Tanteando el terreno

Al día siguiente, Hinata Hyuuga se despertó con bastantes ganas y energía, se sentía feliz con tan sólo recordar el divertido y extraño día que tuvo ayer. Además, Naruto le había dicho que se verían en clases; cosa que parecía inyectarle ánimos, mientras se duchaba, vestía y peinaba.

"Calma, Hintata", le hablaba su propia consciencia. "No debes hacerte muchas ilusiones, recuerda que él no ha olvidado a Sakura. Sólo podrías ser su amiga y…".

— ¡Auch! —su rodilla herida se había golpeado ligeramente con una de las patas del escritorio. Y aunque no fue fuerte, el dolor fue intenso. Pues ahora tenía un moretón verdoso y una enorme costra. Sus ojos se llenaron de lágrimas por el dolor.

Sin embargo, ni siquiera ese dolor fue suficiente como para aguarle el día, ya que la imagen de un fuerte y caballeroso rubio tomándola en brazos como una princesa, y cuidando de ella, volvió a hacerle sonreír.

Desayunó junto a Tenten y Sakura; las dos rubias ya se habían ido a sus clases.

Salió junto a las chicas de la residencia, y fuera de esta se topó con alguien cuya existencia casi había olvidado.

— ¿Kiba?

— Hola, Hinata —saludó él—. Hola, chicas —todas quedaron sorprendidas al verlo, tenía un gran chichón en la cabeza, probablemente por cortesía de Temari.

En esos momentos una ola de remordimiento azotó el corazón de Hinata.

— ¿Q-qué te pasó, Kiba? —le preguntó Sakura.

— Ah, no es nada, sólo…me caí —y la culpa seguía acosando a la Hyuuga.

"Si le hubiese abierto la puerta anoche, Temari no lo hubiese golpeado. Y ni siquiera tengo una buena razón para no haberlo hecho, tal y como debería hacer una buena amiga…".

— Kiba, ¿quieres que te traiga algo de hielo de mi refrigerador? Para que lo pongas sobre ese chichón —ofreció Hinata.

— Gracias, pero estoy bien. Sólo vine a saber cómo seguías de tu pierna.

— Estoy bien, descuida —esas palabras no la ayudaron en nada con su culpa.

— Bueno, Hinata, nosotras nos adelantamos —dijo Tenten, tomando a Sakura del brazo y llevándosela con ella— ¡Te guardaré un puesto!

— O-oye, Tenten, ¡suéltame! —le pedía la de pelo rosa, sin éxito— ¿Qué haces? —le cuestionó cuando ya estaban más lejos.

— ¿No te das cuenta de que él buscaba tener privacidad con Hinata? Tal vez le gusta, además son amigos desde su infancia.

— Sí, pero… no lo sé. ¿Y si Hinata no quería que la dejáramos sola?

— Vamos, no es una niña, puede cuidarse. Además ese castaño está muy bueno, ¿por qué no querría darle una oportunidad?

— Pues…no lo sé, tal vez prefiere los rubios —musitó más para ella que para la castaña.

— ¿Eh? ¿A qué te refieres?

— Ya lo verás después.

Kiba acompañó a Hinata hasta la entrada de su facultad. Hablaron de su primer día, bueno, más que nada el castaño, pues Hinata prefería no entrar en detalles de lo que pasó con el Uzumaki. Sin embargo, y como hace un rato no pasaba, se sentía cómoda de nuevo con su amigo de la infancia, incluso se reía con las cosas divertidas que le contaba.

Cuando la hora ya los alcanzaba, Kiba se fue y ella entró a su salón. Era un aula que, a medida que avanzaban los puestos hacia atrás, tenía más altura. Y casi en la última fila encontró a sus amigas…junto a esa brillante cabellera rubia.

— ¡Hey, al fin llegas, Hinata! —le saludaba desde lejos el Uzumaki. Ella llegó hasta esos puestos.

— B-buenos días, Naruto-kun.

— Buenos días, ¿cómo sigue tu pierna?

— Está mejor, gracias. ¿Y tú…ya estás bien? —consultó por ese pequeño detalle de estar volado todo el día anterior.

— ¡Como nuevo!

— Que bueno —le sonrió ella.

— ¿Yo? ¿Qué cómo estoy? —Aludió Temari—. Ah, descuida, estoy muy bien, gracias por la preocupación —la molestó.

— L-lo siento, Temari. Buenos días a ti también.

— Descuida, sólo bromeo —le guiñó el ojo—. Además no tuve una buena noche, todavía tengo ganas de matar a alguien —una gotita rodó por las nucas de los presentes.

— ¿Por qué dices eso? —preguntó Tenten.

— Es que un idiota me despertó anoche con sus chillidos, cuando al fin había logrado dormirme y mientras soñaba con un pedazo de hombre. Al menos pude darle su merecido —contaba indignada, mientras Naruto y Hinata se dirigían miradas cómplices—. Ahora que lo pienso, estaba frente a tu habitación Hinata, ¿habrá sido amigo tuyo o algo? ¿No lo oíste anoche?

— P-para nada —mintió, mientras Naruto se reía disimuladamente.

— En fin, ya no importa. Te guardamos un puesto —le dijo la rubia a la Hyuuga, mientras le señalaba un asiento vacío a su lado.

— Ahora que lo pienso, creo que me sentaré aquí —decía Naruto, poniendo sus cosas al otro lado vacío junto a Hinata—. Si no te molesta, claro.

— E-en lo absoluto —le ofreció, mientras él movía sus cosas, pues al principio estaba en otro lugar. Justo alcanzó a sentarse cuando llegó el profesor y tuvieron que guardar silencio.

— Hola a todos, mi nombre es Iruka Umino y seré su maestro de "Introducción a la ingeniería medioambiental". Estoy seguro de que ya todos habrán leído al menos el primer capítulo del manual que se les pidió traer.

— ¡¿Qué?! ¡No sabía que teníamos tarea! —exclamó Naruto, mirando aterrado a Hinata. Además, ¡estuvo volado todo el día de ayer, ¿cómo demonios hubiese podido estudiar cómo la gente?!

— Entonces, ¿quién puede decirme cuáles son los tres conceptos básicos que se explican en el primer capítulo? —Tomó la lista de alumnos— ¿Qué tal…?

"¡Que no sea yo! ¡Que no sea yo!", pensaba un rubio desesperado.

— Naruto Uzumaki, ¿se encuentra presente?

— ¡Demonios!

— ¿Disculpe?

— N-nada profesor. Este…los conceptos son…

— Amenaza, riesgo y vulnerabilidad —le susurró Hinata disimuladamente.

— ¡Amenaza, riesgo y vulnerabilidad!

— Correcto, Naruto. Me alegra ver que mis alumnos vienen preparados a mis clases —sonrió complacido, mientras el rubio respiraba aliviado.

— Gracias, Hinata —le susurró con una agradable sonrisa.

— De nada —le devolvió el gesto.

Mientras tanto, en un salón de la facultad de medicina, Sakura Haruno se encontraba releyendo, tal vez por cuarta vez, el primer capítulo de su manual de Introducción a la Medicina. Por suerte, hasta ahora, no tenía problemas para entender el contenido.

— Disculpa —le interrumpió una suave voz masculina— ¿Este asiento está ocupado? —le señaló donde ella había dejado su mochila. No se había dado cuenta que ahora la sala estaba casi llena, en comparación a cuando llegó.

— ¡N-no, discúlpame! Es una mala costumbre.

— Descuida, todos las tenemos —le habló el chico que le sacaba algunos centímetros de altura, su cabello era blanco y largo, amarrado en una cola, y detrás de sus lentes se veían unos ojos negros y profundos—. Me llamo Kabuto Yakushi. Y dime, ¿con quién tengo el gusto de sentarme? —la de cabello rosa se sonrojó ante esa caballerosidad poco usual.

— M-me llamo Sakura Haruno, mucho gusto.

— Vaya, un bello nombre para una bella mujer —nuevamente logró sonrojarla—. Espero que nos llevemos bien, Sakura. Es una carrera difícil, así que entre los compañeros hay que ayudarnos.

— Sí, es verdad, aunque… —miró hacia su alrededor, de alguna forma el ambiente era pesado—. Parece como si muchos de ellos vinieran a competir más que a estudiar.

— Es que todos llegan acá para ser los mejores, o ya creyéndose los mejores. Por ende, si sienten que ese título se les puede robar, no dudarán en pelear con dientes y garras para evitarlo —Sakura analizó sus palabras, y luego al chico.

— Se ve que sabes mucho de todo esto. ¿Acaso estudiaste algo antes?

— Bueno…aquí entre nosotros, estudié Medicina por dos años en la universidad de Tokio, Japón.

— ¡Vaya! Pero entonces… ¿qué haces acá? Si no te molesta que pregunte, claro.

— Descuida. Bueno…digamos que tuve algunos malos entendidos allá —le dijo con una ligera sonrisa; sin embargo y por un segundo, Sakura sintió que su corazón se congelaba, y no de una buena forma—, así que preferí venir a vivir con mi madre a España y comenzar acá desde cero. Después de todo, no tengo mucha prisa en titularme todavía.

— Ya veo… —por suerte para la de cabello rosa, la profesora Shizune llegó y comenzó inmediatamente con la clase. Sin embargo, y a pesar de ese pequeño trago amargo que sintió, no podía evitar llevarse bien con Kabuto. Era muy caballero, respetuoso e inteligente.

Pasaron el resto de la clase tomando apuntes e intercambiando algunas frases. Al menos ya conocía a alguien de su misma carrera, no estaba en cero como al principio.

Una vez que las clases de la mañana acabaron, varios chicos se fueron a sus residenciales a comer; y otros se dirigieron a la cafetería, entre ellos iban Sakura y Kabuto, que habían acordado almorzar juntos.

Cuando recogieron sus alimentos e iban con sus bandejas buscando algún lugar, la mirada jade se topó con esa mirada color noche que la traía soñando hace años. Sasuke la miraba de cerca y le hizo un gesto con la mano para indicarle que a su lado había lugares todavía. Al parecer estaba con chicos de su misma carrera pues no conocía a ninguno de ellos.

Estaba por ir con ellos, cuando notó como una pelirroja, sentada al otro lado de Sasuke, se le colgaba del brazo y empezaba a susurrarle cosas al oído.

"¡¿Quién rayos es esa pelo de tomate?!", pensó celosa y por reacción. Era una chica de cabello largo y algo disparejo, de un color rojo intenso; usaba lentes de marcos negros y sus ojos eran igual de rojos que su cabello. La chica miró a Sakura con desdén desde el hombro del Uchiha. Y cuando la Haruno notó que este no tenía mucha intención de correrla de su espacio personal, su rostro se tornó serio y sus ojos fríos.

"No me importa, él puede hacer lo que se le venga en gana".

— Vamos, Kabuto. Debe haber puestos libres más allá —le dijo mientras ignoraba las señas de Sasuke y se iba con Kabuto, quien le dirigió una ligera y neutral mirada al Uchiha, antes de seguirla.

— Oh…al parecer tu amiga prefiere estar con ese cuatro ojos que contigo, Sasuke-bonito; pero así es mejor, ¿no crees? —le ronroneó su compañera, mientras el Uchiha recuperaba su brazo atrapado, de forma brusca.

— Cállate.

— Sí, Karin; además tú también eres una cuatro ojos —apoyó un chico de cabello blanco y ojos morados, junto con una sonrisa de dientes afilados—. Al menos ella era más bonita que tú.

— ¡Cierra la boca, Suigetsu, piraña de pacotilla!

Y así comenzó una batalla de insultos entre ellos, mientras Sasuke se quedaba pensando algunas cosas, sin prestarles atención a esos dos.

¿Cuándo fue la última vez que Sakura le rechazó cualquier tipo de invitación? Aunque fuese venir a sentarse a su misma mesa.

La respuesta era simple: nunca antes.

Luego del almuerzo y una clase más, Sakura había recibido un mensaje de Ino, para que se vieran en los jardines de la universidad.

Cuando llegó al lugar acordado, la rubia la esperaba en una banca con dos cafés en la mano.

— Vaya, es recién el primer día y ya estoy agotada —se quejaba la Ino.

— Vamos, ¿qué esperabas? Ahora estás en la universidad, se acabaron las clases simples y aburridas.

— Discrepo con lo de "aburridas", pero ¿qué se le puede hacer? —Bebió un sorbo de su café—. Ahora, nosotras tenemos un tema pendiente, ¿recuerdas?

Sakura suspiró derrotada, no quería hablar de eso, pero sabía que si no se lo decía a Ino, se lo guardaría para siempre y eso sería peor para ella, eventualmente.

— Bueno, te contaré. Hace unos días atrás, antes de llegar a la universidad, me junté con Sasuke-kun y Naruto, pero este se fue temprano. Así que Sasuke y yo pasamos la tarde juntos. La pasamos muy bien en realidad. Almorzamos, fuimos a hacer algunas compras y luego a tomar un café helado. Al final del día, estábamos en ese parque de juegos que queda cerca de mi casa, y…

— ¿Y…? —le animó Ino.

— Pues…hace unos meses nos volvimos un poquito más cercanos, incluso te conté lo que pasó en esa fiesta en que la Sasuke se emborrachó y…

— Sí, lo recuerdo. Pero amiga, recuerda que te dije que no te hicieras ilusiones por lo mismo, ¡estaba ebrio!

— Lo sé, pero no pude evitar creer…que tal vez ahora podía tener una oportunidad con él, ya que finalmente se estaba abriendo más conmigo. Pero…me equivoqué. Le dije, una vez más cuanto lo quería, cuanto me gustaba, que mis sentimientos no habían cambiado a pesar del tiempo.

— Sakura…

— Y me rechazó, otra vez, igual que cuando teníamos 13 años —se tomó la cabeza con impotencia—. Soy tan tonta. Dejé que mis ilusiones se me subieran a la cabeza y…arruiné todo.

— ¿Se alejó de ti de nuevo?

— Esta vez no fue así. Pero, cuando le confesé mis sentimientos, me dio a entender que no podríamos estar juntos.

— ¿Te dijo eso?

— No exactamente…

Flash Back

Era de noche ya, Sasuke estaba por irse del lugar, luego de haber escuchado la confesión de su amiga mujer más cercana. Pero Sakura tomó su mano y lo detuvo.

— ¡Espera, por favor, Sasuke-kun! —los ojos jade de ella comenzaron a inundarse, pero no quería llorar frente a él, ya no quería derramar más lágrimas por un amor no correspondido; pese a esto, al menos tenía que saber una cosa…— ¿Por qué? ¿Por qué no me dices nada? ¿Acaso…no te importa en lo absoluto? —su voz se quebró y esas temibles lágrimas aparecieron.

— Sakura… —la detuvo él, soltándose de su agarre, para luego envolver esa misma mano, con fuerza. La frustración apareció en esos ojos negros, que no se despegaron de los verde agua de ella. Sakura estaba confundida, nunca lo había visto así.

— Sasuke-kun…

— No puedo… —soltó de pronto, sorprendiendo a Sakura—. Perdóname —musitó a penas. Para luego liberarla de su agarre e irse del lugar.

Sakura quedó ahí, sola y con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Una vez más había sido rechazada por ese chico frío e inalcanzable, al que le había entregado su corazón.

"Ya no puedo…seguir así. Ya no puedo esperarte más…", pensaba derrotada y con una creciente angustia en su pecho.

Flash Back off.

— Ahora entiendo —le decía Ino—. Lo lamento, amiga. Sé cuanto lo quieres, pero si él está dispuesto a perderse eso, es que en realidad no vale tu pena, Sakura. No es justo para ti. Mereces a alguien que te quiera de verdad.

— Lo sé. Gracias, Ino.

— ¿Entonces…qué harás ahora?

— Pues…seguir. No me queda más. Sasuke ya está haciendo de las suyas con una pelirroja desaliñada, y yo no me quedaré ahí de espectadora, a mirar cómo se comen hasta los pelos.

— Jaja, bien dicho amiga. Y hablando de eso, te vi con ese albino de lentes.

— ¿Kabuto? Sí, es lindo y muy caballero. Pero…no lo sé, no lo conozco bien.

— Relájate, nadie te apura —le guiñó el ojo—. Oye, mira. ¿No son Hinata y Naruto?

— Es verdad. Parece que se dirigen al dormitorio de Hinata.

— Oh, esos dos no pierden el tiempo.

— No creo que vayan a eso, ambos son muy…despistados, para darse cuenta de la química que tienen con el otro.

— ¿Y no te molesta que Naruto esté en camino de conquistar a otra?

— Claro que no, es mi mejor amigo, y me partía el corazón no poder corresponder sus sentimientos como él quería. Pero tal vez Hinata podría hacer un mejor trabajo que yo. La verdad es que cualquier chica tendría suerte de tener a alguien como Naruto a su lado.

— Estoy de acuerdo. Nunca entenderé como lo dejaste ir, frentuda. En fin, tengo una clase más, así que me voy. ¡Nos vemos!

— ¡Corre o llegarás tarde! —y era un buen consejo, así que apuró el paso; sin embargo y en una vuelta, no se dio cuenta de que alguien venía del otro lado, chocando inevitablemente con él.

De no haber sido por los rápidos reflejos del chico, que alcanzó a tomarle la mano, ella sería un bello adorno en el piso ahora.

— Rayos… disculpa, no te… —y su mente se apagó por unos segundos, mientras observaba como ese chico alto, pálido, de cabello y ojos negros la sostenía de la mano y la miraba de forma neutral—. Vi…

— No hay problema —la soltó— ¿Te sientes bien? ¿Acaso el golpe fue muy duro? Es que estás muy roja.

— ¡N-no, no es nada! —Ino ni siquiera se dio cuenta de que estaba sonrojada—. Sólo iba algo distraída. S-soy Ino Yamanaka, mucho gusto.

"Ya veo, entonces cuando dos personas chocan accidentalmente, deben presentarse", razonaba el chico pálido, contento de "entender un poco más", el razonamiento humano.

— Mi nombre es Sai, el placer es mío —le sonrió, logrando que ella se sonrojara más todavía. ¿Desde cuándo ella se ponía tan nerviosa frente a un chico? ¡Siempre era al revés!

— B-bueno, yo…debo irme o… —pero al moverse hacia el lugar de donde Sai venía, no se dio cuenta de que su largo cabello rubio se había enganchado en el cierre de la mochila del chico—. ¡Ay, ay! —gritaba adolorida.

— Espera —le pidió, mientras que con mucha suavidad y paciencia comenzó a desenredar lentamente ese cabello blondo, de tal forma que no le doliera. La dedicación del joven, en cada movimiento que hacía, logró que Ino quedara sorprendida y algo avergonzada—. Ya está —la liberó finalmente.

— M-muchas gracias, Sai.

— De nada, bonita —le dijo con una sonrisa tranquila.

— ¿B-bonita? —repitió, atónita.

— Sí, eres muy bonita. Y cuando alguien es bonita, deben decírselo, o al menos eso he aprendido en algunos libros —le dijo como si fuese lo más normal del mundo—. Adiós —se despidió para desaparecer de la vista de Ino.

— Wuau…este chico… ¡Ah, voy tarde! —y nuevamente se echó a correr.

Pero esta vez con una tierna sonrisa en su rostro. Ese chico misterioso le había regalado una buena razón para llegar feliz a su última clase del día.

Ya eran cerca de las siete de la tarde, mientras que en la habitación de Hinata, ella y su compañero rubio terminaban de repasar el capítulo dos de su manual, para luego responder algunas preguntas que Iruka-sensei les había enviado.

— Excelente, Naruto-kun, respondiste todas las preguntas bien. Si Iruka te pregunta algo mañana, serás su nuevo alumno estrella.

— Vamos, no digas eso, me apenas. Además tú manejas mejor que yo estas materias, es fácil estudiar con alguien tan lista como tú, Hinata —le dijo con una sonrisa sincera, logrando que ella se sonrojara. Sus nervios la obligaron a alejarse un poco de Naruto y se paró rápidamente de la cama.

— Y-yo i-iré por jugo, enseg- ¡ah! —pero tropezó torpemente con la alfombra que tenía a los pies de su cama. Y estuvo a punto de volver a golpearse la rodilla que ya tenía bellas tonalidades moradas y verdosas. Un fuerte brazo la atrapó por la cintura, mientras otra mano la tomaba de su muñeca. Naruto la reincorporó y se acercó a ella.

— ¿Estás bien? —le preguntó, preocupado. Mientras ella luchaba con todas sus fuerzas para no hundirse en esos bellos ojos cielo.

— S-sí…gracias —él la soltó de la cintura, pero no quiso soltar su mano todavía.

— ¡Qué bueno! No debes hacer movimientos bruscos, Hinata. Tu rodilla aún debe estar m-

— ¡Hinata! —se escuchó un grito femenino del otro lado de la puerta, interrumpiéndolos y haciendo que se soltaran finalmente— ¡Somos nosotras!

— ¿Chicas? ¡Adelante! —Sakura, Ino y Tenten pasaron de inmediato y no fue hasta que estuvieron adentro que se fijaron en que Naruto estaba también.

— ¿Naruto? ¿Qué haces aquí? —le preguntó Tenten.

— ¿Acaso interrumpimos algo? —preguntó una pícara Ino.

— ¡N-no, no es así! —se apresuró Hinata. No quería que el rubio se espantara o algo así.

— Sólo hacíamos una tarea que nos mandó Iruka —explicó Naruto, pero sólo Tenten lo entendió del todo.

— ¡¿Ya están estudiando?! —Ino no podía aceptarlo— ¡Pero si es el primer día de clases! ¡Y ni siquiera la frentuda está estudiando aún!

— Bueno, es que yo ya…

— ¡Sí, vamos a tomarlo con calma! —interrumpió Tenten a la de pelo rosa—. Trajimos unas cervezas y mistral ice, también unas papas fritas.

— Vaya, ustedes sí que son motivadas, chicas.

— Puedes quedarte si quieres, Naruto —invitó Tenten—. Ahora que lo pienso, ¿alguien puede ir por Temari?

— Yo voy —dijo Ino, desapareciendo.

— Hinata, ¿quieres que nos quedemos en tu habitación o prefieres que vayamos a la mía? —preguntó Sakura.

— Descuida, ya estamos aquí, no me molesta.

— ¡Miren lo que encontré! —anunció Ino cantando, mientras se veía a Temari, entrando sonrojada, seguida de un Shikamaru, en las mismas condiciones.

— Ay, cerda, los interrumpiste —le regañaba Sakura.

— ¡No interrumpió nada! —se defendió Temari—. Sólo me ayudaba con unos ejercicios de matemática. A diferencia de Naruto, Hinata y Tenten, yo no tuve la suerte de quedar con el profesor Yamato, sino que me dejaron con Orochimaru-sensei. Ese hombre víbora nos mandó diez páginas de ejercicios para mañana.

— Wuau, eso es maldad —se compadecía el rubio.

— Ya olvídense de eso y vamos a disfrutar un rato, ¿sí? —animaba Ino.

Al final, pasaron la tarde bebiendo un poco y conversando de la vida, de su primer día. Incluso Shikamaru y Naruto pudieron analizar una típica conversación femenina cuando Ino les presentó el caso titulado "Sai".

Las horas pasaron rápidamente, mientras las risas fluían. Hinata era la más contenta, al poder estar con sus nuevos amigos, y al mismo tiempo, por poder cruzar algunas miraditas con esos hermosos ojos cielo, que le devolvían el gesto.

Después de todo, a la universidad no sólo se va a estudiar… —miró nuevamente a ese rubio de ojos azules que hacía que su corazón saltara—, sino a aprender de todo tipo de experiencias, en general.

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Hola :) este capítulo quedó un poco sobrio, pero era necesario para introducir ciertos temas y personajes. Así que les prometo algo más de "acción" en el que sigue :3

Quiero agradecer a anahi alvarez y a Guest por sus reviews, los cuales no pude contestar por inbox.

Gracias por el apoyo y reviews que animan a continuar y actualizar pronto. De hecho, mi idea es terminar este fic durante este mes o, a más tardar, a principios de agosto; así tampoco se perderá el hilo de la historia para quienes la siguen.

Los invito a contarme qué les pareció el cap y nos vemos en el siguiente!