Disclaimer | Ni Shingeki no Kyojin y sus personajes me pertenecen, son propiedad de su autor, Hajime Isayama, yo sólo realizo esta obra por diversión sin fines de lucro. Derechos reservados de este Fic a Corp. Charly.
Advertencia | BL. Riren. Levi Centauro. Eren Orá . Lime
Dedicatoria | A MagiAllie, Ola-chan y Elisa.
Notas | Nenas de mi corazón, todo lo que tenga que decir esta abajo. Por favor disfruten de este retorno.
Al Fic.
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The Darkest Seduction
Capitulo
4
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Eren, el ojo que todo lo ve, inmóvil en la orilla del bosque elevó su mirada y sus ojos recorrieron los altos muros de granito que aún a una larga distancia de él, se elevaban hacia al cielo con la rudeza de su composición, aquellos muros que eran las fronteras del territorio entre María y Rose. María, los limites finales de la ciudad bóveda amurallada. En donde su destino estaba por sellarse.
El sol aún no salía de su hogar, pero ya existía una pequeña claridad que prenunciaba su llegada y creaba con el frescor de la madrugada una suave neblina que se arremolinaba a los pies de quien osara andar por ahí a esas horas.
Un suspiro cansado brotó de los labios suaves del oráculo mientras su cuerpo daba un suave giró como una hoja al viento. Sus ojos se encontraron con la figura del centauro que a unos pasos de él le contemplaba con la intensidad tan única de sus ojos gris tormenta. El corazón del menor se oprimió con premura. Un dolor intenso atravesando su cuerpo.
Las cosas entre ambos habían sido turbias, algo sin forma pero claro, intenso y sin precedentes. Eren no era estúpido, él entendía muy bien, en el fondo de su alma las respuestas de todos sus tormentos se habían visto reflejadas en los ojos que ahora heridos y firmes le veían. El castaño anhelo olvidarse de todo y rogarle que escaparan juntos, que lo tomara en sus brazos y desaparecieran del mundo. Era imposible.
Tenía que dejarle marchar.
A su destructivo deseo.
A su secreto.
A su única posesión.
A su amante.
A su amor.
El amor podía doler. Ahora lo entendía. Y del amor no hay arma, ni escudo con el cual defenderse, y mucho menos si es algo ya es inevitable, un presagio, el final de tu hilo rojo. No se puede escapar del destino, este puede ser torcido pero jamás roto. Eren entendía eso muy bien y sabía que eso es lo que estaba haciendo en ese momento. Estaba torciendo su destino, alejando a su alma gemela. A su consorte.
Pero así debían ser las cosas.
Si bien Levi era su destino, su naturaleza lo condenaba a estar fuera de sus brazos. Y su decisión era el obstáculo que él mismo había puesto entre los dos.
Sus ojos se encontraron durante un eterno minuto. Navegaron en el espacio infinito que era la conexión tatuada en sus almas, se refrescaron en la inmensa mar que representaba un segundo de estar juntos y luego cerraron las puertas, poniendo un enorme sello sobre ellas. Era la despedida. El final de su historia no escrita.
Se dieron el adiós con una reverencia mutua, después se dieron la espalda, emprendiendo el camino en sentido opuesto del contario, sin voltear una sola vez hacía atrás. Levi se perdió en la espesura del bosque que todavía estaba a oscuras y Eren se desvaneció en las brumas del amanecer, fundiéndose con la divina luz volviendo un halo perfumado y espiritual.
Era mejor así.
Los oráculos están condenados a la soledad y la desgracia, quien los desee o los ame sufrirá de la maldición de vivir en la miseria de estar siempre fugitivos, de estar atemorizados del menor ruido en las sombras, o de ver reducidos a sus amores a esclavos sin salvación. Un oráculo es un imán de los deseos perversos de cualquier ser y son secretamente odiados por su naturaleza por aquellos que lo ven como seres malignos que están rodeados por la sangre y las lágrimas de sus seres amados.
En cuanto Eren puso un pie adentro de la enorme fortaleza del territorio de María jamás imaginó que cuando unos enormes manos lo agarraron con brutalidad aquel lugar donde él llegaba a ser una herramienta de revolución y salvación sería su prisión.
Los humanos son seres llenos de hipocresía, dispuestos a todo con tal de sobrevivir y liberarse de sus males. No les importa si tienen que condenar a otros para lograrlo.
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Eren el hermoso oráculo de Sina, lloraba desconsoladamente a los pies del rey Erwin, que lo miraba con brutal superioridad. El castaño ataviado en preciosas telas blanquísimas como el lirio más puro y llena de finos detalles de hilos de oro parecía la joya más rara y fina jamás encontrada, pero todo el esplendor de aquellas bellas prendas y su poseedor era opacado por las largas y enorme cadenas mágicas que se enredaban tanto en los pies como en el cuello del joven castaño.
Reducido a menos que un esclavo siendo humillado con viles palabras, Eren supo que sus visiones eran reales. El final de su destino se encontraba en María. Pero no para bien sino para mal.
Ahí al lado de Erwin se encontraba nada más ni nada menos que Zeke, rey de los dioses, sosteniendo en sus manos de los cabellos las cercenadas cabezas de sus padres. Sus rostros bañados en carmín ennegrecido estaban en casi descomposición. El dios dejó caer las cabezas que rodaron hasta unos cuantos pasos de Eren quien se arrastró para que sus dedos alcanzaran las cabezas.
Las alcanzó y con dificultad las llevó a su regazo. Abrazando a las dos cabezas las lágrimas incontenibles no dejaban de bañar su rostro.
—Sucia porquería, creían que podían desafiar a un dios. Están equivocados. Ustedes, a quienes nosotros creamos de nuestra carne no son nada en comparación nuestra. Deberían aceptar su destino y bajar la cabeza, aceptar su condena.
—¿Por qué? ¿P-or qué? — Eren sollozaba —. Con-fiamos en usted, nos prometió liberarnos, rey Erwin ¿Por qué?
—Se necesitan hacer sacrificios para evitar la extinción de la humanidad. No importa lo que se tenga que dejar.
—¡Nosotros también somos humanos! — su gritó estalló en el enorme salón engalanado con adornos de diamantes tan grandes como un puño y columnas en forma de dragón. Los ojos de hombres y mujeres vestidos con togas de colores brillantes que hacían resaltar sus pieles bañadas en polvos de oro, se posaron en el muchacho que veía aquellos dos hombres con rabia y deseos asesinos. —Nos ha traicionado y a usted mismo. Vendió su dignidad.
— Lo hice por un bien mayor y no, no he traicionado mi propósito. Yo he salvado a mi gente. Lo demás no tiene valor.
—Déjate ya de niñerías, oráculo, no tienes ni porque hacer tanto drama, de todos maneras has de cumplir con tu destino. El destino de todos los oráculos. Ser una herramienta divina.
—Yo nunca seré tuyo — los ojos verdes parecían dos trozos de cristal roto, afilados, capaz de cortar cualquier cosa que osara tocarle —. Tus manos y tus ojos jamás podrán alcanzar mi poder — se levantó con lentitud mientras las cabezas de sus progenitores se deslizaban de sus brazos y empezaban a rodar —. Miserable blasfemia de rey. No tenéis idea con quien te habéis metido — las cadenas mágicas se empezaron a deshacer volviéndose polvo oscuro, las paredes resonaron, las copas y platería dentro del salón produjeron un horrendo sonido al friccionarse.
Los ojos de Eren cada vez perdían su tonalidad esmeralda, moteándose cada vez más de dorado mientras sus iris se volvían una rendija.
—No me importa si has hecho evolucionar tu poder, pequeño oráculo, sigues siendo poca cosa contra un dios, ríndete por tu propia voluntad.
Los dientes de Eren rechinaron de rabia.
—Viejo bastardo, ni siquiera oses a pensarlo. Yo nunc….
Las palabras se quedaron atoradas en su garganta y volvió a caer de rodillas. Sus funestos temores más negros haciéndose realidad.
—Claro que lo harás, o él y toda su gente será prendida en fuego.
Ahí, atrapado por pesadas cadenas estaba Levi, forcejando con rabia e ímpetu. Sus ojos se volvieron a encontrar y Eren supo lo que tenía que hacer. Lo que tenía que hacer por él.
De Levi.
Si alguien tenía derecho a ponerle una marca y someterlo, ese era el centauro. Él y nadie más. Ya le mostraría a ese miserable dios de lo que él era capaz de hacer, le mostraría cuan equivocado estaba de él y que podía ser el peor enemigo que se podría tener. Lo haría entender las consecuencias de los sucios deseos que tenía sobre su persona y la dimensión de su resentimiento.
Si Zeke creía que le estaba arruinando la vida ya le demostraría que él podía llevarlo a la ruina en un instante. Porque Eren no era un simple oráculo, y eso sólo él lo sabía.
Pero antes, sólo un momento antes debía pensar en él.
Su Levi.
De rodillas, Eren se terminó de inclinar e hizo una exagerada reverencia.
—Mi rey — y su rostro quedó oculto entre sus cabellos.
El rugido de pura ira de Levi fue todo lo que sus oídos captaron en ese instante.
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Levi, señor de los centauros, había emprendido el camino de regreso a sus tierras, no había porque quedarse o retrasarse para dicha acción. En cuanto se despidió de Eren se dio cuenta que lo que sentía por él no sólo era una avasalladora pasión, era algo más, algo que nunca había experimentado y que no entendía en su totalidad.
Quizás era amor.
Con el frescor y los suaves rayos del amanecer como compañeros se perdía entre el follaje mientras mantenía su ligera carrera, entre más rápido se alejara del lugar menos tentación sentiría de regresar y robarse al muchacho. No se metería en problemas y no expondría a su gente por sus deseos.
Cada quien había tomado su decisión.
No era momento de arrepentirse.
Era casi medio día cuando su instinto empezó a aguijonearle los sentidos alertándolo de que algo estaba por venir. El bosque estaba inmensamente tranquilo, apenas y los graznidos de las aves era lo que se escuchaba. Lo presentía y por eso se detuvo, sus ojos recorrieron en rededor pero no había nada, ninguna sombra o movimiento extraño. Retomó la carrera, pero entonces el silbido de una flecha y el ligero escozor que le provocó la punta afiliada al pasar rozando su hombro le hizo saber que su instinto no le había mentido.
Un grupo de veinte guerreros conformados por dragones, vampiros, ninfas y formorianos, salió de entre los árboles. Todos ellos lo veían con amenaza, listos a saltarle al cuello. Levi conservó su temple serena y tensó el arco en sus manos. Con la certeza de que no ganaría se dispuso a enfrentarlos. Si habría de morir lo haría de pie.
El grupo se abalanzó contra él. Levi sin contemplación y con presteza acabó a punta de flechas con cinco de ellos en cuestión de minutos, pero en cuanto el combate cuerpo a cuerpo inició, por muy fuerte y hábil que fuese, lo sometieron con cadenas mágicas de opresión, aquel artilugio enviaba sendas descargas de energía provocando un hondo dolor en el ser que era aprisionado en ellas.
Conjuraron con saña la magia de las cadenas en su cuerpo hasta dejarle inconsciente. Pero Levi antes desmayarse se dio el placer de romperles la nariz y la boca a varios de los guerreros que pusieron sus manos sobre él.
El último pensamiento que tuvo el centauro antes de que las sombras se lo tragaron fue de el deseo de que en donde estuviera Eren, estuviese bien.
Sabía que ese era un cobro de parte de los dioses por haber protegido y entregado al oráculo a los rebeldes. Por poner lejos de las manos de los reyes del Olimpo su codiciada herramienta. Aquellas criaturas que lo atacaban sólo buscaban el beneplácito de sus soberanos. Todos en aquel lugar sólo eran una victima más en la desgracia de ser criaturas destinadas a la esclavitud por el capricho de sus creadores.
Para cuando volvió a ser consciente de su cuerpo, aunque su cabeza estaba cubierta por una capucha áspera que le lastimaba la piel del rostro, podía saber a ciencia cierta que estaba la celda de un calabozo. Lo sabía por el aire húmedo y pesado que captaba su olfato. No podía ver nada, pero sentía el tironeo de ser arrastrado por cadenas. Empezó a forcejear, soltando patadas, meneando frenéticamente los brazos.
—¡Voy a arrancarles la piel, malditos desgraciados! ¡Debisteis haberme matado antes! —hizo movimientos erráticos tratando de incorporarse, lo logró, pero entonces ellos volvieron a conjurar las cadenas y el dolor lo obligó a doblarse mientras contenía un gemido de dolor. Pero no volvió a caer. Ni siquiera se permitió llegar a estar de rodillas.
Las cadenas en su cuello fueron tiradas con fuerza haciéndole dar grandes pasos. Lo estaban tratando como un vil caballo salvaje de pradera al que buscaban domar. Lo condujeron por un largo pasillo. Durante varios minutos estuvieron llevándolo en aquel pasaje, subieron por unas largas escaleras, la luz de velas se filtraba entre la tela oscura.
Cada vez había más iluminación.
Entonces escuchó el rumor de concentración de personas. Los murmullos y unos gritos.
Su corazón se detuvo.
Era Eren.
Quien gritaba era Eren.
Se escuchaba tan dolido, lleno de rabia y odio.
Se desesperó.
Volvió a forcejear, los guerreros usaron nuevamente el conjuro en las cadenas y el dolor volvió a eclipsarle los sentidos. Se mordió los labios y siguió su forcejeo.
Un tirón a sus cadenas, un empujón a su cuerpo y un segundo después la capucha era sacada de su cabeza.
La luz le lastimó los ojos durante los primeros tres segundos, luego se adaptaron y la imagen aunque borrosa que lo recibió fue como una espada atravesando su pecho. Eren, su Eren —porque era suyo aunque no le correspondiese— estaba de pie, encadenado y con sangre oscura manchando las ropas bellísimas que cubrían su cuerpo. Estaba temblando, la ira asesina irradiaba de cada poro. Las cabezas de sus progenitores estaban a sus pies.
Estaba desafiando al rey de los dioses, Zeke.
Levi estaba entre el desconcierto y la rabia. Quería arrancarle la cabeza a aquel dios, lo odiaba con cada fibra de ser, ese maldito estaba dañando a su frágil amor.
Las palabras del dios respondieron sus dudas y entonces supo que él estaba siendo usado para terminar de subyugar al oráculo, para que este entregara su don a aquel miserable. Levi pudo palparlo entre cada silaba soltada por Zeke.
Sus ojos se encontraron con los ahora casi dorados del oráculo y el dolor de su corazón sólo pudo aumentar cuando leyó lo que estos trataban de trasmitirle.
Por ti, sólo por ti.
La rabia creció mucho más hasta desbordarse en el preciso instante en que veía a Eren de rodillas entregándose a Zeke.
Soltó un rugido potente y usando todas las fuerzas de su ser rompió el conjuro y las cadenas, sin importarle nada se abalanzó contra el dios, pero antes de si quiera tocarle, el blando y tembloroso cuerpo de Eren se estrelló contra él.
—No, no lo hagas. Después…después — le murmuró y Levi sintió como sus energías se desvanecían sin poder saber la razón. La oscuridad se lo llevó nuevamente, esta vez con la imagen llorosa de Eren grabada en las retinas.
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Eren sentado en la inmensa cama de sábanas de seda dentro de la habitación donde lo habían encerrado permanecía silencioso viendo a través de la ventana como los rayos del sol que incidían sobre la bóveda desaparecían segundo a segundo. La noche estaba empezando a llegar.
Un poco más.
Un poco más.
Se recostó sobre la cama y cerró los ojos mientras se hacía un ovillo. La sensación de vulnerabilidad se lo estaba comiendo, el dolor y la tristeza ya habían hecho nido en su pecho pero no se permitía darse por vencido, tenía que luchar y lo haría.
Por Levi.
Por él, que era lo único que le quedaba.
Se vengaría de los dioses y sería libre.
Obtendría su libertad para por fin vivir su vida, trazar su camino. Estaba harto de todo, ya no podía más. Quería ser feliz y estaba dispuesto a todo por alcanzar sus sueños.
Las horas transcurrieron con tortuosa lentitud. La noche se cerró completamente. Eren abrió los ojos y se puso de pie. El frio de las baldosas entró por las plantas de sus pies y su cuerpo se estremeció, soltando un largo suspiro se desvaneció como la niebla.
Las llamas de las velas se apagaron. El tiempo se detuvo.
Oscuridad.
La oscuridad reinaba en aquel lugar, sombras amorfas parecían moverse en el recinto. Olía a rancio, y el único sonido era el tintinear de las cadenas producido por un forcejeo. Un aire cálido desplazó lo templado del lugar, chispas brotaron creando pequeñas llamas danzantes que iluminaron todo el espacio.
Eren contempó a Levi, un nudo se estancó en su garganta y apretó los puños mientras unas lagrimas traicioneras se desbordaron de sus ojos haciendo un camino cristalino por sus mejillas. Le dolía verlo ahí, encadenado y herido.
—Levi — soltó en un murmullo de voz.
El centauro levantó la cabeza.
—Eren.
El castaño se acercó con pasos cortos hasta estar a un palmo del hombro y luego de un segundo de duda se fue sobre él, colgándose en su cuello, lo estrechó entre sus brazos mientras gimoteaba como niño perdido.
—Levi, Levi, Levi — repetía como una mantra el castaño.
—Eren — le dijo el hombre mientras bajaba la cabeza para besarle la coronilla al muchacho —. Escapa, Eren, tienes que escapar, olvídate de mi, yo no soy nada ni nadie para que tengas que humillarte así.
—No, no digas eso — sus brazos se anclaron más en aquel firme cuerpo —. Eres lo único que me queda.
—Eren, no…— sus palabras murieron en sus labios al ser atrapados por los suaves de Eren, un pequeño contacto que lentamente se transformó en algo más profundo, después de unos segundos, sus lenguas se encontraron para iniciar una danza rítmica que entre más se prolongaba menos era el aire que llegaba a sus pulmones.
El beso terminó dejándoles el respirar agitado.
—Te quiero. No me digas que te deje — sus cristalinos ojos veían con ternura al centauro.
—Debes escapar — le reprendió el centauro.
—Escaparemos — le retó el castaño.
Las manos morenas se deslizaron por los hombros del centauro y luego viajaron hasta las cadenas reduciéndolas a cenizas. El centauro parpadeó con confusión y a Eren se le sonrojaron las mejillas.
—Luego te explico, por ahora sólo debes saber que yo no soy sólo un oráculo, yo soy todo en la ciudad dentro de los muros.
Levi detuvo sus preguntas, se calló y dejó que el muchacho continuara, cuando las cadenas dejaron de aprisionarlo, decidieron salir de aquel lugar. El desconcierto del centauro iba en aumento. No había ni un solo guardia en lugar. Parecía desértico y ni siquiera cuando salieron por las enormes puertas que cerraban el paso del territorio hubo alguien que impidiera su escape.
—Mientras la luna esté oculta entre las nubes, nosotros somos invisibles — le susurró Eren, antes de pedirle que si lo dejaba subirse a él.
Levi aceptó, puesto que era más fácil así.
Se perdieron en la espesura de la noche. No fue hasta que estuvieron bastante lejos que Levi pudo sentirlo, la ligera niebla de poder que los cubría empezaba a desaparecer. El muchacho respiraba con algo de dificultad, se había dejado caer en su espalda, parecía cansado. Su cuerpo tibio pegado a su piel le enviaba ondas de anhelo al azabache.
El centauro no se detuvo hasta que divisó una gruta donde decidió que descansarían para recuperar energías y luego podrían seguir su camino, además que podía ser que ya los de María estuviesen buscándolos. Era mejor esconderse. Tomándole del brazo, Levi cambió las posiciones para poder cargar en brazos al castaño que en algún punto se había quedado inconsciente. Lo dejó en el suelo y se echó a su lado mientras le acariciaba el rostro.
Había mil y una emociones en el interior de Levi, pero todas parecían estar de acuerdo en algo. Ese muchacho era suyo y debía protegerlo, liberarlo y hacerlo feliz al costo que fuese.
El frio de la madrugada se colaba en la gruta y el cuerpo de Eren tembló, el azabache lo tomó entre sus brazos para acunarle y brindarle su calor. El castaño lanzó un suspiro y se restregó contra él mientras sus ojos verdes se abrían.
— Levi — sus deditos hicieron pinzas en el pecho del centauro —. ¿Tú me ayudarías?
—Haría lo que fuera por ti, cariño — el centauro estrechó aquel tibio cuerpo pegándole hacía si hasta casi poder fundirlos en uno. Capturó la tierna carne de los labios que luego mordisqueo con ternura.
El castaño rio entre aquel beso mordelón y se pegó a su cuerpo donde se removió hasta alcanzar el oído del azabache.
—Márcame como tuyo — su tibio aliento se deslizó sobre la oreja del centauro causándole un estremecimiento —. Hazlo, es mi mayor deseo. Hazme libre.
Sus ojos se encontraron en aquel mundo que era sólo suyo. Un universo de agua y nubes de tormenta donde por ese instante todo estaba en calma y en silencio. En perfecta paz.
Levi le contempló con intensidad, volvió a besarlo al mismo tiempo que lo recostaba sobre el rocoso suelo cubierto de tierna hierba, las sensaciones estallaron en su piel al tenerlo tan sumiso y dispuesto debajo de su cuerpo, había una mezcla extraña en su interior que le arrastraban a cumplir con las palabras que le había soltado el castaño.
Estaba receptivo, completamente hipnotizado.
Como un hechizo, un embrujo.
Un embrujo de sirena.
Embrujado por su Eren.
La única criatura por la que él estaba dispuesto a todo.
Su amado, su amante, su consorte…su todo.
Notas finales:
Un mil y millones de disculpa por este Kilométrico retraso en este Fic. Sé que puede ser que por tal razón pudieron haber perdido el interés en este Fic. Pero les agradezco a todas aquellas que me han brindado su apoyo, si aun gustan de leer este Fic les pido me digan que les ha parecido. Decídmelo en un lindo review.
Perdonen si hay algún error ortográfico. Trataré de mejorar eso. Sus comentarios me ayudan en eso y en cargarme las pilas de inspiración.
PD: Agárrense los calzones, bragas, ligas o el hilo dental, se les viene el Lemon hard en el próximo capitulo.
¿Reviews?
Con amor
Charly*
