Disclaimer | Ni Shingeki no Kyojin y sus personajes me pertenecen, son propiedad de su autor, Hajime Isayama, yo sólo realizo esta obra por diversión sin fines de lucro. Derechos reservados de este Fic a Corp. Charly.

Advertencia | BL. Riren. Levi Centauro. Eren Orá . Lime

Dedicatoria | A Mi misma y al Sexy Cuervo [ratero-nunca más] de Allan Poe.

Al Fic.

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The Darkest Seduction

Capitulo

5

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Levi, señor de los centauros abandonó los labios enrojecidos del jovencito que se retorcía entre sus brazos, ósculos errantes viajaron por todo el rostro moreno y luego bajaron hasta llegar a donde era completamente visible la palpitación errática del tierno corazón. Le besó ahí, en la yugular de aquel fino cuello. Y pudo sentir a Eren casi gritar de alivio y de necesidad al primer roce de sus labios, sabiéndose escuchado y atendido.

—Vuelve a hacer eso —susurró el castaño.

—No. No he debido hacerlo. Cariño, deja de tentarme, no tienes idea de lo que me cuesta reprimirme, lo cansado que estoy de mantener el control. Cansado de pensar en todas las razones por las que no debería hacerlo —un relámpago iluminó su refugio por un fugaz segundo.

Llovería. Eso era bueno. Tendrían tiempo para detenerse y aclarar todo o continuar y abandonarse a algo que podía ser su perdición.

El oráculo temblaba febril, con mil sensaciones estallando en su interior pero con la convicción de hacer todo hasta el final. Se arqueó contra él.

— ¿Vas a tocarme? ¿Cómo antes?¿Cumplirás mi deseo?

— ¿Quieres que lo haga?

—Sí, por favor.

—¿Por qué me pides esto, Eren? —bajó una mano y se puso a juguetear con el doblez del nudo de la preciosa toga —. ¿Qué buscas en todo esto?

—A ti —admitió con un gemido—. Te estoy buscando a ti. Eres mi libertad.

El miembro de Levi reaccionó inmediatamente a sus palabras. Desde el momento en que Eren le había dicho que lo poseyera había estado librando una desesperada guerra con su mente: tocarlo… o no tocarlo. Resultaba obvio quién había ganado. Aunque aún estaba esa espina dentro de sí. No quería dejar indefenso a Eren, sabía muy bien que si perdía su poder sería completamente inservible para los dioses o para cualquiera y lo más probable es que lo mataran en cuanto supieran de la pérdida.

Pero el deseo martilleaba en sus venas. Aunque no era una novedad. Con Eren siempre estaba así, con una tormenta arrasando en todo su ser, revolucionando todo de sí. Lo necesitaba como una droga, y era impotente para resistirse. Se estaba convirtiendo en un adicto a Eren: lo deseaba constantemente, necesitaba marcarlo como suyo, contemplarlo y admirarlo mientras alcanzaba el orgasmo. Escuchar su nombre de sus labios.

Sabía que relacionarse con aquel muchacho era un error. Se lo había dicho a sí mismo un millar de veces. Si no hubiera sido por la traición y las acciones de Erwin, en aquel momento él habría estado corriendo por el bosque, rumbo a su aldea, alejándose de aquella tentación que era su destrucción. Era un error, definitivamente el mayor error de su vida, pero perderse en él iba a ser el error más placentero de su existencia.

Tal vez.

No.

Quizás ahora no.

Lo volvió a besar, suave, casi como un reconocimiento de aquel sabor en los labios del muchacho, un sabor que lo enloquecía. Comprendió. Sus deseos se estrellaron contra su necesidad de protegerle, una nueva batalla en su interior. Entonces lo decidió. Le daría placer, le aseguraría los orgasmos necesarios para agotarle y luego lo llevaría a algún seguro. Lo salvaría de todos y de él mismo. Al menos eso fue lo que se dijo para aligerar su conciencia. Definitivamente él no llegaría hasta el final. Ya era demasiado con lo que haría.

Era un vil desgraciado.

—Sabes que esto no es correcto. — su aliento acarició la oreja morena. — Que no debes tentarme, que esto terminará mal y que si insistes una vez que empiece, ya no me detendré. ¿Lo sabes, verdad?

—Si — gimió el menor — Y no me importa. Te deseo más de lo que nunca he deseado a nada en toda mi vida. No consentiré que te detengas.

Levi se apoderó entonces nuevamente de sus labios. Eren abrió la boca y él deslizó la lengua en su dulce interior. Mientras le acunaba el rostro entre las manos, se recordó que debía mostrarse tierno, delicado, no como la vez anterior. Quería darle eso a Eren y también quería darle todo cuanto pudiera, pero no podía. Ojalá pudiera quedárselo para siempre. Aunque sus destinos estaban unidos no estarían juntos. Pero por ahora…

Sólo por ahora. Una pequeña probada de todo, por ahora.

Su necesidad estaba creciendo peligrosamente a cada segundo. Eren deslizaba las palmas de las manos por su pecho desnudo, por sus tetillas, por sus hombros.

—Me encanta que seas tan duro…

—Y a mí que sepas tan bien —estaba sudando. Algo en su interior lo instaba a dejarse llevar, a precipitarse, a acelerar el ritmo y no detenerse jamás. Pero lo seguiría reprimiendo. Levantó del suelo al muchacho y lo cargó en vilo hasta una enorme roca donde lo colocó. Desde aquella posición podía tener acceso a todo el cuerpo del moreno mientras él estaba de pie.

Eren gimió al tiempo que el centauro deslizaba lentamente la atadura de la toga, bajando la tela de los hombros hasta dejarla en un remolino en sus caderas, aquello era como una caricia deliciosa, el muchacho se retorcía ante aquella acción dejándose enredar por lo embriagador que era. Levi tragó grueso al contemplarlo. Ahora si podía ver en todo su esplendor aquel delicioso pecho.

Algunas gotitas de sudor ya perlaban la frente y el pecho. Se relamió y sin dudarlo su boca descendió en el moreno pecho y con su lengua recogió el sudor mientras sus dedos lo acariciaban por todas partes.

—Más, m-ás —jadeó.

— Sí —le mordisqueó la barbilla—. ¿Cómo es posible que me hagas esto? ¿Es porque eres una creación divina? Sí, debe ser eso. Eres divino — su ronca voz resonaba en la cueva.

Boca y manos del centauro se movían por sobre la tela que aún cubrían el cuerpo tembloroso del oráculo, sus manos se movían casi como si estuviera creando una música. Una perfecta composición de notas que brotaban al final como una melodía erótica de la boca rosa del menor.

Un puro placer crepitó en las venas de Eren cuando sintió la mano pálida en el lugar donde más la necesitaba.

—Sí. Otra vez… Ahí.

Para entonces ya estaban jadeando los dos.

La caricia lenta y rítmica de sube y baja estaba llevando al delirio al muchacho castaño

—Yo… creo que soy un idiota… —alzó la cabeza y le chupó una tetilla, deleitándose con el sabor de su piel— en este momento me siento celoso de todas las que estuvieron contigo antes de mí. Cielos benditos, tú debes ser sólo mío. Dime que sólo piensas en mí, que sólo yo existo para ti.

Un ronco gemido escapó de la garganta de Levi. Otro relámpago explotó en el cielo, ahuyentando la oscuridad por un instante. Un instante durante el cual sus miradas se encontraron: el azul turquesa del océano bañado por el sol del oráculo y el gris acero y tormenta del centauro.

Levi se le quedó mirando fijamente, frunciendo el ceño.

—Claro. Desde el primer instante —murmuró—. Tú y sólo tú.

— Sí. Por este momento y por siempre — sus pies serpentearon por los hombros blancos e hicieron nido ahí, clavándose en la piel de los omoplatos. Levi los acarició con las yemas de las manos y le besó la pantorrilla.

—Quizás….

—Sí —gimoteó el menor, sin dejar de mirarlo a los ojos. Lo necesitaba desesperadamente. Dudaba que pudiera soportar un rechazo a esta altura de las circunstancias—. Tú… ¿estás dudando? ¿No quieres, verdad? ¿Te soy indiferente? ¿Ni siquiera sientes deseo por mí?

—Diablos, sí. Es sólo que… demonios. No quiero que las cosas sean así, nosotros… Eren tú te has vuelto mi cielo…y no quiero dañarte, ni mancharte.

Un estremecimiento de placer recorrió al castaño de pies a cabeza.

—No lo haces. ¿No lo ves? ¿No puedes sentirlo? Tú me purificas, me das todo lo que necesito con sólo existir. Perdóname por haberte sido indiferente en el primer momento, es sólo que estaba un poco asustado. Cuando te vi, no supe que hacer. Eres…mi destino.

Consternado, de pronto se dio cuenta de que Eren lo amaba. Había sido consciente de su deseo, sí, pero no se había dado cuenta de que le había entregado su corazón. Hasta ahora. Cuando Eren se rindió por él ante aquel miserable que sólo quería esclavizarlo. Y ahí estaba la mayor prueba de que el verdadero errado siempre fue él. Eren era un inexperto en las cosas del amor y no era que él lo conociera así, pero al menos si sabía lo que es sentir el deseo. Entendía su temor, era una ley que los seres como el castaño jamás llegaran a tal punto.

Amor.

Aquella palabra le supo tan exquisita en el paladar. Para su sorpresa, no reaccionó como solía hacer cada vez que oía esa palabra. De hecho, su necesidad creció aún más. Quería oírsela pronunciar. Tenía que escucharla de sus labios.

— ¿Tú me amas?

Los ojos del castaño brillaron con intensidad y con las mejillas sonrosadas asintió lentamente.

—¿Y tú? —

Le temblaba la voz y sus pies en sus omoplatos se enterraron con nerviosismo en su piel.

—En este momento…en este momento estoy seguro.

Levi soltó una risilla.

— ¿Qué pasa?

—Esto…es tan…

—Inverosímil.

—Si. Ayer ni siquiera nos dirigíamos palabra alguna y ahora, estamos aquí y mierda, sé que no es una locura o sólo algo carnal lo que siento por ti.

—El amor es irracional y a mí me ha enloquecido. Este amor…tu amor se me clavó tan hondo como una espada en el pecho desde que nuestros ojos se encontraron, lamento si…

—No hay nada que lamentar ahora, está bien. Sólo déjame que…

Se disponía a besarlo en el cuello cuando percibió el aroma salado de las lágrimas. Se le hizo un nudo en la garganta. Se levantó y vio como él tenía el rostro cubierto por sus manos y un par de hilillos cristalinos hacían un recorrido que se perdía en su cabello castaño.

Deslizó una mano a todo lo largo de la curva de su cadera y de su muslo, y la otra hicieron que el menor se sacara las manos del rostro. Con toques levísimos retiró las lágrimas.

—No hay nada que lamentar, Eren. Esto es de los dos.

Ambos parecían esperar con el aliento contenido la continuación de cualquier movimiento.

Fue como si se le electrizara la sangre cuando continuó con la caricia. Tenía una piel tan fina, tan perfecta…

—Mi cielo, mi divino cielo —musitó con voz ronca y volvieron a besarse—. Estoy aquí para ti, te protegeré, te enseñaré a amar y te daré mi amor. Ahora, disfruta esto, disfrutemos de nuestro momento — sus manos acariciaron la zona del ombligo creando figuras de flores —. Si hago algo que no te guste, dímelo.

—Yo no…

— Seré tú maestro. Te iré explicando todo lo que vaya haciendo —añadió, cortando en seco sus protestas—. Ahora, por el momento, mi limitaré a explorarte. Tus piernas, tu vientre, cada centímetro de tu cuerpo, las zonas más sensibles. Te haré descubrir tu placer.

—Sí. Muy bien.

—Juntos descubriremos qué es lo que más te gusta. Ese será mi regalo de amor.

—Cada vez que me tocas, me siento arder por dentro. Y eso me gusta.

Levi soltó una tensa carcajada. Gotas de sudor le corrían por las sienes.

—Cuando no sientas ese efecto, querrá decir que no he acertado con el lugar. Será un honor y un privilegio convertir ese fuego que dices… en un infierno.

Mientras hablaba, dibujó con un dedo las letras de su nombre en su vientre ya descubierto. Era suyo. Toda suyo. No importaba que no pudiera reclamarlo totalmente como tal.

—Oh, sí… —suspiró de placer.

Fiel a su palabra, Levi dio comienzo al ejercicio.

—Voy a saborear tus pezones.

—Si, por favor sí.

—Empecemos —se entretuvo en esa zona, mordisqueando la tierna carne de los pezones, primero suave y luego clavando sus colmillos hasta sacarles una ínfima gotita de sangre, prueba de su deseo posesivo. Repitió el proceso en los dos pezones unas tres veces, hasta que había dejado un círculo de marca de colmillos en ambos.

Eren arqueó la espalda y echó la cabeza hacia atrás, esparciendo su melena de chocolate sobre la dura y áspera roca. Sonó un trueno y la lluvia empezó a caer con más fuerza, repiqueteando en las paredes de la caverna. Levi supo que jamás volvería a vivir una noche de tormenta sin pensar en Eren. Aquel mozuelo era la encarnación de la pasión.

Cuando lo besaba, lo sentía estallar. Sus manos viajaban por su cuerpo, sus caderas se elevaban en busca del contacto con alguna parte de su piel. Cuando lo tocaba…

—Voy a tomar nota mental de que ambos disfrutamos mucho de esta zona —la voz de Levi era tensa, tanto que apenas podía pronunciar bien las palabras. No recordaba haberse sentido nunca tan excitado. ¿Acaso siempre habían estado destinados a unirse? Ya se había hecho esa misma pregunta antes, y se había respondido que no. Sólo el destino podía explicar aquella… obsesión.

—Voy a tocarte el trasero.

—Sí, por favor —musitó, embriagado de anticipación. Y gimió de placer cuando Levi metió sus manos bajo la tela de su toga hasta llevarlas a sus nalgas y comenzó a masajeárselas. Levi se recriminó cuando por un instante sus dedos se deslizaron en medio de ellas y alcanzaron aquel lugar que no debía tocar.

—Y ahora, en aquel lugar que tanto te gusto antes— una de sus manos alcanzó la erección del muchacho y le apretó con cariño para después acariciarlo con lentitud.

Eren soltó un audible gemido y su respiración se volvió pesada.

—Levi, yo…oh cielos benditos. Si, más — la caricia no se detenía, y casi sentía que podía volar.

Se estaba retorciendo entre sus manos, en silenciosa súplica.

—Necesitas un contacto aún más íntimo, cariño. Así — la tela se deslizó hacia arriba y sus manos fueron remplazadas por su boca caliente que succionaba aquella zona.

—Oh, dioses… —alzó instantáneamente las caderas, como impulsado por un resorte, en busca de más de aquello.

—¿Te gusta? — se separó un instante y sus ojos buscaron los llorosos de Eren.

Ahí estaba él, tan hermoso, tan perfecto…sudando, boqueando y gimoteando en notas muy bajas su nombre. Aquella imagen sacada de sus más celestiales sueños se grababa a fuego en su mente como la prueba de que era real.

Los últimos vestigios de control estaban desapareciendo. Una sensación de urgencia empezaba a imponerse a su voluntad. Como siempre le ocurría con Eren. Se mordió el interior de las mejillas.

—Levi. ¡Levi! ¡Más! —le ordenó, ignorando su pregunta.

Apretó los dientes luchando contra su propia excitación, contra aquella necesidad de poseerlo, de voltearlo y embestirlo con fiereza hasta llenarlo con su simiente. El sudor le corría ya a chorros. Le encantaba escuchar su nombre de sus labios…

—¿Antes deseaste esto? —le preguntó, imaginándoselo en una cama de sábanas de seda y lino, esmeralda y dorada como sus ojos, mientras se retorcía de placer bajo sus manos. Hubiese deseado que todo aquello fuera en un lugar así. Un lugar digno para tan maravilloso ser. Su beldad navegando entre los más exquisito de las comodidades, como un dios. Bello y delicioso abriéndole los brazos para deleitarlo con sus placeres. Sólo esa imagen bastaba para provocarle el orgasmo, así que la desterró de su mente.

Eren vaciló.

—Sí. Aquella vez, cuando me metiste al lago esperaba que no pararas, que terminaras. En ese momento la piel me ardía, y estaba tan deseoso de experimentar tu posesión…

La lengua del centauro recorrió nuevamente la perfecta longitud del adolescente para después intercalarlo con mordiscos suaves en el interior de sus muslos.

—Oh… —gimió, agarrando con sus manos los cabellos azabaches, apretándolos con saña casi orgásmica. Nuevamente echó la cabeza hacia atrás, arqueándose, abriéndole más las piernas para que tuviera mejor acceso a él.

Levi se quedó inmóvil, paralizado por las acciones del menor. Él estaba duro como una piedra. Si no terminaba en ese momento no sabría de si mismo. Estaba perdiendo el control. Succionó con más fuerza el miembro del moreno y él gritó su nombre en un sollozo. Empezó a convulsionarse, a tensarse bajo sus labios. Irradiaba un delicioso calor.

«Acaba», le gritó una voz interior.

Aceleró la caricia y Eren comenzó a boquear más rápido. Unos segundos después el castaño había estallado, salpicándole la cara y liberando sus cabellos de la presión de sus manos. Quedó laxo, luchando con su respiración. Tenía el cuerpo llenó de sudor.

Levi también estaba temblando, se alejó un poco de él y le colocó la toga. Se limpió con el dorso de la mano las ligeras manchas que estaban ahí. Sabía que no resistiría si seguía viendo su cuerpo. Era momento de alejarse.

—Descanso mi cielo — un pequeño beso antes de dejarlo descansar y para aprovechar a ir complacerse solo.

Eren se retorció y temblando se incorporó quedando sentado. Sus ojos aún estaban cubiertos por la embriaguez del deseo. Negó y como un relámpago se estrelló contra el pecho del centauro para finalmente alcanzar sus labios en un húmedo beso. Dientes y lenguas lucharon por el control.

En un segundo estaba besándolo con desenfreno mientras sus suaves manos morenas acariciaban los hombros fuertes del mayor. Levi soltó una maldición y trató de alejar al muchacho pero no pudo. Hasta ese momento se dio cuenta que la apariencia frágil de muchacho era una jodida treta y que además de eso tenía conocimientos extraordinarios sobre alguien como él, puesto que había tocado un punto en su columna que hizo a sus patas fallar. Se le aflojaron los músculos de las piernas y no pudo sostenerse más y se precipitó al suelo, quedando a merced de las manos del muchacho que mandó a volar la toga.

Se le expuso completamente. Dejó atrás su faceta de niño tímido. La tentación y el pecado hecho carne estaba ante sus ojos. Se arrodilló frente a su erección y se la llevó a la boca, en el primer intento pareció atragantarse y su boca hizo un mohín por su torpeza. Levi siseó y halaron con fuerza el cabello castaño para llamar su atención.

—Detente. No.

—Sí, claro que sí — y su caliente cavidad volvió a atrapar su falo. Lamidas y chupetones se pasearon por la larga y ancha longitud del centauro sacándole un gruñido ronco de puro goce.

Era torpe, si, su caricia era muy poco coordinada y en algunos momentos le hacía algo de daño con los dientes, pero eso en vez de causarle dolor le provocaba un inmenso placer. Pensó que si el paraíso prohibido para los mortales existía, en la boca del castaño estaba, y sumado al hecho de saber que esa cavidad se estaba estrenando en él, lo hizo jadear con fuerza. Él era el primero. Su primer hombre, su primer amor. Su instinto de posesión se impuso, una potente avalancha que lo barrió por entero.

Era incapaz de luchar contra su atracción, y había sido un iluso por haber intentado siquiera o pretendido que se podría controlar. ¿Qué su amor era prohibido? ¿Y qué? ¿Qué podía costarle la vida? ¿A quién le importaba?

Haló del brazo al muchacho causando que su boca soltara un sonido acuoso y obsceno al ser retirada con tal brusquedad del falo al que estaba atendiendo. Levi los suspendió en el aire y lo empotró en la pared rocosa de espaldas a él, sus manos le recorrieron las caderas y lo obligó a encorvarse para darle acceso a que su verga se pasera entre las redondas y suaves nalgas. Eren jadea casi hiperventilado.

—Eres mío. Eres mío. Eres mío. Eres mío. Dimelo y me importara un demonio a quien tenga que cargarme o declararle la guerra para que te quedes a mi lado. Anda, cariño, dime que estás listo para mí. Dime que me quieres… —que lo quería como él lo quería.

—Ahora. Por favor, ahora. Te quiero — Eren temblaba y sus manos fueron a dar a las brazos del centauro en busca de soporte o al menos un poco de ayuda para soportar su peso, aunque bien lo podía hacer las sensaciones que se lo tragaban impedían tal cosa.

Dios, estaba sobre él, a punto de tomarle y marcarle.

Levi se refregó contra él y comenzó a penetrarlo con desesperante lentitud.

—Aquí tienes.

—Sí… sí.

Finalmente el interior anillado y apretado de Eren cedió, y Levi se hundió por entero en él, hasta la base de su falo. Rugió de placer. De alguna manera, no supo cómo, consiguió permanecer inmóvil.

—Eres mío. ¿Te duele? ¿Te he hecho daño?

—Más. Quiero más.

Otro rugido de satisfacción brotó de su garganta, y empezó a moverse hacia delante y hacia atrás. Al apresurar el ritmo, aumentaron las exquisitas sensaciones. Eren se retorcía y movía al mismo ritmo que él mientras le arañaba los codos y los antebrazos.

Levi no se pudo resistir y mientras le embestía profundamente le mordió el cuello, presa de una salvaje necesidad. Un hilo de sangre brotó y la espalda morena se arqueo permitiéndole llegar más profundo al mismo tiempo que soltaba un chillido de placer

Era suyo.

El orgasmo le provocó una convulsión y gritó su nombre. Eren gritó nuevamente, disfrutando del tercer orgasmo de su vida y el más placentero, sus músculos internos se cerraban entorno aquel intruso que seguía en su interior derramando la espesa y caliente semilla.

Levi esperó a que cediera el último temblor y finalmente se separó de él, más saciado de lo que se había sentido nunca en toda su vida. Lo sostuvo antes de cayera al suelo y lo recostó en el suelo frio envolviéndolo en sus brazos. El muchacho estaba completamente derretido, arrullado por el calor de su cuerpo.

Un buen rato después, Eren se atrevió a mirarlo a través del espeso velo de sus pestañas. Una extraña emoción le cerró el pecho al verlo así. Tan satisfecho. Tan encantador.

Justo en aquel preciso instante, supo que no podría abandonarle. Jamás.

Se le quedó viendo mucho rato, sopesando todo lo que de ahora en adelante tendrían que enfrentar, pero no le importaba, desde este momento hasta que exhalara su último suspiro, él sería su escudo y su espada, lo liberaría de todo mal y le amaría con la fuerza de las aguas del inmenso mar.

—¿Qué pasa? —le preguntó, tímido, ocultando su sonrojado rostro entre su pecho para darle algunos mordisquitos cariñosos en aquella área.

—Duérmete, cariño. Ya hablaremos por la mañana —su cuerpo ya estaba ardiendo nuevamente por él, listo para el segundo asalto. Pero no, era la primera vez del muchacho, no debía destruirlo con su pasión.

Lo amaba. Él era el amor de su vida. Su destino. Su alma gemela. Su consorte. Allí, al amparo de la oscuridad de aquella noche, carecía de sentido negarlo. Nunca se había sentido tan satisfecho, tan realizado como en ese instante. Aunque aun le faltaba que Eren le entregara su completo ser juramentándolo con sangre.

Pero sería mañana.

Le dio un beso en la coronilla y con el rumor de la lluvia estruendosa de afuera se dejaron arrastrar por el sueño.

Estaban juntos. Y era lo único que importaba.

Notas finales:

Bueno, que puedo decir, lemoncito cariñoso, nada que las vaya a manchar XD. Tengo que declararlo: Algunas partes cachondas, sus conocimientos fueron apoyados en un libro que estoy leyendo. Grrr, Sansón y Dalila chicas. JAJAJA XD. Bueno tuve que buscar apoyo, sólo lo digo porque si alguna vez leéis ese libro y ves algunas acciones similares recordarse de mi. Pero está bajo mis manos, así que no hay mucho solo ciertas cosillas.

Debo agradecer a AstridHatakeAckermanJaeger, MagiAllie y a la Señorita Guest. Inmensas gracias por su incondicional apoyo, ustedes hicieron posible esto. Mi corazoncito se los agradece.

Ahora. Por la campaña de Voz y Voto dejadme un review, porque dejarme un folow o fav sin dejar review es como tocarme una teta y salir corriendo. Venga, cariñinis, ustedes y yo saben que quiere que lleguemos a más. JAJAJA XD Ok, no. [Sólo quería ser popu con esa frase]

Les agradezco a todas aquellas que me apoyan son una parte muy especial para mí. Las adoro con el alma.

Si les gustó el capitulo

Dejen review

Si quieren que en el próximo capítulo Levi se vuelva a garchar a Eren

Dejen review.

[Review. review. review. Review]

PD: Besitos tronados a todas.

PD2: Los lemons son algo que requiere de arte. (QwQ)

Con amor

Charly*