Un par de secretos

Su primera semana de clases en la universidad estaba cerca de acabar; y esa nublada mañana y con aire de lluvia, daba la bienvenida al día jueves. Pero eso no era impedimento para que una alegre Hinata cruzara los pasillos de la residencia de mujeres, con una radiante sonrisa en su rostro.

¿La razón? Simple.

— ¡Buenos días, Hinata! —le saludó un sonriente rubio que la esperaba afuera.

— Buenos días, Naruto-kun. ¿Dormiste bien?

— De maravilla, ¿y tú? ¿Tú pierna sigue doliendo?

— Sólo sigue un poco morada pero ya no me duele.

— Que buena noticia. ¿Vamos?

— Claro —se pusieron en marcha, y una gotita de agua cayó en la nariz de Hinata—. Vaya, parece que se largará a llover.

— Descuida, decían que la lluvia será sólo por la noche.

— Que bueno, pues no traje paraguas de mi casa. Ahora que lo pienso, debería comprar uno.

— Si quieres puedo acompañarte cuando vayas —ofreció el rubio—. Ahora que recuerdo, me dijeron que mañana por la noche habrá una gran fiesta de bienvenida para los "novatos".

— Es verdad. Tenten decía que la era una excusa que ponían los de tercero y segundo para "tasar" a los de primero.

— ¿De veras? —la idea de que otro chico mayor "tasara" a su nueva amiga no le gustaba mucho—. Mm…ya veo —lo había decidido, si Hinata iba, no se alejaría de ella esa noche. Después de todo, si a él lo drogaron tan fácilmente en su primer día aquí, nada le aseguraba que fueran respetuosos con Hinata o las demás.

Desde el martes, Naruto iba a buscarla a los dormitorios femeninos para que se fueran juntos a clases. Y aunque las chicas también los acompañaban a veces, al parecer ese día habían salido un poco más temprano.

La amistad entre esos dos comenzaba a florecer lentamente, y un chico castaño podía notarlo a la perfección, a pesar de que la idea le desagradaba totalmente. Él también tenía la intención de ir a buscar a Hinata ese día, para acompañarla hasta su facultad, pero cuando estaba cerca de su edificio, notó como ella se iba caminando con el cabeza de ampolleta.

Había llegado tarde, y con un amargo sabor en la boca y unos ojos serios, se retiró del lugar, hacia su propia facultad.

Tal vez era hora de ser más directo con ese metiche con bigotes.

Unas horas antes del almuerzo, una chica rubia, de ojos esmeraldas maldecía, por cuarta vez en el día, a las famosas matemáticas. Estaba junto a Shikamaru —su nuevo tutor personal, al parecer— sentada en la azotea de la facultad de matemáticas. Ya estaba aburrida de estudiar encerrada y pensó que el estar afuera sería mejor; pero aunque estuviese dentro del cerebro de Stephen Hawking, seguiría sin ser amiga de los números.

Ella manejaba lo básico de matemáticas, pero su Orochimaru-sensei no se conformaba con eso; sino que siempre les daba ejercicios casi imposiblea de resolver, y que claro, entrarían en el examen. A veces hasta a Shikamaru se le complicaban un poco las cosas, pero su talento natural para las estrategias lo ayudaba siempre.

— ¡Agh, maldición! —ya iban cinco.

— Tranquila, mujer. Es cosa de práctica, los que hicimos el lunes los dominaste totalmente ayer; los de hoy, los tendrás dominados para el sábado, tal vez antes. De hecho, aprendes bastante rápido —le reconoció, mirando hacia otro lado.

— ¡Es que es frustrante, no quiero que matemáticas baje mi promedio, tengo una beca que defender!

— Y la defenderás, pero sólo si logras mantener la calma para estudiar esto. Tienes que acostumbrarte a mirar un mismo problema desde varios puntos de vista, así no tendrás una única solución a la que acudir.

— Lo haces sonar tan fácil… — ella se paró y caminó hacia la orilla del edificio. Él seguía en el piso, rodeado de cuadernos, sin despegar su vista de Temari.

— No te vayas a lanzar, ¿eh? —bromeó.

— No seas ridículo. Antes de morir tengo que restregarle en la cara el promedio perfecto que obtendré en matemáticas, a ese hombre víbora que tengo de profesor.

— Bien dicho —le sonrió. Esa chica era ruda, algo mañosa y gruñona; pero de alguna manera le gustaba su forma de ser. Pues denotaba una gran calidez en su interior siempre, constancia, y convicción en sus acciones.

— El día está bastante feo, ¿no crees? —mencionó ella de pronto. No se había fijado en el tiempo ese día, y se había puesto una falda corta con vuelos, una polera blanca de media manga y un chaleco delgado negro encima. Pero ya no quería devolverse sólo para abrigarse.

Temari se sentía inmersa en la vista que tenía enfrente.

— Sí, lloverá pronto; que problemático, y olvidé traer paraguas a la universidad.

— Vamos, ni que te fueras a derretir… ¡ah, ah! —gritó Temari al sentir como el viento se colaba debajo de su falda y la elevaba hasta donde más podía. Por inercia se cubrió la parte de adelante, olvidando totalmente que toda su retaguardia estaba expuesta a los ojos negros de su tutor.

Shikamaru abrió los ojos como platos, su mandíbula cayó un poco también; sentía como sus mejillas comenzaban a arder y aunque tratara de desviar la mirada, su cuerpo no le obedecía.

Cuando Temari cayó en la cuenta, se volteó de inmediato; encontrando un Shikamaru casi petrificado. Fueron tan sólo unos segundos de juego travieso del viento, pero fue suficiente tiempo como para que Shikamaru sintiera como su boca se secaba y como su mente se iba a blanco.

— ¡Tú…! ¡Será mejor que no hayas visto nada! —le gritó ella avergonzada y sonrojada a más no poder.

— ¡C-claro que no, mujer! ¡Ni que estuviese pendiente de ti las 24 horas del día! —desvió la vista, igual de avergonzado que ella. Estaba mintiendo descaradamente, pero si no lo hacía, ella lo mataría, estaba seguro.

— Más te vale… —se calmó, al creerle; y volvió a su lado, a sentarse. Pero el joven aún no podía mirarla.

— C-comienza con los ejercicios de la página 42, si tienes dudas me dices —le dijo como pudo, mientras trataba de calmarse, sin éxito—. V-voy por un poco de agua, ya vuelvo —le informó.

Y huyó como un cobarde, lo sabía, pero no le importaba. Lo único que quería ahora era sacarse de la cabeza esa imagen del trasero de Temari, que vestía una pequeña tanga verde oscuro.

— Mierda… —musitó cuando ya estaba solo. Ahora ya no sabía cómo volver a mirarla sin ponerse nervioso. Él estaba muy bien antes de saber que ella tenía una retaguardia tan sexy. Y ahora… — ¡Mierda! —repitió con más ganas, mientras algunos se le quedaban mirando sin entender.

Ya en la hora del almuerzo, Tenten, Naruto, Hinata, Shikamaru y Temari estaban comiendo en la cafetería. Sakura los había visto, así que fue a hacer la fila para comprar y luego unírseles. En ese intertanto fue que una fuerte mano tomó su hombro. La chica se volteó algo sobresaltada.

— ¿Sasuke-kun?

— Hola —la saludó, tan serio como siempre.

— Hola —repitió ella, volteándose de nuevo hacia adelante, casi que ignorándolo.

— ¿Qué sucede? —se le salió la pregunta, extrañado de que la de pelo rosa actuara como si él no estuviera. ¿Desde cuándo Sakura era así con él?

— Nada —espetó de forma simple. Sasuke seguía extrañado, pero no había mucho tiempo que perder. Pronto, sus compañeros lo encontrarían y no podría hablar tranquilo con Sakura.

— Escucha, sólo quería decirte que esta noche habrá tormenta —esas palabras paralizaron a la de cabello rosa, que se volteó con un sentimiento claro en sus ojos: miedo—. Pronosticaron que empezará en la noche, cerca de las 11.

— Y-ya veo… —bajó su mirada, aterrada. Esta sería la segunda tormenta que pasaría fuera de su casa.

— Tranquila —le colocó una mano sobre su cabeza—. Estarás bien —le susurró serio, pero dándole ánimos. Aunque ella no parecía muy convencida.

La escena era presenciada por una pelirroja de lentes, que los miraba con recelo desde la entrada de la cafetería.

Luego de eso, Sasuke se fue y Sakura llegó con sus amigos cuando estuvo lista. Su cara era tan normal como siempre, nadie se enteró que los nervios y las ansias la estaban carcomiendo por dentro.

Ya después de comer, Naruto, Hinata y Tenten iban a sus clases de matemáticas, cuando se toparon a Kiba y a una chica de cabello azulado y corto a su lado, en las bancas de afuera.

— ¡Hola, Hinata! —saludó el castaño, acercándose a ella—. Hola Tenten —le habló de forma cortés a la castaña, que le devolvió el saludo—. Hola —escupió de mala gana al rubio, mirándolo pesadamente. A Naruto no le agradó su actitud, pero ni siquiera tenía ganas de tratar de ser amable con él para arreglar las cosas.

— Hola —le devolvió, igual de serio.

Konan aprovechó la oportunidad de estar frente a chicas para pedirles algo, ya que en su grupo eran sólo hombres.

— Disculpen, ¿puedo hablar con ustedes en privado? —les pidió tímida y respetuosa. Ambas se miraron sin entender, pero se alejaron de los hombres para ver qué quería la chica alta de pelo azul claro.

Naruto observaba como Hinata se alejaba, y cuando volvió a mirar al castaño, se topó con una mirada penetrante. Kiba parecía querer clavarle cuchillos con sus ojos, parecía que ni siquiera pestañaba.

Naruto comenzaba a acostumbrarse a su mirada retadora. Incluso podía sacar provecho de la situación; después de todo lo que había vivido desde niño, ya no le importaba mucho que lo miraran feo.

— Kiba-kun, si me sigues mirando así, comenzaré a creer que te gusto —la cara del castaño se deformó de odio. Sentía arder su ego y comenzó a sopesar de inmediato la posibilidad de golpearlo, sin que eso le trajera problemas. Lamentablemente para él, Kakashi-sensei estaba cerca de ellos.

— No te hagas el héroe conmigo, idiota; sé muy bien que vas tras Hinata. Y déjame decirte que pierdes tu tiempo. Ella jamás se fijaría en un pelmazo oportunista como tú —le habló venenosamente. Naruto se puso muy serio, no le quitó los ojos de encima en ningún momento. No se dejaría intimidar ni amedrentar por él.

— Vaya, ¿no será que estás celoso? —le preguntó con una sonrisa provocadora, logrando avivar esa chispa de odio en sus ojos negros.

— Kiba —llamó una vos femenina—. Debemos irnos o llegaremos tar… ¿eh? ¿Kiba? —Konan trató de hablarle al castaño, pero parecía concentrado en quemar a Naruto con la mirada.

— ¿Chicos? —Hinata no entendía el porqué de esa batalla de miradas— ¿T-todo bien? —el ambiente estaba muy tenso.

— Sí —respondió Kiba, ahora mirando a Hinata—. Nos vemos después, linda —y se fue con su compañera. A Naruto no le gustó cómo se despidió de ella. Miró a Hinata, que lo miraba de vuelta, algo preocupada.

— Tranquila, no pasó nada —dijo con una sonrisa calmada—. Debemos ir a clases, chicas —y comenzaron a caminar— ¿Y qué quería esa mujer con ustedes?

— No preguntes, son cosas de chicas —dijo Tenten, dejándolo con la duda. Miró a Hinata con la esperanza de que le dijera algo, pero esta negó y le sonrió como siempre.

De todas formas Naruto no necesitaba saber que Konan tuvo una pequeña emergencia femenina, y requería una toallita con urgencia.

Era mejor así de todas formas.

Mientras ellos se iban a clases, Sakura buscaba una banca alejada en el jardín, para hablar por teléfono tranquilamente. Finalmente encontró una, junto a una gran pileta, donde parecía no haber nadie.

Estuvo conversando con su madre un buen rato. Si bien no se llevaban excelente, cada vez que necesitaba calmarse, ella la ayudaba con eso.

Cuando colgó, notó como una chica pelirroja, lamentablemente conocida, venía hacia ella. De inmediato se puso a la defensiva mientras su mirada se tornaba seria.

— ¿Qué quieres? —dijo con firmeza la de pelo rosa. Ella quedó a unos dos metros de distancia.

— Seré breve, pelo de chicle. Aléjate de Sasuke —Sakura ya se esperaba unas palabras de niña pendeja, como esas; pero aún así sentía la rabia expandirse por su cuerpo.

— ¡¿Y quién te crees tú como para darme órdenes?!

— Oh querida, tómalo como una advertencia. Después de todo ya deberías haberte dado cuenta de que él prefiere estar conmigo, y eso que lo conozco hace una semana solamente. Dos dedos de frente para entenderlo, algodón de azúcar.

Sakura no se dejó provocar, su rostro mantuvo su seriedad y firmeza.

— Déjame peguntarte algo, ¿en verdad quieres a Sasuke-kun? ¿O es sólo una loca obsesión por su físic-?

— ¡Yo lo amo! —la interrumpió—. Y ni tú ni nadie me alejará de él, ¿entendiste?

— ¿Lo amas? Já, no me hagas reír. ¡Lo conoces hace una semana y ¿crees que lo amas?! ¡¿Acaso estás loca?!

— ¡¿Qué dijiste?!

— Déjame advertirte algo, si crees querer a Sasuke sólo por su físico, porque es guapo o porque lo encuentres sexy, lo perderás —sentenció, dejando a Karin algo sorprendida—. Terminarás en su lista de olvido, como todas las anteriores. Sasuke es frío, muy pesado y brusco, no es empático ni le interesan los sentimientos de quienes no aprecia. Si me dices que ya lo sabes, y que puedes quererlo de todas formas, entonces es cuando puedes darte cuenta de que también es inteligente, valiente, leal, y se preocupa de quien le importa, que son pocos. Una vez que conoces lo malo de él, comienzas a desenterrar lo bueno, y luego decides si lo quieres o no. Antes que eso, la imagen del chico perfecto es sólo tu imaginación.

— ¡Cállate, sólo quieres confundirme para que me aleje de él! ¡Eres una envidiosa! Quiero que entiendas que ya me eligió por sobre ti y sobre cualquiera, en tan sólo una semana —volvió a picarle donde sabía que podía causar daño a Sakura—. Si quieres arrastrarte para que te humillen más, allá tú. Yo ya te lo advertí —le dijo finalmente y comenzó a retirarse.

Sakura quedó mirando a la pelirroja, mientras se obligaba a respirar profundo para luego retirarse a su dormitorio.

Cuando ya estuvo lejos, Sasuke apareció por el otro lado de la pileta, había escuchado casi toda la conversación y estaba bastante asombrado por las palabras de Sakura. Y porque no lo vieron, por suerte.

Quedó mirando la dirección por donde la Haruno se había ido. Nunca había escuchado esas palabras en ella. No se había dado cuenta de cuando fue que el cariño que le tenía Sakura, se había transformado de un apego obsesivo, egoísta y egocéntrico, a un cariño fiel, maduro y realista.

"Ella ha cambiado con el tiempo, y yo no he querido notarlo. Pero…aún así…"

Se fue caminando hacia la residencial masculina, tenía un par de cosas que preparar.

Naruto y Hinata estaban sobre la cama del rubio, en su habitación, comiendo un delicioso ramen; que era lo único que el Uzumaki tenía en su refrigerador personal.

Como los días anteriores habían estado en la pieza de Hinata y sacando de su comida, Naruto pensó que era justo ahora usar la suya e invitar él esta cena. Aunque Hinata nunca le dio a demostrar que le molestara algo.

Habían estudiado para preparar las clases del día siguiente y ahora comían tranquilamente, viendo "Doctor Strange", la película. Casi a la mitad, Naruto tuvo que pararla pues el celular de Hinata comenzó a sonar.

Era Kiba.

No muy convencida e incluso algo molesta por la interrupción, le contestó. Estuvieron unos minutos hablando, y el rubio —disimuladamente— estaba atento a lo que Hinata le decía. Pues ese "linda" que el castaño mencionó en la tarde, le había quedado en la mente.

Finalmente colgó y suspiró algo cansada.

— ¿Todo bien?

— Sí, es sólo que…olvídalo, no es nada —le restó importancia.

— Vamos —le animó—. Puedes confiar en mí, Hinata.

— B-bueno…es que Kiba anda algo hostigoso últimamente, antes no era así, era preocupado pero…ahora se siente distinto.

— Ya veo —Naruto sabía lo que pasaba, pero al parecer la Hyuuga no. Se quedó pensando unos momentos, debatiéndose si decirle o no.

— La verdad es que no entiendo qué le sucede. O tal vez es mi culpa, y yo estoy confundiendo todo. Debe ser mi imaginación —le restó importancia nuevamente. Naruto la miró levemente angustiado. No quería dejar que ella se culpara por algo así.

— No es tu culpa, Hinata. Yo creo que actúa así de raro porque él es quien está confundido.

— ¿Eh? ¿A qué te refieres? —el rubio se acercó a ella, no con muy buena cara ni seguro de querer decirle esto, pero…debía sacarse la duda.

— Pienso que tú le gustas, Hinata.

— ¡¿Q-qué?! ¡N-no puede ser! Es mi amigo de la infancia y antes jamás se fijó en mí.

— Eso no importa. No sé cómo eras antes, pero ahora eres una chica hermosa, inteligente y muy gentil, cualquiera puede ver eso.

— N-naruto-kun… —ella se sonrojó al oír esas palabras.

"¿E-en serio él piensa todo eso de mí?"

Naruto la miró fijamente.

— Hinata, dime… ¿y a ti te gusta él? —preguntó algo tímido y dejando ver un toque de fragilidad en sus ojos.

— ¡Claro que no! —aclaró—. Le tengo cariño, pero no me gusta de esa manera. De hecho, tampoco puedo creer que yo le guste… —seguía dándole vueltas a esas palabras.

— Entiendo —le sonrió—. Es un alivio.

— ¿Eh? ¿Cómo que un alivio? —preguntó sin entender. Naruto se sonrojó por su torpeza.

— B-bueno, tú sabes…e-es que si fueran novios, nosotros no podríamos pasar tanto tiempo juntos ni ser muy amigos pues…él es muy celoso, eso se nota y…tendrías problemas —Hinata se rió, apoyando su teoría.

— Pero eso no pasará, así que no te preocupes por ello.

— S-sí…y tú…bueno, si no te gusta él…dime, ¿hay…alguien que te g-guste? —preguntó más sonrojado todavía y mirándola de reojo. Ella se transformó en un tomatito, causando que los ojos azules se llenaran de ternura.

— Y-yo…yo…pues… —lo observó fijamente unos segundos, parecía que la mirada perla y la mirada celeste se habían vuelto a conectar y no sabían cómo soltarse. La consciencia de Hinata apareció para rescatarla, antes de que su impulso la llevara a confesar cosas.

"¡No, no puedo decirle que me gusta todavía, es muy pronto! Además, tampoco estoy segura de sí es realmente lo que siento".

— N-no…nadie me gusta —habló finalmente. Los ojos se Naruto parecieron algo decepcionados.

— E-entiendo… —ella quería preguntarle lo mismo, pero no parecía encontrar el valor para ello.

Un fuerte trueno dio inicio a la lluvia, ya esperada. Hinata se levantó, algo nerviosa, no estaba muy abrigada ni tenía paraguas, y debía volver a su habitación.

— Debo irme —le anunció al rubio.

— Espera —este fue a su closet y tomó una chaqueta gruesa color marrón, y se la colocó en la espalda—. Úsala, así evitarás un resfriado. Te acompañaré hasta la residencia.

— P-pero… —no quería causarle molestias.

— Sólo tengo un paraguas, así que espero que no te moleste que lo compartamos —lo sacó del mismo closet, mientras ella le sonreía agradecida.

— Muchas gracias, Naruto-kun —así emprendieron viaje, caminando no muy rápido.

Naruto logró volver antes de que la tormenta desatara su furia.

Los rayos y truenos caían con fuerza en la noche. Mientras los gritos de Sakura sólo se veían aplacados por los fuertes estruendos de la tormenta.

"¡Mierda, ¿por qué tiene que haber tormenta?, aún no es invierno!"

Sakura Haruno, la chica fuerte, inteligente y valiente, sólo tenía una debilidad absoluta: las tormentas. Y la razón era simple, cuando tenía 5 años, había tenido una experiencia traumática ligada a estas. Sólo por su terquedad no había querido tratarse con un psicólogo, como debería. Y ahora, escondida bajo los mantos de su cama y abrazada a sí misma, pagaba las consecuencias.

Lo peor era que su orgullo le impedía decirle de su fobia a alguien. Ni siquiera sus mejores amigos, Ino y Naruto, lo sabían. Sin embargo, por un contratiempo, Sasuke lo supo. Por eso le había tratado de advertir en la cafetería.

Un nuevo trueno resonó con fuerza, y ella volvió a gritar sin poder controlarse. Una parte de ella deseaba llamar a sus amigas para que la acompañaran; y la otra sólo quería dejar de gritar para evitar despertar a alguien y que se enteraran de su gran debilidad.

De todas formas, su cuerpo estaba paralizado, no respondía a ninguna orden y sólo podía dedicarse a gritar y llorar.

Sus lágrimas caían sin control, era tan frustrante para ella quedar casi inutilizada en estas situaciones. Era vergonzoso y deprimente, una chica de 20 años incapaz de soportar una simple tormenta.

Un rayo cayó, iluminando su habitación y trayendo consigo un gran estruendo. Nuevamente gritó, sin control alguno. Apretó sus dientes con fuerza. Debía aguantarlo, no duraría para siempre, debía resistir y…

De pronto abrió los ojos, cuando sintió que alguien le quitaba las frazadas de encima.

— ¿S-Sasuke-kun…? —el alto chico de pelo azabache la observaba preocupado. Ella ni siquiera había sentido cuando se había colado a su pieza.

Un nuevo trueno azotó y ella volvió a cerrar los ojos y a gritar desgarradoramente.

Sasuke se sentó en su cama y le puso una mano en su hombro.

— Tranquila, todo estará bien —intentaba calmarla él.

— ¿Q-qué haces…aquí? —hablaba a duras penas, sin poder dejar de temblar.

"Es cierto, ahora recuerdo que, desde que supo de esto, siempre me llamaba para saber cómo estaba, pero yo siempre estaba con mamá o papá y veía al día siguiente la llamada perdida".

— Sólo quería saber si estabas bien —dijo mirando hacia otro lado, para restarle importancia.

Ella quería decirle que se fuera, que no lo necesitaba ahí. Pero nuevamente un rayo la dejó gritando, al borde del colapso.

— ¡Ah!

— ¡Sht! —le cubrió la boca, y se acostó a su lado, sin taparse—. Si alguien te escucha vendrán a ver qué pasa y me echarán a patadas de acá. Debes calmarte, Sakura. Nada te pasará —la soltó.

— P-pero…

— Lo prometo —le aseguró él, mirándola fijamente a esos asustados ojos jade—. Me quedaré aquí, hasta que te duermas.

— S-Sasuke-kun… ¡Ah! —no podía evitarlo, cada trueno o rayo la trasladaba al lugar de sus pesadillas.

El Uchiha la miró preocupado y frustrado, si ella llegaba a sufrir un ataque de pánico por esto, no sabría qué hacer. Su amiga era fuerte e inteligente, pero en cada tormenta se transformaba en un cachorro frágil y herido. Lo sabía desde que tenían 11 años…

Flash Back.

Una tarde en la academia de artes marciales a la que iban, Sakura había desaparecido sin dejar rastro y la tormenta aumentaba su potencia. Incluso habían preferido suspender las clases por un corte de luz causado por los rayos; todos esperaban que sus padres llegaran por ellos.

— Oye, Sasuke, no encuentro a Sakura y lleva más de veinte minutos sin que alguien sepa dónde está.

— ¿No está en el baño de mujeres?

— Las chicas no la encontraron ahí. Ayúdame a buscarla, ¿quieres?

— Está bien —dijo resignado, no eran muy cercanos en esa fecha.

Al primer lugar donde se le ocurrió ir a buscarla fue a un cuarto pequeño en donde los profesores guardaban utensilios viejos; pues asumió que ya la habían buscando en el cuarto de materiales que usaban actualmente.

— ¡Sakura! —Buscaba— ¡Saku…! ¿Eh? —finalmente la encontró. Un bulto rosa abrazando sus piernas con la cabeza hundida entre sus rodillas, llorando desconsoladamente. Se preocupó al verla así y se acercó— ¡Oye, Sakura, ¿estás bien?! —Pero ella no parecía reaccionar— ¡Oye, mírame! —la movió de los hombros hasta que ella levantó la cabeza.

Sasuke quedó impactado, nunca había visto tanto terror en los ojos de Sakura, temblaba sin cesar y su cara estaba bañada en lágrimas. Lo miraba, pero parecía no ser consciente de que él en verdad estaba ahí con ella.

— Sakura… ¿Qué sucede? —un rayo cayó en un techo cercano y ella gritó a todo pulmón, volviendo a esconder su cabeza— ¿E-es por la tormenta? No debes preocuparte, no te pasará na- —pero un trueno los interrumpió y ella volvió a gritar despavorida.

Sasuke entendió que ella no se calmaría tan fácil, sacó su celular y envió un mensaje a Naruto diciéndole donde estaban y que llamara de inmediato a los padres de la niña. Luego, se sentó a su lado y la abrazó, con un brazo, en un intento de calmarla. Pero no parecía funcionar.

— Sakura… ¿qué pasa? ¿Por qué estás así? —ella parecía no lograr calmarse, así que con su mano libre comenzó a hacerle cariño en el pelo, una y otra vez, hasta que su temblor pasó a ser más suave. Al parecer lo estaba logrando; y los rayos y truenos habían parado, pero no la lluvia.

— Mi abuelo… —susurró apenas audible. Sasuke no entendió a qué se refería, pero luego sintió como Naruto y el profesor llegaban, seguidos de padres de la niña; que la tomaron y se la llevaron de inmediato a su casa.

Sasuke había visto una nueva faceta de esa chica de pelo rosado, durante esa tarde.

Flash Back off.

Pasado el tiempo y cuando al fin logró que ella hablara del tema, le contó que cuando tenía cinco años, sus padres salieron y la dejaron en su casa, mientras su abuelo la cuidaba. Él no era muy viejo, pero tampoco tenía la vitalidad de antes.

Él siempre veía televisión abajo mientras ella jugaba en su pieza, luego de cenar. Cuando comenzó la tormenta, ese día, y la luz se había cortado debido al mal clima; ella corrió al primer piso de su casa, para pedirle al abuelo que se fuera a acostar con ella y así no temer tanto a esos fuertes ruidos y a la oscuridad. Pero cuando llegó a la sala de estar, un gran rayo iluminó la casa entera, dejando ver a su abuelo, con los ojos y boca totalmente abiertos, con una expresión de dolor e impresión en su rostro. No se movía.

Sakura lo supo en esos momentos, él había muerto en esa silla, frente al televisor, ahora apagado.

Cuando llegaron los padres de Sakura, preocupados por el corte en media ciudad, se dieron cuenta del terrible escenario. A su abuelo le había dado un infarto y ya no seguía con vida. Desesperados, buscaron a Sakura y al fin la encontraron escondida en el closet, totalmente en shock.

Desde ese día comenzó su trauma, y este la había perseguido por años.

— Tranquila, Sakura… —comenzó a acariciarle el cabello, con suavidad. Estaban cerca, y ambos cuerpos se tocaban, pero no sabía si abrazarla era buena idea, así que sólo se limitó al cariño en la cabeza. Sabía que con paciencia, eso la calmaría—. No permitiré que algo malo te suceda esta noche. Lo prometo —la acercó más a él.

La cara de Sakura se hundió en el pecho del Uchiha, mientras luchaba con todas sus fuerzas por no perder el control y sucumbir al pánico. Después de varios minutos haciéndole cariño en el pelo, ella finalmente se durmió.

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Hola! :) gracias por llegar hasta acá. Desde aquí en adelante las cosas se irán intensificando de a poco en los personajes :3

Agradezco a "Yo" por su review, el cual no pude responder por inbox :)

Quiero saber que opinan del capítulo, así que no olviden dejarme un review con su opinión 3

Gracias por seguir la historia y nos vemos pronto!