Hola... de nuevo.
Aquí un capítulo cortito donde les presentó mis personajes: Artemisa y Apolo Conti. En el siguiente capítulo se sabrá más de ellos. Espero que les guste :3
Y, ¡disfruten de la lectura!
-Summer.
Capítulo II
Psique
"El descenso por la oscuridad te hará reaccionar para aprender una lección. El dolor y la esperanza pueden convivir juntos para guiarte por el camino de esa oscuridad."
Yuuri se removió inquieto en su cama. La luz del sol se colaba por entre las aberturas de las cortinas dándole de lleno en el rostro logrando que soltara un quejido por lo bajo. Se talló los ojos con pereza, podía sentir su cuerpo más liviano que otros días, dándose cuenta por ese hecho que había dormido gran parte de la mañana. Se sorprendió gratamente. Pero a pesar de las ganas que tenía de permanecer acostado, tenía un largo día por delante y un Phichit a quien entretener.
Después de una agradable ducha, vestirse con ropas cómodas y ordenar su cuarto, Yuuri se dirigió al comedor para desayunar. Caminó hacia la sala con pasos suaves, meditando en su cabeza el plan que había hecho para las actividades que haría hoy con Phichit. Al llegar, se encontró a su familia ya desayunando, y al moreno medio adormilado con una cuchara en la boca mientras sus ojos se cerraban solos. Rió por lo bajo desordenándole los cabellos mientras se sentaba a su lado.
La mañana transcurrió en una exhalación. Yuuri y Phichit caminaban por las calles de la ciudad admirando la belleza de Hasetsu en su esplendor. Los dos conversaban de todo y de nada. Hablaban de cómo al moreno le iba en su país y cómo éste se estaba preparando para el Campeonato de los Cuatro Continentes.
Ambos, al haber participado y quedado clasificado en el GPF, obtuvieron una buena posición para la siguiente competición. Y Yuuri participaría. Al haberse alejado de las redes sociales por completo, los medios de comunicación relacionados al deporte, de la prensa en general, no sabía lo que sucedía fuera de su burbuja personal.
Pero gracias a alguien adicto al teléfono, supo qué era lo que sucedía allá afuera. Sintió como su corazón se encogía en su pecho, la tristeza y la furia sustituyeron su curiosidad, logrando que se estremeciera desagradablemente. Los chismes sin fundamento le disgustaban.
«Viktor Nikiforov y Yuuri Katsuki, ¿peleados?»
«¿Qué sucedió con el ganador del GPF?»
«¿Dónde está?, ¿qué hace? Y, ¿por qué ha desaparecido sin dejar rastro?»
Esas y otras preguntas le molestaban. ¿Acaso no lo podían dejar tranquilo? Yuuri ya tenía suficiente con su corazón roto para añadirle el constante cotilleo de la prensa. Le pidió a Phichit que ya no le hablara más de ello, aunque por el rostro de su amigo supo que faltaba algo más. Pero él ya no quería escuchar nada.
Quizás fue descortés de su parte, y él lo sabía, pero se hallaba cansado por el palabrerío con respecto a su situación. Él estaba seguro de algo, y eso era su participación en las futuras competencias. Su llegada sería una sorpresa, su objetivo principal era lograr que el público quedara atónito por el tema escogido. Aunque la sorpresa mayor sería sus programas. La creación de ellos, algo que él mismo creó a base de esfuerzo y creatividad.
Yuuri Katsuki le demostraría al mundo entero de qué estaba hecho.
Después de aquella conversación se dirigieron a la pista de hielo para practicar un poco. Los dos chicos se deslizaban entre risas y tonteo, una alegre tarde se avecinaba.
Yuuri decidió mostrarle a Phichit la nueva rutina que estaba armando, no estaba completa pero improvisaría los últimos pasos. El moreno asintió efusivo, la sonrisa alocada que tenía en su rostro logró que se sintiera bien. Él sabía que su amigo estaba entusiasmado por verlo patinar.
El japonés puso una canción instrumental. La melodía era rápida para tornarse lenta, dejando una estela melancólica detrás. De vez en cuando, los tiempos se mezclaban logrando entrelazarse con su secuencia de pasos. Clavó un lutz cuádruple cuando resonó la nota de un violín. Siguió con otra secuencia de pasos que mostraba un dolor genuino.
La maldición de Afrodita cayó sobre él prohibiéndole volver a su amado. El favor que le concedió la diosa fue por otra oportunidad. En sus recuerdos la traición y el rompimiento de la promesa hacía Eros. El dolor y el miedo por el descenso al Inframundo, pasar por el barquero, sobornar al guardián de tres cabezas para entrar y estar más cerca de Erebus.
Yuuri sintió la agonía y la esperanza de Psique. Entre sus memorias figuraban las charlas con Viktor y los abrazos antes de una competencia. Aquel beso en su mano en donde se encontraba su anillo antes de comenzar el programa corto. La desesperación y el nerviosismo por su equivocación al ejecutar el flip cuádruple. Las palabras que él mismo le dijo diciéndole que acabarían al final de la competencia.
Dolor.
Su rutina, su mirada y sus movimientos mostraban dolor, uno desgarrador. Recordó la explicación verdadera detrás de sus palabras. La mirada y el suspiro de alivio que emitió Viktor al darse cuenta de su equivocación. Las emociones que sentía en eso momento le dieron fuerzas para terminar la rutina.
Su respiración entrecortada era lo único que se escuchaba. Silencio era lo que había. Viró a su izquierda ladeando la cabeza al observar al moreno. Sus oscuros ojos brillaban por la emoción y las lágrimas contenidas. Quiso acercarse, pero un par de aplausos interrumpieron su cometido.
—Eso fue magnífico, Katsuki Yuuri —alabó una suave voz.
Atónito, el japonés observó a sus dos nuevos visitantes. Él los reconoció sorprendiéndose, pero la confusión ganó por completo por sobre las demás emociones que sentía. Eran los hermanos Conti. Primer lugar mundial de patinaje sobre hielo en parejas. Yuuri se preguntó qué hacían ellos allí, se sintió como un déjà vu.
—Representaste muy bien a Psique. —Sonrió con simpatía el muchacho de cabellos castaños.
—¿Q-qué hacen aquí? —preguntó Yuuri nervioso.
No había querido ser grosero soltando una pregunta de esa manera, debió de haber agradecido el cumplido, pero se hallaba atónito. ¿Qué estaban haciendo dos campeones allí? Desviando su mirada de los gemelos, observó al tailandés quien miraba la escena entre divertido y confundido. Se acercó hacia la salida para calzarse la protección de las cuchillas y con suspicacia, caminó los pocos pasos que le faltaban para enfrentar a los hermanos.
Ellos lo miraron con un brillo de misterio en sus ojos grisáceos. Artemisa y Apolo Conti. Sí, se llamaba al igual que los gemelos arqueros de la mitología griega, y además, ellos también eran gemelos. Una gran coincidencia.
—Venimos a verte y ofrecerte una propuesta —comenzó Apolo—, y espero que aceptes.
Cuando terminó de hablar, el peso de las palabras cayó como piedras en una ladera. Recordó una situación similar, tan solo que esta vez no había nadie desnudo. Retrocedió por inercia y fijó sus orbes marrones en ellos.
—¿Qué propuesta?
Quería agregar algo más, pero una mano en su hombro lo tranquilizó. Vio a Phichit darle una mirada que le trasmitió la calma que necesitaba.
Posó su mirada en ellos esperando la respuesta de la pregunta que hizo. Pasaron los segundos más largos de su vida, el súbito silencio le estaba dando ansiedad pero las simples palabras que salieron de la joven lo confundieron por completo.
—Tranquilo. —Artemisa le sonrió divertida—. Creo que quizás esto no lo sepas, puesto que ni rastro has dejado, pero hace unas semanas mi hermano se lesionó. Este año iba a ser nuestra despedida y queríamos hacerla especial, y bueno, sucedió lo que te mencioné.
»Pero antes de eso, nosotros teníamos nuestro ojos puestos en ti. Después del vídeo donde emulaste el programa de Viktor, nos dejó con ganas de saber más. Patinas con el alma y eso nos gusta.
Yuuri no encontró palabras para expresarse. El pequeño discurso lo dejó en un estado de absoluta sorpresa. Pero antes de que siquiera emitiese sonido, el muchacho italiano lo interrumpió.
—Quisimos acercarnos antes, pero ese ruso nos ganó —Apolo continuó con el discurso dicho antes por su hermana—. Tienes mucho talento, Yuuri. Solo debes de tener más confianza en ello. Queremos entrenarte y también pedirte un favor.
—¿Un favor? —preguntó con incredulidad Phichit.
Yuuri aún no encontraba palabras, así que dejó que su amigo hablara por él. Estaba en una especie de nebulosa, entre la calma y la expectativa. Pero también el miedo y la desconfianza reinaban en el cúmulo de emociones que se acrecentaban en su interior.
—Sí. Queremos que nos ayudes.
—¿En qué puedo ayudarlos? —Yuuri preguntó curioso, recién encontrando su voz.
Qué querrían los hermanos con él, eso no le quedaba claro. Sus palabras le habían llegado, sí, pero las heridas que creyó haber cerrado, volvieron abrirse al recordar cómo inicio todo. Tomando fuerzas de sí mismo miró a los Conti. Les sostuvo la mirada preguntándose en su interior qué sería aquel favor. Tenía una ligera idea, pero no estaba seguro si estaba en lo cierto.
—Es simple. Quiero que seas mi pareja en el Campeonato mundial y por consiguiente, ir al Grand Prix Final.
Silencio es lo que hubo.
El japonés estaba nervioso, y con su reciente valentía adquirida desaparecida, volteó a ver a su mejor amigo creyendo que encontraría algo de paz; pero al parecer no era el único que se había quedado estático.
Phichit estaba mirando a la nada con su teléfono en la mano. Aunque se asustó al ver la sonrisa maniática que se empezó a formar en el rostro del tailandés.
—¡Yuuri, tienes que aceptar! —gritó su amigo agarrándolo de los hombros—. Es una gran oportunidad para probar algo nuevo y dejar a todos con la boca abierta.
Se sobresaltó al oír el estridente grito aunque tuvo que tranquilizarse, debía de demostrar el buen dominio que tenía de sus emociones, a pesar de que todo sea una mentira. Él tan solo dejo de sentir como se debía, estaba roto pero no por ello se dejaría morir. Tenía sus grietas, su armazón tenía pequeñas aberturas en dónde sus emociones salían desbordándose por todo lo que sentía.
Siempre intentó esconder sus emociones, la mayor parte del tiempo logró su objetivo, solo que al final terminaba fallando en los momentos más cruciales. La ansiedad llegaba primero antes de la racionalidad, en su mayoría era así, actuaba nervioso mientras que tartamudeaba vagas respuestas que sonaban incoherentes incluso en sus oídos. Pero ahora, delante de aquellas tres personas, se sinceró.
Sus mejillas se tornaron rojas, sus ojos brillaban por la expectativa y sonrió.
N/A: Bueno, estaré actualizando otro capítulo esta semana, quizás suba uno o dos, no estoy segura xD.
Espero su opinión, crítica, etc...
Cuídense, nos vemos n.n
