para que éste declarara la guerra a Kou, pero entonces el rey abrió la boca y parecía que las ideas o planes abandonaron su cabeza:
Quizás estoy considerando la idea de tenerte como mi magi.
El cabello de Judar se extendió como una cortina azabache sobre los azulejos y alfombrados del balcón real; Yibo entretenida tejía pequeñas y delgadas trenzas en esa cortina oscura como las que Kouha tenía en el flequillo, a Judar le gustaba sentir las delicadas caricias a su cabello, del otro lado cuando giró la cabeza pudo observar a Sinbad hablando con ese albino que parecía una sanguijuela y el fanalis alto de mirada intimidante. ¿Podría estar algún día junto a ellos tres? Nunca fue especialmente soñador, ni cuando su rukh era blanco, y prefería no hacerse ilusiones al respecto de nada: a la larga la mente era el tormento que hundía a los hombres en maldiciones.
Qué irónico porque la vida se lo pagó.
—¡Mi rey, una criatura del sur se dirige a los barcos pesqueros!
El magi oscuro alzó la vista interesado, clavando su fiera mirada en Sinbad quien observaba con atención el mar que se movía con un poco más de insistencia de la necesaria y como si le hubiera mandado llamar, una gran criatura alargada con tres cabeza acabó con uno de los barcos pesqueros lejano de la costa. El brillo en los ojos de Judar pareció volver cuando observó esa criatura tan despampanante causar destrucción. Su mente pareció correr a grandes velocidades maquinando un plan ¿Y si hacía alarde de sus poderes, Sinbad seguiría considerándolo? Casi no tenía magoi, pero era suficiente para poder acabar con la bestia de tres cabezas.
—¡Sharkkan, Yam…!
—¡Oye, Sinbad! Yo me haré cargo de él~
Ja'far fue el primero en girar a mirar al magi oscuro que se levantó de su lugar, Yibo lo observó y Judar dijo algo que Ja'far no alcanzó a escuchar. Luego miró a Sinbad asentir a las palabras de Judar y éste comenzar a flotar en busca de la bestia sureña. —¡Sin! ¿Qué estás tramando?
Sinbad guardó silencio con la mirada afilada puesta en el magi oscuro y la cadena que parecía brillar hasta cegarlos.
—Se está esforzando…
—¿Eh? ¿Hablas de Judar? ¿Por qué se esforzaría por nosotros?
—Estoy considerándolo como mi magi.
—El idiota de los siete mares…
Ja'far estuvo de acuerdo con Masrur cuando le escuchó hablar.
—Ja'far, ve a matarlo.
Ja'far miró a su rey, con una mueca de extrañeza: —¿A cuál de los dos?
Judar llamó la atención de la bestia para que los barcos pudieran llegar a la barrera y allí, él mismo comprobó el destello de los pescados luego de atravesar el sello anti magia. Orgulloso de sí mismo como siempre se esforzó en serio por dar un buen espectáculo: Morgiana le había hablado de ellos, la primera vez que ella pisó las tierras de Sinbad y vio esos espectáculos quedó maravillada. ¿Quedaría entonces, Sinbad maravillado de la misma manera? Se tambaleó por dos segundos, antes de con su varita lanzar tres estacas de hielo, dos se impactaron en las cabezas de los lados de la criatura y la tercera no alcanzó a llegar por que no dio la indicación con la suficiente fuerza, estaba por perder la consciencia.
—Oye, estoy aquí, estúpido.
—No creas ni por un momento que fallé, niño.
Ja'far le miró trabando los dientes luego de invocar su contenedor familiar y hacer que los rayos le impulsaran hasta la bestia. Judar gruñó bajo cuando le vio cortar una de las cabezas con el hielo incrustado: uno de esos chistosos hilos que tenía el albino (y que ahora parecían dragones) le rasgaron parte de la túnica aunque se quedó en silencio porque ambos se atacarían con la misma fiereza. Condescendiente con su aparente rival le brindó levitación a partir de su propio magoi y las venas de su cuello comenzaron a saltarse, junto con las de sus brazos y pecho aunque nadie lo notó.
Sinbad observó con la mirada ensombrecida a ambos atacar al animal y fingir que se llevaban de maravilla peleando en equipo. Pudo notar las venas saltadas en la inmaculada piel de Judar, aunque sólo las del cuello y el largo cabello negro ondearse mientras volaba de manera lenta hasta la bestia: Masrur conocía esa mirada excitada que Sinbad tenía, algo estaba tramando y no era nada bueno para el magi oscuro, en silencio se retiró quedándose a un lado de Drakon quien comentó jamás haber visto a Ja'far pelear de aquélla manera, Pisti junto a Yamu alabaron el hermoso cabello de Judar y Sinbad no pudo estar más de acuerdo.
La mente del oji-ámbar seguía maquinando: ¿A dónde quería llegar Judar? ¿Por qué hacía que Ja'far levitara a costa de su propia integridad física? La respuesta parecía estar allí, donde la túnica de Judar se alzaba por el impulso del aire y le descubría las piernas con músculos suaves, imaginaba que eran más suaves que el abdomen esculpido, o donde las largas mangas descubrían los brazos con las venas saltadas; allí, donde la cadena brillaba y Judar jadeaba probablemente de dolor pero no se rendía, donde la sangre abandonaba sus tobillos.
—Oye, oráculo de Kou, tenemos que trozar ese monstruo para los habitantes del reino.
Judar escuchó a Ja'far y una sonrisa socarrona se asomó por sus labios, respirando de manera errática por el cansancio: —Como dudo que tus hilitos puedan asesinarlo, tú lo cortarás, no te preocupes que yo me aseguro de que no se coma tu cabeza.
Algo dentro de Ja'far pareció encenderse y una de sus cuchillas guiada por el puro impulso de asesinar a quien estaba frente a él, se enredó en el cuello del magi oscuro quien no se movió o se tensó, de hecho, no hizo ruido alguno cuando la cuchilla apretó más de la cuenta e impidió el paso del aire con regularidad, Ja'far se acercó a él con sigilo, como un animal salvaje que caza a su presa: —No representas amenaza alguna, Judar… No me provoques. —la mirada del albino se afiló en un punto que Judar sólo sonrió de manera desdeñosa—. Tiraré de esa cadena hasta que no puedas levantarte y te ahorcaré hasta que me ruegues por tu miserable vida…
—Thalg al salos…
La sonrisa de Judar fue confiada y notoria cuando la gran estaca de hielo perforó la cabeza central de la bestia y ésta se tambaleó a los lados con un rugido que ensordeció a casi toda la población. Ja'far trabó los dientes con la rabia acumulada y esa misma rabia fue la que impulsó las cuchillas pero ésta vez llegó a la bestia, sus cuchillas se enredaron por cada extremidad, cuello y cabeza de la bestia; utilizando el contenedor familiar tiró de ellas hasta que le destazó en trozos desiguales pero cortados de manera estética. Sharkkan preparó una especie de manto en la arena, donde fueron colocando los trozos de la bestia, la gente aplaudió y silbó en algarabía.
Judar escuchó las voces distantes, algo cayó sobre su túnica y cuando quiso darse cuenta la vista se le nubló, Ja'far dejó de levitar sin entender el por qué hasta que los presentes observaron la sangre escapar de los oídos, labios, nariz y ojos del magi oscuro. El grito de Sinbad y la prisa de Yamu por que dejara de utilizar su magoi y extralimitar su cuerpo le hicieron cerrar los ojos con soñolencia. Su cabello oscuro le envolvió como un manto negro y de repente se encontró resguardado en el útero materno: lleno de sangre marchita y linfocitos caducados. El impacto de su espalda contra el agua no lo sintió, tampoco le importó ahogarse por unos segundos por que el dolor, el horror y los temblores de su cuerpo se sosegaron como si el agua le arrullara ¿Le saludarían de lejos su madre y su padre? Judar no lo sabría aún por que algo le jaló a la superficie de nuevo aunque no abrió los ojos, tampoco se preocupó por escupir la sangre o el agua salada que se le acumuló en la boca.
—¡Judar-kun!
El peli-negro estaba tan cansado que le dolía incluso escuchar. Morgiana lo dejó tendido sobre la arena mojada, Sinbad y Yamuhaira fueron los primeros en llegar a su lado junto con Aladdin y Alíbabá. Cuando su barco había arribado a la costa se encontraron con el espectáculo y junto a Morgiana habían observado todo hasta que la fanalis se lanzó en picada al mar por el magi. La peli-rosa le quitó el cabello de la cara a Judar pero éste se irguió por una arcada que le azotó el estómago e hizo que comenzara a vomitar otra vez. Ésta vez no podía parar, tosía unos segundos y seguía vomitando con los temblores expandiéndose por su cuerpo, toda la sangre caía en cúmulos, coagulada.
—¡Basta!
Alíbabá tuvo el impulso de gritar aquello cuando vio la cadena brillar y ser jalada por la nada en el aire, los ojos de Judar casi se salieron de su órbita y comenzó a sangrar por la nariz, ojos y oídos de la misma manera. Todo ardió dentro de él y su garganta lastimada expulsó un trozo de carne interna. Las alertan en la cabeza de todos se encendieron mientras Sinbad tomó de la cadena e intentó quebrarla. Morgiana negó con la cabeza aterrada. —¡Señor Sinbad, no lo haga! ¡No hay manera de quitar la cadena sin lastimarlo a él!
Aladdin observó con los ojos acuosos a Judar convulsionándose mientras expulsaba más sangre de la que creía haber visto jamás e incapaz de mantenerse callado optó por lo primero que se le ocurrió: —¡Sabiduría de Salomón!
Tomó la mano de Morgiana y entonces ambos cayeron inconscientes a un lado de Judar quien al caer fue sostenido por Sinbad en sus piernas. Apoyó la cabeza del magi oscuro sobre sus rodillas mientras Yamu se quedaba a su lado y Masrur junto a Ja'far detrás de su rey observaron aterrados igual que Alíbabá el poder tan oscuro de esa cadena.
I.
Frío, todo era frío dentro de él.
Hubo un par de risas saliendo de la nada que hicieron que Morgiana girara la cabeza dentro de aquél recinto de torres enormes, todo era rojo con negro y dorado. No había luz más que la que desprendía el báculo de Aladdin y se pegó a él, un poco temerosa de perderse en esa vacía oscuridad si le soltaba. —¿Aladdin…?
—Es el interior de la mente de Judar-kun, Mor-san…
Morgiana giró el rostro hasta un gran ventanal mientras descendían: la escena se repetía con insistencia, eran un hombre y una mujer de cabellos largos y azabache frente a una cuna de mimbre, ambos eran asesinados de forma brutal frente al bebé que lloraba por el ruido de la alcoba. Morgiana observó aterrada la sangrienta escena y luego miró a Aladdin quien al descender veía por otro ventanal a un pequeño niño de cabello largo, lloraba en una sala oscura y fría completamente solo… solo…
—Eres un niño que ha nacido sin suerte.
Rukh blancos aparecieron frente a él pero éstos fueron transformándose hasta volverse completamente oscuros y las risas resbalaron por el recinto, un escalofrío les recorrió la médula a ambos al tocar el piso firme y encontrarse con un camino dirigido por una escalera de mármol escarlata. Aladdin dudó unos segundos pero fue Morgiana quien encabezó la lucha.
—Nosotros hemos asesinado a tus padres…
—Entre más larga sea tu trenza mejor magi serás… Eso es lo que te ha dicho ese hombre ¿Verdad?
Las manos acariciaban de manera impúdica la trenza del chico hasta que la jalaban, el dolor de su cabeza era palpable y terminaban por tirarlo en el piso hasta que podían patearle mientras otros le acariciaban el cabello aún: —No debes cortarlo, o lastimaremos a Kougyoku y Hakuryuu…
Los ojos de Aladdin se abrieron grandemente y Morgiana se quedó en posición de ataque cuando las palabras le acariciaron los oídos como si las palabras fueran dirigidas a ella. Era una pesadilla, una pesadilla que le perseguía día y noche ¿Judar podía en serio vivr atormentado con todos esos fantasmas y noches infaustas?
—Nosotros te usaremos…
Aladdin giró la mirada completamente horrorizado a las imágenes que paseaban sobre ellos, las torturas, los azotes, la sangre corriendo viscosa, las palabras hirientes, los llantos, los gritos, la desesperación.
—¡B-Bbasta! Me-me estás lastimando…!
Aladdin observó con los ojos llorosos y el cuerpo tembloroso a Judar ser azotado contra una pared húmeda en lo que parecía ser un calabozo. La cadena atrapó su cuello y le impidió respirar con regularidad. Aunque forcejeaba los hombres le agarraban con firmeza y le sumían en esos campos de luz negra que utilizaban en la organización…
La organización…
Todo pareció cobrar sentido en la mente de Aladdin.
Siguieron descendiendo mientras escuchaban a Judar gemir de dolor entre las paredes, los gritos y los sollozos parecían correr por las paredes como sangre viscosa resbalando por canales de agua y al llegar un poco más abajo Morgiana no lo soportó más cuando tuvo que cubrirse los ojos:
El horror y las sombras se manifestaron frente a ellos cuando observaron a Judar colgado de sus tobillos con espinas, no eran espinas normales y lo sabían por el destello morado que éstas desprendían, el látigo azotaba la carne de las piernas del magi mientras éste lloraba con fuerza por el dolor en sus extremidades, del otro lado, la cadena estaba agarrada del suelo pero las espinas lo alzaban en el aire de manera que era jalada y desprendía su brillo plateado.
—Gyokuen-sama… ¿La cadena realmente servirá?
—Por supuesto que servirá… Absorberá todo el magoi para llevarlo a Padre… ¿No les parece maravilloso? Tanto magoi, tanto... TANTO.
Aladdin movió la cabeza de manera frenética cuando un torrente de sangre le cayó en la cabeza y la risa de Gyokuen le perforó los oídos. Aterrado miró de dónde provenía la sangre y allí estaba Judar, se limpió la sangre del rostro y lo observó siendo masacrado, sus ojos comenzaron a aguarse de nueva cuenta hasta que fue imposible contener las lágrimas y observó el cuerpo del magi oscuro ser a uno los miembros de la organización introducían sus miembros en la cavidad anal de Judar o en su boca, tendido en el suelo más incosciente que cuerdo, no tuvo sosiego para su carne mallugada por los azotes. Había infección en sus piernas y la sangre se secaba en el encarnado que parecía gangrenarse, los ojos oscurecidos por los hematomas y los gritos... los gritos junto a la cadena que era jalada por él… él, el que reía disfrutando de ver aquélla atrocidad.
Kouen Ren.
Aladdin se armó de valor llorando como se encontraba y guió a Morgiana escaleras abajo quien se cubría los oídos con insistencia para no escuchar los gritos de Judar ni las risas de esas personas enfermas. Al final de esa escalerilla de mármol que parecía no tener fin una pequeña ave de rukh blanco apareció y Aladdin fue guiado por ella… ¿Sería Judal, pidiendo perdón por un destino que no pidió? Entonces la respuestas llegaron a sus ojos cuando se encontró con el magi oscuro tendido sobre una estrella de ocho puntas al final de la escalerilla: la sangre llenaba el piso y su cuerpo, la carne de las piernas estaba rósea por la ausencia de la piel; completamente desnudo Aladdin observó los hilos de semen y sangre que emanaban del canal anal del magi así como de su boca. Los ojos rojos no tenían brillo, no había movimiento alguno y cuando se acercaron completamente asustados Aladdin gritó su nombre.
¿Por qué te levantas? ¿Por qué luchas? ¿Por Sinbad, por el mundo? Escucha: un día Kougyoku y Hakuryuu te traicionarán. Y el amor por el mundo se convertirá en odio. Y tú mismo lo sabes, Sinbad y la gente de tu pueblo ya te traicionaron una vez, y su amor sólo te dejó odio. Eres igual que yo. El odio aumentará y el sufrimiento te cambiará, incluso ahora te espera más sufrimiento. Entonces ¿Cómo puedes decir que no cambiarás? Tus amigos pueden traicionarte de nuevo, no sabes si tu pueblo entrará de nuevo en guerra, tampoco sabes si ganarás: No tiene sentido seguir luchando por éste mundo. Un día acabará, entonces ¿Por qué seguir luchando?
¿Puedo rendirme?
Aladdin se asustó de escuchar aquéllas palabras salidas de la consciencia cansada del magi oscuro. El peli-azul negó y le dijo que le prohibía rendirse.
¿Puedo dejar de luchar?
Aladdin volvió a negar con la cabeza con las lágrimas cayendo de sus ojos una y otra vez.
No sé dónde están Kougyoku ni Hakuryuu…
Aladdin le prometió encontrarlos.
¿Sinbad creerá que soy mala persona?
Aladdin se quedó callado ésta vez pero negó con su cabeza de manera frenética otra vez, Judar era todo menos una mala persona, era una víctima de su destino y de una organización que lo utilizaba sólo para sus propios fines ruines y despreciables.
¿El mundo me ha abandonado?
Ésta vez fue Morgiana quien le dio un rotundo no, uno cargado de los propios fantasmas de su pasado sin sol, de sus propias vivencias fúnebres y la mirada hostil que su amo le lanzó una vez, las pisadas, los golpes, los escupitajos a su rostro, todo, todo… Morgiana sabía lo que era querer rendirse y quedarse condenado a una vida que no quería, lo sabía hasta que un día volvió a tener a su sol…
Lo supo porque ella en un tiempo tuvo las mismas cadenas y los mismos azotes que Judar, por eso le prohibió rendirse y dejar que el mundo le abandonara.
¿Hay un lugar para mí en éste mundo…?
Aladdin gritó un sí enérgico que desquebrajó la oscuridad del frío piso donde Judar estaba, le repitió que no era una mala persona, que encontrarían una solución y luego todo volvió a hacerse oscuro.
El peli-azul se irguió de golpe sobre la arena con los ojos cubiertos de lágrimas al igual que Morgiana, todos les observaron en silencio pero Judar no despertó, Alíbabá exigió una respuesta que el magi no le dio, todos siguieron guardando silencio hasta que, Aladdin aterrado de la visión del interior del magi oscuro giró su mirada con necesidad a Sinbad y con voz fuerte, le gritó:
—¡Tienen que quitarle esa cadena!
Cuando Judar despertó esa noche el dolor en su cuerpo fue tanto que no se levantó de manera inmediata aunque tuvo miedo de su propia condición. Estaba sobre esa suave cama de plumas de ganso con algunas mantas cubriéndole. La trenza había dejado de existir en su cabeza pero no le importó. Parecía ser un peso menos para su cabeza, un suspiro escapó de sus labios curtidos y cuando llevó una mano a su cuello se dio cuenta de que la cadena seguía allí.
Sentía los músculos engarrotados y eso no le gustaba; era una persona muy activa y odiaba quedarse en una sola posición de manera perezosa por mucho tiempo. Dispuesto y como si la vitalidad le hubiera vuelto al cuerpo aunque no fuera así se levantó de la cama y se alisó la nueva túnica, supuso que la otra quedó manchada de sangre. Ruidos extraños llegaron de fuera pero los ignoró para caminar fuera de la habitación más esto fue impedido por chocar contra alguien. Allí tan alto como era, Sinbad sostuvo a Judar por los hombros quizá por el puro instinto de protección, lo había visto tan débil últimamente que creía apenas le rozara el aire se caería y fragmentaría en mil pedazos. —¿A dónde vas?
—Es obvio que a ver por qué hay tanto escándalo.
Sí, Judar ya estaba perfecto.
Sinbad se preguntó si sería buena idea que no guardara más reposo, insistirle no serviría de nada, al menos si estaba fuera habría personas que estarían al pendiente de él por un rato, el sueño le vencería, estaba seguro de ello puesto que no tenía tanto poder ya. —Estamos celebrando la fiesta de Mahrajan.
Judar lo miró con una ceja enarcada pidiendo una explicación. Sinbad le pidió que pasara y ambos caminaron por el pasillo. Bbajo las luces de las lámparas de petróleo el rey observó esa cascada azabache que el menor tenía por cabello, las tres trenzas que se hilaban de manera seguida, unidas por un pequeño listón para que no fueran a deshacerse y la piel del chico, un poco sucia por la sangre y el descuido de su portador. Supuso que el chico tendría otras cosas en la cabeza más importantes en qué pensar que un baño. —Se trata de una fiesta que se da cada vez que una de las bestias como la que asesinaste hoy, se acerca a las costas, disfrutamos de un festín completo, hay danzas, juegos para las personas y música.
Judar se quedó callado mientras bajaban la escalera y llegaban al final del palacio, la brisa salada y fresca de la noche le recibió con los brazos abiertos. Sinbad le guió por los escaparetes del reino, las tarimas con bellas bailarinas que danzaban moviendo la cadera de manera magistral y luego el ojí-ámbar volvió a subir a una tarima que conducía al otro extremo de un palacio con un balcón muy hermoso con detalles azules y dorados, le extendió una mano que Judar rechazó y subió por su propia cuenta. Allí arriba pudo observar a varios conocidos en las mesas, Morgiana comía un pan de consistencia suave, el peli-gris de piel morena y el candidato a rey del enano hacían una competencia de comida y el enano pervertido…
Bueno, él estaba manoseando los pechos de una chica. Judar lo miró con una ceja enarcada en un mutis tremendo hasta que la voz gruesa y potente de Sinbad le llenó los oídos y pareció endulzar el aire… Esa voz…
Había soñado tantas veces con esa voz aunque se negara a aceptarlo. La había anhelado en sueños, como si quisiera escucharlo pedirle que fuera su magi. —¡Familia! Nada es más hermoso que estar en Sindria, nada es más hermoso que tener a camaradas como mis generales dignos de confianza, un pueblo próspero, trabajador y fuerte. Ésta noche celebramos otra cosecha, la segunda de éste año y ésta vez se lo debemos a mi general Ja'far y mi candidato a magi: Judar.
El grito del pueblo por la aparente gran noticia evitó que se escuchara la taza de café de Ja'far quebrarse y los huesos de la carne que Alíbabá y Sharkkan roían, caer a los platos, incluso Aladdin dejó de tocar los pechos de la fémina ante el grito. Cuando Ja'far tan diplomático y neutral que era caminó al frente junto a Sinbad, éste dio un empujón al magi oscuro para que hiciera lo mismo que Ja'far, el albino sonrió un par de segundos y dio un saludo a la gente tomando un cáliz lleno de vino del cuál no bebió pero con el que brindó. Los aplausos y los elogios a su persona abrumaron a Judar tanto que no hizo más que trastabillar luego de dar dos pasos atrás con el cerebro lleno de lamentaciones, los monstruos de su cabeza destruyendo las murallas y el dolor rebanándole en dos.
No pertenecía a ese mundo.
No hizo ningún escándalo pero se retiró de allí como alma que lleva el diablo hasta que Morgiana se decidió y le siguió.
II.
La noche estaba en su punto más alto, la música y el risueño alcohol eran lo que reinaba en aquélla noche de paz y armonía. Las familias habían sido llamadas para una audiencia y se explicó el por qué las personas murieron, no es que superaran las pérdidas, pero lo entendieron como comprendían cada una de las palabras que Sinbad se encargaba de dar para endulzar sus oídos. Y hablando del rey de Sindria, éste divertido entre su montón de chicas bellísimas se sentó en una mesa cercana al vino. Masrur bailaba con una bella doncella mientras Ja'far intentaba hablar de los asuntos de Balbadd con un ebrio Alíbabá que sólo lloraba en la mesa.
Hacía bastante rato, había visto a Judar junto a Aladdin, tomando nervioso un durazno de una cesta de mimbre de una de las miles de mesas de la fiesta. Judar degustaba de la fruta con una devoción que le pareció casi pecaminosa, no es que realmente le estuviera poniendo atención al relieve de los labios del magi oscuro o del néctar que había perlado los voluptuosos trozos de carne róseos, no es que la sangre se hubiera acumulado en su rostro luego de quedarse observando cuando comía más de tres duraznos. No es que lo haya disfrutado, es que Aladdin no lo dejó seguir observando cuando ya estaba manoseando los pechos de Yamu y Judar le jaló una oreja por ser tan sucio… Esa era la inocencia que le gustaba de él, esa seriedad y blancura.
Luego de ese incidente Morgiana había jalado al peli-negro y Sinbad los perdió de vista.
Un par de horas más tarde los ojos ámbar se encontraron con Judar nuevamente: un cabello azabache cayendo como una cascada y un atuendo en color negro con adornos rojos, el cáliz con vino casi se le caía de las manos. Judar caminaba con una túnica muy parecida a la que él le había dado excepto que ésta tenía el cuello y las mangas rojas, tan rojas como los rubíes que Judar tenía por ojos. La tela era de un color negro un poco más opaco que el cabello de Judar, las trenzas estaban bien hiladas sobre las hebras y la túnica estaba tan descuidada como la de Sharkkan, los hombros descubiertos y unida al cuello por unos listones del mismo material que formaban una gargantilla, una que disimulaba la horrible cadena que el magi tenía. Sus ojos volvieron a tener ese tinte púrpura sobre los párpados, la piel parecía relucir bajo el fuego y la luz de la luna.
Decir que estaba babeando era poco.
Tuvo el impulso de levantarse para observarlo mejor pero lo observó bailar con Morgiana sobre una de las tarimas y mover las caderas… Era un movimiento lento y algo decía Judar (algo que no podía escuchar bien) acerca que de esa manera lograba desentumir los músculos. Movía el pie con los tobillos vendados y la cadera se movía, si hasta creía ver el hueso de la cadera moverse bajo la tela holgada. Judar estaba moviendo las caderas de un lado a otro junto a la fanalis:
Moviendo las caderas.
Moviendo las jodidas caderas…
¿Qué clase de monstruo había creado Morgiana?
El aire casi se le fue del cuerpo cuando le escuchó reír, la risa, esa risa melodiosa y contagiada de felicidad.
Judar estaba feliz…
Judar tenía una cadena pero no le importaba: movía las caderas sudoroso, bailaba junto a Morgiana y reía, era feliz por eso.
La peli-rosa reía a su lado pero Sinbad no pudo despegar la vista del magi oscuro, sino lo conociera tanto como lo conocía, lo habría confundido con una doncella. Joder, sí, quería confundirlo con una doncella aunque le costara la vida si el magi se enteraba de aquello. Judar ayudó a la fanalis a bajar de la tarima y luego caminaron hacia donde estaban ellos y Sinbad no disimuló su mirada ennegrecida por la excitación con la que escudriñó de manera descarnada al magi. Cuando el rubí y el ámbar se encontraron, Morgiana ya estaba hablando con Pisti y todo pareció sumirse en un silencio absoluto.
No me mires así, Sinbad…
Pudo leerlo en sus ojos pero al rey de los siete mares no le importó en absoluto el temblor de Judar. Más bien pareció ser un impulso a caminar, sus pies descalzos golpearon el suelo empedrado y las doncellas se perdieron en algún lugar de la fiesta, Sinbad cruzó una pierna de manera elegante sobre la otra y volvió a tomar del vino pero ésta vez fue de golpe para soportar la visión divina frente a él. Casi deseó decirle a Judar que se sentara sobre sus piernas para ver la túnica resbalar hacia los lados.
Es imposible no mirarte así, Judar…
Me aterra…
¿Lo hace? ¿Entonces por qué caminas hacia mi?
Judar no lo supo.
No tuvo respuesta esa noche cuando los labios del rey de los siete mares se estrellaron contra los suyos de manera candente y todo le dio vueltas. Por un momento olvidó que era esclavo de su destino; la lengua del mayor se encargó de masajear su voluntad y derretir sus cadenas. Los brazos fuertes le envolvieron de manera posesiva y no le dejaron escapar, el sonido húmedo de la saliva haciendo colisión en sus labios lograron que el magi temblara. Judar probaba madurez y experiencia de Sinbad. Sinbad probaba inocencia e inexperiencia en el magi: así lo quería, blanco y puro. Estaba rígido dejando que él le guiara y le hizo regodearse en su mente de lobo viejo y mañoso.
Judar no supo por qué esa noche Sinbad le besó con la misma pasión que lo había hecho y sus sentidos explotaron, no supo por qué se rió cuando el beso terminó y el peli-morado le abrazó para besar uno de sus hombros, lo hizo más de cuatro veces, incluso sintió que lamió la piel y ésta se erizó hasta que Sinbad se separó. No se percataron de la mirada aliviada de Morgiana o de los fuegos artificiales que cubrieron el cielo de Sindria.
Porque cuando quisieron darse cuenta, sus labios volvieron a chocar con la misma intensidad de dos magias extremas y Judar le abrazó por el cuello hasta que se sentó en su regazo y no le importó nada más.
